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dice que Berlín hace mucho tiempo, en el 1200, fue dos poblados, Côlln
y Berlín, divididos por el río Spree.
También está escrito que llegaron las guerras y que la de los
Treinta Año las dejó
a ambas en ruinas. El
siglo XIX vio a Berlín poderosa, dicen, como centro del imperio germano
hasta que la Primera Guerra Mundial la postró nuevamente.
A la convalecencia alocada posterior a la guerra sobrevino la
insania del nazismo. Norteamericanos,
franceses, ingleses y rusos ocuparon la ciudad hasta que, en 1947, estos
últimos se apartaron del grupo y dejaron una porción de Berlín, la occidental,
como único reducto capitalista inmerso dentro de las fronteras soviéticas.
En 1961, la división se concretó en un muro de cemento, que se
convirtió en el símbolo de la guerra fría y que se fue agrietando hasta
noviembre de 1989, en que se quebró la contención. (El muro que dividió
la ciudad desde 1961, fue tirado abajo el 9 de noviembre de 1989.) A
esto. Siguió la reunificación alemana y la restauración de Berlín como
capital de la nación. Futuros
Cambios (La Nación - 1ª
De Junio De 1997) Quien
llegue en estos días adonde fue el límite entre la zona norteamericana
y el dominio soviético, Checkpoint Charlie, verá cómo se remueve el
puesto y se reemplaza por una enorme estructura espejada, el American
Business Center. La
Puerta De Brandenburgo, traspasada por Napoleón (en 1806), por la marcha
de antorchas de Hitler (1933) y por quienes huían del comunismo hacia
Berlín Occidental, pronto estará acorralada por un bosque de moles modernas. Postdamer
Platz (sede del famoso muro, derribado hace ocho años) ya no será la
misma, sino una serie de torres bruñidas.
Actualmente, desde lo alto de un contenedor rojo, llamado Infobox , se
ven sólo escombros, pozos, grúas y obreros.
Dentro del bloque bermellón, que hace las veces de centro de
interpretación, maquetas, videos computarizados y planos explican a
los boquiabiertos visitantes en qué se transformará ese territorio en
ruinas. En
tres años, esa gigantesca fosa se convertirá en una fortaleza de edificios
ultramodernos con la tutela de los imperios empresariales de Daimler-Benz,
Sony, A+T ABB y Hertie. En
esas oficinas, se calcula, trabajarán 7500 personas. La
monotonía de algunos barrios de lo que fue Berlín Oriental ya fue invadida
por 110.000 metros cuadrados de espacio comercial. Los
cuarteles de la policía nazi, bombardeados hasta su desintegración,
serán un centro cultural, de estructura espejada y moderna.
Las estaciones de tren, como la de Friederichstrasse, parecerán
terminales aéreas. Al
tiempo que sucumbe ante el poder de los arquitectos (hoy se construye
mas en esta ciudad que en ningún lugar de Europa), los visitantes se
abren paso a lo largo de los casi 900 kilómetros cuadrados que ocupa
Berlín, formada en realidad, por otros siete diferentes poblados, y
hurgan en sus tesoros. En
semejante extensión hay lugar no sólo para la construcción, sino para
que, simultáneamente, se sucedan congresos internacionales (el centro
ICC, por ejemplo, tiene casi 100.000 metros cuadrados), mercados callejeros
(Winterfeldtplatz, Schonhauser Allee, entre otros), sosegados picnics
en el parque (el Tiergarten ocupa 212 hectáreas del centro berlinés)
y febriles compras en tiendas internacionales (KaDeWe, Kaufhof, Europacenter) ¿Qué
hay para ver en Berlín? De
todo, por eso es mejor preparar una selección o elegir un tema para
seguirlo paso a paso. He
aquí algunos puntos de interés, en orden alfabético: Alexanderplatz:
Fácilmente visible gracias a la gigantesca torre de televisión.
