Torres de la catedral metropolitana

Pirámide azteca de Santa Cecilia Acatitlán

Monumentos toltecas

 

CANCUN

Mientras el sol se va recostando lentamente en el horizonte y el cielo se tiñe de todas las tonalidades de magenta, el barco navega plácidamente, propulsado por la rueda trasera. En el bar, muy concurrido, el ruido que produce el golpe del vaso sobre la mesa recuerda esa vieja tradición mexicana de apurar el tequila de un trago, una vez que los labios tomaron contacto con la sal.

El Cancun Queen se desliza en el mar Caribe frente a esa lengua extensa de playa de casi 12 kilómetros de largo, donde se alinean los imponentes hoteles del centro turístico más importante de México, que mezcla la arquitectura futurista con aquella que remeda una arquitectura colonial o las pirámides de la cultura maya.

Son casi cincuenta hoteles de gran categoría con un frente sobre el mar Caribe y el otro hacia la laguna Nichupte, en esa extraña geografía que nos presenta el itsmo de Cancún.

La temperatura ideal del atardecer invita a todos a disfrutar de la playa y el mar: las lanchas que arrastran los coloridos paracaídas de los parasailing, una forma para descubrir la ciudad desde las alturas, haciendo zigzag entre los jet-ski, las tablas de windsurf y los ya tradicionales bananas.

Hasta hace poco más de dos décadas Cancún era una pequeña y casi desconocida playa de pescadores. Hoy es uno de los principales destinos turísticos del mundo.

Su extraordinario éxito se debe tanto a la privilegiada ubicación geográfica y la abundancia de atributos naturales como a la impresionante infraestructura y el carácter amistoso de sus habitantes.

Vestigios mayas

Sus espléndidas playas y ese mar azul-turquesa se integran en un área que vio nacer una de las culturas pre-hispánicas más desarrolladas de América: la de los mayas, cuyos vestigios como Chichén Itzá o Tulum, enriquecen a Cancún con opciones que pocos destinos pueden ofrecer.

Si bien aquí la mayoría de las actividades se concentra en el mar y la laguna, la gastronomía típica y las horas de shopping no se quedan atrás.

Manjares nativos

Más de 250 restaurantes de varias categorías y precios ofrecen un amplio abanico de comidas internacionales y de diferentes países del mundo, pero es imprescindible probar la excelente comida yucateca, una combinación de la cocina española y la nativa: los españoles trajeron los sabores e ingredientes europeos que se mezclaron con los guisos mayas.

Las especialidades incluyen la sopa de lima (consomé de pollo con tiritas de tortilla frita y jugo de lima), los panuchos (tortillas fritas acompañadas con pavo) y la cochinita pihil (carne de cerdo adobada con achiote y jugo de naranja agria.

Para los que gustan de las emociones fuertes, los guisos con chile habanero son los más picantes del país y sin duda una tentación.

El culto al shopping, que parece que los argentinos desarrollamos de manera impecable, no se verá defraudado en Cancún.

En caso de tener poco tiempo, recomendamos empezar por el centro comercial Plaza Caracol, de muy fácil acceso, ya que se encuentra en la avenida Kukulcán cerca del Centro de Convenciones.

Muy americano en cuanto a su estilo, cuenta con unos 200 establecimientos donde es es posible encontrar absolutamente de todo.

Costa Blanca y Plaza Kukulcán son otras opciones interesantes. Para comprar artesanías a precios moderados se puede visitar el mercado al aire libre en el centro de la ciudad.

Moverse en Cancún, a pesar que las distancias pueden ser grandes, es relativamente fácil. Una sola avenida, la Kukulcán, atraviesa el islote de Norte a Sur, uniendo la zona hotelera con la ciudad de Cancún. Una línea de colectivos con una frecuencia elevada une a estas dos zonas por un precio módico (unos 0,50 dólar el boleto).

Las posibilidades de excursiones son múltiples en la región: además de las espectaculares ruinas mayas; se puede recorrer lo que se conoce como el corredor Cancún-Tulum, alrededor de 130 kilómetros de playas vírgenes, donde se destaca Puerto Morelos, el famoso parque Xcaret, Puerto Aventuras y las ruinas de Tulum.

Datos útiles

Cómo llegar
Muchas empresas aéreas tienen vuelos directos a Cancún, también hay un número importante de vuelos chárter. Los pasajes en vuelos regulares cuestan alrededor de 800 dólares.

Dónde alojarse
La oferta hotelera de Cancún es muy grande. Hay hoteles cinco estrellas con valores que van desde 150 a 300 dólares y, también, se pueden encontrar habitaciones por 40 o 50. Se extendió el servicio de todo incluido, que permite saber de antemano los gastos de viaje.

