| Montreal, Canadá La
ciudad confunde, desorienta, pero siempre sorprende. Por momentos es
antigua, europea e histórica; de a ratos vanguardista y americana. Cosmopolita
como pocas, en Montreal nadie se siente extranjero. Es la capital del
Canadá francés, pero como el inglés es también idioma oficial, es una
ciudad perfectamente bilingüe. Los
ríos San Lorenzo y Ottawa la rodean y convierten en una isla, donde
conviven en armonía un poco más de 1,5 millones de personas: franceses
e ingleses, en su mayoría, pero también 80 comunidades -china, italiana,
griega y portuguesa, entre otras-. Las
diferentes culturas se unen en la comida y en el arte, se funden en
las calles y en la arquitectura, desorientando a quien busque encontrar
algún rasgo montrealense en estado puro. Tampoco existe una imagen postal
de esta ciudad; por el contrario, Montreal es un verdadero rompecabezas.
En
el centro comercial, entre casas y edificios estilo victoriano, la colina
Mont Royal y los rascacielos de Place-Ville-Marie se disputan el centro
de la escena. Naturaleza, cemento y vidrio suman un contraste más en
la ciudad de los contrastes. A
los pies de los enormes edificios, las esculturas transforman a Montreal
en una galería de arte al aire libre. Durante
el otoño, los lugareños libran una batalla contra las hojas de los arces
que invaden las calles. En invierno, las hojas dan una tregua, pero
la ciudad se vuelve blanca y millones de dólares se gastan para mantener
las calles libres de nieve. Moda,
arroz y pasta Saint
Catherine es la calle comercial, cafés y restaurantes se alternan con
extravagantes y exóticos negocios de ropa. Zapatos y botas con enormes
plataformas, sprays de colores para el cabello; pelucas rosas, verdes
y azules, brillos y leopardo se repiten en todas las vidrieras. Esta
calle se cruza hacia el Este con Crescent y hacia el Oeste con Saint
Laurent. Las dos, muy bulliciosas, son las elegidas por los jóvenes
para las salidas nocturnas. Sobre
Gauchetiére, cerca del bulevar Saint Laurent, un arco custodiado por
dragones anuncia la entrada al barrio chino, que olores indescifrables
de Oriente ya anticipaban. Originado en 1860, cuando los inmigrantes
chinos llegaban a Canadá para trabajar en las minas y en la construcción
de las vías de tren, hoy es más un distrito comercial que residencial.
Allí
es fácil imaginarse caminando en alguna calle de China. En la peatonal,
los restaurantes ofrecen especialidades típicas; los mercados, sus exóticas
comidas, hierbas medicinales y acupuntura. En una esquina, un anciano
oficia de mediador entre Oriente y Occidente, por un dólar canadiense
escribe con pluma nombres en ideogramas chinos. Esas angostas calles,
que conservan los sabores importados de Oriente, son también escenario
de las fiestas tradicionales. En
Montreal no se extraña nunca la buena pasta porque los italianos forman
el grupo étnico predominante de la ciudad. Durante la Segunda Guerra
Mundial desembarcaron su religión, su cultura y su cocina en el barrio
que se conoce como la Pequeña Italia. En
el Latin Quarter, la calle Saint Denis es el lugar de los más jóvenes,
que dialogan en las veredas, los bares y cafés. Por supuesto, sus calles
no son silenciosas como el resto de la ciudad, tienen sangre latina.
Pasado
de colonia El
corazón del Viejo Montreal es la Plaza de Armas. Al frente, la basílica
de Notre-Dame es el símbolo del catolicismo de los quebequenses, y la
preferida para los casamientos. La nativa Celine Dion es una de las
que eligió su altar para dar el sí. La
fachada estilo neogótico, con piedras y muy sencilla, contrasta con
el interior de maderas talladas, pinturas y vitrales de Limoge. Cinco
mil estrellas de oro de 23 kilates decoran el techo azul y un órgano
de 7000 tubos, que van de un centímetro a los 10 metros, la convierten
en una visita imperdible. Sobre
el Viejo Puerto, algunos edificios, donde funcionan restaurantes y cafés,
recuerdan en su fachada y carteles su pasado de almacenes de puerto.
Rascacielos
con raíces Organizada
como la de arriba, en la ciudad subterránea, no es extraño escuchar
algún bolero. El
intérprete estará debajo de un cartel del gobierno que lo habilita a
tocar o cantar en ese lugar en los horarios indicados. En Montreal,
aunque el artista no marca tarjeta, siempre cumple horarios. Fuente La Nación, diciembre 1999 |
| Datos
útiles El
pasaje desde Buenos Aires hasta Montreal, ida y vuelta por Canadian
Airlines, cuesta aproximadamente 1240, con tasas e impuestos. Alojamiento
Una
habitación doble en un hotel tres estrellas cuesta alrededor de 50
dólares; en un cuatro estrellas, entre 60 y 190; y hasta 290 en un
cinco estrellas. Comidas
Para
dos personas, con vino, vale aproximadamente 40 dólares. Paseos
y museos Casino:
tiene más de 115 mesas de juego, dos restaurantes, bares y boutiques.
La entrada es gratuita. Biodome:
es una especie de zoológico cubierto donde se reproducen cinco ecosistemas.
La entrada es de 6,40, para los adultos, y 3 dólares, para los menores.
Molson
Centre: es el estadio de hockey. La visita guiada cuesta6 dólares
para los mayores y 3, para los menores. Se pueden obtener tickets
especiales para recorrer todos los museos por 13 dólares. Visa
La
de una entrada cuesta 50 pesos y 100 la de múltiples; en la embajada
de Canadá; 4805-3032. Más
información Oficina de Turismo de Canadá, Avda. de Mayo 776 P 2, de lunes a viernes, de 10 a13; 4345-4597. |
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