Cerca sobrevive la estatua de Engels y Marx (una de las pocas
que no fueron removidas), el Ayuntamiento de piedra rojiza, el reloj
con la hora internacional. Cafés:
Pedir un café y una torta es suficiente programa en algunos recintos
donde una vez platicaba la aristocracia prusiana, luego la intelectualidad
berlinesa, los jerarcas nazi y hoy una colorida multitud. Catedral
y Museumsinsel: Si no se está restaurando, es posible ver la cúpula
de la iglesia. Enfrente
y en toda la isla, llamada de los Museos, hay exposiciones valiosas. Cecilienhof:
Allí se reunió la Conferencia Interaliada de Postdam en 1945, donde
Churchill, Truman y Satín se dividieron Europa. Checkpoint
Charlie: En el concurrido museo Haus am Checkpoint Charlie hay una colección
de artefactos con los que algunos eassies huyeron hacia el Oeste y,
con videos y fotos, ilustra los festejos del derrumbe del Muro. Gendarmenmarkt:
Allí están las catedrales gemelas francesa y alemana, la sala de conciertos
Konzerthaus, diseñada originalmente por Schinkel, e interesantes estatuas. Iglesia
Del Káiser Guillermo: Luego de ser casi destruida por las bombas en
1943 se preservó para recordar la locura de la guerra.
Dentro se ven las fotos aéreas de un Berlín reducido al polvo.
La nueva capilla y la torre, modernas, la escoltan de cerca. Enfrente, la Breitscheidplatz es un punto de encuentro de
jóvenes y diletantes. Kulturforum:
Alrededor de la austera iglesia de Mateo, se congregan las irreverentes
formas de la Philharmonie, la Biblioteca Nacional, el Museo de Artes
Aplicadas, la Galería Nacional de Arte Moderno, entre otras. Kurfûrstendamm:
Conocida como la Ku Damm, es la avenida comercial más famosa,
con todas las firmas internacionales, salpicadas de famosos cafés.
En las calles transversales hay galerías de arte y exposiciones. Museo
De Artes Aplicadas: Parada obligada en el Kulturforum, conservauna cronología
del arte berlinès, además de valiosos objetos de otras culturas. Museo
De La Bauhaus: Dedicado al influyente movimiento de arte y diseño del
siglo XX. Museo
De Pèrgamo: Visita obligada aunque más no sea para pararse frente al
Altar de Pèrgamo y bajo la Puerta de Istar. Nikolaiviertel:
Es un barrio pintoresco, con la iglesia más antigua de Berlín y restaurantes.
Sobre sus adoquines se reúne gente al atardecer. Está a un paso
de Alexanderplatz. Otros
Museos: Museo de Kâthe Kollwitz (dedicado a la artista contemporánea);
las Galerías Dahkem (arte medieval y renacentista del Norte de Europa;
Museo Etnográfico (choza polinèsica, barcos de Oceanía, arte precolombino,
marionetas de Indonesia, entre otras muestras); Museo de las Fuerzas
Aliadas (sobre la Ocupación); Museo de Berlín; Casa deBrecht; Museo
del Transporte. Puentes:
Cada uno tiene su historia y, si no están cubiertos para su restauración,
es posible ver la esmerada decoración, diferente en cada caso. Puerta
De Brandenburgo: Es la postal mas típica, junto a su Pariser Platz.
A su alrededor se están construyendo los futuros edificios del
gobierno alemán. A sus
pies se congregan turistas y vendedores callejeros de origen ruso y
turco. Sachsenhausen:
El campo de concentración nazi funcionó desde 1936.
Se mantienen las celdas, la Station Z y hay un museo. Savignyplatz:
Alrededor de la plaza y en las calles adyacentes está la mayor concentración
de restaurantes y cafés de la ciudad. Schloss
Charlottenburg: El palacio real de la dinastía prusiana alberga valiosos
salones y obras de arte. Hay un pabellón construido por el famoso arquitecto Schinkel
y sus jardines dan al río Spree. Tiergarten:
Ese vasto coto de caza de la aristocracia prusiana mantiene en varias
estatuas importantes, además de la famosa Siegessâule, la columna con
la diosa de la Victoria. Fue
podado en la época de pobreza y bombardeo durante la guerra, pero sigue
floreciente y es la cita de caminantes y niños. Topografía
Del Terror: Es
difícil de identificar entre los vallados, pero todavía hay una exposición
que describe la crónica del ascenso del poder nazi, que tuvo allí su
sede, con fotografías y testimonios.
La muestra está montada sobre las celdas de los interrogatorios,
que pueden visitarse. También
hay material sobre el Holocausto en el monumento del Plôtzensee, prisión
en la que fueron ejecutadas 2500 personas; en la mansión de Wannsee,
donde se maquinó el plan nazi de exterminio judío, y en el monumento
a la Resistencia alemana. Unter
Den Linden: La calle imperial es un rosario de edificios históricos,
uno más importante que el otro, que traducen el ideal prusiano, pero
que fueron testigo luego de barbaridades como la quema de los libros
ordenada por el nazi Josef Goebbels.
