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¿La economía mundial rumbo a la desaceleración?
Marcelo D. Ferrer (*)
01/09/2005
La Plata, Buenos Aires, Argentina.

No coincidimos con el diagnóstico de Mario Blejer en cuanto a que la economía mundial seguirá un rumbo creciente en los próximos años; creemos, más bien, que hay motivos para ser cautos. Es más, si alguien me preguntara por qué crece al ritmo actual la economía del mundo, me costaría hallar más de dos argumentos. Quizá la respuesta más utilizada sea: la baja tasa de interés y los altos precios de los productos básicos de exportación; pero esa respuesta encierra también la real fragilidad del momento.

Varias razones nos inducen a ese análisis; para ello hemos dividido al mundo en varias regiones que por su característica, coadyuvan en nuestro estudio de diferente forma:  1º La que representa Estados Unidos con su influencia inmediata: los países firmantes de tratados de libre comercio de América Latina, y los países del oriente cercano y medio en conflicto con la potencia; 2º América del sur; 3º Los países emergentes de Asia; 4º China (nos gustaría incluir en este apartado a India, pero el fenómeno China es, en sí, de propia magnitud); 5º La Comunidad Económica Europea; 6º El resto de los países sub desarrollados, en desarrollo y desarrollados, que por su escasa trascendencia económica o su neutra incidencia en el devenir de los acontecimientos, se encuentran al margen de la problemática.

I) Factores a tener en cuenta

Varios factores en común afectan el modelo; la crisis del petróleo en primer lugar... Pero los hay con la fuerza de cambiar hábitos en las estructuras económicas globales y particulares; e, incluso, como para forzar la dogmática de un capitalismo sin fronteras desde la caída del muro de Berlín. Incluimos en este punto la proyección económica China y su incidencia política en América del Sur y caribe. Sumamos a los dos factores anteriores la existencia de una guerra de la que es presa la mayor potencia económica y militar del mundo junto a sus aliados, y cuyo conflicto, por sus características irreductibles e irredimibles, hacen presumir su prolongación. A todo ello, sumemos además una economía mundial cuya estructura es esencialmente financiera, con su conservadurismo como característica saliente dadas las varias crisis que acontecieron en el mundo globalizado de los ochenta en adelante.

La economía es hoy un gigantesco tablero digitalizado con luces que se prenden y apagan conforme la selección que hace esa enorme masa financiera, que no juega precisamente a los dados. Las economías regionales van y vienen al son de una tasa de oportunidad. Pero si a este esquema le faltara algo, agreguemos, por si acaso, que el poder de las finanzas, exacerbado por las expectativas o preso de ellas, reside en la trastienda de la economía real, las empresas. Y es justamente en este punto donde el modelo encuentra su mayor debilidad dado las sombras que se proyectan sobre el consumo.

Gran parte de esta economía globalizada es virtual; hay un fenómeno todavía no conmensurado que hace a la aplicación de nuevas tecnologías que crece como la torre de Babel; cuya fragilidad, está a la vuelta de la esquina de la evolución del propio conocimiento. Esa economía "virtual" hoy mueve mercados que mañana podrían no existir. Es preciso que hagamos aquí una llamada a lo que se denominó "la crisis del 30", cuyas causas fueron debidas a otra forma de la economía virtual, pero que pudiera coincidir en consecuencias con la actual.

II) Esa división no caprichosa del mundo

El déficit paga

Ningún déficit es augurio de buenas noticias, a la larga, los déficit hacen pagar las consecuencias. Si lo sabremos nosotros los argentinos aunque nunca aprendamos.

Hasta hace unos años existía en el mundo una sola moneda hegemónica, el Dólar. Este escenario varió desde el advenimiento del Euro y tiende a consolidarse a pesar de algunos tropezones recientes. El dólar, pese a los esfuerzos de Greenspan, está siendo erosionado por el enorme déficit de los Estados Unidos, que lejos de resumirse, se expande al son de la crisis del petróleo y la guerra. Varios son los bancos centrales del mundo que han modificado sus posiciones de reservas; y varios también los que hacen esfuerzos denodados por sostener la paridad del Dólar. Esto último gracias a los superávit equivalentes en las economías de Japón, Asia, países productores de petróleo de oriente medio, y en menor medida, Europa.

