Seychelles

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VICTORIA, Seychelles (World's Fare)

Nadie va a las islas Seychelles en busca de joyas arquitectónicas como el Palacio de Versalles o la abadía de Westminster, o museos repletos de arte. Sin embargo, abundan los tesoros, el brillo y la riqueza. La única diferencia es que son de otro orden.

En una caminata por los jardines botánicos de Victoria, la capital de las Seychelles, en la isla de Mahé, se pueden ver algunas de las cosas que alimentan el deseo de aventura y atraen al turismo a este centenar de islas que conforman la República de Seychelles.

Las Seychelles no están precisamente en el ombligo del mundo. Situadas aproximadamente a 1600 kilómetros de Africa y a 3200 kilómetros de la India, por su ubicación pasaron siglos aisladas del resto del mundo, antes de que se construyera el aeropuerto internacional en la isla Mahé, en 1971.

De las 115 islas, las 42 centrales están compuestas por granito y las 73 que las circundan, por corales de diferentes tamaños y colores. Cerca de 30 islas permanecen deshabitadas.

Esparcidas en el océano Indico, a casi 360 kilómetros al norte de Madagascar, sus playas idílicas son usadas como escenario para la moda y la publicidad internacional.

Cada porción de tierra ofrece una experiencia diferente. En esta zona crecen árboles raros, con nombres descriptivos, como el medusa o el baqueta.

Además de la belleza física, este museo de historia natural viviente tiene otros rasgos particulares: un reloj que da la hora dos veces, sitios predilectos de los piratas y una tortuga de 150 años que figura en el Libro Guiness de los Récords.

Arboles de colección

Los jardines botánicos de Victoria en Mahé, la isla más grande del archipiélago, tienen un encanto especial que deslumbra a los visitantes.

Los nombres científicos que se le da a la profusa vegetación del lugar son frecuentemente reemplazados para poder recordarlos e identificarlos fácilmente.

Entre los más curiosos se puede mencionar el árbol bala de cañón, el pulpo con sus enormes florescencias que parecen tentáculos, el paraguas, el manzano elefante y el dragón de arena con su sorprendente savia carmesí.

Se destacan las orquídeas y el franchipán, el perfume dulce de las gardenias y el coco de mar, que fue introducido por la realeza británica en 1956.

Es un árbol endémico cuyo fruto tiene una forma extraña y seductora, alcanza los 20 kg, y se asemeja a las partes de la anatomía femenina y masculina. Esto ha dado lugar a una iconografía interesante en algunos de los baños públicos de la isla para distinguir entre el de damas y el de caballeros.

El frondoso valle de Mai, Patrimonio de la Humanidad, en la isla Praslin, concentra la mayor cantidad de cocos de mar; se calculan alrededor de 4000 árboles. Además, algunos de estos especímenes de 30 metros de altura tienen alrededor de 800 años.

Debajo de los árboles, las tortugas terrestres gigantes mascan otra de las especialidades de la isla: mangos jugosos y maduros.

En el pasado, los marinos ingleses y franceses que frecuentaban estas costas casi las exterminaron. Hoy, viven libremente en colonias errantes, y hay más de 150.000 en la isla de Aldabra Atoll solamente.

En Bird Island vive una tortuga de 150 años llamada Esmeralda, que ingresó en el Libro Guinness de los Récords por ser la más vieja y grande del mundo. Además, tiene otra particularidad, es la única tortuga macho con nombre de mujer.

El bullicioso mercado de Sir Selwyn Clarke, en el centro de la ciudad, vende pescado, frutas y especias.

Lleva el nombre del gobernador británico que en la década del 40 fomentó la educación pública y exhibe una asombrosa variedad de alimentos que constituyen la dieta básica del lugar: todo tipo de pescado, pulpo, papagayo, atún, tiburón y mucho más.

Otros puestos desbordan de numerosas variedades de bananas, piñas, frutos del árbol del pan, melón de la China y ajíes picantes que hacen bramar la lengua.

Un puesto muy colorido despliega, como si fuesen joyas, un amplio surtido de botellas de mermelada de mango, jalea de granadilla, de coco de mar, leche de coco, conservas agridulces hechas a base de frutas, especias, vinagre y azúcar y pickles.

También hay botellas de extracto de vainilla local, así como especias aromáticas, hierbas secas, clavo de olor, nuez moscada, cúrcuma y canela.

Algunos de los preparados más exóticos son el escabeche de tiburón y el paté de murciélago frugívoro.

El mercado suena con el ritmo alegre de las voces. Entre el murmullo se escuchó ¿Kote ou pe ale? No era inglés ni tampoco parecía francés, los idiomas oficiales de las Seychelles.

