El constante verano de las islas Canarias

Un archipiélago privilegiado por su ubicación, que benefició a los marinos aventureros que buscaban nuevos rumbos y continentes, y que hoy les garantiza a los turistas buen clima y diversión durante todo el año

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

El sol cae, las dunas que se extienden entre la playa del Inglés y el mar comienzan a tomar un tono rojizo intenso y las sombras se alargan. El paseo marítimo, lleno de turistas, sirve de observatorio, mientras otros tantos atraviesan los médanos, de regreso.

Los cuatro kilómetros de arenas blancas de las dunas de Maspalomas, al sur de la isla de Gran Canaria, abrigan a las playas más bellas de la isla y también a las más desprejuiciadas, donde al top-less se le suman los sectores nudistas y gay.

Durante siglos, el mar fue la frontera natural de los isleños y frecuentemente la aparición de barcos en el horizonte alertaba a los pobladores sobre las incursiones de corsarios berberiscos o europeos. Hoy dejó de ser causa de temor, pero las costas continúan siendo invadidas por los europeos del Norte, que huyen del invierno buscando el eterno verano que reina en la isla de Gran Canaria, una de las siete que conforman el archipiélago.

Las Palmas

Las Palmas de Gran Canaria fue fundada en 1478 por las tropas españolas al mando de Juan Rejón. En la zona de la actual ermita de San Antonio Abad, en el barrio de la Vegueta, creció el núcleo originario de la ciudad. No hacía diez años de la conquista definitiva de la isla cuando llegó Cristobal Colón con sus carabelas y encontró aquí herreros y artesanos para reparar sus naves y las provisiones necesarias para continuar.

Nació, así, una relación privilegiada entre las islas y el continente americano, ya que el archipiélago se convirtió en una base insoslayable durante el período del descubrimiento y la colonización del Nuevo Mundo. La Casa de Colón, el museo del mismo nombre y la ermita de Santo Abad donde oró el Almirante antes de su partida son algunos de los jalones determinantes de la arquitectura de la ciudad.

La calle empedrada De los Balcones, que se extiende desde la ermita de Santo Abad hasta la catedral e incluye a la Casa de Colón, es una de las muestras más interesantes de esta arquitectura que se caracteriza por la casa de dos plantas con un patio central rodeado por una galería en la planta alta, terminada con un techo plano o azotea. Los portales y los balcones en madera nativa de pino tea son elementos esenciales en el tratamiento de las fachadas. Los balcones finamente trabajados, de origen oriental, que llegan a las islas procedentes de Andalucía, son profusamente adornados durante las fiestas patronales.

La Casa de Colón es un complejo arquitectónico que se fue desarrollando a partir de edificaciones del siglo XV y que utilizó como alojamiento el Almirante en su paso por la isla; del aljibe que orna el patio se sacó el agua que Colón llevó en su viaje. Además de una pinacoteca, la casa posee valiosos archivos y doce salas de exposiciones que cuentan la epopeya del Descubrimiento, entre las que se destaca una donde se representa en tamaño real el interior del camarote y escritorio de Colón en la Santa María.

La calle de los Balcones finaliza en la parte trasera de la catedral, una Babel arquitectónica que conjugó diferentes estilos a lo largo de sus trescientos años de construcción, que se inicia con el estilo manuelino a principios del 1500, para seguir con el gótico y recibir, a fines del siglo pasado, elementos del neoclasicismo.

La silueta adusta de la catedral se refleja sobre la Plaza de Santa Ana, centro administrativo de Las Palmas, con un rico mosaico de fachadas que comprendían el Cabildo, la Real Audiencia, el Tribunal de la Inquisición y la Casa de los Capitanes Generales. Actualmente se conserva el Palacio Episcopal y las Casas Consistoriales. La entrada de la plaza presenta cuatro estatuas de bronce que representan a los tradicionales perros canarios que dieron el nombre al archipiélago.

A fines del siglo XVIII, la ciudad comienza a extenderse hacia el barrio de Triana de fuerte influencia andaluza, donde se instalaban los ricos comerciantes. Allí, daneses, británicos, malteses, ubicaban sus lujosas tiendas, en casas donde la planta baja era el comercio y los pisos superiores, vivienda. Hoy, la calle es peatonal, se instalaron todas las marcas famosas y tiene bares con terrazas para solazarse tomando el típico vino de malvasía con alguna tapa, y se mira a los mimos, músicos y payasos.

