Valle de la muerte

Puente Golden Gate

Lago Tahoe

 

En Estados Unidos, las estrellas nacen por el Oeste

Un recorrido en auto por la pacífica costa de California deja una estela de emociones muy saludables, con días bronceados de playa y deportes

Todos los californianos que conozco están bronceados. Tanto en las playas de San Diego o Santa Mónica como en la montaña nevada en Lake Tahoe. En las grandes ciudades de San Francisco o Los Ángeles igual que en las poblaciones pequeñas del país del vino, en Napa Valley.

Con una cara de salud que da envidia. Parece que estuvieran de vacaciones aunque trabajan incansablemente. No paran nunca, aunque en lugar del caballo que usaban los cowboys manejen camionetas 4x4 y reemplacen el revólver por el teléfono celular. Son capaces de un esfuerzo muy duro -literalmente de sol a sol-, pero se divierten con igual intensidad -de luna a luna-.

Sin preocuparse demasiado por los terremotos que los sobresaltan cuando se sacude la falla de San Andrés. No entiendo de dónde sacaron The Mamas & The Papas el título California somnolienta. A menos que la traducción los haya traicionado porque en inglés era California Dream, que viene de soñar y no de dormir. No tiene nada que ver con la siesta y mucho con el cine. Por algo Hollywood, la fábrica de sueños, se instaló aquí.

Y lo mismo les pasa a los turistas que, sin darse cuenta, se mimetizan con los nativos. Aunque lo digan, no vienen a descansar, sino a vivir con intensidad, para aprovechar cada minuto y cada dólar. Y se ponen las pilas dispuestos a disfrutar a fondo un catálogo de maravillas que empieza cuando bajan del avión.

Atracciones a medida

En la Costa de Oro (Golden Coast), el único problema es que hay demasiadas atracciones. No es un traje hecho, de confección, sino que hay que hacerlo a la medida de cada uno. O mejor dicho, de cada familia, porque es un viaje para compartir.

Si le gustan las ciudades tiene, tres incomparables. Los Ángeles, que en realidad son muchas ciudades en una. San Francisco, que le robará el corazón igual que a Tony Bennett. Y San Diego donde el clima es perfecto, con el mejor zoológico del mundo y yates para la Copa América y hasta puede visitar México tomando un tranvía.

Para los que prefieren el mar, y el Pacífico de calmo sólo tiene el nombre, hay olas gigantescas (con museos de surf), inmensas playas solitarias o con el show de Venice (lo más parecido a Ocean Drive, en Miami) Le llamará la atención que hay muchas personas en la arena y pocas en el agua (salvo los deportistas de la tabla con trajes de neoprene). En realidad, el agua es muy fría en la mayoría de los lugares. Más que en Mar del Plata, y con un chapuzón alcanza para seguir al solcito.

Tiene, a dos horas de auto, desiertos como el de Mojave (donde regresan los transbordadores espaciales), el de Palm Spring con spa de novela pensados para los artistas y más allá el propio Valle de la Muerte (Death Valley).

Hay dos cadenas de montañas, valles que parecen salidos de las películas del Oeste, y no se equivoca porque allí filmó John Wayne y lo siguen haciendo los actores consagrados desde Dustin Hoffman hasta Jim West. La Biblioteca del ex presidente Reagan está en una colina similar a la que vimos tantas veces en la pantalla.

Del esquí al surf

Tiene enormes y bien cuidados parques nacionales con árboles gigantescos (Yosemite, Kings Canyon o Sequoia). Y también lagos profundos como Tahoe Lake, muy parecido al Nahuel Huapi en Bariloche, con laderas nevadas donde se salta del traje de esquí al de baño.

Esta nota está pensada en un auto. Un recorrido turístico por California parece tan inimaginable sin cuatro ruedas (o dos si prefiere una Harley Davidson, que también se puede alquilar) como ver a pie a un cowboy que es un gaucho que nació en el Norte. Pero no es la única manera. Podemos atravesarla en un tren de lujo de Amtrak. O llegar a un sitio y quedarnos, como en la peatonal San Francisco o el casco central de San Diego con un troley histórico que nos lleva cómodamente a los lugares principales. O hacernos una escapada en avión hasta Las Vegas, que parece tan cercana como la tentación aunque se encuentre en el Estado vecino de Nevada.

