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Mímica de las Instituciones
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
28/10/2004.

Cartas a mi paìs: por Marcelo D. Ferrer 

A la luz del fallo de la Corte Suprema de Justicia de la República Argentina atinente a la pesificación, se hace preciso hacer una recopilación de acontecimientos que haga congruente ese hecho.
 
    Luego del golpe Institucional al Presidente Fernando De la Rúa  -impulsado por la "alianza" del propio radicalismo con las huestes del caudillo bonaerense Eduardo Duhalde, juntamente con la cúpula industrial-, la degradación de las Instituciones de la democracia fue una constante, y continúa. Algunos pasos salientes:
 
    Devaluación y pesificación asimétrica. Si bien el deterioro económico del país era grave, la devaluación fue la salida más desfavorable y traumática que se pudiera tomar. De inmediato, esta decisión, agravada por el modo burdo en que se llevó a cabo, elevó la pobreza a guarismos Haitianos. Siempre una devaluación perjudicó al asalariado y acentuó los privilegios de los mejor informados o más cercanos al poder. Esta, en especial, sirvió para licuar el descomunal déficit del Estado sin que el mismo sea achicado, y permitió la justificación de una demagógica función benéfica. En un aspecto subjetivo, fue una vendetta debida a Carlos Menem, que su otrora ex-vicepresidente, gozó profundamente. En el plano político, destruyó por completo el bipartidismo argentino permitiendo que los padres de la hiperinflación recibieran también su cuota reivindicativa. 
La pesificación asimétrica hizo trizas todos los contratos. El Estado, que debe regular la relación entre particulares y la de los particulares con el Estado y viceversa, generó un caos cuyo precedente es de difícil superación en el mundo. La ajurisdicidad de tal engendro, todavía continúa.
 
    Poderes delegados del Congreso Nacional: Si bien ya existían antecedentes, como nunca antes el Congreso claudicó sus deberes y funciones dando un poder absoluto al gobierno de Eduardo Duhalde, que aún es prorrogado año a año a su sucesor.
 
    Ataque a la Corte Suprema: El poder ejecutivo a cargo de Duhalde, en complicidad con algunos de sus secuaces venidos a legislador y otros que por módicas prebendas hicieron causa común, comenzaron a manipular la opinión pública, que por aquellos días pregonaba el: "que se vayan todos", y dinamizó un ataque persistente a algunos miembros de la Corte Suprema, acusados, principalmente, de: "La mayoría automática de Menem". Junto con la convertibilidad, la Corte Suprema era un bastión del menemismo al que se le debía vendetta. Pero la renovación del Máximo Tribunal Argentino, lejos de tener como fundamento la mejora de las Instituciones, tuvo, como fue una constante desde la inauguración de la democracia en 1983, un fin espureo. Aún hoy continúan las mismas prácticas.
 
    El piqueterismo: originado en genuinas demandas laborales en la provincia de Neuquén, continuó en la provincia de Jujuy y desde allí fue adoptado como herramienta política para producir saqueos y otros desmanes populares que pusieron en jaque a los gobiernos de Raúl Alfonsín en 1988, y al gobierno de Fernando De la Rúa en 2000. Paradójicamente, quien padeciera sus embates en 1988, los toleró dentro de la alianza Duhaldista para que cumplieran su cometido en 2000. La existencia de un sector en franco progreso -lo único que progresaba en el país- justificó un negocio político que todavía continúa: la compra de voluntades y la malversación de fondos públicos. Posteriormente, este sector de la vida reaccionaria, fue copado por la izquierda extrema y actualmente, por conveniencia, está siendo desalentado. No obstante, durante su existencia, sirvió bien a una especie de terrorismo alentado por los políticos y el Estado, que será, seguramente, materia de estudio de los historiadores.
 
