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que un país en un subcontinente, la India -con casi mil millones de
habitantes- es el lugar donde se asentaron en distintos períodos de
la historia las religiones más importantes del planeta. En
la parte occidental del país, tres lugares representan estas religiones.
Desde las asombrosas cuevas de Ellora y Ajanta, dedicadas a los dioses
del hinduismo y el budismo, pasando por la fastuosa ciudadela de Fatephur
Sikri, acabada muestra de la cultura islámica hasta el Estado de Goa,
antigua colonia portuguesa que presenta la mayor concentración de cristianos
y de iglesias de todo el Lejano Oriente. Bombay.-
La pared se elevaba imponente frente a esas pequeñas figuras, que montadas
en primitivos andamios, pico en mano, trataban de arañarla en una utopía
demencial. Pero la fe que mueve montañas también puede horadarlas como
la gota que vence a la piedra. Con una lentitud casi desesperante, la
pared se fue vaciando y liberando volúmenes que parecían atrapados en
la roca desde tiempos inmemoriales. Así,
esos artesanos siguieron avanzando generación tras generación, y se
necesitaron al menos siete para finalizar una obra que parecía concebida
por inspiración divina. Poco
a poco, catedrales enteras con sus techos abovedados, con sus naves
centrales bordeadas de imponentes columnas, templos con las paredes
cubiertas de finísimos bajos relieves, monasterios, estatuas monumentales
de Buda, de Ganesh (deidad con cabeza de elefante), de Shiva, de Parvati
fueron cobrando forma bajo el martillo y el cincel que golpeaban la
roca basáltica de este cañón en forma de herradura en la región de Deccan,
a cien kilómetros de la ciudad de Aurangabad, al norte de Mumbai (ex
Bombay). ¿Cómo
imaginar la concepción de semejante obra? ¿Existirían planos que marcaban
cada una de las formas por tallar? ¿Cómo se podía respetar la perspectiva
de un trabajo monumental estando inmerso en la propia obra, una tarea
que no aceptaba el error ya que no había posibilidad de enmendarlo?
¿Qué conceptos filosóficos regían la vida de estas personas que ponían
su futuro en pro de una obra titánica de la cual sólo verían una ínfima
porción? Estos
son algunos de los interrogantes que afloran en una visita a las fastuosas
cuevas de Ajanta y Ellora, en el Estado de Maharashtra, con un sólo
rival en el mundo que pueda desafiarlas las: ruinas de Petra, en Jordania.
En
el siglo VI a.C. nació Sidharta Gautama, reformador religioso indio,
hijo del rey Sudhodana, que a los 30 años movido por un profundo amor
a la humanidad abandonó el palacio y se refugió en el monte Gaya para
entregarse a la meditación, la penitencia y la vida ascética. Allí
alcanzó el estado de iluminación espiritual -Buda significa el iluminado-
que le permitió elaborar su doctrina e iniciar su prédica, que realizó
por primera vez en la ciudad de Benarés con su sermón de las cuatro
nobles verdades. El
budismo se expandió por toda la India y se transformó en la religión
más importante de la región. Varios
siglos más tarde (siglo II a.C.) las dinastías de Chalukia y Rashtrakutra
decidieron hacer su aporte para la difusión de la religión y las artes,
llevando adelante una obra monumental que perdurara a través de los
siglos. Así,
en vez de construir edificios, los esculpieron directamente en la roca
de los acantilados que rodean a Aurangabad. La
construcción de las catedrales y monasterios se extendió hasta el siglo
XII de nuestra era, cuando el ingreso del islam determinó la declinación
paulatina del budismo. Tiempo de meditación En
Ellora y Ajanta hay más de 60 cuevas talladas, muchas de dimensiones
monumentales, que se dividen en catedrales, lugares de culto y plegaria,
y monasterios donde los monjes se recluían durante los cuatro meses
de la época de lluvias (período de los monzones, que se extiende desde
julio hasta octubre) para meditar y estudiar los libros sagrados. Una
vez terminado el período de lluvias, partían hacia todos los rincones
