Pasarela de balnearios

Hacia el Oeste, el mar es muy tranquilo porque está encerrado frente al continente que está enfrente.

Sobre esta costa tenemos las playas más conocidas de Canasvieiras y Jureré (con muchas casas para alquilar). El agua es tibia y parece planchada, casi sin olas.

Muy próxima está Lagoinha, preferida por las familias con chicos porque es muy tranquila y parece una piscina. Cuando damos la vuelta por Punta das Canas hacia el Norte, la fisonomía cambia totalmente, porque estamos en mar abierto, frente al océano Atlántico.

Allí está Playa Brava, y su nombre no miente, con olas ídem.

Luego viene la larga Playa de los Ingleses, unas 50 cuadras con su pasarela de bares y negocios hasta que se cierra con el morro Do Costao do Santinho y sus pinturas rupestres de más de 5 mil años, cuando los primeros turistas fueron los indios carijós.

El mar es igualmente fuerte, pero la playa es más ancha y tiene menos gente. Siguiendo hacia el Este está Mole, llamada así por sus arenas blandas. Es la preferida por los más jóvenes y aventureros, a quienes les gustan sus aguas más frías y difíciles porque tienen como una primera barrera que baja de golpe.

Y luego entramos en Joaquina, cada vez más popular entre los surfistas exigentes que para hacerla corta la llaman Joaca. Tiene muchas comodidades, vestuarios públicos, etc., pero no es para jugar con el agua, por sus corrientes.

Una pista natural

Cuenta la leyenda que se llama así porque una tejedora, de nombre Joaquina, fue tragada por una enorme ola mientras tejía una red sobre la arena. Hacia el Sudeste, está la playa de Campeche, donde aterrizaba Saint-Exupéry con los aviones de Aeroposta porque era una pista natural. Hoy no podría por la cantidad de bares y restaurantes que salpican los médanos y la vegetación exuberante a la brasileña. Está cerca de Armaçao, que es un típico pueblo de pescadores de los que alucinan a los turistas porque recuerdan las tradiciones que trajeron los primeros pobladores desde las islas Azores hace 250 años. Y para buscar algo nuevo, no hay cosa mejor que encontrar algo muy antiguo.

  • PORTO SEGURO

La vida se desenvuelve frente al mar, desde el amanecer hasta últimas horas de la noche. La cálida atmósfera acompaña los movimientos de la rutina diaria, de los bahianos que arman sus puestos en la pasarela que todas las noches reúne a los turistas en una fiesta de tragos tropicales con nombres divertidos, de artesanías y ropas que entonan con el clima, y dulces que acaparan los paladares más golosos, amasados por las manos de mujeres regordetas de paños blancos en la cabeza. El encanto del estado de Bahía se respira apenas se apoyan los pies en sus tierras rojizas, cuando los ojos se fijan en el verde de un mar manso y tibio.

Porto Seguro ofrece parajes para el descanso y sitios donde la lambada no tiene intervalos. Cada cual escoge su ritmo. Durante el día, los paradores ofrecen instalaciones con todo lo necesario para relajarse y olvidarse de todo. Los preferidos son Axe Moi, Barramares, Barra Point, Mama Gaya. Tienen restaurantes con mariscos y pescados frescos, reposeras para adueñarse del sol, jugos de frutas y cerveza bien helada.

En cuanto a playas, hay muchas para elegir. Las de la costa norte son las más preciadas por sus paradores. Cada noche un parador distinto ofrece una fiesta que convoca no sólo a los turistas, sino también a la gente del lugar, que no deja de bailar, que junto a sus parteneres ofrecen una gran clase de baile sin que esté preparado expresamente para el turismo. Las jóvenes mulatas con jeans ajustados y los hombres con el torso desnudo y pantalones blancos de capoeira, un arte marcial que por las noches se convierte en un arma de seducción para encandilar a las turistas. Los shows tienen bandas en vivo y bailarines que invitan a seguir sus movimientos.

El parador Barramares es uno de los elegidos por sus fogones, por el ritmo de la bossa nova, la lambada aeróbica, shows de casamientos gitanos y capoeira.

Bajo el sol o la luna

Las actividades al aire libre son variadas. Se puede dar un paseo por la ciudad histórica que levantaron los portugueses en el siglo XVI. En abril se cumplirán los 500 años del arribo de los primeros 12 barcos portugueses. Para la celebración se emulará la llegada con la misma cantidad de barcos y estarán presentes los primeros mandatarios de muchos países.

Aun en plena restauración está la iglesia de Nuestra Señora Da Pena, que data de 1535; la Casa de la Intendencia cuyo subsuelo alojaba la cárcel. Las celdas de los hombres daban al mar para que contemplaran entre las rejas su mundo perdido y la de las mujeres daban de cara a la iglesia para que elevaran sus plegarias. Las fachadas de las casas fueron remozadas por el gobierno. Las casas enfrentadas son todas bajas y tiene colores similares, pero las que están del lado del mar poseen los vestigios de las guardas de plata y pórticos que señalaban la jerarquía de quienes la habitaban. Muchas están decoradas con palo brasil, una madera noble muy utilizada en la época. Actualmente, su tala está prohibida.

Para perderse en medio de la naturaleza, un paseo por la Estación Veracruz, la mayor reserva de bosque atlántico del noreste brasileño es una buena oportunidad también para conocer a los guías, descendientes indígenas de la región, los pataxó. Otra área preservada es la del Parque Marino Municipal de Porto Seguro. Está clasificado como una de las mayores biodiversidades del planeta: hay casi 20 variedades de coral, raras especies de peces y tortugas.

Un paseo para saborear

Al caer la tarde, el centro de la ciudad ofrece su colorido paseo frente al mar. Donde comienza la peatonal, los restaurantes ubican las mesas al aire libre. Se come desde platos bahianos, frutos de mar, pescados hasta parrillada argentina. Todo comienza en la Passarella do Alcool. Voce gusta Amor de Verao. Pruebe, argentina. Sólo dos reales. Muchos puestos decorados con frutas tropicales talladas, algunos más cargados que otros, en forma de velero, con flores y un aire de Carnaval, ofrecen sus tradicionales batidas creadas por los nativos de la región. El trago estelar es la capeta, que combina ananá, canela, guaraná en polvo, leche condensada, azúcar y vodka. Pero otros nombres invitan a probar por sus simpáticos nombres: Amor sem fim, Lua de Mel, Demonio, Beijo na boca.

Reni, una vendedora nata, atiende dos puestos en forma simultánea, vende postres, tragos fuertes, algunos incluso con bebidas afrodisíacas. Ella ornamenta su puesto, con ananás, melones dorados y papayas, y tarda una hora en dejarlo listo para atraer al público.

