La vida en Copenhague, Oslo, Estocolmo y Helsinki discurre entre un rico patrimonio y bellos lugares

Nadie puede dejar de asombrarse con el arte y la cultura expuestos en estas magníficas ciudades

Estas prometen historias a lo grande y la hospitalidad de su gente

ESTOCOLMO.-Las cuatro capitales nórdicas -Copenhague, Oslo, Estocolmo y Helsinki- comparten la cercanía geográfica y una historia marcada por el sello vikingo. Pero son tan distintas como sólo pueden serlo capitales de países tan vecinos: cada una con su identidad, forman un curioso rosario de tradición y modernidad típicamente escandinavo.

Para un habitante del Río de la Plata hay tan pocas razones para comprender que Escandinavia esté dividida en varios países como para un escandinavo entender la existencia de diferencias entre Uruguay y la Argentina.

Desde los prismáticos de la lejanía, se uniforman los idiomas, las costumbres y los paisajes, para fundirse todo en el habitual cliché que uno tiene sobre el norte de Europa: descendientes de vikingos que repiten cada fin de semana el extraño ritual de emborracharse para olvidar el frío polar, y los únicos en el mundo que pueden entender las películas de Bergman sin subtítulos.

Un mundo

En realidad hay un mundo entre Finlandia y Dinamarca, los dos extremos de la Escandinavia continental (que se puede extender por el Atlántico Norte hacia Islandia, las islas Feroe e incluso Groenlandia).

Escandinavia tiene el Consejo Nórdico: cuatro naciones vikingas -Noruega, Dinamarca, Suecia e Islandia- más una, Finlandia. Este país es el vecino invitado, una especie de Rusia en la cumbre del G7, que con esa nación se transforma en G8.

En realidad, además de su bandera -una cruz celeste sobre fondo blanco, que repite el diseño de la cruz nórdica que se encuentra en todas las banderas de la región-, Finlandia mereció el derecho a ser considerada una nación escandinava por su importante minoría de habla sueca (un 10 por ciento de la población), una provincia autónoma exclusivamente escandinava (las islas Aland) y el largo período pasado bajo dominio sueco.

También comparte las mismas fiebres del sábado por la noche, cuando el koskenkorva vodka y el brennivin o bränvinn (es decir, todo lo que el hombre puede destilar) alegran a los callados descendientes de los vikingos y ponen calor en las frías noches de sus largos inviernos. Como resultado, comparte también el curioso sistema de monopolio estatal para la venta de bebidas alcohólicas, los systembolag.

La liberación de la venta de cerveza en los bares y restaurantes todavía está muy fresca y se recuerda con vigor con cada trago entre Reikiavik y Helsinki.

Mucho más significativo es saber que con menos de diez millones de habitantes por país (Suecia es el más poblado, con casi nueve millones), e idiomas que sólo ellos hablan en el mundo (aunque existen algunos grupos de admiradores de las sagas que practican el antiguo nórdico en facultades de Europa y América del Norte, o intelectuales como Borges que podían leer islandés), son cuna de una cultura que puede contarse entre las más ricas del planeta.

Con el término genérico de cultura escandinava se puede encontrar personalidades desde Henrik Ibsen, un precursor del teatro moderno, hasta Lasse Halström, uno de los cineastas más apreciados actualmente en Hollywood...

En el medio están Astrid Lindgren, la creadora del personaje infantil Pippi Mediaslargas; el arquitecto Alvar Aalto; Linus Thorvald, el creador del sistema de computación Linux; el pintor Edvard Munch; el escritor Hans Christian Andersen... Y esto que no nos extenderemos sobre ABBA, los Beatles pop de los años 70... ¡Mamma mía!

Aunque las discotecas de Estocolmo estén a la vanguardia de la música pop y bailable de Europa (de ahí salieron Ace of Base, Dr. Alban, A-Teens), el verdadero furor se vive en los barcos que van y vienen por el Báltico.

El recorrido tradicional es la conexión Estocolmo-Helsinki, un viaje de menos de 12 horas, sobre barcos que son a la vez ciudades en miniatura y free-shops donde se veneran tanto el karaoke como el vodka. Es una experiencia inolvidable para el que quiera iniciarse en el canto de un tango en finlandés, comer regaliz (lakrits) en bolsas de un kilo o pasear en un centro comercial flotante.