A metros de allí, en la calle Cano, está la Casa Museo Pérez Galdós. Este centro se inauguró en 1964 como homenaje y exaltación de la memoria del gran escritor canario. Está ubicado en la casa donde el escritor nació y vivió parte de su juventud. Se recrea aquí el ambiente cotidiano de la vida del literato, su lugar de trabajo con el mobiliario tradicional y un fondo literario que constituye su patrimonio más valioso: manuscritos originales de veinte obras de Pérez Galdós y reproducción en fotocopias de otros treinta manuscritos de su producción.

Las Palmas mira al Atlántico, con su amplio y congestionado puerto, y sus playas. Las Canteras, al oeste de la Isleta, es la más frecuentada. Una barra de origen volcánico a unos doscientos metros de la costa, garantiza todo el año aguas tranquilas, sin corrientes; incluso en los momentos de marea baja, en algunos sitios, es posible llegar caminando a la barra. Las Canteras es una playa muy concurrida y bulliciosa, limitada en toda su extensión por el Paseo Marítimo, con infinidad de comercios y restaurantes. El Rincón o Varadero son dos ejemplos de la cocina tradicional a base de pescados y frutos acompañados por los típicos mollos (salsas). En el extremo norte de la playa está el auditorio Alfredo Krause, con una arquitectura integrada con el entorno. La parte trasera del escenario es vidriada, con vista al mar.

La ruta del sol

La isla de Gran Canaria, de origen volcánico, como todas las del archipiélago, tiene una forma cónica. Las zonas norte y sur de la isla tienen dos facetas diferenciadas: mientras la vertiente norte muestra laderas boscosas con amplios pinares, la sur es desértica con muy poca vegetación. Es la parte sur, con diversas playas (amplias de arena fina o encajonadas en bellísimas bahías), la buscada por el turismo.

A pesar de estar a sólo 200 kilómetros de las costas africanas, los vientos alisios transforman el clima del archipiélago en un verano permanente, con temperaturas que promedian los 23ºC en verano y los 18ºC en invierno, ya alabado esto por los antiguos egipcios y los poetas griegos, que al referirse a las islas hablaban del Jardín de las Hespérides o de los Campos Elíseos.

Desde Las Palmas, hay que recorrer unos 40 kilómetros por una autopista para llegar a la playa del Inglés, el primero de los centros turísticos que por unos treinta kilómetros se extenderán hasta el puerto de Mogán ofreciendo playas para todos los gustos: bulliciosas y concurridas como la del Inglés o Puerto Rico; amplias y casi vírgenes como las de Maspalomas; tranquilas y encerradas en bahías como en el puerto de pescadores de Arguineguín; de fina arena volcánica de color acerado como playa Tauro, o blanca, traída de Africa, como la playa de los Amadores. El puerto de Mogán, que es conocido como la Venecia del Atlántico, presenta una arquitectura con influencias mediterráneas. Entre yates y veleros, restaurantes y bares con tonalidades que van desde el verde esmeralda al azul profundo, hay un submarino para ver las bellezas del mundo marino e infinidad de embarcaciones para hacer recorridos.

Camino a la nieve

Desde la costa, la geografía de la isla se va elevando paulatinamente hasta llegar al Pico de las Nieves, de casi 2000 metros de altitud. Entre diciembre y febrero los vientos fríos provenientes del Norte producen a esta altura abundantes nevadas, mientras sobre las costas los turistas siguen disfrutando de un mar cálido y una temperatura primaveral.

La ruta hacia la montaña parte de Maspalomas y va hacia Fataga. Al ascender cambia el entorno: la aridez de las planicies, donde crecen las cactáceas, va dando lugar a los palmares y en la parte más elevada los bosques de pinos. En el Mirador de la Vega se ven pequeños pueblitos de casas encaladas entre los palmares, agrestes laderas volcánicas y doradas dunas que contrastan con el azul del mar.

