Las islas de Aruba, Bonaire y Curazao, también conocidas  como el “ABC”  del Caribe por las iniciales de sus nombres, están localizadas frente a las costas de Venezuela.  Pertenecientes a Holanda, en ellas se habla indistintamente el neerlandés y el papiamento, que es una mezcla de español , holandés, portugués y otros idiomas.  La mayoría de sus habitantes también habla correctamente inglés y español, cualidad esta última muy apreciada por los viajeros latinoamericanos, que en tiempos recientes se han venido convirtiendo en “adictos” a los deportes acuáticos.  Justamente el meollo de la oferta turística del ABC caribeño, que si ya es original sobre el nivel del mar, tiene pocos rivales por debajo.

La más occidental de las tres islas, Aruba, es una de las metas caribeñas favoritas de los turistas sudamericanos, atraídos principalmente por sus grandes facilidades para la práctica de diversos deportes marinos.  Entre ellos, el buceo es uno de los más populares, tanto para los submarinistas aficionados como para los más experimentados, debido a la excelente visibilidad de sus fondos marinos, su exuberante riqueza biológica, la presencia de buques naufragados e, inclusive, de aviones perdidos en el mar.  Una interesante opción para quienes deseen disfrutar del espectáculo subacuático arubeño sin mojarse un pelo es el sumergible turístico Atlantis, que ofrece excursiones submarinas con todas las comodidades imaginables: cabina presurizada y climatizada, ventanas panorámicas y un guía especializado en biología marina.  

Bonaire, ubicada ochenta kilómetros al norte de Venezuela, es un lugar privilegiado para la práctica del scubadiving gracias a los numerosos bancos coralinos que rodean la isla.  Sus principales sitios de buceo son Alice in Wonderland (Alicia en el país de las Maravillas), que constituye un verdadero “complejo turístico” submarino formado por dos arrecifes separados entre sí por una pared de arena; Angel City, donde se encuentran los restos del naufragio del barco Hilma Hooker; y Carl´s Hill, ubicado en los alrededores del islote deshabitado Klein Bonaire.

Curazao completa la oferta del ABC con un fondo marino calificado por la publicación estadounidense Skin Diver como [de muy bueno a excelente].  Ellos se debe a su abundancia de vida acuática, su falta concentración coralífera, por metro cuadrado, su visibilidad, su variedad de sitios de buceo, sus corrientes marinas favorables y el propio clima insular -soleado todo el año-, que permite practicar el submarinismo prácticamente todos los días.

 

  •  BARBADOS

Situada 200 kilómetros al este del arco volcánico de las Antillas Menores, Barbados es un excelente destino caribeño para realizar turismo histórico-cultural.  En la capital, Bridgetown, se pueden visitar el tercer Parlamento más antiguo  de la Commonwealth -cuyo edificio alberga hasta hoy al cuerpo legislativo local- y la estatua “pionera” del almirante Nelson, erigida 36 años antes de que se inaugure su famosa similar de la Trafalgar Square, en Londres.

Saliendo de la capital, en toda la isla encontraremos más huellas de los largos siglos de intercambio  anglobarbadense, como el Morgan Lewis Mill, último molino de viento que todavía funciona en Barbados; la aldea de pescadores Tent Bay y la  de artesanos alfareros Chalky Mount; el Museo Barbados, instalado en la antigua prisión militar, que guarda una importante colección de archivos de la isla, muebles, cristalería, libros antiguos y especies disecadas de la fauna local; y la St.John´s Crurch, arquitectónicamente la más inglesa de todas las iglesias barbadenses, en cuyo cementerio se encuentra el sepulcro de Ferdinando Paleologus, ilustre miembro de la familia bizantina que dio varios emperadores al Imperio de Oriente. 

Antiguas mansiones coloniales, muchas de ellas bien conservadas, atesoran numerosos objetos traídos al continente americano por las ricas familias británicas, y constituyen algo así como pequeños museos que complementan la visión histórico-cultural de Barbados.  Entre todas, tal vez la más hermosa sea Villa Nova, localizada en medio de una plantación azucarera y rodeada de clásicos jardines ingleses.  Pero incluso aquéllas que no han logrado superar el paso de los siglos testimonian un próspero pasado, como las ruinas de la mansión  de la plantación Sunbury, sitio de peregrinaje obligado para los turistas amantes de la historia.   

 

Cuba tiene cayos de sobra

Estos islotes, que adornan el mar, son la clave para pasar unas vacaciones a puro sol, con malla y sin reloj

  • CUBA

 La presión en los oídos se hace más intensa a medida que se va descendiendo. Entonces, se llena la boca de aire y se hace fuerza para igualar a la presión, siguiendo los consejos del instructor. La experiencia en un ámbito desconocido comienza a ser placentera. Sentado en el lecho del mar, levanta la vista y ve perfectamente en estas aguas cristalinas la quilla de la lancha, unos 8 metros arriba.

Ya más tranquilo, el buzo mira a su alrededor y descubre un mundo fantástico, totalmente novedoso para un novato: peces de colores intensos y de formas variadas circulan lentamente sin tener en cuenta a este intruso de los mares.

Los corales también aportan su belleza impactante. El ecosistema coralino es uno de los más complejos del mundo donde se pueden contabilizar alrededor de 7500 especies.

Esta es una de las tantas experiencias inolvidables que pueden vivirse en los cayos cubanos.

Son más de 4000 las islas de diferentes tamaños -algunas tan pequeñas que desaparecen durante la marea alta- que rodean a la isla mayor del Caribe.

Para batir el parche

Hasta no hace mucho eran tierras de piratas, pescadores, carboneros y, según cuenta la leyenda, utilizadas por los indios taínos para hacer sus sacrificios a los dioses.

Hoy, algunos de esos lugares fueron acondicionados para recibir al turismo, que quiere gozar de las delicias de un mar tranquilo y cálido, playas de arena fina y una naturaleza exuberante.

Descubrir a cada momento un lugar diferente, observar pájaros y reptiles, practicar todos los deportes náuticos que uno pueda imaginar, tirarse en un mar calmo a la luz de la luna, tomar una lancha que lo deposite por el día en un islote deshabitado donde podrá sentirse el rey y disfrutar a lo grande, gozar con el ritmo y la alegría de los nativos.

Estas son algunas de las tentadoras alternativas que proponen estos paraísos preservados por la mano del hombre.

Cayo Coco, Cayo Guillermo, Cayo Largo, algunos de los más conocidos, cuentan con una excelente infraestructura para recibir al viajero. Los dos primeros se encuentran en la costa norte conocida con el nombre de Jardines del Rey.

Una estrecha banda asfáltica se interna en el mar Caribe buscando el horizonte.

Son 17 kilómetros de piedraplen, esos terraplenes que unen el cayo con la parte terrestre.

Un camino que une la isla mayor con esa dimensión desconocida donde la naturaleza explota en un desenfreno de vegetación, fauna y paisajes grandiosos.

La memoria de Hemingway

Con sus 370 km2, Cayo Coco fue en la década del cincuenta, el lugar en el cual el escritor Ernest Hemingway encontró la inspiración para su libro Islas en el golfo y donde regresaba frecuentemente con su embarcación para gozar de la "mejor y más abundante pesca que uno haya visto en la vida".

Su memoria está presente en la mayoría de los toponímicos relacionados con su vida o su obra: playa Pilar, Cayo Guillermo, Villa Cojímar.

Cayo Coco es uno de los ecosistemas mejor preservados del Caribe con condiciones climáticas excepcionales: 25ºC de temperatura promedio en enero y febrero y un mar cálido que nunca baja de los 23ºC.

En este ecosistema conviven los pájaros cocos (que le dan el nombre al islote), con una colonia de 15 mil parejas de flamencos rosados, que se observan plácidamente en todas las puestas de sol desde el mirador La Silla.