A la larga los déficit hacen pagar las consecuencias. Lo más benigno que podría acontecerle a Estados Unidos sería que la reversión de su déficit presupuestario lo sumerja en recesión. No sería novedad para la economía de este coloso, porque existen antecedentes hacia finales del siglo pasado. Pero el enjuague de las cuentas fiscales estadounidenses no es gratuito para el mundo, por lo general se traduce en altas tasas de interés y retracción del consumo generalizado.

La crisis del petróleo es un fenómeno que se retroalimenta. A la ya de por sí característica limitada del recurso, debemos agregar las dificultades para su extracción, seriamente afectadas por la guerra. No es menor la incidencia del petróleo en la economía; y si su incidencia aún no se ve reflejada, es debido a los atenuantes (no gratuitos) que fuerzan los países y las empresas para no afectar el consumo de los bienes y servicios que producen. Pero no hay plazo que no venza ni deuda que no se pague. El corrimiento de los costos es un hecho a plazo definido, porque la situación no parece reversible; y, aún atenuándose, jamás el precio del barril ratonaría a los tiempos de la preguerra.

Guerra y petróleo, petróleo y guerra; son las dos caras de una misma moneda que afectan con riesgo serio la economía norteamericana, y por añadidura, la economía global. Lo peor que pudiera ocurrirle a Estados Unidos es que el mundo repudiara su moneda ante la expectativa de un curso de no retorno de ciertos acontecimientos; pero eso podría catalogarse de verniano dada la envergadura de su economía y las catastróficas consecuencias que acarrearía al mundo.

En un orden muy secundario se encuentran los países de América Latina con los cuales Estados Unidos ha firmado tratados de libre comercio, entre ellos México y Chile; no cabe duda que cualquier escenario que afecte la economía americana impactará sobre ellos de manera singular.

La nueva bipolaridad

Sea que nos guste o no, todo tiende al equilibrio. Anatómicamente el universo ha sido concebido en equilibrio. Sabía Einstein acerca de las consecuencias de forzar el desequilibrio de la naturaleza. De algún modo, de alguna forma, una masa similar a la que produce el desequilibrio, se gesta. ¿Es igual en la economía y en las relaciones humanas? El agregado de la razón en los seres humanos es un factor a tener en cuenta; porque ella, la razón, agrega un sentido no natural a las cosas, y hasta es capaz de cambiar la naturaleza misma de las cosas.  Pero supongamos, no obstante, que las fuerzas de la naturaleza pudieran ser más poderosas que el designio de la razón humana; para mejor, teniendo en cuenta que la razón humana no llega aún a su mayor apogeo.

La economía actual, más que globalizada, está corporizada. Hay serias deficiencias en el desarrollo económico del mundo que producen enormes desequilibrios sólo sostenidos por la fuerza. Sea que nos guste o no, el factor gravitante, es el capital; mucho más poderoso si este se asocia a la tecnología. Pero el capital por sí solo no hace la diferencia. Es el capital asociado a la política el que produce la diferencia. Y la política no es equitativa en cuanto a la distribución de la riqueza porque la gobierna la conducta más execrable de la razón humana: el ego. Hay un individualismo corporativo que maneja el recurso desequilibrante de entre los factores de la producción, que es el capital. Ello hace al mundo socialmente in equitativo; concientemente injusto.

No atina la razón humana con el hallazgo de un modelo, que a la vez equitativo en la distribución del bienestar, satisfaga el individualismo corporativo y sus ansias de superación. No lo es el neocomunismo Chino aún cuando esté brillando su estrella. Pero eso no importa en demasía. Aún con sus deficiencias, a la vista de los sectores reivindicativos proclives a un idealismo impráctico, China es la esperanza.

