| Cualquier
visita a Jerusalén es divina Codiciada
por las grandes religiones monoteístas del mundo, es lógico que esta
ciudad tenga sus encantos; muchos de ellos están guardados entre las
calles angostas del casco antiguo, otros se esconden en célebres capítulos
de la historia JERUSALEN.-
Una ciudad amurallada es la única descripción que se puede hacer de
esta maqueta impresionante de la historia universal del monoteísmo.
Paradoja de la vida: el corazón del monoteísmo es un inmenso campo de
batalla entre monoteístas. Todos coinciden en que hay un solo Dios,
uno verdadero, y que es el propio. Por eso guerrean. Aquí
mataron a Cristo, dicen unos, y señalan al pasado sin precisar muy bien
cuándo y ni siquiera a quién. Estas son las ruinas del Templo, dicen
otros, y señalan una pared milenaria llena de papelitos, con oraciones
y pedidos en cien idiomas, incrustados en el muro rodeado de una solemnidad
tan fastuosa que nadie osaría describir como en ruinas. En esta mezquita,
contra esa piedra, descansó Mahoma y luego ascendió al cielo, dicen
los terceros, con los pies descalzos dentro del edificio de la cúpula
dorada. Muros
del tiempo Curiosa
paradoja: aquí los hombres se mataron y se matan -¿se matarán?- para
ver quién le es más fiel al mismo Dios. Los que guerrean, entonces,
son los profetas o mejor dicho, lo que se interpreta de ellos. Se matan
los pensadores y los que no piensan; unos porque creen saber, otros
porque no saben. Todos aman la ciudad y la reclaman propia. Por eso
se matan: por Jerusalén, por Al Quds. Es
necesario alejarse mucho de semejante pasión por las verdades indemostrables
para entender si efectivamente, como todos reclaman, hay unos que tienen
razón y otros que no. ¿De quién es la ciudad? Es la primera pregunta,
y motivó cien guerras que no han terminado. Las
ocupaciones Los
soldados conducidos por Moshe Dayan vencieron a los jordanos en una
batalla que se libró casa por casa, piedra por piedra, hasta que la
tuvieron completamente bajo control. Esa lucha tuvo por escenario a
la ciudad vieja, lo que no sorprende: durante tres mil años ocurrió
lo mismo. Por
ella pasaron los turcos, los cruzados de toda Europa, desde siempre.
Y luego vinieron otros que tampoco consultaron la opinión de la mayoría
de los que allí habían nacido, judíos, cristianos o islámicos. En 1917
fue ocupada por los ingleses, quienes la mantuvieron como colonia hasta
1948, cuando la partición de Palestina dio origen a la primera guerra
regional de las cuatro que se libraron a partir de la segunda mitad
del siglo. Jerusalén
quedó dividida en un sector israelí y otro jordano. Pero por las inmensas
puertas que perforan el muro de la ciudad antigua cruzan cada día decenas
de miles de hombres y mujeres, que en busca de fe, de exotismo, de curiosidad
o de negocios, según el caso, pueblan las calles de la parte indudablemente
más bella de Jerusalén: la vieja. La
ciudad antigua se divide en cuatro sectores: el armenio, el cristiano,
el judío y el musulmán. Sus murallas son restos de las construidas por
los turcos en el siglo XVI. El
sector cristiano, al noroeste, contiene la Puerta Nueva; comparte la
Puerta de Jaffa con el sector armenio, en el Sudoeste, y la Puerta de
Damasco con el sector musulmán, al Norte. El
sector musulmán está en la parte nororiental de la ciudad antigua y
allí se alzan la Puerta de Herodes, la Puerta de San Esteban y la Puerta
Dorada. Al este de esta última se encuentran el Monte de los Olivos
y los Jardines de Getsemaní. En
los alrededores La
sierra tiene tres cimas, y en la conocida como monte Scopus está la
famosa Universidad Hebrea de Jerusalén, fundada en 1918. En
la cima central se ubica el antiguo pueblo de Olivet, hoy llamado at-Tur
-el monte, en árabe- y es allí donde ocurrieron los principales acontecimientos
de la historia cristiana. El
principal sector judío, que ocupa la parte suroriental de la ciudad,
contiene la Puerta de Sión, al sur de la cual se encuentra el monte
del mismo nombre y la tumba del rey David. Rodeando la ciudad antigua
está la ciudad nueva, que comenzó a desarrollarse a partir del siglo
XIX y se extiende por las colinas circundantes con suburbios y jardines
poblados que llegan hasta el desierto. Sus amplias avenidas, sus apartamentos
modernos y sus edificios de oficinas contrastan con las calles estrechas,
los callejones y las casas pobres de la ciudad antigua. plias
avenidas, sus apartamentos modernos y sus edificios de oficinas contrastan
con las calles estrechas, los callejones y las casas pobres de la ciudad
antigua. En
la Jerusalén nueva conviven las grandes marcas internacionales y las
modas europea y norteamericana con el aire austero de los barrios como
Mea Shearim (cien puertas), habitado por los judíos ortodoxos, que siguen
al pie de la letra los mandamientos bíblicos, y los hacen cumplir en
sus calles. Cuídese
el viajero de no respetar las tradiciones del sábado en esa zona de
la ciudad: habrá quien se las haga cumplir, y no siempre de buenas maneras.
