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El significado es que alguien pretende recuperar su puesto tras ausentarse o dejarlo vacante, ya que también puede aplicarse en términos laborales. Su origen se remonta a la disputa por el Arzobispado de Sevilla entre un tío y su sobrino. El tío era el Arzobispo Alfonso I de Fonseca, que tras marcharse a Compostela para preparar el puesto que le habían dado a su sobrino como Arzobispo de Santiago, vio como a su vuelta éste último le había usurpado el puesto, proclamándose como Arzobiso bajo el nombre Alfonso II de Fonseca. El Papa Pío II intercedió a favor de Alfonso I y envió una fuerza armada para desalojar al sobrino traidor. Sin embargo, el paso del tiempo ha hecho que la frase haya variado de forma incorrecta, ya que realmente debería decirse: Quien se fue de Sevilla, perdió su silla. |
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