| El
constante verano de las islas Canarias Un
archipiélago privilegiado por su ubicación, que benefició a los marinos
aventureros que buscaban nuevos rumbos y continentes, y que hoy les
garantiza a los turistas buen clima y diversión durante todo el año LAS PALMAS DE GRAN CANARIA El
sol cae, las dunas que se extienden entre la playa del Inglés y el mar
comienzan a tomar un tono rojizo intenso y las sombras se alargan. El
paseo marítimo, lleno de turistas, sirve de observatorio, mientras otros
tantos atraviesan los médanos, de regreso. Los
cuatro kilómetros de arenas blancas de las dunas de Maspalomas, al sur
de la isla de Gran Canaria, abrigan a las playas más bellas de la isla
y también a las más desprejuiciadas, donde al top-less se le suman los
sectores nudistas y gay. Durante
siglos, el mar fue la frontera natural de los isleños y frecuentemente
la aparición de barcos en el horizonte alertaba a los pobladores sobre
las incursiones de corsarios berberiscos o europeos. Hoy dejó de ser
causa de temor, pero las costas continúan siendo invadidas por los europeos
del Norte, que huyen del invierno buscando el eterno verano que reina
en la isla de Gran Canaria, una de las siete que conforman el archipiélago.
Las
Palmas Nació,
así, una relación privilegiada entre las islas y el continente americano,
ya que el archipiélago se convirtió en una base insoslayable durante
el período del descubrimiento y la colonización del Nuevo Mundo. La
Casa de Colón, el museo del mismo nombre y la ermita de Santo Abad donde
oró el Almirante antes de su partida son algunos de los jalones determinantes
de la arquitectura de la ciudad. La
calle empedrada De los Balcones, que se extiende desde la ermita de
Santo Abad hasta la catedral e incluye a la Casa de Colón, es una de
las muestras más interesantes de esta arquitectura que se caracteriza
por la casa de dos plantas con un patio central rodeado por una galería
en la planta alta, terminada con un techo plano o azotea. Los portales
y los balcones en madera nativa de pino tea son elementos esenciales
en el tratamiento de las fachadas. Los balcones finamente trabajados,
de origen oriental, que llegan a las islas procedentes de Andalucía,
son profusamente adornados durante las fiestas patronales. La
Casa de Colón es un complejo arquitectónico que se fue desarrollando
a partir de edificaciones del siglo XV y que utilizó como alojamiento
el Almirante en su paso por la isla; del aljibe que orna el patio se
sacó el agua que Colón llevó en su viaje. Además de una pinacoteca,
la casa posee valiosos archivos y doce salas de exposiciones que cuentan
la epopeya del Descubrimiento, entre las que se destaca una donde se
representa en tamaño real el interior del camarote y escritorio de Colón
en la Santa María. La
calle de los Balcones finaliza en la parte trasera de la catedral, una
Babel arquitectónica que conjugó diferentes estilos a lo largo de sus
trescientos años de construcción, que se inicia con el estilo manuelino
a principios del 1500, para seguir con el gótico y recibir, a fines
del siglo pasado, elementos del neoclasicismo. La
silueta adusta de la catedral se refleja sobre la Plaza de Santa Ana,
centro administrativo de Las Palmas, con un rico mosaico de fachadas
que comprendían el Cabildo, la Real Audiencia, el Tribunal de la Inquisición
y la Casa de los Capitanes Generales. Actualmente se conserva el Palacio
Episcopal y las Casas Consistoriales. La entrada de la plaza presenta
cuatro estatuas de bronce que representan a los tradicionales perros
canarios que dieron el nombre al archipiélago. A
fines del siglo XVIII, la ciudad comienza a extenderse hacia el barrio
de Triana de fuerte influencia andaluza, donde se instalaban los ricos
comerciantes. Allí, daneses, británicos, malteses, ubicaban sus lujosas
tiendas, en casas donde la planta baja era el comercio y los pisos superiores,
vivienda. Hoy, la calle es peatonal, se instalaron todas las marcas
famosas y tiene bares con terrazas para solazarse tomando el típico
vino de malvasía con alguna tapa, y se mira a los mimos, músicos y payasos.