También se pueden hacer paseos por el archipiélago. El servicio de barcos funciona durante todo el año, aunque hay más salidas durante el verano. Antes de volver a tierra firme, si es que eso existe en Estocolmo, hay que visitar por lo menos el Museo Nórdico, que traza en una de sus salas la evolución del modelo sueco y Skansen, el museo al aire libre más antiguo del mundo. Fundado a fines del siglo XIX, incluye un zoológico.

Estocolmo, íntima y cosmopolita

La llaman la Venecia nórdica y su particularidad son las callecitas medievales

Museos y grandes monumentos para conocer

La ciudad, rodeada de canales, es ideal para pescar salmones y navegar

El cine de Bergman conquista el mundo

ESTOCOLMO.- Esta es la gran ciudad de Escandinavia, la capital cultural que sabe venderse a sí misma con prodigiosa facilidad. Supo producir éxitos masivos como ABBA y Roxette, así como el cine de Bergman que está más difundido que el de cualquier otro cineasta nórdico. La fama de la belleza de las chicas suecas causa estragos en el resto del mundo.

Lo cierto es que los suecos alimentan con su complejo de superioridad el complejo de inferioridad de sus vecinos, y mientras tanto se dedican a disfrutar de una de las ciudades indiscutiblemente más bellas de Europa del Norte.

Estocolmo se hizo fama de Venecia nórdica, y aunque hay muchas distancias que salvar con la romántica ciudad italiana, esta capital levantada sobre 14 islas e islotes permite, por ejemplo, pescar tranquilamente salmones en los canales. Algo que Venecia jamás soñó.

Lo más pintoresco de Estocolmo es Gamla Stan, la ciudad vieja, el núcleo original donde se conservan las casas más antiguas, que se salvó de milagro de la piqueta de la modernidad en el siglo XIX, entre otros gracias a un defensor tan hábil como August Strindberg.

Las vidrieras de las casas de antigüedades y recuerdos rebosan de minidrakkars, de alces de peluche -el animal típico de Laponia- y de las coronas de luces que las chicas usan el Día de Santa Lucía.

A lo grande

En los bares, donde se puede parar a comer los típicos smörgåsbord -sándwiches abiertos con distintas variantes de relleno- el ambiente está siempre animado. Los turistas despliegan sus planos sobre la mesa para calcular cómo llegar a tiempo a ver el cambio de guardia en el Palacio Real (Kunglingaslottet), la Catedral (Storkyrkan) y Stortorget (es que con cierta megalomanía, como se burlan sus vecinos, para los suecos todo parece ser stor, grande).

Otro sitio para conocer es la Municipalidad, Stadshus, que esconde lujosos interiores que cada año se convierten en escenario del banquete del Nobel.

Vale la pena entrar y hacer la visita guiada que lleva hasta la Sala Dorada, de espectaculares mosaicos, así como subir los más de 100 metros de la torre principal, que deparan la mejor vista de las antiguas casas de Gamla Stan.

Como recuerdo, hay uno muy original: en el negocio de souvenirs de Stadhus se venden réplicas de la vajilla de porcelana en que se sirven los platos durante el banquete del Nobel. Para sentirse reyes. Uno de los museos para visitar es el Museo Histórico, con muchos objetos procedentes de cercanas excavaciones vikingas.

Hay que tomar el barco que lleva hasta Djurgården; esta isla-parque de atracción es el lugar preferido de los habitantes de Estocolmo para disfrutar del fin de semana, ver animales y el acuario o entrar en el Museo Vasa, dedicado a una nave de 62 metros de largo que hizo construir el rey Gustavo II en el siglo XVII.

La embarcación está perfectamente conservada: casi un milagro si se considera que estuvo hundida entre 1628 y 1956, y que fue rescatada tras ser descubierto por un buceador aficionado.

 

Datos útiles

Cómo llegar

En avión: US$ 1200
Hasta Estocolmo, de ida y vuelta, con tasas e impuestos

Alojamiento

* * * US$ 120
* * * * US$ 200
* * * * * US$ 300
Los precios son por habitación doble.

Paseo

Todos los días se realiza el cambio de guardia en el Palacio Real. De lunes a sábado, a las 12.15 y los domingos, a las 13.15.

Souvenirs

Caballitos de madera, lo tradicional. Desde 2 dólares para tamaños chicos.

