Palacio de Versalles

Los Pirineos

Louvre

 

Recorridos temáticos más allá de París

Para los que ya visitaron la Ciudad Luz, comieron los quesos más sabrosos, recorrieron el Louvre y se sacaron una foto en la Torre Eiffel, este país también tiene una faceta desconocida, con curiosidades que sorprenden a los viajeros más exigentes: son castillos, paradas gastronómicas, sitios científicos, museos insólitos y paisajes que inauguran un circuito diferente en el que la clave es, como se dice allí: suivez le guide! (sigan al guía)

La arquitectura

Las obras arquitectónicas no son patrimonio exclusivo de París. En muchas regiones hay conjuntos de inestimable valor, como los monumentos romanos que se levantan en la Provenza, o de líneas futuristas, como el Futuroscope de Poitiers o la Maison Carrée (Casa Cuadrada) de N"mes. Y si no hay monumentos imponentes, queda el encanto de lo pequeño: un pueblo bien preservado, una casa típica o el estilo de cada región.

Un acueducto romano

El Pont du Gard es una de las maravillas del mundo romano que se encuentra en Provenza, donde están las obras romanas mejor conservadas. Este puente es, en realidad, un acueducto increíblemente intacto, considerado como uno de los testimonios más importantes de su tiempo.

La masa de piedra se levanta sobre el valle del Gardon desde el 19 a.C. Formaba parte de un complejo acueducto que llevaba aguas desde los manantiales naturales de la actual Uzés hasta la ciudad romana de N"mes. A lo largo de más de 50 kilómetros se construyó una infraestructuras hidráulica para llevar 20 millones de litros diarios hacia una de las principales ciudades de la Galia romana.

El tramo más imponente conserva su altura original, de más de 48 metros, y una longitud de 275 metros. Por la parte superior se transportaba el agua, mientras los dos niveles inferiores se usaban para el desplazamiento humano. Después de ser abandonado, el acueducto se deterioró y en muchos de sus tramos las piedras fueron desmontadas y utilizadas para otras construcciones.

Castillo de Montecristo

En Port Marly, en las afueras de París, se acaba de abrir a los visitantes una obra sorprendente. Sobre una colina que domina el Sena se levantan, frente a frente, un castillo renacentista y un pabellón gótico. La obra arquitectónica hace honor a la obra literaria de su creador, Alejandro Dumas. Se dice que fue así la entrevista entre el novelista y el arquitecto encargado de la construcción de su residencia, alrededor de 1840: "Usted me dibujará aquí un parque a la inglesa, en medio del cual quiero un castillo estilo Renacimiento, y enfrente de éste quiero una mansión gótica. En este terreno hay fuentes, de modo que me las transformará en cascadas".

Así el 27 de julio de 1847, escritores y personajes de mundo se encontraron delante de las rejas del castillo de Montecristo, marcadas con las iniciales AD. Dumas esperaba 50 invitados, pero fueron más de 600 los que llegaron para ver la obra más increíble de la época. En la puerta principal se lee la divisa del dueño de casa: J'aime qui m'aime (quiero a quien me quiere).

Sobre cada ventana se dispusieron esculturas de sus autores preferidos: Shakespeare, Corneille, Homero, Virgilio, Chateaubriand. Y en la fachada del edificio secundario se grabaron los títulos de 88 novelas escritas por Dumas. El excéntrico escritor no vivió mucho en Montecristo, en 1848 tuvo que venderlo. El castillo se salvó de la destrucción gracias a un proyecto de la ciudad de Port Marly.

Una iglesia en el mar

El Valle de Charente es la tierra de las iglesias románicas. La de Talmont fue construida en los tiempos en que dominaba ese estilo, entre los siglos X y XII, en la orilla del acantilado que mira al río Gironde. Su encanto procede tanto de esta singular ubicación como de su silueta. La iglesia que fue fortificada en el siglo XIV, guarda en su interior obras de arte sacro que seguramente fueron testigos de las oraciones de los peregrinos que hacían un alto antes de seguir su ruta hacia Santiago de Compostela.