A
metros de allí, en la calle Cano, está la Casa Museo Pérez Galdós. Este
centro se inauguró en 1964 como homenaje y exaltación de la memoria
del gran escritor canario. Está ubicado en la casa donde el escritor
nació y vivió parte de su juventud. Se recrea aquí el ambiente cotidiano
de la vida del literato, su lugar de trabajo con el mobiliario tradicional
y un fondo literario que constituye su patrimonio más valioso: manuscritos
originales de veinte obras de Pérez Galdós y reproducción en fotocopias
de otros treinta manuscritos de su producción. Las
Palmas mira al Atlántico, con su amplio y congestionado puerto, y sus
playas. Las Canteras, al oeste de la Isleta, es la más frecuentada.
Una barra de origen volcánico a unos doscientos metros de la costa,
garantiza todo el año aguas tranquilas, sin corrientes; incluso en los
momentos de marea baja, en algunos sitios, es posible llegar caminando
a la barra. Las Canteras es una playa muy concurrida y bulliciosa, limitada
en toda su extensión por el Paseo Marítimo, con infinidad de comercios
y restaurantes. El Rincón o Varadero son dos ejemplos de la cocina tradicional
a base de pescados y frutos acompañados por los típicos mollos (salsas).
En el extremo norte de la playa está el auditorio Alfredo Krause, con
una arquitectura integrada con el entorno. La parte trasera del escenario
es vidriada, con vista al mar. La ruta del sol La
isla de Gran Canaria, de origen volcánico, como todas las del archipiélago,
tiene una forma cónica. Las zonas norte y sur de la isla tienen dos
facetas diferenciadas: mientras la vertiente norte muestra laderas boscosas
con amplios pinares, la sur es desértica con muy poca vegetación. Es
la parte sur, con diversas playas (amplias de arena fina o encajonadas
en bellísimas bahías), la buscada por el turismo. A
pesar de estar a sólo 200 kilómetros de las costas africanas, los vientos
alisios transforman el clima del archipiélago en un verano permanente,
con temperaturas que promedian los 23ºC en verano y los 18ºC en invierno,
ya alabado esto por los antiguos egipcios y los poetas griegos, que
al referirse a las islas hablaban del Jardín de las Hespérides o de
los Campos Elíseos. Desde
Las Palmas, hay que recorrer unos 40 kilómetros por una autopista para
llegar a la playa del Inglés, el primero de los centros turísticos que
por unos treinta kilómetros se extenderán hasta el puerto de Mogán ofreciendo
playas para todos los gustos: bulliciosas y concurridas como la del
Inglés o Puerto Rico; amplias y casi vírgenes como las de Maspalomas;
tranquilas y encerradas en bahías como en el puerto de pescadores de
Arguineguín; de fina arena volcánica de color acerado como playa Tauro,
o blanca, traída de Africa, como la playa de los Amadores. El puerto
de Mogán, que es conocido como la Venecia del Atlántico, presenta una
arquitectura con influencias mediterráneas. Entre yates y veleros, restaurantes
y bares con tonalidades que van desde el verde esmeralda al azul profundo,
hay un submarino para ver las bellezas del mundo marino e infinidad
de embarcaciones para hacer recorridos. Camino a la nieve Desde
la costa, la geografía de la isla se va elevando paulatinamente hasta
llegar al Pico de las Nieves, de casi 2000 metros de altitud. Entre
diciembre y febrero los vientos fríos provenientes del Norte producen
a esta altura abundantes nevadas, mientras sobre las costas los turistas
siguen disfrutando de un mar cálido y una temperatura primaveral. La
ruta hacia la montaña parte de Maspalomas y va hacia Fataga. Al ascender
cambia el entorno: la aridez de las planicies, donde crecen las cactáceas,
va dando lugar a los palmares y en la parte más elevada los bosques
de pinos. En el Mirador de la Vega se ven pequeños pueblitos de casas
encaladas entre los palmares, agrestes laderas volcánicas y doradas
dunas que contrastan con el azul del mar. Fataga
es un pueblo de paredes blancas con techos rojos, sus calles en pendiente
son estrechas con decorados balcones y coloridos ventanales. La artesanía
en cerámica, en madera y los bordados son las especialidades de la región