La guía comentó que eso quería decir ¿adónde van?, en creole, la lengua madre del 95 por ciento de la población de las islas, que deriva de una mezcla del francés con el hindi, el bantú y otro poco del inglés.

Senderos y sombras

El calor del sol del mediodía humedecía las camisas y secaba la garganta. Después de todo, estas islas están a cuatro grados al sur del ecuador. La temperatura, en general, es muy alta, aunque las montañas brindan aire fresco.

En la ruta Foret Noir, a la sombra del Morne Blanc, se atraviesan espesos bosques de palmeras, especímenes inusuales de árboles, plantaciones de coco y de vainilla, todo en tonalidades caprichosas de verde, junto con los remanentes de antiguas plantaciones y pequeñas aldeas.

En el camino Sans Souci es común ver grupos de mujeres con enormes sombreros recogiendo hojas de té. Si se quiere hacer una pausa en el trayecto, es buena idea visitar una de las tabernas que ofrecen estimulantes tazas de té de vainilla, limón y naranja, que se cultivan allí.

En Seychelles Mission Lodge, el punto más alto del camino, un sendero bajo una espléndida arboleda conduce a las ruinas de la escuela para esclavos de la misión anglicana, que fue construida en 1875 para educar a los hijos de los esclavos que trabajaban en las plantaciones de la zona.

Al final del sendero, bajo una galería cubierta donde una vez tomó el té la reina Isabel, se contempla el espléndido panorama de la costa oeste: una ladera boscosa cubierta por plantaciones de té y, a lo lejos, las aguas turquesas del océano Indico y la isla de Therese con su forma de tortuga.

Arena en polvo

De regreso, se puede pasear por algunas de las playas soleadas, casi desiertas. Hay 68 en Mahé solamente. Aunque algunas tienen hoteles venidos a menos, son limpias, están flanqueadas por palmeras y son bellísimas.

La más grande y famosa de todas estas playas de la costa norte de la isla es Beau Vallon Beach, de extensas franjas de arena en polvo que conducen a las aguas cristalinas del Indico.

La playa está protegida por formaciones de granito que, debido a la erosión del viento y del mar, fueron adquiriendo formas espectaculares. Hay también edificios de departamentos, hoteles y restaurantes.

A veces viene bien descansar la mente y disfrutar del sol, la arena y el mar. Y era hora de hacerlo, de unirse a esta muchedumbre despreocupada, sin la más mínima intención de hacer ningún tipo de esfuerzo físico ni mental, aunque los más fuertes chapoteaban en el mar, buceaban, practicaban esquí acuático o windsurf.

Por más que uno deteste el enriquecimiento deshonesto, vale la pena caminar hacia el oeste de Beau Vallon hasta el tesoro de Bel Ombre que tiene todos los ingredientes de una legendaria caza del tesoro: claves, códigos y misteriosos criptogramas.

En este lugar el pirata Olivier Levaseur, alias El Buitre, el más notorio de todos los piratas franceses, enterró su tesoro.

Si se excava en la arena, se puede encontrar los 150.000 dólares que, supuestamente, están aquí. Se ven restos de excavaciones de quienes quieren enriquecerse rápidamente, pero hasta el momento, la búsqueda ha sido en vano.

Además, ahora es el gobierno de las islas el que decide y otorga los derechos de exploración.

Mar de colores

Sumergir la cabeza en las nítidas aguas del archipiélago da la posibilidad de apreciar un universo de colores. Llaman la atención los arrecifes de coral y el color de los peces, que constituyen un espectáculo para los buzos.

La belleza implacable de la zona fue inmortalizada por el desaparecido marino francés Jacques Cousteau en su documental El mundo silencioso.

También hay murciélagos enormes; algunos alcanzan un metro, con las alas extendidas. Forman parte de la cocina del lugar. Se preparan con curry, y el gusto es parecido a la carne de conejo. 

 

La Nación, noviembre 1999

 

Datos útiles

Cómo llegar

El pasaje aéreo ida y vuelta cuesta, aproximadamente, 2000 dólares con tasas e impuestos incluidos. Hasta las islas Seychelles vuelan Air France, British Airways, Kenya Airways, Malaysia Airlines y Air Seychelles.

Alojamiento

La mayor concentración de hoteles está en la isla Mahé. Praslin, la que le sigue en tamaño, también ofrece más opciones. Otras islas como La Digue, Denis, Bird, Desroches y varias más tienen instalaciones para el turismo, pero las posibilidades son más limitadas.

En Mahé, el Equator Hotel es una posibilidad. En Praslin, en el Black Parrot Hotel o en L'Archipel.

Más información

En la Oficina de Turismo de Seychelles: 16A Orchard Road, Orchads, 2192 Johannesburg.

Se puede establecer contacto por la línea gratuita 0800-00-4354. E-mail: [email protected]

 

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