| Italia:
recuerdos de provincia En
la región de Le Marche, entre colinas verdes y comarcas serenas, se
abren rutas no tradicionales de este destino clásico Urbino Hasta
hace unos años, era uno de los tesoros secretos de Italia, una de sus
regiones más hermosas y menos frecuentadas por el turismo internacional.
Las Marcas (Le Marche) es un rectángulo de valles y colinas, cuyos límites
son la Umbría, con la cadena de los Apeninos, al Este; el mar Adriático,
al Oeste; los Abruzos, al Sur; y la Emilia-Romaña, al Norte. Le
Marche está compuesta por las provincias de Ancona, Macerata, Ascoli
Piceno y Pesaro-Urbino. Hoy, los turistas llegan de toda Europa, alquilan
casas rurales en busca de la tranquilidad que deparan los ondulados
campos marcheggiani, recorren los valles en los que crecen uvas, olivos
y maíz, se bañan en las playas de Pesaro, Fano, Senigallia; se deleitan
con las vistas bellísimas de la Riviera del Conero, de acantilados vertiginosos
y aguas turquesas. El
alto nivel de vida de Le Marche hace de ella uno de los lugares más
seguros para planificar una estada prolongada y asegura excursiones
fructíferas a los que no pueden prescindir del shopping. En Le Marche
se puede adquirir desde las artesanías locales hasta los productos más
sofisticados. Pero
las compras y las bellezas naturales son tan sólo dos de los atractivos
de Las Marcas; además están la historia y el arte. Los pueblos centenarios,
verdaderos laberintos de calles medievales, custodiados por enhiestas
torres que, desde lejos, anuncian al viajero el pasado feudal, conservan
costumbres ancestrales. Cada una de esas poblaciones celebra el día
consagrado al santo patrono con fiestas pintorescas y competencias deportivas,
cuyos orígenes se remontan a la Edad Media, como los certámenes de bracciale.
Torres
gemelas El
magnífico palacio ducal, construido entre 1444 y 1472, es obra, sobre
todo, del arquitecto dálmata Luciano Laurana, al que le sucedió en la
tarea de construcción el sienés Francesco de Giorgio Martini. Las torres
gemelas del castillo, en la fachada oeste, que da al valle, son algo
así como el emblema de Urbino. Cada una tiene una serie de seis pequeñas
ventanas dispuestas de arriba abajo que le dan al conjunto una elegante
levedad. En cambio, los tres balcones superpuestos que marcan el centro
del frente oeste le confieren majestuosidad. En
la Galleria Nationalle de Le Marche hay dos obras maestras de Piero
della Francesca, La flagelación de Cristo y la Madonna de Senigallia.
Los visitantes no deben dejar de ver el deslumbrante gabinete del duque
Federico. Allí podrán admirar un conjunto excepcional de marqueterías
en trompe-l'oeil (trampantojo), que representan flores, instrumentos
musicales, falsas puertas que inducen a traspasar espacios imaginarios.
Los
diseños de esas imágenes realizadas con una perfección alucinante son
de Botticelli y de Francesco di Giorio. En los departamentos de la duquesa
de Urbino se halla otra obra maestra del palacio, un retrato de mujer
denominado La muda, de Rafael Sanzio. Precisamente,
la casa donde nació Rafael, el gran pintor renacentista, está a pocos
metros del Palazzo Ducale, en el número 57 de via Rafaello. Es una confortable
vivienda del siglo XV, que perteneció a Giovanni Sanzio, padre del artista.
Convertida en museo, la construcción, enriquecida con mobiliario histórico,
cuadros, dibujos, permite forjarse una idea de cómo se desarrollaba
la vida familiar de la burguesía de la época. Los
que decidan visitar Le Marche en primavera, verano o comienzos del otoño,
pueden disfrutar de las playas. Fano y Pesaro son quizá las ciudades
balnearias más renombradas. A lo largo de una larga avenida costera
se alinean los hoteles. Hay algunos excelentes que, por otra parte,
tienen tarifas asombrosamente bajas. Como ocurre en casi toda la costa
del Adriático (Venecia es la excepción más notoria), la estada es mucho
más económica que en las localidades balnearias del Tirreno. Playas
de piedras Si
se recorre Le Marche en invierno, no se debe cometer el error de evitar
la costa porque los muy buenos hoteles son en ese período aún más económicos
y hay ciudades que conservan su interés también fuera de temporada.