que se pueden adquirir en las tiendas al borde de la ruta. Después de dejar atrás San Bartolomé de Tirajana, la ruta lleva hasta la Cruz de Tejeda, al pie del Pico de las Nieves, donde se ve la parte norte de la isla y se destacan algunas formaciones rocosas, como el Roque Nublo y el Roque del Fraile, que tienen como telón de fondo el volcán del Teide en la próxima isla de Tenerife. Aventuras
sobre un terreno volcánico Las
islas son el lugar ideal para desarrollar todo tipo de actividades náuticas
y también para descubrir senderos milenarios SANTA CRUZ DE TENERIFE El
avión aún no había aterrizado cuando los deseos del viajero escritor
ya se dirigían a un punto preciso, a una vieja taberna muy cerca de
lo que puede llamarse el centro de Puerto de la Cruz. Hasta allí fuimos
entonces, porque se trata de un lugar especial. Muy poco frecuentada
por turistas, la casa de don Tiber -preguntar por ella a cualquier lugareño
de las inmediaciones- es un raro punto de encuentro de poetas, trasnochados
y contadores de historias. Fue
sobre una mesa de don Tiber que esta historia de viajes fue escrita,
desde la primera hasta la última letra. Estas
islas nacieron para la civilización de Occidente en 1402, con la llegada
de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, dos personajes con nombres
dignos de novelas de caballería. Se instalaron en Fuerteventura, Lanzarote
y El Hierro, e instalaron allí un señorío vasallo de la corona de Castilla.
En 1430 incorporaron La Gomera, pero no pudieron apoderarse de La Palma
ni de Tenerife, las islas que hubiesen dado lustre económico a la conquista
y a sus protagonistas. Pasaron
más de 60 años antes de que los Reyes Católicos decidieran completar
la obra de Bethencourt y De la Salle. El 24 de junio de 1478, un ejército
comandado por Juan Rejón desembarcó en la bahía de la Isleta, en Gran
Canaria, y fundó el Campamento Militar Real de Las Palmas, origen éste
de la actual capital del archipiélago. Los
portugueses, que exploraban la costa africana hacia el golfo de Guinea,
tenían pretensiones sobre las islas, pero Castilla decidió hacer efectivos
sus derechos y para ello apeló a su condición de heredera de la antigua
monarquía visigoda. Los
nativos grancanarios ofrecieron fuertes resistencias antes de rendirse,
en 1483, y 10 años después, en mayo de 1493, La Palma cayó en manos
de Alonso Fernández de Lugo. Tenerife
resultó un bastión duro de vencer y sólo pudo ser sometida en 1496.
Las
Canarias comenzaron a ser conocidas como la Europa cálida. Nada más
concluida la conquista de Gran Canaria, comenzaron los cultivos de la
caña y la fabricación de azúcares de distintas calidades. Esa actividad
hizo que la isla comenzase a poblarse de emprendedores y aventureros
hombres de negocios, dedicados a la venta de dulzura en el Viejo Mundo
continental. Los
vinos locales, de manera muy especial los de Tenerife, fueron productos
de la misma Europa cálida que viajaban a Inglaterra y a las colonias
británicas de América durante los siglos XVI y XVII. Los historiadores
tinerfeños cuentan que William Shakespeare y sir Walter Scott eran entusiastas
aficionados al vino, que sigue haciéndose en esta región. La
cochinilla, insecto parásito del nopal -indispensable en la tintorería
decimonónica anterior al descubrimiento de las anilinas sintéticas-
también fueron productos raros de este archipiélago que, aunque distante
del golfo de México, siempre suena a Caribe. El reino del marlín Las
Canarias, enclave de los archipiélagos atlánticos que constituyen la
zona geopolítica conocida como la Macaronesia, ha sido desde la antigüedad,
y por virtud de los vientos alisios, el puerto de recalada obligatoria
para los marinos de todo el planeta. Desde
fenicios, griegos, romanos, sarracenos y conquistadores normandos al
servicio de Castilla hasta descubridores de nuevos mundos, como Cristóbal
Colón, corsarios franceses, ingleses y holandeses, almirantes, capitanes
y grumetes, todos relataron en sus crónicas de viajes la singular belleza
del Jardín de las Hespérides. En todas las cantinas de aquellos puertos
solitarios, los navegantes hablaban de Canarias. La
estratégica situación geográfica del archipiélago, ubicado a muy pocos
