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Edén
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
Su mente lógica
es la inconsistencia,
imposible discernir tanta belleza.
Un rayo de sol cae vertical sobre la tierra
perforando el macizo celeste cielo.
Gotas hacen destello salpicando el suelo,
que verde enmohecido, lo reflejan entero.
Fuera a toda regla de probabilidad,
el iris mostró un arco de colores primarios
atravesado por ángeles desataviados de pecados.
Siete unicornios guían la carroza de florecidos contornos
transportando recién llegados de blanco inmaculado.
Violines, arpas y cítaras pueblan la sonoridad ambiente
en batalla con el tenue susurrar de alas batientes.
Desfilan al edén en absoluto consuelo
almas nuevas -las más antiguas también-
remozando el gris roce lunar de su derrotero
por los espaciosos confines del cielo.
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