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Argentina complicada
Marcelo D. Ferrer
La Plata, Buenos Aires, Argentina.
11/05/2004

Contexto económico:
                                Los efectos -nunca saludables- de la devaluación (licuación de gastos, costos y deudas pesificadas) están llegando a su fin. Los precios relativos, luego de dos años y medio, tienden a armonizarse. Finalmente los valores de la mano de obra y con ella la del resto de los factores de la producción (capital, tierra y tecnología) están en franca relación con el nivel intelectual de las naciones. Se puede devaluar la moneda, aunque no la cultura. Dicho de otra manera, los ciclos de depreciación y apreciación de la cultura -lease educación- son más prolongados que los ciclos de la economía, aún en las más profundas crisis. En este contexto pos devaluatorio y default, el país se ha empequeñecido con la circunstancia agravante de que persisten aún las causas que desencadenaron la debacle de 2001: ineficacia, burocracia, corrupción, falta de transparencia electoral, carencia de planes y proyectos, falta de definiciones ideológicas, falta de claridad en las decisiones, desorden administrativo, inseguridad jurídica, subestimación a la autoridad, facilísimo, etc.. A ello debemos sumar los males añadidos: mas pobreza, desocupación, delincuencia, agudización del individualismo y del cuentapropismo; todo en un contexto de creciente malestar en una sociedad gravemente fragmentada y resentida.
                                   Estructuralmente las industrias están cercanas al límite de su capacidad instalada -otrora ociosa-; ampliar esa capacidad requiere inversión y el contexto no es el más propicio para hacerla. Si se hace insuficiente la oferta frente a la mayor demanda de bienes por efecto del incremento de los salarios y la expansión de la base monetaria como consecuencia de la emisión para sostener el valor del dólar en  torno a los tres pesos, habrá inflación -ya la hay-; por ende, mayor fragmentación social y pérdida de salario real. Con un diminuto mercado interno y carencia de expectativas para nuevas inversiones, Argentina depende del valor de sus commodities.
                                El escenario mundial ha variado. Si bien hace algo más de un lustro que el país ha dejado de ser elegible para la inversión extranjera, en los últimos dos años se ha beneficiado -vía retención a las exportaciones e ingreso de divisas- con el alto precio internacional de  sus materias exportables. La baja tasa de Interés en los mercados financieros apenas la rozó debido al default y a su inestabilidad política, pero el alza la perjudicará. Es preciso comprender que la principal potencia, motor de la economía mundial, se encuentra en guerra y que ésta se presume prolongada. En otro orden, Brasil, principal socio latinoamericano, avizora una crisis. Es probable que aquí en Argentina se realice un esfuerzo para mantener la competitividad comercial con el Brasil acompañando la depreciación del peso en orden a la que tenga a su vez el Real, lo que pudiera ser un grave error. En este punto, nos remitimos al párrafo referente a las perspectivas inflacionarias de nuestra economía.
                                Una incógnita es la severidad de la crisis que asole a Brasil. Inacio Lula Da Silva es un líder de origen proletario, ¿puede el capitalismo feroz permitirse el éxito político de éste líder del proletariado en un país que ostenta el octavo lugar en el ranking de las economías del mundo? Quizá decidan acotarlo con un riesgo país que orille los mil puntos hasta la finalización de su mandato.
                                Argentina es un país económicamente vulnerable, mucho más mientras no defina a la brevedad la situación de los bonos en default. Simplemente digamos que el fracaso en las negociaciones tiene y tendrá, en un futuro inmediato, serias consecuencias en el plano social. La oferta presentada en Dubai, teniendo en cuenta que de los 88.000 millones en default, algo más de la mitad (48.000) se encuentran en manos de bonistas extranjeros, implica un pago con espera de unos 12.000 millones (25% de 48.000), ¿Sería descabellado pensar que alguien que posea esa cifra al contado -incluso más- convenciera a los bonistas de no aceptar la oferta Argentina, para apresurar, con ese fracaso, los tiempos de la catarsis política que se desea para el país desde adentro y desde afuera? Hay países con importantes referentes financieros que están interesados en que se terminen en Argentina las mafias enquistadas en el poder. Si consideramos el trato que le ha dando la Argentina a los tenedores de la deuda, y si consideramos también los permanentes reclamos en cuanto a que se negocie de buena fe, pudiera no ser tan descabellado. No olvidemos que Argentina es un puntal en América Latina, con Chile no alcanza. Un gobierno debería sopesar todas las hipótesis; al fin y al cabo, está en juego el destino de 37 millones de almas.
                                El resto del panorama económico lo constituyen la crisis energética, la elevada presión tributaria sobre las empresas y los particulares, las exageradas imposiciones al empleo y la todavía inestable cadena de pagos, agudamente afectada por los embargos que emanan de los organismos de recaudación.
 