de la India y países limítrofes para predicar la palabra divina. Las
cavernas más antiguas pertenecen al período denominado Hirayana, durante
el cual sólo se adoraba a Buda en forma simbólica, representado como
una flor de loto, una higuera o un animal sagrado; un segundo período,
llamado Mahayana, comenzó en el siglo III, cuando Buda es adorado en
esculturas con forma humana. Existen
en toda la India más de 1300 cuevas dedicadas a diferentes religiones,
de las cuales un 80 por ciento se encuentra en el Estado de Maharashtra
y, sin duda, Ellora y Ajanta representan el punto culminante de este
arte. Los viharas (monasterios) suelen ser de una sola planta, con pocas decoraciones y con un amplio espacio central con celdas que tienen una cama y una almohada, todo tallado en la misma roca. Ellora
y Ajanta, en el Estado de Maharashtra, son una expresión de la calidad
de los artesanos indios, que mostraban su devoción por medio del arte
Transcurría
el año 1819 cuando un grupo de soldados del ejército británico realizaba
una partida de caza, en el cauce del río Waghora, en busca de un tigre
que asolaba la región. Al subir a una colina para tener una vista panorámica,
observaron con extrañeza la parte semicircular de una enorme puerta
excavada en la montaña. Abriéndose
paso entre la maleza que cubría la pared de la garganta en forma de
herradura, descubrieron lo que era la catedral de Ajanta (la desconocida,
en hindi). Más
de 30 años llevó limpiar el sitio e ir descubriendo con fascinación
las 26 cuevas que conforman el complejo. Los estudios arqueológicos
demostraron que todas estas cuevas pertenecían a la religión budista
y fueron construidas entre el siglo II a.C. y el siglo VII, patrocinadas
por las dinastías de Satuahana y Vakatahata. Además
de su esplendor arquitectónico, un aspecto superlativo que destaca al
sitio de Ajanta son las pinturas murales que cubrían paredes y techos
de los monumentos. Desdichadamente,
muchas de esas pinturas sufrieron los embates del tiempo, y en la actualidad
sólo se conservan en buen estado las pinturas de las cuevas 1, 2 y 17.
Una técnica muy particular fue utilizada para realizar estos trabajos,
que en algunos casos perduraron por más de 2000 años: las paredes de
piedra eran dejadas con una superficie áspera sobre la cual se aplicaba
una capa de yeso compuesta por estiércol de vaca, cáscara de arroz,
fibras vegetales y roca pulverizada. Sobre
esta capa de yeso se aplicaba otra muy fina de cal, en la cual se realizaban
las pinturas, que tenían seis colores básicos (ocre, marrón, verde,
blanco, dorado y azul), todos obtenidos de pigmentos naturales que se
encontraban en la India, menos el azul (lapislázuli) que era importado
de Afganistán. Las
pinturas son de dos tipos: las historias de Yatakas, que cuentan la
génesis del mundo y la vida de Sidharta Gautama, y se encuentran pintadas
sobre las paredes de las cuevas; y las pinturas decorativas (plantas,
diseños geométricos, animales, flores, etcétera) que ornan los techos
de los monasterios. Las
pinturas de la cueva-monasterio 2, que cuentan la vida de Buda, son
seguramente las más impactantes de Ajanta, tanto por el estado de conservación,
la belleza y la calidad artística como por su importante valor histórico
que nos permite conocer muchos aspectos de la vida en la India (vestimenta,
instrumentos musicales, orfebrería) en el siglo V de nuestra era. En
una continuidad de paneles que cubren más de veinte metros de muros
se cuenta la leyenda de la gestación de Buda. Los frescos continúan
describiendo su niñez y juventud, hasta que toma la decisión de abandonar
el palacio y dedicarse a la vida contemplativa. Una imagen de gran fuerza
es la de Buda predicando, rodeado de sus discípulos, una técnica muy
particular del dibujo permite descubrir tres diferentes gestos de Buda
en la misma cara: si uno se coloca a la izquierda del dibujo observa
un Buda risueño, caminado hacia la derecha la expresión cambia primero
a un gesto contemplativo para transformarse finalmente en un gesto adusto.
