La solución no es simple, pero hay solución...
Ponerle
fin a la delincuencia está en manos de gente que, por lo visto, no lo interesa
cortar radicalmente los ejes que llevan a cientos de personas a delinquir. Alberto
Martínez asegura: "Tiene que haber una decisión política
muy fuerte, fundamentalmente que venga desde el aparato estatal. La AFA
también tendría que brindar soluciones". Además resalta
que hay que generar una cultura de no violencia pacificando a la sociedad. "Tampoco
se pueden aceptar delitos y el que los cometa, merece pena. No hace falta ni
más, ni menos condena, solamente hay que cumplir la ley", concluyó.
Jorge Salum coincidió en la respuesta del policía y dijo que lo fundamental para terminar con esto es la voluntad política. "Si el Estado fuese fuerte, si el gobierno estaría dispuesto a hacer cumplir las leyes, si el Poder Judicial sería independiente y la policía y los dirigentes estarían decididos a combatirlos, creo que no sería tan imposible". Y especificó: "Si los barras son 100 y los que van a la cancha son 40.000, se tiene que poder". Gustavo Conti reflexionó con que se debería volver a las ideas revolucionarias de los 60' que el Che' Guevara no pudo exportar porque lo mataron antes.
Está visto y comprobado que hay gente que tiene mucha culpa en esto de
la violencia
en las canchas. Un partido de fútbol tiene que ser,
ni más ni menos, que un encuentro donde se vean expresadas al máximo
las virtudes de cada jugador. Parece que este deporte tiene dueño, pero
alguien tendrá que decidir algún día ponerle fin. No
es comprensible que un grupo de 100 locos digiten si el show puede continuar
o no. No se les puede permitir que tiren la piedra y escondan la mano.
La pauta que conecta a cada uno de los hechos es la intolerancia
y el rechazo a las reglas.
Como
si la agresividad fuera la vía para superar un resultado desfavorable,
hay hinchas que la incitan para suspender el trámite de un partido. El
protagonismo de la violencia es correlativo a la fuerte y generalizada sensación
de impunidad que se registra, fruto de que ninguno de los crímenes que
últimamente han tenido lugar en el fútbol fueron debidamente sancionados.
Los dirigentes y las instituciones, ya sea por
dejar actuar a las barras bravas, o por no sancionar deportivamente con la fuerza
apropiada los hechos de violencia, terminan alimentando
este desastre que parece asfixiar al deporte más popular. Por
eso, funcionarios, magistrados, dirigentes, policías, jugadores, todos
unidos deben articular y desplegar una estrategia capaz de ponerle fin a una
violencia que corre el grave riesgo de devorar a nuestro fútbol y a muchas
vidas más. Y cómo escribió; José Narosky en uno de
sus libros de aforismos: "Se puede llegar al Paraíso.
Pero hace falta la convicción de haber llegado..."