Excursiones
Las excursiones de un día visitando las ruinas mayas de Chichén Itzá o Tulum cuestan 70. Excursión de medio día a Islas Mujeres con snorkeling incluido, 40.

Más informaciones
Oficina de Turismo Mexicano en Buenos Aires, Santa Fe 920, 4393-7070.

Con aroma de mujer

El contraste es total. A pesar de la proximidad, Cancún e Isla Mujeres -separadas sólo por unos minutos de navegación- son dos mundos completamente diferentes. El primero es deslumbrante, mundano y ultramoderno. Isla Mujeres evoca el espíritu del Caribe mexicano de ayer, apacible, despreocupado, lleno de color y calor.

Los navegantes españoles que desembarcaron en ella a principios del siglo XVI encontraron ruinas mayas que estaban repletas de pequeñas esculturas de piedra con forma femenina, de donde deriva el nombre de la isla. Estas imágenes eran ídolos que representaban a la diosa de la fertilidad, Ixchel.

El único centro poblacional esta pegado al puerto de Punta Norte, donde llegan los barcos provenientes de Puerto Juárez. Es una pequeña ciudad con casas construidas de madera y pintadas con todos los colores del arco iris, angostas y pintorescas calles, coloridas plazas circundadas por tiendas y restaurantes donde deleitarse con la excelente comida mexicana.

Se pueden realizar aquí todos los deportes náuticos, pero seguramente lo más impresionante es el buceo o el snorkeling que se puede realizar en Bahía Mujeres o en El Garrafón. La introducción al buceo, con clases, equipos y traslados cuesta unos 80 dólares. Mucho más económico resulta el snorkeling, unos 10 para una excursión de dos horas con equipo incluido.

Nada mejor que quedarse en la isla hasta tarde y ver la puesta de sol desde un barcito, con un margarita sobre la mesa.

ACAPULCO

Parada en la punta más alta de un filoso peñasco en el murallón que cae a pique sobre el mar, una muchacha se persigna. El público la observa asombrado desde el mirador del hotel La Quebrada. De pronto ella salta y vuela entre riscos amenazadores hasta caer, como una flecha, 45 metros más abajo, en la misma rompiente. Una ovación en todos los idiomas, festeja que haya salido ilesa. "Sólo hay que calcular bien y esperar la ola grande", afirma la clavadista Nancy Dragon Lady Rozas, de 19 años. Desde 1934 los clavadistas están agrupados en una cooperativa de 55 profesionales que saltan 80 veces por día con doble saltos mortales o antorchas. La entrada cuesta un dólar y medio, pero sumando las propinas, la venta de postales y premios en torneos internacionales, cada integrante gana un sueldo de 100 dólares. Pero eso no es todo. La espectacular bahía de Acapulco, en el Estado mexicano de Guerrero es, desde hace más de cuatro siglos, un punto de encuentro de gente que llega de todas partes del mundo con la garantía de que la pasarán muy bien.

Tres mil años antes de la era cristiana, los aztecas, toltecas y olmecas se disputaban su bahía. Hace cuatro mil años los Tlahuicas le dieron su nombre, que significa lugar de cañas gruesas.

Cuando Hernán Cortés llegó a este sitio, en 1532 , vio que su puerto natural era un lugar ideal para que zarparan las naves llevando a Europa el oro y plata de los aztecas. En 1565, la llegada de la famosa Nao de China -el Galeón de las Filipinas- marcó la feria comercial más renombrada del mundo.

En 1579, el puerto de Acapulco fue nombrado oficialmente puerto comercial español, ya que sus aguas profundas permitían la entrada de barcos mercantes como hoy dejan que enormes cruceros turísticos recalen prácticamente sobre la misma ciudad.

Los piratas sabían que Acapulco guardaba grandes riquezas y, para protegerlas, en 1611 se construyó el Fuerte de San Diego que, luego de ser reconstruido después del terremoto de 1766, alberga un enorme museo colonial.

Con zócalo y glorieta

En torno del fuerte creció lo que hoy es el zócalo o ciudad vieja, con una plaza arbolada, glorieta y la iglesia de curiosas cúpulas azules, sitio de peregrinación masiva cada 12 de diciembre, Día de la Virgen de Guadalupe, Patrona Nacional de los mexicanos.

Frente al zócalo zarpan barcos pesqueros que traen su botín de pez vela, huachinango, marlín y mahi mahi, deliciosas especies de la zona. A ambos lados del fuerte creció la ciudad, que hoy tiene casi dos millones de habitantes, y una impresionante cadena de hoteles de todas las categorías tipo junto al mar, rodeando la bahía.La ciudad tiene 16.000 cuartos disponibles, que albergan a más de 30.000 personas por semana que pagan desde 5 dólares con desayuno hasta 350 por un cuarto con jacuzzi y la misma alberca privada que usó Elizabeth Taylor en su luna de miel con Mike Todd.