El
arte del regateo Se
trata de una actuación que en ocasiones merece aplausos, pero que les
sale en forma natural. Después de todo, llevan muchas generaciones,
durante de tres mil años, practicando el arte del regateo. Que
uno de ellos se obsesione con el viajero puede parecer, por momentos,
insufrible, pero al fin y al cabo, también puede ser una experiencia
fascinante. Tanto como darse cuenta de que el precio de un artículo
puede disminuir a menos de la mitad, si se tiene la paciencia de entrar
en el juego. Un
peregrinaje incesante Luego,
el sepulcro sufrió grandes daños en el 0976 y en el 1009, al ser destruido
en parte por el califa Hakim. Este hecho alimentó la animadversión europea,
y contribuyó a la aparición de la primera Cruzada, durante la cual Jerusalén
fue conquistada en 1099. Los
cristianos levantaron una nueva basílica, que se conserva hoy. Tras
la reconquista de la ciudad por los musulmanes, en 1187, se limitaron
las peregrinaciones cristianas a pesar de que Saladino I prohibió la
desacralización del recinto. Las
restauraciones más importantes en su cúpula se realizaron durante el
siglo XVIII y tras el incendio que sufrió el templo en 1810. También
fueron destacadas las rehabilitaciones de 1863 a 1868 y en la segunda
década del siglo XX, estas últimas bajo dominio británico. Estos trabajos
continúan de manera casi permanente. Como todo el mundo lamentablemente sabe, la ciudad sagrada no es el sitio más seguro del mundo, por tal motivo el extranjero tendrá que alojarse fuera de las grandes murallas y atravesará las puertas enormes durante el día para entrar. Al caer la tarde, es conveniente salir y regresar a los circuitos turísticos que la ciudad nueva ofrece al visitante. Fuente La Nación, junio 2000 |
| Datos
útiles Cómo
llegar El
pasaje aéreo, ida y vuelta, desde Buenos Aires hasta Tel-Aviv cuesta
alrededor de 1300 dólares, con tasas e impuestos incluidos. esde
allí, hay aproximadamente una hora de viaje en ómnibus hasta Jerusalén
y el pasaje vale 5 dólares. Alojamiento En
Jerusalén existe una variada oferta turística. Se puede conseguir
una habitación doble en un hotel tres estrellas por 60 dólares; en
uno de cuatro, por 90, y en uno de cinco, desde 150. Visa Para
una estada menor a 3 meses, los argentinos no necesitan visa, sólo
se requiere pasaporte en regla y pasaje de ida y vuelta. Excursiones Un
tour por la ciudad vieja cuesta alrededor de 24 dólares, con guía
incluido, y tiene una duración de 9 horas aproximadamente. Lo mismo
en el caso de la ciudad nueva, pero por 53 dólares. A
la hora de las compras lo mejor es visitar, en la ciudad vieja, el
bazar o shuk, como lo denominan ellos. Allí se venden antiguas urnas,
cerámicas, cristalería, cobre, madera de olivo y objetos de plata
labrada, entre otros artículos. El mercado al aire libre de Majaré
Yehudo es otra opción. Más
información Oficina
de Turismo de Israel: Avenida de Mayo 701, piso 10º. El
horario de atención es de lunes a jueves, de 12.30 a 16. Informes
por el 4338-2524/2598 En
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