El Faro del Fin de Europa

La isla de Ouessant es un pedazo de Patagonia en el Atlántico Norte. En sus límites viven apenas mil personas, que recuerdan a los marineros desaparecidos en naufragios. Por su tamaño, cuatro kilómetros por siete, no se permiten autos en la isla. Los visitantes se desplazan con bicicleta, siguiendo los caminos de ovejas.

El mayor atractivo es un enorme faro, el Créac'h que, junto con otro en Cornualles, Inglaterra, indica la entrada de la Mancha a más de 50.000 barcos por año. Tiene dos niveles de ópticas y sus luces se ven a más de 150 kilómetros. Este edificio alberga también un museo que muestra la historia de los faros desde la Antigüedad hasta hoy.

Arquitectura

Pont du Gard: turismo de Nimes, 6 rue Auguste Conte.

Castillo de Monte Cristo: Oficina de Turismo de Port Marly, 1 Av. Du Président Kennedy, F-78560 Port-Marly.

Iglesia de Talmont: está abierta todos los días. Oficina de Turismo, F-17120.

Faro de Créac'h: se llega a Ouessant por barco desde Brest. Oficina de Turismo de Ouessant, place de l'Eglise.

Gastronomía

Cognac: Oficina de Turismo, 16 rue du 14 Juillet, F-16100.

Foie-Gras: restaurante CroMagnon, Route de Périgueux, 24620 Les-Eyzies-de-Tayac (alrededor de 80 dólares por persona).

Champagne: la Oficina de Turismo: 7, avenue de Champagne, F-51300 Epernay.

Limoux: Oficina de Turismo, promenade du Tivoli, F-11300.

Marennes: restaurante Le Cayenne, 5 rue de Martyrs, F-17320. El restaurante tiene un museo artesanal de ostricultura.

Gastronomía

Las ostras de Marennes

Los franceses no se cansan de repetirlo: Francia es el país donde mejor se come en todo el mundo. Si bien siempre hay expertos -o no tanto- que quieren demostrar lo contrario, la gran mayoría de los turistas concuerda en que, entre sus paisajes, su arte y su indiscutible art de vivre, las mesas francesas son el punto culminante de cualquier itinerario. Por supuesto están los famosos quesos, los no menos célebres vinos, las ostras y el foie gras. Y junto a ellos hay una multitud de platos típicos o regionales, y recetas milenarias que, como los buenos vinos, mejoran con el tiempo.

Desde hace un par de años, incluso se puso de moda en Francia revivir las recetas de otras épocas. No es extraño, durante un viaje por las regiones más recónditas, toparse con algunas fiestas locales en las cuales se organizan refinadas cenas como en la corte de los reyes del Renacimiento, o bien populares y abundantes festines medievales, con mesas para varias decenas de personas.

Su majestad, el coñac

Se dice que Coñac es una de las ciudades más ricas del mundo. Esta prosperidad se debe a la producción y comercialización de la bebida espirituosa bautizada con el nombre de la ciudad. Sin embargo, tal vez sorprenda encontrarse con una localidad más bien pequeña, en lugar de una urbe ostentosa. Sucede que los charentais (habitantes de la región de Coñac y Angoulme) tienen en realidad la reputación de ser muy discretos. No en vano el rasgo más relevante de la arquitectura de la región es la gran pared y el pesado portón que protege las granjas y residencias. La riqueza se guarda para los interiores y no para el exterior. Las familias viven de la fabricación del aguardiente, que abarca actividades tan diversas como el cultivo de las viñas, la impresión de etiquetas y la exportación de las botellas.

Cognac hace un leve signo de ostentación únicamente en su castillo, y recuerda con orgullo que allí nació uno de los más queridos reyes de Francia: Francisco I. Hoy, el castillo es propiedad de una bodega y se puede recorrer en una visita que combina, curiosamente, la historia con el proceso de fabricación del coñac. En una visita a una bodega, se podrá apreciar el proceso de doble destilación y de almacenamiento en toneles de castaños del Limousin, que le dan su color rojizo y hacen del coñac una bebida única. Para comprobar que tanto tiempo no arruinó al coñac, sin duda el 31 de diciembre próximo unas cuantas de estas botellas van a destaparse para celebrar el nuevo milenio: para probarlas, sólo hay que pagar el precio indicado, que puede ascender a una cifra de cuatro ceros...

