Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER

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AMIGOS POETAS: Fuensanta González

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Poesías

 

Lo que los zumbidos del árbol me revelaron

 

¿Cuánto tiempo pasé sin ti?

no lo se, no lo sabré porque aún es así,

pero me dijo el ruiseñor

que el gran árbol cantó

plegarias para tus oídos, tu boca, y tu raíz.

Dijo que escuchaste ese zumbido tan nuevo

para tus años,

elevar la inocencia de tu vivir,

esa belleza de saberte feliz, siendo,

escuchando la paz y el amor en todo

a pesar de los consejos de desistir

de ser otro, otro árbol, no tú en ti.

 

¿Quién puede dañar tu mirada

que daña la mía?

¡cualquiera!

¿Desde dónde viene ese motivo

de ultrajar tu camino, que me evado,

me sigo, y después, para bien me contagio?

¿de dónde árbol de vida de arboleda

de la que todos hacemos moralejas?

¡de tantos!

cualquier resto que no te sabe la veta

con que fuiste creado por los cielos

¡sí! directo, directo del propio paraíso.

 

Y te celan, te envidian

verte crecer alma

más alma de tierra en sideral espacio

 - unidos en ese encanto -

encanto verde, cáliz siempre verde de vida

a donde tu gracia condona un morado

de la aurora boreal que te hace aura,

contorno extenso de tu cuerpo,

¡árbol - semilla!

¡No! ¡no nos tomes en cuenta iluminado!

que las sombras talar pueden tus cantos,

tus ramas, tus áureos suspiros.

 

Esos gemidos, dentro tu tronco, 

que hacen resinas doradas de cada pira

que lloras, en geométricas formas,

caprichosas, ¡hermosas!

sudándolas, al exterior, en ámbares dorados

que amarán otros amantes, luego,

cuando pasados los siglos de los siglos

del Carpio o de Chiapas

a la orilla del mar,

con otros dictados,

 - del corazón unidos -

dos seres supra humanos, reúnan en sincronía

perfecta, una de tus lágrimas resinas,

la más dorada, para sellar su vehemencia al cosmos.

 

¡Ay árbol! te modularé un zumbido

que de a poco, se convierta en melodía

para regalarte todos los olimpos

limpios, más limpios que este descuido

de no verte cuando verdecías

de no adosarme a tu tronco

de no notarte cuando te sentía

que estabas tan cerca, pero no me asía,

ni para leerte, en arrullo, un capítulo

de un libro que te hubiera gustado

como gustas estar todavía,

sigiloso, por las avenidas.

 

Como nadie cree, ¡se!, andas piso – vuelo,

etéreo, remontando sobre todos los medios

los miedos de otros, sus desvaríos

sus humanidades y sus giros.

Pero ya el ruiseñor anuncia tu enaltecida,

aprendió de tu inicial zumbido,

susurro al que le nacieron caminos

como ramas ancestrales, de amor fijas

al pasar, declinando las envestidas

aún propias – pesadas -pasadas –

y entonces, ¡lo se!, siempre he estado

en tu clámide follaje de serte amando.

 

Fuensanta González®

a 6 de Junio de 2006

 

 

 

Lapsus calami

"Tengo miedo de escribir, es tan peligroso. Quien lo ha intentado, lo sabe. Peligro de revolver en lo oculto - y el mundo no va a la deriva, está oculto en sus raíces sumergidas en las profundidades del mar. Para escribir tengo que colocarme en el vacío."

Clarice Lispector

 Preámbulo

 

Me siento en la cama, frente al espejo,

estoy sola con mi cuerpo desnudo

haciendo nada, estoy,

busco fuego,

enciendo un cigarrillo,

despacio lo fumo

tiro cada polvillo

a un lado, sobre el buró,

en el cenicero que quiere los humos

- boca abierta a lo espeso -

confunde lo etéreo,

polvo eres, olvidó que sólo

es polvo- vidrio

¡insensato!.