Fataga es un pueblo de paredes blancas con techos rojos, sus calles en pendiente son estrechas con decorados balcones y coloridos ventanales. La artesanía en cerámica, en madera y los bordados son las especialidades de la región que se pueden adquirir en las tiendas al borde de la ruta.

Después de dejar atrás San Bartolomé de Tirajana, la ruta lleva hasta la Cruz de Tejeda, al pie del Pico de las Nieves, donde se ve la parte norte de la isla y se destacan algunas formaciones rocosas, como el Roque Nublo y el Roque del Fraile, que tienen como telón de fondo el volcán del Teide en la próxima isla de Tenerife.

Aventuras sobre un terreno volcánico

Las islas son el lugar ideal para desarrollar todo tipo de actividades náuticas y también para descubrir senderos milenarios

SANTA CRUZ DE TENERIFE

El avión aún no había aterrizado cuando los deseos del viajero escritor ya se dirigían a un punto preciso, a una vieja taberna muy cerca de lo que puede llamarse el centro de Puerto de la Cruz. Hasta allí fuimos entonces, porque se trata de un lugar especial. Muy poco frecuentada por turistas, la casa de don Tiber -preguntar por ella a cualquier lugareño de las inmediaciones- es un raro punto de encuentro de poetas, trasnochados y contadores de historias.

Fue sobre una mesa de don Tiber que esta historia de viajes fue escrita, desde la primera hasta la última letra.

Estas islas nacieron para la civilización de Occidente en 1402, con la llegada de Jean de Bethencourt y Gadifer de la Salle, dos personajes con nombres dignos de novelas de caballería. Se instalaron en Fuerteventura, Lanzarote y El Hierro, e instalaron allí un señorío vasallo de la corona de Castilla. En 1430 incorporaron La Gomera, pero no pudieron apoderarse de La Palma ni de Tenerife, las islas que hubiesen dado lustre económico a la conquista y a sus protagonistas.

Pasaron más de 60 años antes de que los Reyes Católicos decidieran completar la obra de Bethencourt y De la Salle. El 24 de junio de 1478, un ejército comandado por Juan Rejón desembarcó en la bahía de la Isleta, en Gran Canaria, y fundó el Campamento Militar Real de Las Palmas, origen éste de la actual capital del archipiélago.

Los portugueses, que exploraban la costa africana hacia el golfo de Guinea, tenían pretensiones sobre las islas, pero Castilla decidió hacer efectivos sus derechos y para ello apeló a su condición de heredera de la antigua monarquía visigoda.

Los nativos grancanarios ofrecieron fuertes resistencias antes de rendirse, en 1483, y 10 años después, en mayo de 1493, La Palma cayó en manos de Alonso Fernández de Lugo.

Tenerife resultó un bastión duro de vencer y sólo pudo ser sometida en 1496.

Las Canarias comenzaron a ser conocidas como la Europa cálida. Nada más concluida la conquista de Gran Canaria, comenzaron los cultivos de la caña y la fabricación de azúcares de distintas calidades. Esa actividad hizo que la isla comenzase a poblarse de emprendedores y aventureros hombres de negocios, dedicados a la venta de dulzura en el Viejo Mundo continental.

Los vinos locales, de manera muy especial los de Tenerife, fueron productos de la misma Europa cálida que viajaban a Inglaterra y a las colonias británicas de América durante los siglos XVI y XVII. Los historiadores tinerfeños cuentan que William Shakespeare y sir Walter Scott eran entusiastas aficionados al vino, que sigue haciéndose en esta región.

La cochinilla, insecto parásito del nopal -indispensable en la tintorería decimonónica anterior al descubrimiento de las anilinas sintéticas- también fueron productos raros de este archipiélago que, aunque distante del golfo de México, siempre suena a Caribe.

El reino del marlín

Las Canarias, enclave de los archipiélagos atlánticos que constituyen la zona geopolítica conocida como la Macaronesia, ha sido desde la antigüedad, y por virtud de los vientos alisios, el puerto de recalada obligatoria para los marinos de todo el planeta.

Desde fenicios, griegos, romanos, sarracenos y conquistadores normandos al servicio de Castilla hasta descubridores de nuevos mundos, como Cristóbal Colón, corsarios franceses, ingleses y holandeses, almirantes, capitanes y grumetes, todos relataron en sus crónicas de viajes la singular belleza del Jardín de las Hespérides. En todas las cantinas de aquellos puertos solitarios, los navegantes hablaban de Canarias.

