| VANCOUVER, Canadá Sin
perder nunca la caballerosidad, Vancouver es ese entrelazarse de secretos
de la idiosincrasia inglesa, apretujada entre el respeto por las reglas
ciudadanas y la correcta educación, con los sabores de un Oriente lejano
que fue llegando en migraciones frecuentes desde mediados de 1800. Es
una ciudad que estalla cada año con la celebración del Año Nuevo chino,
para más tarde guardar la compostura y volverla a abandonar con el caer
de las noches y su sabor británico. El cantonés, el mandarín, el bahasa
(malayo), el turco y el ruso son idiomas y signos culturales fáciles
de encontrar, casi siempre distribuidos en las esquinas y rincones de
esta gran aldea de silueta maleable. El
centro, con edificios y torres que definen un carisma inclinado al modernismo
arquitectónico, lleva un marco hecho de bosques, montañas, glaciares
y un mar que improvisa lagunas de aguas quietas y mareas intranquilas.
Algunos parques en los alrededores resguardan la memoria indígena de
los primeros pobladores. El Stanley, por ejemplo, está erizado de tótems
que llevan más de cien años invocando las lluvias de verano. Vancouver
abre Canadá hacia el Pacífico. Es el brazo más importante de la provincia
llamada Columbia Británica y se alza a unos 40 kilómetros de la frontera
con Estados Unidos. Sobre
avenidas que desfilan entre tulipanes, hay ómnibus eléctricos que andan
en silencio y caminantes ciudadanos que olvidaron el sentido del concepto
de estridencias. Aquí, sin exagerar demasiado, el mayor ruido es la
suela de los zapatos en su roce con el asfalto. Sólo de tanto en tanto
el motor de los hidroaviones que despegan en el puerto, destrona la
soberanía del sigilo. Sobre todos los vértices anda el águila calva; la madre protectora que se aferra a las ramas exóticas del Jardín Botánico Van Dusen y la que en algunas ocasiones hasta se le anima a esos mástiles que iluminan veredas. Un paraíso para los lectores Vancouver
tiene entre sus filas el mayor porcentaje de lectores de todo Canadá.
Quizás es por eso que las librerías y bibliotecas aparecen a la par
de los locales de comida rápida. En los centros comerciales, a orillas
de las avenidas principales y obviamente en universidades y escuelas,
hay estanterías atiborradas de textos y concentrados viajeros de páginas,
trenzados con las historias. Además,
la ciudad lleva en andas una tradición de grandes escritores como Alfred
Garneau, Louis Frechette o Emile Nelligan; literatos que vale la pena
explorar si lo que se busca es interiorizarse un poco más en los secretos
de la idiosincrasia local. En
la mayoría de las ocasiones, los sitios para la aventura lírica están
ambientados; son como grandes cafés temáticos a punto para los degustadores
de folios. Uno de los más interesantes es Mystery Merchant Bookstore
sobre la West 4th Avenue. Allí, bajo un tapizado de letras, hay una
escenografía de calaveras y escaleras que se alternan con libros de
crímenes y misterios. Los jóvenes, a Robson "Robson
es la aleación más perfecta del sentido verdadero de Vancouver",
explica un moreno que aparenta un viaje reciente por los aires jamaiquinos.
Y al parecer, no hay error en su sentencia. La calle Robson es el centro
joven y el eje de una mixtura cultural que se manifiesta en cada esquina.
Es una senda que parece especializarse en encuentros multiétnicos. Los
bares y cafés de porte inglés, con cervezas oscuras y espesas a la orden
del día, se alternan con los espacios de comida tailandesa, griega,
india o china. Así,
en una recorrida nocturna, el Cesar de jugo de tomate, especias y apio
puede ir combinándose con los nudos (fideos de arroz) al curry con salsa
de maní, un sublaky ( pan árabe, cordero en trozos, cebolla, pepinos
y perejil; todo asado) o una koupepia griega (arroz y carne molida con
especias, todo arropado en hojas de parra). La
Robson es a Vancouver lo que la Rambla es a Barcelona, y conscientes
de esto, los locales la transformaron en peatonal al caer la tarde.