Muchos famosos, como Julio Iglesias, Luis Miguel, Sylvester Stallone o Plácido Domingo, tienen sus casas de veraneo en alguna de las barrancas que balconean sobre el mar. Un vistazo lejano a la terraza de Luis Miguel es ya parte del folklore de los tours locales. Desde las playas mansas de Caleta hasta las de oleaje para windsurfistas en Revolcadero, hay alojamiento de primer nivel con todo incluido por cien dólares diarios. El parasailing, los banana boats, el buceo y el snorkeling son las actividades cotidianas preferidas.

México aún nos resulta tan barato a los argentinos que el viajero vuelve cantando como los mariachis: "Con dinero y sin dinero hago siempre lo que quiero... pero sigo siendo el rey".

Datos útiles

Cómo llegar

El tramo México - Acapulco -México cuesta 296 dólares.

Alquiler de auto
Cuesta 50 dólares por día.

Dónde alojarse
La zona antigua del Zócalo cuenta con hotelitos muy baratos (entre 10 y 30 dólares). Los hoteles cinco estrellas están sobre la playa y sus tarifas varían según la temporada. Una habitación doble con desayuno ronda los 75 en temporada alta.

Qué comer
Por 10 dólares por persona se puede disfrutar de una comida con vista al mar. Dos platos imperdibles son el picante mole y el fresco guacamole, con paltas, cebolla, queso fresco y tomate.

OAXACA

Lo primero que ilumina el sol cuando asoma tras los cerros son las cúpulas de las 30 iglesias de Oaxaca. Algunas con sus fachadas barrocas; otras, las menos, de estilo plateresco o churrigueresco, pero todas, sin excepción se encuentran detrás del atrio. Sostienen algunos historiadores que el atrio fue una innovación necesaria en las iglesias coloniales. Los religiosos, en su afán evangelizador, crearon este espacio que se asemeja de alguna manera a las explanadas que preceden a los templos aztecas. Hoy día muy pocos recuerdan estos orígenes, y el atrio se convierte cada mañana en un punto de encuentro para las vecinas después de misa y se ve invadido por vendedores de artesanías.

La iglesia de Santo Domingo, construida a fines del siglo XVI, es una de las mejores muestras de la habilidad de los artesanos indígenas de la época. Guarda en su interior una de las más extrañas e impactantes representaciones del árbol de la vida. Cientos de ramas intricadas de las que brotan como retoños cientos de personajes de la iconografía católica. La penumbra habitual en los templos no alcanza para opacar el brillo del oro y los esmaltes de este maravilloso espacio.

Ninguna construcción moderna rompe la armonía del antiguo casco histórico, y aun en las calles más alejadas se conserva la arquitectura colonial que le confiere a Oaxaca una identidad única.

Como todas aquellas ciudades que fueron nombradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, Oaxaca pertenece a ese grupo de lugares mimados y cuidados que muchas veces parecen escenografías perfectas.

Mientras camina por las atestadas calles del casco histórico, una pareja de norteamericanos no deja de tomar fotos al inusual colorido que se despliega en las vestimentas de los indios triquis, miztecas, zapotecas y mixes. Este domingo, como en tantos otros, han bajado de sus poblados en una manifestación silenciosa para pedir por sus tierras. Desde la catedral se escuchan las campanas que llaman a misa. En días como éste, la misa se celebra en cuatro idiomas.

Sin embargo, no todos los extranjeros que se ven por Oaxaca son turistas. Los más jóvenes realizan trabajos voluntarios o abren tiendas de artesanías. Los más ancianos son aquellos que alguna vez se enamoraron del lugar y prometieron volver a vivir una vez jubilados. Este fenómeno se repite en otras ciudades coloniales de México, como San Miguel de Allende y San Cristóbal de las Casas.

El silencio de la siesta

Basta alejarse unas pocas cuadras del zócalo para encontrar una ciudad sumida en el silencio y el sopor de una siesta de verano. Las casas bajas, parecen querer salir de la sobriedad casi monacal de su arquitectura, recubriéndose de los colores vivos que fascinan a todos los mexicanos por igual.

Si bien toda la arquitectura de estas residencias es puramente colonial, incluso las más recientes, es fácil detectar las más antiguas por el inconfundible color verde de sus muros de piedra. Antes de que Oaxaca se convirtiera en la gran ciudad que es hoy, todas sus construcciones tenían el color verde pálido de la piedra cantera de la zona, hecho que le valió el apodo de Ciudad Verde.