La estratégica situación geográfica del archipiélago, ubicado a muy pocos kilómetros de la costa africana y compartiendo el rico banco de pesca canario sahariano, hace de esta región uno de los lugares más interesantes del planeta para la práctica de la pesca deportiva de altura. Debido al doble paso estacional de primavera-otoño de los grandes túnidos migratorios del hemisferio norte y sur, las aguas canarias son un excepcional punto de confluencia que posibilita la pesca de esta especie durante casi todos los meses del año.

Los grandes agujas y los picudos siguen a los cardúmenes de atún como expertos cazadores marinos hacia sus territorios favoritos, las templadas aguas de las islas.

Antes de que los primitivos habitantes de las islas, los guanches, entraran en la leyenda como descendientes directos de los míticos atlantes, cuya civilización perdida yace oculta en el misterio, un viajero inmemorial visitaba las Canarias cada año: cuenta la leyenda que el marlín azul del Atlántico (Makaira nigracans) o picudo, toca estas playas cada doce meses, en busca de sus aguas tibias. El marlín azul es desde entonces el rey indiscutido de la pesca deportiva en el archipiélago.

Aquí, como en el resto del globo, los fondos marinos son consecuencia de las hecatombes geológicas del pasado, cuyas muestras visibles son los múltiples conos volcánicos inactivos que encontramos en todas las islas.

En estos abismos del mar se da la configuración exacta de toda la cadena alimentaria de los grandes depredadores marinos.

La vida aparece desde el principio. Plancton, sol y temperaturas adecuadas producen una completa cosecha alimentaria de peces-carnada (pequeños atunes, sardinas, calamares) que atraen a las grandes piezas de alta mar, como marlines, atunes, peces espada, tiburones y dorados.

Estas islas de los alisios cuentan con una larga tradición pesquera de bajura y de altura que viene de los tiempos del calafate y de la vela, de (Continúa en la Pág. 10, Col. 4) (Continuación de la Pág. 9, Col. 2) los botes de dos puntas; tiempos de aventuras americanas y africanas, de grandes saladeros y de escasez para los pescadores. Los costeros, hombres duros de estos litorales, forjaron una cultura tradicional pesquera que fue revelada a Ernest Hemingway por don Gregorio Funes, un pescador de aquí cerca, de El Pilar, que emigró a Cuba a principios de siglo.

Aquí, la pesca deportiva no es sólo para pescadores. También es plato fuerte para los amantes de los relatos y del sentimiento literario. En los bares La Graciosa, de Lanzarote, de La Restinga y de El Hierro todas las noches se dan cita viejos pescadores de red y artesanía para contar historias y leyendas, realidades y fantasías.

Extraños bautismos

Basta sentarse a la mesa en una de esas tascas de humo espeso y vino generoso y parar la oreja. En Fuerteventura, en una especie de fonda al aire libre muy cerca de la costa, con una olla de caldo de pescado y una botella de tinto de por medio, una noche un pescador pasó horas contándole a la audiencia los nombres con que había bautizado a algunas de las miles de piezas que capturó en su larga vida.

A un gran atún de fines de la década de los sesenta lo bautizó Verde los de abajo; al más grande pez espada que jamás alguien haya visto, según sus propias palabras, le puso el mote de Disculpen las molestias ocasionadas.

La oferta de pesca en este archipiélago es, como ya se vio, rica y variada, como el entorno mismo de las siete islas. Se trata de modalidades deportivas cuyo origen se basa en las formas tradicionales de los antiguos canarios.

Los amantes del surf-casting pueden echar un ance (línea) desde la playa, de la misma forma que los hombres de antaño lanzaban el chinchorro en busca de bailas y de lisas. También uno puede bordear las islas hasta alcanzar ciertos parajes volcánicos de profundidad, donde reinan las viejas, reinas y señoras de la gastronomía marinera local.

Otra alternativa es pasear (mariscar) por los charcos de la baja mar en busca de morenas curiosas, las que por saber de qué se trata salen de sus cuevas y caen presas del pescador.