Vida submarina

Aquí, la naturaleza dibuja los caprichosos contornos de la piedra cuando se hunde en el mar: cuevas, grietas y túneles que albergan una gran población de peces de infinitos colores, barracudas y tortugas gigantes que conforman una escenografía espectacular para buceadores, o aquellos menos arriesgados que se conforman practicando snorkeling.

La infraestructura turística, de gran nivel, incluye dos establecimientos que funcionan con el sistema todo incluido: alojamiento, comidas, bebidas y un sinnúmero de actividades deportivas (tenis, minigolf, billar, windsurf, catamarán) y, con un arancel suplementario, buceo, jet-ski, ski acuático, snorkel, boggies y bicicletas.

Hacia el Este y unido por otro piedraplen se encuentra Cayo Guillermo, mucho más pequeño, con dos complejos hoteleros, una villa y una marina deportiva.

Prácticamente virgen, éste es un lugar ideal para los amantes de la tranquilidad y los espacios abiertos.

La playa Pilar, que lleva el nombre del yate de Hemingway, tiene más de tres kilómetros de arena fina y blanca con un mar muy tranquilo y apropiado para aquellos que viajan con niños.

Desde Jardines del Rey, las opciones de excursiones en la isla mayor son diversas: visitar las ciudades cercanas de Morón o Ciego de Ávila; volar hasta Santiago de Cuba; antigua capital de la isla, visitar la ciudad colonial de Trinidad o deleitarse con el centro histórico de La Habana.

La naturaleza más pura

Ubicado en la costa sur de la isla mayor, se llega a Cayo Largo después de un viaje en avión de sólo 20 minutos. La naturaleza se ofrece aquí en toda su pureza original y el hombre no ha querido disputarle su reinado.

Las construcciones (hoteles, restaurantes, tiendas) fueron integradas de tal forma al entorno, que sobre la mayor parte de la isla de 40 km2, la traza del hombre es casi imperceptible.

Los pelícanos continúan sobrevolando la isla como siempre lo hicieron pausada y confiadamente; las grandes tortugas marinas encuentran en sus playas un lugar ideal para desovar, y en la isla de las iguanas éstas siguen su ciclo vital como lo hacen desde hace milenios.

La isla ofrece 25 kilómetros de hermosas playas y todo tipo de actividades náuticas, ideales para alternar durante la permanencia en el islote.

Siéntese cómodamente en una reposera, tome uno de esos tragos a base de ron que los cubanos preparan a las mil maravillas, déjese mecer por el rumor del mar mezclado con sonidos de salsa y para llegar al colmo del placer prenda un puro cubano... y después me cuenta.

La costa oriental cubana es un fiel exponente de las arenas blancas y de las caderas bamboleantes al ritmo del son; el clima invita a sacarse la ropa

  • GUARDALAVACA 

Cuando las tres embarcaciones de Colón tocaron la tierra de Cuba -como era conocida por los aborígenes que la habitaban- lo hicieron en un punto de la costa oriental denominado Boriay, en el anochecer del 27 de octubre de 1492. Este sitio está marcado por un mojón que se encuentra cercano a las espléndidas playas de Guardalavaca, a unos 50 kilómetros de la ciudad de Holguín y a una hora de vuelo de La Habana.

¿Qué diferencia a Guardalavaca de los otros destinos de Cuba? Guardalavaca ofrece todas las características de las afamadas playas cubanas: la calidad de su clima, con un sol siempre radiante; sus largas playas de blanquísima arena; el ritmo pegadizo de la música afrocubana, es también un destino bastante aislado, ideal para aquellos que buscan alejarse de los grandes centros.

A pocos kilómetros de la playa se encuentra la cadena montañosa del Mayabe, lo que permite combinar las actividades náuticas con las caminatas o cabalgatas en montaña. Su posición en la isla la hace ideal para visitar todo el oriente cubano: Santiago de Cuba Bayamo, Baracoa y Guantánamo.

La historia cuenta que cuando los piratas asolaban estos parajes, los campesinos arriaban el ganado hasta un lugar protegido conocido como Guardalavaca. Así se originó el nombre de este nuevo polo de desarrollo turístico, que ha crecido mucho en los últimos 10 años. Se trata de un complejo de hoteles de 3 y 4 estrellas, una villa con bungalows (tres estrellas), y a tres kilómetros el complejo Río de Mares con dos hoteles cuatro estrellas, uno de los cuales funciona con el sistema de todo incluido.

Guardalavaca brinda todas las posibilidades de actividades náuticas que puedan desearse: alquiler de windsurf (10 dólares la hora), excursiones de snorkeling a los arrecifes coralinos (5 dólares la hora), clases de buceo en la pileta del hotel y posterior salida al mar, pesca de alta mar (50 dólares el medio día, equipo incluido), esquí acuático en la bahía de río de Mares, juego de la banana, etcétera.

A unos pocos kilómetros de Guardalavaca, se encuentra el acuario. En este parque se puede observar la fauna marítima de la región como las grandes tortugas, los delfines, las orcas y los peces espada. Por un pago adicional de 5 dólares, podrá bañarse en una pileta con cuatro delfines hembras que juguetearán a su derredor, y cuando ganen confianza se aproximarán hasta poder ser acariciados; una experiencia imperdible.

También se puede apreciar el adiestramiento de los delfines y las orcas para un espectáculo diario. En el centro del acuario se encuentra una casa de madera amarilla, que es la réplica de la casa donde nació el comandante Fidel, originario de esta región. El acuario posee un restaurante donde por 20 dólares puede comerse una langosta enchilada y por 10, un pescado a la parrilla.

De noche, show

La hotelería de Guardalavaca es de un excelente nivel y es importante mencionar el esfuerzo que realizan los animadores para presentar un variado programa de actividades deportivas y recreativas. Por la noche todos los hoteles presentan un show o una actividad de recreación.

Visitar la cercana ciudad de Holguín, capital de la provincia del mismo nombre, es una buena manera de conocer la forma de vida del pueblo cubano. Sólo recorriendo las adyacencias de la plaza central se pueden ver las diferentes actividades del cuentapropismo (zapatero, manicura, peluquero, bicitaxi, artesanos, etc.), que últimamente se están desarrollando con fuerza en la isla. También se pueden visitar las tiendas estatales con sus estantes casi vacíos que se contraponen a las nuevas tiendas en dólares, llenas de productos importados.

Otra alternativa interesante es una excursión del día a Cayo Saetía. Se trata de un cayo virgen al cual se llega en helicóptero para pasar el día disfrutando de la playa y haciendo paseos en jeep, a caballo o en lancha para observar la flora y la fauna autóctonas. El almuerzo es a base de carnes exóticas como jabalí o venado. La excursión del día, todo incluido, cuesta $ 70. Otras excursiones posibles desde Guardalavaca son: un día en la ciudad colonial de Trinidad, un día en Santiago de Cuba, excursión del día a Cayo Largo, un día en La Habana recorriendo el centro histórico. Cerca de los complejos turísticos se pueden visitar cooperativas agrícolas para tener una visión de la forma de vida y trabajo de los campesinos.

Los piratas de otra época la codiciaban por el oro que escondía; hoy, esta antigua ciudad colombiana abre sus murallas, que muestran el pasado colonial y son una ventana al mar

  • CARTAGENA DE INDIAS, Colombia 

Desde su fundación en 1533, Cartagena de Indias fue el cofre de tesoros de los españoles y, por lo tanto, la ciudad caribeña más codiciada por los corsarios y piratas. Acceder a ella no era nada fácil: los barcos debían evitar las barreras coralinas, barreras artificiales, sortear los fuegos cruzados de los fortines. Al convertirse en blanco de saqueos, puesto que salían galeones cargados de oro rumbo a Europa, Felipe II ordenó construir murallas que protegieran la ciudad, una singular obra que demoró 194 años en ejecutarse. Sólo así fue capaz de resistir los ataques más violentos, como aquel que perpetró Inglaterra en 1741, con 186 buques y 24 mil hombres. Cartagena fue durante siglos una ciudad impenetrable y resplandeciente.

