Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER

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A imagen y semejanza
Por Marcelo D. Ferrer

Una vez,  siendo chico, iba por la rambla de pescadores en Mar del Plata y pasó junto a mí un anciano alto, delgado y con barba canosa; llevaba una pipa en su boca. Del lado de los edificios, colgada de su brazo, iba una señora también elegante; ambos caminaban lento. Él con la mirada al frente como un capitán en su puente; ella distraída mirando las vidrieras de los restaurantes de mariscos. Me aparté un poco de mi familia para observarlos; siguieron por la rambla hasta que los perdí entre la muchedumbre. 

Papá era fanático por los calamares (yo también). Por aquel tiempo mi papá pesaba unos 120 kilos. Si bien había sido profesor de gimnasia en escuelas secundarias, luego se había dedicado a estudiar una profesión y a relacionarse; andaba de cena en cena y los resultados estaban a la vista. Jamás vi a papá correr y no es chiste. Más allá de la admiración que tengo por él en infinitos sentidos, desde aquella vez supe que no me le parecería ni en lo físico ni en lo sedentario.  

No sé por qué tomé aquel modelo del anciano y lo fijé en mi mente. Fue después de muchos años que lo recuperé de donde estaba y supe que envejecería elegantemente (aunque sin barba y sin pipa). 

Como en todos los órdenes, algo que está grabado en nuestro subconsciente nos guía. A veces jamás nos enteramos qué fue o qué es: si una imagen, un diálogo, una tristeza, un rechazo, un bochorno; ¿quién conoce sus códigos integramente? Imagino que pasará igual con los vicios o los malos hábitos o las malas costumbres; cosas que hemos copiado y guardado y siguen allí como los topetes de un flíper empujan la bola de acero al hoyo.

 
Soy de la idea que somos ahora como nos imaginamos ser en algún momento de nuestras vidas. No precisamente iguales, pero fatalmente parecidos. 

Quienes concientemente se programan, alcanzan un grado mayor de satisfacción. Quienes van construyendo su imagen de manera inconsciente a lo largo del tiempo, en cierta forma poseen una semejanza anarquizada de sus modelos de origen y de aquellos, que sin saberlo, dejaron improntas en sus mentes.

 

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