Contexto político:
                                El unipartidismo justicialista gobierna y ejerce la oposición. Kirchner está siendo aislado del partido y podría convertirse pronto en un paria con investidura. Felipe Solá, gobernador de la Provincia de Buenos Aires, es un ejemplo cercano. Ergo, retornarían las huestes Duhaldistas. El sueño de la izquierda revisionista llegaría a su fin. Como en la fábula del escorpión y la rana, Kirchner ha obedecido a su naturaleza y esto no se lo perdona el egocentrismo de Eduardo Duhalde. Lanzada que fue la disputa, Kirchner está obligado a confrontar, una tregua licuaría su autoridad. Sus mejores armas son sus delfines: Cristina Kirchner en la Provincia de Buenos Aires y Alberto Fernández en la Capital Federal. El problema es que los tiempos se han visto trastocados por la aparición del señor Blumberg que ha centrado las expectativas de la población en los aspectos acuciantes de la seguridad. Lanzar ahora esas candidaturas pudiera ser un grave error; incluso, teniendo en cuenta que el año electoral es el próximo. Seguramente lamentará Kirchner que aquel atolondrado acto de la ESMA haya precipitado la pelea con Duhalde y con el séquito de gobernadores obsecuentes a él. Si Kirchner perdiera la disputa, la incógnita es la manera en que entregue o resigne el poder. Las consecuencias de estas desavenencias en las altas esferas son la pérdida de tiempo. De continuar las pujas y las confrontaciones, Kirchner llegaría a la finalización de su mandato sin haber realizado los cambios que el país tanto necesita, se alargaría así la postración y la claudicación de las ambiciones; sin ambición no hay progreso. Pero el agravante lo constituye la dilución del poder y la pérdida de autoridad... el no saber o comprender a cual horizonte estamos apuntando. Un gobierno debiera encausarse en pos de un proyecto que construya en la  población una marco tangible de realizaciones que generen sus expectativas. Aún cuando el proyecto no estuviere bendecido en origen por un consenso mayoritario -tanto mejor si lo fuera-, los verdaderos estadistas explicitan  los matices y alcances de sus planes a fin de que la sociedad, imbuida de ellos, los acompañe. Esto no está ocurriendo con este gobierno y el país vive el día a día sin gestar planes... inmerso en una gran impredicibilidad.
 
Contexto Internacional:
                                   El país sufre una crisis de credibilidad, el mundo descree del justicialismo, y en general, de todos los políticos que surjan avalando un sistema de elección viciado y corrompido. El mundo espera el gran cambio: un sistema renovado del ejercicio de la política y más democracia... real, democracia. Cambiar el concepto de una nación en el contexto internacional conlleva muchos años. Enmendar el descrédito que posee la argentina de hoy implica, en principio, ese cambio político tan necesario. Metafóricamente, si es que el tallo permanece saludable, será preciso cortar las ramas secas y enfermas, y ponerle nutriente a las raíces, recién cuando aparezcan nuevas ramas y hojas y frutos, se verá si ha habido un cambio. El mundo desarrollado, con su bagaje de inversiones -imprescindibles para el progreso que trae el desarrollo- priorizan ese cambio; incluso, antes que una solución a la problemática de la deuda. Aunque ambas cosas parezcan concurrentes, van por carriles separados. Si el cambio en lo sustancial se produce, esto es: en el ejercicio de la política y sus viciados métodos, los gobiernos estarían más dispuestos a ayudarnos con relación a la crisis de la deuda. Toda negociación que realice este gobierno, que ha sumado a su descrédito de origen la beligerancia, el mal trato y la descalificación, será traumática y onerosa; no es preciso aclarar que internacionalmente, los costos no son exclusivamente dinero y que algunos de esos costos ya los estamos pagando.
 
Contexto social:
                                La muerte de Axel Blumberg modificó sustancialmente el escenario social. Luego de miles de muertos a manos de la delincuencia, Axel Blumberg se constituyó en la gota que derramó el vaso. Debido a su muerte, el gobierno perdió la iniciativa viéndose obligado a actuar anunciando un vasto plan de lucha contra la inseguridad. La sociedad, entonces, extendió el plazo para ver y disfrutar de las soluciones que ofreció el gobierno. Pero este plazo requiere resultados a la brevedad, de aparecer otro Axel Blumberg antes de que se perciba que el rumbo es el correcto, las consecuencias pudieran ser impredecibles. Hay agotamiento en la gente, y la imagen y sentimiento que despertó el Padre del joven asesinado, la concurrencia multitudinaria a las marchas y los millones de firmas recolectadas (incluso más que la cantidad de votos que obtuvo el propio Kirchner para acceder a la presidencia) son una muestra, no sólo del deseo de un cambio, si no, de la necesidad de creer en algo limpio y nacido del corazón mismo de la sociedad. El hastío que generó la hipocresía de los gobernantes, la impunidad y el abuso de prebendas en el ejercicio del poder, ha llegado a niveles insostenibles. El consenso generalizado es que gobierna la ineptitud, el oportunismo y la improvisación. Los pueblos maduran sus procesos hasta que un día, por alguna razón, estallan... El caso Blumberg, aunque al extremo penoso, quizá contribuya a que ese estallido sea reflexivo y en unidad de pensamientos y objetivos. Gráficamente, la sociedad toda estaba cayendo como por un embudo y era inevitable, más tarde, o más temprano, esa presencia masiva reclamando acciones conducentes del gobierno. Pero el proceso no se agota en el reclamo de mayor seguridad, las demandas incluyen racionalidad, decencia, condena a los responsables de la corrupción, etc., etc., etc.. Como decíamos, los procesos de maduración de las crisis que cambian la historia son prolongados; este, recién comienza.

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