Si
bien el lugar merece una visita detallada, las catedrales de las cuevas
9, 10 y 26 son joyas deslumbrantes de este collar. Las catedrales 9
y 10, por sus techos abovedados y los finos trabajos en relieve, y la
catedral 26, por una escultura de Buda de más de siete metros de largo,
que aparece durmiendo con un rostro de gran placidez. Ellora El
complejo de Ellora está a 30 kilómetros de Aurangabad, por un camino
sinuoso que se eleva hacia la cadena montañosa llamada Gathes Occidentales.
Las 33 cuevas que forman este complejo están excavadas a lo largo de
un acantilado de casi tres kilómetros. Estos monumentos son posteriores
a los de Ajanta, los trabajos comienzan en el siglo VI y se extienden
hasta el siglo XII, cuando la llegada del islam a la India cambió la
relación de fuerza entre las religiones. Contrariamente a Ajanta, aquí
catedrales y monasterios pertenecen a tres diferentes religiones: de
la cueva 1 a la 12 son budistas, de la 13 a la 29 hinduistas, y las
cuatro últimas a la religión jainista, una escisión del hinduismo. El
templo de Kailasa es la obra fundamental de este complejo religioso.
El templo que lleva el nombre de la morada del dios Shiva en el Himalaya
fue construido a instancias del rey Krishna en el año 756, y los trabajos
se prolongaron por 150 años. Contrariamente
a la mayoría de los templos de Ellora, Kailasa fue excavado en la montaña
en forma monolítica, dejándolo al aire libre. Es el templo más grande
del mundo cortado en una sola roca con 85 metros de largo, 45 de ancho
y 35 de alto. Más de tres millones de metros cúbicos de piedra fueron
retirados del sitio, lo que hubiera permitido construir varias pirámides
como la de Keops. La
entrada, que está flanqueada por dos enormes elefantes con flores de
loto en las trompas, da acceso a un pasillo que permite circundar el
templo. El mismo, de dos pisos, está dedicado a las principales deidades
del hinduismo: Brahma, el creador; Vishnu, el conservador; Shiva, el
destructor del mal, y Parvati, hija de la montaña, esposa de Shiva.
En
Fatephur Sikri, antiguo asentamiento de la corte del emperador Akbar,
se podía confiar en los brujos Fatephur
Sikri.- Cuando tenía 13 años, el emperador mongol Akbar llegó al trono
y se encontró con un reino firmemente afianzado por su padre y abuelo,
que convirtieron a Agra en una fastuosa capital. Akbar
no sólo continuó el trabajo emprendido por sus antecesores, sino que
agrandó el imperio y lo unificó. Las
victorias militares y el bienestar económico desembocaron en un período
prolongado de paz que generó un desarrollo cultural y artístico sin
precedente. Una
sola nube ensombrecía el horizonte del emperador: con 26 años, no tenía
descendencia a pesar de sus repetidas peregrinaciones y visitas a santones
y brujos. Entonces
escuchó hablar del místico sufí, Shaikh Salim Chisti, que vivía en un
paraje llamado Sikri. Akbar caminó desde Agra (36 km) para ver al sacerdote,
que le anunció el nacimiento de tres hijos. Así,
decidió la construcción de un palacio en los alrededores de Sikri e
instaló allí a su primera esposa Jodhai Bai, que meses más tarde dio
a luz a un niño y en los años siguientes a los otros dos hijos anunciados.
