Tiempos raros -si los hubo y los hay- los que transita el
país de nuestros días. La esquizofrenia se expande desde la
rosada a gran parte del periodismo y la dirigencia; y la
coherencia, se margina y se silencia. Duda la racionalidad de
elevar su voz hacia la normalidad por la fuerte
segregación que impone la intemperancia esquizofrénica del
autoritarismo.
Todo depende de Kirchner en el país de Kirchner; todo lo
lleva él sujeto con alfileres a su traje. Su corte de genuflexos,
que los hay en todos los sectores de la república: desde el
empresariado al sindicalismo, desde el periodismo hasta el
silencio cómplice de la oposición; ni qué decir de los
representantes del pueblo devenidos a legisladores chinos,
mienten a este rey desnudo diciéndole que le queda muy bien su
traje. La mayoría miente por conveniencia, pocos por
convicción; otros por terror; los menos especulan a que se
debilite para saltarle encima.
Sin excepción todos marchan al son del dinero, porque todo, todo,
parece comprable en la república.
El presidente ha impuesto un dominio psicológico en la gente y la
dirigencia. Los otrora dirigentes combativos bailan como micos
tratando de gustar a su majestad. Los todo poderosos empresarios
palmean hombros y regalan sonrisas moviéndose tan pensantemente
como piezas de un ajedrez. Nadie osa contradecir el capricho, y
mucho menos, desafiar la intemperancia presidencial;
simplemente, aguardan a que Nerón amilane su pulgar, y
se aprestan luego a hacer aquello que le agradará.
Tremendo desvarío generalizado, no sobrevive impune; todos
lo saben. Tras bambalinas los cortesanos hablan del desvarío y
simplemente dicen: no es momento, hay que esperar.
Los coherentes piensan: tantas pujas y desequilibrios dependen del
humor y la presencia "del único", que nada puede
refutarse como serio y sólido. Así no se construye un país. Así
se construye un momento, acaso una fotografía de la historia
que obligará a repensarlo todo.
¿Y si Kirchner no estuviera? -Me pregunto-. ¿Y si a Kirchner no
lo sucediera en la presidencia alguien con igual dominio
psicológico sobre la población y los agentes económicos? La
respuesta es que la burbuja kirchnerista nos estallaría en el
rostro.
En esta obra sainetesca que vemos, merecidos aplausos se llevan
personajes como la ministra de economía, el sindicalista Moyano y
su propia corte de genuflexos, "los gordos"
-desconcertados- que siguen engordando, los empresarios sin
dignidad prestos a subir al escenario hasta que todo reviente, los
legisladores sin ideas ni representatividad, el periodismo no
profesional que ha invadido los medios, los jueces a sobre-sueldo, gobernadores
e intendentes de la limosna..., y nosotros, el público;
porque siendo gratis el espectáculo, es caro.
Aceleradamente recorremos el camino a aquello que denominan
"dictaduras democráticas". Porque llegará el momento
que nada, absolutamente nada de este engranaje, podrá moverse sin
el previo beneplácito del presidente.
Sin embargo, este rey desnudo, no da para dictador. A menos,
claro, que acabada que será la caja y con ella la posibilidad de
comprarlo todo, se arriesgue a la represión u a otras formas de
infundir terror