New York

Puente de Brooklyn

Broadway

 

Datos Generales

Población:  7.870.000 habitantes, aproximadamente.  El Gran Nueva York (el conglomerado urbano que se extiende hasta los estados de Nueva Jersey y Connecticut) alcanza los 17.000.000.

Ubicación:  la urbe está localizada en el estado del mismo nombre, al noreste de Estados Unidos.  La metrópoli se extiende sobre territorio continental y las islas Manhattan, Staten Island y Long Island.

Clima: la temperatura fluctúa en verano (de junio a agosto) entre 12’C y  29’C, y en invierno (de diciembre a  marzo) entre 1’C y 6’ C.

Aeropuertos  (y códigos IATA):  John F. Kennedy (JFK),  La Guardia (LGA) y Newark (EWR).  Los dos primeros están ubicados en el distrito de Queens, y el tercero en el vecino estado de Nueva Jersey.

Comunicaciones:  la ciudad cuenta con tres sistemas de trenes subterráneos y casi 4.000 autobuses que recorren los principales puntos de la metrópoli.

Impuestos:  en New York se aplica un tributo del 8,25% a la compras y a los consumos en los restaurantes; las tarifas hoteleras inferiores a U$S 100 diarios tienen un recargo impositivo del 14,25% más S$2, mientras que las de $100 o más tributan el 19,25% más $2.

 LA GRAN MANZANA

Nueva York -o la Gran Manzana, apelativo que le dan sus habitantes- es la ciudad más importante de Norteamérica y una de las más grandes del planeta.  Muchos la denominan también la Capital del Mundo por ser la sede de la Organización de las Naciones Unidas y por albergar un verdadero crisol de comunidades étnicas.

Esta metrópoli ofrece una gama de puntos de interés y de centros de entretenimiento tan variada que pocas urbes del globo pueden igualar: sus rascacielos, avenidas, centros culturales, parques y monumentos son el foco de atención de los viajeros internacionales; sus museos atesoran las más ricas colecciones artísticas, históricas, científicas, etc.; sus lugares de compras exhiben prácticamente cualquier mercancía imaginable; sus restaurantes ofrecen la más completa variedad de comidas de los cinco continentes.. en fin, Nueva York sintetiza en un radio de pocos kilómetros los atractivos que el turista sólo podría encontrar en un largo tour variadas ciudades del mundo.

Las siguientes cifras corroboran fehacientemente lo anteriormente dicho: la Gran Manzana cuenta con 150 museos, 400 galerías de arte, 17.000 restaurantes, 1.543 parques, 6 zoológicos, 10.000 kilómetros de calles, 370 kilómetros de vías de metro y 65 puentes, además de 65.000 plazas hoteleras para albergar a su visitantes de placer  y de negocios.  Y hablando de negocios, cabe acotar que con transacciones por U$S 1.000 millones diarios, Nueva York también es la capital financiera del mundo.

Otra capilaridad  neoyorquina es la de las comunicaciones, ya que pese a que la mayoría de las productoras de televisión y cine se encuentran en Los Ángeles, es la Gran Manzana donde se toman las decisiones sobre lo que se va a producir.  Nueva York también domina los sectores radiotelefónico y de publicación de revistas; y aunque en la actualidad solo cuenta con cuatro diarios, uno de ellos es el de mayor circulación en Estados Unidos (el Wall Stret Journal), y el de tercer tirada del país (el New York Times), es considerado, además, como el arquetipo del periodismo moderno. 

Todo artista creativo sabe que para triunfar de verdad en Estados Unidos primero hay que ganar el reconocimiento del público y la crítica neoyorquinos.  En el ámbito teatral cada actor, escritor, director, cantante, bailarín, músico, compositor o tramoyista, por cotizado que sea, tiene siempre como meta llegar a algún escenario de Broadway.  Y lo mismo ocurre con miles de pintores, escultores, dibujantes de historietas y compositores de jungles (tonadillas publicitarias), quienes acuden a Nueva York en pos de la consagración.

De hecho fueron artistas -y para más precisión, un grupo de músicos de jazz de los años 20 - quienes le dieron a la ciudad el famoso apelativo de la Gran Manzana, hoy generalizado entre propios y extraños.  Esos intérpretes consideraban a Estados Unidos como un gran árbol, y a cada ciudad como una manzana, entre las que destacaba por su magnitud un fruto en particular: Nueva York. 

La Gran Manzana está dividida en cinco grandes distritos: Manhattan, Bronx, Queens, Brooklyn y Staten Island, cada uno de los cuales está dotado de atractivos tan distintivos que constituyen un destino en sí mismo, por lo que bien merece especial atención de parte del visitante.

MANHATTAN

La isla Manhattan, de quince kilómetros de largo por tres de ancho, contiene una multitud de gigantescos rascacielos.  Entre ellos destaca el Empire State Building, construcción de estilo artdeco erigida en 1931 que con sus 381 metros de altura fue, durante décadas, el edificio más alto del mundo y un símbolo de la ciudad.  En sus pisos 86 y 102 existen sendos observatorios desde donde los visitantes pueden obtener excelentes vistas panorámicas que, en días despejados, llegan hasta 130 kilómetros a la redonda.  Este edificio en el que laboran quince mil personas abre al público todos los días desde las 9;30 hasta las 24 hs.

Otra imponente construcción de la ciudad es el World Trade Center, compuesto por dos torres gemelas que alcanzan los 405 metros de altura, lo que hace de ellas las edificaciones más altas de la ciudad y las segundas en el mundo, sólo superadas por la torre Sears de Chicago, que se eleva hasta los 443 metros.  Este complejo, abierto diariamente al público, aloja numerosas tiendas y restaurantes, así como las oficinas de algunas  de las empresas más importantes del mundo.  El 11 se septiembre de 2001 fueron derivados por un ataque terrorista, solo queda en la memoria de quienes pudieron conocerlo.