Muchos de estos caserones se han ido transformando con el tiempo en hosterías, restaurantes, casas de antigüedades y talleres de artesanías. Sin más estridencias que los colores que cubren los muros, cada una de estas casas es una muestra del buen gusto y la simplicidad con que los oaxaqueños decoran sus lugares. Las familias que aún conservan las casas como vivienda cierran los portones con llave, fastidiados de encontrar turistas tomándose fotos en el centro de sus casas.

Oculta tras los clásicos banderines de papel picado que decoran uno de balcones, asoma la risa burlona de La Catrina, el personaje femenino que encarna la muerte y que es profusamente representado en la pintura mexicana.

Entrar en cualquiera de estos comercios se convierte en la mejor manera de conocer las artesanías de todo México. Máscaras de madera pintada; figuras de papel maché; tapices teñidos con las plantas y raíces de la zona, donde predomina el rojo extraído de las cochinillas, y la clásica alfarería de barro negro de los alrededores de Oaxaca. Pero, sin duda, lo más llamativo son los alebrijes, pequeños animalitos mitológicos de madera, cuyas formas y ornamentos parecen haber salido de las mentes más afiebradas. Los conocedores de esta peculiar artesanía son capaces de descifrar en las figuras la mano del artesano que los creó.

Probablemente, Oaxaca sea ante todo un intrincado escenario donde se evidencia el gusto y la maestría que ponen los mexicanos en sus obras. Desde aquellos primeros indígenas evangelizados que tallaron la piedra de las iglesias, como estos que hoy venden sus alebrijes bajo esos mismos portales.

De fiesta

El jueves de Semana Santa se visitan 7 casas y se representan pasajes bíblicos por las calles, en los que casi toda la ciudad participa representando cada uno de los personajes.

La Guelaguetza, que tiene lugar los dos últimos lunes de julio, se remonta a épocas en que los zapotecas se reunían para intercambiar labores o favores. Hoy día se ha transformado en un festival folklórico donde todas las etnias del Estado representan sus danzas.

Datos útiles

Alojamiento
La hotelería en Oaxaca se destaca por estar emplazada en su gran mayoría en fabulosos caserones coloniales.

El Stouffer Presidente (5 de mayo 300; tel. 951-44041 y 44025) es el ex convento de Santa Catalina de Sena, restaurado y que aún conserva la capilla y los lavaderos en uno de los patios interiores.

Marqués del Valle (Portal de Clavería 1; tel. 951-63295) Fiesta Inn Oaxaca (Av. Universidad 140; tel. 951-61122) Monte Albán (Plaza Catedral esq. Av. Hidalgo; tel. 951-62777)

Gastronomía
Al igual que todo México, Oaxaca tiene una gastronomía variadísima. Los tamales y los moles son los platos típicos de la región. En lo que a bebidas se refiere, Oaxaca es la cuna del mezcal, la famosa bebida que conserva un gusanito en su interior. Antes de comprar, es útil consultar a los lugareños.

Los restaurantes son todos muy buenos; sin embargo, una forma interesante de conocer la gastronomía más auténtica es almorzar en algún mercado.

Además de comer bien y barato, el espectáculo de colores y novedades lo convierte en un paseo imperdible.

PUERTO VALLARTA, (The New York Times)

egún se rumorea por aquí, estarían desempolvando el guión de La noche de la iguana (John Huston, 1963). Probablemente, la nueva versión se rodaría en algunos de los escenarios montados para la primera. Sería un regalo del cielo para Puerto Vallarta, lanzada a la fama por aquella película hace ya 36 años.

Las autoridades locales admiten haber mantenido "varias conversaciones" con gente de Hollywood, pero advierten que aún no han cerrado ningún trato.

El proyecto entusiasma en particular a la gente del La Jolla de Mismaloya Resort, por cuanto los lugares de rodaje se encuentran dentro de su predio. El resort se inauguró en 1989; años después, sus propietarios restauraron algunos de los 19 escenarios. Tres de ellos, en las laderas de los cerros, fueron convertidos en restaurantes.

La Noche de la Iguana Restaurant funciona en lo que fue el hotel donde se alojó Ava Gardner. Allí, ahora se sirven platos típicos mexicanos. Instalaron una terraza nupcial en el lugar donde Gardner y Burton decidieron unir se.

John Huston's Restaurant o, como lo llaman todos, Casa Huston, ocupa el estudio construido especialmente para él. En la actualidad, fue totalmente remodelado. Este lugar se especializa en frutos de mar.

Iggy's Kids es un refugio con techo de paja, atendido por personal del hotel, que ofrece bocadillos y juegos infantiles.

En otro escenario funciona Racilla Ranch, una pequeña destilería de tequila. Al pie de esa ladera, junto al mar, se alza todavía el fuerte construido para el film Los bucaneros (1958), protagonizado por el actor Yul Brynner.