Vestidos al crochet, pantalones blancos de capoeira y mochilas rústicas son algunos de los objetos que tientan en las ferias artesanales. Los precios tan bajos hacen que muchas señoras carguen a su marido con todos los bolsos, grandes adornos de madera y mientras continúan su búsqueda de oportunidades.

Porto Seguro asegura unas vacaciones con muchas actividades imperdibles, para toda la familia, jóvenes que van solos para disfrutar de la playa de día y de noche, y todo el que quiera disfrutar del alegre espíritu del Estado de Bahía.    

 

Datos útiles

Aéreo

Varig vuela directamente a Porto Seguro todos los domingos. El pasaje de ida y vuelta sale aproximadamente 735 dólares.

Movilidad

Con 30 dólares diarios se puede alquilar un Volkswagen Gol de dos puertas. Los boogies cuestan lo mismo.

Alquileres

Una casa para 4 personas, entre 50 y 80 dólares diarios

Departamentos: desde 50 dólares.  

Paquetes turísticos: a partir de 700 por persona.

Gastronomía

En el centro de la ciudad se puede comer desde platos típicos hasta parrilladas. Los precios parten desde dos dólares por persona.  

 

  • FLORIANÓPOLIS

Este lugar, con corazón argentino y alma brasileña ofrece, además de sus playas, la posibilidad de realizar recorridos, que se realizan mejor en un vehículo todo terreno. Los días de descanso, disfrutando del mar y la arena, pueden combinarse con la acción que ofrecen travesías por los caminos de la isla.

Aunque Florianópolis y sus playas aledañas están enclavadas en una isla recortada por bahías, lagunas y serranías, los paseos para los cuales se requiere una camioneta 4x4 son escasos. Más bien se encuentran caminitos rurales con alguna dificultad si el terreno está mojado, debido a la consistencia de la tierra colorada.

Quizá lo más divertido es tratar de encontrar esas sendas en los parajes más apartados de la isla. Estos caminos atraviesan caseríos de origen azoriano, llamados así por las islas portuguesas de las Azores, donde el turismo masivo no llega, y conducen a bahías en las que se cultivan ostras y a playitas perdidas a las que sólo se accede caminando una hora a través del monte.

Esos pueblitos a la vera de los caminos son muy diferentes a las localidades turísticas de la isla donde se asienta la mayoría de los hoteles. Casas de una arquitectura peculiar, pequeñas iglesias y bares más pequeños aún, donde se sirven frutos de mar, están en el sector sur de la isla de Santa Catarina.

Por la ruta 401 que recorre la costa oeste de la isla, en dirección hacia el Sur, frente a una casa cuya numeración corresponde al 10.268; sale hacia el Este un caminito de tierra que más bien parece la entrada a una cochera. Esa senda empinada de media docena de kilómetros cruza la isla hasta la playa de Pantano do Sul.

El camino atraviesa el monte cerrado bajo bandadas de aves tropicales y ofrece una vista elevada de toda la zona. En Pantano do Sul, con su playa abierta al Atlántico, hay algunos restaurantes donde se puede comer pescados a buen precio.

Desde allí, algunos caminos deben ser inspeccionados para saber si son transitables. La información en el lugar es bastante escasa y ambigua, como si, aun sin intención, los lugareños se reservaran para ellos esa atmósfera de placidez subtropical.

Huyendo de la lluvia

Durante la estada en las playas de Florianópolis, por corta que sea, es bastante probable que haya que soportar algún día de lluvia. La costa brasileña es bastante húmeda y los chaparrones pueden estar a la orden del día.

Una jornada sin sol puede matizarse con un programa de excursiones por las cercanías, dentro del Estado de Santa Catarina. Camboriú, Brusque o Blumenau, a un centenar de kilómetros de Florianópolis, son algunas de las alternativas.

Brusque es la meca de las prendas de algodón. Centros comerciales se diseminan por la ciudad ofreciendo sus confecciones y toda clase de mercadería a precios generalmente muy bajos.

Una alternativa para llegar a Brusque y a Blumenau, ambas muy cercanas entre sí, es tomar en lugar de la ruta nacional 101, que lleva a Blumenau a través de 139 kilómetros de carretera de dos carriles por mano, una serie de caminos vecinales (algunos de tierra, otros pavimentados y varios empedrados) que conectan poblados de campo bastante escondidos.

Esos caminos secundarios atraviesan interminables sierras tupidas de vegetación cerrada. El monte selvático sólo se corta de tanto en tanto para dar lugar a chacras y fazendas fundadas por inmigrantes europeos en las primeras décadas del siglo. Pueblitos italianos o alemanes donde no predomina el idioma portugués; paisajes vistos en almanaques, donde sólo las palmeras desentonan, y puentes peatonales colgantes de más de una cuadra de largo son algunos de los atractivos.

El paseo estará siempre acompañado de las miradas de los campesinos que no están acostumbrados a los vehículos con turistas, a pesar de vivir a minutos de alguna de las playas más famosas del continente.

Sin ser necesaria la doble tracción de una camioneta, a menos que la lluvia haya sido importante, este recorrido fuera de la ruta convencional requiere buena suspensión y salir temprano para llegar en horario comercial a Brusque y Blumenau.    

 

Datos útiles

Cómo llegar

Una de las alternativas para llegar a Florianópolis es el automóvil. Desde Buenos Aires son alrededor de 1700 kilómetros.

Viajar en ómnibus desde Retiro cuesta 171 pesos ida y vuelta por la empresa Pluna.

Alojamiento

La habitación base doble en un hotel 3 estrellas cuesta alrededor de 90 dólares, en un hotel 4 estrellas hasta 140, mientras que en uno de cinco sale entre 100 y 170.

Más información

Adriano Lacerda, experto en aventuras y salidas no convencionales en la isla, tanto a caballo como en 4x4 o a pie.  

Comunicarse por el (0005) 48-271-2299 o por mail a: hotelcnmatrix.com.br

 

  • CABO FRÍO

En este lugar siempre es verano. Hay 254 días de sol por año, dos veces más que en Río. Una suave brisa veraniega recorre permanentemente la ciudad. El contraste entre el verde esmeralda del agua y las extensas playas blancas que parecen cubiertas de sal se suman a las dunas, blancas y desiertas como el Sahara, y conforman un paisaje tan exuberante como solitario.

Localizado a 159 kilómetros de Río de Janeiro, bañado por el océano Atlántico y la Lagoa de Araruama, es uno de los destinos de la Regiao Dos Lagos más visitado por los cariocas, aunque su belleza exótica pasa casi inadvertida a los argentinos.

La ciudad fue el punto de partida para las expediciones que se realizaron por Brasil y aún permanece en el tiempo el Fuerte de Sao Mateus, que se terminó en 1616 y dio nombre a la playa más concurrida de la ciudad, Praia do Forte. Declarado Patrimonio Histórico, es una visita obligada. Cabo Frío no tiene nada que envidiarle al Caribe, con un mar teñido de un fresco verde y playas con arena muy blanca y fina. El balneario más popular sigue siendo Praia do Forte, el punto de encuentro de los jóvenes.