Pero, en tiempo de aventura, el auto es el mejor compañero de ruta para pasar del mar a las montañas, del desierto a las ciudades y por eso le damos mayor protagonismo en el itinerario principal que seguimos en este artículo. Estamos en el camino (On the road), como se titulaba la famosa novela-testimonio de Jack Kerouac, que hoy es una calle en San Francisco

Un viaje con luz, cámara y acción

LOS ÁNGELES

 Podemos salir desde Los Ángeles por autopista pero es más entretenido hacerlo por el Pacific Coast Highway, al lado del mar hacia Santa Bárbara, que está a 90 millas, poco más de una hora de viaje. O, como estamos cerca de la Reagan Library, podemos desviarnos para una visita interesante, como son todas las bibliotecas presidenciales en Estados Unidos.

En este caso tenemos que tomar la autopista 405 al Norte hasta la 118 West y salir por la Exit a Madera Road South y luego 3 millas por la Presidencial Drive hasta Simi Valley. Hay carteles indicadores. O pregunte antes por Internet (http://www.reagan.utexas.edu). Volviendo al camino, porque desde allí es fácil llegar a la ruta 101 al Norte, un rato después de pasar por las huellas del pasado petrolero de Ventura, ya estamos entrando en otro de los paraísos que ofrece California.

Por su cercanía con Hollywood era y es, uno de los refugios principales de las estrellas que preferían la tranquilidad de Montecito y Santa Bárbara. Allí se conservan restos de la primitiva misión y el estilo colonial español en sus residencias. Me encanta disfrutar del brunch, el desayuno-almuerzo de los domingos, y le pido que anote el del hotel Biltmore. No sólo comerá muy bien y a precio razonable en relación con lo que le sirven, sino que es posible que se encuentre con una gran figura. Eso sí, no mire demasiado ni pida un autógrafo porque no será bien visto. No es un restaurante temático sino un lugar donde van los vecinos.

En Santa Bárbara hay un circuito, bien señalizado, que le permite en poco tiempo dar un paseo por los lugares mas ricos en paisaje antes de seguir viaje.

Hay otro similar para peatones en el downtown con marcas en mayólica española sobre los puntos mas interesantes. Si tiene tiempo puede quedarse un par de dias pero no busque hoteles sobre el mar que son bastante caros sino que es más conveniente alojarse en un motel y después ir de paseo con el auto.

Más adelante hay otra visita que le encantará porque se sentirá en Dinamarca al entrar en Solvang, un pequeño pueblo con molinos de viento, vestimentas típicas y muchos negocios en una calle que parece tomada de Copenhague.

Lo mismo que la mayoría de las cosas que venden.

Toda esta zona es preferida por las celebridades para disfrutar del paisaje y la intimidad. Ronaldo y Nancy Reagan tenían su Rancho del Cielo y Michael Jackson su Neverland. Sobre el agua está Lompoc, un verdadero mar de colores cuando las flores alcanzan su esplendor en primavera y verano (mayo a septiembre). Se puede hacer un autotour pidiendo los mapas en la Cámara de Comercio en Valley Flowers Drive.

Hay muchas oportunidades para detenerse y pasarla bien. Por ejemplo, en Santa María (sobre la ruta 101), con un sorprendente hotel que parece el escenario de una película. El parecido es lógico porque son habituales los rodajes; allí, también, hicieron escala muchos de los invitados del magnate William Randolph Hearst y, entre los invitados, solían estar Charles Chaplin, Clark Gable o Greta Garbo.

El Hearst Castle es un castillo para todas las fantasías imaginables (sobre todo, las comerciales, ya que hay diversas oportunidades para comprar). La palabra magnate le cae bien a este delirio arquectónico, que duró en construirse casi tres décadas, entre 1917 y 1947. Parece un palacio árabe con una pileta, propia de una villa romana y, además, antigüedades de todo el mundo. Dispone de 100 habitaciones y es un lugar de interés turístico sólo superado en número de visitantes por Disneylandia. Nosotros lo conocimos, antes de verlo, en la película El Ciudadano, de Orson Welles, que era considerado persona no grata por el dueño.

Panorámicas inolvidables

En este punto hay que tomar una decisión. O seguir por la autopista 101 para ir apaciblemente hasta San Francisco o preferir la emoción de la US1, que es un camino de montaña, con muchas curvas y con el océano al lado. Es el máximo ejemplo de lo que llaman Scenic Routes, inolvidable por sus panoramas siempre que tenga tiempo de mirar, porque se deberá estar más atento a mantenerse cerca de la pared y pasar (o dejar pasar) únicamente en las zonas marcadas. Es que en la mayoría del camino hay sólo mano y contramano con prohibicion de adelantarse.