Para vivir bajo el agua

Este es un lugar de lujo para todos aquellos que aman las actividades subacuáticas. La transparencia de las aguas y el clima cálido de enero a enero (22ºC de temperatura media anual) son condiciones inmejorables para el buceo. El archipiélago esta ubicado en el paso de la corriente del Golfo, aquí más conocida como la corriente de las Canarias.

Este es el destino preferido por los europeos -claro que la cercanía influye- ya que los buzos deportivos pueden darse el lujo de sumergirse en pleno invierno. El mayor atractivo submarino, dicen aficionados que conocen las aguas del Mediterráneo y del Caribe, es la belleza de los fondos volcánicos, casi un paisaje lunar teñido de turquesa y a metros de profundidad marina.

Ocasionalmente en invierno, los vientos del Sur-Sudoeste-Sudeste dificultan la continuidad de las inmersiones en algunas zonas de la costa sur de las islas, pero, sin embargo, favorecen la llegada a las resguardadas, y a veces poco accesibles, costas del Norte. En verano, la temperatura de las aguas oscila entre los 22 y los 25ºC y en invierno desciende a 18ºC.

En cualquier arrecife o cabo es posible observar grandes bancos de atunes, medregales y barracudas. Se destacan las cornisas de los claros y luminosos fondos de Fuerteventura repletos de peces, los grandes cañones submarinos de La Palma, las paredes de Gran Canaria, Tenerife y La Gomera, los enormes meros de Lanzarote y la fauna tropical en las profundidades de El Hierro.

Incluso los buzos más inexpertos pueden nadar entre rayas, morenas, ballenas piloto y delfines. En cualquier hotel de los tantos que se encuentran aquí se ofrecen programas de buceo nocturno, mediante los cuales el viajero puede darse el lujo de tomar fotografías fantasmagóricas de barcos hundidos poblados de peces que durante el día se mantienen ocultos.

En todas las islas existe una variada oferta de centros turísticos de buceo, en los que se ofrece instrucciones básicas en distintos idiomas, alquileres de equipos y excursiones acompañadas. En las profundidades pueden apreciarse más de 350 especies de peces (cinco de ellas sólo conocidas en estas islas), 1200 tipos de invertebrados y más de 600 algas catalogadas, de las cuales siete son nativas.

Caminante hay camino

Este archipiélago de cuarenta millones de años de vida geológica es un lugar propicio para el turismo ecológico o de naturaleza.

La oferta tiende a desarrollar su funcionamiento sobre la base de un turismo selectivo, en contraposición con el llamado turismo tradicional, de modo que el visitante tenga un mejor acceso a la gente de las islas, a sus zonas naturales, a su patrimonio arqueológico y arquitectónico, y a su gastronomía y folklore.

El alojamiento en este turismo de naturaleza está organizado sobre una red de cientos de casas rurales recicladas, construidas con piedra, madera, barro y teja, y dotadas con mobiliario tradicional.

Situadas en pequeños núcleos poblacionales, estas casas rurales recrean el hábitat de los antiguos pobladores de las islas. También funcionan los llamados hoteles rurales, construcciones típicas dotadas de los elementos de confort contemporáneo.

En estos circuitos turísticos son de especial interés los centros de recuperación de artesanía y los ecomuseos. La artesanía tradicional canaria abarca innumerables técnicas y materiales, como trabajos en madera y piedra, obtención de sedas y tinturas naturales, fabricación de cerámicas prescindiendo de tornos y cocidas en hornos de leña; telares para lino, palma, caña y hojas de plataneras, y elaboración de quesos y licores.

Estas islas cuentan con cuatro de los diez parques nacionales que posee el Estado español; además tienen una zona declarada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, tres reservas de la biosfera y decenas de parques protegidos y reservas rurales.

Son, por cierto, escenarios privilegiados para el turista caminante o senderista, una modalidad en auge entre los viajeros europeos.

Antes de la llegada del automóvil, del asfalto y de las carreteras, los campesinos canarios iban, de un pueblo a otro, a pie y con paciencia. Los animales sólo eran usados para el transporte de carga. Los primeros caminos y senderos fueron construidos para el traslado de imágenes religiosas en días de fiesta.

