Todas las noches salía de manera sigilosa a andar por las azoteas vecinas. Nadie siquiera suponía que su costumbre atentaba contra la moral vecinal, sobre todo, cuando nadie conocía su nombre.
Escuchaba música tarareada por otros de su especie, mientras esperaba que todo quedara en penumbras. Sus travesías nocturnas no habían cruzado el umbral de la cuadra en la que siempre había vivido, pero esa noche decidió salir de la rutina. Entonces voló hacia el frente