CASI NAVIDAD DE 1999
(Selecciones Reader`s
Digest, México, diciembre de 2002)
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires,
ARGENTINA.
A menudo resignamos el
placer de ser amados,
por la propia negativa
a aceptarnos y amarnos a nosotros mismos primero.
Esta actitud es difícil
de cambiar si pensamos que la solución es desandar los caminos que por ambos
extremos conducen a ninguna parte.
Darse cuenta es la clave.
Sin embargo, darse cuenta,
no es nada fácil.
Darse cuenta es como
despertar de ese tipo de sueños que transcurren con tanto
realismo que hasta nos parece increíble que hallamos transitado por ellos sin
tener cabal control de lo que hacíamos... O como si las acciones en ese sueño hubieran
estado guiadas por una conciencia que no nos perteneciera.
Cuando abrimos los ojos y
nos encontramos con el día, nos quedamos con la aspiración de retornar
a él para ponerle a las cosas nuestro acento.
Quisiéramos desandar los
sueños hacia el limbo de ninguna parte...
Pero no es posible, ya fue,
pasó!
¿y quien sabe donde van a
parar los sueños que no son de nuestro gobierno?
Darse cuenta del valor de
nuestro espíritu y que más importante que llegar a los demás es permitir
que ellos lleguen hasta nosotros, es un click! y volver a hacerse cargo de uno
mismo sin necesidad de desandar ningún camino, ni tener que elegir el tiempo o
lugar para hacerlo.
A muchos esto nunca les
sucede y transcurren la vida peleados con su espíritu, trasnochados en pequeñeces
que, como aquellas otras que te llenan de luz,
éstas, te cubren de sombra.
Casi diría, como si eligiéramos
vivir en una gota siendo dueños de un océano.
A veces la multipropósitos
señora "Hipocresía" se instala ahí para transformarnos en
personas absurdas, llenas de laberintos que son intransitables por los ángeles
de la tierra. Así, transformamos en insignificantes batallas cada momento
de la existencia y de tanto fingir para vencer, nos perdemos el hermoso paseo
de la vida trasnochados en sueños sin gobierno.
Los antagonismos del
espíritu, como caras de una misma moneda,
cohabitan dentro nuestro.
Que hay un cielo y un
infierno... finalmente es cierto.
Cada uno libremente elige
donde pasará cada segundo de su vida:
si en el pequeño infierno
que lleva dentro
o en su inconmensurable
cielo.
Para quienes vienen del
infierno,
hasta una pequeña hoguera
puede parecer un cielo...
Cuidaré bien mi hoguera.
Cada navidad es, para el simbolismo
cristiano, un renacer.
Todos, cualquiera sea su doctrina
de símbolos, o ya sea que los tengan o no,
anidamos dentro un espíritu que a
veces se pone en enemistad con nuestra valoración.
Es posible devolverle vida
a aquello que dentro, habíamos considerado muerto
o jamás proclive al cambio.
Este paso, por sencillo, es
complejo.
Pero basta con aceptarlo y
convencernos de que somos los arquitectos
de nuestras propias realidades.
Son tantos los mitos y preconceptos
que inmovilizan nuestro temperamento que a veces, esa decisión, la
de ir en busca de la felicidad, es resignación.
Por si no tuviéramos la
oportunidad para desandar las omisiones cometidas en ésta vida,
no demoremos la decisión.
Que en esta navidad renazca en
ustedes la paz.
Un abrazo y todo mi afecto.
Felicidades!
Marcelo.