Esto es foie gras

En las mesas compartidas entre franceses y argentinos, suele aparecer la discusión sobre las diferencias entre el foie gras y el p‰té. Diferencia que se puede explicar en términos sencillos si se piensa que el foie gras es al p‰té y otros rillettes, grillons y terrines lo que el Rolls Royce es al Fiat 600.

El foie gras es uno de los símbolos del Périgord, junto con las trufas y el hombre de Cro-Magnon.

Nació en una región de mesetas cortadas por el profundo y ancho valle del río Dordogne, cubiertas de bosques de castaños. A orillas de este río, algunos hombres dieron un paso más hacia la civilización hace miles de años: se los conoce con el nombre genérico de hombres de Cro-Magnon por el sitio donde fueron hallados los huesos y utensilios de esta cultura- para diferenciarlos de los más primitivos hombres de Neanderthal.

Manadas de ocas, que se cuentan por centenares, viven en los campos y se suman a los caballos, vacas y ovejas. Su tiempo de gloria es el verano, cuando son sobrealimentadas y puestas en semi-libertad. Pero a medida que se acercan las fiestas de fin de año, su número se reduce drásticamente, ya que el foiegras es uno de los principales componentes de toda mesa de réveillon (la cena posterior a la misa del gallo) que se respete. Junto con las trufas, las castañas, las nueces y el armagnac (el aguardiente más caro y raro del mundo, producido más al Sur) son los ingredientes de las mejores mesas de la región.

Un vino efervescente

En Limoux, algunos rasgos de la arquitectura muestran la cercanía del Mediterráneo y de Cataluña. Sus plazas tienen recovas que sirven cada año como pista de baile para los fécos, los seguidores del Carnaval. El de Limoux es imperdible: es el más célebre de los Pirineos, y se celebra cada fin de semana de febrero y marzo.

Sin embargo, Limoux es más conocido por la blanquette, un vino que sería algo así como un champagne del sol y del Sur.

La blanquette es un vino efervescente, más antiguo que el champagne, pero que adoptó posteriormente su método de fermentación. El viñedo de Limoux se encuentra a orillas del viñedo de las Corbiéres, que produce vino tinto de denominación controlada.

Pero como tiene uno de los rendimientos más bajos de Francia, la blanquette no es tan difundida como otros productos, a pesar de ser muy buscado por los aficionados y de gozar de un gran prestigio entre todos los vinos regionales.

Aude, departamento al que pertenece Limoux, es el segundo productor de vino del país. Además de la blanquette, que es superior a todos los otros, produce el vino de Corbiéres, protegido por dos denominaciones de origen controlado, y el Carcassés, un viñedo de escaso tamaño que produce vino tinto. A esos cuatro viñedos se agrega una enorme producción de vino de mesa, que representa más de la mitad de las plantaciones de vides de Aude.

Las ostras de Marennes

La costa de Charente Maritime sin duda pronto se pondrá muy de moda por estas pampas. ¿Quién no quiere ver al famoso Fort Boyard que surge compacto sobre las aguas del Atlántico? El antiguo fuerte se encuentra allí, a minutos de lancha desde las islas d e Ré y Oléron.

Para conocer un poco más de las mesas de las Charentes (hay un solo río con este nombre, pero hay dos Charentes administrativamente), no hay que perderse una visita a Marennes. En realidad este lugar, que tiene como único atractivo un lindo panorama sobre la costa atlántica desde el campanario de la iglesia, suele visitarse sobre todo con fines gastronómicos. Su nombre está unido al de las mejores ostras de Europa: las finas claras de Marennes, como se las conoce, figuran en todos los menús de cierta clase.

