Junto con algunas mudas de ropa, cepillo de dientes, tienda de campaña, bolsa de dormir o cobijas, algo de dinero y mucha voluntad partimos de la ciudad de México con destino a Cancún. Lo mismo habrían hecho cientos de personas de muchos países del mundo. La cita era el 10,11,12,13 y 14 de septiembre de 2003, días en los cuales se realizaría la Quinta Reunión Ministerial de la Organización Mundial de Comercio.
Después de unas cincuenta horas de viaje, en los que un par de actos políticos nos esperaban en Puebla y Jalapa; innumerables paradas para desayunar, comer, cenar, ir al baño, tomar gasolina o encontrarnos con otros contingentes; llegamos la madrugada del 9 de septiembre a la caribeña, inalcanzable y carísima ciudad de Cancún en Quintana Roo, México.
Muchos de los que nos encontrábamos en ese lugar protestando, oponiéndonos; éramos conscientes de la imposibilidad que teníamos de “reventar” la Ministerial de la OMC.
Las negociaciones que el bloque Estados Unidos- Unión Europea- Japón(1)querían imponer a las naciones del sur dentro de la OMC, era legislar en torno a la comercialización progresiva (privatización) de los servicios de seguridad social: salud, atención hospitalaria, atención odontológica, guarderías, educación primaria, secundaria y terciaria, museos, bibliotecas, asistencia legal, asistencia social, arquitectura, energía, agua, servicios de protección del “medio ambiente”, turismo, servicios postales, publicaciones y radiodifusión. Asimismo, lo relacionado con la seguridad ambiental: las naciones debían demostrar ante ese organismo que sus leyes ambientales son “necesarias” y que han sido establecidas del modo “menos restrictivo al comercio”.
Cabe aclarar que tal y como lo comentan Barlow y Clarke: “Al amparo del mecanismo de solución de diferencias de la OMC, los países miembros, a menudo actuando en representación de su sector empresarial, pueden impugnar las leyes, políticas y programas de cualquier otro país acusándolos de violar las normas de la OMC. El poder para decidir sobre las denuncias de supuestas violaciones de esas normas y de adjudicar los castigos recae sobre grupos de trabajo de especialistas no electos. El país que pierde tiene tres opciones: cambiar su ley para adaptarse a la decisión de la OMC, enfrentarse a sanciones económicas severas y permanentes, o pagar una indemnización permanente al país ganador”(2)
El capítulo más crítico resulto ser el relacionado con la agricultura y eso fue lo que ineludiblemente, los Estados Unidos de Norteamérica y la Unión Europea evitaron negociar.
El objetivo del Acuerdo Sobre Agricultura de la OMC se refiere a: la reducción, con perspectiva a eliminación, de los aranceles; eliminación de las restricciones “nacionales” para el comercio de productos agropecuarios; así como la promoción de la agricultura industrial y el patentamiento de conocimientos indígenas sobre biodiversidad. Sin embargo, mientras en la mayoría de los países del sur, se han venido disminuyendo las limitadas subvenciones y subsidios al campo; en E.U. y la Unión Europea se siguen invirtiendo considerables sumas a su producción alimentaria.
Con ello, los productos subvencionados del norte; en muchos de los casos alimentos transgénicos, al inundar los mercados del sur, contribuyen a la eliminación de la producción de alimentos en los países pobres. Así, tal y como comentan los autores citados con anterioridad: “Autosuficiencia alimentaria significa ahora tener el dinero para comprar alimentos”.
En días anteriores a la reunión de la OMC (Jornada, 22 de agosto de 2003) el analista Andrew W. Shoyer, ex consejero general de la oficina de la Representación Comercial de Estados Unidos (USTR) esperaban ya el fracaso de la misma: “Las diferencias entre países avanzados y en vías de desarrollo en temas como subsidios, subvenciones agrícolas y eliminación de barreras arancelarias hacen “difícil” esperar acuerdos significativos en la reunión ministerial de la OMC”.
Por lo cual, no deben de sorprendernos las declaraciones del representante comercial de la Casa Blanca, Robert B. Zoellick, cuando aseguró, ante el inminente fracaso de la Ministerial, que su país apostaría a las negociaciones bilaterales. La disposición de los Estados Unidos de Norteamérica de enredarse en el mundo kafkiano de la burocracia, para negociar lo que no pudo negociar en la Ministerial, significa un respiro de emergencia a los Estados Nacionales.
De pronto ya todo el mundo sabía que un coreano de 56 años se había quitado la vida sobre las vallas de alambre que nos separaban del mundo de los ejecutivos de alto nivel. Su nombre, Lee Kyung Hae; campesino coreano, que junto con una delegación de unos ciento cincuenta miembros de la Liga de Campesinos de Corea (LCC) y unos cincuenta sindicalistas, llegaron a Cancún a protestar contra la Organización Mundial de Comercio. Por demás simbólico fue el contexto de su sacrificio: el contingente coreano encabezaba la manifestación convocada por las organizaciones campesinas que realizaban un foro alterno a la OMC; dicho contingente cargaba un ataúd adornado con papel de china y entonaban cánticos fúnebres, era 10 de septiembre día en que los coreanos del sur, celebran a sus muertos.
