| CANCUN Mientras
el sol se va recostando lentamente en el horizonte y el cielo se tiñe
de todas las tonalidades de magenta, el barco navega plácidamente, propulsado
por la rueda trasera. En el bar, muy concurrido, el ruido que produce
el golpe del vaso sobre la mesa recuerda esa vieja tradición mexicana
de apurar el tequila de un trago, una vez que los labios tomaron contacto
con la sal. El
Cancun Queen se desliza en el mar Caribe frente a esa lengua extensa
de playa de casi 12 kilómetros de largo, donde se alinean los imponentes
hoteles del centro turístico más importante de México, que mezcla la
arquitectura futurista con aquella que remeda una arquitectura colonial
o las pirámides de la cultura maya. Son
casi cincuenta hoteles de gran categoría con un frente sobre el mar
Caribe y el otro hacia la laguna Nichupte, en esa extraña geografía
que nos presenta el itsmo de Cancún. La
temperatura ideal del atardecer invita a todos a disfrutar de la playa
y el mar: las lanchas que arrastran los coloridos paracaídas de los
parasailing, una forma para descubrir la ciudad desde las alturas, haciendo
zigzag entre los jet-ski, las tablas de windsurf y los ya tradicionales
bananas. Hasta
hace poco más de dos décadas Cancún era una pequeña y casi desconocida
playa de pescadores. Hoy es uno de los principales destinos turísticos
del mundo. Su
extraordinario éxito se debe tanto a la privilegiada ubicación geográfica
y la abundancia de atributos naturales como a la impresionante infraestructura
y el carácter amistoso de sus habitantes. Vestigios
mayas Sus
espléndidas playas y ese mar azul-turquesa se integran en un área que
vio nacer una de las culturas pre-hispánicas más desarrolladas de América:
la de los mayas, cuyos vestigios como Chichén Itzá o Tulum, enriquecen
a Cancún con opciones que pocos destinos pueden ofrecer. Si
bien aquí la mayoría de las actividades se concentra en el mar y la
laguna, la gastronomía típica y las horas de shopping no se quedan atrás.
Manjares
nativos Las
especialidades incluyen la sopa de lima (consomé de pollo con tiritas
de tortilla frita y jugo de lima), los panuchos (tortillas fritas acompañadas
con pavo) y la cochinita pihil (carne de cerdo adobada con achiote y
jugo de naranja agria. Para
los que gustan de las emociones fuertes, los guisos con chile habanero
son los más picantes del país y sin duda una tentación. El
culto al shopping, que parece que los argentinos desarrollamos de manera
impecable, no se verá defraudado en Cancún. En
caso de tener poco tiempo, recomendamos empezar por el centro comercial
Plaza Caracol, de muy fácil acceso, ya que se encuentra en la avenida
Kukulcán cerca del Centro de Convenciones. Muy
americano en cuanto a su estilo, cuenta con unos 200 establecimientos
donde es es posible encontrar absolutamente de todo. Costa
Blanca y Plaza Kukulcán son otras opciones interesantes. Para comprar
artesanías a precios moderados se puede visitar el mercado al aire libre
en el centro de la ciudad. Moverse
en Cancún, a pesar que las distancias pueden ser grandes, es relativamente
fácil. Una sola avenida, la Kukulcán, atraviesa el islote de Norte a
Sur, uniendo la zona hotelera con la ciudad de Cancún. Una línea de
colectivos con una frecuencia elevada une a estas dos zonas por un precio
módico (unos 0,50 dólar el boleto). Las
posibilidades de excursiones son múltiples en la región: además de las
espectaculares ruinas mayas; se puede recorrer lo que se conoce como
el corredor Cancún-Tulum, alrededor de 130 kilómetros de playas vírgenes,
donde se destaca Puerto Morelos, el famoso parque Xcaret, Puerto Aventuras
y las ruinas de Tulum. Datos
útiles Dónde
alojarse Excursiones Más
informaciones Con
aroma de mujer Los
navegantes españoles que desembarcaron en ella a principios del siglo
XVI encontraron ruinas mayas que estaban repletas de pequeñas esculturas
de piedra con forma femenina, de donde deriva el nombre de la isla.