La costa de Marennes se distingue por los colores vivos de las cabañitas de madera de los ostricultores. Cuando baja la marea, el mar descubre los parques en donde se crían las ostras, que le dan a la ciudad un ritmo singular marcado por sus cultivos y criaderos. Vale recordar que allí se produce más de la mitad de las ostras de Francia. Para acompañarlas, se recomienda en todas las mesas de Marennes el sorprendente Pineau des Charentes, un vino aperitivo muy frutado, que se elabora con los elementos que han sido descartados para la fabricación del coñac.

Ciencia e industria

Con el surgimiento de la arqueología industrial, en estos últimos años se afirmó la tendencia del turismo en sitios industriales o asociados a las ciencias. No sólo se visitan fábricas, sino que se arman parques temáticos, como la Cité des Sciences et de l'Industrie en La Villette, al norte de París.

Además se visitan sitios industriales del pasado, como las minas de carbón abandonadas y transformadas en museo. También es posible conocer fábricas donde se desarrollan industrias de punta, como los talleres de ensamblado de aviones en Toulouse. Esta alternativa abre el mundo del trabajo al turismo y permite salvar de la destrucción los vestigios de los primeros tiempos de la era industrial.

Un castillo y una represa

Al sur de Limoges, que merecería una nota por sus talleres de esmaltado y porcelanas, se encuentra un lugar de serena belleza. Entre las montañas, un castillo levanta orgullosamente sus torres y su masa compacta y cuadrada frente a un espejo de aguas transparentes. Lo que no se puede suponer es que el castillo estaba en otras épocas sobre una colina, y que su función era vigilar un valle. En realidad, el lago es artificial y fue creado por una represa, que inundó el valle dejando al castillo a nivel del agua. Cada varios años, se vacía la represa para obras de mantenimiento, y los pueblitos del fondo del valle dejan su fantasmagórica y siniestra vida subacuática para mostrarse a los visitantes, que no dudan en darse cita en cada una de estas ocasiones. Otra curiosidad de la región es una pared de lava de cien metros de altura, extendida a lo largo de dos kilómetros, que tiene forma de tubos de órgano yuxtapuestos, y que dio su nombre al lugar: Bort les Orgues.

La represa utiliza las aguas del Rhue, que fue canalizado bajo tierra y desviado más de trece kilómetros para alimentar la represa y su central hidroeléctrica. Esta central se descubre por medio de una visita que baja hacia las entrañas de la roca; además se proyecta una película sobre el uso de la cuenca del Dordogne, un río del sudoeste de Francia, muy importante para la producción eléctrica.

La Capital del Acordeón

Si no es francés de nacimiento, el acordeón es el instrumento más asociado con la música francesa. No se pueden imaginar los bailes del 14 de Julio sin él, que atravesó todas las épocas y todas las modas, desde las canciones de cabaret de principios de siglo hasta los rockeros y grupos de fusión actuales.

Una de las más prestigiosas marcas de acordeones es Maugein Fréres, fundada en 1919 y la más antigua de Francia. Su fábrica está en Tulle, la pequeña y tranquila capital administrativa del departamento de Corréze (un poco más conocido desde la elección de Jacques Chirac), donde se pueden visitar los talleres de ebanistería y ensamblado para reconstruir las etapas de la fabricación del instrumento. Primero se ve la construcción de las cajas en madera, luego el fuelle (con cartón plegado), y el armado y unión de estas piezas con el resto de los elementos que conforman el instrumento.

Los más fanáticos pueden visitar el Museo de Tulle, que ofrece una interesante colección y recuerda que la región contaba con varias fábricas a principios de siglo, por lo que se llamó Capital del Acordeón.

Un observatorio en la cumbre

La región de Bigorre, en los Pirineos, es muy popular y de antigua tradición turística. Hace más de dos siglos Madame de Maintenon, la segunda esposa de Luis XIV, se hacía trasladar en sillas, a hombros de sufridos portadores, hasta las aguas termales de la región. A pesar de tener montañas ricas en fauna y en flora (entre ellas el Néouvielle y su parque nacional, refugio de los últimos urogallos, osos y gamuzas de los Pirineos franceses) y una gran cantidad de estaciones de esquí, la Bigorre está siempre asociada con una sola montaña, el pico del Midi de Bigorre.