Están también la Deutsche Staatsoper; la catedral católica, la
Universidad de Humboldt; el Neue Wache; el Palacio Zeughaus, todos restaurados
o en pleno acicalamiento. Transporte Berlín
se puede recorrer fácilmente, debido a su fluida red de transporte público. Por
supuesto, siempre está el recurso del taxi, pero aún en esta ciudad,
relativamente barata, un trayecto desde el centro de Berlín Este (Alexanderplatz)
hasta el centro comercial del Oeste (Ku damm) puede costar 20 dólares
con tráfico moderado. Son
caros pero seguros. Son
muy recomendables las conexiones entre la S-BAHN (tren que corre por
la superficie) y la U-BAHN (subterráneo) que de tan bien provistas son
suficientes para llegar a cualquier punto de la ciudad, sin los inconvenientes
de tránsito, denso a las horas pico y durante los paros obreros. Como
si fuera poco, pueden combinarse perfectamente con los ómnibus, que
son más lentos, para ir observando lugares de interés. Es
costumbre del lugar indicar la estación cercana cuando se quiere dar
una dirección. Para
todos los transportes se puede utilizar el mismo boleto (por un tramo,
4 dólares; ilimitado por un día, 12 dólares; por dos días, 46; por siete
días, 64; todos para dos de las tres secciones en que se divide la ciudad,
que se saca en unas máquinas naranjas que dan cambio y que se encuentran
en todas las estaciones. Todos
los ómnibus están señalizados y en algunos hay letreros electrónicos
que indican la próxima estación. Igualmente señalados están los trenes y subtes. En
las estaciones puede tomar un plano de la red de S-Bahm y U-Bahn, mientras
que los mapas más completos incluyen el trayecto de los ómnibus.
En las paradas de colectivos hay planos completos y el recorrido
de las líneas, indicando con una N si funciona sólo en horario nocturno
(después de las 23). Hay
oficinas de informes donde se puede preguntar acerca de cómo llegar
a cualquier punto de la ciudad.
También hay teléfonos de emergencia en los andenes para urgencias
o situaciones de peligro. Las
estaciones están en su mayoría bien custodiadas, hasta con perros policía. Isla
De Los Museos De Berlín (La
Nación - 4 De Febrero De 1996) La
calidad de las colecciones que se encuentran allí sólo es comparable
precisamente a las del Louvre o a las del British Museum.
En ese sector de la antigua capital de Alemania se hallan el
Museo de Pèrgamo, la Galería Nacional (Alte Nationalegalerie), el Museo
Bode y el Museo Antiguo (Altes Museum). Ese
complejo de museos creado por el rey Federico-Guillermo III a comienzos
del siglo XIX, contiene un vasto tesoro de obras de la antigüedad clásica
y del Cercano Oriente. Pero
si uno no dispone de tiempo para ver mas que uno solo de esos magníficos
palacios, no se debe dudar : la elección más acertada es la del Museo
de Pèrgamo. Dentro de éste,
hay tres reconstrucciones arquitectónicas de un valor excepcional que,
por sí solas, justifican cualquier viaje: la del altar de Pèrgamo, la
de una puerta del mercado de Mileto y la de la vía procesional y la
puerta de Ishtar, en Babilonia. El
altar de Pèrgamo es quizás el más importante de los altares monumentales
griegos. Fue erigido entre
el 154 y el 156 a.C. Sobre
cinco escalones se yergue una imponente base que está dividida en la
zona lisa del zócalo y la zona del friso, de 2,30 metros de altura,
rematado por una cornisa sobresaliente y con dentìculo.
En el lado occidental, hay una escalinata de casi 20 metros de
ancho que corta La
segunda reconstrucción monumental se halla caminando apenas unos metros
a la derecha del altar de Pèrgamo, cruzando una pequeña puerta, lo que
impresiona aún más, si cabe, al visitante: se trata de una puerta del
mercado de Mileto. Es una
obra típica de la arquitectura helenística y romana realizada hacia
el 120 d.C. Era la entrada
al mercado sur de la ciudad. En
583 d.C., cuando el emperador Justiniano fortificó nuevamente Mileto
en un espacio reducido, la puerta del mercado fue integrada a la muralla
de la ciudad. Pero antes
del 1100 un terremoto la destruyó.