Estas imágenes eran ídolos que representaban a la diosa de la fertilidad,
Ixchel. El
único centro poblacional esta pegado al puerto de Punta Norte, donde
llegan los barcos provenientes de Puerto Juárez. Es una pequeña ciudad
con casas construidas de madera y pintadas con todos los colores del
arco iris, angostas y pintorescas calles, coloridas plazas circundadas
por tiendas y restaurantes donde deleitarse con la excelente comida
mexicana. Se
pueden realizar aquí todos los deportes náuticos, pero seguramente lo
más impresionante es el buceo o el snorkeling que se puede realizar
en Bahía Mujeres o en El Garrafón. La introducción al buceo, con clases,
equipos y traslados cuesta unos 80 dólares. Mucho más económico resulta
el snorkeling, unos 10 para una excursión de dos horas con equipo incluido.
Nada mejor que quedarse en la isla hasta tarde y ver la puesta de sol desde un barcito, con un margarita sobre la mesa. ACAPULCO Parada
en la punta más alta de un filoso peñasco en el murallón que cae a pique
sobre el mar, una muchacha se persigna. El público la observa asombrado
desde el mirador del hotel La Quebrada. De pronto ella salta y vuela
entre riscos amenazadores hasta caer, como una flecha, 45 metros más
abajo, en la misma rompiente. Una ovación en todos los idiomas, festeja
que haya salido ilesa. "Sólo hay que calcular bien y esperar la
ola grande", afirma la clavadista Nancy Dragon Lady Rozas, de 19
años. Desde 1934 los clavadistas están agrupados en una cooperativa
de 55 profesionales que saltan 80 veces por día con doble saltos mortales
o antorchas. La entrada cuesta un dólar y medio, pero sumando las propinas,
la venta de postales y premios en torneos internacionales, cada integrante
gana un sueldo de 100 dólares. Pero eso no es todo. La espectacular
bahía de Acapulco, en el Estado mexicano de Guerrero es, desde hace
más de cuatro siglos, un punto de encuentro de gente que llega de todas
partes del mundo con la garantía de que la pasarán muy bien. Tres
mil años antes de la era cristiana, los aztecas, toltecas y olmecas
se disputaban su bahía. Hace cuatro mil años los Tlahuicas le dieron
su nombre, que significa lugar de cañas gruesas. Cuando
Hernán Cortés llegó a este sitio, en 1532 , vio que su puerto natural
era un lugar ideal para que zarparan las naves llevando a Europa el
oro y plata de los aztecas. En 1565, la llegada de la famosa Nao de
China -el Galeón de las Filipinas- marcó la feria comercial más renombrada
del mundo. En
1579, el puerto de Acapulco fue nombrado oficialmente puerto comercial
español, ya que sus aguas profundas permitían la entrada de barcos mercantes
como hoy dejan que enormes cruceros turísticos recalen prácticamente
sobre la misma ciudad. Los
piratas sabían que Acapulco guardaba grandes riquezas y, para protegerlas,
en 1611 se construyó el Fuerte de San Diego que, luego de ser reconstruido
después del terremoto de 1766, alberga un enorme museo colonial. Con
zócalo y glorieta Frente
al zócalo zarpan barcos pesqueros que traen su botín de pez vela, huachinango,
marlín y mahi mahi, deliciosas especies de la zona. A ambos lados del
fuerte creció la ciudad, que hoy tiene casi dos millones de habitantes,
y una impresionante cadena de hoteles de todas las categorías tipo junto
al mar, rodeando la bahía.La ciudad tiene 16.000 cuartos disponibles,
que albergan a más de 30.000 personas por semana que pagan desde 5 dólares
con desayuno hasta 350 por un cuarto con jacuzzi y la misma alberca
privada que usó Elizabeth Taylor en su luna de miel con Mike Todd. Muchos
famosos, como Julio Iglesias, Luis Miguel, Sylvester Stallone o Plácido
Domingo, tienen sus casas de veraneo en alguna de las barrancas que
balconean sobre el mar. Un vistazo lejano a la terraza de Luis Miguel
es ya parte del folklore de los tours locales. Desde las playas mansas
de Caleta hasta las de oleaje para windsurfistas en Revolcadero, hay
alojamiento de primer nivel con todo incluido por cien dólares diarios.