Praia Brava tiene un acceso complicado, pero su belleza vale la aventura. Es bastante salvaje, de aguas claras y muy agitadas, está cercada por rocas escarpadas, por lo que es el lugar elegido por los nudistas. La Praia do Peró es extensa y se caracteriza por los numerosos bares sobre a beira mar (frente a la playa), donde se pueden degustar pescados, pulpos y picadas.

  • BUZIOS

Desde Brigitte Bardot hasta los Rolling Stones dejaron su huella en estas tierras, donde hay de todo y para todos. Esto es lo primero que uno advierte al recorrer las calles del pueblo. "Buzios es un balneario internacional" -cuenta Plácido, un moreno de Mozambique que llegó hace cuatro años para estudiar y trabajar. Aunque este caso es aislado, los turistas son los principales protagonistas: argentinos en su mayoría, aunque alemanes y franceses se destacan entre los que llegan a disfrutar de las playas de la península.

Desde hace más de treinta años, el sol, las aguas cálidas y transparentes, la posibilidad del relax y la diversión nocturna transformaron a este balneario en uno de los más internacionales del país. Por algo sólo Florianópolis y Río pudieron arrebatarle el liderazgo el año último. Sucede que la combinación de la antigua aldea de pescadores y la gran promoción del turismo internacional resultan un cóctel envidiable para aquellos que desean disfrutar de las múltiples opciones que ofrece esta península -que se asemeja más a una gran isla- de la Regiao Dos Lagos, enclavada a 180 kilómetros al nordeste de Río de Janeiro.

Los atractivos históricos y los circuitos culturales no son moneda corriente. En cambio, sus fascinantes playas, el mar verde azulado y la calidez de su gente son algunos de los condimentos esenciales que ofrece el pueblo.

Las alternativas van desde playas solitarias o muy frecuentadas, para familias, parejas o jóvenes, y aguas mansas o bravas. Al Oeste, el mar se descubre calmo y sus aguas son calientes y verdes. Al Este, es abierto, bravo y un poco más frío y azulado. Una característica más que confirma que Buzios es diversidad.

Cerveza helada y frutos de mar

Los argentinos se encuentran en Joao Fernández, donde el paladar puede deleitarse con los más sabrosos frutos del mar, acompañados por la infaltable cerveza, sobre una playa de arena suave y agua templada. En esta playa escuchar un diálogo en portugués es una situación poco común.

Si la idea es descansar, hay que darse una vuelta por Tartaruga, caracterizada por sus aguas mansas y una abundante vegetación. La práctica del windsurf y largas caminatas por la playa tienen su lugar en la Praia Manguinhos. Geribá es la más frecuentada por los jóvenes brasileños, donde el pescado fresco y las bebidas geladas están a la orden del día. La Praia Brava es desolada y con algo de viento, ideal para el surf y disfrutar del mar abierto. Ferradura, ideal para nadar, es el lugar de encuentro de las familias más adineradas de Río de Janeiro, con casas que asoman desde los morros y bajan hasta las aguas azuladas.

En Armaçao, próxima al centro, el atardecer es la estrella, cada vez que el sol se esconde detrás de los veleros. La Praia dos Ossos tiene aguas mansas, y es la preferida de los más chicos, y Olho de Boi es exclusiva para nudistas.

A la hora de recorrer las diversas bahías, las posibilidades son numerosas. Lo mejor es alquilar un boogie y zambullirse en la aventura de recorrer los morros en busca de las diferentes playas. Otra opción son los minibuses, que por menos de un dólar llevan a los turistas a playas lejanas y solitarias.  

 

Datos útiles

Cómo llegar

Desde Río de Janeiro hasta Buzios se puede ir en minibús por 10 dólares.

Paquetes

Cuestan aproximadamente 800 dólares (incluyen ocho días, pasaje aéreo, traslado y hoteles con desayuno brasileño).

Alojamiento

El precio promedio es de 140 dólares, la habitación doble 5 estrellas: Hotel Colona Park, Pousada Byblos, Pousada Vila Boa Vida. 4 estrellas: Pousada Joao Fernandes, Pousada Ilha Branca, Pousada Vila do Mar.

Alquiler de autos

Entre 40 y 50 dólares por día. El precio del combustible es un 25 por ciento menor que el de Buenos Aires.

Excursiones

Un paseo de 3 horas en barco por la diferentes playas de la península, cuesta aproximadamente 25 dólares. Una jornada de buceo, entre 40 y 50.

Comidas

En la playa, las empanadas de camarón cuestan 0,50 centavos de dólar; la ensalada de fruta, 1,50; brochettes de camarón, 2. Las gaseosas, 0,50 y la cerveza, 1 dólar. En Rua das Pedras, los restaurantes ofrecen platos fríos y calientes por kilo, que cuestan entre 8 y 10 dólares. Chez Michou brinda especialidad en crêpes dulces y salados, por 2 dólares.  

Paseos en sandalias

Los paseos en los barcos Scuna recorren las playas de la península y permiten nadar hasta la orilla. Siempre con la compañía de música a bordo, caipirinha y frutas. Si no, tan sólo calzarse las sandalias y cruzar los senderos que unen una playa con otra, explorando los pueblitos cercanos a cada bahía.

Las pousadas abren sus puertas en cada rincón de Buzios. Uno se topa con ellas a cada paso; pequeñas y medianas hosterías de dos pisos que no tienen en promedio más de 20 habitaciones. La calidez de su gente y los desayunos brasileños -jugos, frutas, fiambres, wafles, entre otras delicias- son el atractivo común para los que se hospedan.

La Rua das Pedras es el centro de la agitación nocturna: sus calles empedradas rebosan de una variedad de locales, bares, música de varios estilos (reggae, bossa nova y batucada), artesanías y restaurantes típicos. Gente simpática y con ganas de divertirse.

Una parada irresistible

Chez Michou Creperie es la casa más famosa de la ciudad y la cita obligada para los jóvenes que quieren disfrutar de las delicias de los panqueques salados y dulces. Una parada irresistible.

Buzios es un verdadero paraíso para los que aprecian la buena mesa. Existen restaurantes japoneses, franceses, italianos, entre otros, que sirven platos para los paladares más exigentes, como sabrosos pescados y frutos de mar. La última escala es el cine Brigitte Bardot, decorado con afiches de los clásicos del séptimo arte, que es el escenario del tradicional Festival de Cine Internacional. Buzios es diversidad... y un lugar que invita a volver.

  • NATAL

"¿Con o sin emoción?" La pregunta de Joao anticipa que, más allá de la respuesta, algo fuerte va a pasar. El ronronear de su buggy parece inducir a una mayor segregación de adrenalina. No es para menos, pero tampoco es para tanto. Salvo los muy temerosos, aquellos que se marean con facilidad o niños pequeños, Joao asegura que cualquiera puede disfrutar de la sensación que causa el deslizarse por dunas de hasta 30 metros.

