MARCELO D. FERRER

Cartas a mi país

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AL SEÑOR EX PRESIDENTE 
EDUARDO DUHALDE

¿Cuánto cree que nos ha costado su alter ego?
Usted debía llegar a la presidencia de la Nación, es por eso que pactó con (Raúl) Alfonsín la caída de De La Rúa.

Al retirarse de la gobernación de la Provincia luego de dilapidar los cuantiosos fondos que le fueran dados como "reparación" (?) del conurbano, unos 600 millones de dólares por año; de dejar en estado de insolvencia al Banco de la Provincia Buenos Aires a partir del inescrupuloso otorgamiento de préstamos a sus amigos y cómplices empresarios, préstamos cuya pérdida ha asumido la provincia y que pagaremos nosotros, unos 2.000 millones de dólares; de dejar las finanzas provinciales con un rojo del orden de los 4.200 millones de dólares; de dejarnos una calamitosa reforma judicial que paralizó miles de juicios y liberó a cientos de criminales; de dejarnos una policía provincial de las más corrompidas del mundo; de haber construido fachadas de establecimientos escolares pero que no podrían llamarse escuelas en ningún país civilizado; de haber usufructuado del poder para organizar un "aparato" eleccionario que financió y aún financia con fondos del estado, nuestro dinero; de habernos dejado en su reemplazo a quien cuidaría sus espaldas con tanta inescrupulosidad que organizó e incentivó las puebladas que preludiaron el fatídico 20 de diciembre de 2001 con más de 20 muertos y preparó el escenario para su caricaturesca llegada como salvador de la patria. El mismo al que luego usted nombró Ministro de Relaciones Exteriores sucediéndose a partir de esa gestión innumerables y bochornosos actos de incoherencia como el voto de abstención a Cuba por los derechos humanos...: finalmente, señor Duhalde, usted llegó a la presidencia de la Nación. Pero aún sentado en el sillón de Rivadavia su alter ego no se satisfizo. Poniendo como excusa las gestiones anteriores, como si usted no hubiera participado jamás en ninguna de ellas, pero en realidad pensando en revanchas políticas debidas a Menem, devaluó el peso frente al dólar.  La devaluación fue una solución a la medida de su conveniencia. Está claro que no iba a ser usted un damnificado de ella, pero con ella, usted licuó los gastos del estado y hasta obtuvo excedentes para regalar limosna y amilanar el descontento de los más irracionales. De paso, les compró la dignidad y los hizo depender de su indulgencia. 
Hasta que le dio miedo cuando los sucesos del Puente Pueyrredón, donde se enfrentaron los excrementos de sus políticas 
-policías corruptos y marginados en protesta-. 
Usted devaluó el peso y la dignidad. Lo hizo de la manera más insensata e inoportuna... pero su ego y su resentimiento fue más imperioso. En lugar de producir economías en el presupuesto del Estado Nacional e inducir a cada Estado Provincial a lo propio -que de seguro le hubiera insumido tener que desprenderse de sus punteros políticos y desmantelar lo que aún hoy es un costosísimo "aparato político" que todavía gana elecciones- prefirió empobrecer a 37 millones de argentinos, violar cuanto contrato existiera en la nación, quebrar el honor del Congreso que tres meses antes había sancionado una ley de intangibilidad de depósitos; y  mancillar la poca honra que aún le restaba al país.
¿Cuanto cree que costó su ego y lo que usted mismo denominó:  
"un ajedrez político en el que todo vale"?
¿Señor Duhalde en verdad cree que la historia será con usted tan ilusa?
Desde los sucesos que desencadenaron la caída de De La Rua, millones de argentinos viven un calvario... la muerte y la pérdida de la dignidad fue y aún es el factor común. Desde suicidios, hasta muerte de ancianos por falta de la debida atención, crímenes por desatar el resentimiento político, muertes a manos de la delincuencia incentivada por la propia delincuencia en el gobierno de usted... hijos sin sus padres y padres sin sus hijos, pérdidas irrecuperables de patrimonios y empresas; marginación y limosna, etc., etc., etc..
Seguramente su vanidad aún demanda un bronce y quizá sus amigos finalmente se lo hagan... Terminará arrumbado en algún sótano y repudiado por el juicio inapelable de la historia.
Me basta con saber que usted ... ¡usted sabe! Y que diezmada que finalmente será su corte de aduladores, un día se encontrará consigo mismo.
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