También merece visitarse el Chrysler Building, rascacielos que se terminó de construir en 1930 y que con sus 319 metros de altura fue durante un año el más alto del mundo, hasta que en 1931 el Empire State le arrebató la primacía.  Pese a ser hoy “solo” el sexto edificio más alto de Estados Unidos, para muchos neoyorquinos todavía es el más bello de la metrópoli  con su original estilo art deco y la imponente aguja de acero que remata su cúspide, que de noche es iluminada por un complejo sistema de luces fluorescentes.

Otro edificio que no puede faltar en ningún tour neoyorquino es el de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que levanta al pie del East River (río del Este).  La mejor época para recorrer sus instalaciones es entre septiembre y diciembre, período en el que sesiona la asamblea general del organismo.  Además de poder participar en visitas guiadas por sus variadas dependencias el público tiene acceso a las reuniones del organismo y a la sala donde almuerzan los representantes diplomáticos de todo el planeta.

El Rockefeller Center, formado por un grupo de edificios privados construidos en la década de los 30, alberga -entre otras conocidas atracciones e instituciones- al famoso Radio City Music Hall y los estudios de televisión NBC.  La característica principal del complejo arquitectónico es la Sunken Plaza, que en verano es un restaurante con mesas al aire libre, y en invierno se convierte en una pista de patinaje sobre hielo.  En diciembre, es el lugar donde se coloca el árbol navideño más grande e iluminado de la ciudad.

Frente al Rockefeller Center se puede visitar la catedral de San Patricio, eternamente envuelta por la sombra de los rascacielos vecinos.  Dedicados al patrono de los irlandeses, esta arquidiócesis católica tiene capacidad para 2.500 feligreses, y su estructura destaca por sus mármoles blancos y su rara mezcla de gótico francés e inglés.

Pese a que no se encuentra precisamente en Manhattan sino en un islote cercano (que dicho sea de paso, pertenece al estado de Nueva Jersey), la estatua de La Libertad es el símbolo de Nueva York por antonomasia.  Diseñada por el escultor francés Frédéric-Aguste Bartholdi en colaboración con el ingeniero Gustave Eiffel (constructor de la torre que lleva su nombre), esta efigie-faro de 46 metros de altura está emplazada sobre un pedestal de 45 metros, y fue donada por el gobierno de Francia al de Estados Unidos en 1886.  Fácilmente accesible por ferry, para subir a la estatua se toman un ascensor hasta la parte superior del pedestal, y luego se sigue por las escaleras interiores que  llevan hasta el mirador localizado en la cabeza del monumento.

Cerca de la estatua de La Libertad se encuentra la isla Ellis, que fue el principal punto de entrada a Estados Unidos para millones de inmigrantes durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.  Actualmente el centro de migración (cerrado en 1954) funciona como museo.  Para llegar a la isla se toma el mismo barco que va hacia la estatua de La Libertad, que sale de Battry Park cada media hora.

Finalmente, cabe citar los conocidos barrios Greenwinch Village, Harlem, Chinatown, Soho y Little Italy, todos de visita obligada para que el tour de Manhattan sea realmente completo.

Arte y cultura 

Como ya se dijo, la ciudad cuenta con 150 museos y 400 galerías de arte, lo que la convierte en un núcleo cultural de primera magnitud.  Muchos de estos centros están ubicados en el área de Manhattan, y entre ellos destaca el Museo de Arte Moderno, que exhibe la colección de pintura contemporánea más extensa del mundo, con trabajos impresionistas, abstraccionistas y expresionistas de maestros como Monet y Van Gogh.

Por su parte, el Museo Metropolitano de Arte -el más grande de su género en Estados Unidos- cumple este año su centésimo vigesimoquinto aniversario de fundación.  Por este motivo, el centro ha preparado una serie de exposiciones especiales, entre las cuales destacan “Los orígenes del impresionismo”, con cuadros de Manet, Monet y Renoir; “Oro griego”, con una colección de joyas elaboradas en la Grecia antigua; “R>B>Kitaj: Retrospectiva”, con los lienzos de los principales pintores norteamericanos del siglo XX; y “El arte de Horace Pippin”, con la obra de este artista afroamercano de fines del siglo pasado.

Otro de los grandes centros de exposiciones neoyorquinos es el Museo Solomon R. Guggenheim, diseñado en 1959 por el famoso arquitecto Frank Lloyd Wright.  Aquí el visitante debe ascender los siete pisos del edificio por una rampa en espiral de 400 metros de largo, lo que permite apreciar sistemáticamente todas las colecciones de arte moderno de este complejo incluyendo obras de Kandinsky, Chagall y Picasso, pese a lo cual muchos críticos consideran que la arquitectura del museo es mucho más impresionante que su propia exposición.  Hace tres años las instalaciones del museo fueron complementadas con un edificio adyacente de nueve pisos, en el que se exhibe -entre otras muestras- una colección del controversial fotógrafo Robert Mapplethorpe.

Un museo muy frecuentado por los amantes del arte contemporáneo es el Witney de Arte Americano, dedicado exclusivamente a trabajos realizados en el transcurso del presente siglo por artistas de la talla de Kalde, Kooning, Hopper, Johns, O’Keefe, Nevelson, Prendergast, Segal, Sheeler y Warhol.  En la planta baja de este centro se encuentra el restaurante Sarabeth Kitchen, uno de los más populares de la urbe.