Si le gusta manejar por la US1 las 64 millas (123 kilómetros) tendrá su recompensa al entrar en Big Sur, donde vivió sus últimos años Henry Miller, y Orson Welles levantó su chalet Nepenthe para recibir en luna de miel a Rita Hayworth; también está el centro de Esalen. La mezcla de bosque y precipicios sobre el mar es tan dramática como apasionante.

El próximo lugar también será inolvidable: Carmel, otra de las misiones que todavía se mantiene con su iglesia de piedra y el campanario restaurado. Aquí reina la tranquilidad, parece ajena a la agitación, y es contemporáneo con un vecindario ordenado, sin paredes pintadas ni nada que interrumpa la monotonía. Es bueno recordar que Clint Eastwood fue su intendente (mayor) y no creo que a nadie se le podría haber ocurrido no hacerle caso.

Desde aquí el camino escénico más interesante sigue por la hermosa 17 Mile Drive. Al costado del mar, entre bosques alucinantes, la ruta culmina en el campo de golf de Pebble Beach, con su hoyo 18 rodeado por el océano Pacífico.

En la bahía de Monterey hay un hermoso parque y el no menos atrayente Aquarium. Cerca de allí, en Salinas, nació John Steinbeck, una de cuyas más famosas novelas, Al Este del Paraíso, recuerda su infancia en la región.

Retomando hacia el Norte, se está a las puertas de San Francisco, dejando atrás el Silicon Valley con sus vecinos de rubro Sun y Apple y la Universidad de Stanford, donde se jugaron partidos en las ruedas eliminatorias del Mundial 94 de fútbol.

Aquí, lo mejor es olvidarse del auto porque es una ciudad para disfrutar caminando y para volver a manejar con el fin de recorrer Sonoma y Napa Valley (el país del vino) o para llegar hasta Lake Tahoe. De esta manera, se hace un largo trayecto, pasando desde la primavera permanente hasta la nieve y el esquí.

Y esto es sólo una muestra, un menú arbitrario para que usted elija los platos principales y no coma sólo con los ojos porque se puede empachar.

Las calles de San Francisco

Subibaja: las pronunciadas ondulaciones de la ciudad invitan a caminarla: eso sí, con zapatillas y a buen paso.

SAN FRANCISCO

Aquí el auto más que una ayuda es un estorbo. La ciudad es un sube y baja divertido para verlo en la serie Las calles de San Francisco, pero estresante para el volante de llanura, que no está acostumbrado al vértigo. Es mejor tomarse un cable car con el conductor, que es un hippie de buen humor a tiempo completo.

Encontrar estacionamiento cerca es difícil y caro, especialmente en los hoteles. Como en cualquier gran ciudad lo más conveniente es estacionar lejos y llegar al centro en un medio de transporte colectivo, que es muy eficiente. Se puede estacionar en el aeropuerto y tomar el ómnibus que sale cada 15 minutos. Esta es una ciudad peatonal, como Boston o Nueva York. Un buen par de zapatillas, acolchadas para dar confort y amortiguar los pasos, es lo ideal.

Tampoco se trata de extenuarse en una maratón de los barrios y menos trepando las siete colinas. Para unir puntos lejanos conviene comprar el MUNI Passport que permite usar, todas las veces que quiera, ómnibus, subtes e incluso el tranvía.

Jack Kerouac, en el camino

No sólo los chinos llegaron para concentrar la mayor población fuera de su patria, también los italianos. Es una Bella Passeggiata en North Beach, donde está la legendaria librería City Lights frente a la calle Jack Kerouac, el gran nombre de la literatura beatnik, muy cerca de donde vive Francis Ford Coppola.

También hay cafés como los nuestros, para tomar un expreso mientras nos hacemos la película.

El barrio Castro, la meca de los gay de todo el mundo, está vedado al recorrido de los ómnibus o combis de turismo. Un gran cartel recuerda la prohibición. Pero nadie le va a impedir caminar por su cuenta.Tampoco necesita un guía para recorrer Unión Street, una callecita deliciosa con boutiques, galerías de arte y, por último pero no menos importante, mesas a la calle con el mejor capuchino de la ciudad. Doy fe.

