Pechos Siempre Saludables... y Eternamente Hermosos

 

El corpiño y la prevención y tratamiento de quistes fibrosos

Por el Dr. Ralph L. Reed *

Los quistes fibrosos de pecho, para muchas mujeres, son fáciles de ser tratados y, además, de prevenirlos. Durante muchos años, los doctores recomendaban a sus pacientes mujeres que evitaran la cafeína, dietas altas en grasas, etc., y hasta que no tomaran ningún tipo de medicamentos que tuvieran fuertes efectos colaterales. En algunos casos, estas prevenciones funcionaron, en otras, no. No obstante, investigaciones recientes han dado nuevas esperanzas porque quedó demostrada la fuerte conexión entre usar corpiño y los bultos fibroquísticos benignos, los quistes y los dolores. Por ejemplo, el Dr. Gregory Heigh, de Florida, encontró que el 90% de las mujeres con cambios fibroquísticos comenzaron a mejorar en su estado cuando terminaron de usar sus corpiños. Este extraordinario nuevo "tratamiento" no tiene efectos secundarios, no cuesta un centavo y es algo que las mujeres pueden probar por si mismas tan sólo haciendo un cambio totalmente natural en sus hábitos al momento de elegir sus ropas para vestirse.

Tras esta sección de introducción, presento en este reporte siete casos reales de mujeres que encontraron su cura tan sólo liberándose del uso del corpiño. Ellas me escribieron desde distintas partes del mundo tras haber leído mis informes anteriores (ver más arriba) sobre la relación "corpiño/enfermedad", para compartir sus experiencias personales sobre el tema.

Considero importante resaltar que los estudios realizados hasta el presente pueden ser todavía considerados como "preliminares". No obstante, y hasta tanto se avance sobre la exacta relación antes citada, las mujeres pueden probar esta alternativa de dar libertad a sus pechos, y juzgar por si mismas si les ha servido.

 

Caso Nº 1: Jane, Michigan, Estados Unidos; 39 años.

"Tengo 39 años de edad y me han diagnosticado que mis pechos albergan quistes fibrosos. Mi madre había sido diagnosticada con cáncer de pecho a una edad muy temprana y soportó una masectomía total de su seno derecho y le extrajeron un bulto del izquierdo. Por ese motivo comencé a buscar información sobre todos los síntomas que pueden aparecer en los pechos de la mujer.

"A fines de mayo de 1997 compré una revista llamada ‘Natural Way" (NdelT: Corriente Natural) en donde había un artículo en el que se hablaba sobre la conexión entre el uso del corpiño y el cáncer o quistes en las mamas. El artículo me hizo ver el sentido común de las cosas; lo que más me llamó la atención fue la aseveración acerca de que el sistema linfático no era capaz de trabajar en forma apropiada limpiando las toxinas del pecho, mientras se tiene puesto un corpiño. Esto causa un amontonamiento de toxinas, provocando bultos y dolores.

"No soy una mujer de mucho busto pero hubo días que mis pechos se volvían tan sensitivos e hinchados que no podía evitar sentir fuertes dolores en ellos tan sólo por la acción de caminar o subir una escalera. Tampoco me permitían dormir boca abajo ni le podía permitir a mi marido que los tocara. El asunto asustaba, tanto a mi como a mi esposo. Además, empeoraba la situación cuando me venía la menstruación. El doctor me recetó Motrin, pero no hubo mejora; corté la ingesta de bebidas con cafeína y alimentos con alto contenido de grasas, pero no mejoré nada.

"El artículo en la revista citada sugería dejar de usar el corpiño. A esa altura de mi vida yo realmente no sabía que gran diferencia eso podría significar en mis costumbres. Yo pensé que tenía derecho a probar ya que seguramente peor no me podía hacer. Y lo hice, dejé el corpiño. Un mes después noté una diferencia significativa ya que mis pechos dejaron de dolerme en forma dramática y ya casi no se sentían bultos. Para fines de julio los dolores y los bultos desaparecieron en forma absoluta. Incluso durante mis períodos ya no tengo esos terribles dolores. Parece increíble pero no me queda otra cosa que pensar que el causante de todo era el corpiño.