"John Huston quería que los 19 escenarios se construyeran en sólo cien días", recuerda Nellie Barquet, dueña de un restaurante local y contratista de las obras, junto con el ingeniero Guillermo Wulff y otros empresarios. "No había nada; partimos de cero -relata-. Hubo que poner todo, desde las cloacas hasta los sistemas de iluminación, pero de algún modo, no sé cómo, lo hicimos."

Situado sobre la costa del Pacífico, Puerto Vallarta es uno de los resorts más populares de México, con más de 2 millones de visitantes por año. Sus 70 hoteles forman una bahía en forma de media luna; el extremo sur de su barrio céntrico queda a unos 12 minutos de la ciudad, viajando en auto, y a unos 35 minutos del aeropuerto.

La ciudad tiene alrededor de 350.000 residentes estables. Desde aquí media docena de importantes líneas aéreas la comunican con diversos aeropuertos internacionales. También varias empresas de cruceros hacen escala para traer a cientos de turistas deseosos de disfrutar de las temperaturas medias de invierno y verano, que son de 24ºC y 30ºC respectivamente.

Más allá de los escenarios

Vallarta es un poblado que descansa en el centro de la bahía de Bandera, rodeado de montañas y dividido en dos por el río Cuale. En medio de este curso de agua hay una isla donde se sitúa el museo arqueológico y un conjunto de tiendas, consideradas las mejores de la ciudad.

Con el privilegio de contar con sol durante 345 días del año, Vallarta tiene 40 kilómetros de playas de suave oleaje. Este corredor que se extiende desde Punta del Burro hasta más allá del islote rocoso de Los Arcos, en Quimixto, cuenta con un servicio municipal de ómnibus que traslada a los turistas en forma gratuita por la ruta que casi bordea la bahía.

Las inmediaciones de Los Arcos, monumento natural de 25 metros de altura, es un lugar ideal para hacer buceo. Quienes se sumerjen pueden admirar los túneles submarinos por donde corre el océano Pacífico.

De la Marina Vallarta parten las principales embarcaciones a Yelapa, un poblado con una playa que descansa a los pies de la selva. Otro tradicional paseo es a las islas Marietas, santuario de aves marinas, surcado por cuevas y túneles donde se puede bucear entre delfines y mantas gigantes.

Cómo llegar

El aéreo de ida y vuelta a Puerto Vallarta, con impuestos incluidos, cuesta alrededor de 942 dólares.

Traslados

En boleto en ómnibus sale 0,20 dólar y sirve para pasear por toda la ciudad. En taxi, 0,70, cada dos kilómetros. Alquilar un auto cuesta alrededor de 40 dólares diarios, con seguro y kilómetraje ilimitado.

Alojamiento

En un hotel 5 estrellas la habitación doble cuesta de 140 a 180 dólares; en uno de 4, de 140 a 100, y en uno de 3, de 97 a 77.

Dónde comer

En un restaurante muy elegante el precio asciende a 40 dólares por persona.

Más información

En Internet puede consultarse la página: http://www.puertovallarta.net

SAN MIGUEL DE ALLENDE, México (The New York Times)

En esta ciudad colonial del Estado de Guanajuato, la primavera es casi eterna. A 1951 metros de altura, el aire es seco y diáfano. Rara vez se necesita algo más que un suéter para el anochecer y, en julio y agosto, un paraguas. Sólo hay dos meses desaconsejables: abril y mayo, en que Allende se vuelve tórrida y polvorienta. Rodeada de suaves colinas, es un lugar ideal para el caminante.

La historia viva rodea al viajero en sus calles empedradas. Su arquitectura, exquisitamente preservada, comprende iglesias que conservan casi intacto su aspecto original; viejas mansiones de colonizadores españoles y humildes casas criollas pintadas en colores vivos. Anárquicas cascadas de flores envuelven los muros de adobe. En marzo, florecen los jacarandaes. En verano, la estación lluviosa, la pardusca altiplanicie desértica se viste de verde. ¡Una Irlanda con cactos!

En ninguna parte es tan fácil entablar conversaciones y amistades. Una tarde cualquiera, sentados en un banco de la gran plaza mayor, se puede dialogar con los lugareños y con gente de todo el mundo. Es un lugar ideal para comprar artesanías. Hay tallas en madera, telas, adornos y faroles de hojalata, azulejos, joyas de plata labrada, piezas de alfarería y diversos objetos artesanales, todo de primera calidad. En el Mercado de los Jueves, una gran feria al aire libre, se venden todos los artículos imaginables.