Las casas victorianas son un valor agregado al paseo que puede iniciarse luego de bajar del tranvía en la esquina de Unión, justo una cuadra antes de la calle Lombard con sus 8 curvas en la bajada, cubierta de flores y fotógrafos aficionados. Si lo hace en su auto, cuando estacione recuerde que es obligatorio -por ley- dejar las ruedas torcidas y poner el freno de mano.

Para los flojos, el cable car

Es imperdible la visión desde Nob Hill, la colina de los Palacios, también muy cerca, a un paso con el cable car.

Podemos subirnos y bajarnos cuantas veces se nos ocurra (siempre hay lugar en el estribo) para tener el mejor panorama de la bahía. Allí está la Grace Catedral, réplica de Notre Dame en París y el descomunal auditorio del Templo Masónico.

También es interesante recorrer Japantown, una visión en pequeño de Tokio que refleja su cultura como una gota de agua sintetiza el contenido del vaso. Y probar el mejor sushi. Aquí, como en todo San Francisco, se come muy bien, es un mapamundi de la olla.

Datos útiles

Aéreo

El pasaje desde Buenos Aires hasta Los Angeles y San Francisco cuesta aproximadamente 950 dólares, ida y vuelta, con impuestos y tasas incluidos; hasta SanDiego, aproximadamente 1200.

Los Angeles

El precio de la habitación doble, por noche, en Beverly Hills oscila desde aproximadamente 150 dólares; en el Downtown y Long Beach, desde menos de 100 hasta 250; en Santa Mónica, desde aproximadamente 50 dólares hasta más de 250.

San Diego

La habitación doble en La Jolla oscila entre 100 y 200 dólares; en Coronado, desde 200 en adelante. En San Diego, hasta 250.

San Francisco

En el centro de San Francisco existe una amplia oferta hotelera, los precios de las habitaciones dobles oscilan desde menos de 100 dólares en adelante.

El pase MUNI

El servicio SanFrancisco Municipal Railway (MUNI), comprende ómnibus, cablecarriles, subte y tranvía. El pase MUNI por un día cuesta aproximadamente 8 dólares; 7 días, 20, y 1 mes, 40.

California en tren

El Coast Starligh, de Los Angeles a Seattle, es un tren de lujo con asientos que giran a comodidad. Este servicio de Amtrak incluye además de la primera clase, una opción más económica

Los Ángeles, en escena

LOS ÁNGELES

 La pregunta no es ¿dónde hay una playa, sino dónde no la hay? The Golden Coast ofrece desde grandes olas para principiantes en surf hasta otras para los profesionales de la tabla. Con habitués de las reposeras para tostarse bajo la protección de mil pantallas. O de manera más común con los hiperactivos que no dejan deporte por practicar, desde el ala delta al skate. Hay una manera de estar tostado a la californiana. Es un color diferente del que deja el Caribe. Menos llamativo y más duradero, como un maquillaje incorporado a la piel, de la misma manera que su clima físico y humano. Hay una cultura de la playa que dura todo el año más allá de los matices o diferencias de temperatura entre una primavera que parece verano y un invierno que es mucho menos riguroso que en otras partes, aunque hay zonas de lluvias y más frías al Norte.

En la Costa Central no hay tantos hoteles con playa propia como en La Florida. En California, la playa es angosta y está flanqueada por un cordón de cerros. Una mezcla de mar y sierra. Y, por supuesto, el auto que se lleva puesto a todos lados; hasta se estaciona casi al lado del mar. El estacionamiento cuesta entre los 5 y 8 dólares por día. Pero a veces no se consigue espacio y hay que irse a otro lado porque no se puede dejar el coche en cualquier parte. Hay multas, grúas y, por último, pero no menos importante, citaciones al Tribunal que pueden ser un problema mayor a la hora de regresar a casa si no nos presentamos. Todas son playas públicas, abiertas, con baños limpios y varios teléfonos. No se usan toldos permanentes, sino sombrillas itinerantes. Hay gimnasios por todos lados, y abren todos los días, de 5 a 23. Otros están abiertos las 24 horas, como algunos supermercados o locales de alquiler de videos. Los turistas pueden usarlos sacando abono por día o semana.

