La Tierra es un complejo organismo vivo conformado por múltiples especies de seres, la existencia de ellos están relacionadas por un intercambio permanente de energía, en un infinito ir y venir de ella. En la actualidad; la explotación basada una insaciable voracidad, de la falsa idea de que el planeta es un objeto y por ello nuestra pertenencia; nos ha hecho creer que su valor reside en la cantidad de objetos que construimos y consumimos de él. Nuestros alimentos por lo tanto nos refieren objetos, marcas, status; menos su original sentido, el de ser el sostén de la vida.
Día con día succionamos y exprimimos los recursos naturales para transformarlos en objetos que no permiten el desarrollo y florecimiento de nuestra vida, son basura. El daño podría ser irreversible, pero en la actualidad poseemos la infraestructura necesaria para dar marcha atrás, aún podemos devolver el alimento que hemos robado a nuestro planeta.
El óleo de nuestra tierra: el petróleo, es el resultado de miles y millones de años de vida acumulada en sus entrañas, son los restos de nuestros antepasados: desde los primitivos organismos unicelulares hasta los dinosaurios y los que siguieron. No podemos por tanto seguir desangrando nuestra Tierra, convirtiendo en contaminación atmosférica nuestra historia de vida.
Hay que aprender a vivir sin los productos que hemos fabricado, tenemos que aprender a vivir sin objetos, a no acumular. Cada momento es valioso para recuperar el daño, no somos inmortales.