Así se definen las noches urbanas, mientras desde los altavoces, la
nativa Alanis Morissette, va siempre entonando con voz profunda los
últimos versos de cierta canción de su álbum debut, Jagged Little Pill.
Datos útiles Visa Cuesta
50 pesos por una entrada al país, y 100 por múltiples entradas. Se obtiene
en la embajada de Canadá, Tagle 2828, de lunes a viernes, de 8 a 11.
Alojamiento Una
habitación doble en un hotel de 5 estrellas ronda los 200 dólares; en
uno de 4, 150; en uno de 3, 80; los de 1 y 2 estrellas, alrededor de
50. Gastronomía Una
comida cuesta alrededor de 15 por persona. Información El
golf es un deporte popular. The University Golf Club es uno de los mejores
centros, 5185 University Boulevard, (604)-224-1818. La Oficina de Turismo en Vancouver está en Burrand St. 200. Tiene excelentes datos e Internet gratis. Narices frías y ojos rasgados Con
sus taos y lemas colgando de los bolsillos de una túnica anciana, Lao
Tsé, Confucio y los demás también se trasladaron en ideas hasta esta
región de América. Llegaron con sus 5000 años de historia cargadas sobre
espaldas que no acusan el peso. Fue la fiebre del oro de 1858 lo que
excitó los monederos de los primeros orientales que desembarcaron en
Canadá. El río Fraser tajeaba a la central Vancouver, y era entonces
capital del metal en toda la región que se abría por encima del río
Colorado. Algunos
años más tarde, ya a fines del siglo XIX, cerca de 17.000 inmigrantes
llegaron para trabajar en la construcción de los ferrocarriles, y como
el paquete de entrada no incluía la posibilidad del viaje de regreso
a casa, tuvieron que adoptar al suelo nórdico como refugio hogareño
y quedarse para siempre. Por eso, la Columbia Británica se transformó
en sede del primer asentamiento chino en el país y en 1971 el Barrio
Chino fue declarado sitio histórico por su labor de centinelas de entrada
a la comarca. Ideogramas
y dragones rojos con escamas de madera y sin fuego se hacen cargo de
la decoración intensa de paredes, letreros y neones. Como los mismos
habitantes se jactan; el barrio se ha transformado en una atracción
inevitable para el turismo y en un próspero distrito comercial. Entre jardines y secretos culinarios Al
578 de la calle Carral, existe un jardín chino que fue ideado y construido
en seis años respetando cada línea, de los originales del Asia. De hecho,
desde esos parajes se trajeron en barco la mayoría de los materiales
con los que se trabajó su diseño. Así, hay una serie de cascadas y rincones
naturales que lo transforman en un diminuto recreo verde en el corazón
de la ciudad. La entrada incluye siempre una visita guiada y un té de
cortesía para entibiar los cuerpos. La oferta culinaria se abre en este barrio hacia combinaciones que muchas veces trascienden lo comprensible para Occidente, pero vale la pena darle espacio al paladar para conocer nuevos sabores. Aunque muchas veces se la desmerezca, la cocina es quizás uno de los rasgos más importantes de la idiosincrasia de un lugar, y aquí, uno de los apoyos fundamentales de la cultura. Alrededores:
lagos, bosques, glaciares y cumbres nevadas enmarcan un viaje más allá
de la ciudad, donde la vida al natural se combina con rituales nativos. Al
norte de la ciudad nace la montaña Grouse, eje para la mayoría de las
actividades todo terreno en la región y sede de ciertas ceremonias nativas
de la cultura salish, antigua pobladora de las tierras altas del Canadá.
Generalmente, el ascenso hasta allí es en un cablecarril que parte desde
el final de la Capilano Road. Una vez en la cima, la vuelta a la base
se suele hacer en mountain bike o poniendo en juego las botas de trekking,
depende de la avidez de movimiento del visitante. Para los amantes del
nativismo, en la misma cumbre, algunos días se cierran con el atardecer
y una celebración cultural que rememora el ritual salish. Entre danzas,
tambores y canciones emblemáticas que hablan de la tierra ancestral,
van las comidas locales más antiguas tamizadas en aires de ceremonia.