Para imitar a Schwarzenegger

Existe la tentación de buscar las playas más lejanas, pero si nunca estuvo le sugiero que empiece por Santa Mónica. Con su muelle típico de 1908, mantenido a nuevo, con parque de diversiones y rodeado por las residencias de las grandes estrellas (entre ellas Harrison Ford y Steven Spielberg, aunque no es fácil verlos). Muy cerca está la famosa Venice, que inicialmente fue un desarrollo inmobiliario con canales artificiales como en Italia, pero lo superó la atracción de la playa. Puede caminar o alquilar una bicicleta o patines para pasear por una senda de asfalto.

Aquí está la playa del músculo, donde rivalizan los fisiculturistas y el gimnasio donde se formó Arnold Schwarzenegger, que aún hoy no deja un día sin hacer pesas y tiene muy cerca su restaurante austríaco. Es una playa hippie con un show incesante de músicos ambulantes, trapecistas, adivinas, artesanos, payasos, mimos, excéntricos, aspirantes a actrices que saben que el camino al cine empieza por ser modelos.

Bajo el estrellato de Hollywood

Siguiendo hacia el Sur está Long Beach que, como su nombre lo indica, es larguísima. Al costado está el aeropuerto John Wayne, el mito que no hace otra cosa que agigantarse desde su muerte en 1979. En el muelle está anclado el Queen Mary para dormir su sueño de grandeza. A la derecha, el océano Pacífico -que de Pacífico no tiene nada, por eso es el sitio preferido por los surfistas- y, a la izquierda, comienzan a sucederse las estribaciones de la montaña, con sus valles y sierras.

Hollywood tiene una atracción magnética, casi mágica. Cada día crece más porque representa la mitología de nuestro tiempo, con sus dioses, semidioses y héroes. Se pueden realizar visitas a los estudios Universal y, por supuesto, ir hasta Hollywood Bulevar y tomar un tour en el que se narran anécdotas de famosos y artistas mientras se indica el lugar donde viven. En el aeropuerto y en las oficinas del Los Ángeles Convention & Visitors Bureau hay mapas y folletos gratuitos. Al cabo de unos días, mejor ubicado en la ciudad, podrá aventurarse por las autopistas para llegar mucho más rápido a todos lados, aunque las distancias son largas y de un punto a otro puede demorar media hora o más.

Para peatones

Santa Mónica es un lugar ideal para caminar, sobre todo, para familias con presupuestos acotados. Hay que ir hacia el Este, tomando por Wilshire o Santa Mónica. Es mejor que tomar otras calles, porque es fácil que se corten al llegar a las colinas.

En cambio, por los dos bulevares mencionados, se puede llegar hasta Beverly Hills (y Rodeo Drive), Hollywood y West Hollywood, Sunset Strip y Century City. Al mismo tiempo, se puede recorrer gran parte de la ciudad sin tomar por las autopistas; que no siempre resultan simples para los recién llegados.

San Diego no pone límites

Hacia el Sur: a 40 minutos en tren de Tijuana, en la frontera con México, está el zoológico más grande del mundo, con especies como koalas y osos panda.

SAN DIEGO

Si vamos al Sur, hacia San Diego que está a sólo 120 millas (193 kilómetros) podemos hacerlo directamente desde Los Ángeles en menos de dos horas tomando la autopista 405. Recordemos que en California no hay peaje.

A poco de salir de Los Ángeles, luego de 45 minutos de viaje, llegamos a Anaheim donde está Disneyland, el primer parque temático de Walt Disney, que sigue siendo una de las atracciones más visitadas de California. En la misma zona, hacia el mar, está Yorba Buena donde están la Biblioteca Presidencial Richard Nixon y su tumba. Si estamos en tren de paseo, es oportuno tomar por la Pacific Coast Highway, que está más cerca del mar, y visitar de paso algunas de las muchas playas que se van encadenando pasando Long Beach, a la que puede llegarse desde Los Ángeles en subterráneo. Entre otras, vale la pena detenerse en Huntington (con el International Surfing Museum, que tiene una pared dedicada a los Beach Boys); Newport, para comer pescado fresco en el muelle; Balboa, desde donde sale un catamarán a la isla de Santa Catalina, a 42 kilómetros de la costa y que es un paraíso para buceadores; las cuevas de Crystal Cove; la bohemia Laguna Beach, ideal para pintores y escritores, con 130 cuadras de playa y que es visitada por los delfines y alguna ballena juguetona, o Dana Point, muy cerca de San Juan de Capistrano, donde vuelven las golondrinas todos los 19 de marzo.