Escuchar esta altura paraliza, pero es tarde, arrancó y sin atender las cautelosas respuestas acelera y encara de costado la primer duna que se le cruza. No hay más que conservar la calma y relajarse, aunque parezca que el buggy se da vuelta. Los bugueiros, como se llama a sus hábiles conductores, están especialmente entrenados para que sus maniobras aseguren diversión. En Río Grande do Norte, Estado en el que se encuentra Natal hay 565 bugueiros, están asociados (0057-84-225-2077) y son uno de los pocos autorizados para circular por las dunas fijas, ya que por las móviles está prohibido. Las blancas arenas de Genipabu son el principal atractivo de Natal y se encuentran dentro de un parque ecológico de más de 1880 hectáreas, al que se accede todos los días, de 7 a 17.30 (salidas hasta las 18).

Se llega desde Redinha, un pueblo de pescadores poco urbanizado que conserva la antigua iglesia de Nuestra Señora de los Navegantes y ofrece una sabrosa parada en sus chiringuitos o quioscos de playa donde se fríe pescado fresco, por ejemplo, shingas con tapioca (especie de mandioca) y se hiela cerveza producida artesanalmente (es la Continental, que se elabora en una planta situada en la Via Costeira).

Redinha está enfrente de la ciudad de Natal, al otro lado del río Potengi, que se cruza en balsa, en barco o, poco más al norte, por el puente de Igapó.

Genipabu también sigue siendo un pueblo de pescadores, pero su economía depende cada vez más del creciente turismo. Pero la playa es lo suficientemente grande como para dar la impresión de estar casi desierta. Las dunas también pueden ser recorridas en camellos, especialmente equipados con asientos y canastos, en los que se encuentran túnicas y beduinos para vestirse como en los desiertos del norte de Africa.

Además de estas dos principales playas del norte de Natal, hay otras al Sur. Se destaca Ponta Negra, a 12 kilómetros del centro por la Via Costeira. Cuenta con una serie de rústicos barcitos sobre la arena, que al atardecer ofrecen música local en vivo. Allí tampoco faltan las dunas. El morro do Careca es una, gigante, rodeada y tapizada por matas verdes.

El cultivo de camarones, nativos como exóticos, en viveros de agua de mar es una de las principales actividades que se desarrolla en la bahía donde está Ponta Negra. Uno de los mejores lugares para probar diversos platos elaborados a base de estos crustáceos, que pesan entre 13 y 20 gramos, es Camaroes Restaurante.

Sol todo el año

Aunque el sol se pone temprano, aproximadamente a las 18 tras doce horas de brillo, está presente durante 300 días al año. Una característica climática que se suma a la alta concentración de sal y la consecuente densidad de las aguas del océano, cuya temperatura promedio es de 26º C.

La Via Costeira es la avenida principal de Natal que corre paralela al mar a lo largo de 10 kilómetros. De un lado, está el océano y, del otro, el Parque das Dunas, que ocupa 1172 hectáreas, se extiende por 8,5 kilómetros y constituye una de las florestas urbanas más grandes de Brasil.

En esta artería están las llamadas playas urbanas desde el Faro María Luisa hasta el Fuerte de los Reyes Magos. Son poco recomendables para el baño dada su pendiente y fuerte oleaje. Por estas características, la Praia dos Artistas atrae a gran cantidad de surfistas. Está cerca del centro y es muy visitada porque, en una vereda de la vía, hay puestos de artesanías entre los que se destacan artículos de cestería, pintura en tela, artesanías en barro, bordados de Caicó y las botellitas, arenas de colores, una costumbre de principio de siglo que comenzó con dos hermanas oriundas de la playa de Tibau. Del otro lado de la vía, hay bares y restaurantes donde el forró suena todo el día.

Similar cantidad y variedad de artesanías, sobre todo, en cuero, telas bordadas y colchas se encuentra en el Centro Municipal de Artesanato, avenida Presidente Café Filho 1160, Praia de Meio. También, en el Centro de Turismo, en Petrópolis, con 32 locales llamados celas que rodean un patio, donde todos los jueves se arma el baile con la consigna Forró do turista.

Cumpleaños

Cuando amanezca el próximo sábado, Natal va estar de fiesta no sólo por la celebración navideña, sino porque cumplirá 401 años. Aunque para muchos el recuerdo y la forma en que los portugueses vencieron a los indígenas potiguar (aquellos que habitaban en las inmediaciones del río Potengi y resistieron los embates colonizadores durante 60 años) no es para alegrarse, la ciudad recordará su creación in situ.

El fuerte en forma de estrella que desde hace cuatro siglos se mantiene en pie en la desembocadura del Potengi, exactamente donde se abraza con el océano Atlántico, será el mejor escenario para recordar el aniversario. El Fuerte de los Reyes Magos, hecho en cal, aceite de ballena y piedra traída de Portugal con la que se levantaron gruesas murallas de escasa altura, no ofrece más atractivo que tener un punto de vista diferente de Natal, gracias a los llamados guías mirín, un grupo de chicos de la calle especialmente enseñados para contar la historia de Natal. La entrada cuesta un dólar y está abierto de 8 a 12 y de 14 a 17.

La parte más antigua de la ciudad está en el barrio Cidade Alta, que conserva el trazado colonial de un apretado conjunto de calles y una arquitectura que se exhibe en las inmediaciones de la plaza Joao Maria: el palacio del gobernador, de 1873; el Ayuntamiento, y la catedral, de 1768. Sobre la avenida Rio Branco se destaca el Teatro Alberto Marañao de principio de siglo.

Carnatal

Así se llama al mayor carnaval fuera de época de este país. Comienza en pocos días, cuando comparsas de todos los Estados brasileños invaden las calles de Natal.

Frevo, maracatu y forró son algunos de los géneros musicales de la región, que marcan el ritmo de las coloridas comparsas que desfilan por esta ciudad.

Si bien la convocatoria tiene alcance local, no son pocos los que viajan especialmente a ver este espectáculo.

O mais grande

A 22 kilómetros de Natal, en Pirangi do Norte se encuentra el árbol de Cajú más grande del mundo. Cuesta creer que ese enorme conjunto de 8400 metros cuadrados de ramas y hojas sea un solo árbol, ya que parece un bosque.

Creció a lo largo de los siglos y sus ramas se extendieron hacia abajo para echar raíces. Todavía produce más de una tonelada de frutos todos los años. Por eso, Pirangi también es famosa por su exquisito ron de Cajú.

A la vuelta

El Estado de Natal está justo donde el continente sudamericano pega la vuelta. Allí, en la esquina, está el faro de Touros, a 90 kilómetros al norte de Natal, desde donde se divisa este tantas veces delineado accidente geográfico.