"Hace algunas semanas, mi hermana y yo decidimos salir a hacer compras a un centro comercial. Yo debatí con ella respecto a ponerme corpiño o no, ya que sabía que me iba a probar ropa y no sabía si me iba a sentir confortable sacándome y poniéndome ropa sin algún tipo de "cobertura". Finalmente me decidí por ponerme uno pero con la convicción de que si me iba a molestar, me lo quitaría de inmediato. Me sentí bien las primeras dos horas, es más, no notaba que lo tenía puesto ya que era uno de esos sin alambres ni rellenos... uno de esos que lo único que hace es tapar y nada más. A medida que seguían pasando las horas comencé a sentir pequeños dolores desde los costados de ambos pechos hacia las axilas. No se parecía al dolor que yo, inconscientemente, esperaba que surgiera si volvía a ponerme un corpiño. Es más, durante las primeras horas volví a sentirme como yo me sentía antes cuando usaba siempre corpiño: algo natural pero con dolores. Y ahora el dolor era más que cierto, era muy fuerte. Me saqué el corpiño y el dolor desapareció.

"En mi caso particular, no cabe la menor duda que mi corpiño causó el problema. La conexión entre usar esa prenda y la aparición de quistes fibroquísticos es real para mi. Yo le propongo a cada mujer que tiene un problema similar, que pruebe de andar un mes completo sin corpiño, las 24 horas del día. No las lastimará".

 

Caso Nº 2: Marilyn, de Oregón, Estados Unidos; 42 años.

"Yo les escribo para contarles acerca de mi recuperación tras haber padecido pechos fibroquísticos y de la increíble paz interior que ahora disfruto al saber que la salud de mis pechos es la más óptima que yo soy capaz de alcanzar.

"Mi madre murió a los 59 años de una metástasis de cáncer de pecho. El año que ella falleció, yo tenía 32 y quedé embarazada de mi primer hijo. Durante el primer trimestre, mi condición de fibrocística se tornó peor con una marcada tendencia a soportar grandes dolores durante mis actividades físicas. Yo encontré un bulto al costado de mi pecho izquierdo el cual parecía que crecía rápidamente. La mamografía no aportó ninguna información válida en tanto que el ultrasonido mostró una formación más que un quiste que podría ser drenado. Luego me hice una biopsia, cuyo resultado fue negativo. El resto de mi embarazo fue sin novedades aunque si con dolores en los pechos. Amamanté a mi hijo durante 9 meses y ayudó muchísimo a paliar mi condición de fibrocística.

"Tres años después, yo tuve mi segundo hijo. Todo el embarazo fue igual al anterior, y también el amamantamiento ayudó a que la condición de mis pechos fuera mejor todavía que tras el primer embarazo.

"No obstante, yo continué con los chequeos médicos en forma constante hasta que, finalmente, los médicos me volvieron a diagnosticar la aparición de quistes en ambas mamas. Me hice infinidad de exámenes, mamografías, etc., pero la cura no llegaba.

"Al tiempo me crucé con un libro titulado ‘Dressed to Kill’ el cual señala sobre las diferentes culturas entre las mujeres de todo el mundo y hace hincapié en una cultura de la moda en particular: el usar corpiño, y su incidencia en el aumento del número de casos de bultos, quistes, etc., en los senos, en esos países. El tema me atrapó, no tenía nada que perder y decidí eliminar en forma permanente la costumbre de ponerme un corpiño al vestirme. En esa etapa de mi vida yo estaba desarrollando un pequeño bulto en el costado de mi pecho derecho, muy similar al que había alguna vez tenido en mi seno izquierdo y que había sido extirpado. A las pocas semanas de haber abandonado el corpiño, yo noté que el bulto había comenzado a disminuir en tamaño y, además, note que la sensibilidad que yo asociaba a los cambios que se dan previos a la llegada de la menstruación, ya no aparecía. La condición de mis pechos a esta altura, basada en continuos exámenes ahora ordenados por otro médico, es ‘excelente’.

"Yo trabajo en el campo de la medicina y muchas veces relato mis experiencias a mis pacientes mujeres en las que veo que tienen síntomas similares a los que yo padecía. Es interesante hacer notar que tan sólo unas pocas siguieron mi recomendación de no usar corpiño durante un período de tiempo; pero, las que sí lo hicieron en su totalidad me confirmaron que habían logrado importantes progresos en mejorar su situación.

"Muchas gracias por sus esfuerzos en educar a las mujeres con este tratamiento tan sencillo".

 

Caso Nº 3: Shelley, Washington, Estados Unidos; 39 años.