Pese a que actualmente se encuentra sometido a un millonario proceso de restauración, el Museo Americano de Historia Natural sigue siendo uno de los más populares de la ciudad.  Y aunque s famosa sala de los dinosaurios y fósiles permanecerá cerrada durante todo el año por los trabajos de renovación, el centro ha inaugurado seis nuevos recintos con motivo de cumplir -al igual que el Metropolitano de Arte*- 125 años de creación.  Este centro de exposiciones también cuenta con cine, cafetería, restaurante y tres tiendas de souvenirs.

Por su parte, la Biblioteca Pública de Nueva York celebra esta año su primer centenario de fundación, motivo por el que ha programado una serie de exhibiciones, ferias y festivales que realizarán sus habituales atractivos para el visitante: el arquitectónico y el bibliográfico, que incluye cartas, documentos y periódicos de gran valor histórico.

Finalmente los amantes de la música, las artes escénicas y el espectáculo en general encontrarán en los célebres  escenarios de Broadway las mejores obras teatrales -clásicas y contemporáneas- y musicales, como Los miserables,  El beso de la mujer araña, El fantasma de la ópera, My fair lady, Cats y Grease, a las que este año se han sumado las exitosas producciones Miss Saigon, La bella y la bestia y El rey león.  Los mejores teatros de Broadway están localizados entre las calles 42 y 50 del West.

Shopping en Manhattan             

Cuando se oye hablar de compras en Nueva York, lo primero en lo que uno piensa es en la elegante Quinta Avenida.. y no es para menos, ya que en esa arteria comercial se encuentran numerosas boutiques de diseñadores de fama mundial, como Gucci, Tiffany, Cartier, Calvin Klein, Tomy Hilfiger, etc.  En la Quinta Avenida también están ubicadas las tiendas de departamentos  Bergdorf  Goodman, recientemente remodelada; Henri Bendel, una de las más rifinadas de todo Manhattan; y Sks Fifth Avenue, donde acuden a hacer sus compras las grandes celebridades del cine y la farándula.

Una calle donde los precios son más accesibles para los vajeros de presupuesto limitado es la 34 del West, toda flanqueada  de tiendas en las que se pueden encontrar pantalones vaqueros, camisas, ropa interior, zapatos, discos, equipos electrónicos y muchas cosas más.  Ahi también se encuentra Macy’s, una gigantesca tienda de diez pisos donde se venden diariamente $ 5 millones en mercaderías.

Un sitio interesante para comprar es el vecindario de SoHo -nombrecito que constituye una caprichosa contracción de “sur de la calle Houston”-, que en sus buenos tiempos fue el mejor lugar de Manhattan para hacer shopping, pero que todavía cuenta con conocidos almacenes como el centenario Edgar Haughwout, sito en la intersección de Broadway y Broome.

BROOKLYN

La gente que no conoce este distrito -y esto incluye a muchos habitantes de Manhattan- suele relacionarlo con las películas de gángsters de los años 30, donde los viejos edificios servían de guarida para temibles gavillas de facinerosos.  En realidad, Brooklyn cuenta con hermosos barrios de aspecto europeo y con muchísimo más espacio verde que Manhattan.  Y como para subrayar estas diferencias con el distrito de los rascacielos, sus 4 millones de habitantes autocalifican a Brooklyn como “la cuarta ciudad más grande de Norteamérica.

Ninguna visita a este sector neoyorquino puede pasar por alto Brooklyn Heights, el barrio histórico ubicado sobre una colina desde la que se obtiene una excelente vista de los rascacielos de Manhattan, Montague Street, una de las calles de este vecindario, es una de las mayores zonas comerciales del distrito y, obviamente, uno de sus puntos fuertes para atraer a los visitantes.

Otra importante arteria mercantil es Atlantic Avenue, llena de tiendas y restaurantes sirios, libaneses, yemeníes y palestinos.  Algunas tiendas de este sector ofrecen incluso discos, libros y revistas árabes.

Por su parte, los amantes de la naturaleza  pueden visitar Prospect Park, un complejo de áreas verdes de dos millones de metros cuadrados de extensión con lagos, fuentes, una pista de patinaje sobre hielo, un escenario para conciertos y un zoológico.  Aquí también se encuentra el Botanic Garden, con sus miles de flores y plantas tropicales, además de sus famosos  jardines japoneses.

Conocido principalmente por sus exposiciones antropológicas sobre los indígenas del continente americano, el Museo de Brooklyn también es uno de los más completos de Nueva York con sus exhibiciones de arte oriental, arte primitivo y del antiguo Egipto, además de sus colecciones de Van Gogh, Rodin, Toulouse-Lautrec, Gauguin, Monet y Chagall.

Otro de los lugares característicos del distrito es Bay Ridge, sector ubicado junto al Verrazano-Narrows- el puente colgante más largo del mundo- y lugar de filmación de Fiebre de sábado por la noche.  Aunque ya han pasado casi veinte años desde que John Travolta estelarizó ese filme, muchos vecinos de Bay Ridge siguen vistiéndose como los personajes de la cinta, lo que le confiere al lugar cierta atmósfera evocadora de los tiempos de la música disco. 

Cerramos esta breve reseña sobre Brooklyn en Coney Island, un antiguo lugar de veraneo donde hoy se levantan varios centros de entretenimientos como el Astroland Park, con sus enormes montañas rusas, y el Acuario de Nueva York, famoso por sus ballenas blancas.  El balneario también cuenta con numerosos restaurantes, y entre ellos el Gargiulo, especializado en comida italiana; y el Nathan, donde a decir de los entendidos en la materia se expenden los mejores hot-dogs de la ciudad.

