Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER

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Ya conocemos el final de esta novela
Por Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
 
 

    La economía Argentina va poniendo de resalto, cada vez con mayor vigor, la incongruencia que hay entre la fantasía oficial y la realidad nacional, a pesar del exitismo de Felisa Miceli y de la arrolladora publicidad oficial de Radio Diez.

    Desde el escritorio del funcionario Moreno se maquillan los índices del IPC (índice de precios al consumidor). Esta denuncia no es novedad ni para usted ni para nadie.

    A esa actitud se pliega luego el oportunismo del Secretario de Ingresos Públicos  para decir, que como consecuencia de una sobreactuada eficacia de la AFIP, el gobierno recauda mejor.

    En la escalada, la ministra de economía no abdica su rol y lo aprovecha poniendo de resalto el superávit fiscal.

    Luego, cualquier tarde, frente a su inefable atril, aparecerá Kirchner para sacar tajada de la publicidad que han vendido los otros; y aprovechará, de paso, para enviarle un mensaje subliminal a usted y: a "ellos".

    Entre los "ellos" se mueve una variada entidad de personas según las necesidades políticas que le dicen al presidente las encuestas de Artemio López, su oportunismo o su mal carácter. Es probable que "usted· pueda ser "ellos" alguna vez o, viceversa. No se jacte.  

    Lo que antecede es una prieta síntesis del monotema económico nacional, a menudo sesgado por hechos tan predecibles como evitables y lamentables, como es el que hoy moviliza a nuestra sociedad en la desaparición del señor López.  

    Sin embargo, la economía no necesita voceros ni medios mercenarios de difusión para expresar sus síntomas. Es tan así, que ni la mejor cara del señor De Vido puede desmentir la grave situación energética o la falta de Gas-oil para el transporte. Como tampoco el cepo de Moreno puede evitar que cada día un ama de casa se enfrente con el aumento de su presupuesto.

    Mientras el "mentís" oficial se profundiza y se difunde a través de medios y empresarios que sin dignidad alguna trafican esas mentiras, políticamente se actúa socavando las raíces de la democracia al denigrarse sus instituciones o, al diezmar o corromper a la oposición. También de ese modo se socavan los fundamentos de la economía.

    Entre la mentira y el aliento al desencuentro nacional, alguien sin escrúpulos hace negocios. Muchos seguramente bendecidos por la impunidad oficial; otros, por propia habilidad.

    Si la recaudación impositiva aumenta un inverosímil 29%, ¿cómo es que  la inversión se mantiene por debajo del 20% del PIB, o que las utilidades de las empresas van en franca disminución, o que la bolsa porteña baja ante la escasez de negocios y que sus volúmenes en pesos oscilan los mínimos de tres años?  

    Si el grueso del aumento en la recaudación reside en el Impuesto al Valor Agregado y, razonando que un mayor consumo requiere de una mayor producción; pues entonces: ¿por qué el índice de crecimiento del PIB para este segundo semestre se perfila por debajo del 7%, cuando deberían estar, en consonancia con el aumento de la producción para satisfacer el mayor consumo, por encima del 10?  

    La respuesta es sencilla. O han aumentado los precios más allá de los índices que transmiten las autoridades; o, las empresas, al mismo precio, nos entregan menos producto.

    Esta realidad insoslayable desmiente la supuesta eficacia de Moreno y del jefe de la AFIP.

    Por el lado del exitismo ministerial en cuanto al superávit, hemos de decir que el mismo, no sabemos si configura un ahorro o se trata de un simple diferimiento de pasivos. Es decir: la desinversión en salud, educación, pago a jubilados, energía, seguridad, justicia, etc., ¿puede catalogarse de ahorro?

    Hay que decir que obras se están haciendo aunque con relenta gestación porque sus avances se supeditan al humor político de Kirchner con los gobiernos donde se realizan; Pero el marco de prioridades, ¿es el ideal? ¿Para qué sirve un puente si no hay gas-oil para que lo transite la producción?

    Para que usted tenga una referencia precisa de superávit, crucemos la cordillera. En Chile el superávit fiscal es del 7.6% del PIB, mientras que en Argentina, la misma relación es del 3.2. Claro, En Chile los ingresos fiscales aumentan (realmente) a una tasa del 22% y el gasto lo hace en el orden del 8. Aquí, los ingresos fiscales se proyectan (?¿) a una tasa del 20% pero, el presupuesto 2007 prevé un aumento del gasto del orden del 30%. Chile ha firmado tratados de libre comercio con medio mundo, mientras que Argentina, encerrada en el Mercosur, ve incrementar sus déficit comerciales con Brasil.

    También es una realidad insoslayable que el superávit nacional viene en franca caída y que los otrora saludables superávit provinciales ahora son déficit. Este año de bonanza internacional, la provincia de Buenos Aires cerrará sus cuentas con un rojo de cerca de mil millones de pesos; ¿qué cree usted que suceda cuando las condiciones dejen de ser tan benignas para Argentina a nivel mundial? 

    La bonanza económica internacional es una bendición para todos los países del orbe; con mayor profundidad en aquellos que exportan commodities, debido a su tan alto valor. Me pregunto, y espero que usted lo haga también, si un gobierno durante el transcurso de su efímera existencia, tiene derecho a dilapidar este beneficio que tal vez no se vuelva a repetir en décadas. Me pregunto también cuál es la verdadera necesidad de tergiversar una realidad económica tan bondadosa a nivel mundial, si simplemente basta para beneficiarse de ella, con racionalidad y austeridad.

    Tal vez nos encontremos frente a otro capricho como el de antes fue que indefinidamente el uno a uno era el maná del cielo, cuando un oportuno y gradual desapego a esa regla nos hubiera ahorrado infinidad de calamidades. 

    Ahora quizá lo sea esto del dólar alto y los salarios bajos sin tener en cuenta el atraso tecnológico que esa estrategia guarda y cómo afecta la productividad de la mano de obra. La mezquindad reside en que el ahorro en salarios puede gastarse a manos llenas en politiquerías berretas.

    La prueba es clara: otros países cuyos estados gastan de manera racional, crecen al igual que nosotros, con mayor superávit e incremento de sus reservas, y a la vez, incentivan la inversión y la mejora en la calidad de su mano de obra.

    En lo personal siento que la economía y la política con sus contradicciones y chicanas vuelve a repetir una historia cuyo final, ya conocemos.

 
(Se autoriza su difusión con mención de la fuente)   


(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.

 
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