"Mientras escribo esto, llegué a la conclusión que tengo la misma edad que tenía mi madre cuando le fue detectado un quiste benigno tras un examen de prevención de cáncer de mama. Me acuerdo que vi, en aquel momento, un programa de televisión en la sala de espera del hospital, justamente sobre este tema y, probablemente por ello, se tornó más especial para mi.

"Dónde comenzar: Primero mi historia personal. Comencé a usar corpiño cuando tenía 13 años. No lo encontraba cómodo el hacerlo máxime que estaba muy influenciada por el Movimiento Femenino de esa época que pregonaba el no usarlo. Cuando comencé a trabajar me obligaron a usarlo, pero se volvió un ritual en mi el sacármelo ni bien llegaba a mi hogar.

"Desde siempre tuve un muy buen sistema de aviso para cuando mi período estaba por llegar. Una semana antes mis pechos comenzaban a crecer en casi un talle, además de sentir dolores y ponerse en extremo sensibles al contacto. El dolor provenía por el agrandamiento y endurecimiento de los pechos. Ningún médico logró revertir esto ya que todos lo atribuían a ‘esa semana’. Pero la situación fue empeorando y ante la llegada de cada período me sentía realmente miserable. Noté que el dolor disminuía cuando mi marido me hacía masajes en los pechos, como una forma de ayudarme a sobrellevar esos terribles dolores. Así, comencé a masajear bien cada pecho, como para ayudar a que las cosas fluyan bien en su interior.

"Un día, durante esa semana previa al período, comencé a sentir un agudo y severo dolor en mi seno derecho, del lado de afuera. Allí sentí que había un bulto. Los masajes, en esta ocasión, no ayudaron. Pedí una consulta con un médico, quien me sugirió que podía deberse a la cafeína y me ordenó hacerme una mamografía. Llamé al día siguiente para conocer los resultados del estudio; nada mostraron. El doctor me dijo que lo volviera a llamar si el dolor fuerte volvía a aparecer.

"Dolorida como estaba, busqué de alejar del movimiento a los pechos y decidí usar un corpiño armado con alambre. Sí, comencé a tener esas marcas rojas y zonas de dolor a causa de los breteles, pero, ¿no es eso con lo que debe luchar cada mujer?

"Hace un año escuché algo sobre unas investigaciones acerca del uso del corpiño. Unas semanas después compré una copia del libro ‘Dressed to Kill’ y lo comencé a leer en el autobús camino a casa. A medida que lo iba leyendo, más me comencé a alarmar sobre las sensaciones que deja el corpiño. Para mi se volvió un ritual quitarme el sostén antes de abandonar la oficina cada día, de forma tal de no tener que ‘padecerlo’ durante el viaje, especialmente en los veranos calurosos. El fin de semana siguiente me decidí a leer por completo el libro y, a la vez, tomé la decisión de no usar más esa prenda. Yo se que el libro sostiene que hay riesgos si se usa el corpiño por más de 12 horas por día pero, como lo mencioné antes, yo soy fácilmente de convencer de no usarlo. Me quedaba una semana de trabajo antes de encarar cuatro de vacaciones, por lo que busqué la forma de vestirme de forma tal de ocultar el ‘swing’ de mis pechos y acordé conmigo misma que continuaría con el tema al volver.

"Así, no he vuelto a usar un corpiño desde julio de 1996. Para el horario de trabajo, compré unos camisolines de seda para evitar las transparencias (además, así evité cualquier tipo de comentario al respecto). ¿Los efectos desde el lado físico? Una disminución tremenda en los dolores mensuales, las glándulas –si bien se ponen tensas- ya no se agrandan tanto, y la sensibilidad es mucho menos notable, nada que ver a como solía ser. Ya no me entero una semana antes que mi período está por llegar.

"En conclusión, estoy feliz de la decisión que tomé y estoy muy contenta de saber que las investigaciones sobre el uso del corpiño continúan. En charla con amigas, les he prestado el libro a algunas, intercambiamos opiniones con otras y hasta algunas me imitaron en la decisión de liberarse del corpiño. Todo es discutible pero alguna vez la decisión hay que tomarla".

 

Caso Nº 4: Julie, Sydney, Australia; 20 años.