BRONX

Ubicado justo al norte de Manhattan y poblado por dos millones de habitantes, el Bronx es el único distrito de Nueva York localizado en territorio continental.  Aunque el Bronx cuenta con indudables atractivos para el visitante, también es cierto que algunas de sus áreas son particularmente peligrosas, al punto que las propias autoridades neoyorquinas aconsejan a los turistas no poner pie en ellas, como la zona sur del distrito, conocida por la policía como Fuerte Apache.  Evitando esos pocos lugares inseguros, el visitante puede acudir a los Jardines Botánicos de Nueva York-que ocupan lo que queda  del    bosque     que  originalmente     cubría  toda  la     zona      urbana     neoyorquina,      donde    se pueden visitar el Conservatorio Enid A. Haupt (un palacio de cristal compuesto de once pabellones) y el Museo Botánico, junto a los Jardínes Botánicos está ubicado el Zoológico del Bronx, el mayor de Estados Unidos con sus cerca de cuatro mil animales alojados en un millón de metros cuadrados, una superficie lo suficientemente extensa como para que el parque disponga de un monorriel para facilitar los recorridos del público.

En cuanto al aspecto cultural, en este distrito se pueden visitar el Museo de las Artes del Bronx, cuyas exposiciones se centran principalmente en el arte contemporáneo y en las manifestaciones artísticas de los numerosos grupos étnicos que habitan el Bronx.  En este centro también se presentan a lo largo del año conciertos de música clásica, películas culturales y grupos de ballet.

Los aficionados al deporte, por su parte, pueden conocer el estadio de los Yankees, uno de los equipos de béisbol más populares de Estados Unidos.  En este diamante con capacidad para 55.745 espectadores se han  presentado figuras legendarias como Babe Ruth, Lou Gehrig, Joe DiMaggio y Reggie Jackson, y allí juegan regularmente los Yankees entre los meses de abril y septiembre.

Otro punto de interés del Bronx es el Salón de la Fama de los Grandes Americanos, donde se exhiben los bustos de bronce de presidentes y políticos estadounidenses, además de personalidades que han destacado en los campos de la ciencia, del arte y de las obras humanitarias.

STATEN ISLAND

Aunque el nombre oficial  de este distrito es Richmond, lo cierto es que la mayoría de los neoyorquinos ya lo ha olvidado, y hoy lo conoce simplemente como Staten Island.

Este lugar es dos veces y media más grande que Manhattan y, sin embargo, es el distrito menos conocido de las Gran Manzana.  Hay dos maneras de llegar a Staten Island: el ferry, que lo une con Manhattan en 25 minutos por sólo $0,25 (y pasa muy cerca de las estatua de La Libertad); o el puente Verrazano-Narrows, que lo une con Brooklyn.

Entre los principales atractivos de Staten Island están sus majestuosas colinas coronadas por palacios señoriales, la hermosa vista de sus riberas, el histórico sector de St.George and Tompkinsville (donde la cantante Madonna grabó su vídeo Papadon’t preach ), el Museo de Arte Tibetano y la única residencia privada diseñada por el arquitecto Frank Lloyd Wright en la ciudad de Nueva York.

Otro punto de interés es el centro cultural Snug Harbor, complejo de 28 edificios ubicados en un predio de 400 mil metros cuadrados que alberga el Staten Island Children’s Museum, el Newhouse Center for Contemporary Art y la colección marítima John Noble.  En este distrito también está ubicada la histórica aldea de Trichmond Town, que cuenta con un verdadero complejo de 39 museos conformados por hogares, tiendas y edificios públicos que exhiben tres siglos de historia local 

QUEENS 

Geográficamente éste es el mayor distrito de Nueva York, aunque está conformado por numerosas comunidades, algunas urbanas y otras todavía rurales, en medio de las cuales se extienden dos de los aeropuertos de la ciudad, el John E. Kennedy y La Guardia.

Entre las áreas más características de Queens se encuentra Astoria, una comunidad originalmente italiana que con el tiempo ha ido asimilando múltiples corrientes migratorias y, en especial, griegas.  Hoy en día la zona constituye el mayor enclave helénico de Nueva York, con una población es superada por Atenas, aunque allí también viven numerosos polacos, checos, eslovacos, malteses, indios y latinoamericanos.  En la actualidad Astoria y la cercana Long Island City son lugares famosos por sus jóvenes artistas, quienes han dado origen a una verdaderas proliferación de galerías plásticas y pictóricas, como el Isamu Noguchi Garden Museum, deseñado y ejecutado por el propio artista plástico Noguchi; y el Socrates Sculpture Park, donde se exponen obras de Di Suvero, Sonfist, Stankiewicz y Tucker, entre otros famosos escultores.

Pero entre todos los centros de exposiciones de Queens sobresale el American Museum of the Moving Image, instalado donde antaño funcionaron los estudios Paramount Pictures de la costa este.  Hoy el edificio es compartido por el museo, donde se exhiben más de 70 mil objetos vinculados a la historia del cine; por los estudios Kaufmann Astoria, usados regularmente por los directores neoyorquinos Woody Allen, Spike Lee y Sidney Lumet para realizar sus películas.

Otra singular atracción de Queens es Flushing, una antigua comunidad de granjeros holandeses actualmente poblada por inmigrantes del sudeste asiático, entre los que predominan los chinos, y los coreanos.  En este barrio es común ver una escuela coreana junto a la carnicería halal de un afgano o un paquistaní, o una pagoda japonesa al lado de un templo hindú.

En este vecindario también se encuentra el Flushing Meadows Park, escenario de las ferias mundiales de 1939 y 1954, hoy convertido en sede de diversas actividades culturales, científicas y deportivas.  

 Entre otras instalaciones, en este recinto se pueden visitar el Queens Museum, el New York Hall Science, el Queens Botanical Garden, el USTA National Tennis Center (sede del Abierto de Tenis de Estados Unidos)y el New York City Panorama, que consiste en una marquesina a escala de los 835 mil edificios de los cinco distritos neoyorquinos.   