 

I

 

Igual, es así, mi cuerpo entero

treinta y más años, más viejo

que aquél día en que el vestido nuevo

me extirpó los sueños

de la niña que era afuera, como

hoy sigue dentro

 - sangrías y lamentos -

 

Fue un sábado de septiembre negro

lluvia afuera, lluvia adentro

abandonar los juegos

abonar los sortilegios

los amores que esperarían luego,

los que no vi, los que se me vedaron

los que correspondí, los que me cegaron

los que nunca me vieron y me dañaron

aún, hasta este día, en que este junio

- de mis amores por natalicios -

me ultiman las huellas de lo no andado

como a veces, de aquel zarpazo

por no haberle nadie detenido,

evitado – nulificado - abolido

y allí quedó, sin castigo,

como el mal olvido.

 

II

 

Sin llantos ni evasivos,

hoy, me veo entera y me pregunto

¿cómo he podido llegar hasta este tiempo?

¿cómo me he cicatrizado?

¿cómo me he negado

a hacerme más garbos?

 

Y ahí estoy,

mirando mi cuerpo,

sin las castidades innatas, sin miedo,

con mi lado cerebral masculino, analizo,

- crítica visión, revisión -

y encuentro, uno que otro surco

un robustecer los daños

como los domingos,

apropiándoselos por si días descalzos;

bien, ¡ni cómo negarlos!

 

Y sigo con el escrutinio,

¡pobre espejo!

pechos caídos, ¡no tanto!

tampoco me atañe, si así los amo,

son los mismos colegas que alabo

por serme fieles, aunque mis esquivos

deseos de saciarlos cuando…

¡ay! persiste mi lado femenino

mejor, ya no sigo detallando

que este instinto

de defensa por indefensa, me da fastidio

 

Ínterin

 

¡Viene! Un suspiro largo

profundo, cansado,

esto de serme juez calificador

de mí misma, es el extremo

de todos los fallos concedidos

 - sin venias a mis espantos -

de otros ruedos y lazos.

Al margen: y retomo, formal, acaso.

 

III

 

Me apena, que recién hoy

frente a este espejo sin tiempo,

mi tiempo, llega desfasado

para decirme que he perdido

tanto, ¡tanto encanto!

por no encantarme cuando fue perfecto

de no desatarlo en otros tactos

más que el de él, y nuestro aniversario

- único él que lo ha recorrido -

única yo, que hago credos,

a pesar de todos los deseos

que podían bordarme el camino.

 

IV

 

No salté nunca a otro dialecto

- dialecto de cuerpos -

me quedé aquí, sabiendo,

que podía estar bajo cualquier otro lecho

cualquier otro techo, abajo,

¡vaya! ¡hasta en los tintes de un lienzo!

o de otro sustento sujeto

o sujeto a otro sujeto-sustento

mi cuerpo, pero este no ha cambiado

no se ha sublevado, del todo,

es sólo el final de un decálogo

que me esconde de los fueros,

lo que perturban estos escritos.

 

 

Final

 

Y, a veces, me sueño,

¡sí!, me sueño

en otros imperios

lejos, muy lejos

¡ay! ¡mi cuerpo!,

mi alma cuerpo

de Hera pegada a Narciso.

 

Fuensanta González®

a 9 de Junio de 2006

 

* El lapsus calami hace referencia al término latino calamus que significa "caña" y se emplea cuando el error se ha producido al escribir. Sigmund Freud los consideró actos fallidos, es decir, deseos inconscientes. Por ej. "Elegía en el cementerio: 'Estamos aquí para despertar a Fulano', en vez de para "despedir" a Fulano.

 *Los lapsus cálami se producen por la superposición de dos ideas, la que habíamos elaborado que actúa casi inconscientemente y aquella que viene a ocupar el centro de la conciencia. Toda falla de esta índole indica la dificultad de adaptarse a las circunstancias del momento y puede representar en términos generales un anhelo, un deseo enfrentado a un temor, es decir un estado de ambivalencia aguda, (Honroth). Grafología e inteligencia emocional.