El
centro histórico de Pesaro, por ejemplo, es muy hermoso. En la Piazza
del Popolo se puede tomar un buen café frente al Palazzo Ducale (siempre
hay notables exposiciones temporarias), hoy Palazzo del Governo, y contemplar
la bellísima fuente, del siglo XVII, decorada con tritones y caballos
marinos. Si se sigue por la calle peatonal se desemboca en el pequeño
y exquisito Teatro Rossini, consagrado a la ópera, en el que se ofrecen
obras líricas con elencos internacionales en los que no faltan figuras
de primer nivel como José Carreras o Plácido Domingo. Esa
sala es la sede del Festival de Opera Rossini, que se desarrolla de
agosto a septiembre. A corta distancia (todo está cerca en la pequeña
ciudad), se levanta la casa natal de Rossini, hoy museo. Quizás
uno de los placeres más adictivos de Pesaro y, en verdad, de todas las
ciudades y pueblos de Le Marche, sea dejarse llevar, en largas caminatas,
por el ritmo tranquilo de la vida provinciana. Si se recorre, por ejemplo,
el Corso XI Settembre, o las calles Branca, Rossini o San Francisco,
se ve cómo se alternan los negocios de los artesanos con los de alimentos
de producción limitada, expuestos en vidrieras en las que los jamones,
los salames, los quesos, las pastas, están dispuestos con un sentido
tan teatral del colorido y de las formas que uno creería estar ante
las joyerías de la Place Vend™me, de París. Ni qué hablar de los forni,
de las panaderías, a las que uno se siente arrastrado, desde lejos,
por el perfume cálido y crocante del pan y de las rosquillas hechas
sobre la base de antiguas recetas. Es
imposible no tentarse con los dulces en los que se mezclan las almendras,
la fruta abrillantada, las pasas de uva. Esas costumbres gastronómicas,
que sólo la atmósfera provinciana puede conservar, conviven armoniosamente
con el imperio de las grandes marcas de la moda. Al lado de esos forni,
o muy cerca de ellos, hay tiendas de Armani, Hermés (los snobs dicen
que el nivel de una ciudad lo marca la existencia o la falta de una
boutique de Hermés), Versace. Los
amantes de la arquitectura de la belle époque deben visitar la Villa
Ruggeri, en la Piazza della Libertˆ, a pocos metros del mar, donde hay
una escultura tótem de Arnaldo Pomodoro, símbolo de la Pesaro moderna
y balnearia. Para muchos, Villa Ruggeri es la construcción de estilo
liberty más hermosa de Italia. El palacete podría muy bien estar en
Viena o en Bruselas. Sorprende encontrar, a orillas del Adriático, esa
fachada verde, devorada por volutas sensuales y dramáticas, que uno
asocia con climas más bien nórdicos. Residencias
campestres Los
que se interesan por los instrumentos musicales pueden visitar la pequeña
y pintoresca ciudad de Castelfidardo, uno de los principales centros
mundiales de la fabricación de acordeones. El 18 de septiembre de 1860
se libró allí una batalla entre el general Cialdini y las tropas pontificias.
La derrota de las fuerzas papales fue decisiva para la anexión de Le
Marche al reino de Italia. Un magnífico parque de árboles centenarios
recuerda aquel hecho. Quienes
se entreguen a la belleza de los paisajes marcheggiani, al encanto de
sus pequeñas ciudades que crecieron en torno de las cimas de las colinas
cantadas por Leopardi, descubrirán barrios medievales o renacentistas
casi intactos, galerías con arcadas iluminadas por antiguos faroles,
escaleras angostísimas que unen calles de distintos niveles, al fondo
de las cuales se ven, en perspectiva, panoramas que cortan el aliento
por sus formas y colores. Los nombres de esas comarcas mecidas por la
serenidad provinciana anticipan musicalmente el placer que habrán de
depararnos: Treia, Iesi, Fermo, Camerino, Tolentino. Cingoli, el famoso
balcón de Le Marche, el punto más alto de esa geografía deslumbrante,
es una encantadora población, casi de montaña, desde la que se avizora
toda la región y que, en su estilo, resume lo que un viajero puede obtener
de una estada en esas tierras cargadas de tradiciones. Todo
el mundo camina allí lentamente y admiran el paisaje mientras se contemplan
los unos a los otros. De vez en cuando se detienen a cambiar unas palabras
con otros paseantes, mientras toman golosamente un helado. A lo largo
de su famosa calle peatonal, a la sombra de los árboles centenarios,
tan románticos como distinguidos, los turistas elegantes, los foráneos
(llamados así aunque se trate de italianos), se pasean con el mismo
ritmo cansino de los lugareños. Como ellos, han aprendido a aguardar
pacientemente las distintas horas del día y los distintos placeres,
señalados por las comidas, el té, el aperitivo, el café. Han comprendido
que Le Marche es la tierra del placer y de la sabiduría. Como una catedral gótica A pocos kilómetros de Fabriano, en la confluencia de los ríos Esino y Sentino, se encuentra la Garganta de Frasassi. Hoy se trata de uno de los lugares más visitados por los espeleólogos -especialistas en cavernas- y, por supuesto, por turistas de todo el mundo. En 1971, dos jóvenes estudiantes descubrieron por casualidad las ahora célebres Grutas de Frasassi. El itinerario de la visita exige recorrer un trayecto de casi dos kilómetros con subidas y bajadas. La iluminación de los distintos espacios ha sido muy cuidada y saca partido del brillo de los cristales. Se tiene la impresión de visitar una catedral gótica concebida por un arquitecto dotado de un fabuloso sentido dramático. Las cavidades han sido bautizadas con nombres que responden a lo que sugieren las formas de las rocas, de las estalagmitas y de las estalactitas. Están la Sala del Trono, de los Gigantes, de los Doscientos, de las Velas, la Sala Blanca de las Columnas, la los Tubos de Organo, la Sala Gentile da Fabriano y el Lago Cristalizado. La Nación, octubre 1999 |
| Datos
útiles El
pasaje desde Buenos Aires hasta Roma, por Alitalia ida y vuelta, cuesta
aproximadamente 900 dólares, con tasas e impuestos. Auto
El
alquiler de un auto mediano por 15 días cuesta aproximadamente 600
dólares, con impuestos, seguro y kilometraje libre. Alojamiento
Una
habitación doble en un hotel dos estrellas cuesta alrededor de 25
dólares, entre 30 y 70 en uno de 3 estrellas y cerca de 130, en uno
de 4. Más
información Ente
Nacional Italiano de Turismo, Avda Córdoba 1345; 4311-3542, de lunes
a viernes, de 10 a 12 y de 15 a 17. |
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