También CD de pop (algunos Abba en idioma local, de antología, o las canciones de Agnetha después de Abba), velas que recuerdan la fiesta de Santa Lucía y pequeños drakkars de madera o metal.

Más información

Embajada de Suecia: Tacuarí 147. 4342-1422. Allí se puede ir a comer al smorgåsbord del Club Sueco.

Internet

http://www.stockholmtown.com

http://www.visit-sweden.com

Los suecos pisan firme en la historia

Los suecos están orgullosos del nuevo Museo de Arte Moderno, obra del español Rafael Moneo, abierto a fines de los años 90, cuando Estocolmo fue capital europea de la cultura. Pero los turistas no se pueden resistir a los museos que hablan del corazón de la historia y la cultura sueca: uno es el que está consagrado a August Strindberg, en la peatonal Drottninggatan, la calle más animada y comercial del centro (quienes paseen por aquí no podrán menos que disfrutar después, o revivir si ya los leyeron, los recuerdos de Ingmar Bergman en su autobiografía, La linterna mágica).

Esta capital, punto de partida para conocer los fiordos, es tan antigua como austera y armoniosa, pero la realeza da que hablar

Reflejo de un pueblo de vikingos que habría llegado hasta América, despierta admiración por su rico pasado

Su moderna arquitectura, un contraste acentuado

OSLO.- Todo el cosmpolitismo que se puede encontrar en Copenhague y Estocolmo parece borrarse de un plumazo en Oslo. Algo en la atmósfera de la ciudad, en el trato de su gente, la hace diferente del resto: más cerrada sobre sí misma, más vikinga.

No es una casualidad que Noruega haya elegido no ingresar en la Unión Europea, una decisión que sólo Islandia compartió entre sus vecinos nórdicos.

Los noruegos tienen conciencia también de esa diferencia, y por eso esperan que la gran fiesta de este fin de semana -cuando el príncipe heredero se case con su novia, una historia que trajo no pocas vueltas en el reino ya que la joven es madre soltera de un niño cuyo padre tiene antecedentes por tráfico de drogas- les permita desacartonar su imagen en Europa. Y para eso, ¿qué mejor que una pareja enamorada? La realeza de medio continente lo sabe, y lo explota, aunque sea tan moderada como las familias reales escandinavas, poco afectas a los escándalos comunes de ciertos principados mediterráneos...

En todo caso, será una ocasión distinta para estar bajo los reflectores: habitualmente, Oslo sólo es noticia cada diciembre cuando se entrega el Premio Nobel de la Paz.

Para recorrer a pie

Oslo, la antigua Cristiania, es una ciudad armoniosa, que conjuga con habilidad las huellas de su pasado -es la más antigua de las capitales escandinavas- con las líneas que impone la arquitectura moderna.

Aquí, las individualidades son fuertes y poco comunes las multitudes: aunque Oslo es la ciudad más grande de Noruega, tiene poco más de medio millón de habitantes, y es ideal para recorrer a pie.

Basta comparar el austero edificio de la Municipalidad (Rådhus, igual que en Copenhague, ya que los dos idiomas noruegos que existen, el nynorsk y el riksmål, deben mucho a su primo danés), decorado con mosaicos que reflejan escenas de la mitología nórdica, con la brillante elegancia de su par sueco, que cada año hospeda el banquete del Nobel, para hacerse una idea de las diferencias entre un país y otro.

La principal calle peatonal es la Karl Johans, que lleva-después de sortear negocios, cafés y músicos callejeros- a la catedral, la Oslo Domkirke. Más adelante, desemboca en el edificio amarillo del Parlamento (Stortinget) y la Eidsvollsplass, una plaza cuadrada junto al Teatro Nacional, cuyo edificio homenajea especialmente a uno de los padres de las letras noruegas: Henrik Ibsen.

Desde allí se está cerca del Museo Histórico, que traza un panorama de los antiguos tiempos vikingos, y la Galería Nacional, muy visitada porque conserva algunas de las principales obras de Edvard Munch.

Hay que tener en cuenta, al visitar estos museos, que suelen cerrar temprano, salvo un solo día (conviene consultar cuándo en las oficinas de turismo) en que la apertura se prolonga hasta el anochecer.

