| Pompeya
resurge después del infierno En
el centro de Italia, cuatro millones de turistas por año viajan veinte
siglos al pasado; novedades por el Jubileo de 2000 A
30 kilómetros de Nápoles, las ruinas de la antigua ciudad son una atracción
Se
invirtieron más de 60 millones de dólares en su reconstrucción POMPEYA,
Italia.- Esta ciudad es un iceberg del pasado. Cuatro millones de turistas
por año retroceden 20 siglos en la historia. Son los que viajan a Italia
y peregrinan hasta las fantásticas ruinas de aquella ciudad voluptuosa,
en la que miles de pompeyanos vieron el sol por última vez el 24 de
agosto del año 79 d.C. Fue la tarde en que la cumbre del Vesubio saltó
en pedazos y un río negro de cenizas, fuego y rocas, sepultó bajo un
manto de lava la multifacética vida de Pompeya y Herculano, según el
relato escrito en las Epístolas por Plinio el Joven, sobreviviente de
la tragedia. Mil
setecientos años después de aquella furia de fuego, Doménico Fontana,
un arquitecto que excavaba un canal en el valle del Sarno, tropezó con
los primeros vestigios de uno de los más grandes descubrimientos de
la arqueología mundial: eran las ruinas de la antigua colonia romana
Veneria Cornelia Pompeii, que renacían de sus propias cenizas. Murallas
del ayer La
panorámica Pompeya, reconquistada para los romanos por el poderoso ejército
de Sila, llegó a tener en su momento de mayor esplendor, 120 restaurantes,
40 panaderías, 16 lavanderías y 35 prostíbulos y burdeles; fueron estos
lupanares, poblados de pinturas con escenas amorosas, los que le dieron
fama erótica a la vida de una población de más de 10 mil almas. Desde
la ciudad de Nápoles hay que recorrer tan sólo unos 30 kilómetros por
la espaciosa autostrada Nápoli-Pompeii-Salerno hasta las puertas mismas
de Pompeya, construida apenas a cuatro kilómetros del mismo volcán que
la sepultó en su mejor momento. Sin embargo, y a pesar de otras dos
erupciones (una en 1906 que destruyó Ottaiano y la última en 1944),
viven cerca de tres millones de napolitanos en los faldeos del temperamental
Vesubio. Hasta
ahora el gobierno italiano lleva invertidos más de 60 millones de dólares
en su reconstrucción, para la que trabajan dos equipos de arqueólogos
y laboratorios especializados, sin contar los aportes del Fondo de Monumentos
Mundiales. Es que Pompeya tiene un lugar en el espacio sin tiempo de
la historia universal, y también uno en el cine, con la película Los
últimos días de Pompeya, del dramaturgo inglés Bulwer Lytton. Pompeya
era un centro comercial e industrial donde el ocio y el placer comulgaban
con el trabajo. Era una ciudad rica y bella; para muchos, una especie
de Miami donde los romanos más adinerados estiraban sus vacaciones a
orillas del mar Tirreno. Un 40% de la población era esclava mayormente
traídas de Oriente, para servir en las señoriales casas con terraza
al mar que poseían banqueros, políticos y mercaderes. En
Pompeya la erupción sorprendió a la vida y todo quedó petrificado. Por
eso, gracias a la diversidad de materiales arqueológicos obtenidos de
las excavaciones se ha logrado conocer mucho más sobre la civilización
romana. Pero como toda ciudad menor de aquel gran imperio, las vanidades
personales han quedado registradas en muchas de sus paredes, por medio
de las pinturas que adornan los muros de las casas, la mayoría decoradas
con gusto helénico, habida cuenta de la influencia que la civilización
griega había alcanzado en toda esta comarca conocida como Campania.
Gracias
al Jubileo del año 2000, seis nuevas villas y diversos caminos de la
histórica ciudad han quedado habilitados a la curiosidad del público,
que en su visita se lleva una visión más que patética de la vida en
aquellos tiempos. El
esplendor y la muerte La
entrada a las ruinas debe hacerse por la llamada Puerta Marina (la más
famosa de todas), porque era el portal panorámico que daba hacia las
playas costeras. De allí en más, el recorrido conviene dividirlo de
acuerdo al tiempo que se disponga. Cuando
la lava se tragó la ciudad estaba en plena reconstrucción, ya que quince
años antes había sido casi arrasada por un terremoto. Para
gladiadores Y
allí está, rodeado por 74 columnas dóricas, el Cuartel de los Gladiadores,
que contaba con unas diez celdas, en algunas de las cuales se hallaron
armas enterradas y en dos de ellas, dieciocho esqueletos de luchadores.
La
espléndida vida de los pompeyanos libres no escatimaba recursos de confort;
durante las largas representaciones teatrales de verano, para aventar
el calor, el público era rociado con agua perfumada. Pompeya
contaba con varios escenarios, entre ellos, el Teatro Grande y el Odeion
o Pequeño Teatro, vecinos al cuadripórtico de los gladiadores. Estos
dos escenarios teatrales se hallan construidos en la cavidad de la colina,
como si formaran un solo complejo homogéneo. Sin duda, la mayor de estas
construcciones es el antiguo Anfiteatro del año 80 a.C., con capacidad
para 20 mil espectadores. Pompeya
veneró el arte a su manera. Fue una ciudad pujante y abierta a la buena
vida, al comercio y a la industria. Recorrer estas ruinas es un paseo
vivo por aquella antigua colonia romana que la furia del Vesubio acabó
con sus días poniéndole una mortaja de lava. Las
piezas del gabinete secreto Luego
de la entrada de Garibaldi, se reabrieron las salas hasta que el gobierno
de Musolini volvió a clausurarlas. En total, el Gabinete Secreto reúne más de 300 piezas. El museo está considerado uno de los más importantes del mundo, por sus colecciones, que ofrecen un cuadro completo de lo que fue la civilización grecoromana. Grandeza
urbanística Entre
las residencias más señoriales, es preciso destacar la de los hermanos
Vettii (ambos ricos mercaderes de la época), ya que es la muestra más
acabada del lujo con que se vivió en Pompeya. Frescos
mitológicos Y
es aquí, en la residencia de los Vettii, donde se encuentra una de las
mayores muestras de la vanidad mitológica: un gigantesco fresco con
la figura de Príapo (el hijo de Venus y Baco) pesando su pene en una
balanza de época. Otros lugares que merecen una visita son, entre otros,
la Villa de los Misterios, la del banquero Lucio Cecilio Jocundo (en
la que se halló intacta su caja fuerte), el Centro Termal o El Lupanar,
una casa de citas con las paredes de sus cuartos pobladas de escenas
de amor y juegos eróticos. Impacta
durante el recorrido la llamada Panadería de Modesto, en cuyo horno
se conservan aún 81 orgazas de pan calcinado. Fuente La Nación, julio 2000 |
| Datos
útiles Alojamiento:
una habitación doble en un hotel cuatro estrellas vale alrededor de
150 dólares; en uno de tres, entre 60 y 130, y en uno de dos, alrededor
de 40. Comidas:
un menú básico vale entre 12 y 15 dólares por persona. Rumbo
a Pompeya: las excursiones a Pompeya, saliendo a las 8 con regreso
al atardecer, cuesta 75 dólares por persona. La
entrada a las ruinas vale 6 dólares por persona. Una guía completa
con mapa de recorrido, 8 dólares. Más
información: Oficina Turística de Pompeya, 081-5365154. Ente
Nacional Italiano de Turismo (ENIT), Av. Córdoba 234. Atención al
público de lunes a viernes, de 10 a 12 y de 15 a 17. Informes por
el 4311-3542. En
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