El parasailing, los banana boats, el buceo y el snorkeling son las actividades
cotidianas preferidas. México
aún nos resulta tan barato a los argentinos que el viajero vuelve cantando
como los mariachis: "Con dinero y sin dinero hago siempre lo que
quiero... pero sigo siendo el rey". Datos
útiles Alquiler
de auto Dónde
alojarse Qué
comer OAXACA Lo
primero que ilumina el sol cuando asoma tras los cerros son las cúpulas
de las 30 iglesias de Oaxaca. Algunas con sus fachadas barrocas; otras,
las menos, de estilo plateresco o churrigueresco, pero todas, sin excepción
se encuentran detrás del atrio. Sostienen algunos historiadores que
el atrio fue una innovación necesaria en las iglesias coloniales. Los
religiosos, en su afán evangelizador, crearon este espacio que se asemeja
de alguna manera a las explanadas que preceden a los templos aztecas.
Hoy día muy pocos recuerdan estos orígenes, y el atrio se convierte
cada mañana en un punto de encuentro para las vecinas después de misa
y se ve invadido por vendedores de artesanías. La
iglesia de Santo Domingo, construida a fines del siglo XVI, es una de
las mejores muestras de la habilidad de los artesanos indígenas de la
época. Guarda en su interior una de las más extrañas e impactantes representaciones
del árbol de la vida. Cientos de ramas intricadas de las que brotan
como retoños cientos de personajes de la iconografía católica. La penumbra
habitual en los templos no alcanza para opacar el brillo del oro y los
esmaltes de este maravilloso espacio. Ninguna
construcción moderna rompe la armonía del antiguo casco histórico, y
aun en las calles más alejadas se conserva la arquitectura colonial
que le confiere a Oaxaca una identidad única. Como
todas aquellas ciudades que fueron nombradas Patrimonio Mundial de la
Humanidad por la Unesco, Oaxaca pertenece a ese grupo de lugares mimados
y cuidados que muchas veces parecen escenografías perfectas. Mientras
camina por las atestadas calles del casco histórico, una pareja de norteamericanos
no deja de tomar fotos al inusual colorido que se despliega en las vestimentas
de los indios triquis, miztecas, zapotecas y mixes. Este domingo, como
en tantos otros, han bajado de sus poblados en una manifestación silenciosa
para pedir por sus tierras. Desde la catedral se escuchan las campanas
que llaman a misa. En días como éste, la misa se celebra en cuatro idiomas.
Sin
embargo, no todos los extranjeros que se ven por Oaxaca son turistas.
Los más jóvenes realizan trabajos voluntarios o abren tiendas de artesanías.
Los más ancianos son aquellos que alguna vez se enamoraron del lugar
y prometieron volver a vivir una vez jubilados. Este fenómeno se repite
en otras ciudades coloniales de México, como San Miguel de Allende y
San Cristóbal de las Casas. El
silencio de la siesta Si
bien toda la arquitectura de estas residencias es puramente colonial,
incluso las más recientes, es fácil detectar las más antiguas por el
inconfundible color verde de sus muros de piedra. Antes de que Oaxaca
se convirtiera en la gran ciudad que es hoy, todas sus construcciones
tenían el color verde pálido de la piedra cantera de la zona, hecho
que le valió el apodo de Ciudad Verde. Muchos
de estos caserones se han ido transformando con el tiempo en hosterías,
restaurantes, casas de antigüedades y talleres de artesanías. Sin más
estridencias que los colores que cubren los muros, cada una de estas
casas es una muestra del buen gusto y la simplicidad con que los oaxaqueños
decoran sus lugares. Las familias que aún conservan las casas como vivienda
cierran los portones con llave, fastidiados de encontrar turistas tomándose
fotos en el centro de sus casas. Oculta
tras los clásicos banderines de papel picado que decoran uno de balcones,
asoma la risa burlona de La Catrina, el personaje femenino que encarna
la muerte y que es profusamente representado en la pintura mexicana.
Entrar
en cualquiera de estos comercios se convierte en la mejor manera de
conocer las artesanías de todo México. Máscaras de madera pintada; figuras
de papel maché; tapices teñidos con las plantas y raíces de la zona,
donde predomina el rojo extraído de las cochinillas, y la clásica alfarería
de barro negro de los alrededores de Oaxaca. Pero, sin duda, lo más
llamativo son los alebrijes, pequeños animalitos mitológicos de madera,
cuyas formas y ornamentos parecen haber salido de las mentes más afiebradas.