No es el más alto de los picos de los Pirineos, ya que por poco no llega a los 3000 metros. Es más bien su silueta destacada entre las montañas, que le da su carácter imponente. Se llega hasta allí por la ruta del famoso paso de Tourmalet, que cada año es la pesadilla de los ciclistas del Tour de France.

En esta cumbre está el Observatorio y el Instituto de Física del Globo del Pico del Midi, una de las principales estaciones científicas de altura del mundo, que funciona desde 1882 y es a la vez una estación de meteorología y un observatorio astronómico. Allí se dieron importantes pasos de la astronomía, como la invención del coronógrafo en 1930, que permitió el estudio de la corona solar.

El monje que inventó el champagne

Reims es la ciudad más grande y conocida de la región de Champagne, pero Epernay está en el corazón mismo del viñedo que produce una de las bebidas símbolo de Francia. Con poco más de 25.000 habitantes, la ciudad vive de la vitivinicultura y le disputa a Cognac el título de la localidad con los más altos ingresos per cápita de Francia. Y como en Cognac no hay indicios que dejen trarslucir tales riquezas. Su interés turístico reside en la producción del famoso champagne.Y antes de destaparlo, Epernay bien merecería una pequeña visita.

La región le debe su riqueza a un monje, Dom Pérignon, que supo transformar un humilde vino en la más exquisita de las bebidas. La base del secreto es la doble fermentación que le da su efervescencia, y en los túneles subterráneos de Epernay, donde existe la temperatura ideal para su añejamiento. Bajo la ciudad está su riqueza. Allí, en cuevas talladas en el suelo de tiza y roca calcárea, millones de botellas preparan con aplicación y tranquilidad su futura efervescencia. Todas las casas rivalizan a la hora de armar visitas, en las que se pone en juego el prestigio y la fuerza económica de cada firma. Así es que en Epernay se puede visitar mucho, probar otro tanto, y descubrir que la ciudad vive únicamente por y para el champagne.

Mo‘t et Chandon, una casa fundada en 1743, tiene más de 25 kilómetros de galerías por debajo de Epernay. Una pequeña porción está abierta a las visitas. Sobre la misma calle, la bodega Mercier, tan famosa como tradicional, construyó un tren para hacer visitar sus instalaciones y muestra un foudre (un tonel grande) de tamaño fuera de serie, construido para la exposición universal de 1889. Este gigantesco barril puede contener más de 200.000 litros de champagne: más que suficiente para los festejos de Año Nuevo, aunque sean tan especiales como los del 2000.

El heliógrafo de Nicéphore Niepce

Pasó con la fotografía lo que tiempo después pasaría con el cine. Se inventó en Francia, pero se volvió una industria masiva en Estados Unidos. Los franceses se tienen que consolar, por lo tanto, con la gloria de los tiempos heroicos de las primeras fotos. Para verlo hay que ir a Borgoña, una región de vinos y de abadías (dos temas que hasta la Revolución iban siempre a la par).

En la ciudad de Chalon sur Sa™ne se encuentra el Museo Nicéphore Niepce, nombre del inventor de la foto, un hijo de la región. Con semejante nombre, era de imaginar que a este hombre le esperaba un ilustre destino. Entró en la historia, en 1816, con la invención del heliógrafo, el ancestro de la fotografía. Ese fue el primer aparato que permitió tomar una imagen sin recurrir al dibujo o a la pintura.

En el Museo de la Foto de Chalons se encuentran, por supuesto, el heliógrafo y sus producciones, pero también una interesante colección de 400 máquinas que muestran la evolución de la tecnología en casi dos siglos. Entre los elementos principales de la colección: algunos daguerrotipos, fotografías en relieve y los primeros aparatos para fotografía microscópica: los Dragon, de 1860.

Como para sacarse una foto al lado...

Curioso e insólito

Datos útiles

En estos tiempos es frecuente buscar destinos curiosos o monumentos extravagantes. Siempre se busca un poco más de lo que hasta hace pocos años se consideraba suficiente.

En Francia, esta tendencia también se observa y son legión las guías de turismo que prometen un país exótico con cocinas de otros continentes a la vuelta de la esquina, muestras y tradiciones extrañas en el pueblo de al lado.