Las excavaciones ordenadas por los alemanes Theodor Wiegand y
Hubert Kanckfuss, entre 1903 y 1905, rescataron parte de los elementos
de esa puerta, lo que hizo posible su reconstrucción en la Isla de los
Museos en medidas originales y con piezas autenticas.
Además se encontraron vasijas de la época micènica y esculturas
arcaicas. El
tercer monumento que impresiona en Pèrgamo es la reconstrucción de la
puerta de Ishtar y de su vía procesional. Fueron edificadas en el siglo VI a.C. en Babilonia.
Es obvio que tan sólo pudo levantarse dentro del museo una parte
de ese imponente camino, que, en su origen, cubría un trecho de 250
metros, con un ancho de 20 a 24 metros, y un espesor de 7 en las paredes.
La vía desembocaba precisamente en la puerta de Ishtar.
Lo que hoy puede ver el visitante en el Museo de Pèrgamo es un
segmento de 30 metros de largo y 8 de ancho, con una altura de 12,50
metros. La
puerta de Ishtar se hallaba en la zona noroeste de la muralla de Babilonia,
y llevaba el nombre oficial de “la vencedora de sus enemigos”.
La vía y estas puertas fueron levantadas por orden de Nabopolasar
(625-605 a.C.) y de Nabucodonosor II (604-562 a.C.).
Ishtar era una de las diosas mas importantes del panteón babilonio. Representaba la fertilidad y se la identificaba con la estrella
de Venus. Los muros de
la puerta son de ladrillos de barro y vidriados y algunos de los empleados
en la reconstrucción son piezas originales y otras réplicas.
La decoración muestra a toros y dragones.
Los batientes de la puerta eran de cedro con guarniciones de
bronce, pero éstas no se han conservado.
En la vía de acceso, en cambio, los leones (los animales sagrados
de Ishtar) constituyen la imagen más destacada.
La altura de la parte reconstruida de la puerta es de 14,73 metros,
y su ancho de 15,70. Además
de estas tres maravillas del arte antiguo, uno puede apreciar en el
museo esculturas en mármol y figuras en terracota admirables, como la
Afrodita del siglo II a.C., uno de los trabajos más importantes realizados
en Asia Menor. Castillo
De Charlottenburg (La Nación - 26 de mayo de 1996) Uno
de los tesoros más hermosos de Berlín es Charlottenburg, el castillo
que hizo levantar la reina Sofìa-Carlota, esposa de Federico Y. Sofìa-Carlota
era una intelectual, amiga del filósofo Leibniz, que amaba la naturaleza
y el arte. Eligió para
erigir la construcción un terreno situado sobre el río Spree, al oeste
del jardín Zoológico, cerca de la entonces aldea de Lutze. Al
principio se pensó en construir una especie de casa de campo, pero el
proyecto inicial se fue ampliando. Varios
nombres se citan como responsables del bellìsimo y grandioso edificio,
entre ellos los del arquitecto holandés Arnold Nering, el del ingeniero
Martín Grûnberg, y el del escultor Andreas Schlûter, además de Eosander
Gôthe. Los
trabajos del edificio central se iniciaron en 1695 y se terminaron en
1713. La
sucesión de salones fastuosos es imponente.
Una particularidad del castillo son los espejos, que revelan
la influencia holandesa. Una
de las salas más deslumbrantes por su carácter barroco es la de porcelanas.
En su origen había allí unas 3000 porcelanas chinas y japonesas
de la segunda mitad del siglo XVI. Del
Gabinete de Porcelanas parte la hilera de trece departamentos del Rey.
Si uno se coloca en un extremo puede ver la sucesión de cámaras
que se extienden a lo largo de 140 metros. El
escultor inglès de madera, Charles King, fue uno de los artistas que
desplegaron su refinamiento en Charlottenburg. El
otro célebre residente de Charlottenburg fue Federico el Grande, gran
admirador de Watteau y coleccionista de las pinturas de este artista.