Los conocedores de esta peculiar artesanía son capaces de descifrar
en las figuras la mano del artesano que los creó. Probablemente,
Oaxaca sea ante todo un intrincado escenario donde se evidencia el gusto
y la maestría que ponen los mexicanos en sus obras. Desde aquellos primeros
indígenas evangelizados que tallaron la piedra de las iglesias, como
estos que hoy venden sus alebrijes bajo esos mismos portales. De
fiesta La
Guelaguetza, que tiene lugar los dos últimos lunes de julio, se remonta
a épocas en que los zapotecas se reunían para intercambiar labores o
favores. Hoy día se ha transformado en un festival folklórico donde
todas las etnias del Estado representan sus danzas. Datos
útiles El
Stouffer Presidente (5 de mayo 300; tel. 951-44041 y 44025) es el ex
convento de Santa Catalina de Sena, restaurado y que aún conserva la
capilla y los lavaderos en uno de los patios interiores. Marqués
del Valle (Portal de Clavería 1; tel. 951-63295) Fiesta Inn Oaxaca (Av.
Universidad 140; tel. 951-61122) Monte Albán (Plaza Catedral esq. Av.
Hidalgo; tel. 951-62777) Gastronomía Los
restaurantes son todos muy buenos; sin embargo, una forma interesante
de conocer la gastronomía más auténtica es almorzar en algún mercado.
Además de comer bien y barato, el espectáculo de colores y novedades lo convierte en un paseo imperdible. PUERTO VALLARTA, (The New York Times) egún
se rumorea por aquí, estarían desempolvando el guión de La noche de
la iguana (John Huston, 1963). Probablemente, la nueva versión se rodaría
en algunos de los escenarios montados para la primera. Sería un regalo
del cielo para Puerto Vallarta, lanzada a la fama por aquella película
hace ya 36 años. Las
autoridades locales admiten haber mantenido "varias conversaciones"
con gente de Hollywood, pero advierten que aún no han cerrado ningún
trato. El
proyecto entusiasma en particular a la gente del La Jolla de Mismaloya
Resort, por cuanto los lugares de rodaje se encuentran dentro de su
predio. El resort se inauguró en 1989; años después, sus propietarios
restauraron algunos de los 19 escenarios. Tres de ellos, en las laderas
de los cerros, fueron convertidos en restaurantes. La
Noche de la Iguana Restaurant funciona en lo que fue el hotel donde
se alojó Ava Gardner. Allí, ahora se sirven platos típicos mexicanos.
Instalaron una terraza nupcial en el lugar donde Gardner y Burton decidieron
unir se. John
Huston's Restaurant o, como lo llaman todos, Casa Huston, ocupa el estudio
construido especialmente para él. En la actualidad, fue totalmente remodelado.
Este lugar se especializa en frutos de mar. Iggy's
Kids es un refugio con techo de paja, atendido por personal del hotel,
que ofrece bocadillos y juegos infantiles. En
otro escenario funciona Racilla Ranch, una pequeña destilería de tequila.
Al pie de esa ladera, junto al mar, se alza todavía el fuerte construido
para el film Los bucaneros (1958), protagonizado por el actor Yul Brynner.
"John
Huston quería que los 19 escenarios se construyeran en sólo cien días",
recuerda Nellie Barquet, dueña de un restaurante local y contratista
de las obras, junto con el ingeniero Guillermo Wulff y otros empresarios.
"No había nada; partimos de cero -relata-. Hubo que poner todo,
desde las cloacas hasta los sistemas de iluminación, pero de algún modo,
no sé cómo, lo hicimos." Situado
sobre la costa del Pacífico, Puerto Vallarta es uno de los resorts más
populares de México, con más de 2 millones de visitantes por año. Sus
70 hoteles forman una bahía en forma de media luna; el extremo sur de
su barrio céntrico queda a unos 12 minutos de la ciudad, viajando en
auto, y a unos 35 minutos del aeropuerto. La
ciudad tiene alrededor de 350.000 residentes estables. Desde aquí media
docena de importantes líneas aéreas la comunican con diversos aeropuertos
internacionales. También varias empresas de cruceros hacen escala para
traer a cientos de turistas deseosos de disfrutar de las temperaturas
medias de invierno y verano, que son de 24ºC y 30ºC respectivamente.
Más
allá de los escenarios Con
el privilegio de contar con sol durante 345 días del año, Vallarta tiene
40 kilómetros de playas de suave oleaje. Este corredor que se extiende
desde Punta del Burro hasta más allá del islote rocoso de Los Arcos,
en Quimixto, cuenta con un servicio municipal de ómnibus que traslada
a los turistas en forma gratuita por la ruta que casi bordea la bahía.