Lo que más me gusta es llegar a San Diego pasando por La Jolla, donde el doctor Jonas Salk invirtió todo su dinero para seguir luchando contra las enfermedades. Toda esa zona es una maravilla, un verdadero paraíso con el clima ideal (temperatura promedio 21ºC todo el año, con pocas lluvias y nada de smog como en Los Angeles).

En el mismo camino hay tramos marcados como Scenic Drive y el paisaje es increíble en su combinación de colinas que caen a pico sobre el océano y playas larguísimas o cortadas por cuevas y rocas. Cada pequeña población es un ejemplo de lo que otros llaman calidad de vida y ellos simplemente la viven.

De todo y para todos

San Diego es una ciudad igualmente sorprendente. Mucho más grande de lo que podemos imaginar y con atracciones tan singulares como el Parque Balboa, con una sucesión de museos: arte, automóvil, espacio, ciencia.

Enfrente está el zoológico más grande del mundo. Y el más atrayente porque no sólo tiene los animales más cotizados (oso panda, koala, tigres) sino muchos de los ejemplares en extinción a los que ayudan con un plan de procreación tan intenso como efectivo. Se puede recorrer el parque en un tren por la floresta que recrea las condiciones naturales de África o Asia. Para los chicos, el Children's Zoo. Otra de las vedettes es el Sea World, comparable en su número de visitantes con Disneylandia y los estudios Universal.

El mar es omnipresente y en torno de la bahía se concentra gran parte de la actividad, incluyendo los centros de compra con galerías muy sofisticadas en Horton Plaza y el próximo distrito de Gaslamp. Son varias manzanas iluminadas por lámparas anteriores a la electricidad, donde se concentran varios de los restaurantes y discotecas más en onda. Antes estaba por allí el barrio de las luces rojas, el distrito del pecado, pero hoy son casas victorianas recicladas con mucho cuidado. En una pared hay un enorme mural, al estilo tan común en Los Angeles, con la figura de Wyatt Earp cuando era sheriff en la zona.

Otro lugar interesante es la isla de Coronado. Se puede llegar cruzando un largo puente (con peaje) o con el viejo ferry. Aquí tenemos otro ejemplo de ese espíritu de preservación en el Hotel del Coronado, construido en 1888, pero mantenido; debido a la gran demanda cuesta conseguir una de sus 700 habitaciones. Allí se filmó Una Eva y dos Adanes, con Marilyn, Jack Lemmon y Tony Curtis, en 1958.

No es paradójico que una ciudad tan moderna y activa respete su historia. Allí llegó el primer europeo que arribó a California, Juan Rodríguez Castillo, en 1542, pero realmente todo empezó, dos siglos más tarde, cuando llegó el padre Junipero Serra para fundar la primera misión en San Diego de Alcalá. Parte de la construcción se conserva en el Viejo Pueblo (Old Town). El sacerdote y sus seguidores, siguiendo el camino real, crearon 21 misiones que llegaron hasta el norte de San Francisco, en Sonoma. Tanto en la zona alta de San Diego como en Napa Valley está la mayor producción de vino, y fue don Junipero el que trajo las primeras vides y comenzó su cultivo con tal tenacidad que dejó su impronta en California.

Otra excursión recomendable es tomar el tren rojo hasta el límite con México. El viaje dura 40 minutos. También puede hacerlo en su propio auto, pero sin cruzar la frontera.

Datos útiles

Atracciones

Tour por las casas de los famosos, 20 dólares.

Disneyland, 36.

San Diego Zoo

Está abierto desde las 9 hasta aproximadamente las 16, todos los días.

La entrada general cuesta 15 dólares para los adultos, y 6, para los menores (3 a 11 años). La entrada de lujo, que incluye un tour en ómnibus, cuesta 21 dólares para los adultos y 11, los menores.

Sea World

El pase para los adultos cuesta 38 dólares y para los menores, 29.

Entradas

Existe la posibilidad de comprar una entrada ilimitada al Sea World San Diego y a Universal Studios Hollywood válida durante 14 días.

El precio es de aproximadamente 73 dólares para los adultos y 55, los menores.

La quimera del oro

Hasta el 9 de septiembre del 2000 se celebra el Sesquicentenario del Descubrimiento del Oro en California, en 1848.

Hay todo tipo de actos, exposiciones y excursiones a la zona de los yacimientos mineros, incluso los pueblos fantasmas que quedaron abandonados luego de la explotación que hizo ricos a muchos y para otros fue sólo una quimera.

Fuente La Nación, agosto 1999 

 

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