Esa red caminera de antaño fue conservada -y en muchos casos reconstruida- para su utilización por parte de los turistas caminantes. Así es como actualmente se pueden cumplir casi al pie de la letra los intrincados senderos que andaban y desandaban los trogloditas, anteriores a los tiempos hispanos.

Se puede acceder al conocimiento de la flora, la fauna y la arqueología por medio de varios servicios de guías que se ofrecen en todo el archipiélago.

Se trata de empresas especializadas en lo que aquí se denomina senderismo temático y en turismo ciclístico de montaña. Si bien el camping libre esta prohibido en Canarias, el aficionado a esta modalidad de viaje tiene a su disposición una amplia red de campamentos y refugios de montaña. La tipología de las formaciones rocosas facilita la escalada clásica y deportiva, y existen varias escuelas especializadas.

Tanto en los cuatro parques nacionales como en la Reserva Roques de Salmor, en la isla de El Hierro, funcionan los centros de Interpretación de la Naturaleza, donde con recursos de avanzada tecnológica y en diferentes idiomas, se ofrece la oportunidad de conocer e interpretar toda la trama geomorfobiológica y biológica que durante millones de años ha dado lugar a este archipiélago y a las especies que en él habitan

Recomendaciones

Si bien la oferta hotelera y gastronómica es variada, y en cada lugar hay lugares característicos, a continuación se dan algunas orientaciones para que el visitante tenga un buen dormir y mejor comer.

Candelaria

Hotel Tenerife Tour, Av. Generalísimo 170, Caletillas, Candelaria, Tenerife.

Costa Adeje

Hotel Gran Tenerife, Av. Rafael Puig Lluvina, Costa Adeje, Tenerife.

Hotel Oasis Paraíso, Urbanización Playa Paraíso, Costa Adeje, Tenerife.

Los Cristianos

Hotel Oasis Morque, Los Cristianos, Tenerife.

Playa de las Américas

Hotel Bouganville Playa, Urbanización San Eugenio, Playa de las Américas, Tenerife

Hotel Conquistador, Av. Litoral, Playa de las Américas, Tenerife.

Hotel Las Dalias, Urbanización San Eugenio, Playa de las Américas, Tenerife.

Hotel Las Palmeras, Playa de las Américas, Tenerife.

Hotel Torviscas Playa, Urbanización Torviscas, Playa de las Américas, Tenerife.

Puerto de la Cruz (Tenerife)

Hotel Botánico, Urbanización El Botánico.

Hotel San Felipe, Av. Colón 22.

Muy buenos restaurantes

Cocina local e internacional; ambiente del patrón, como le dicen los europeos a los locales de buena cocina casera y atendido por sus dueños.

Café del Príncipe, Plaza del Príncipe, Santa Cruz de Tenerife, Tenerife.

Folias, Pueblo Canario 307, Playa de las Américas, Tenerife.

Mesón El Drago, del Socorro 1, Tagueste, Tenerife.

Mi Vaca y Yo, Cruz Verde 3, Puerto de la Cruz, Tenerife.

Portillo de las Cañadas, Orotava-Villaflor s/Nº, Las Cañadas del Teide, Tenerife.

Trozos de luna en el Atlántico

TENERIFE

Cuando llegue a Lanzarote lo apabullará un paisaje poco común.

Es que se trata de 900 kilómetros cuadrados ocupados, en su mayor parte, por rocas de origen volcánico. Lanzarote parece entonces un pedazo de luna caído sobre el océano Atlántico.

Por algo será que la Unesco declaró a esta isla Reserva Mundial de la Biosfera: son trescientos volcanes dormidos y rodeados por playas casi blancas.

¿Le gustaría sentirse un astronauta por un día, pero en medio del mar?

En el Parque Nacional de Timanfaya uno puede caminar como si estuviese en la Luna, entre lavas rojizas que se formaron a partir de una serie de erupciones entre 1730 y 1736.

¿Se pueden escalar algunos de esos volcanes?

Por supuesto que sí. Y saber de qué se trata cuando uno se acerca al borde de un cráter, donde, allá abajo, la temperatura muy rápido llega a los 360 grados centígrados.

¿Qué es eso de los jameos?