 

En la Gran Manzana siempre hay algo para hacer y tendencias por descubrir

El año último la visitaron 38 millones de turistas y para éste se esperan más

Desde la Quinta Avenida hasta el Central Park y los museos, la oferta es infinita

NUEVA YORK.- Coquetos edificios cuyos dueños son estrellas de cine que ganan millones de dólares al año y sacan a pasear a su perro en jogging por las mañanas. Antros llenos de humo donde escuchar jazz, blues o flamenco. Corpiños de colores colgados de la barra del bar Hogs & Heifers en el Meatpacking District.

Hoteles fashion cuyo lobby es más un café donde entra y sale gente, mientras afuera las sirenas de bomberos suenan cada media hora: en la gran vidriera de Nueva York se puede pasear eternamente porque la película no se acaba nunca. No dura quince minutos.

Cualquier visión es limitada, pero lo es especialmente en esta metrópolis de monstruos de acero y barrios tranquilos y no tanto, imposible de abarcar en una sola visita.

Desde que en 1982 el gobierno se propuso terminar con la inseguridad y la prostitución existente en la calle 42 pasó mucha agua bajo el puente y hoy es la ciudad más segura de Estados Unidos si se consideran las urbes con más de un millón de habitantes.

Todos los meses surgen como hongos después de la lluvia lugares nuevos para comer, pasear y bailar. Los que ya estaban se renuevan y se multiplican los espectáculos. Como una enfermedad, empieza a crecer la ansiedad de ver todo, una especie de vértigo, como si un tren pasara y uno estuviera a punto de perderlo todo el tiempo.

Sería bueno llegar a ver las principales atracciones: el Central Park; The Cloisters (único museo norteamericano dedicado al arte medieval); Times Square; el Madison Square Garden; la 42nd Street; Chinatown; la Quinta Avenida; Rockefeller Center; el Empire State; los museos con muestras bellísimas, el Metropolitan, el Museo de Arte Moderno, el Guggenheim y un largo etcétera; el Lincoln Center; los musicales de Broadway y el off Broadway; los grandes negocios; la Estatua de la Libertad; Staten Island; elpuente de Brooklyn; Greenwich Village; Queens; Bronx... Por algo el año último llegaron más de 38 millones de turistas y para éste se esperan casi 40, según el New York Convention & Visitors Bureau. El 81 por ciento de ellos ya vino alguna vez.

Paradojas de la modernidad

Un paseo en mateo por el Central Park, de cuatro kilómetros de extensión. O en bicicleta. Comprar un spretzel en un puesto callejero. O fruta, con balanza tradicional, como en los viejos tiempos; paradojas de la modernidad.

Un trago latino en un bar del Soho. Recorrer y mirar negocios y edificios en Park Avenue, la Quinta Avenida o el Central Park West: las posibilidades son infinitas.

Harlem guarda su encanto de luces diurnas y nocturnas, gospel, jazz y caras y vestimentas tomadas de una película de Spike Lee. Cada año aumenta la cantidad de extranjeros que llega hasta el barrio.

Permanentemente surgen nuevos circuitos de moda, como Nolita (el Norte de Little Italy), o el Meatpacking District y Chelsea, entre otros.

El viajero sentirá que no pudo ver todo: es imposible. Y tal vez comiencen desde el primer día del viaje las ganas de volver, para sentirse parte de esta cultura que nos traga incesantemente.

El arte se guarda en una fábrica

El Meatpacking District recicló sus antiguos galpones y hoy vive un furor inmobiliario

Forma parte de Chelsea, un barrio un poco retirado de los distritos históricos

La recuperación de la riviera atrajo galerías de arte, restaurantes y boutiques

Rincón de famosos

NUEVA YORK.- Está de moda y no es por la carne, aunque lleve su nombre. Se llama The Meatpacking District y su centro se encuentra sobre las calles Gansevoort, Washington, y Greenwich. Forma parte de Chelsea, un barrio un poco retirado de distritos históricos cuyos límites son la calle 34 al Norte y la 14 al Sur, la Avenida 6 al Este y el río al Oeste, donde están los muelles y el gigantesco centro deportivo Chelsea Piers.

La pasión de los neoyorquinos por lo antiguo combinada con los altos alquileres del vecino Soho y la recuperación de la riviera atrajeron una oleada de galerías de arte y boutiques.

Más tarde llegaron los restaurantes y las organizaciones diversas a este extraño ámbito donde las fábricas aún almacenan la carne que llega por el río.

El reciclado de construcciones de principios de siglo compite con edificios modernos en este furor inmobiliario. Donde antes circulaban trabajadores, hoy se ven turistas con cámaras al hombro. Al caminar, la sensación es la de pisar una zona fabril, pero de repente aparece una galería con fotos o cuadros, y más allá, la zona residencial.

Entre otros lugares, se puede visitar el Día Center for the Arts, el Chelsea Hotel, las galerías de marchands como Annina Nossei, Matthew Marks (523 West, 24 St.) o Paula Cooper, la Kaplan o la Gansvoort Gallery. También las tiendas Barnes & Noble, Bed, Bath & Beyond, Filene's, Old Navy, entre otras, tienen su sucursal en Chelsea.

Artistas y genios

El Chelsea Hotel (calle 23 West 222, y Avenida 7) abrió entre 1880 y 1890, y por allí circularon artistas y genios. Su fachada eduardiana de 12 pisos con balcones y columnas ornamentadas se convirtió para muchos en un lugar de peregrinaje. La actriz Sara Bernhardt vivió allí por un tiempo y también el escritor Vladimir Nabokov. Dylan Thomas pasó sus últimos días y Bob Dylan escribió canciones sobre él. Chelsea Girls, de Andy Warhol, se filmó en el verano de 1966 y muchos escenarios pertenecen al establecimiento.