El llamado Farol do Calcanhar es también el más alto de América latina, con 65 metros y 298 grados. Su haz de luz puede ser visto a una distancia inusitada, ya que tiene un alcance de 120 kilómetros.  

 

Datos útiles

Cómo llegar

La manera más rápida de llegar a Natal es en avión. El precio del pasaje ida y vuelta a Natal por Transbrasil es de 753 dólares, vía San Pablo. Hay vuelos diarios.

Dónde alojarse

En el centro de Natal, las opciones están en la avenida Rio Branco, pero las alternativas que se ofrecen en los complejos que se asientan sobre la Via Costeira son mejores.  

Las playas de las afueras de Natal Ponta Negra y Pirangi, al Sur, y Rendinha y Genipabu, al Norte, también disponen de hoteles y posadas, respectivamente.

Algunas de las posibilidades son: Praia Mar Hotel (0055) 84-2192230, 53 dólares por una habitación doble; Natal Dunnas Hotel (0055) 84-2193297, 40,5 dólares; Visual Praia Hotel (0055) 84-2193656, 77 dólares, y Hotel Parque da Costeira (0055) 84-2023636, de 54 a 105 dólares.

Natal tiene un albergue de la juventud llamado Albergue de Juventude Ladeira do Sol, que está en rua Valentim de Almeida, en Praia dos Artistas; (0055) 84-2220678. No es necesario reservar, aunque es bueno averiguar si hay lugar durante la temporada alta.

Comidas

La carne do sol es uno de los platos predilectos por los potiguar, tal como se reconoce a los lugareños. Un plato cuesta entre 4 y 5,4 dólares. La porción de camarones vale 8 dólares.

El agua de coco cuesta 0,54 dólar; cerveza y caipirinha, 0,80 y la caipiroska, 1.

Traslados

En la estación de ómnibus de Natal y en la avenida Rio Branco, ómnibus a la mayoría de los puntos turísticos de la ciudad y a las playas de las afueras como Areia Preta y Ponta Negra; el más frecuente es el que lleva el cartel Mae Luiza. Los del cartel Via Costeira bajan por esta arteria hacia el Sur hasta Ponta Negra.

Pero la manera más rápida para moverse en Natal es el taxi, que no es caro.

Del aeropuerto Augusto Severo al centro, Via Costeira o Ponta Negra, un taxi cuesta entre 10,80 y 12,40 dólares.

Excursiones

Visita al Fuerte de los Reyes Magos, un dólar.

Paseo en buggy por las dunas de Genipabu, 10,80 dólares. Entrada al parque ecológico, 2,15 dólares.

Recorrida en barco por la desembocadura del río Potengi, 9,70 dólares.

Cruce en balsa Natal-Redinha-Natal 3,25 dólares por auto o 0,75 por pasajero.

Paseo en camello, 8 dólares

Más información

En el aeropuerto hay una oficina de información turística que ofrece buenos planos de Natal

En la ciudad, en la antigua cárcel, está el Centro de Turismo, rua Aderbal de Figueiredo, en el barrio de Petrópolis.

Servicio de información telefónica por el (0055) 84-2110023

Río Grande do Norte, Secretaría de Turismo, e mail: [email protected] o en Internet, http://www.turismorn.com.br

 

  • SAN SALVADOR DE BAHÍA

Bahía es una de esas ciudades del mundo que fueron fundadas con un nombre y la voz popular lo cambió por otro. Jorge Amado, el más grande biógrafo que ha tenido esta maravillosa ciudad del nordeste brasileño, escribió en 1944 que "los filólogos e historiadores pierden tiempo discutiendo si esta ciudad se llama Salvador o San Salvador.

Búsqueda inútil, según Amado, porque los bahianos siguieron llamando siempre a su terruño "con el dulce nombre de Bahía. Esta es la ciudad de Bahía. Así la trata el pueblo de sus calles desde su fundación el 1º de noviembre de 1549". Es cierto lo que dice el escritor que situó a Doña Flor y a sus dos maridos en el fascinante barrio antiguo conocido como Pelourinho.

No es posible describir a esta ciudad sin mostrar los rasgos de su gente, una mezcla de descendientes de europeos y de esclavos traídos desde África en bodegas que no sólo transportaban personas como si fueran ganado, sino también su cultura, sus creencias, sus mitos, su música, arte y sabiduría. Y es esa gente, y sólo ella, la que le dio vida y nombre, y se lo sigue dando.

No es casual encontrar a las mujeres vestidas de blanco y ataviadas con turbantes, cocinando manjares típicos detrás de una mesita en plena calle. Ni rastrear lo más profundo del sincretismo religioso afroamericano en alguna ladera empedrada, bordeada por casitas humildes de las que se escapa el batir de los tambores. Sólo aquí aparecen los hombres vestidos de blanco que parecen bailar y están luchando, o viceversa, en esa práctica marcial que es la capoeira, donde la estética surte más efecto que la violencia.

Una iglesia por día

Las callecitas del Pelourinho están sembradas de iglesias, como toda la ciudad. Verdad o leyenda, los bahianos juran que su ciudad tienen 365 iglesias, una por cada día del año. Y que el Pelourinho alberga a la más fastuosa de todas: el complejo arquitectónico formado por la iglesia de San Francisco y la iglesia de la Tercera Orden de San Francisco. Esta última, más pequeña, conserva entre sus muchos tesoros un cuadro del siglo XVIII al que, si se lo mira desde un lado y después desde el otro, se tendrá la sensación de que los ojos del personaje siguen al espectador y que su expresión cambia.

No son especialmente limpias las calles del Pelourinho, más bien lo contrario, y conservan sus orígenes a la vista. Hombres ricos, dueños de ingenios, haciendas y vidas esclavas, solían tener en esta zona sus altas residencias. Y muy cerca estaba una especie de plaza seca (Largo do Pelourinho) en la que se castigaba a los negros rebeldes.

Con el tiempo, las mansiones de antaño se fueron transformando en sórdidos conventillos en los que se hacinaban familias de todo origen. Poco queda de las historias trágicas, sólo las paredes en las que han transcurrido.

Hoy, esta parte de Bahía es un centro turístico de primer nivel, con bares en las veredas angostas, locales de venta de artesanías y joyas autóctonas, comerciantes que cuelgan las ropas tradicionales hechas con telas livianas, y extranjeros llegados desde los cuatro puntos cardinales del orbe, observados sin disimulo por los habitantes de la zona.

El Largo do Pelourinho mantiene el aspecto del siglo XVIII, bordeado de casas coloniales superadas en altura por las torres orientales de la iglesia de Nuestra Señora de los Negros, construida por esclavos y hoy frecuentada por sus descendientes.

El candomblé, la umbanda, la macumba, puro misticismo hecho música y creencias antiguas, reinan en esta parte del mundo. En toda la ciudad circulan las historias transmitidas de boca en boca.