Hay una multitud de agencias que llevan a los turistas a descubrir bisontes en las praderas del Limousin, a practicar deportes cada vez más arriesgados en los rápidos del Tarn en el Sur, o bien a ver las increíbles construcciones levantadas por alcaldes deseosos de hacer entrar a los 150 habitantes de su Comuna en algún libro de récords.

Es así que en el departamento de las Deux Sévres, cerca de Niort (oeste de Francia), un pueblo de tamaño familiar que no tenía nada -ni hombre célebre, ni batalla heroica, ni tradición curiosa, ni construcción que valiera la pena- decidió simplemente declararse el ombligo del mundo. Encargaron entonces un enorme monolito-ombligo que expusieron en la plaza del pueblo, y desde hace un par de años, gracias a un programa especial de la televisión francesa, se sentaron a esperar a los primeros turistas en busca de algo insólito.

Un castillo medieval

En Europa, visitar un castillo medieval es casi una formalidad. ¿Por qué presentar uno más entonces? Es que aquí se puede aplicar perfectamente la palabra insólito: el castillo medieval de Guédélon se está construyendo ahora, a fines de siglo XX.

Se trata de la única oportunidad de presenciar una obra medieval, de toparse con el lento ritmo de trabajo de los artesanos que levantaron castillos y catedrales sobre la base de un minucioso trabajo. En el bosque de Guédélon, al este de París, se tallan apenas tres bloques de piedra por día. Es que el castillo se está construyendo no sólo con las técnicas del Medievo, sino también con las herramientas de la época.

¿Por qué siempre restaurar castillos, en lugar de alguna vez levantar uno con las mismas técnicas? Esta apuesta se está corporizando poco a poco en Guédélon, entre Auxerre y Avallon. Comenzó con inversiones privadas en 1997, para luego poder vivir gracias a las entradas pagadas por los 100.000 visitantes que recibió el año último. El sitio emplea a más de 30 personas por año, y más que una obra es un libro de historia a cielo abierto, un viaje al siglo XIII, en el cual se desarrollan diecisiete profesiones que hacen como única concesión a los tiempos modernos la compra de cal y cáñamo.

El pueblo más alto

Un proverbio de Saint Véran dice que allí "las gallinas picotean las estrellas". Bien podría ser, en los dos sentidos. Por un lado Saint Véran, ubicado a más de 1990 metros de altura, es el pueblo más elevado de Europa, y por otra parte, su clima y su aislamiento llevaron a varias personalidades en busca de una segunda residencia alejada del mundanal ruido.

Saint-Véran tiene una población de 270 habitantes, y un promedio de 300 días de sol por año. Se encuentra a 90 kilómetros de Niza, y si bien se afirma que desde arriba hay una hermosa vista al mar, en realidad -a pesar de su altura y de su cercanía- haría falta sacar del medio unas cuantas cumbres para tener una vista semejante.

El pueblo es el punto de partida de turismo aventura tanto en invierno (allí fueron instalados los primeros medios de elevación mecánicos de Francia en 1935) como en verano (haciendo trekking en las montañas hasta la frontera italiana, por un paso a 3211 metros de altura, y caminatas durante las cuales es posible cruzarse con linces, gamuzas y urogallos).

Minas de Carlomagno

En Melle, cerca de Poitiers, funcionaron las más antiguas minas metalúrgicas de Europa, y la región tiene todavía muchas vetas de galena argentífera, cuyo tenor en plata es escaso (apenas un tres por ciento del mineral), pero justificó la creación y explotación de minas durante 500 años, entre los siglos III y el IX. Carlomagno incluso ordenó la construcción, en las afueras de esta mina, de un taller donde se acuñaban las monedas de su tesoro.