El mercado de Chelsea, sobre la calle 16, es un paseo muy bonito. La puerta de una antigua fábrica da paso a un largo pasillo con locales a ambos lados: bares, boutiques, el puesto de frutas y verduras (Manhattan Fruit Exchange) premiado por la prestigiosa Guía Zagat y el rincón de cocina donde los chefs de moda compran sus utensilios.

El carnicero Frank

Los panes y las cookies de las vidrieras de Amy's bread parecen pintados y los brownies de la bruja gorda (Fat Witch Bakery) no hacen más que corroborar que caer en la tentación es casi siempre placentero. El carnicero Frank exhibe, orondo, sus prolijos cortes de carne; pocas cosas aquí son precarias. Hale and Hearty Soups, Romy Brook Farm Dairy, The Cleaver Company y The Lobster Place son algunos de los lugares gourmet del Chelsea Market donde se puede comer comida al paso. Las personas consumen su almuerzo paradas o se amuchan en las únicas dos o tres mesas del pasillo.

Platos de colores y cacerolas al paso, raros peinados de colores, olor a pan y a pescado, y una catarata de agua que cae de un viejo caño en medio de todo; en el interior del mercado formas y fondos conviven amablemente, aunque afuera el ritmo sea vertiginoso.

Si los pies lo llevan por la parte más retirada del puerto donde aún se ven los edificios en su estado original, la música lo atraerá hasta Hogs & Heifers.

Adentro lo esperan un sinfín de estímulos: señales luminosas, carteles de Harley Davidson, corpiños de colores, chicas con remeras cortas bailando sobre el mostrador; difícil olvidar un bar como éste.

Kat Soderquist pregunta a un cliente si se quiere divertir desafiándolo a un wake-up o caballito de tequila para seguir la fiesta.

Luego se sube a la barra a bailar con hermosos contoneos, o a saltar con gracia una danza country llamada clogging, muy movida, y la música sigue. Una chica decide sacarse el corpiño y lo hace moviéndose frenéticamente; otra, más recatada, se lo saca suavemente por la manga de la remera.

Michelle Dell es la propietaria del bar, que abrió sus puertas hace 9 años, con una sucursal en la Avenida 1. No hay comida, sólo bebida. A la pregunta sobre el origen de tantos corpiños, Michelle responde que pertenecieron a sus clientes y me dice que puedo dejarlo si quiero.

Cuenta que sólo pueden trabajar mujeres detrás de la barra por la rutina que realizan, llena de arengas al público, baile y servicio. "No podrían ser hombres. Es una tarea agresiva y tendríamos peleas cada quince minutos".

Christopher Lazicki, un vendedor de pescado habitué del lugar, afirma que para él es el mejor de la ciudad. A la noche, dice, es muy hip -canchero- y casi no se puede entrar: se llena de Harley-Davidson's, o motoqueros y famosos. Entre otros, pasaron por allí Julia Roberts, Drew Barrymore, Elle MacPherson, Brad Pitt, Paul McCartney, Dennis Quaid y un largo etcétera, y muchos de ellos bailaron sobre la barra de madera.

Comer y beber

Hogs & Heifers Saloon: 859 Washington Street; 212-929-0655. Bar americano de bebidas solamente. Pruebe la cerveza tirada o los wake-ups. Todos los días hasta las 4 a.m.

Pastis: 9 Ninth Avenue, esquina Little 12 St.; 212-929-4844.

Bistró francés. Es mejor reservar. Especialidad: los fritos y los cócteles de la casa. Abre todos los días, desde el desayuno hasta la cena.

Markt: 46 Gansevoort Street y Greenwich Street; 212-727-3314. Restaurante belga-francés cuya vedette es el pescado. Extensa carta de cervezas con variedades belgas. Abierto de lunes a viernes; sábados y domingos, brunch.

Lotus: 409 West, 14th Street, tel. 212-674-2105. Es tanto una disco como un comedor de moda. La disco abre de 22 a 4.

Menu: 46 Gansevoort Street y Greenwich; 212-675-5224. Recientemente inaugurado, este restaurante americano ofrece menús temáticos a precio fijo. Abre de martes a domingos; brunch los domingos. Conviene llamar para reservar.

En el corazón de Manhattan, el hotel St. Regis es un clásico

Fue fundado en 1904

Su fachada beaux arts mira a la Quinta Avenida

Tiene 18 pisos

Se concibió pensando en los que están acostumbrados a lo mejor

NUEVA YORK.- Transcurrido casi un siglo desde su construcción, el hotel St. Regis es una colección de salones lujosos, experiencias, recuerdos antiguos y recientes. Situado en el corazón de Manhattan, exhibe los dieciocho pisos de su espléndida fachada beaux arts sobre la Quinta Avenida.

Casi cuatro años de trabajo les llevó a los arquitectos Trowbridge y Livingston para completar la obra, pero cuando el hotel abrió sus puertas en 1904, rápidamente se convirtió en un hito para la ciudad.

Por esos años, buena parte de Manhattan comenzaba a parecerse a París; la moda imponía edificar imitando el estilo francés moderno de ventanales altos, techos abohardillados y balcones de hierro forjado.

Gusto refinado

El proyecto pertenecía a John Jacob Astor, que había decidido irrumpir en la zona monopolizada por las mansiones de los miembros de la familia Vanderbilt con un rascacielos diseñado para deslumbrar por su gusto refinado y las comodidades de avanzada tecnología donde los pasajeros se sintieran como en su propia casa.

Era común ver grupos de transeúntes parados en la intersección de la calle 55 y la Quinta, admirando el alto edificio con un frente decorado con vasos en forma de cuerno llenos de flores y frutos de piedra y una profusión de balcones y balaustradas.