kilómetros de la costa africana y compartiendo el rico banco de pesca
canario sahariano, hace de esta región uno de los lugares más interesantes
del planeta para la práctica de la pesca deportiva de altura. Debido
al doble paso estacional de primavera-otoño de los grandes túnidos migratorios
del hemisferio norte y sur, las aguas canarias son un excepcional punto
de confluencia que posibilita la pesca de esta especie durante casi
todos los meses del año. Los
grandes agujas y los picudos siguen a los cardúmenes de atún como expertos
cazadores marinos hacia sus territorios favoritos, las templadas aguas
de las islas. Antes
de que los primitivos habitantes de las islas, los guanches, entraran
en la leyenda como descendientes directos de los míticos atlantes, cuya
civilización perdida yace oculta en el misterio, un viajero inmemorial
visitaba las Canarias cada año: cuenta la leyenda que el marlín azul
del Atlántico (Makaira nigracans) o picudo, toca estas playas cada doce
meses, en busca de sus aguas tibias. El marlín azul es desde entonces
el rey indiscutido de la pesca deportiva en el archipiélago. Aquí,
como en el resto del globo, los fondos marinos son consecuencia de las
hecatombes geológicas del pasado, cuyas muestras visibles son los múltiples
conos volcánicos inactivos que encontramos en todas las islas. En
estos abismos del mar se da la configuración exacta de toda la cadena
alimentaria de los grandes depredadores marinos. La
vida aparece desde el principio. Plancton, sol y temperaturas adecuadas
producen una completa cosecha alimentaria de peces-carnada (pequeños
atunes, sardinas, calamares) que atraen a las grandes piezas de alta
mar, como marlines, atunes, peces espada, tiburones y dorados. Estas
islas de los alisios cuentan con una larga tradición pesquera de bajura
y de altura que viene de los tiempos del calafate y de la vela, de (Continúa
en la Pág. 10, Col. 4) (Continuación de la Pág. 9, Col. 2) los botes
de dos puntas; tiempos de aventuras americanas y africanas, de grandes
saladeros y de escasez para los pescadores. Los costeros, hombres duros
de estos litorales, forjaron una cultura tradicional pesquera que fue
revelada a Ernest Hemingway por don Gregorio Funes, un pescador de aquí
cerca, de El Pilar, que emigró a Cuba a principios de siglo. Aquí,
la pesca deportiva no es sólo para pescadores. También es plato fuerte
para los amantes de los relatos y del sentimiento literario. En los
bares La Graciosa, de Lanzarote, de La Restinga y de El Hierro todas
las noches se dan cita viejos pescadores de red y artesanía para contar
historias y leyendas, realidades y fantasías. Extraños bautismos Basta
sentarse a la mesa en una de esas tascas de humo espeso y vino generoso
y parar la oreja. En Fuerteventura, en una especie de fonda al aire
libre muy cerca de la costa, con una olla de caldo de pescado y una
botella de tinto de por medio, una noche un pescador pasó horas contándole
a la audiencia los nombres con que había bautizado a algunas de las
miles de piezas que capturó en su larga vida. A
un gran atún de fines de la década de los sesenta lo bautizó Verde los
de abajo; al más grande pez espada que jamás alguien haya visto, según
sus propias palabras, le puso el mote de Disculpen las molestias ocasionadas.
La
oferta de pesca en este archipiélago es, como ya se vio, rica y variada,
como el entorno mismo de las siete islas. Se trata de modalidades deportivas
cuyo origen se basa en las formas tradicionales de los antiguos canarios.
Los
amantes del surf-casting pueden echar un ance (línea) desde la playa,
de la misma forma que los hombres de antaño lanzaban el chinchorro en
busca de bailas y de lisas. También uno puede bordear las islas hasta
alcanzar ciertos parajes volcánicos de profundidad, donde reinan las
viejas, reinas y señoras de la gastronomía marinera local. Otra
alternativa es pasear (mariscar) por los charcos de la baja mar en busca
de morenas curiosas, las que por saber de qué se trata salen de sus
cuevas y caen presas del pescador. Para vivir bajo el agua Este
es un lugar de lujo para todos aquellos que aman las actividades subacuáticas.