 

 

Mirada ahogada

 

Cuando el tiempo calla,

la palabra musita

entre las sábanas frías

una blasfemia

un amor que transita

el miedo a la vaga

noticia de la felicidad,

a donde las llagas

-  tendidas en las mareas –

se esperan solventar.

Y se aprestan las tramas

a devorar cuanto oscilan

los corazones que andan

en andares de zozobras.

 

Queda la soledad llana

sin merecidas firmas

de un haber en las entrañas,

que, al calce, finiquitaran

el infinito de las falacias

con que juegan las granas

de todas las formas

concebidas por las fallas

de no decir nada

o decir en demasía,

como hace cualquiera

cuando se divaga en la ineficacia

de atinar el trino de maestría

en el amor, por el amor, hecho tonada.

 

Dijo poco, dije nada,

maldijo adentro, maldije afuera,

y entre las piras de la fiera

que se nos escondían,

nos lloramos, ya vencidos, ese día

de la nada como cisura,

después de bordear el tálamo osadía

con los cuerpos cubiertos de idolatrías,

no besó, no besé la orilla

no lanzó, no lancé la mordida,

dijimos todo con las miradas ¡nada!

hicimos del acto del amor una letanía

de todas las letras merecidas, ya caídas

en la soledad del alma peregrina.

 

Y se fue, y me quedé abierta,

- mariposa al vuelo presta -

prestancia de la madrugada

colgada del cuerno de la luna,

que la cobija, la combina,

como ala que diera, de vuelta,

un aroma que versé en mil poemas

esperando a ser ungido en la aurora

el día preñado de la soledad rota,

despejada, acometida a la garganta,

y no, no abordó nada, nada,

aunque esperé tres vidas

pasadas por la palabra,

siglos tras siglos, estampadas.

 

 

Hoy, como nunca,

se va, se va, se va,

como nunca llega

- como nunca llegará -

sin decir a penas

una fija mirada

- mirada ahogada -

¡Ojos de la inmortal llaga!

 Fuensanta González®
a 16 de junio de 2006


Fuensanta González

 

Semblanza de Fuensanta González

 Nací el 29 de junio de 1959 en Monterrey, Nuevo León, México, a donde haora radico. Tercera y última hija del matrimonio de mis padres, me fue elegido el nombre de Fuensanta, registrándome, entonces, como Fuensanta González Cuéllar. La familia y los afectos me llaman Fuen.

 Estudié la pre- primaria, primaria y secundaria en una escuela pública de esta ciudad, el Centro Escolar Dr. Jaime Torres Bodet 1963 -1974; los demás estudios los realicé en universidades privadas, la preparatoria en el ITESM (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey) 1974 - 1976; y finalmente la carrera de Licenciado en Derecho en la Facultad de Derecho y Ciencias Jurídicas de la UdeM (Universidad de Monterrey) 1976 – 1980.

En 1984 contraigo matrimonio, en agosto de 1992 llega mi hija Victoria Aydée, quien es, no la niña de mis ojos, si no, mis ojos todos.

Existen muchas cosas que me apasionan, esbozo algunas: la primera es amar por amar; luego, el ser humano y ese laberinto de emociones e ideas que es, en este sentido, adoro a los niños como a los adultos mayores y su sabiduría; el cine, la lectura, la música, la fotografía y las artes gráficas (para las que no nací); los estudios de metafísica en los que poseo tiempo levitando y pisando, preparándome para el logro de mi finalidad más importante: el equilibrio. 

  Para Marcelo, a ti, te dejo en el éter mi abrazo más cariñoso, unido a una gratitud inmensa como eterna. Jamás olvido tus palabras primeras de volar a mi manera en este oficio, palabras que se convirtieron en mi dogma/amuleto, el apoyo que nunca se me escapó aunque no parecía presente, fue presente perenne. Muy honrada, aquí estoy.

 Fuen

 Monterrey, Nuevo León
México
a 18 de Junio de 2006

Dirección electrónica del poeta
 [email protected]

 

 

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