Hoy las murallas encierran su historia y el mar sólo trae cruceros y lanchas de paseo. El aire colonial permanece intacto en sus callejuelas con grandes balcones de madera siempre floridos, en los faroles, tejas rojas, las fachadas coloridas y portones, que cuanto más grandes daban cuenta de la fortuna de la familia.

Con aroma a café

La ciudad fue construida por los españoles entre el siglo XV y XVI, y actualmente, por constituir la obra arquitectónica más importante en su tipo, fue declarada Patrimonio Histórico de la Humanidad. Cartagena es una ciudad para caminar y perderse en las estrechas calles, en el aroma a café que destilan los bares con mesas en la calle, en el brillo de las esmeraldas engarzadas en oro, en las joyas precolombinas, en los anticuarios. El calor húmedo obliga a detenerse en las refresquerías y tomar decididamente jugos tropicales. Las veredas son angostas, más aún cuando los vendedores se instalan con frutas, arepas, patacones y cocadas. El movimiento es constante, desde la mañana hasta el atardecer. Los viejos taxis con pieles sobre la cabecera de los asientos circulan por las calles, los vendedores se agolpan entre los turistas recién llegados con collares, remeras y estampas de la ciudad. Unas jóvenes morenas de cuerpos robustos y larga cabellera esperan frente a una disquería la llegada de un grupo de música tropical intercambiando fotos.

El calor es cada vez más intenso, pero nadie repara en ello, porque el verano es eterno y la lluvia sólo refresca por instantes.

Entre sorpresas

En Cartagena, el pasado de virreyes, de comerciantes de oro y esclavos, inquisidores, brujas y herejes se anuncia en cada vuelta de esquina. Tal vez sean las murallas las que le impidan ver el transcurso del tiempo.

Las grandes iglesias y edificios dominan las plazas. Las cúpulas de la catedral; de San Pedro Claver, el patrono de los esclavos, y la de Santo Domingo, el templo más antiguo, pueden verse desde distintos puntos de la ciudad. Las Bóvedas, una de las últimas obras de los españoles, consta de 47 arcos y 23 bóvedas que eran utilizadas como cuarteles y durante la independencia, como cárceles. Actualmente aloja una extensa feria artesanal con gran variedad de souvenirs, desde refinada joyería hasta chivas miniaturas.

Los fuertes y baluartes constituyen otro de los atractivos turísticos. Lejos de visualizar al enemigo, ahora se contemplan los atardeceres con las mejores vistas de Cartagena y un mar de fondo. Situado fuera de las murallas, el Castillo San Felipe de Barajas, que data de 1657 y tardó 121 años en erigirse con mano de obra esclava al igual que la muralla, tiene mucho para descubrir.

Los túneles y galerías subterráneos fueron creados con ingenio para que cualquier intruso se viera en problemas. Por ejemplo, hay un túnel de varios metros de largo cuyo circuito se observa completo desde la boca de salida, pero desde la entrada sólo se encuentra la oscuridad. Asimismo, las paredes del castillo fueron cubiertas con goma de resina para impedir la humedad y que cualquiera pudiera treparlo por lo resbaladizo.

Las brujas cartageneras

El Palacio de la Inquisición, de estilo barroco, funcionó desde 1610 hasta 1811, fecha de la revolución. Frente a la plaza Bolívar, hoy sólo quedan réplicas de las cámaras de tortura, todos los artefactos fueron quemados y actualmente se están realizando obras de recuperación. Se dice que más que contra herejías dogmáticas, la sede del Santo Oficio luchaba contra la brujería, la bigamia y la homosexualidad. Los tormentos más utilizados eran los del cordel y del jarro de agua, entre otros no menos despiadados.

La Sala de las Brujas es la que resulta menos creíble. Está adornada con imágenes extraídas de los cuentos (aquellas del desagradable lunar en la nariz) y los relatos suenan más a ficción que a cualquier hecho histórico.

El guía, anestesiado por su diaria narración morbosa, señala una balanza gigante y explica la relación que se establecía entre el peso de las acusadas y su condición de brujas. Si éstas pesaban menos de lo estipulado (algo así como 50 kilos), significaba que podían volar sobre la escoba; en cambio, si superaban ese parámetro debían pagar por kilo, en oro, por las pérdidas de tiempo ocasionadas.

Otra prueba a la que eran sometidas las acusadas era la de unas gotas de ácido que se aplicaban en los ojos, si lagrimeaban más de la cuenta eran definitivamente brujas. Sin embargo, durante toda su historia en Cartagena, la pena capital, la hoguera, fue aplicada sólo a cinco herejes.

Cartagena de Indias no sólo se circunscribe a la vieja ciudad. Fuera de las murallas hay barrios que se rindieron ante la modernidad.

Bocagrande y El Laguito, rodeados de agua, son los lugares donde se concentran los grandes hoteles, torres de edificios, restaurantes, fast foods, bancos y tiendas.

Es un centro turístico por excelencia: la avenida principal es la San Martín y las playas, que ocupan 15 kilómetros, son más lindas y animadas. Hay músicos, se practican deportes acuáticos y las mujeres venden frutas o se dedican a trenzar los cabellos de las turistas con suma habilidad.

Las distancias entre la ciudad vieja y el sector hotelero son cortas, lo que permite ir y venir en pocos minutos, y disfrutar de estos lugares al mismo tiempo, sin tener la obligación de decidir por uno. Todo está allí.

 

Datos útiles

Aéreo

El pasaje de ida y vuelta a Cartagena de Indias o Santa Marta, volando por Avianca, cuesta 647 dólares. Desde Buenos Aires, el vuelo a San Andrés cuesta 685. Las tarifas no incluyen los impuestos colombianos.

Para tener en cuenta, Deskubra, la operadora de Avianca, ofrece paquetes que incluyen el boleto aéreo a una tarifa más económica y hoteles de 3 a 5 estrellas, algunos de ellos de régimen todo incluido, como los Decameron, que están tanto en Santa Marta  como en Cartagena y San Andrés.

En Santa Marta también se ofrecen habitaciones en el Irotama Resort Golf Marina o el Zuana Beach Resort; en Cartagena, en el Hilton y el Almirante.

La temporada alta comienza el 30 de noviembre, pero si se reserva con antelación se consiguen mejores precios.

Para mayor información: 4311-9002 y 4314-0830.

Moneda

Peso colombiano. Un dólar equivale a 1954 pesos colombianos.

Clima

En el Caribe colombiano, las temperaturas promedian los 29 grados, casi todo el año. Se reconocen dos estaciones, la seca y la húmeda.

Qué llevar

En Santa Marta siempre hay que tener al alcance repelente para los mosquitos, especialmente si se va al Parque Nacional Tayrona.

Tampoco hay que olvidarse de llevar protector solar, zapatillas, sombreros, anteojos de sol y ropa liviana, porque hace mucho calor.

Más información

Fondo Mixto de Promoción Turística de Cartagena: ( 57-5) 664-0448 y 664-6567 (fax).

Secretaría de Turismo de San Andrés; 5125085 y 5124346

En Internet http://www.cartagenadeindias.com

 

El colorido de peces y corales que rodea el archipiélago es un espectáculo digno de ver en un paseo acompañado con el tanque a cuestas o el snorkel

  • ISLAS DEL ROSARIO

 A media hora en lancha desde Cartagena de Indias, el mar comienza a virar de color; se tiñe de un verde esmeralda, cada vez más intenso y puro, hasta llegar a Islas del Rosario, un archipiélago constituido por 27 islas, que hasta hace poco tiempo estaban ocupadas, en su mayoría, por residencias privadas.  Tres de ellas aún son utilizadas por el gobierno, aunque actualmente prima la actividad turística. Cabañas rústicas con todos los servicios, piscinas de agua dulce, restaurantes, actividades náuticas y excursiones se ofrecen para disfrutar medio día o varias noches en pleno contacto con la naturaleza, sin más que el ruido del agua contra el muelle, el aleteo de los negros pájaros maría mulata, o el vaivén de lo que llamamos hamaca paraguaya.