Akbar
consideró este grato acontecimiento como un signo divino y, a la muerte
del sacerdote Salim Chisti, tomó la decisión de trasladar la capital
de Agra a esta nueva ciudad, que fue construida en un tiempo récord,
y a la que llamó Fatephur Sikri (la Ciudad de la Victoria). Nómadas de lujo Los
mongoles, de origen nómada, solían vivir en tiendas que establecían
en campamentos bien organizados. Al ingresar en la India y confrontarse
con la desarrollada y exquisita arquitectura local, se asentaron en
ciudades con palacios de gran lujo, pero guardando un esquema urbano
que recordaba los campamentos al aire libre; un primer espacio reservado
para los mercaderes, un segundo para la audiencias públicas del monarca
y un tercero, reservado para las actividades privadas del rey y su harén.
Una ciudad abierta A
pesar de mantener esta estructura urbana, Fatephur Sikri se diferencia
de otras ciudades mongoles de la época, donde las residencias reales
estaban protegidas por murallas y fosas. La
Ciudad de la Victoria es abierta, con una circunferencia de 11 km, de
los cuales sólo seis estaban amurallados. La silueta imponente de la
mezquita mayor Jama Masjid se destaca al Oeste, mientras el Palacio
de Akbar, sobre un promontorio rocoso, domina el lago y la ciudad que
se extendía ladera abajo, hacia el Sur. Fuera
de la mezquita mayor, la arquitectura de Fatephur Sikri no tiene aspecto
monumental. Su belleza reside en la elegancia tranquila de palacios
y pabellones, en la infinita variedad de formas; en detalles artesanales
de una calidad y lujo impresionantes; y esa unidad que da la piedra
arenisca roja con la que se construyeron todos los edificios, adornados
con mármol blanco y rematados con techos de tejas azules. Llegando
desde Agra se ingresa por la puerta que lleva su nombre, Agra Darwaza,
una de las nueve entradas de la ciudad, la mejor conservada y flanqueada
por dos grandes torres. Después
de cruzar el espacio que estaba reservado a los mercaderes, se accede
al primer patio, donde tocaban los músicos que saludaban las llegadas
y partidas del emperador. De
aquí se ingresaba en el palacio, donde se encuentra un amplio pabellón
rodeado de columnas, que era utilizado para las audiencias públicas.
En el centro del pabellón se encuentra el trono sobreelevado que ocupaba
Akbar para recibir al pueblo e impartir justicia. Se
llega luego a los palacios privados del emperador, donde se encuentran
los edificios más espectaculares: el Diwan-i-Khan (Sala de las Joyas),
el Dawlat-Khana (los apartamentos del emperador) y el Panch Mahal. En
el centro del palacio están los departamentos privados del emperador,
que rodean una fuente rectangular. En
el primer piso, dos salas profusamente decoradas y pintadas abrigaban
la biblioteca y las oficinas del soberano. En el primer piso se encuentra
la Cámara Real, llamada Khawabgah (lugar de los sueños), con magnificas
pinturas persas y caligrafías musulmanas. Las mujeres del emperador
venían a visitarlo atravesando un pasaje secreto que unía la habitación
con el harén. Sin
embargo, el edificio más imponente del palacio es el Panch-Mahal, un
pabellón de cinco pisos, en forma de templo budista, que culmina en
una terraza sostenida por 176 columnas esculpidas, todas con diferentes
motivos, un verdadero inventario de los estilos artísticos de la época.
Este era un lugar de descanso y de encuentros, donde el emperador posiblemente
dormía en las tórridas noches de verano, con una vista espléndida sobre
el lago y todo el palacio a sus pies. El
ala oeste del palacio estaba reservada para las mujeres y comprende
varios edificios, como el harén, la residencia de las reinas madres
y el palacio de Mariam, donde vivía la madre de Akbar. En el harén vivían
una 300 esposas en pequeños cuartos que rodeaban un patio interior.