Escuelas de arte

El Museo-Escuela de Bellas Artes, además de placer estético brinda otro más prosaico: es un lugar estupendo para tomar café. El Instituto Allende -otra escuela de arte- marcó el comienzo de la fama internacional de la ciudad, a fines de los años 40. Entre las iglesias, no se puede dejar de visitar la principal, engañosamente llamada la Parroquia, sobre la plaza mayor.

El Jardín Botánico, situado sobre el linde de la ciudad, ofrece su bonita Casa Dominical y sus paseos guiados en grupos, que recorren los senderos bien señalizados en busca de los cactos más hermosos. Otras escalas obligadas son el Jardín (no confundirlo con el Botánico), en especial los domingos por la noche, y el parque Juárez. También hay caminatas guiadas por la ciudad, visitas a talleres artesanales en actividad y escapadas a los ranchos cercanos.

Las propuestas culturales incluyen excelentes clases de arte, individuales o colectivas, dictadas por jóvenes estudiantes universitarios por aranceles módicos. Clases de platería, escultura, dibujo, poesía... lo que usted quiera, que nos parecieron maravillosas. Y hasta clases de castellano para los turistas que deseen aprenderlo. (San Miguel de Allende está ganando popularidad entre los norteamericanos jubilados, en parte porque muchos pobladores hablan inglés.)

Datos útiles

Aéreo
El pasaje desde Buenos Aires hasta México DF, por Aerolíneas Argentinas, cuesta aproximadamente 1050 dólares, ida y vuelta, con impuestos incluidos.

Hasta San Miguel de Allende el viaje en ómnibus dura alrededor de 4 horas. También se puede llegar en tren, por aproximadamente 6,50 dólares. En San Miguel, los taxis son numerosos y baratos: un viaje que en Estados Unidos podría costar 10 dólares, aquí costará poco más de 1 dó lar.

Alojamiento y comida
En hotelería, se pueden conseguir hoteles desde 20 dólares; son limpios, cómodos y seguros. En todos los restaurantes, salvo los más lujosos, una comida individual cuesta de 5 a 7 dólares.

SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS

No es posible llegar a San Cristóbal en avión. Los últimos 85 kilómetros hay que transitarlos por tierra, como para ganar confianza, mientras se avanza por la espesura de la selva.

Por la ruta 190 desde Tuxtla Gutiérrez, a medida que se marcha hacia el Este, la vegetación se hace más tupida, los chiapatecos más huraños y la carretera más estrecha. Finalmente, un camino de cornisa se asoma a las tierras elevadas de los mayas, y descubre el velo de San Cristóbal de las Casas.

Códigos y sutilezas

En Chiapas los dólares no parecen valer tanto y existen códigos, gestos sutiles que abren y cierran puertas. Una pregunta directa sobre el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) está condenada al fracaso, y hasta puede considerarse una insolencia.

El recelo con el extraño no es casualidad. Discurre por lo bajo una historia demasiado densa como para fiarse de cualquiera, no importa si se habla en español, inglés o alemán. El pasado de explotación sigue latiendo entre las empobrecidos indígenas. Chiapas es uno de los Estados más pobres del país, donde se asientan 14 etnias distintas y el 1 por ciento de los terratenientes posee el 45 por ciento del territorio.

Los primeros pasos en San Cristóbal avanzan sobre una ciudad colonial, cubierta de tejados rojizos, iglesias, calles en suave pendiente y antiguas mansiones españolas.

Algunas de estas callecitas adoquinadas conducen al mercado, al noreste del templo Santo Domingo, donde en ocho manzanas se alza cada mañana el centro social y comercial de los indígenas. Aves y hierbas medicinales, leña, lana, huaraches y fruta confitada son parte del intercambio que comienza bien temprano y se prolonga hasta el final del día.

Desde que, a principios de 1994, el ejército zapatista se levantó en armas, la cultura indígena y el espíritu revolucionario siguen muy presentes en sus calles, con pintadas en favor del subcomandante Marcos y citas del manifiesto zapatista.

La posibilidad de detenerse en uno de sus pequeños cafés o almorzar en un restaurante sin pretensiones es una elección estratégica para respirar algo de esta cultura, junto a mujeres indígenas que peinan y trenzan su pelo, tambores que no cesan su llamada y un desfile de viajeros de distintas latitudes que parecen haber detenido aquí su marcha, y circulan, mimetizados, luciendo sus flamantes vestimentas chiapatecas.

En San Cristóbal cada barrio tiene su iglesia, su fiesta y su oficio propio, una forma de estructura social que en el resto del país ha desaparecido.