Al filo de las ladeiras

Ambas partes de la ciudad están unidas por calles empinadas a las que aquí se llama ladeiras. La parte alta es el centro administrativo urbano, la zona de los museos y hoteles, que contiene el casco antiguo. En la ciudad baja está el corazón comercial y financiero de Bahía, además de los muelles, el antiguo puerto, los embarcaderos y los principales mercados, entre los que se destaca el Mercado Modelo, repleto de artesanías y objetos decorativos.

Sin duda, las fiestas y las playas son cosas que ningún visitante querrá perderse. Senhor do Bonfim, Conceiçao da Praia, Santa Bárbara, San Antonio, San Juan y San Pedro son algunas de las festividades locales, que mezclan procesión y fiesta.

Pero ninguna como la de Yemanjá, la diosa del mar, especialmente en la playa de Río Vermelho, donde los bahianos entregan sus ofrendas. Los hombres se abstienen de pedir por una mujer: Yemanjá es celosa y no tolera competencias, ni siquiera de los mortales.

En materia de sol y playas, la oferta bahiana es similar al resto del Nordeste: calores intensos y colores fuertes. Barra, Itapua, Jardim de Alah, Ondina y Río Vermelho son algunas de las playas más célebres.

En realidad, en cualquier rincón de Bahía el viajero encontrará a Africa y Europa, la mezcla indisoluble que formó esta parte de América.

Coco y pimienta

La típica comida bahiana conserva una fuerte influencia africana, a partir de ingredientes como el aceite dendé, la leche de coco y la pimenta (una salsa picante). El viajero hallará en plena calle todas las opciones de la cocina bahiana, en los puestos atendidos por mujeres generalmente excedidas en tres cosas: peso, sonrisas y habilidad culinaria.

Otra de las estrellas en materia de comida callejera es la cocada, obviamente a base de coco, que supera en fama a una larga lista de postres que van desde los muy empalagosos hasta los de sabores sutiles.

Los viajeros que caminaron Bahía más de lo usual y se auto proclaman sibaritas juran que es en los alrededores de las estaciones, en los mercados y en cualquier sitio populoso no destinado exclusivamente al turismo donde se comen las mejores especialidades autóctonas

  • RECIFE

 ¡Ei pessoal, ei moçada, o carnaval comença no Galo da Madrugada! Con este grito, casi de guerra, Hélder anunció que el Carnaval de Recife comienza con el desfile de una de las mayores comparsas de Brasil. No es que fuera a suceder en ese momento, pero él, que lleva orgulloso el nombre de uno de los obispos latinoamericanos más importantes (el recientemente fallecido Hélder Camara), es un joven moreno que desde pequeño se maneja por las calles de Recife y Olinda, descubriendo personajes y anécdotas.

Cuenta que surgió hace poco y creció como pulpo. O Galo da Madrugada se inició en 1977 con un pequeño club de máscaras, y hoy reúne a aproximadamente un millón y medio de personas animados por 30 grupos llamados tríos eléctricos.

Aunque el Carnaval de Recife está eclipsado por el de Olinda, ofrece blocos o grupos de Carnaval de todas las formas y tamaños. El más famoso es, claro, Galo da Madrugada; los más habituales son los que bailan y cantan el frenético frevo, y los más vistosos, los caboclinhos que van disfrazados de indios, vestidos con plumas, collares de dientes de animales, además de arcos y flechas con que marcan el ritmo. No hay que dejar de ver a los maracatú, un grupo exclusivo de Pernambuco que evoca a los miembros de tribus africanas, se visten con trajes muy brillantes y su música mezcla la percusión africana con ritmos locales. En enero comienzan los ensayos, las pruebas para los desfiles y las fiestas que salen de salones y bares a las veredas para terminar invadiendo las calles. Al calor del frevo, la playa de Boa Viagem arranca con un carnaval al son de los tríos eléctricos. Al Galo da Madrugada le sigue la Noite dos Tambores Silenciosos que reúne a grupos de maracatus. El Carnaval de Pernambuco comienza una semana antes que en el resto de Brasil.

A la altura de la ciudad de Recife, la costa brasileña ofrece una gran cantidad de embarcaciones naufragadas, desde navíos de vapor de principios de siglo hasta barcos alemanes hundidos durante la Segunda Guerra Mundial.

Llamada la Capital del Naufragio, tiene más de 100 embarcaciones sumergidas en el litoral que va de Suape a Olinda. Tal singular reliquia submarina hace del buceo la principal actividad náutica de la zona de Recife.

Alrededor de 15 de esos naufragios fueron especialmente acondicionados para ser visitados.

Las condiciones climáticas son más que favorables, ya que se cuenta con aguas tropicales a una temperatura promedio de 24º C y una visibilidad de 40 metros durante el verano. Esto permite admirar la biodiversidad del ambiente, que incluye tortugas gigantes, rayas, meros y, con un poco de suerte, delfines.

La mejor época para bucear es entre diciembre y mayo.

Los interesados en practicar buceo de naufragio deben ir acompañados con un instructor. Hay numerosas agencias y escuelas de buceo que ofrecen este tipo de excursiones, cuyo precio ronda los 54 dólares por una embarcación para ocho personas durante una hora

La bohemia de Recife Antiguo

Cortada por el río Capibaribe y bañada por el Beberibe, la ciudad tiene fuertes recuerdos de los tiempos de batallas colonizadoras, avances militares y dominaciones extranjeras, así como de las prósperas épocas de la cultura del azúcar ensombrecida por la degradación de la esclavitud.

La historia está en sus calles y se refleja en la arquitectura. La expresión colonial por excelencia está en las remozadas fachadas de Rua do Bom Jesus, donde se agolpaba la vieja Judería. Este caserío del siglo XVII fue restaurado hace cinco años y, hoy, la mayoría son bares, cafés y restaurantes. La bohemia se adueño de Recife antiguo y ya no hay quien no se tiente a sentarse a tomar una caipirinha, probar mariscos o escuchar algunos de los tantos ritmos que dan vida a la música popular brasileña.

En algunos bares se venden obras de Amaro Francisco y Jota Borges, maestros del grabado en madera que hacen reproducciones en tela y papel.

La literatura do cordel es una expresión cultural creciente. Se trata de bloques de madera que penden de un hilo y que tienen impresos baladas y poemas ilustrados con una imagen. Cuentan historias de demonios, santos y bandidos del Nordeste; hay algunas basadas en acontecimientos políticos y otras se refieren a temas de actualidad como la transmisión del SIDA y la necesidad de usar preservativos.

Recife Antiguo está a pasos del hito cero de Pernambuco conocido como Marco Zero e instalado en 1938, el cual continúa con sus bancos de madera y luminarias barrocas. Desde allí se observa la Bolsa de Valores y la Asociación Comercial de Pernambuco, que -entre otros- están sobre calles que mantienen su trazado original de 1635.