La revista Architectural Record proclamó entonces que "el hotel establecía un nuevo y más alto estándar en la edificación de hoteles en la ciudad".

Pensado para gente acostumbrada a lo mejor, dos años después de su apertura era considerado el más elegante del país. John Jacob Astor, que se ahogó en el hundimiento del Titanic, había invertido cinco millones y medio de dólares para llenar su hotel con valiosas antigüedades, tapices, alfombras orientales, teléfono y un sistema que permitía controlar la temperatura en cada habitación.

Durante décadas el St. Regis brilló en la vida social neoyorquina. En su libro de huéspedes ilustres figuran nobles, aristócratas y artistas. Marlene Dietrich lo prefirió toda vez que visitó Nueva York, los duques de Windsor no concebían quedarse en otro lugar. A Alfred Hitchcock lo complacía particularmente que el quiosco de diarios y revistas tuviera un buen surtido de periódicos británicos, mientras que Salvador Dalí vivió durante largas temporadas. Allí compartía con su mascota, un ocelote, y su esposa, Gala, siempre la misma suite.

Tras su restauración, el hotel recuperó su antiguo esplendor. Habitaciones amobladas en estilo Luis XV, con paredes tapizadas de seda en tonos suaves y acogedores, chimeneas y baños recubiertos en mármol. Los detalles de servicio personalizado están a la orden del día: cada piso cuenta con un mayordomo encargado de satisfacer necesidades y resolver inconvenientes durante las veinticuatro horas.

Suites más espaciosas

El cambio más significativo ha sido la reconfiguración de las habitaciones para crear un mayor número de espaciosas suites ambientadas en diferentes estilos por diseñadores de casas como Tiffany's y Christian Dior.

Y aunque en la remodelación se han perdido salones, se logró preservar la chimenea de mármol y la lámpara de cristales originales del hotel. El salón de baile, donde tocaron las orquestas de Glenn Miller y Jimmy Dorsey en los años 40, es escenario de cócteles y beneficios.

La primera versión del Bloody Mary fue inventada por Fernand Petiot, barman del St. Regis en 1934; el trago, a base de vodka, jugo de tomate y salsa Worcestershire, se llamó Red Snapper y así se lo conoce en el King Cole Bar & Lounge donde trabaja Bill Higgins hace 10 años. Custodiada por el gigantesco mural del rey Cole, la barra de madera es el destino elegido por ejecutivos neoyorquinos para disfrutar de la amplia selección de whiskies y cognacs del bar.

El chef Christian Delouvrier ofrece su cuisine de terroir, combinación de técnicas francesas clásicas, los mejores ingredientes y la tradición culinaria del sudoeste de Francia.

Lujo, elegancia, confort moderno y servicio esmerado fueron el sello bajo el cual nació el hotel St. Regis y el nuevo milenio lo encontrará siempre fiel a sí mismo.

A pasos de las grandes tiendas

The St. Regis (The Luxury Collection, Starwood Hotels & Resorts Worldwide), 2 East 55th. Street y Fifth Avenue, Nueva York; (212) 753 4500.

Está en pleno centro de Manhattan, a pasos de las grandes tiendas y boutiques de la Quinta Avenida y de Madison Avenue. Distancia a aeropuertos: 30 kilómetros al Kennedy; 16 a La Guardia y el de Newark.

Cuenta con 222 habitaciones y 93 suites decoradas en diferentes estilos.

Restaurant Lespinasse, calificado con cuatro estrellas por el New York Times, a cargo del chef Christian Delouvrier.

The King Cole Bar & Lounge, abierto desde 11.30 hasta pasada la medianoche. Se sirven también comidas ligeras y copas de vino. Famoso por ser el lugar de nacimiento del Bloody Mary.

Astor Court, elegante salón de té. Cuenta con un menú ligero.

Fitness Center, equipado con sauna, gimnasio y salas de masaje.

Salones para reuniones y encuentro.

Los precios varían según la temporada. Desde 590 dólares hasta 11.500.

Claves para ahorrar tiempo y dinero

Datos útiles sobre transporte, gastronomía, museos y paseos que ayudan a devorarse de un mordisco la Gran Manzana

Cómo llegar: el pasaje a Nueva York, vía Santiago de Chile, por LanChile, cuesta, hasta fines de julio, 945 dólares más impuestos, de lunes a jueves; 1015 los fines de semana.

Claves: la Metro Funn Pass es una tarjeta diaria que cuesta 4 dólares y permite viajar ilimitadamente en ómnibus o subtes, desde la medianoche hasta las 3 de la mañana del día siguiente: 27 horas en total. La MetroCard Viajes Sin Límite se puede usar de la misma forma durante 7 días a un costo de 17 dólares, y por un mes, a 63.

Moverse en taxi es caro e inútil porque los embotellamientos son constantes. De noche sí puede hacerlo; son amarillos.

Si igualmente prefiere comprar el boleto diariamente (1,50 dólar), conviene comprar una tarjeta de 15 dólares porque tiene 11 viajes, uno gratis.

Lo habitual es agregar de un 10 a un 15 por ciento de propina en taxis y restaurantes. La New York Guide del New York Visitors & Convention Bureau sugiere dejar un dólar por ronda de tragos en cualquier bar y también a los emplead os de los hoteles.

Fumar está prohibido en la mayoría de los espacios cerrados.

Citypass: ganas de caminar, tiempo y dinero es lo que se precisa para pasear por los edificios de esta ciudad. El Citypass cuesta 33,25 dólares para los adultos, y 25,50 para los jóvenes e incluye las entradas al Empire State, Metropolitan Museum, Museo de Historia Natural, Itrepid Museum, Museo de Arte Moderno (actualmente en reformas), Guggenheim Museum y el observatorio del Word Trade Center. Se compra en la primera atracción que visite y no se hacen las colas.

