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Desencantos
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina
La imagen se hizo vidriosa y se desplomó.
(Mudos despojos estallaron vanos).
Gira y se marcha
pero se queda.
Se sienta, se para, se pasea.
Se dobla, se abraza...
Blande unas lágrimas consabidas
y detiene la inercia para mirarse.
Hiel que aspera labios,
desencanta, enajena
somete...
Devora enzimas de integridad.
¡Brumos de espanto!
(en una conciencia imprecisa).
Así,
sórdida en conjeturas
e inhábil de manos y de labios,
se escruta adivinando
para rendirse
sin decirse nada...
hablando...
Y como suave y dispuesta mejilla de santo,
resigna sus encantos y se retrae...
Se apea de la vida en el andén de la muerte
para ver pasar laxas todas las horas siguientes.
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