    Sistema electoral: durante un tiempo nos movimos en la incertidumbre de "¿hasta cuando gobierna Duhalde?". De hecho, Duhalde se quería quedar. Pero ocurrió la masacre de Puente Pueyrredón y apresurado por el terror que este hecho le causó, cometió el error de prometer que llamaría a elecciones. Aunque Duhalde no siempre acató sus promesas, baste recordar aquella: "El que depositó dólares recibirá dólares... ", respecto de esta, la elevada disconformidad de la gente, las continuas marchas y las expectativas creadas, pudieron más. No obstante, no entregaría el poder; o al menos, esa sería la consigna. Manipuló fechas, leyes, candidatos, formas de elección y todo lo que tuvo a su alcance para poner en la presidencia a alguien que fuera su aliado. De hecho, las instituciones de la democracia en cuanto al acto central que constituye la elección de los gobernantes, fue, y sigue siendo, una parodia. En esta democracia muy imperfecta que ejercemos los argentinos, hay aparatos electorales financiados con fondos públicos, compra de votos -con fondos públicos-, leyes que aseguran la supremacía de los partidos políticos hegemónicos, sistemas de elección ineficaces que permiten con absoluto descaro la manipulación de los candidatos y hasta los escrutinios, etc., etc., etc. Quien asumió en 2003 como si fuera el principito de Saint Exúpery, mandó guardar, hace muy poco, todo proyecto que modifique esta situación; ergo, la reforma política, un hecho fundamental en la edificación de la democracia, no será.
 
    Las últimas novedades: tienen que ver con una nueva definición de gobierno republicano, en donde la división de poderes es ya cosa del pasado. Según las afirmaciones de Duhalde, que si fueran de un alumno del sexto grado resultaría aplazado, si fuera alumno de la facultad, bochado; y como ex-presidente cabría descolgarle el retrato: la virtuosa separación de poderes de la democracia, generaría un caos. Seguramente sabe el abogado Duhalde que nuestra Carta Magna consagra la inamovilidad de los jueces, o discontinúa el mandato de los congresistas, a fin de apuntalar la necesaria independencia de poderes cuyo objeto es evitar, justamente, lo que hoy sucede: que una mafia ocupe sitiales tanto en el poder ejecutivo como en el legislativo y el judicial, y esto genere un continuismo de complicidades que día tras día degrada más nuestras Instituciones. Seguramente, Duhalde, también se manifestaría en contra del rol de las minorías en un estado de derecho. Pero estas declaraciones del ex-presidente son consonantes con la actuación de algunos miembros del alto tribunal. La docta que se conformara hace muy poco con la incorporación de los propuestos -contra viento y marea- por el gobierno de Kirchner, es un ramillete de sorpresas -para el presidente, claro-. A lo a todas luces inexplicable, ellos le encontraron argumentos -de tremenda torpeza- que han dejado perplejas a las dos mitades de la biblioteca de doctrinas. El fallo a favor de la pesificación es una vergüenza jurídica que desacredita vertiginosamente a los miembros de la Corte que lo votaron. Es cierto que la decisión es compleja, pero no obstante no haberla resuelto con eficacia, este fallo genera para el futuro profunda inseguridad acerca de la cordura de la actual composición del tribunal y  degrada todavía más las Instituciones de la República.
 
    Lo que se viene:  hay poca o nada de vocación democrática en la facción que nos gobierna. Las tendencias hegemónicas a cualquier costo se siguen sucediendo y se nota un denodado esfuerzo por consolidarlas dado el tenue giro a la derecha que han sido capaces de dar, tan sólo para captar al sector más moderado de la sociedad, en vistas de las elecciones legislativas del próximo año. La gran duda es lo que sucederá después si es que ganan las elecciones por amplio margen; lo que sin duda podría ocurrir dada la abultada caja que manejan, y la escasa convicción que muestra la oposición.
 
    Lo dicho más arriba es un simple enunciado de cómo se viene demoliendo el edificio de las Instituciones democráticas; que terminará, de continuar, por desalentar esa conciencia cívica que tanto nos cuesta conseguir.


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