Cambio de guardia

La Karl Johans termina en el Palacio Real, residencia oficial de los reyes, que no está abierto al público, pero sí está rodeado de agradables parques públicos.

Al mediodía, vale la pena detenerse para cumplir con otro de los ritos que se repite con pocas variantes en todos los palacios nórdicos: el cambio de guardia.

En pleno verano, otro de los centros de atracción de Oslo es el mercado de flores, en la plaza Stortorget. Allí, una estatua de Christian IV, rey de Dinamarca y Noruega, a quien le debe su nombre la antigua Cristiania, señala con la mano derecha el lugar fundacional de la ciudad.

Un modelo reducido de la vieja capital se puede ver en el Museo de Cristiania, que ocupa una de las alas del castillo de Akerhus, en el lado este del puerto.

La visita vale la pena: de aspecto medieval por fuera, la fortaleza fue convertida en un palacio renacentista por Christian IV, y sobre todo de noche, se vuelve majestuosamente bello gracias a las iluminaciones que aligeran su masa de piedra.

 

Datos útiles

Traslados

Oslo Card: US$ 33
Pase por dos días que da entrada libre a museos, trasporte público gratuito y descuentos especiales

Alojamiento

* * * US$ 110
* * * * US$ 150
* * * * *US$ 200
Los precios son por habitación doble

Souvenirs

Los que quieran llevarse un buen recuerdo pueden comprarse unos trolls (duendes) de resina (a partir de unos 30 dólares para muñecos de unos 10 centímetros de alto). También salmón ahumado y reproducciones de objetos vikingos.

Más información

Embajada de Noruega, Esmeralda 909 (4312-1904).

Internet:

http://www.visitnorway.com

http://www.visitoslo.com

Exploradores y guerreros

Mientras los vikingos daneses se instalaron en Normandía e Inglaterra, y los suecos fueron los forjadores de los primeros reinos rusos, los noruegos exploraron el Atlántico Norte y llegaron hasta las costas de América. Los habitantes de Islandia y de las islas Feroe son primos lejanos de aquellos exploradores, que eran a la vez criadores de ovejas y temibles guerreros. En fin, vikingos. Desde la misteriosa desaparición de las colonias escandinavas de Groelandia hace cinco siglos, son los pueblos que ensancharon Europa hacia el Oeste.

Casi 200 obras de Vigeland al aire libre

OSLO.- La visita de la capital noruega debe seguir un poco fuera del centro. Uno de los lugares más famosos, casi simbólicos de Oslo, es el Parque de Esculturas de Gustav Vigeland, que reúne la mayor colección de esculturas del mundo realizadas por una sola persona. Sobre los 320.000 metros cuadrados del parque están colocadas las 192 figuras modeladas por Vigeland, todas en torno del ser humano, visto en las diversas etapas que van desde el nacimiento hasta la muerte.

En el centro, decenas de hombres y mujeres entrelazados forman la escultura conocida como El monolito, síntesis de las angustias, expectativas y logros de la vida humana en la forma de una columna que busca el cielo.

Barcos en tierra firme

No puede menos que contrastar con esta inmersión en el arte del siglo XX la visita a Vigd¿y, la península cercana a Oslo donde se encuentran algunos de los lugares que por ningún motivo hay que dejar de ver durante una visita. Primero, el Museo de los Barcos Vikingos, donde se conservan tres embarcaciones recuperadas en la región del fiordo de Oslo. Con sus serpientes y dragones tallados en madera, y una extensión de 21 metros que requería la fuerza de 30 personas en los remos, sobresale el estilizado drakkar de Oseberg.

Muy cerca está el museo dedicado a la balsa Kon Tiki, con la que Thor Heyerdahl atravesó 8000 kilómetros de océano en 101 días, navegando desde Perú hasta la Polinesia. No hace falta más para probar que los noruegos son un pueblo de navegantes, pero por si quedaba alguna duda hay que cruzar hasta el Museo del Fram, el barco que llevó al explorador Fridtjof Nansen por las aguas del Artico.

El tiempo que reste hay que dedicárselo a otro museo, esta vez al aire libre: es el Museo del Pueblo Noruego, que contiene la reconstrucción de más de 170 edificios de los siglos XVII y XVIII. Traídos de distintas regiones del país, permiten pasearse así por la réplica completa de una antigua ciudad nórdica, en torno a la más sorprendente manifestación de su pasado: la iglesia de madera de Gol, levantada en torno al 1200 y colocada en Bygdøy a fines del siglo XIX.