Delfines en escena

El acuario San Martín de Pajarales suele incluirse en los tours. Se presentan shows con delfines, tiburones y también se visita el museo del mar; pero, si la idea es vivir aventuras propias, la misma lancha con la que se llega a la isla sale nuevamente para los que disfrutan del snorkeling, una actividad tan tranquila y silenciosa como apasionante.

Desde la Isla Grande, el arrecife Punta Brava es uno de los paraísos bajo el mar que puede apreciarse con una visibilidad casi óptima, cercana al 90 por ciento. Por allí desfilan los peces azules, cirujanos, pejeperros azules y amarillos, los joya azul oscuro con puntos luminosos, los loro de panza roja, los trompeta, entre otros.

Adheridas a los corales se observan anémonas, de la familia de las medusas, que capturan sus presas con las ventosas, las envuelven y digieren. Quien pruebe tocarlas -son inofensivas- se llevará una fea impresión.

En las profundidades hay corales de fuego constituidos por una célula muy venenosa que produce urticaria y deja una sensación similar a la de una quemadura.

También están los corales cerebro, montaña y zooantidia, que al tocarlo cambia de color: de verde a gris violáceo.

Todas estas variedades están a pocos metros de profundidad y, en algunos lugares, se forman canales a través de los cuales se puede circular, pero para ubicarlos es preciso salir con un guía porque es muy fácil lastimarse.

Zambullidas con calma

Para practicar snorkeling no hace falta ser un experto nadador, siempre que se salga acompañado por un guía.

Previo a la salida se realiza un entrenamiento en un lugar donde se haga pie. Cualquiera puede hacerlo.

Si la idea es bucear, se exige un certificado de buzo; también se puede hacer un bautismo, con un instructor. Otra posibilidad es tomar un curso acelerado en la piscina de los hoteles.

En las clases se enseña a utilizar el sistema de tanque, a respirar con el regulador, a comunicarse bajo el agua y resolver cualquier eventualidad.

Casi todos los hoteles dictan estos cursos acelerados y se cobra un promedio de 60 dólares. Incluyen también dos inmersiones el mismo día.

Sin el curso, la salida de buceo cuesta 26 dólares, con el equipo incluido.

El buceo deportivo es lo más común en el lugar, se baja a profundidades entre 18 y 24 metros, y se permanece bajo el agua, aproximadamente, 45 minutos.

Los más audaces pueden realizar inmersiones nocturnas en las que se ven otras especies que salen a comer a esa hora, como las langostas y los congrios verdes y dorados, imposibles de apreciar durante el día.

Las salidas son grupales. El máximo de integrantes no debe superar las 12 personas, pero recomiendan salir en grupos de 8.

Si bien Cartagena de Indias tiene playas bonitas, Islas del Rosario es el archipiélago que mejor representa el Caribe por el color y claridad de sus aguas.

Un paseo suele ser una buena oportunidad para tomar sol, hacer deportes, degustar platos de mar y luego descansar al amparo de las palmeras. Y si el tiempo no alcanza, una cabaña resulta una acertada elección.

A la hora de bailar, en este lugar nadie pone excusas y hasta los más tímidos se animan a mover el esqueleto; durante el día, las aguas cristalinas son el antídoto para el calor

  • SAN ANDRÉS, Colombia 

En el muelle de uno de los lujosos hoteles de la isla, una joven con la cabellera trenzada pide un trago coco ponch, sostenida de la barra. El barman, un moreno alto y estilizado de impecable camisa blanca que, como todos los isleños, habla tanto inglés como español, vuelca la leche de coco en una licuadora, mientras cambia el CD de soca por uno de reggae.

La música comienza a sonar a todo volumen, pero no molesta. Son pocos los que conversan, los visitantes internan sus miradas en un mar de siete colores, tan azul y tan turquesa, tan transparente y tan claro que es imposible dejar de contemplarlo y más allá se ve un islote, con palmeras inclinadas en distintas direcciones, como aquellas en las que van a dar los náufragos en las películas.

Pero aquí cada uno es el protagonista. Algunos se hunden en el coco ponch y el cocoloco, otros salen de rumba por las noches para saborear la salsa, vallenato, reggae y calipso; están los que prefieren el casino, y los que no pueden parar de hacer deportes, es que en este paraíso terrenal siempre se tiene ganas de estar en actividad y de disfrutar todo a pleno. En San Andrés, el ritmo de vida de sus habitantes es tan reposado que al principio cuesta acostumbrarse. En las calles los automovilistas se detienen a conversar y obstruyen el paso sin demostrar un mínimo apuro. Nadie toca la bocina, incluso los taxistas saben aguardar. Allí, nadie conoce el término apuro.

Los sanandrecinos son amables y brindan buen trato a los turistas. Su aspecto físico es distinto del de los colombianos ya que predomina la raza negra. Hablan inglés caribeño, un lenguaje criollo similar a las islas anglófonas, con lejanas raíces isabelinas.

La isla es pequeña y se puede dar la vuelta completa en un recorrido de 30 kilómetros por la carretera de la circunvalación. Siempre hay que tener la cámara de fotos lista, igual que el traje de baño, porque hay lugares con trampolines al mar, con aguas tan cristalinas que permiten reconocer la fauna marina a simple vista. El agua es una constante invitación y el calor un motivo más que suficiente para dar el gran salto.

Hay varios puntos de interés para no perderse. Está la Cueva de Morgan, donde se sospecha que el pirata guardaba sus tesoros. Se trata de una gruta de roca coralina de 120 metros de largo que se comunica con el mar a través de un laberinto de túneles de 35 metros de profundidad. La piscinita, una pared de roca coralina que forma una especie de pileta natural. San Luis es la zona donde viven muchos de los sanandrecinos. Sus principales playas son Sound Bay y Rocky Cay. Y para ver la arquitectura típica isleña, nada mejor que ascender a la Loma, entre los árboles junto a la laguna Big Pond.

Pura diversión

Los recorridos marítimos permiten ir de islote en islote, en contacto con el agua, y con diversión asegurada. Johnny Cay es un cayo que está a unos pocos minutos en lancha, donde se baila reggae de la mañana a la noche, se comen frutos de mar y es conocido por el trago cocoloco, tan dulce como peligroso, que se ofrece como bienvenida. Se dice que muchos turistas que llegan al cayo sedientos lo beben con la rapidez con que se toma un jugo y así quedan al borde del desmayo. Entre las palmeras, quinchos y arenas blancas, se puede pasar el día bailando, entrando y saliendo del mar, haciendo snorkeling o bien sentado sobre una reposera sin hacer nada.

Si bien San Andrés es un destino para los amantes del mar, también es el lugar oportuno para los que gustan hacer compras. Al ser puerto libre, la perfumería tiene ofertas con precios más bajos que los de cualquier free shop -casi un 50 por ciento menos-, y ante la duda, las marcas son originales. Por otra parte, el cambio beneficia mucho más que en otros destinos del Caribe.

De esta manera, la isla, rodeada por las aguas con más tonalidades de las que se pueda imaginar, y abrazada por los corales, propone saciar las ganas de unas vacaciones bien caribeñas, aunque quienes van aseguran que volverán pronto.

 

Datos útiles

Todo incluido

Un paquete de siete días a San Andrés, con todo incluido (aéreo, traslados, hotel Decameron San Luis con comidas y tragos) cuesta 778 más impuestos hasta el 30 de noviembre.

Si se combina con seis noches en Cartagena y otras 7 en San Andrés, con todo incluido, sale 1118 más impuestos.

Más información

http://www.san-andres.com

 

Admirable: en esta ciudad de Colombia es posible ver los picos de la Sierra Nevada desde una reposera sobre la arena o bañándose en aguas cálidas.

  • SANTA MARTA 

Bajo un sol siempre intenso, la exuberante vegetación, selvática y tropical, convierte a esta ciudad en un sitio apto para la aventura.