Teléfonos: en todos los delis y quioskos de diarios y revistas venden unas tarjetas de 5 dólares que permiten hablar 8 minutos a la Argentina o 40 dentro de los Estados Unidos. Hablar desde los hoteles resulta caro, pero muchos disponen de teléfonos públicos en el lobby.

Los códigos de área deben marcarse si se utilizan las tarjetas o si se llama del exterior (Manhattan 212) y también si quiere comunicarse con los condados vecinos. Brooklyn, Bronx, Staten Island y Queens, 718; Nueva Jersey, 201 o 609.

Gastronomía: hay más de 18.000 restaurantes, cafés y bistrós. Comer en un un restaurante bueno cuesta entre 30 y 40 dólares por persona, aunque hay sitios donde comer por 15 dólares que son excelentes. Un sándwich en un delivery con una bebida cuesta entre 8 y 15 dólares; no se olvide del de Pastrami con una buena mostaza. Un restaurante fashion arranca desde los 40, 50 dólares.

El menú de precio fijo se sirve en muchos restaurantes buenos. También existe el menú degustación, que es un poco más caro.

Conviene reservar e ir temprano, porque el horario de la cena comienza a las 18 y se extiende en general hasta las 22. El mediodía en general es más económico al igual que el pre-theater, que comienza a las 17.30.

El vino es caro; conviene pedirlo por copas, tomar cerveza, o llevarlo en los casos permitidos.

Para comer bien, un poco más tarde de lo habitual:

Café Orlin (41 St. Marks Place, East Village, 212-777-1447). Abierto hasta las 4.

The Regional Thai Taste (208, 7th.Avenue, 212-807-9872). Rico y barato, hasta las 23.

Afghan-Kebab House (155 West, 46th Street, entre la 6 y la 7, Times Square, 212-768-3875). Bueno y barato. Hay que llevar el vino porque no venden.

Yaffa Café (97 Saint Marks Place, East Village). Abierto hasta las 24.

Ernie's (2150 Broadway, UpperWest Side, 212-496-1588), amplio y con muy buen pescado.

Olive Tree Cafe (117 MacDougal St., Greenwich Village, 212-254-3480). Se puede comer en la planta baja o ver shows y comedias musicales a medianoche en el subsuelo, todos los días menos los lunes. Es un restaurante de comida oriental en el Washington Square Park, con buenos tragos, muy económico, con tizas para escribir mensajes en las mesas. Vale la pena conocerlo y está abierto hasta las 4 de la mañana. Se exhiben películas de Carlitos Chaplin.

Entre los elegantes, entre muchos otros, se destacan Guastavino's (409 East, 59th. Street, 212- 980-2455), la última apuesta de Sir Terence Conran en Manhattan y el clásico Club 21 ( 21 West, 52nd St., 212-582-7200), donde aún insisten en la necesidad de usar saco y corbata. Teodora (141 East 57 th ST, 212-826-7101) tiene precios razonables, ambiente muy acogedor y pastas exquisitas regadas con vino italiano. El Sea Grill del Rockefeller Center se destaca por sus Manhattans frente al patio con su catarata azul y los pasteles de cangrejo, y el Park Avalon (225, Park Avenue, 212-533-2500, conviene reservar) por su barra para tomar copas y su rica comida sin pretensiones.

Movida flamenca: Meson Flamenco. El dueño se llama José Pepe Canto y hace 5 años que está en 135 Atlantic Ave, Brooklyn Heights (718-625-7177 para reservas). Es un restaurant auténtico español de tapas con espectáculos de flamenco los fines de semana. Por allí han pasado Triana Macarena, Tomatito, Antonio Canales, Paco de Lucia y Manuel Molina, entre otros. También se presenta cada tanto un joven guitarrista de Buenos Aires, Cristian Puig.

Bar de Tapas en Soho (33 Crosby Street, Manhattan, entre Grand y Broome). Un local bohemio con ambiente eléctrico y muy buena comida donde hay espectáculos de flamenco todos los miércoles.

Internet: en los buenos hoteles el precio por el uso de Internet por 24 horas ronda los 10 dólares. En Burger King: 42nd St. entre 8 y 9, y con la consumición de un plato completo la promoción incluye 20 minutos gratis de Internet. Otro lugar donde se puede navegar es en las bibliotecas.

Alojamiento: la ciudad de Nueva York cuenta con 700.000 habitaciones. Las tarifas por una habitación doble arrancan desde los 125 dólares y la media es de 200.

Se pueden alquilar departamentos por día equipados, por 60 dólares diarios, en Chelsea o en el Village si se piensa ir más de un mes; por menos tiempo los precios se acercan a los 100 dólares por día.

W New York, perteneciente a esa cadena de hoteles de Starwood. 541, Lexington Avenue, 212-755-1200. Web-site: http://www.whotels.com Habitación Standard en base doble, 259 dólares más 3,25 por ciento de impuestos; suite, 399 más impuestos, sin desayuno.

Negocios interesantes: 

Libros usados: Strand Bookstore. 828 Broadway y 12th St., tel. 212-473-1452.

Libros: Gotham Book Mart & Gallery, Inc. 41 West 47th St. 719-4448. Para John Updike, "su librería favorita en Estados Unidos".

Insumos para fotografía, video, etc: B& H. 420 9th Avenue, 212-444-6640.

Compacts, CD, videos: Virgin Mega Store. 1540 Broadway entre 45 St. y 46 St., 212-764-5500.

Más información: Oficina de Turismo de Nueva York, Avda. Santa Fe 830 1er piso (4314-4158).

En Internet: http://www.nycvisit.com

Fuente La Nación, julio 2001

 

 

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