Las
inmediaciones de Los Arcos, monumento natural de 25 metros de altura,
es un lugar ideal para hacer buceo. Quienes se sumerjen pueden admirar
los túneles submarinos por donde corre el océano Pacífico. De
la Marina Vallarta parten las principales embarcaciones a Yelapa, un
poblado con una playa que descansa a los pies de la selva. Otro tradicional
paseo es a las islas Marietas, santuario de aves marinas, surcado por
cuevas y túneles donde se puede bucear entre delfines y mantas gigantes.
Cómo llegar El
aéreo de ida y vuelta a Puerto Vallarta, con impuestos incluidos, cuesta
alrededor de 942 dólares. Traslados En
boleto en ómnibus sale 0,20 dólar y sirve para pasear por toda la ciudad.
En taxi, 0,70, cada dos kilómetros. Alquilar un auto cuesta alrededor
de 40 dólares diarios, con seguro y kilómetraje ilimitado. Alojamiento En
un hotel 5 estrellas la habitación doble cuesta de 140 a 180 dólares;
en uno de 4, de 140 a 100, y en uno de 3, de 97 a 77. Dónde comer En
un restaurante muy elegante el precio asciende a 40 dólares por persona.
Más información En Internet puede consultarse la página: http://www.puertovallarta.net SAN MIGUEL DE ALLENDE, México (The New York Times) En
esta ciudad colonial del Estado de Guanajuato, la primavera es casi
eterna. A 1951 metros de altura, el aire es seco y diáfano. Rara vez
se necesita algo más que un suéter para el anochecer y, en julio y agosto,
un paraguas. Sólo hay dos meses desaconsejables: abril y mayo, en que
Allende se vuelve tórrida y polvorienta. Rodeada de suaves colinas,
es un lugar ideal para el caminante. La
historia viva rodea al viajero en sus calles empedradas. Su arquitectura,
exquisitamente preservada, comprende iglesias que conservan casi intacto
su aspecto original; viejas mansiones de colonizadores españoles y humildes
casas criollas pintadas en colores vivos. Anárquicas cascadas de flores
envuelven los muros de adobe. En marzo, florecen los jacarandaes. En
verano, la estación lluviosa, la pardusca altiplanicie desértica se
viste de verde. ¡Una Irlanda con cactos! En
ninguna parte es tan fácil entablar conversaciones y amistades. Una
tarde cualquiera, sentados en un banco de la gran plaza mayor, se puede
dialogar con los lugareños y con gente de todo el mundo. Es un lugar
ideal para comprar artesanías. Hay tallas en madera, telas, adornos
y faroles de hojalata, azulejos, joyas de plata labrada, piezas de alfarería
y diversos objetos artesanales, todo de primera calidad. En el Mercado
de los Jueves, una gran feria al aire libre, se venden todos los artículos
imaginables. Escuelas
de arte El
Jardín Botánico, situado sobre el linde de la ciudad, ofrece su bonita
Casa Dominical y sus paseos guiados en grupos, que recorren los senderos
bien señalizados en busca de los cactos más hermosos. Otras escalas
obligadas son el Jardín (no confundirlo con el Botánico), en especial
los domingos por la noche, y el parque Juárez. También hay caminatas
guiadas por la ciudad, visitas a talleres artesanales en actividad y
escapadas a los ranchos cercanos. Las
propuestas culturales incluyen excelentes clases de arte, individuales
o colectivas, dictadas por jóvenes estudiantes universitarios por aranceles
módicos. Clases de platería, escultura, dibujo, poesía... lo que usted
quiera, que nos parecieron maravillosas. Y hasta clases de castellano
para los turistas que deseen aprenderlo. (San Miguel de Allende está
ganando popularidad entre los norteamericanos jubilados, en parte porque
muchos pobladores hablan inglés.) Datos
útiles Hasta
San Miguel de Allende el viaje en ómnibus dura alrededor de 4 horas.
También se puede llegar en tren, por aproximadamente 6,50 dólares. En
San Miguel, los taxis son numerosos y baratos: un viaje que en Estados
Unidos podría costar 10 dólares, aquí costará poco más de 1 dó lar.