La Sierra Nevada, de nieves perennes, cuyos picos más elevados, el Colón y Simón Bolívar, que rozan los 6000 metros sobre el nivel del mar, hacen de este sitio un lugar único en el mundo, porque es el hogar de culturas primitivas, con ciudades escondidas, dunas, desiertos y estribaciones que llegan al mar, como el Parque Nacional Tayrona, una de las excursiones obligadas.

En este parque, la vegetación trepa con voracidad y camufla todo con sus tonalidades de verdes, el suelo es húmedo, la tierra y la arena se funden y es difícil que el sol pueda filtrarse y llevarse el agua. El silencio es absoluto si no fuera por las propias pisadas, el canto de los pájaros, cuando se cruza una ardilla, o una iguana se refugia entre el follaje.

Al final del camino

El sendero es accidentado, hay que llevar calzado cómodo y si es posible que se agarre bien al piso, porque son muchas las subidas y los descensos. Se tarda una hora en llegar a la costa y la parte más alta alcanza los 1000 metros. El calor agobia, las piedras y las ramas sirven de sostén para seguir adelante.

El momento más esperado es el final del camino, no sólo por la fatiga, es que allí se produce un cambio en el paisaje: la arena y las palmeras comienzan a ganar terreno y como en los espejismos del desierto esta vez el mar irrumpe. Recién allí se vuelve a ver personas en lugar de pisadas. Un restaurante de pescados y mariscos y los bungalows, esperan para pasar el día y descansar lejos de todo ruido y más cerca de la naturaleza que nunca, en un lugar apartado. Después de la travesía, un chapuzón en el mar, un plato de pescado del día y una infaltable taza de café reaniman para el regreso.

La nieve del Caribe

La Sierra Nevada domina la historia de Santa Marta. Aún permanece habitada por los aborígenes taironas, aunque sólo quedan unos 35 mil habitantes, herederos de costumbres primitivas así como de la triste historia de la conquista española que casi acaba con ellos. La ciudad perdida, a la que se accede mediante caminatas de 3 días de ida y tres de vuelta, fue descubierta en 1975 por Julio César Sepúlveda. Inmersa en la selva tropical, a orillas de río Buticara, la parte más alta de la ciudad está instalada entre los 1000 y 1300 metros sobre el nivel del mar. Es un conjunto de 160 terrazas con 22 anillos de viviendas; 200 manzanas convencionales y muros de contención. Para poder llegar hay que estar en buenas condiciones físicas y se sale acompañado por baquianos con carnet de la CNT o bien con salidas en helicóptero en un viaje de una hora.

St. Maarten, del lado holandés, y St. Martin, del francés, combinan diferentes estilos para pasarla mejor

PHILIPSBURG, St. Maarten.- Si algo hace más especial a esta exclusiva isla del Caribe de arena blanca y mar transparente es que no alcanza un solo nombre para referirse a ella. Tampoco se contenta con una capital, un idioma o un estilo de vida. En una superficie menor a los 100 kilómetros cuadrados, dos naciones europeas resguardan sus identidades bajo un sol abrasador.

La isla está dividida en forma transversal en dos. El Norte es territorio de Francia en el extranjero y aquí hay que referirse a Saint Martin. Si es posible con pronunciación francesa, idioma que hablan sus habitantes.

El Sur es territorio autónomo del Reino de los Países Bajos y forma parte de las Antillas Holandesas, junto con Curaçao, Bonaire, St. Eustatius y Saba. De este lado es Sint Maarten y habrá que entonar holandés, papiamento -dialecto de las Antillas Holandesas y Aruba- o inglés, hablado por todos.

Las diferencias son bastante marcadas, sobre todo en las capitales. Philipsburg, la holandesa, tiene un estilo más rústico y colorido. La actividad se concentra en Front Street, la calle principal. Negocios de venta de artículos libres de impuestos, bares y muchas máquinas tragamonedas para probar suerte componen la escenografía del pequeño centro. Por las calles, desparramando artesanías africanas y música reggae a todo volumen, deambulan vendedores que contagian su simpatía a los visitantes.

Sólo de este lado se puede hacer saltar la banca, los únicos siete casinos de la isla están en el sector holandés.

Marigot, la capital francesa, es mucho más coqueta y prolija. Las calles están cuidadosamente arregladas con canteros en las esquinas. También hay posibilidades de compras, bares y de un paseo por la feria de artesanías en la plaza frente al mar. Pero algo la hace inconfundible. El olor de las croissants y las baguettes persiste en el ambiente después del desayuno.

Recostada al pie de las montañas y custodiada por un gran fuerte que vigila desde las alturas, Marigot deja fluir por sus calles el buen gusto. Sobre todo, en sus mujeres, siempre bien vestidas y con el peinado a prueba del viento.

La isla es la región terrestre más pequeña de la Tierra compartida por dos gobiernos, pero las fronteras están siempre abiertas y los vuelos internacionales llegan al aeropuerto Queen Juliana, en St. Maarten.

Pero las diferencias de orígenes y estilos pasan inadvertidas cuando las miradas se orientan hacia las playas y al mar, cautivante. St. Maarten/St. Martin se ubica en el extremo superior del collar de islas que abrazan y contienen a las aguas cálidas del mar Caribe, en el Este.

Paseos a bordo

Las posibilidades para divertirse en la isla son varias. Bailes, casinos, negocios y 37 playas de arena blanca están siempre listos para recibir a visitantes.

Otra posibilidad para disfrutar el mar a pleno es realizar alguna de las innumerables excursiones que se ofrecen, tanto de Marigot como de Philipsburg.

La mayoría de las salidas comienzan a media mañana y son a las islas vecinas de Anguila, St. Barth, Saba y San Eustatius o, simplemente, se pierden en el mar para disfrutar del viaje, hacer snorkeling o bucear.

Los catamaranes tienen su rutina establecida y toda la tripulación está abocada a entretener a los pasajeros.

El volumen de los equipos se eleva hacia los niveles máximos y la música comienza a vibrar a bordo. La bebida generalmente es libre, con tragos de alcohol incluidos.

Después, a buscar los equipos -de snorkel o buceo- y todos al agua. Luego de un almuerzo rápido, en tierra o en cubierta, se recorre el destino elegido y se disfruta en una playa. Durante el regreso la consigna es bailar, y si es sobre el techo de la embarcación al ritmo de Macarena mucho mejor.

Estas salidas son una buena excusa para disfrutar del agua cálida y conocer la riqueza marina, pródiga en corales y peces de colores. En esta isla de dos nacionalidades el mar no conoce de fronteras.

 

Datos útiles

Aéreo

Por American Airlines, vía Miami, 1044 dólares, volando de domingo a jueves, con tasa e impuestos incluidos; 1160, el resto de la semana.

Alojamiento

La oferta de la isla incluye alrededor de 3000 habitaciones, entre resorts, condominios y casas. 

Los precios por habitación doble oscilan entre 180 y 320 dólares.

Excursiones

Buceo (bautismo) con una inmersión de seis metros , con tanques y equipo incluidos, 75 dólares. Certificado internacional, 5 días, con todo incluido, 350 dólares. Esquí acuático, 25 dólares. Seaword Explorer Semisubmarino, para ver el mundo marino sin mojarse, 30 dólares. Tour por la isla para conocer todos los rincones, 22 dólares por persona.

Paseos a otras islas

A St. Barth's: la travesía dura 45 minutos. Salida a las 9 y regreso a las 17; pasaje ida y vuelta, 50 dólares.

A Saba: una hora de ferry, pasaje ida y vuelta, 60 dólares. Crucero durante la puesta del sol: salidas diarias a las 16.30. Bebidas, aperitivos y snacks incluidos, 30 dólares por persona.

Alquiler de autos

Existen 40 rentadoras de autos que tienen representantes en todos los hoteles de la isla. El alquiler, por día, oscila entre 25 y 45 dólares.