La transparencia de las aguas y el clima cálido de enero a enero (22ºC
de temperatura media anual) son condiciones inmejorables para el buceo.
El archipiélago esta ubicado en el paso de la corriente del Golfo, aquí
más conocida como la corriente de las Canarias. Este
es el destino preferido por los europeos -claro que la cercanía influye-
ya que los buzos deportivos pueden darse el lujo de sumergirse en pleno
invierno. El mayor atractivo submarino, dicen aficionados que conocen
las aguas del Mediterráneo y del Caribe, es la belleza de los fondos
volcánicos, casi un paisaje lunar teñido de turquesa y a metros de profundidad
marina. Ocasionalmente
en invierno, los vientos del Sur-Sudoeste-Sudeste dificultan la continuidad
de las inmersiones en algunas zonas de la costa sur de las islas, pero,
sin embargo, favorecen la llegada a las resguardadas, y a veces poco
accesibles, costas del Norte. En verano, la temperatura de las aguas
oscila entre los 22 y los 25ºC y en invierno desciende a 18ºC. En
cualquier arrecife o cabo es posible observar grandes bancos de atunes,
medregales y barracudas. Se destacan las cornisas de los claros y luminosos
fondos de Fuerteventura repletos de peces, los grandes cañones submarinos
de La Palma, las paredes de Gran Canaria, Tenerife y La Gomera, los
enormes meros de Lanzarote y la fauna tropical en las profundidades
de El Hierro. Incluso
los buzos más inexpertos pueden nadar entre rayas, morenas, ballenas
piloto y delfines. En cualquier hotel de los tantos que se encuentran
aquí se ofrecen programas de buceo nocturno, mediante los cuales el
viajero puede darse el lujo de tomar fotografías fantasmagóricas de
barcos hundidos poblados de peces que durante el día se mantienen ocultos.
En
todas las islas existe una variada oferta de centros turísticos de buceo,
en los que se ofrece instrucciones básicas en distintos idiomas, alquileres
de equipos y excursiones acompañadas. En las profundidades pueden apreciarse
más de 350 especies de peces (cinco de ellas sólo conocidas en estas
islas), 1200 tipos de invertebrados y más de 600 algas catalogadas,
de las cuales siete son nativas. Caminante hay camino Este
archipiélago de cuarenta millones de años de vida geológica es un lugar
propicio para el turismo ecológico o de naturaleza. La
oferta tiende a desarrollar su funcionamiento sobre la base de un turismo
selectivo, en contraposición con el llamado turismo tradicional, de
modo que el visitante tenga un mejor acceso a la gente de las islas,
a sus zonas naturales, a su patrimonio arqueológico y arquitectónico,
y a su gastronomía y folklore. El
alojamiento en este turismo de naturaleza está organizado sobre una
red de cientos de casas rurales recicladas, construidas con piedra,
madera, barro y teja, y dotadas con mobiliario tradicional. Situadas
en pequeños núcleos poblacionales, estas casas rurales recrean el hábitat
de los antiguos pobladores de las islas. También funcionan los llamados
hoteles rurales, construcciones típicas dotadas de los elementos de
confort contemporáneo. En
estos circuitos turísticos son de especial interés los centros de recuperación
de artesanía y los ecomuseos. La artesanía tradicional canaria abarca
innumerables técnicas y materiales, como trabajos en madera y piedra,
obtención de sedas y tinturas naturales, fabricación de cerámicas prescindiendo
de tornos y cocidas en hornos de leña; telares para lino, palma, caña
y hojas de plataneras, y elaboración de quesos y licores. Estas
islas cuentan con cuatro de los diez parques nacionales que posee el
Estado español; además tienen una zona declarada por la Unesco como
Patrimonio de la Humanidad, tres reservas de la biosfera y decenas de
parques protegidos y reservas rurales. Son,
por cierto, escenarios privilegiados para el turista caminante o senderista,
una modalidad en auge entre los viajeros europeos. Antes
de la llegada del automóvil, del asfalto y de las carreteras, los campesinos
canarios iban, de un pueblo a otro, a pie y con paciencia. Los animales
sólo eran usados para el transporte de carga. Los primeros caminos y
senderos fueron construidos para el traslado de imágenes religiosas
en días de fiesta. Esa
red caminera de antaño fue conservada -y en muchos casos reconstruida-
para su utilización por parte de los turistas caminantes. Así es como
actualmente se pueden cumplir casi al pie de la letra los intrincados
senderos que andaban y desandaban los trogloditas, anteriores a los
tiempos hispanos. Se
puede acceder al conocimiento de la flora, la fauna y la arqueología
por medio de varios servicios de guías que se ofrecen en todo el archipiélago.