Gracias a esa pasión estética, Charlottenburg tiene dos salas
de los cuadros más notables de Watteau, una de las dos versiones de
L`embarquement pour Cythère y L`enseigne de Gersaint, la última obra
de Watteau y algo así como su testamento artístico. Es
muy interesante, por otra parte, ver la galería de la Biblioteca del
Primer Departamento
de Federico el Grande. En
una vitrina se encuentran las deslumbrantes tabaqueras del rey, hechas
en piedras semipreciosas y adornadas con brillantes, turquesas, rubíes
y esmeraldas. En
el ala nueva de Charlottenburg, levantada por Federico el Grande, el
espacio más refinado y rico es la Galería Dorada, con una ornamentación
de estucos laminados en oro inspirada en dibujos de Watteau de una suntuosidad
que quita el aliento. En
la actualidad, Charlottenburg alberga varios museos, el del romanticismo,
el Museo de Antigüedades con piezas griegas, cretenses y etruscas; el
Museo Egipcio y el Museo Brôhan, con ejemplos exquisitos del Art. Nouveau
y Dèco. Pero
no debe omitirse un paseo por el hermoso parque, en parte de inspiración
francesa, diseñado por Godeau, un discípulo de los de Versalles. El
sucesor de Federico el Grande, Federico Guillermo II, transformó el
parque para que triunfara allí la manera inglesa.
El espíritu barroco fue reemplazado por el romántico. Otra
de las deliciosas construcciones de Charlottenburg es el Pabellón Nuevo,
una alegre y luminosa casa de verano.
La decoración es muy simple. Si
se tiene la suerte de estar en Berlín en un día de sol de primavera
o de verano, Charlottenburg es uno de los lugares más sugestivos y bellos
para pasearse por el parque, a la orilla de los canales y del estanque,
o para recorrer las frescas salas de las distintas alas del palacio. Palacio
Sans-Souci (La Nación -
30 de junio de 1996) Fue
levantado por el rey de Prusia Federico II el Grande.
Este sentía una gran admiración por Luis XIV y, al erigir Sans-Souci,
quiso en verdad hacer de la residencia algo así como su Versalles. Afortunadamente,
la caída del muro del Berlín hace aún más fácil llegar hasta ese magnífico
monumento del pasado; Potsdam estaba del lado este, y eso significaba
tener que pasar inspecciones. De todos modos, en la visita al castillo
aún se imponen a los turistas algunas reglas típicas de la administración
soviética de museos: por ejemplo, para no arruinar el espléndido parquet,
perfectamente restaurado, uno debe calzarse unas pantuflas-patines que
se ponen a disposición de los viajeros.
Al salir; se depositan en un armario.El parque fue diseñado por
el paisajista Peter Joseph Lennè, y en las 300 hactàreas de terreno,
los amantes de la botánica podràn reconocer centenares de especies distintas.
La escalinata, en verdad una serie de terrazas, que lleva de
la fachada posterior del castillo hacia los jardines es majestuosa y
espectacular. Las
distintas construcciones que se hallan en esa vasta propiedad real fueron
edificadas entre 1744 y 1860.
Federico II amaba las artes y las letras; fue protector, corresponsal
y perdido admirador de Voltaire, además tocaba la flauta y organizaba
en Sans-Souci conciertos que encendieron la imaginación de algunos pintores
del siglo XIX, entre ellos el gran Menzel, que hizo una serie de cuadros
inspirados en la vida de Federico el Grande. En
uno de ellos, quizás el más bello del conjunto, se ve al monarca tocando
la flauta rodeado de una concurrencia de nobles.- El
edificio fue concebido por el arquitecto Knobelsdorff.
La fachada está adornada por 36 esculturas de gigantes.
La influencia francesa es evidente, aunque el gusto por todo
lo rococò, alcanza en las salas un despliegue que sólo puede verse en
Alemania o en Austria. En
la antecámara, la decoración es más sobria.
En la biblioteca, en forma de rotonda, se destaca la boiserie
de cedro con incrustaciones de bronce dorado.
El dormitorio y el despacho de trabajo del rey resultan conmovedores
para quienes hayan leído la biografía de Federico, ya que allí puede
verse el sillón donde murió. Por otra parte, en las paredes están los retratos de la familia
real. Una de las salas
más impresionantes y hermosas es la de música; en ese espacio imponente
triunfa la decoración rocaille. Cruzando
el parque, se llega al Palacio Nuevo, mucho más barroco y pomposo.
Tiene 400 habitaciones y 213 metros de ancho.