"Vi la primera vez a Sydney Singer, co-autora de ‘Dressed to Kill’ en un programa televisivo en 1996. Fue seis meses antes que finalmente encontrara el libro y que el tema cobrara más publicidad. Me pareció más que interesante el descubrimiento al que habían arribado e, inmediatamente, dejé de ponerme corpiño (me ponía un chaleco por encima de la ‘T-shirt’ ó remera del colegio). Yo tenía un bulto en mi pecho izquierdo que no se iba y que se volvía particularmente doloroso cada mes. Los doctores me ordenaron una biopsia, pero finalmente desistieron por no considerarla necesaria. Después de haber visto a Sydney Singer en la TV y de no haber usado corpiño durante 4 ó 5 semanas, los dolores desaparecieron. Allí comencé a sospechar que habría numerosas coincidencias más a medida que la teoría de la autora iba cobrando más credibilidad.

"Yo he descubierto que desde que reduje el uso de la prenda hasta el punto de eliminarla por completo –reemplazándola por otro tipo de ropas que hacen que no se note la falta de sostén-, los dolores que los médicos me decían que eran normales, desaparecieron. Parecería pues que los médicos consideran que los dolores ‘deben’ ser ‘normales’. Pero, ¿es eso real o es sólo debido al uso del corpiño? Como prueba, volví a ponerme un soutién y los dolores volvieron; eliminé otra vez el uso, los dolores considerados ‘normales’ se fueron.

"Busqué todo tipo de ropas para suplantar el corpiño y todavía me sorprendo cuántas cosas mucho más confortables pueden suplantarlo; no obstante, sólo utilizo esa ropa interior alternativa cuando salga de mi casa. Es ciertamente fantástico como cambió mi estilo de vida, en especial si considero la costumbre anterior casi religiosa de ponerme corpiño durante no menos de 12 horas por día. Hoy día no logro comprender cómo era posible que soportara tremenda falta de confort.

"Actualmente trato de convencer a todas mis amigas y a cualquier mujer con la que entablo alguna conversación, acerca de que el corpiño es peligroso para la salud. El cambio debido a nuestra cultura occidental y las presiones sociales (siempre está de por medio el qué dirán), no es inmediato pero muchas de las mujeres con las que hablé están de acuerdo en que es una prenda inconfortable y que ejerce una fuerza sobre los cuerpos que para nada hace bien".

 

Caso Nº 5: Sandra, Carolina del Norte, Estados Unidos; 40 años.

"Descubrí un gran tumor en el pecho justo después de haber perdido mi trabajo. Me desempeñaba como redactora de una editorial y, por supuesto, usaba corpiño por lo menos durante 10 horas diarias. La mamografía mostró que era benigno pero los médicos me aconsejaron hacer un estudio cada seis meses. Sólo hice un examen posterior, debido a que comencé a sospechar de la medicina tradicional y, además, como perdí el empleo también perdí el seguro médico. No podía encontrar un nuevo empleo y, estando en casa, a menudo no usaba corpiño... y el bulto desapareció.

"Entonces tuve la suerte de conseguir un empleo de maestra en una escuela privada y, finalmente, se me cumplió el deseo de mudarme a la playa. Comencé a tener amigos, a salir y, por consiguiente, a usar nuevamente un corpiño. Otra vez aparecieron los bultitos. El doctor me dijo que eran benignos y que tratara de eliminar el café.

"Tiempo después ya no trabajé más en una oficina sino en mi casa. Desde entonces no uso más sostén y también desde entonces no he vuelto a sentir dolores ni se han presentado bultos o tumores. Ahora ya han pasado seis años desde que me puse la última vez un soutién. Espero que mi experiencia ayude a otras; ha sido una terapia muy buena para mi. ¡Pruébenlo!".

 

Caso Nº 6: Bonnie, Nueva Jersey, Estados Unidos; 55 años.

"Las cosas han cambiado para mi, para mejor. Todos los años me hacía un chequeo debido a que tenía severos dolores en mis pechos. Cada año el resultado era el mismo: quistes fibroquísticos. A medida que me ponía más vieja, el dolor iba en aumento. He tenido el mismo diagnóstico en los últimos nueve años y el dolor ha ido en constante aumento.

"Circunstancialmente escuché sobre el tema de no usar corpiño como método para tratar pechos con quistes o nódulos; primero lo tomé desde un punto de vista divertido y dejé de usarlo; desde entonces, tengo un dolor menos para preocuparme. Ya no tengo más esos dolores debajo de mis hombros, ya no debo desprender mi corpiño para sentirme confortable y, lo mejor de todo, mi esposo ya puede abrazarme sin que yo le diga ‘cuidado, que me duele’. Para mi esto último es mucho más importante que el preocuparme si debo ponerme un corpiño o no. Encontré que estos modernos pequeños camisolines, que son muy atractivos, son la prenda ideal para reemplazarlos; ya no debo sentir que tengo algo entre mi blusa y mi cuerpo. ¡Qué maravilloso que es estar sin soutién! Hay tantas cosas que son mejores y más confortables que un corpiño armado y duro y, mejor todavía, ya no tengo bultos ni dolores y puedo mantener mis brazos hacia abajo sin que sienta dolor alguno.