Se
trata de empresas especializadas en lo que aquí se denomina senderismo
temático y en turismo ciclístico de montaña. Si bien el camping libre
esta prohibido en Canarias, el aficionado a esta modalidad de viaje
tiene a su disposición una amplia red de campamentos y refugios de montaña.
La tipología de las formaciones rocosas facilita la escalada clásica
y deportiva, y existen varias escuelas especializadas. Tanto en los cuatro parques nacionales como en la Reserva Roques de Salmor, en la isla de El Hierro, funcionan los centros de Interpretación de la Naturaleza, donde con recursos de avanzada tecnológica y en diferentes idiomas, se ofrece la oportunidad de conocer e interpretar toda la trama geomorfobiológica y biológica que durante millones de años ha dado lugar a este archipiélago y a las especies que en él habitan Recomendaciones Si
bien la oferta hotelera y gastronómica es variada, y en cada lugar hay
lugares característicos, a continuación se dan algunas orientaciones
para que el visitante tenga un buen dormir y mejor comer. Candelaria Hotel
Tenerife Tour, Av. Generalísimo
170, Caletillas, Candelaria, Tenerife. Costa Adeje Hotel
Gran Tenerife, Av. Rafael Puig Lluvina, Costa Adeje, Tenerife. Hotel
Oasis Paraíso, Urbanización Playa Paraíso, Costa Adeje, Tenerife. Los Cristianos Hotel
Oasis Morque, Los Cristianos, Tenerife. Playa de las Américas Hotel
Bouganville Playa, Urbanización San Eugenio, Playa de las Américas,
Tenerife Hotel
Conquistador, Av. Litoral, Playa de las Américas, Tenerife. Hotel
Las Dalias, Urbanización San Eugenio, Playa de las Américas, Tenerife.
Hotel
Las Palmeras, Playa de las Américas, Tenerife. Hotel
Torviscas Playa, Urbanización Torviscas, Playa de las Américas, Tenerife.
Puerto de la Cruz (Tenerife) Hotel
Botánico, Urbanización El Botánico. Hotel
San Felipe, Av. Colón
22. Muy buenos restaurantes Cocina
local e internacional; ambiente del patrón, como le dicen los europeos
a los locales de buena cocina casera y atendido por sus dueños. Café
del Príncipe, Plaza del Príncipe, Santa Cruz de Tenerife, Tenerife.
Folias,
Pueblo Canario 307, Playa de las Américas, Tenerife. Mesón
El Drago, del Socorro 1, Tagueste, Tenerife. Mi
Vaca y Yo, Cruz Verde 3, Puerto de la Cruz, Tenerife. Portillo de las Cañadas, Orotava-Villaflor s/Nº, Las Cañadas del Teide, Tenerife. Trozos de luna en el Atlántico TENERIFE Cuando
llegue a Lanzarote lo apabullará un paisaje poco común. Es
que se trata de 900 kilómetros cuadrados ocupados, en su mayor parte,
por rocas de origen volcánico. Lanzarote parece entonces un pedazo de
luna caído sobre el océano Atlántico. Por
algo será que la Unesco declaró a esta isla Reserva Mundial de la Biosfera:
son trescientos volcanes dormidos y rodeados por playas casi blancas.