Cerca de allí, al Noroeste, en la isla Bowen, hay salmón para los mediodías,
ferries multitudinarios para el cruce y caminatas que se internan entre
bosques húmedos, especies de mapaches y castores salvajes que espían
el pasar de los viajeros. El kayak y el rafting son actividades para
los amantes de ese vértigo que dan las correntadas de los ríos en tren
de deshielo. También, los paseos en helicóptero constituyen una accesible
manera de echarle un vistazo desde las alturas a la comarca. Al 5251 de la Oak Street, el Jardín Botánico Van Dusen fusiona en 55 acres los perfiles vegetales de Oriente y Occidente en un único espacio. Hay jardines envueltos en fragancias, jardines medicinales para la cultura china y jardines para meditar cuando la tarde cae o el día se abre. Al mismo sitio, más de 60 variedades de pájaros lo adoptaron como lugar en donde sentar cabeza y siempre andan paseándose entre las ramas y una colección internacional de esculturas que cierra la estética del lugar. Para los que quieran moverse un poco de la orilla marítima vancouveriana; a 120 kilómetros al norte de la ciudad, está Whistler, uno de los principales centros para las actividades de alta montaña. Es un poblado chico, diseñado para caminantes y ciclistas de baja velocidad; cualquier motor tiene vedado el acceso. En cada esquina hay pistas para skaters fanáticos que transforman el deporte de adolescentes en interesante exhibición de destreza para adultos. Aquí, el Pacífico cede espacio a los pinos sobre laderas, a los arroyos claros y al aire más puro de Canadá. El oso pardo, el lobo y la marmota son asiduos visitantes de la región y compañeros amables de las caminatas por las montañas de los alrededores. La zona es también una especie de imán para pescadores y golfistas. Whistler tiene varios campos para animársele al tee-off, además de lagos y ríos en donde tirar la caña para ver qué pasa con aquel viejo mito de la superabundancia del salmón. Museos y galerías Las
pinacotecas, las salas de exposición para los resabios de antiguas y
corridas culturas del entorno. Los encuentros multitudinarios de cristalería
con formas curvas que hacinan recintos creados para tal fin y enorgullecen
los escaparates vidriosos de cada nativo. Exhibir es otro de los placeres
de la Columbia Británica y por eso ha ido inventando espacios temáticos
que muestran el organigrama creador de todo cuanto tienen a mano. El
Museo de Antropología está en la esquina de la bahía que aparece cuando
el mar se entromete por los pliegues de Vancouver. Es uno de los que
mejor retrata la historia de las primeras naciones de la costa noroeste
del continente. Hay tótems y esculturas a grande y pequeña escala que
cuentan secretos de las culturas kwakwaka 'wakw', nisga'a, gitksan o
salish; todas comunidades que habitaron la región antes de la llegada
de los ingleses. Las artesanías de esas tribus, las máscaras esculpidas en madera, las pinturas y las piedras talladas pueden verse también en la Eagle Spirit Gallery al 1814 de la Maritime Mews Grandville Island, al igual que en la Inuit Gallery del 345 Water Street, Gastown y en la galería Spirit Wrestler en el 8 Water Street, Gastown. También hay una exposición de cristales trabajados en el Lonsdale Quay Market al 123 de Carrie Cates Court, y una de trabajos en jade al 1696 de la avenida West 1st. Datos útiles Whistler Para llegar, la empresa de ómnibus Greyhound sale desde la estación central de Vancouver cada dos horas. La
Oficina de Turismo de Whistler tiene excelente información y hasta una
página en Internet. El teléfono es (604)-664-5625. Fax: 938-5758. http://www.whistler-resort.com
Para realizar actividades de montañismo o trekking en Whistler hay que llamar al (604)-938-9858. Para los amantes de la pesca hay varias agencias que trabajan bien: Trout Country Fishing Guides, TE: 905-0088; Whistler Fishing Guides, TE: 932-4267 y Mad River Nordic Centre, TE: 932-0616. Para aventuras en 4x4 llamar al 938-1616 de Canadian ATV o al 932-8484 de Whistler Summer Adventures Fuente La Nación., octubre 1999 |
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