"Tengo 55 años de edad y por primera vez en 30 años yo no tengo un solo dolor en mis pechos y ya no me preocupa cuando mis amigos y mi esposo quieren abrazarme y pensar que me debería doler. Puedo relajarme y disfrutar cada abrazo sin expectativas desagradables.

"No sé si esta carta pueda significar algo para quien la lea. Yo solamente sentí la necesidad de escribirla si eso ayuda a que haya una persona que deje de tener dolores. También es una forma de decir que seguramente evité un cáncer de pecho tal como lo tuvo mi madre. Justamente mi mamá siempre me compraba el corpiño de mejor calidad, ¿quién sospecharía que puede ser malo? Gracias por escucharme y por tener un sitio sobre este tema en Internet".

 

Caso Nº 7: Jill, Oregón, Estados Unidos; 39 años.

"Algunas veces una debe abrir más sus ojos un poco más de lo usual para ver prejuicios de una misma. Al menos esa es la lección que aprendí de mi propia experiencia. Primero, déjenme presentarme, mi nombre es Jill y, en menos de un año, cumpliré mis cuarenta. Desde mi primer período, yo he estado plagada cada mes con todo tipo de síntomas tales como dolorosos calambres, aumento de peso y pechos muy pero muy sensibles. Con el paso de los años aprendí distintas formas para hacer frente a esos síntomas; por ejemplo, ejercicios para reducir los calambres, mayor cuidado con el uso de medicamentos –sólo si es muy necesario, y vigilancia de mis ingestas de cafeína y sal para minimizar la hinchazón. Si bien estas prácticas no eran curas, sí ayudaban a hacer mi vida un poco más confortable. Para lo único que no había encontrado remedio era para ese terrible dolor que sentía en mis pechos. Durante años pensé que el colocar mis dos grandes pechos en un gran corpiño iba a ser lo mejor para aliviar el problema. Es más, compré un corpiño mucho más armado para usarlo cuando tenía que concurrir a mis clases de aeróbicos.

"Mis ojos se abrieron un poco más un día cuando una amiga me contó acerca de la aparente conexión entre el uso de corpiño y las enfermedades benignas del pecho. No le di mucha importancia y, al poco tiempo, olvidé el tema. Unos meses después volví a encontrarme con mi amiga y sacó a relucir nuevamente el tema; es más, me contó algunas historias de algunas amigas de ella que, en conjunto, habían decidido eliminar sus elásticos sostenes. Si bien sonaba curioso, no me veía yo andando por el mundo con mis pechos colgando. Eso no era, definitivamente, para mi. Un tiempo después una tía mía sufrió la extirpación total de sus dos mamas y una vez por año debía viajar a Nueva York para comprar sus corpiños especiales. Esto despertó mis pensamientos genéticos y comencé entonces a ver el asunto desde otras perspectiva, la de la preocupación. Por lo tanto, consideré que no me debería preocupar de probar la vida sin ponerme corpiño, al menos, durante algunos meses.

"Esto sucedió hace seis meses, y mis ojos están ahora mucho más abiertos. La sensibilidad mensual de mis pechos desapareció, de hecho, se fue ya al segundo mes. Y, más sorprendente aún, ahora mis pechos están mucho más firmes que antes. Incluso durante mis clases de aeróbicos (yo estaba segura que debía usar un corpiño durante las mismas) noté que al no ponerme nada mis pechos también se ejercitaban. Justamente, necesitan hacer ejercicios al igual que cualquier otra parte del cuerpo. El sólo hecho de no usar más corpiño ha eliminado mis dolores y sensibilidades premenstruales y menstruales y, además, tuve el premio de haber mejorado la forma de mis pechos. La sumatoria de esto último con la salud, es más que suficiente para continuar sin nada abajo".


* El Dr. Reed vive y ejerce su profesión en los Estados Unidos. Quienes deseen contactarse con él, pueden hacerlo -en inglés- por e-mail haciendo click AQUI

 

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