¿Le
gustaría sentirse un astronauta por un día, pero en medio del mar? En
el Parque Nacional de Timanfaya uno puede caminar como si estuviese
en la Luna, entre lavas rojizas que se formaron a partir de una serie
de erupciones entre 1730 y 1736. ¿Se
pueden escalar algunos de esos volcanes? Por
supuesto que sí. Y saber de qué se trata cuando uno se acerca al borde
de un cráter, donde, allá abajo, la temperatura muy rápido llega a los
360 grados centígrados. ¿Qué
es eso de los jameos? Los
jameos son entradas naturales a los tubos volcánicos subterráneos, originados
por las corrientes de lava que descienden hacia el mar. Jameos del Agua
es un tramo de uno de los tubos producidos por el volcán de la Corona.
En su interior se han formado lagos por filtraciones de aguas exteriores.
¿Es
verdad que por aquí habita una rara especie de cangrejos? Sí. Se trata de los cangrejos ciegos, únicos en el mundo. Particularidades
de la cocina canaria para hacerse el plato Sabores
fuertes: nadie puede pasar hambre si se toma una sopa de pescado, se
continúa con el rancho y unas carajacas, para terminar paladeando la
tortilla de plátanos SANTA CRUZ DE TENERIFE Canarias
tiene poderes de encantamiento mágico. En el medio de los vientos alisios,
es cruce de viajeros eternos, de navegantes y de conquistadores; de
gentes conocedoras del sol que un día cruzaron el Atlántico para fundar
la industria azucarera en el Caribe, precisamente en Cuba, pero también
es suave línea de contacto entre paisajes lejanos. Son las 19.30, el
crepúsculo, la hora en que en los puertos del mundo se piensa en qué
alcohol beber para cumplir con el aperitivo. Estoy
en Puerto de la Cruz, en Tenerife, y es entonces cuando sucede lo que
tenía que suceder: los poderes de encantamiento mágico se hicieron presentes;
aquí, las aguas del mar que vienen de Africa a veces bañan paisajes
lunares; es la sensación que brinda esta tierra de geología volcánica.
Esa
tarde recordé un viaje anterior, cuando haciéndole caso a Evelio Dorta,
un cubano de abuelos canarios que se sabe descendiente de espíritus
atlánticos, encaminé mis pasos hacia lo de Tames, otro isleño que cocina
y habla sobre cocina en su pequeña tasca tinerfeña. Esta
vez hice lo mismo, me senté a la misma mesa de otros viajes, comí platos
distintos, pero conversé sobre lo mismo. Entre
caldos y dulces Lo
que viene será leído en el español que habla Tames, como para ponerse
a tono antes de subir al avión. Para
comenzar una comida nada mejor que un caldo de pescado, dorado en un
caldero con aceite, con pimientos y ajos... y luego hervido con hierbahuerto
y cilantro. Luego unas papas arrugadas (las mejores gastronomías han
surgido de la pobreza), que no son otra cosa que unas patatas cocidas
en sal gruesa y luego alentadas a seco, que cuando se sirven sobre el
plato frío, al chocar con el aire se arrugan. El que esté hambriento,
quiera satisfacerse a la manera de los canarios y pretenda comer muy
bien por poco dinero, que ordene un rancho de garbanzos, carne y chorizo
recocido en un sofrito gustoso de ajos y cebollas en calderete. Si
el comensal guarda apetito, pues entonces que solicite unas carajacas,
las que al decir de Tames no son más que "lascas de hígado de rodajas
de pan blanco y pimientos fuertes hecho al fuego vivo, con aguas, aceites,
ajos y especias". Y
a la hora de los dulces, pues que bien me sabes, que se hace con almendras,
huevos y limón, o una tortilla de plátanos, con plátanos, por supuesto,
canela, leche y huevos. Los
señores bucaneros Se
llamaba Domingo de Durcia y y se ganaba su mala vida como tripulante
y pirata en los mares del Caribe, a mediados del siglo XVI. Como
estos tigres al acecho de arcones y tesoros españoles vivían en una
especie de clandestinidad, ocultos en islas y cayos de la Antillas,
tuvieron que improvisar e inventar métodos culinarios. Uno
de ellos fue el bucan -una de las tantas formas de usar el fuego para
la cocción de alimentos-, que consistía en un pozo hecho en la arena
y relleno con leños al rojo; en esa tierra escaldada clavaban los hombres
sus pinchos con carnes de pescados y cangrejos. De bucan viene la palabra bucanero, bandido de ultramar que así cocinaba sus manjares. Fuente La Nación, enero 1999 |
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