La vida nocturna transcurre en distintos puntos de la ciudad: Torre, al oeste del centro; Pina, en la zona sur y barrio vecino de Boa Viagem, y Bom Jesus y su paralela Rua do Apolo, en Recife Antiguo. Las alternativas se mueven entre probar típicos platos pernambucanos, insistir con la cachaça o asistir a shows en vivo de música popular brasileña, que abarca el jazz y va de la bossa nova al forró e incluye frecuentes presentaciones de maracatú.

La ciudad se extiende en tierra firme, pero su núcleo está formado por tres islas: Recife, Santo Antônio y Boa Vista comunicadas por tierra firme y entre sí por 39 puentes.

La isla de Recife está junto a los muelles. A su lado, partida en dos por la avenida Dantas Barreto, se encuentra la isla de Santo Antônio, zona comercial en la que se conserva una veintena de iglesias coloniales. Al otro lado del río está la isla Boa Vista, unida a Santo Antônio por diversos puentes, entre los que se destaca el Ponte de Boa Vista con sus vigas entrecruzadas.

El olor del dinero

Esta ciudad levantada sobre islas tiene muchas playas, pero la mayoría fueron absorbidas por la industria. La única que se puede disfrutar como tal es Boa Viagem, que en el siglo XVII se llamaba Ilha Cheiro Dinheio o isla con olor a dinero, como si quien la bautizó hubiese previsto que se iba a convertir en una de las zonas más caras.

Boa Viagem tiene tres o cuatro manzanas de ancho y su avenida principal es la costera que lleva el mismo nombre. Sobre ella se asientan los principales hoteles de Recife. La playa es más larga ya que se tienen en cuenta muchos sectores rocosos, donde al bajar la marea se forman piletas de agua templada.

En toda su extensión, caminan infinidad de vendedores ambulantes que insistentemente ofrecen leche de coco, sandías, gambas, ostras, helados, sombreros de paja y bronceadores.  

Casa de la Cultura: rua Floriano Peixoto s/n, Santo Antônio, de lunes a viernes, de 9 a 18.30, y sábados hasta las 18. Además de ser un centro de información y de referencia de la ciudad, la Casa de la Cultura es uno de los mejores lugares para ver y obtener artesanía de Recife.

Está instalada en un edificio de mediados del siglo XIX que funcionaba como cárcel. En 1975, fue transformado en centro cultural regional y las antiguas celdas, con sólidas rejas de hierros, se transformaron en tiendas. La celda número 106 fue preservada para dar una idea de cómo vivían los detenidos.

En otra, la 303, está la Fundación para el Desarrollo de la Cultura Negra, y en la 302, funciona el Museo del Frevo, perteneciente al Centro de Música Carnavalesca de Pernambuco.

El frevo es el símbolo musical del Estado de Pernambuco y en esta institución se ofrecen aproximadamente 2500 títulos entre documentos, fotografías, videos, viejos discos, cassettes y partituras musicales, entre otros elementos que constituyen una exposición permanente de la cultura popular. Abre lunes, miércoles y viernes, de 10 a 13, y martes y jueves, de 14 a 17. Cuenta con una tienda que vende cassettes, CD y, como souvenir, las coloridas sombrinhas de frevo.

Mercado de Antigüedades: funciona el último domingo de cada mes de verano en la Rua Bom Jesus, en el barrio de Recife Antiguo. El movimiento comienza a la mañana muy temprano cuando, con visible orgullo, cada uno de los expositores levanta como trofeo piezas que muestran con qué y cómo vivían sus antepasados.

Esta feria funciona de 15 a 18 y reúne más de medio centenar de barracas donde se encuentran objetos de arte, cuadros, porcelanas, marcos antiguos, cristales, muchas imágenes religiosas, utensilios y diversos enceres pertenecientes a antiguas familias pernambucanas.

Mercado Sao José: está cerca de la Casa de la Cultura y permanece abierto de lunes a sábados, de 6 a 18, y domingos hasta las 12. Ofrece tanto artesanía regional como un mercado de alimentos, pescados y carnes. Cuenta con más de 560 puestos, 35 de los cuales son de comida. La mayoría ofrece artesanías hechas con paja, como cestas, bandejas, sombreros y bolsas. Abundan los manteles de encaje, hamacas, sandalias de cuero y pipas.

 

Datos útiles

Cómo llegar

Hay vuelos directos a Recife, vía San Pablo. El precio del pasaje es de 753 dólares, por Transbrasil.

Dónde alojarse

Recife cuenta con 10.524 camas para los turistas.

Desde el punto de vista de alojamiento, la zona más barata es el centro y la más cara Boa Viagem.

En Boa Viagem parece haber más hoteles que edificios. En los extremos de la avenida Boa Viagem están los establecimientos más baratos, donde se hallan habitaciones desde 20 dólares.

Una de las tantas alternativas son los Pontes Hotéis, situados sobre la rua Barao de Souza Leao y avenida Boa Viagem. El precio de una habitación doble es de 81 dólares.

Comidas

Una de las manías de los lugareños son los picantes que pueden probarse en los caldinhos de feijao y peixe (caldos de porotos y pescados), acompañados por una cerveza o cachaça. Los vendedores ambulantes los ofrecen a la orilla del mar y también se sirven en bares; este plato es recomendado para curar resacas.

Las ostras son consideradas afrodisíacas y son fáciles de encontrar en el litoral pernambucano. Se venden por docenas en las playas.

Las moquecas de pescado y camarón son una especie de guiso. Otro de los platos típicos son las patolas de guaiamum, patas de cangrejo de los manglares.

La carne secada al sol es otra de las especialidades locales, que se sirve en pedazo o deshilachada y acompañada de arroz, arvejas, batatas farofa y mandioca.

Los postres a base de coco, mamón y guayaba son el broche de dulzura en la mesa de Recife.

Excursiones

Paseos nocturnos por el río Beberibe hasta su desembocadura en el océano. Bar y música en vivo. Embarque todos los días, a las 20 y 22, en Praça do Marco Zero, Recife Antiguo, valor 8 dólares (Catamara Tours, (0055) 81-4362220/3414382).

Más información

En la Casa de la Cultura se puede conseguir buenos datos y está abierta de lunes a sábados, de 9 a 20, y domingos, de 15 a 20.

También está la Oficina de Turismo municipal en Loja 10, Pátio de Sao Pedro.

 

  • FERNANDO DE NORONHA

El archipiélago de Fernando de Noronha es el tope de una montaña submarina de origen volcánico, formado por 19 islas, que emerge desde el fondo del Atlántico desde unos 4000 metros.

Para llegar hasta allí hay que separse unos 345 km de la costa de Natal en un vuelo de una hora y media.

A pocos minutos del aterrizaje, la vista panorámica del archipiélago nos regala las primeras imágenes en miniatura, y desde ahí se puede percibir la transparencia de sus aguas y los diferentes matices de sus morros y su vegetación.