Los jameos son entradas naturales a los tubos volcánicos subterráneos, originados por las corrientes de lava que descienden hacia el mar. Jameos del Agua es un tramo de uno de los tubos producidos por el volcán de la Corona. En su interior se han formado lagos por filtraciones de aguas exteriores.

¿Es verdad que por aquí habita una rara especie de cangrejos?

Sí. Se trata de los cangrejos ciegos, únicos en el mundo.

Particularidades de la cocina canaria para hacerse el plato

Sabores fuertes: nadie puede pasar hambre si se toma una sopa de pescado, se continúa con el rancho y unas carajacas, para terminar paladeando la tortilla de plátanos

SANTA CRUZ DE TENERIFE

Canarias tiene poderes de encantamiento mágico. En el medio de los vientos alisios, es cruce de viajeros eternos, de navegantes y de conquistadores; de gentes conocedoras del sol que un día cruzaron el Atlántico para fundar la industria azucarera en el Caribe, precisamente en Cuba, pero también es suave línea de contacto entre paisajes lejanos. Son las 19.30, el crepúsculo, la hora en que en los puertos del mundo se piensa en qué alcohol beber para cumplir con el aperitivo.

Estoy en Puerto de la Cruz, en Tenerife, y es entonces cuando sucede lo que tenía que suceder: los poderes de encantamiento mágico se hicieron presentes; aquí, las aguas del mar que vienen de Africa a veces bañan paisajes lunares; es la sensación que brinda esta tierra de geología volcánica.

Esa tarde recordé un viaje anterior, cuando haciéndole caso a Evelio Dorta, un cubano de abuelos canarios que se sabe descendiente de espíritus atlánticos, encaminé mis pasos hacia lo de Tames, otro isleño que cocina y habla sobre cocina en su pequeña tasca tinerfeña.

Esta vez hice lo mismo, me senté a la misma mesa de otros viajes, comí platos distintos, pero conversé sobre lo mismo.

Entre caldos y dulces

Lo que sigue es parte de aquella conversación sostenida con don Tames, párrafos que pueden ilustrar al viajero sobre cuáles son las mejores obras de la gastronomía local.

Lo que viene será leído en el español que habla Tames, como para ponerse a tono antes de subir al avión.

Para comenzar una comida nada mejor que un caldo de pescado, dorado en un caldero con aceite, con pimientos y ajos... y luego hervido con hierbahuerto y cilantro. Luego unas papas arrugadas (las mejores gastronomías han surgido de la pobreza), que no son otra cosa que unas patatas cocidas en sal gruesa y luego alentadas a seco, que cuando se sirven sobre el plato frío, al chocar con el aire se arrugan. El que esté hambriento, quiera satisfacerse a la manera de los canarios y pretenda comer muy bien por poco dinero, que ordene un rancho de garbanzos, carne y chorizo recocido en un sofrito gustoso de ajos y cebollas en calderete.

Si el comensal guarda apetito, pues entonces que solicite unas carajacas, las que al decir de Tames no son más que "lascas de hígado de rodajas de pan blanco y pimientos fuertes hecho al fuego vivo, con aguas, aceites, ajos y especias".

Y a la hora de los dulces, pues que bien me sabes, que se hace con almendras, huevos y limón, o una tortilla de plátanos, con plátanos, por supuesto, canela, leche y huevos.

Los señores bucaneros

Cuentan los libros de historia -muy especialmente uno que se llama El fuego y las cocinas, pequeño volumen de Florencio Gamez de Bórdalo, cocinero y poeta gaditano- que fue un canario el que inventó el bucan.

Se llamaba Domingo de Durcia y y se ganaba su mala vida como tripulante y pirata en los mares del Caribe, a mediados del siglo XVI.

Como estos tigres al acecho de arcones y tesoros españoles vivían en una especie de clandestinidad, ocultos en islas y cayos de la Antillas, tuvieron que improvisar e inventar métodos culinarios.

Uno de ellos fue el bucan -una de las tantas formas de usar el fuego para la cocción de alimentos-, que consistía en un pozo hecho en la arena y relleno con leños al rojo; en esa tierra escaldada clavaban los hombres sus pinchos con carnes de pescados y cangrejos.

De bucan viene la palabra bucanero, bandido de ultramar que así cocinaba sus manjares.

Fuente La Nación, enero 1999

 

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