Más información

Oficina de Turismo en Buenos Aires. Fax: 812-8097 o por e-mail: [email protected] 

En St. Maarten: Walter Nisbeth Road, 23, 3er. piso (5995-22337). Philipsburg

 

La República Dominicana contagia ese ritmo, pero esencialmente deslumbra por su belleza

  • SANTO DOMINGO, República Dominicana (The Sunday Times)

Cuando comenzaron a ir los primeros chárter a la República Dominicana en 1989, pensé que se descubría una de las gemas más grandes del Caribe: económica, cálida y con por lo menos un complejo turístico que ponía en práctica lo que predicaban las guías de viaje norteamericanas como turismo al estilo europeo: alquilar una habitación, recostarse en la arena y frecuentar los bares y restaurantes del lugar.

Resulta difícil conciliar esa impresión con la República Dominicana de hoy. Nunca antes tantos turistas recorrieron tan poco del país que visitan. La mayoría jamás puso un pie en un lugar público, salvo la caminata breve al ómnibus que va al aeropuerto.

También es difícil saber con certeza quién es el responsable. La moda de los paquetes con todo incluido tiene mucho que ver. Recorrí 2500 kilómetros del país y encontré que muchos lugares no aparecían en la folletería de los operadores.

La República Dominicana es la parte hispana de la fértil y a menudo virgen y montañosa isla de La Española (Haití ocupa la punta oeste). Es una sociedad mestiza, con una democracia débil e inestable. Fue muy apreciada por Colón y constituyó el trampolín desde donde se inició la conquista de toda Hispanoamérica. Fue el primer asentamiento europeo, la primera ciudad, sede del primer hospital, de un fuerte, un convento, una universidad y de la primer lucha contra los indios.

La única desventaja innegable de la República Dominicana son las rutas. La mayoría necesita reparación o está siendo reparada. Esto significa que las principales zonas turísticas se definen por su proximidad a aeropuertos internacionales. En la actualidad son tres, y un cuarto en construcción: Puerto Plata, Santo Domingo y Punta Cana, y próximamente, Samaná. Las rutas que los unen son excelentes y están relativamente vacías.

La península de Samaná, virgen y prácticamente sin caminos, es la zona más interesante para el viajero independiente.

Samaná (Santa Bárbara de Samaná) en sí misma no tiene demasiado para recomendarle al viajero casual, aunque puede resultar un buen punto de partida para otras excursiones.

Cayo Levantado es donde los residentes van a nadar. Es una isla pequeña de arena blanca, a una hora en barco, donde los turistas pueden disfrutar de una playa con gran variedad de animaciones diarias, como el típico pescado a la parrilla o las clásicas cervezas frías.

La bahía de Samaná es el destino que elige la ballena jorobada para aparearse, de enero a marzo, aunque a veces es necesario hacer una excursión en barco para verlas.

Los amantes de la naturaleza deberán tener también en cuenta la excursión que cruza la bahía hasta el Parque Nacional Los Haitises, donde se pueden ver aves, flores, maravillas marinas, antiguas pinturas indias.

La costa atlántica norte de la península tiene las dos mejores playas del país.

Caminos de mar y montañas

Las Terrenas, sencilla pero cosmopolita; franceses, italianos y canadienses marcan el paso, aunque los alemanes los superan en cantidad. Hasta hace cinco años, no se podía llegar a este lugar por tierra. La ruta nueva desde Sánchez atraviesa las montañas y ofrece vistas espléndidas de la bahía de Samaná, por entre bosques y aldeas con pintorescas casitas de madera.

Olvídese de la playa La Bonita; tome un camino de tierra a la izquierda al entrar a la ciudad, siga en dirección al mar y gire a la izquierda. Este tramo, hasta que el camino de arena se pierde en la playa Las Ballenas, es un espectáculo, sobre todo durante las puestas del sol.

El recorrido serpentea las palmeras de la playa ondulante, con mesas de picnic y asientos debajo de los árboles, hasta terminar en las colinas y montañas que caen al mar, en el Oeste. Allí casi toda la gente come afuera y proliferan los pequeños bares, restaurantes y todo tipo de alojamientos con diferentes presupuestos y comodidades. El francés Jacque Cazier, que llegó por primera vez al lugar hace 13 años, maneja una pequeña oficina de informes donde la calle principal llega al mar, con el nombre de La Casa de las Terrenas. Al parecer, sabe todo lo que hay que saber.

Las Galeras, en la punta de la península Samaná, es más tranquila y más pequeña que Las Terrenas y es muy profunda para nadar. Esto es el Caribe, por lo general, más calmo que el Atlántico porque recibe menos precipitaciones.

Boca Chica tiene un encanto particular, aunque por ser el complejo con la playa más larga del país y estar cerca de la capital, los fines de semana está repleto. Los turistas se ven obligados a salir de allí porque no es un centro turístico cerrado con todo incluido; además, Santo Domingo en sí, merece una visita. Pese al aluvión de turistas, la playa tiene su atractivo: flanqueada por árboles frondosos, bares y varias opciones para comer.

Juan Dolio, más alejado, se maneja con paquetes y crece rápidamente. La playa no es tan agradable como Boca Chica, pero es más limpia y hay menos gente.

Baile a toda hora

Santo Domingo es una ciudad maravillosa; en especial, su barrio colonial.

Las noches fueron otra de las causas por las que me enamoré de este país: la avenida del Puerto y el Malecón pueden convertirse en una gran fiesta callejera; sobre todo, los fines de semana cuando se estacionan las motocicletas, se abren unas botellas de ron y se comienza a beber.

A propósito, los conflictos raciales no son un problema en este país. Lo pude comprobar cuando después de una hora de estar sentado en un bar con un amigo, nos dimos cuenta de que éramos los únicos blancos. Quizás, en otro lugar del Caribe, nos hubiésemos percatado antes.

En la ciudad vieja se pueden recorrer las calles más antiguas de América, la Calle las Damas, admirar la guardia frente al Panteón Nacional, o visitar la casa construida por el hijo de Colón.

Como en muchos otros lugares históricos, se experimenta una sensación especial, especialmente al atardecer. En La Estrella, una calle residencial del perímetro del centro colonial, la gente juega al dominó en la puerta de sus casa. El mejor lugar en todo el país para ir de compras es el Mercado Modelo, sobre la avenida Mella. Las excursiones en ómnibus a menudo se detienen allí.

Más hacia el Este hay dos complejos turísticos que difieren diametralmente del resto. Casa de Campo es un emprendimiento de 2800 hectáreas, frecuentado por norteamericanos pudientes; Frank Sinatra cantó una vez su anfiteatro al aire libre.

El otro complejo es el Bayahibe, con un dos grandes hoteles que se abrirán el año próximo.

Así es la República Dominicana: aguas calmas, embarcaciones pesqueras en la playa, casas de muñecas y, a excepción de las dos horas pico diarias, completamente plácido y tranquilo. Hay un sinnúmero de lugares donde hospedarse.

Muchos restaurantes están sobre la costanera, entre ellos: La Punta y La Bahía. No hay electricidad en la vía pública. Por la noche, algunos focos iluminan la calle principal, que es de tierra. Allí se siente el aroma a asado y la música que proviene de la discoteca, donde parejas de pies ágiles y diestros se divierten bailando.

El aeropuerto no sólo resulta cómodo para llegar a Bayahibe, sino que también sirve a otro mundo al que es casi imposible llegar de otro modo. Me refiero a la vasta zona seca con palmeras y playas interminables, ideal para la industria hotelera, aunque el mar a veces está picado y ventoso. No hay nada más, ni siquiera un cartel que indique que se ha arribado a destino.

Al llegar a mi hotel, no podían creer que alguien que venía en auto podría tener una reserva. Es un mundo aparte.

PUERTO PLATA, República Dominicana.- Las compras son para el viajero una manera de llevarse sus vacaciones a casa. En Puerto Plata, la artesanía brilla por su diversidad y calidad, pero entre todos los objetos que es posible encontrar en los comercios, en los puestos callejeros, en los hoteles y galerías, se destaca la joya nacional, el ámbar.