En total fueron 20 kilómetros excavados en el subsuelo en busca de plata. Hoy, sin embargo, se pueden visitar sólo los 350 metros que fueron acondicionados para el turismo. Una reconstrucción sonora da una idea de las condiciones de trabajo de los mineros, y dos hornos muestran los pasos para obtener la plata. La visita se completa con un paseo por una huerta merovingia en la cual se cultiva la garroite (ancestro de la zanahoria, que los galo-romanos comían en mermelada), y con un episodio de búsqueda del tesoro en la ciudad vecina de Charroux, donde se dice que el propio Carlomagno habría enterrado parte del tesoro conseguido tras sus luchas contra los moros en España.

La ciudad del caballo

El nombre de Pompadour está asociado a la favorita de Luis XV, pero en realidad madame Poisson (así era su nombre poco elegante, ya que poisson significa pescado) tomó ese nombre después de haber recibido el castillo y el título de marquesa que le regaló el rey. La cortesana usó el nombre, pero poco el castillo, por lo cual no hay que esperar recuerdos de su paso por Pompadour. Por el contrario, la ciudad vive al ritmo de los caballos desde la creación de los Haras Nacionales en 1761: Pompadour fue además la cuna de la raza anglo-árabe, que seduce desde el siglo pasado a criadores y jinetes de todo el mundo.

Un desierto en Burdeos

Al sur de Burdeos, sobre la boca sur del Basssin d'Arcachon -un puerto natural que forma el mar al adentrarse en las landas- se levanta una impresionante masa de arena. Se trata de la duna de Pilat (o Pyla, según algunas guías, ya que se confunden a menudo los pueblos vecinos de Pilat-Plage y Pyla-sur-Mer). Al igual que las dunas del Sahara, esta formidable masa de arena blanca se eleva a más de 114 metros, mide casi tres kilómetros de longitud frente al mar y tiene medio kilómetro de ancho. Se formó naturalmente por la acción conjunta de las corrientes de agua entre el mar y el Bassin, y los vientos.

La duna está en perpetuo movimiento, y se trata de estabilizarla mediante la plantación de pinos en la base de su lado terrestre. Por el Oeste alcanza el mar por una pendiente suave, mientras que del Este forma como una muralla de arenas que domina el bosque de pinos. Se la puede escalar, como en los desiertos, abriéndose camino por las pendientes movedizas de arena o por una escalera de material. Las vistas del atardecer sobre el Atlántico desde allí arriba son un verdadero espectáculo, lo mismo que los amaneceres sobre los bosques de pinos.

Frente a la duna, entre el mar abierto y la boca del Bassin, lenguas de arena apenas lamidas por las olas del mar forman el Banc d'Arguin, un paraíso para las aves marinas que lo utilizan como refugio. En este lugar se pueden observar miles de gaviotas y otras aves marinas.

Datos útiles

Ciencia e industrias

Bort les Orgues: la represa se puede visitar todos los días. Informes: Barrage, F-19110.

Maugein-Fréres: informes, en el museo, F-19000 Tulle.

Museo Nicéphore Niepce: todos los días, menos los martes.

Météo-France: se visita sólo en verano. Informes, F-65200 Bagnéres-de-Bigorre.

Curiosidades

Guédélon: informes en Auxerre, 1 Quai de la République, F-89000.

Saint-Véran: el pueblo está en el Parque Natural del Queyras, informes, BP 3, F-05600 Guillestre.

Minas de Carlomagno: abiertas todos los días. Mines d'Argent des Rois Francs, rue du Pré-du-Gué, Melle.

Pompadour: el Instituto del Caballo, abierto todos los días.

Duna Pilat: informes, Esplanade Pompidou, Arcachon.

Fuente La Nación, octubre 1999

 

Datos útiles

Aéreo

El pasaje aéreo desde Buenos Aires hasta París (ida y vuelta) cuesta aproximadamente 900 dólares.

Alojamiento

Una habitación doble en un hotel 2 estrellas cuesta entre 40 y 60 dólares; alrededor de 80, en un 3 estrellas, y hasta 150, en un cuatro estrellas.

Alquiler de autos

El alquiler de un auto mediano cuesta 445 dólares por semana, con seguro e impuestos.

Más información

La Maison de la France, 4345-0664.

Copyright© 2000 - 2004 ALL RIGHTS RESERVED TO MPEREYRAROBLES® - webmaster -

1