Mezcla de culturas

En San Juan Chamula, 12 km al nordeste de la ciudad, un grupo maya de habla tzotzil da la nota con su iglesia. Basta ingresar en el poblado diseminado por las tierras altas del valle para reparar en un edificio pintado de rojo, azul y amarillo vivos. Curiosamente, al acceder al templo no hay bancos donde sentarse, y el suelo está cubierto de hojas y ramas. Hay objetos colgados de las paredes, banderines de colores, estatuas de santos, ofrendas y animales muertos, sacrificados para pedir ayuda en las cosechas.

En Chiapas conviven diversas caras. Una habla de un pasado de esplendor y puede adivinarse en la imponencia de sus ruinas milenarias. La otra habla de un pasado de opresión. La que palpita aún en sus calles, en la cotidianidad del mercado y la piel curtida del maya.

Por el camino que trazaron los mayas

Al llegar a destino, el pueblo se reduce a una calle principal polvorienta con tráfico desordenado y puestos de artesanías, bancos y restaurantes para turistas. La tarde avanza y acelera los pasos para encontrar rápidamente la salida hacia la ciudad perdida de los mayas, a sólo 8 km por un asfalto poco transitado.

El viaje a la ciudad maya se emprende con el aire fresco de la mañana y en silencio. Son apenas unos minutos por un suave camino ondulante hasta penetrar en las ruinas, descubiertas por un sacerdote español en el siglo XVI.

Apenas se ingresa en el sitio arqueológico, emerge, imponente, el Templo de las Inscripciones, una pirámide dedicada al rey Pakal, que llevó a Palenque a su apogeo en el 692 d.C.

Una escalera empinada desciende 24 metros por el interior de la construcción hasta la tumba del monarca, una de las pocas criptas encontradas en una pirámide mexicana.

La falta de aire anuncia que es hora de regresar a la superficie. En el camino, un pasadizo de piedra, por el que se creía que las almas pasaban al otro mundo, conduce a lo alto de la construcción.

Al caer la tarde, la luz pigmentada ilumina los templos del Sol, el Conde y el de la Cruz Foliada, que asoman por encima de la vegetación, mientras los trinos indescifrables de sus pájaros irrumpen en la intimidad de la selva. Palenque fue abandonado por sus habitantes alrededor del año 800 después de Cristo y aún hoy se desconoce la causa.

Datos útiles

Cómo llegar
El pasaje aéreo ida y vuelta desde Buenos hasta Tuxta Gutiérrez cuesta aproximadamente 1060 dólares, con tasas e impuestos.

Alojamiento

En San Cristóbal una habitación doble en una posada oscila entre 8 y 38 dólares. Se puede acampar por 2 dólares en camping con instalaciones de luz y agua caliente.

En Palenque, el camping Mayabell, a menos de 300 metros de las ruinas, cuesta 1,75 dólares por persona. También se alquilan cabañas por 17 dólares para tres personas.

Comidas

Un menú con aguacate (palta) y frijoles, acompañados por tacos y un plato de pozole (sopa de maíz), cuesta alrededor de 3 dólares.

Un de los mejores cafés se sirve en Cafetería San Cristóbal, en la calle Cuauhtémoc esquina Insurgentes. Los clientes son en su mayoría mexicanos que se reúnen a jugar ajedrez y a leer el periódico. Un café cuesta 0,50.

Artesanías

En los puestos apostados sobre las iglesias y las plazas, el muñeco del subcomandante Marcos es tal vez la artesanía más particular de Chiapas. En diferentes colores y tamaños, los precios del líder del EZLN varían entre 1 y 5 dólares

 

PUERTO NUEVO, Baja California (World's Fare)

A pesar de que la localidad de Puerto Nuevo, en la costa occidental de Baja California, tiene, por lo menos, una veintena de restaurantes, en sus cartas figura sólo un plato: langosta roja del Pacífico, la especialidad del lugar.

Da igual que este conjunto de edificios de estuco que se alza en el borde del océano Pacífico a 45 kilómetros al sur de la frontera con los Estados Unidos sea apenas un pueblo, con un mercado, dos farmacias, un gran surtido de tiendas de artesanías y dos largas filas de puestos improvisados de ventas de souvenirs.

Langosta es lo que el turista busca, y eso es lo que le dan. Un sábado, mientras el sol se inclinaba hacia el Oeste, el ritmo de los rasguidos de guitarras y bandas de mariachis interpretaban las coplas de Cielito lindo, llamando a los fieles a cenar. La langosta, que abunda en las aguas ricas de la bahía, se pesca, al parecer, sin restricciones. Pesa entre 500 gramos y un kilogramo y se presenta en la mesa con un color rojo fuerte: fritas, hervidas, en fuentes colmadas de arroz, con alubias fritas, salsas y tortillas. Una cena completa cuesta alrededor de 11 dólares, sin incluir refrescos, por lo general margarita.