Se trata de una resina fósil que exudaba en el período terciario de árboles coníferos. Su color es amarillento o tostado y se encuentra en trozos redondeados e irregulares. Por su antigüedad, se suele llamarla la gema de los siglos. En varios museos del mundo pueden encontrarse insectos que fueron atrapados en una gota de ámbar hace miles de años y se mantuvieron intactos hasta nuestros días, lo que permitió a los científicos estudiar esas especies.

Los nativos le adjudicaban al ámbar propiedades mágicas y esta creencia se transmitió a través de generaciones. Tiene electricidad positiva, que se advierte al frotarla, y atrae cuerpos livianos. Por eso, repeler las vibraciones negativas era uno de los atributos que los indígenas locales le atribuían a este verdadero imán natural. No son pocas las personas que en nuestros días llevan objetos de ámbar como amuleto y las leyendas indican que para que sus virtudes sean efectivas debe recibirse como regalo.

Elaborada de distintas formas -ya que existen restricciones oficiales para exportar ámbar sin elaboración- constituye el producto favorito de la mayoría de los turistas que llegan a la costa norte dominicana; entre otras cosas, porque es en esa zona donde se encuentra uno de los mayores depósitos que existen en el planeta. A tal punto que se la llama costa del ámbar. Para quienes quieran conocerlo más a fondo, en Puerto Plata se encuentra el Museo del Ámbar, a pasos del Ayuntamiento.

En otro orden, otra compra recomendable es una mecedora de caoba y guano, que se entrega embalada para facilitar el transporte. Y, por supuesto, una buena provisión de ron y cigarros.

Rasgos clásicos: el pasado de esta ciudad está emparentado con la vida cultural actual; la gastronomía es el valor agregado.

  • PUERTO PLATA, República Dominicana 

La historia del continente americano y Puerto Plata están entrelazadas por hechos que comenzaron con la llegada de las carabelas de Colón a esta parte del mundo. El 11 de enero de 1493 llegó el genovés y trajo consigo la caña de azúcar, que fue sembrada en esta zona por primera vez y continuó siendo el principal cultivo nacional hasta principios de los años 90, cuando el cacao, el tabaco y el café la desplazaron de los primeros planos productivos. Puerto Plata obtiene sus recursos de una fuente natural principal: los turistas, para lo cual cuenta con once kilómetros de playas que se extienden entre Cofresí y Sosúa. Sin embargo, el valor agregado por excelencia de esta región dominicana es el cultural en sus diversas manifestaciones. El pasado de la República Dominicana reconoce en la zona el nacimiento de algunos de sus mayores próceres, como Gregorio Luperón, llamado la Primera Espada de la Restauración, y el escritor y poeta Emilio Proud'Homme, autor de la letra del Himno Nacional de este país. No casualmente se editó aquí el primer periódico dominicano, El Porvenir, en 1873.

La comida es en todos lados un rasgo de la cultura local y Puerto Plata no es la excepción. La gastronomía internacional, que se encuentra en todos los complejos hoteleros de la región, compite con la cocina local, basada en carnes, frutos de mar, banano y arroz. En esta materia, el sancocho prieto -una suerte de puchero con siete tipos de carne-, el pescado con coco de Samaná, el chivo liniero de Montecristi y los cangrejos de Puerto Plata son altamente recomendables para sentir el sabor tradicional dominicano. El locro criollo, según los lugareños, es el eslabón perdido de la paella valenciana y se come en la República Dominicana desde la época colonial. Su base es el arroz y los productos autóctonos, que reemplazan los condimentos e ingredientes que usan los europeos.

Al oeste de Jamaica, el máximo placer se consigue aislado en el mar y también en los hoteles, donde la ropa es lo de menos

  • NEGRIL, Jamaica 

Por el sinuoso camino de la costa entre Montego Bay y Negril se suceden casas de madera carcomidas por el sol y el paso del tiempo, hay vacas cebú atadas a postes, puestos de cerveza y de artesanías, gente mirando pasar los micros de turistas frente a la puerta de sus hogares, grupos de niños que salen de la escuela uniformados, pescadores, chicos que se refrescan con alegría en el mar de aguas turquesas. Esta es la escena que se repite tramo a tramo.

Negril está en el oeste de la isla, a una hora y media de ruta de Montego Bay. Tiene 11 kilómetros de playas de arenas blancas que bordean un mar cristalino, once kilómetros de palmeras y de atardeceres dorados. La franja hotelera no sobrepasa la altura de las palmeras, de acuerdo con las disposiciones de las autoridades locales, para que se pueda contemplar la famosa puesta de sol desde cualquier punto.

Negril fue, en la década del 60, un lugar que atrajo a los hippies, quienes perpetuaron la actitud no problem. De ahí, que este lugar sea distendido, se pueda tomar sol con o sin ropa y sea fácil enamorarse. Los deportes ponen los cuerpos en movimiento. Sólo hay que calzarse unas patas de rana, un chaleco salvavidas y antiparras para ver peces azules y naranjas a sólo tres metros de la costa. Otra posibilidad es llevarse una colchoneta al mar y entregarse al movimiento levemente ondulante de las aguas, con un libro, o un trago de frutas exóticas, o nada. Siempre alcanza.

Los que buscan mayor acción pueden hacer esquí acuático y snorkeling mar adentro, contratando el servicio de una lancha, y buceo. El Negril Scuba Centre es uno de los más antiguos operadores de Jamaica que ofrece certificados PADI. Varios locales prestan servicios para practicar deportes acuáticos, incluyendo paseos en catamarán, que son imperdibles, para ver la puesta de sol con música en vivo.

Atardeceres frente al mar

Los hoteles del lugar ofrecen todos los servicios y un sinfín de actividades que crean su propio mundo, más cerca del paraíso que de la realidad. Para el turista argentino, que siempre tiene necesidad de ver qué hay tras las paredes del hotel, son recomendables los bares y restaurantes que están a lo largo de la costa en especial Rick's Café, para cenar al aire libre.

Richard, el creador de Rick's, cuenta que abandonó su rutinaria vida de Chicago con la idea de vivir en una isla del Pacífico, pero su búsqueda terminó mucho más cerca, en Negril. Pasa la mayor parte del tiempo en el bar, junto a su mujer jamaiquina. Ofrecen a los turistas comidas típicas como el pollo jerk, sumamente picante; pescados fritos; frutos de mar, y daiquiris especiales de banana, papaya y ananá. Muchos acuden para ver el atardecer de 17.30 a 19, depende la época del año. Otra atracción para no perderse es el acantilado de los clavadistas. Está a 10 metros sobre el nivel del mar, y la profundidad de las aguas es de 5 metros. Ricks es un clásico en Negril y nunca falta la oportunidad para visitarlo.

El pueblo de Negril está conformado por tres edificios públicos y nada más. Los turistas, por lo general se encierran en los hoteles, y muchas veces se les crea temores sobre la inseguridad. Pero los jamaiquinos son hospitalarios y tienen muy buen sentido del humor. No existen motivos para temerles. Para disfrutar de esta isla, hay que tomar recaudos como en todos lados.

Negril es uno los lugares más vírgenes de la isla, las aguas son aptas para el buceo, las playas tienen arenas blancas, y el sol, ya a las 7 de la mañana, invita a ponerse el traje de baño y empezar el día.

Todos los gustos se atienden

La organización de viajes para los gustos de diversos segmentos de turistas es una tendencia. Hay paquetes especiales para historiadores, buceadores, amantes de la música, del vino, así como propuestas para quienes están solos o en pareja.

Jamaica es un destino que ofrece propuestas diferentes para el turista. La principal cadena de resorts Superclubs, de capital jamaiquino, que disputa el mercado con Sandals, divide a sus huéspedes por afinidades. Los mieleros tienen hoteles concebidos para el romance, como los Grand Lido; las familias encuentran actividades y entretenimiento al por mayor en Boscobel; los solteros y parejas pueden divertirse con alternativas más osadas en los Hedonism, y quienes buscan los deportes en la naturaleza pueden optar por la línea Breezes.