No hay que perderse la visión casi onírica de la gruta, con una
proliferación apabullante de conchillas y minerales. La
Galería de Mármol, en mármol blanco de Carrara y jaspe rojo, deja sin
aliento. La Sala de Mármol,
en gris azulado, se corresponde con la anterior, pero en un estilo más
contenido, más severo y, por cierto, más elegante. El
cielo raso fue pintado nada menos que por Van Loo y representa a Ganimedes
introducido por Elena en el Olimpo. El
teatro, en el ala Sur, también es un ejemplo del barroco alemán y los
extremos a que puede llegar. Entre
las curiosidades de Sans-Souci está la Casa de Té China, un pabellón
circular. Berlín,
en el cambio En
medio de una selva de grúas, los turistas pasean por la capital BERLIN.-
Esta ciudad es una fiesta, y más en primavera, escribiría Ernest Hemingway
si viviera. Y la cita es obligada porque sigue siendo el viajero de
referencia. Su colega Mario Vargas Llosa estaría de acuerdo porque acaba
de escribir: "Me atrevo a profetizar que Berlín sucederá a París
probablemente en los años venideros como la capital espiritual de Europa".
El
mejor lugar para apreciar el renacimiento de la ciudad integrada y comprender
cómo será en el futuro es el nuevo Reichstag rediseñado por el inglés
sir Norman Foster. Se
puede subir hasta la cúpula ascendiendo por dos rampas que envuelven
el Parlamento (Bundestag), de la misma forma que en el Museo Guggenheim
en Nueva York. Es para recordar a los legisladores que no están por
encima de la gente, sino a sus pies porque literalmente están pasando
por encima. Y
es transparente para demostrar que Alemania no tiene nada que ocultar.
La impresionante cúpula de acero y vidrio, con 365 espejos que reflejan
la luz natural, recibe a más de 4000 visitantes por día desde las 20
hasta medianoche. Todo
tiene gusto a flamante porque apenas el año último se completó el traslado
del Parlamento y del gobierno federal y todavía se están construyendo
las instalaciones complementarias y los edificios para ministerios y
embajadas. El premio mayor lo tenemos en la terraza con una visión de
360º de lo que es y será todo Berlín. Experimentamos el gran tamaño
de Berlín con sus 883 kilómetros cuadrados (cuatro veces nuestra Capital
Federal) y la manera en que está surcada por dos grandes ríos (Spree
y Havel) y una cantidad de canales comparables con Venecia y Amsterdam.
Muchos
puentes fueron destruidos durante la guerra y otros para evitar las
fugas de Berlín Este, pero en esta década se construyeron 90 puentes
nuevos y se restauraron los anteriores. A vista de pájaro distinguimos
las avenidas de lujo con hoteles de muchas estrellas y las que están
renaciendo al Este, como la calle Friedrichstra§e, antes seccionada
por el muro, y que se está convirtiendo en la avenida comercial número
uno en el Berlín unido. La Kurfurstendamm (Ku«damm, para hacerla corta)
era la avenida dominante en Berlín Occidental coronada para no olvidar
la guerra con las ruinas de la iglesia del emperador Guillermo I. De moda Próxima
al encantador Zoológico, con pandas y gorilas, se convirtió en uno de
los barrios de moda. Y en una línea recta hacia el Este el enorme espacio
verde Tiergarten, parecido a Palermo, donde está la Nueva Pinacoteca
en el Foro de la Cultura que reúne después de medio siglo todas las
obras. Allí nace Under den Linden (la avenida de los tilos que ordenó
cortar Hitler para tener más espacio para los desfiles de sus fanáticos
en las Olimpíadas de 1936. En
esta zona se están estableciendo las nuevas residencias diplomáticas
como en nuestra Avenida del Libertador. Siguiendo por ella se llega
a la Puerta de Brandenburgo, que antes marcaba la entrada en Berlín
Oriental. La calle se llama 17 de Junio, día de la caída. Muy cerca,
en lo que era tierra de nadie por su proximidad a ambos lados del Muro
y las calles arrasadas por los bombardeos, están ahora los lugares que
más atraen a los turistas fascinados por lo nuevo o lo viejo. Por un
lado la selva de grúas empleadas en las construcciones de Potsdamer
Platz que recupera el centro de la ciudad con sus hoteles, restaurantes
y arcadas comerciales. Y por el otro, el distrito de Mitte (el medio
en alemán) equivalente a lo que sería la orilla izquierda de París o
el Soho de Nueva York. Más
al Este no quedan ni rastros del Checkpoint Charlie (las barreras se
conservan en el Museo de los Aliados, en las afueras) y en su lugar
hay un gran edificio del norteamericano Philip Johnson. La estación
de Friedrichstra§e, que unía ambas partes de la ciudad dividida, está
en plena reconstrucción. Está cerca de la torre de televisión, construida
por los comunistas en 1965; con 365 metros, es la más alta de la ciudad.