Alojamiento
y comida SAN CRISTOBAL DE LAS CASAS No
es posible llegar a San Cristóbal en avión. Los últimos 85 kilómetros
hay que transitarlos por tierra, como para ganar confianza, mientras
se avanza por la espesura de la selva. Por
la ruta 190 desde Tuxtla Gutiérrez, a medida que se marcha hacia el
Este, la vegetación se hace más tupida, los chiapatecos más huraños
y la carretera más estrecha. Finalmente, un camino de cornisa se asoma
a las tierras elevadas de los mayas, y descubre el velo de San Cristóbal
de las Casas. Códigos
y sutilezas El
recelo con el extraño no es casualidad. Discurre por lo bajo una historia
demasiado densa como para fiarse de cualquiera, no importa si se habla
en español, inglés o alemán. El pasado de explotación sigue latiendo
entre las empobrecidos indígenas. Chiapas es uno de los Estados más
pobres del país, donde se asientan 14 etnias distintas y el 1 por ciento
de los terratenientes posee el 45 por ciento del territorio. Los
primeros pasos en San Cristóbal avanzan sobre una ciudad colonial, cubierta
de tejados rojizos, iglesias, calles en suave pendiente y antiguas mansiones
españolas. Algunas
de estas callecitas adoquinadas conducen al mercado, al noreste del
templo Santo Domingo, donde en ocho manzanas se alza cada mañana el
centro social y comercial de los indígenas. Aves y hierbas medicinales,
leña, lana, huaraches y fruta confitada son parte del intercambio que
comienza bien temprano y se prolonga hasta el final del día. Desde
que, a principios de 1994, el ejército zapatista se levantó en armas,
la cultura indígena y el espíritu revolucionario siguen muy presentes
en sus calles, con pintadas en favor del subcomandante Marcos y citas
del manifiesto zapatista. La
posibilidad de detenerse en uno de sus pequeños cafés o almorzar en
un restaurante sin pretensiones es una elección estratégica para respirar
algo de esta cultura, junto a mujeres indígenas que peinan y trenzan
su pelo, tambores que no cesan su llamada y un desfile de viajeros de
distintas latitudes que parecen haber detenido aquí su marcha, y circulan,
mimetizados, luciendo sus flamantes vestimentas chiapatecas. En
San Cristóbal cada barrio tiene su iglesia, su fiesta y su oficio propio,
una forma de estructura social que en el resto del país ha desaparecido.
Mezcla
de culturas En
Chiapas conviven diversas caras. Una habla de un pasado de esplendor
y puede adivinarse en la imponencia de sus ruinas milenarias. La otra
habla de un pasado de opresión. La que palpita aún en sus calles, en
la cotidianidad del mercado y la piel curtida del maya. Por
el camino que trazaron los mayas El
viaje a la ciudad maya se emprende con el aire fresco de la mañana y
en silencio. Son apenas unos minutos por un suave camino ondulante hasta
penetrar en las ruinas, descubiertas por un sacerdote español en el
siglo XVI. Apenas
se ingresa en el sitio arqueológico, emerge, imponente, el Templo de
las Inscripciones, una pirámide dedicada al rey Pakal, que llevó a Palenque
a su apogeo en el 692 d.C. Una
escalera empinada desciende 24 metros por el interior de la construcción
hasta la tumba del monarca, una de las pocas criptas encontradas en
una pirámide mexicana. La
falta de aire anuncia que es hora de regresar a la superficie. En el
camino, un pasadizo de piedra, por el que se creía que las almas pasaban
al otro mundo, conduce a lo alto de la construcción. Al
caer la tarde, la luz pigmentada ilumina los templos del Sol, el Conde
y el de la Cruz Foliada, que asoman por encima de la vegetación, mientras
los trinos indescifrables de sus pájaros irrumpen en la intimidad de
la selva. Palenque fue abandonado por sus habitantes alrededor del año
800 después de Cristo y aún hoy se desconoce la causa. Datos
útiles Alojamiento En
Palenque, el camping Mayabell, a menos de 300 metros de las ruinas,
cuesta 1,75 dólares por persona. También se alquilan cabañas por 17
dólares para tres personas. Comidas Un
de los mejores cafés se sirve en Cafetería San Cristóbal, en la calle
Cuauhtémoc esquina Insurgentes. Los clientes son en su mayoría mexicanos
que se reúnen a jugar ajedrez y a leer el periódico. Un café cuesta