Durante el día las plazas se llenan de gente y las flores regalan hermosos colores

Las fiestas de Tivoli iluminan la noche de la ciudad

Los caramelos y la cerveza, un placer nacional

COPENHAGUE.- Es la más germana de las capitales escandinavas y también la más cosmopolita junto con Estocolmo. En esta época del año, la ciudad es una fiesta. Los nórdicos, cercados por el frío y la nieve durante buena parte del año, rinden auténtico culto al sol veraniego: de día, las plazas se llenan de gente, la cordialidad se instala en el diálogo con los turistas y las flores ponen notas de color en todos los rincones.

De noche, las luces de Tivoli -tan famoso que su nombre es sinónimo de parque de diversiones en Europa- se encienden hasta muy tarde en una fiesta de juegos y fuegos artificiales. Es el momento ideal para recorrer Copenhague a pie o, si se prefiere el estilo local, en bicicleta (se pueden alquilar gratis, poniendo una moneda que será recuperada al devolverla).

El punto de partida puede ser el bulevar Hans Christian Andersen: pasando Tivoli, está muy cerca la Ny Carlsberg Glyptotek, el museo fundado por Carl Jacobsen, dueño de la famosa cerveza Carlsberg. Vale la pena la visita por el edificio en sí, pero sobre todo por los salones dedicados al arte egipcio, etrusco, griego y romano, sin olvidar la riquísima colección de artistas impresionistas.

Hacia la prehistoria

Basta cruzar para llegar al Museo Nacional, donde sobresale el sector consagrado a la prehistoria danesa, y sobre todo las piedras rúnicas dispuestas en forma de laberinto-espiral en el hall mismo del edificio.

Después conviene dirigirse a la cercana plaza de la Municipalidad, donde se ve un enjambre de bicicletas estacionadas: es el punto de partida ideal para recorrer la larga avenida peatonal Stroget.

Difícil salir de esta Florida escandinava (los daneses fueron los inventores de las peatonales en Europa) sin una legión de recuerditos que van desde la Sirenita, el símbolo indiscutido de la ciudad, hasta vikingos y la bandera danesa en todas sus formas.

¿Otro deporte nacional? Los negocios de caramelos de las formas y colores más caprichosos. Y los cafés, abundantes y con mesitas a la calle, como en las cercanías de Gammeltorv y …stergade, el barrio donde vivieron Andersen, Kirkegaard y el sueco August Strindberg.

Dicen que a los hombres les lleva 15 minutos recorrer la Stroget, y a las mujeres cuatro horas... y a los turistas puede llevarles más tiempo todavía, porque en el camino hay que desviarse para internarse en los callejones antiguos y angostos bordeados de altas y coloridas casas estrechas que a veces casi parecen tocarse en la punta.

Siempre derecho por Stroget, el destino final es la Sirenita. Pero antes hay mucho para ver: primero, desviándose hacia la izquierda se puede visitar la Torre Redonda, en pleno barrio latino (universitario), una construcción cilíndrica de 36 metros a la que se sube por una rampa en espiral. Desde ahí, las vistas de las cúpulas de Copenhague son impagables.

Conviene luego retomar el camino por Stroget hasta Kongens Nytorv y Nyhavn, el canal que fue construido antiguamente para que los mercaderes pudieran llevar sus productos hasta el centro de la ciudad. Hoy, los barcos amarrados y las tabernas que bordean el canal le dan un aire bohemio que Copenhague se esfuerza en reforzar. Sin duda es uno de los barrios más atractivos de la ciudad. Tierra de marineros y escritores, en una de las casas de Nyhavn -hoy convertida en museo- vivió Hans Christian Andersen.

Dejando atrás Nyhavn, el paseo sigue hacia Amalienborg, el palacio real, que tiene su vistoso cambio de guardia siempre y cuando la reina esté en el lugar. A pocos pasos, se divisa la vistosa cúpula de la iglesia Alexander Nevsky. Y no faltan más de 15 minutos para llegar al punto del puerto donde se encuentra la pequeña estatua de la Sirenita.