El desconcierto cayó como bomba: ¿suicidio?, ¿asesinato, como decía un par de pancartas que traía el Señor Lee y muchos de sus compañeros de viaje?, ¿honor?, ¿inmolación?. El suicidio individualista al que estamos acostumbrados los occidentales, de inmediato enrareció el ambiente, pero pronto, cuando fue publicada su historia de vida todas las preguntas nos fueron respondidas. La voluntad, la desesperación, o como lo comentó Hang Ki Lab, vocero del contingente coreano: “Fue una manifestación de sacrificio de la que nos sentimos orgullosos”. “Es una de las pocas vías que nos dejan. La OMC está trayendo la muerte a nuestra agricultura, familiar y a nuestros campesinos”.
No faltó el baile, sobre todo después de la manifestación nocturna del 11 de septiembre: un cacerolazo por las calles de Cancún hacia la zona cero y de vuelta al parque de las palapas donde por poco más de una hora un contingente excitado bailó al ritmo de la Banda Infernal de Seattle junto con el choque de cualquier tipo de materiales que producían ruido. Esta manifestación se realizó en memoria del Señor Lee, así como de las víctimas de la dictadura pinochetista en Chile al conmemorarse 30 años del sangriento golpe de estado. Marcha que dejó damnificados a los dueños de una franquicia transnacional: pizza-hut.
La consigna principal partía de un conglomerado de visiones del mundo, de ideologías, de métodos de lucha y trabajo; pero todos y cada uno de nosotros confluimos a favor de la conservación de nuestro planeta: de nuestra comunidad y de la vida. A pesar de las limitaciones de las cuales éramos conscientes, fuimos seres en posibilidad: sujetos, seres humanos empoderados, representantes, potenciales suicidas y con ello, con nuestra presencia, tomamos posición con relación al exterminio planificado por los organismos internacionales, las trasnacionales, los gobiernos del norte y en particular de los no-humanos con nombres y apellidos.
Cada uno de los métodos utilizados por los manifestantes fueron planteados como válidos. El enfrentamiento, per se, desigual, fue decidido autónomamente. De cualquier manera, las ganas de manifestar la rabia de manera violenta, pronto fueron sustituidas por el método no violento ejercido por grupos de afinidad y también por lo que sería la manifestación del 13 de septiembre, propuesta por nuestros hermanos coreanos.
Es desconcertante lo que puede hacer la voluntad, por un lado la inmolación del Señor Lee, por otro la armonía y el amor de la acción del 13 de septiembre; donde se manifestó el descontento, la rabia, la oposición en contra de los que nos quieren asesinar. Salvo las acciones espontáneas de algunos grupos, que terminaron por asumir los hechos, el acto resulto increíble: las manos que jalaban las cuerdas amarradas a las rejas de la ignominia y los sujetos que las vimos derribar la triple valla; éramos de todos los colores de la tierra, compañeros de lucha de muchos lugares del mundo; así también eran las compañeras que cortaron las rejas para que los coreanos amarraran las cuerdas y que fueron agredidas por los toletes de una Policía Federal Preventiva nerviosa y a punto de utilizar los tanques antimotines: indígenas, caucásicas, negras, mestizas, asiáticas.
Con descontentos por las acciones, discusiones algunas veces interminables, descoordinaciones y desorganizaciones; concluyo la ministerial y las protestas que les impidieron la tranquilidad a los señores del dinero. Es indiscutible la capacidad que los grupos de afinidad tuvieron para puntualmente evidenciar los intereses de los negociadores del norte: acciones tan diversas como penetrar a la zona exclusiva y desplegar una manta con la leyenda “que se vayan todos”; plantones; ocupación de espacios para regalar comida; performances; foros; discusiones; marchas; ofrendas y más, nos otorgaron un saldo positivo a los disidentes del capital en lo que a disposición y organización se trata.
De cualquier manera, es importante aclarar que la lucha contra el capital es algo que no puede ni debe terminar en las manifestaciones contra las trasnacionales reunidas. La paralización en las negociaciones de la OMC nos deben llevar a dos niveles de lucha: lucha internacionalista y lucha nacional. La lucha por las demandas que aún competen a nuestras naciones; tales como tierra, trabajo, educación, democracia directa, salud, vivienda; nos deben ubicar junto con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en el caso de los mexicanos; y a otros movimientos de corte nacional e internacional como los “sin tierra” de Brasil o “los piqueteros” de Argentina. Debemos estar atentos a las reformas “estructurales” que pretenden imponer los gobiernos neoliberales de nuestros países.
A mí y a otros miles, que en algunas ocasiones recorrimos miles de kilómetros desde nuestro hogar hacia las protestas, nos llevó la voluntad y el amor a la vida; solamente contábamos con nuestro cuerpo y algunos aditamentos rudimentarios para protegernos de una eventual represión. Evidenciar mí oposición a las políticas de muerte que el imperio del dinero impone año tras año a nuestro mundo y ubicarme en medio de más de dos millares de seres humanos que también se oponían categóricamente a los designios de una minoría enriquecida, sin lugar a dudas, me potenció como ser humano.
Mayra Espejo Martínez
Septiembre de 2003
(1)Información tomada de, entre otras, Barlow, Maude y Tony Clarke, Atando cabos: Guía popular sobre la Organización Mundial de Comercio y el Área de Libre Comercio de las Américas, The Council of Canadians, Institut Polaris.
(2)Op. Cit. P. 6