América latina es un enorme saco de pobreza; un área incongruente del mundo dada la vasta riqueza de su territorio. Cuestiones de idiosincrasia cultural más que de pecados imperiales. China es, para la marea izquierdista de la región, un eficaz argumento que disimula su ineficacia. Y no parará. Las reivindicaciones sociales, que se originan en la médula de los sectores más empobrecidos, no quieren más teorizaciones; pelearán por lograr su experiencia. Movimientos indigenistas como los de Bolivia y fenómenos como el piqueterismo en Argentina y Uruguay, son la muestra. A ellos sumemos el mesianismo totalitario de lideres como Chávez en Venezuela  o Castro en Cuba; y concientemente agrego el de Kirchner en mí país, aún cuando su andar sinuoso en la democrática, desoriente de tanto en tanto.

Si bien esta incipiente bipolaridad configura, por ahora, sólo una posibilidad, no hay que desestimar su incidencia en la política global actual y en el  cómo afecta la producción, oferta y consumo de bienes en la economía globalizada actual. El occidente mercantilista tiene serias dificultades a la hora de competir con este modelo que se sustenta en la misma miseria de la que parte. Ser potencia acarrea costos adicionales, y esas ventajas comparativas en lo tecnológico, que otrora eran abismales, ya no lo son tanto. 

Otra mancha al tigre

Y de vuelta el déficit. En este caso el de algunos países asiáticos que la crisis del petróleo afecta más. Adicionemos a ello cierta inflexibilidad en los tipos de cambio.

La caída en la cotización de la Rupia (por ejemplo) en los últimos días, avizora cuando menos la necesidad de dar media vuelta de timón: en el accionar y procederes de gobiernos; en la elegibilidad de los mercados por parte de los agentes financieros. Durante 2004, 323 mil millones de dólares fluyeron a las economías emergentes. La posible escalada de la tasa de interés como consecuencia de los altos déficit estadounidenses incrementarían el costo del financiamiento y provocarían una contracción en la liquidez mundial. Ambas situaciones pudieran conducir a la retracción económica. Pero si de verdad las expectativas respecto del alza del petróleo (U$ 100 el barril) se cumplieran, posiblemente nos encontraríamos ante las puertas de una crisis en esos países, con la consecuente caída en todos los mercados emergentes del mundo.

III) Las cuentas claras respecto del crecimiento mundial 

El motor del crecimiento mundial ha sido la expansión exportadora Norteamericana (por la depreciación del dólar), China y los países asiáticos, los países petrolíferos de oriente medio y Rusia, y ponderativamente en una menor escala, la incidencia de América Latina. Hay un freno en la expansión europea y japonesa.

Hemos explicado suficientemente los riesgos que enfrenta la economía americana y el cómo afecta ésta el desenvolvimiento de la economía global. China realiza esfuerzos para enfriar su crecimiento con tímidos ajustes del yuan; los países asiáticos son vulnerables al alza del petróleo y el alza de la tasa de interés; los países productores de crudo están al tope de la oferta posible; y América latina, de escasa incidencia en la economía globalizada, beneficiada por el alto precio de sus materias básicas exportables, se vería afectada por una contracción del consumo como consecuencia de los mayores costos energéticos y la baja de los rendimientos.

IV) Virtualidades

Las bajas tasas de interés ayudaron a disfumar ciertos límites del riesgo financiero. Por ello, el aumento en las cotizaciones de acciones de empresas y bonos, no guarda relación con la depreciación a escala del dólar y el desenvolvimiento real de la economía americana. La posibilidad de que algunos países de Asia modifiquen sus posiciones de reservas y diversifiquen sus tenencias, incide en la cotización del dólar proyectando negativamente los rendimientos, la cotización de las empresas, los valores inmobiliarios, y, en general, la riqueza de los consumidores, lo que afectaría la demanda.

V) Síntesis

No implica lo dicho más arriba cuestiones inminentes; enmarcan un riesgo cierto que las inversiones financieras conocen, y probablemente comiencen a anticipar, con la consecuente incidencia en la economía global.

 

(Se autoriza su difusión)

(*) MARCELO D. FERRER nació en la ciudad de La Plata, provincia de Buenos Aires, República Argentina. Es Contador Público y Licenciado en Economía; Escritor, Poeta y Ensayista. Es miembro y ha presidido diversas O.N.G. dedicadas a la educación y al servicio comunitario.
 
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