Está al borde de Alexanderplatz, testimonio de la arquitectura de la
Guerra Fría con su inhóspita plaza seca muy cerca. La ciudad nace todos
los días y hay un tour especializado que puede seguirse con 600 ejemplos,
entre los que se destacan las creaciones de los arquitectos más importantes
de todo el mundo. Otra manera de tener un cuadro completo es entrar en Info Box, el cuadrado rojo en la Leipziger Stra§e que atrae a contingentes de turistas. Es bueno observar (gratis) primero los videos y las maquetas de Daimler-Benz, Sony, Deutsche y del gobierno conectadas a computadoras interactivas y bilingües, y luego pagar 2 marcos para subir hasta la plataforma superior y ver cómo avanza el el nuevo conglomerado que se levanta en Potsdamer Platz. Para tener una idea, la inversión en construcciones supera los 15 mil millones de dólares por año, algo así como 50 millones por día (casi el doble del costo de una torre en Buenos Aires) como las de Telefónica o Telecom, en Puerto Madero) Y lo que no tiene precio es conservar, sobre una suerte de zancos, una réplica del primer semáforo instalado en el mundo, cuando esa plaza era el equivalente a un Time Square europeo. El
ayer recibe al mañana Antiguas
construcciones y proyectos de vanguardia lavan la cara de la ciudad Con
sus monumentales edificios nuevos y los nombres de las viejas calles
y sus recuerdos, Potsdamer Platz vuelve a ser el centro de la capital
de Alemania, de toda Alemania. En
los años 20 era un nudo de trenes elevados para conectar todos los barrios
a su distrito más divertido, donde se oía a Lily Marlene mientras nadie
sospechaba qué traían las sombras detrás de Cabaret. Ahora otros lugares
reponen el clima del Kit Kat Klub, donde cantaba Liza Minnelli. Los
sitios cambiaron y los nombres también, pero en medio de un clima de
transformaciones, la vida nocturna en Berlín, donde cada uno hace lo
que se le antoja, es más intensa que nunca. En
el mismo sitio donde estaba el búnker de Adolfo Hitler se ven grúas
y grúas mientras brotan nuevos edificios, que son un catálogo de arquitectura
comparable a Chicago. Con
una diferencia. Al fundar de nuevo su ciudad quieren que se parezca
más a Europa que a Estados Unidos, que no pierda su dimensión humana
y peatonal. Los edificios son de altura mediana, con verdaderas calles
como las de antes, con cruces en las esquinas. Los
flamantes edificios no quieren olvidar que son primos hermanos de las
construcciones recicladas que sobrevivieron a los bombardeos o de las
barriadas que antes estaban entre Berlín Oriental y Occidental, y hoy
son lugares de moda como esta plaza o el Mitte (la mitad) que está al
Norte. La decisión urbanística fue polémica y sus mismos responsables
reconocen que sólo cuando terminen todos los trabajos en marcha se podrá
evaluar cabalmente la decisión de prescribir una altura mediana en el
Viejo Continente. En torno de Potsdamer Strasse, que corta en dos el
nuevo distrito, se ubican dos grandes torres de menos de 100 metros.
Una,
la ciudad Sony, diseñada por Helmut Jahn, germano-norteamericano, apuesta
a una serie de bloques de vidrio que serán cubiertos por una enorme
carpa de género que recordará al monte de Fujiyama. En
su interior, se preservarán restos de la fachada del viejo hotel Esplanade.
Enfrente,
la ciudad Daimler tiene la Torre Mercedes al lado de los edificios del
italiano Renzo Piano (el mismo del Pompidou de París), que no están
recubiertos de vidrio o aluminio, sino con cerámica en colores. Y como
un ejemplo de este eclecticismo, en medio de grandes árboles trasplantados
y calles que reponen los viejos nombres, se mantiene tal cual la Vinería
Huth que sobrevivió a los bombardeos. Otro
renacimiento es la reinauguración, en 1999, del Hotel Adlon, palacio
barroco, construido en 1907 por Lorenz Adlon, en el que se inspiró Vicky
Baum para escribir un folletín cuando era periodista. Luego esa novela.