Rodeada de agua, o de hielo en pleno invierno, cuando el manto blanco de nieve la convierte en la figura feérica que Andersen imaginó, la Sirenita parece lo que es: un personaje diminuto y frágil salido de un cuento infantil, pero lo suficientemente fuerte como para haberse convertido en símbolo de Copenhague.

 

Datos útiles

Alojamiento

* * * US$ 100
* * * * US$ 150
* * * * * desde US$ 170
Los precios son por habitación doble.

Conexiones

SAS tiene un pase que permite volar entre cualquiera de las cuatro capitales con cupones que cuestan 65 dólares cada vuelo.

Souvenirs

Una sirenita de bronce (a partir de 2 pesos). Ediciones de cuentos de Andersen y remeras con la bandera danesa.

Más información

Leandro N. Alem 1074 (4311-4934). En el edificio funciona también el Club Danés, con un restaurante.

En Internet:

http://www.visitdenmark.com

Idioma, gente, idiosincrasia y arquitectura trazan un panorama diferente del resto de las ciudades nórdicas y de toda Europa

Sus habitantes dicen que es una capital de bolsillo, porque tiene escala humana y grandes espacios verdes

Es el pueblo con mayor índice de telefonía celular

HELSINKI, Finlandia.- Llegar a Helsinki es como aterrizar en otro mundo. Aquí, Europa parece haber quedado atrás. Hay algo que va más allá de la incorporación de Finlandia a la Unión Europea, el crecimiento de las telecomunicaciones o el bienestar económico: en esta parte del mundo se está muy cerca del gigante ruso y de todo el mundo eslavo... y se siente.

Ni hablar del idioma: si con un poco de esfuerzo los más habilidosos podían imaginarse algo en los otros países nórdicos, cuyas lenguas derivan de una base común con rasgos semejantes al alemán, el finlandés está totalmente alejado de todo eso. Ni siquiera es una lengua indoeuropea, sino que como el húngaro pertenece a la familia (hecha a medida) ugro-finesa.

La imagen más popular tal vez devuelva legiones de finlandesas rubias, pero lo cierto es que hay una franja de la población de ojos y pelo negro que hace pensar en el pueblo sami o esquimal. Algunos dicen que la gran diferencia consiste en que los finlandeses han aceptado el frío: a diferencia de sus vecinos, que cuando llega el largo invierno son presa de un enclaustramiento del que sólo los sacan las veladas llenas de alcohol, los finlandeses parecen haberse resignado.

Aquí nadie le dirá a un turista en invierno, como sucede en Suecia, que ha llegado en la época equivocada. Aunque los finlandeses paguen durante los largos días del invierno por sesiones de luz (luminoterapia), que tienen el efecto fundamental de levantarles el ánimo.

No es fácil atravesar la barrera que se interpone entre el extranjero y el finlandés: pero cuando se consigue -el primer paso es el real interés por esta cultura distinta- se habrán conseguido amigos fieles para toda la vida.

Además, los finlandeses ofrecen particularidades divertidas: son el pueblo con mayor índice de telefonía celular en Europa, y la última moda consiste en ir a los conciertos levantando los teléfonos durante el estribillo de las canciones más populares... para que el timbre telefónico reproduzca la melodía.

La gente de Helsinki dice que su ciudad es una capital de bolsillo. Bienvenida sea la definición si significa lo que realmente ha logrado esta capital: una ciudad habitable, a escala humana, donde reinan los espacios verdes y el aire es tan puro como si se estuviera paseando por entre los bosques cercanos.

Lo que queda de Helsinki es descubrir sus pequeños placeres. Como los cafés, que brotan como hongos en todas partes, donde la gente se sienta sin apuro a leer y conversar entre amigos. Un punto de contacto con Buenos Aires.

Otro acercamiento es el tango. Muchos finlandeses están convencidos de que es una invención autóctona, de la que están orgullosos y que les fascina bailar. Pero el tango finlandés, aun con su dosis de melancolía, es distinto del rioplatense, y los salones de baile mezclan otros ritmos que los hacen muy diferentes de las milongas porteñas.

De todos modos, la experiencia vale la pena: las mujeres, además, pueden aprovechar los días en que a ellas les toca elegir pareja para salir a la pista. ¿Otros pequeños placeres? Recorrer los negocios de diseño, una especialidad del país de Alvar Aalto.

Datos útiles

Alojamiento

* * * US$ 110
* * * * US$ 160
Los precios son por habitación doble.