Algunas preferidas y, sobre todo, Jodhai- Bai, madre de sus hijos, tenían
lujosos palacios privados. Esta
ciudad fabulosa, con sus palacios, mezquita y jardines, conoció una
gloria efímera. Sólo 15 años después de su construcción fue abandonada
por la corte de Akbar dejando solos a los descendientes de Salim Chisti
y vacíos los palacios de arenisca roja. ¿Fue
el agotamiento de las napas de agua? ¿La imposibilidad de mantener dos
cortes, ésta y Agra? ¿Motivos políticos que llevaron al emperador a
instalarse al norte de la India? La razón del abandono de la ciudad
queda en una nebulosa, que envuelve al visitante cuando entra en esta
ciudadela de cuentos de Las mil y una noches. Ofrendas La
mezquita mayor, Jama Masjid, fue construida en 1572 sobre el modelo
de la mezquita de La Meca y puede acoger a más de 10.000 fieles. Por
la puerta occidental se ingresa en una inmensa sala de plegarias decorada
con pinturas persas. En
el ángulo norte se encuentra la tumba de Shakh Salim Chisti, que data
de 1580 y es la única construcción totalmente en mármol blanco de Fatephur
Sikri. La
fila de peregrinos que visitan la tumba es incesante, dejando ofrendas
de flores e incienso, o nudos de lana aquellos que piden por el nacimiento
de un hijo. Más vale prevenir Cuando
se viaja hacia zonas tropicales, la profilaxis es fundamental para evitar
inconvenientes de salud. Aunque en la India la fiebre amarilla no es
endémica y tampoco hay brotes en este momento, se recomienda la aplicación
de la vacuna. Se
sugiere tomar la medicación para prevenir el paludismo. La droga indicada
para esta zona es la mefloquina 250 miligramos. Se toma una pastilla
por semana, una semana antes del viaje, durante el mismo y cuatro semanas
después del regreso. También se recomienda la aplicación de las vacunas
contra la meningitis, la fiebre tifoidea, la hepatitis A y B, y un refuerzo
de la poliomielitis, porque en algunas zonas del país se puede contraer
la enfermedad. Es importante recordar que cada persona necesita un asesoramiento
personalizado. Las
prevenciones que no hay que olvidar al llegar son: ingerir solamente
agua mineral y alimentos cocidos. Para
evitar las picaduras de insectos, portadores de muchas enfermedades,
hay que usar repelentes, rociar el lugar donde se duerme con permetrina,
usar ropa clara, evitar el uso de perfume y restringir las salidas al
aire libre desde que anochece hasta que amanece. Se
puede obtener asesoramiento en la Dirección de Sanidad y Fronteras,
Av. Huergo 690 (4343-1190), todos los días, de 15 a 16. Se aplica en
forma oficial la vacuna contra la fiebre amarilla. Fuente La Nación, febrero 2000 |
| Datos
útiles El
pasaje aéreo desde Buenos Aires hasta Nueva Delhi cuesta alrededor
de 1500 dólares, ida y vuelta, con tasas e impuestos. Alojamiento
Entre
los hoteles cinco estrellas se destaca la cadena Taj, con establecimientos
en casi todo el país, entre 180 y 220 dólares. Los hoteles cuatro
estrellas rondan los 80, mientras que los tres estrellas cuestan cerca
de 40. También
hay otras opciones muy económicas (albergues desde 2 dólares) para
los viajeros de bajo presupuesto. Comidas
La
comida es bastante barata, se puede almorzar muy bien por unos 10
dólares, con cerveza. Los vinos son caros y no se encuentran en todos
los restaurantes. La comida es muy sabrosa, pero picante para nuestro
gusto. Muchos restaurantes son vegetarianos, ya que los hinduistas
deberían respetar ese régimen. A los valores que figuran en los menús
hay que agregar un impuesto que varía entre 12 y 20%. Más
información Oficina de Turismo de la India, Córdoba 950 9 P, de lunes a viernes, de 9 a 13.30 y de 14 a 17.30; 4326-5391. |
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