0,50. Artesanías
PUERTO NUEVO, Baja California (World's Fare) A
pesar de que la localidad de Puerto Nuevo, en la costa occidental de
Baja California, tiene, por lo menos, una veintena de restaurantes,
en sus cartas figura sólo un plato: langosta roja del Pacífico, la especialidad
del lugar. Da
igual que este conjunto de edificios de estuco que se alza en el borde
del océano Pacífico a 45 kilómetros al sur de la frontera con los Estados
Unidos sea apenas un pueblo, con un mercado, dos farmacias, un gran
surtido de tiendas de artesanías y dos largas filas de puestos improvisados
de ventas de souvenirs. Langosta
es lo que el turista busca, y eso es lo que le dan. Un sábado, mientras
el sol se inclinaba hacia el Oeste, el ritmo de los rasguidos de guitarras
y bandas de mariachis interpretaban las coplas de Cielito lindo, llamando
a los fieles a cenar. La langosta, que abunda en las aguas ricas de
la bahía, se pesca, al parecer, sin restricciones. Pesa entre 500 gramos
y un kilogramo y se presenta en la mesa con un color rojo fuerte: fritas,
hervidas, en fuentes colmadas de arroz, con alubias fritas, salsas y
tortillas. Una cena completa cuesta alrededor de 11 dólares, sin incluir
refrescos, por lo general margarita. Los
norteamericanos, la mayoría procedentes de California del Sur y Arizona,
se hacen una escapada durante los fines de semana para tomar sol y hacer
compras. Puerto Nuevo tiene tantos locales de venta de artesanías como
restaurantes. En este pueblo, la vida gira en torno del turismo. "¿Por
qué me gusta este lugar?", pregunta la empresaria Debra Wilson,
mientras explica cómo dejó su departamento de California hace 11 años,
y se mudó a Rosarito Beach, 25 kilómetros al sur de la frontera. "Nadie
dice que no. En Escondido (California) no podrías construir una cerca,
tener dos gatos, estacionar en la calle. No obstante, paso dos días
de la semana en San Diego, y en la ruta de regreso a casa, en cuanto
cruzo la frontera, siento cómo desaparecen el peso y la tensión sobre
mis hombros." De
compras en Tijuana Al
dejar Tijuana y las villas de emergencia que se agolpan contra la frontera,
el paisaje se abre en una serie de colinas verdes y ondulantes. En verano
y en otoño, el verde se torna amarillento, luego ocre, hasta llegar
a un gris pálido. Pero sólo bastan unos pocos días de lluvia invernal
para que el paisaje recobre vida, hasta recuperar su verde intenso.
Tierra
de rancheros La
división en parcelas no forma parte del vocabulario del lugar. Pero
más allá de este panorama de pintorescas bahías y caletas, no es difícil
imaginar un futuro cuando se compren las propiedades frente a la playa,
se limpien y se edifique. Mientras
tanto, Puerto Nuevo sigue siendo un secreto para las familias, los fanáticos
del surf, los playeros y los que se escapan del orden previsible del
Norte. Al pueblo se llega en un viaje en el día, pero muchos visitantes
pasan la noche en uno de los varios complejos hoteleros de la zona.
Oasis
de placer Este
edificio de estuco color arena, de cinco plantas, cuenta con 143 habitaciones
que, debido a la forma en V de la construcción, dan todas al océano
y a una pileta climatizada, rodeada por un parque con salida a un patio
de juegos para divertir a los más pequeños. La
pileta, de grandes dimensiones, es el centro de reunión para nadar,
ordenar bebidas en el bar y tomar sol. Para los chicos hay otra pileta
de poca profundidad. El
ambiente es tan informal que nadie se molesta por los ruidos y gritos
de los chicos en acción. El
hall de entrada del hotel está pintado de un rosa cálido que forma una
combinación perfecta con las baldosas del piso. El restaurante se encuentra
en el mismo nivel que la pileta; la sala de lectura, el bar y un local
de regalos, en la planta baja, donde está la entrada principal del hotel.
Sobre
las olas La
atención y la comida del restaurante son muy buenas. Cuando se hizo
cargo el nuevo gerente, hace 5 años, éste renovó la carta y contrató
los servicios de un chef profesional. Datos
útiles Alquiler
de autos Alojamiento Fuente La Nación, diciembre 1999 |
|
Copyright© 2000 - 2004 ALL RIGHTS RESERVED TO MPEREYRAROBLES® - webmaster - |