Traslados

Los tickets para turistas permiten recorrer la ciudad sin gastar mucho. Se pueden usar de forma ilimitada en ómnibus, trenes y subtes locales. Por un día, cuesta 4 dólares, por tres, 8 y por cinco, 12.

Paseos en bicicleta

Una buena manera cómoda y económica de recorrer Helsinki es en bicicleta. Hay alrededor de 25 puestos en el centro donde se prestan bicicletas a los turistas en forma gratuita.

Más información

Embajada de Finlandia, Santa Fe 846 (4312-0600).

En Internet:

http://www.helsinki.fi

http://www.helsinkicard.com

 

El triángulo de iglesias es un verdadero símbolo nacional

Templos de diferentes religiones atraen por sus características

La visita a Helsinki está marcada por un triángulo de iglesias, muy diferentes entre sí, tal vez símbolo de un país que fue durante muchos años tierra de frontera entre la Europa occidental y las culturas menos conocidas de la Europa eslava.

La más clásica es la catedral, un armonioso edificio rematado por cúpulas de cobre que se levanta sobre una extensa plaza, al final de una no menos extensa escalinata.

La más vistosa es la catedral Uspenski, dedicada al culto ortodoxo ruso: sus paredes de ladrillo rojo encierran un vistoso interior donde se respira incienso. Nadie se atreve a quebrar el silencio, y la admiración que despiertan los iconos y el bellísimo altar sólo se distrae al contemplar a los silenciosos fieles que visitan la iglesia para los ritos religiosos.

Belleza intangible

La tercera iglesia del triángulo es la más singular: es la luterana Temppeliaukion Kirkko (Iglesia de Roca). Construida en 1969, está totalmente excavada en el granito que distingue a muchos edificios finlandeses: desde afuera no se ve nada excepto la cúpula formada -como se aprecia desde adentro- por un larguísimo hilo de cobre, que encierra en una espiral sus 22 kilómetros de largo total.

En el interior, moderno y austero, hay una belleza intangible: es la magnífica acústica lograda en la iglesia, que tiene la estructura de un panteón. En el país de Sibelius, el detalle no es menor. Los finlandeses aman la música como aman todo lo que hacen, sin estridencias pero con fidelidad. Lo prueba el monumento a Sibelius, que con 600 tubos de acero que suman 24 toneladas les dio cuerpo visual, en uno de los parques de Helskinki, a las melodías del autor del Himno a Finlandia.

Después de conocer estas iglesias se puede visitar el Museo de Artes Aplicadas, muestra acabada de la habilidad finlandesa para las artes decorativas.

Finalmente, el Mercado del Puerto (Kauppatori), donde se venden, frente al mar, flores, frutas, pescados, muchos recuerdos en madera y otras artesanías. El clima distendido incita a prolongar la visita: pero ésa es otra de las magias de Helsinki.

Esta ciudad, a la que es difícil llegar por su lejanía, es difícil también de abandonar. Imperceptiblemente, su aire tranquilo invade el alma de los visitantes y la abraza hasta que el turista se va, pero no sin haber dejado algo de él en Finlandia.

 

A un par de horas de barco desde el puerto de Helsinki, dos ciudades se pueden vincular de algún modo al mundo escandinavo

A un par de horas de barco desde el puerto de Helsinki, dos ciudades se pueden vincular de algún modo al mundo escandinavo. Hacia el oeste, Marienhamn (Marienammina en finés) es la micro capital de las islas Aland, un archipiélago de cultura y habla sueca que la historia entregó a Finlandia. Se parece a un pueblito de campo por el que la historia pasó con su H mayúscula, teatro de rivalidades entre rusos y suecos, entre oriente y occidente.

Hacia el sur, Tallinn, la capital de Estonia, es como una prima invitada a las reuniones de capitales escandinavas. Al fin y al cabo fue fundada por daneses en 1219 (su primer nombre fue Reval, Tallinn en idioma local significa algo así como la ciudad de los daneses). Es la hermana menor de Helsinki y una especie de colonia económica.

Desde Helsinki, sin duda, es el mejor paseo que se puede hacer por el día (hay que tramitar la visa), para adentrarse en otro mundo fascinante: el de la Europa báltica.

Fuente La Nación, agosto 2001

 

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