Los norteamericanos, la mayoría procedentes de California del Sur y Arizona, se hacen una escapada durante los fines de semana para tomar sol y hacer compras. Puerto Nuevo tiene tantos locales de venta de artesanías como restaurantes. En este pueblo, la vida gira en torno del turismo.

"¿Por qué me gusta este lugar?", pregunta la empresaria Debra Wilson, mientras explica cómo dejó su departamento de California hace 11 años, y se mudó a Rosarito Beach, 25 kilómetros al sur de la frontera.

"Nadie dice que no. En Escondido (California) no podrías construir una cerca, tener dos gatos, estacionar en la calle. No obstante, paso dos días de la semana en San Diego, y en la ruta de regreso a casa, en cuanto cruzo la frontera, siento cómo desaparecen el peso y la tensión sobre mis hombros."

De compras en Tijuana

Wilson no es la única foránea que aprecia la distensión de México. Los fines de semana, los turistas cruzan la frontera para hacer compras en Tijuana, comer en Rosarito Beach, probar los refrescos de dos nuevas bodegas en las cercanías del Valle Guadalupe o tomarse un respiro en Ensenada, 48 kilómetros al sur de Puerto Nuevo.

Al dejar Tijuana y las villas de emergencia que se agolpan contra la frontera, el paisaje se abre en una serie de colinas verdes y ondulantes. En verano y en otoño, el verde se torna amarillento, luego ocre, hasta llegar a un gris pálido. Pero sólo bastan unos pocos días de lluvia invernal para que el paisaje recobre vida, hasta recuperar su verde intenso.

Tierra de rancheros

En el siglo pasado ésta era tierra de rancheros y formaba parte de las antiguas concesiones mexicanas. Después de que los propietarios de estos ranchos vendieron la franja de terreno costero, pequeñas aldeas como Puerto Nuevo comenzaron a salpicar la costa. Desde ese entonces, florecieron los hoteles y los clubes en la playa separados por terrenos baldíos, campings, tiendas de alfarería y cerámica, puestos de souvenir, chatarrerías y alguna choza con la ropa húmeda colgada en el cerco de alambre de púa.

La división en parcelas no forma parte del vocabulario del lugar. Pero más allá de este panorama de pintorescas bahías y caletas, no es difícil imaginar un futuro cuando se compren las propiedades frente a la playa, se limpien y se edifique.

Mientras tanto, Puerto Nuevo sigue siendo un secreto para las familias, los fanáticos del surf, los playeros y los que se escapan del orden previsible del Norte. Al pueblo se llega en un viaje en el día, pero muchos visitantes pasan la noche en uno de los varios complejos hoteleros de la zona.  

Oasis de placer

El más cercano de los hoteles es el New Port Beach Hotel, al Sur, construido en 1990 sobre unos acantilados bajos.

Este edificio de estuco color arena, de cinco plantas, cuenta con 143 habitaciones que, debido a la forma en V de la construcción, dan todas al océano y a una pileta climatizada, rodeada por un parque con salida a un patio de juegos para divertir a los más pequeños.

La pileta, de grandes dimensiones, es el centro de reunión para nadar, ordenar bebidas en el bar y tomar sol. Para los chicos hay otra pileta de poca profundidad.

El ambiente es tan informal que nadie se molesta por los ruidos y gritos de los chicos en acción.

El hall de entrada del hotel está pintado de un rosa cálido que forma una combinación perfecta con las baldosas del piso. El restaurante se encuentra en el mismo nivel que la pileta; la sala de lectura, el bar y un local de regalos, en la planta baja, donde está la entrada principal del hotel.

Sobre las olas

Un mapa en la pared del hall de entrada indica la ubicación de las mejores playas de Baja California para practicar surf. En determinadas épocas del año, los surfistas constituyen un alto porcentaje del turismo del fin de semana.

La atención y la comida del restaurante son muy buenas. Cuando se hizo cargo el nuevo gerente, hace 5 años, éste renovó la carta y contrató los servicios de un chef profesional.

Datos útiles

Cómo llegar

El pasaje de ida y vuelta a la ciudad de Tijuana, al norte de Puerto Nuevo, cuesta 1020 dólares aproximadamente con tasas e impuestos incluidos, por Mexicana de Aviación.

Alquiler de autos

Para recorrer el norte de Baja California es conveniente alquilar un automóvil. En Tijuana, el alquiler de un vehículo por una semana cuesta aproximadamente 326 dólares. El vehículo se retira en el aeropuerto y el precio incluye kilometraje libre y seguro.

Alojamiento

Una habitación doble en un hotel 4 estrellas cuesta aproximadamente 100 dólares y entre 40 y 70 en un 4 estrellas.

Fuente La Nación, diciembre 1999

 

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