Grand Hotel, se convirtió en un gran éxito teatral cuando el exiliado
Max Reinhardt la presentó en Broadway. El
hotel en la preguerra era el centro de la vida social y también todas
las intrigas de la sociedad. Allí se alojaron, entre otros, Franklin
Delano Roosevelt, Mata Hari, Greta Garbo, Charles Chaplin mientras lo
frecuentaba Albert Einstein. El edificio había logrado sobrevivir a
los bombardeos, pero lo destruyó un incendio poco después de terminar
la guerra. Se invirtieron 240 millones para restaurar sus 337 habitaciones.
No todo en Potsdamer Platz es nuevo, porque quedan algunas ruinas en
la vecina calle Stresemannstra§e cerca de la estación S-Bahn (subte)
y el café Stresemann o el baldío de lo que fue el Prinz Albrecht Palais,
el cuartel central de la Gestapo. Es
para recorrerlo caminando y seguir hacia los recuerdos porque está muy
próximo al comienzo de Friedrichstra§e. Distinguidos Y
entre los muchos diseñadores que hicieron obras en el nuevo Berlín hay
varios que tienen esa distinción. Comenzando por el ingles sir Norman
Foster que cambió el Reichstag e incluyendo al italiano Renzo Piano,
el español Rafael Moneo, el frances Christian de Portzamparc y los norteamericanos
Frank O.Ghery, I.M.Pei y Philip Johnson. Se
puede decir, entonces, que es un catálogo de arquitectura que muy pocas
ciudades del mundo pueden tener. Sin
barreras Otra
etapa: después de la división, el barrio Mitte se convirtió en una zona
marginal, pero con la reunificación está de última moda. Históricamente
el Mitte era el centro geográfico de la ciudad. Con la división pasó
a ser una zona deprimida, marginal, en la que nadie quería vivir por
su proximidad al Muro. Con
la reunificación recuperó su valor y se convirtió en uno de los lugares
de moda. Es un notable centro cultural al norte de Tiergarten. Hay muchos
edificios nuevos para comercios y oficinas, y las casas antes abandonadas
hoy multiplicaron su valor. La
arteria principal, Friedrichstra§e, volvió del eclipse comunista y quiere
competir desde el Este, ahora sin barreras, con la famosa Kurfurstendamm
del Oeste convirtiéndose en los Campos Elíseos de Berlín. Es otra zona
para caminarla a fondo, partiendo hacia el Norte, desde lo que era el
Checkpoint Charlie en dirección opuesta a Potsdamer Platz. Aquí se instaló
Galeries Lafayette y la gran tienda Dussmann Das Kulturkaufhaus compite
con las grandes disquerias tipo Virgin o FNAC. La estación Friedrichstra§e,
que había sido el puente de contacto entre ambas partes de Berlín, está
en plena reconstrucción eliminando las complicaciones de los controles
de seguridad policial que eran una pesadilla para los extranjeros que
hasta 1989 quisieran visitar Berlín del Este. El
palacio de las lágrimas Ahora
es un club para divertirse y conserva en la cervecería de su jardín
una pieza del muro derribado. Hay muchos cafés, casas de antigüedades,
librerías en la vecindad y no muy lejos el teatro Metropol de revistas
musicales con una venerable historia que arranca a comienzos de siglo
y sobrevivió a los bombardeos. También se mantiene el Berliner Ensemble con su estatua de Bertolt Brecht, que dirigió el teatro desde 1948 hasta su muerte, en 1956. Allí funciona un bar muy popular en lo que antes era una cantina reservada exclusivamente para los empleados del teatro y ahora está abierta al público general Fuente
La Nación, junio 2000 |
| Datos
útiles Cómo
llegar El
pasaje aéreo ida y vuelta desde Buenos Aires hasta Berlín cuesta 1100
dólares aproximadamente, con tasas e impuestos incluidos. Alojamiento Una
habitación doble en un hotel tres estrellas sale alrededor de 70 dólares;
en uno de cuatro, 100, y en uno de cinco, entre 150 y 300. Transporte Hay
150 líneas de ómnibus (45 nocturnas) que tienen un horario y lo cumplen.
Un buen comienzo es tomar el subte hasta la estación Potsdamer Platz
y allí comenzar la recorrida. Más
información Embajada
de Alemania: Avenida del Libertador 946, piso 4°. Atención de lunes
a viernes, de 9 a 13; 4812-8366. En
Internet |
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