La historia ha traído expediciones famosas y conocidos naturalistas cuyos estudios y anotaciones permitieron descubrir las bondades de este edén, antiguamente castigado cuando, con la construcción de 10 fuertes y un presidio, se perdió gran parte de la flora.

En l972 fue permitido el ingreso al turismo. Para preservar toda su naturaleza, el archipiélago está protegido como Parque Nacional Marino lo cual exige ciertas reglas que luego se agradecen: prohibición de caza y pesca, no se puede anclar embarcaciones ni alterar la flora ni nada que dañe el ecosistema.

Fernando de Noronha está destinado casi exclusivamente al buceo y quienes deciden visitarla deben saber que la tranquilidad es lo que más caracteriza al lugar. Viven sólo 1500 habitantes , hay un solo hotel para 100 personas y cómodas posadas.

Durante el día las altas temperaturas obligan a vivir en la playa y por la noche la actividad se concentra en una disco frente al mar, en las palestras que se organizan cada día con especialistas y biólogos marinos que dan charlas con videos o diapositivas, o simplemente observando las estrellas de un cielo claro y limpio.

Las mejores comidas se hacen en las posadas por su exquisito sabor casero y lo más recomendado son los frutos de mar.

Como no existen medios de transporte, las operadoras de buceo pasan a buscar a los buceadores por los alojamientos y de allí parten hacia el muelle donde los espera la embarcación provista de equipos, agua y mucha fruta fresca.

Los viajes hacia los puntos de inmersión son muy placenteros y el cielo acapara casi siempre toda la atención por la cantidad de aves que habitan la zona. La especie más famosa de Noronha es la llamada atobá (entre los brasileños conocida como buceadora), que para alimentarse sobrevuela su presa y a gran velocidad se sumerge para capturarla. Todo un espectáculo.

Jugar con la forma de las islas emergiendo del mar también suele ser entretenido durante la navegación y en algunas la naturaleza parece haber tallado la figura de rostros que parecen tocar el infinito con la punta de una nariz imaginaria y casi perfecta.

De naturaleza cálida

Cuando la embarcación se detiene, la ansiedad por conocer los fondos marinos apura la preparación de equipos. Las aguas son tan cálidas que no es necesario el traje de neoprene. Se realizan tres inmersiones diarias repartidas en los 18 puntos de inmersión.

Cada uno tiene su característica y fauna que lo hace único, por eso es que se recuerdan muy bien todos los sitios, y están preparados para cada nivel de buceo. La primera inmersión, que suele ser la más profunda, nos lleva a un sitio llamado Pedra da Sapata. Se trata de una pared rocosa de 43 metros de profundidad, que se recorre desde el fondo, y alrededor de toda la masa sumergida. Este sitio tiene leves corrientes que facilitan el trayecto del regreso acompañados por cardúmenes multicolores que se abren paso ante la presencia extraña de los buzos.

Esta gigantesca piedra fue testigo y causante del hundimiento de la corbeta brasilera Ipiranga en el 1983, que transportaba alimentos y gasolina. Dada la profundidad en la que se encuentra (65 metros) su estructura se mantiene intacta y es sólo visitada por buzos de mayor nivel y experiencia.

Entre esponjas

Aún permanecen colgados los uniformes de la tripulación y entre las esponjas que tapizan la sala del timón puede divisarse el micrófono de una radio pendiendo de su cable. Hoy en día está considerado como uno de los naufragios más importantes del mundo, que por suerte no ha cobrado víctimas.

Una pequeña caverna es también escenografia subacuática de Noronha en un sitio llamado Ponta da Sapata. Tiene una extensión de 40 metros y 4 de altura, y está a una profundidad de 16 metros. Una imagen maravillosa se logra internándose en ella hasta el fondo, para ver desde la oscuridad los colores de la entrada, como una inmensa pantalla cinematográfica sumergida.

En el trayecto hacia la caverna, la observación de peces es interminable ,junto a tortugas marinas, manta rayas y meros de gran tamaño. Es tan grande la variedad de peces que suele ser imposible retenerlos a todos. Por eso, la fotografía o video subacuático es de gran ayuda.

Un pez azul, enorme y brillante es llamado cirujano porque lleva en su cuerpo una especie de navaja para defensa.

También contrarresta el colorido de cardúmenes un pez de color negro con sus bordes azules, que parecen de neón. Se sabe que como se alimenta de corales tiene los dientes muy blancos.

Y la especie soia es rarísima por tener sus dos ojos del mismo lado y por cambiar de color cuando está en el fondo arenoso.

En Noronha habita una especie muy inofensiva de tiburón, la caçao-lixa, en un sitio llamado Laje dos Irmaos, a 24 metros de profundidad.

Por la noche, el mar también depara su encanto y si la luna está llena estarán las condiciones perfectas para la inmersión.

El Navío del Puerto es el elegido para el buceo nocturno y como está a sólo 400 metros del puerto se llega nadando por la superficie.

Su estructura no está muy entera, pero es posible penetrar por algunas zonas pequeñas.

Es tal el colorido de su silueta que basta el paso de la luz de las linternas que guían la inmersión para encender el camino del fondo del mar.

Luego, en superficie, se podrá intercambiar experiencias y prepararse para un nuevo día bajo las aguas de Noronha, que no por nada los antiguos navegantes bautizaron como la esmeralda del Atlántico.

 

Datos útiles

Cómo llegar

Desde Natal o Recife, la empresa Nordeste tiene un vuelo corto hasta el archipiélago, por 138 dólares, ida y vuelta.

Se debe pagar 13 dólares por cada día de estada en la isla y 9 por cada día de buceo.

Dónde dormir

Una de las tantas alternativas de alojamiento que ofrece Noronha es el Hotel Esmeralda que dispone de habitaciones desde 40 dólares.

Más información

En la empresa de buceo Atlantis Divers, consultas: [email protected]  

Vientos marinos

El Parque Nacional Marino tiene 110 kilómetros cuadrados. Las tortugas que habitan las aguas son preservadas y monitoreadas gracias al trabajo científico del Proyecto Tamar.

Dentro de la bahía Dos Golfinhos residen los delfines rotadores, y su nombre se debe a los saltos giratorios que realizan. La excursión a la bahía embarcados cuesta 30 dólares y está prohibido bucear en este sitio.

Existen dos regiones bien definidas dentro del área de buceo en Noronha: la zona de mar de adentro y la de mar de afuera. Los puntos dentro de estos sitios se eligen según los vientos.

De abril a diciembre se acostumbra a bucear del lado de adentro de la isla, porque las aguas están más calmas Otras visitas interesantes son las ruinas del Fuerte de los Remedios, que es una construcción del siglo XVIII y el Palacio San Miguel, que ahora es sede administrativa.

 

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