El régimen de comidas es de todo incluido, hasta buceo, bebidas importadas y propinas. Este sistema fue creado en Jamaica con la iniciativa del empresario John Issa, propietario de SuperClubs, y se popularizó por Gordon Stewart con su grupo Sandals y Beaches. Casi el 30 por ciento de los hoteles de la isla ofrece esta clase de servicio.

Recientemente se inauguró el Hedonism III, en Runaway Bay, el segundo hotel que abre en Jamaica, después del Negril, que tanto éxito tuvo por las atrevidas fiestas de pijamas, de la toga y juegos como la batalla de los sexos. El nuevo Hedonism tiene habitaciones de colores estridentes, con jacuzzi, espejos en los techos, mesas ratonas y ventanales al mar. Un tobogán de agua cruza la discoteca y un jacuzzi se eleva a lo alto con fondo de vidrio. Tiene seis bares, tres en la piscina, además de restaurantes jamaiquinos y de cocina internacional.

En los Hedonism se practica nudismo, al igual que en los Gran Lido; hay playas reservadas para tomar sol y pasearse sin pudor. En Hedonism la gente hace deportes despojada de ropa, y por la noche se viste, pero con escasas ropas. Siempre aparecerá algún personaje que capte todas las miradas. De todos modos, hay un abanico de propuestas para elegir otras diversiones, sin ponerse colorado.

 

Datos útiles

Cómo llegar

La tarifa más económica de Aerolíneas Argentinas hasta Miami con conexión hasta Kingston es de 1021 dólares; los impuestos no están incluidos.

Alojamiento

Cada marca de Superclubs, con régimen all inclusive, tiene distintas categorías y precios. Los más lujosos son los Grand Lido, donde las tres noches -estada mínima- cuestan desde 840 dólares; en Breezes, para huéspedes deportistas, cuesta desde 524; los Boscobels, para la familia, ofrece tarifas por 786 y Hedonism, desde 678.

En la isla también hay pequeños hoteles y villas de ambiente distendido, cuya variedad de precios se adapta a todos los bolsillos.

Alquiler de autos

Un auto chico cuesta 390 dólares por semana (con kilometraje libre y seguros incluidos). Hay que tener en cuenta que se conduce por la izquierda y ser mayor de 25 años.

Temperatura

El promedio anual es de 27 grados.

Tiempo de viaje

En avión desde Buenos Aires, 11 horas; Miami, 1 hora 20 minutos.

Más información

En Estados Unidos, Jamaica Tourist Board, 1320 S. Dixie Highway, Suite 1101, (33146) Coral Gables; (001) 305-665-0557). E mail: [email protected]

 

Hawai al rojo vivo

La cadena de cráteres de estas islas puede ser recorrida desde el aire, así como decenas de cascadas

  • HONOLULU, Hawai (World's Fare)  

El círculo del fuego y las cascadas es uno de los lugares posiblemente más bellos de los Estados Unidos, que se descubre mediante un tour aéreo que dura 50 minutos.

Con la voz de Elvis canturreando Blue Hawai y a bordo de un helicóptero sobrevolamos las tierras quemadas por los volcanes de Hawai.

En tono tranquilizador, el piloto nos decía: "No es lo mismo que viajar en avión, piensen que vuelan en una alfombra mágica". A juzgar por nuestra palidez, la mayoría no había probado su genio personal, como Aladino en Las mil y una noches. Se da algo particularmente desconcertante al ver cómo, en cuestión de segundos, la pista pasa de tamaño real al de un Lego, con una visión completa.

Por suerte, el nerviosismo fue compensado por la fascinante experiencia. Nuestro destino era la pesada columna de humo de sulfuro que se eleva a cientos metros sobre el Kilauea Caldera, en el Parque Nacional Los Volcanes de Hawai.

A medida que la pequeña ciudad de Hilo, a unos 65 kilómetros del parque, quedaba atrás, sobrevolamos la columna de humo que emanaba del cráter Halem'uma'u. La música de abordo cambiaba según la ocasión, y El fantasma de la ópera fue el tema ideal mientras mirábamos absortos hacia la oscuridad espesa. No creo haber visto algo semejante, tan hostil y amenazador como aquel cráter.

El piloto nos comentó que por lo general estaba cubierto con 150 metros de lava y que alcanzaba una temperatura de 1200ºC. En ocasiones, cuando los conductos naturales de escape se bloquean, la lava se desborda y derrama por la ladera del cráter, quemando árboles, destrozando casas y caminos a su paso, a una velocidad de 60 km/h. Desde 1983 hasta 1986, la lava se desplazó rápidamente por la ladera sur del volcán y sepultó la subdivisión de los Jardines Reales; destrozó 16 casas y, durante los siguientes dos años, otras 48 más.

Donde se crea la tierra nueva

Desde allí seguimos más o menos el camino de la Cadena de cráteres hasta el sitio de erupción activo al borde del océano. Aprendimos que en realidad hay dos tipos de lava: la pahoehoe y la 'a'a. La primera alcanza temperaturas más altas y fluye como un río y, cuando se seca, es fácil de detectar por su superficie ondulante, suave y brillante. La segunda, en cambio, avanza como un glaciar y, al parecer, toma el nombre del sonido que hace la gente al pisar sobre sus piedras filosas e implacables.

De vez en cuando, divisábamos el magma al rojo vivo entre las enormes extensiones de lava negra. En estos lugares, la lava de la superficie se hundía y mostraba el río de fuego que fluía debajo de la superficie. Nos asombró ver un grupo de más o menos diez personas caminar en dirección a la costa, con el peligro que esto representa. "Tenemos alrededor de un sacrificio humano por año", comentó el piloto.

Al sobrevolar el extremo de la isla, contemplamos la enorme cantidad de vapor que generaba la lava que caía en las aguas turquesas del mar. La temperatura del agua es de 60ºC; "un jacuzzi ideal", bromeó el piloto.

Pese a que esperábamos ver cómo la lava roja y brillante golpeaba contra el Pacífico, como había estado ocurriendo la semana de nuestro viaje, nos encontramos con un panorama diferente. Este es uno de los pocos lugares del planeta donde se crea tierra nueva, y se pueden ver nuevas extensiones de terreno, con sus peligrosas grietas y superficies irregulares, y nuevas playas de arena negra que se forman cuando la lava hirviente explota en partículas diminutas debido al cambio de temperatura al chocar contra el agua del océano. Los diez minutos de este tramo del tour parecieron diez segundos.

Cascadas de belleza

Desde los campos de lava, rumbeamos en dirección a Hilo, esta vez virando hacia el sudeste de la ciudad para ser testigos de otra manifestación de la naturaleza: las cascadas.

Hilo está en la costa a sotavento de Big Island y, por tal motivo, recibe alrededor de 3200 mm de lluvia todos los años. El resultado espectacular de este fenómeno son sus decenas de cascadas que se forman por el agua de las precipitaciones que desborda y salta a borbotones hasta hundirse en el océano. Después de todo ese calor necesitábamos refrescarnos, aunque en realidad nunca dejamos el ambiente climatizado de nuestra alfombra mágica.

Al fuego

Blue Hawaiian Helicopters, Aeropuerto Internacional de Hilo, Hawai; (808) 961-5600. El costo de la excursión El círculo del fuego y las cascadas de 50 minutos es de 130 dólares por persona.

El precio puede ser más bajo si acepta ver una presentación de un tiempo compartido. Los puestos de agencias que representan tiempos compartidos están por toda Kona, en el otro extremo de la isla.

 

Datos útiles

Cómo llegar

El pasaje aéreo ida y vuelta, por United Airlines, cuesta aproximadamente 1550 dólares con tasas e impuestos incluidos.

Alojamiento

La habitación doble en un hotel 5 estrellas sale 120 dólares aproximadamente. En uno de 3 estrellas, cuesta entre 60 y 70, y en uno de 2, el precio es de 50.

Más información

http://dir.yahoo.com/Regional/U_S_States/Hawaii/

Fuente La Nación, noviembre 1999

 

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