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Sitio oficial del escritor argentino: MARCELO D. FERRER |
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AMIGOS POETAS: Gabriel Impaglione |
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Cuánto vale el niño de la esquina del banco?
Vale los depósitos de la Shell de esta mañana? Vale la limosna que el domingo dejaron los turistas del umbral del cielo? Vale todo lo que hoy no vendió la Oil Company? Vale las cuarenta cartucheras, las treinta mil vainas servidas, las cincuenta bayonetas traficadas? Vale el diezmo, la coima, el descuento especial por pago al contado? Vale un diamante o un corcho quemado? Cuanto vale ese niño señor Presidente? Vale un asiento vacante en el protocolo? Vale una dura carta del Fondo? Vale un bloqueo, una demanda, un puño alzando su amenaza de cartón pintado? Y si así fuera amenaza de misil llegando, vale ese niño la dignidad de
su guiso? Cuánto vale ese niño de la camiseta rasgada de potrero y miseria? Vale un contrato por doce goles anuales? Vale lo que un cartel televisado? Vale un pago por desarraigo o una jubilación de privilegio? Cuánto vale ese niño de la esquina del banco? Cuánto, que los carroñeros merodean con una bolsa en la mano!
Tu nombre, dulce Perito en Lunas,
urgencia de Rosa de los Versos deseo de guitarras en el viento. Cuando a Federico le arrancaron
la boca, le fusilaron el corazón de luz, desalaron su alondra enamorada, tú, Miguel, trepado a los andamios venías a coronar el canto de los hombres. Tú entre nosotros poema enarbolado. Ay Pablo, Vicente, Rafael, Josefina... dónde ha ido? Nunca tan joven se muere un poeta. En su canto, puño de brote incesante, multiplicaba la luz y la rosa en medio del salitre. Te necesitamos, que cercados por masacres, mordeduras del odio y de la infamia nos falta la palabra. Ay compañero no pudo la cárcel con tu boca alada, con tu corazón de pájaros, no pudo con tu aurora abecedaria! No es en Alicante donde yaces. No yaces Miguel. Ahora lates riendo con tus hermanos Fenoll y Sijé, reviviendo tahonas y cuartillas, multiplicando el rumor de las lecturas y a la misma hora desandando silbos en calles y praderas, altas madreselvas, soliloquios lunares, infantiles risas trepadas a los árboles. Y corres como viento del pueblo y acechando en su corriente cantas. Hombre que acecha muertes y otros imposibles. No yaces Miguel. No yaces, en los pueblos vibran tus tañidos llamando a las herramientas del alma. Aquí, ahora, relámpago incesante, ensanchas el aire en las gargantas. Llevas de una boca a la otra las palabras como un rojo rebaño de solar sustancia. De "Celebración de Miguel Hernández, y otros
poemas", poesía, inédito. Niño Bandera Ese niño el de la sonrisa de cometa, el que lleva hasta lo hondo del mundo las preguntas tintineando como piedras preciosas. Ese niño que tirita que espera que se muerde los labios y mira de reojo y habla por lo bajo. Ese que ahora se estira sobre la fila para mirar un pájaro. El que lleva los pies con zapatos prestados. El que escribe despacio para estirar la mañana junto a una estufa. El que se llama Nada y usa lo gastado. El que sale en el carro porque la basura no tiene desperdicio. Ese niño sin rey mago bajo los colores de la esperanza, el que ahora se relame porque dijeron almuerzo. El que ahora ríe porque dijeron almuerzo, el que ahora suspira porque llevará una olla a la casa. Quiero a ese niño para este poema. Para esta aurora que tarda y no debiera. Para esta urgencia de panes que me gana. Quiero a ese niño para el canto que todavía brota como un rumor lejano desde el centro de la tierra. Ese niño el de la cicatriz en el alma, el de las alitas entablilladas por algún de vez en cuando, el de la pelota a veces porque la rutina lo arrastra al último minuto de timbre en timbre. Quiero a ese niño para este poema, para esta voz de alerta que ya es pedido de socorro. Quiero a ese niño el de las piernitas flacas bajo el pantalón cosido con hilo amarillo. Lo quiero para esta bandera que ondeará victoriosa frente a los mármoles del Fondo. Ese niño el del dientecito que falta, el de las manos apretadas contra el hambre que hostiga, el de los saltitos porque hace frío. Quiero ese niño para este poema, para esta delegación argentina a las Naciones Unidas, para esta comitiva oficial al Banco Mundial, para esta visita protocolar a Su Señoría Imperial. Ese niño lo quiero para que diga todo lo que se necesita decir sin abrir la boca sin siquiera buen día. Para que los pájaros azules de sus ojos negros llenen los salones de preguntas. Para que las ilustrísimas honorabilidades no puedan sino mirarse entre sí frunciendo la nariz. Para que a alguien se le mueva un pelo de indignación o lo que sea. Ese niño, el de los puños de lana raída, el del noséseñoritaporquemedolíalacabeza. Ese niño quiero para este poema, para esta campana de indignado basta, para esta bandera universal y terminante: Un niño con hambre es el futuro roto.
del Letrario de Utópolis, Linajes Editores, México, 2004.
Viniste con tus labios a mirar mi
vida Viniste con tus labios a mirar mi vida y en su mediodía traías un caballo rojo. También ramillos de viento cereal, espirales de nácar, tréboles de ocho hojas. Yo no lo sabía. Me traías contigo. Llegabas a entregar lo que habías encontrado. A dejar en mi casa lo que te dio el camino. Todo lo que a tus manos se rendía. Contigo pude verme en el espejo de las horas. Ya latían en mi boca los besos que nos dimos.
Gabriel Impaglione, Letrario de Utópolis,
Linajes Editores-México- 2004.
Besarte hasta callar de pronto la noche Besarte hasta callar de pronto la noche encendida en su jazmín rodante. Hasta dolernos los huesos de deseo, hasta no ser sino una inmensa gota de luz que te rodea. Besarte hasta hacerle un hueco al planeta por donde una mansa corriente llene de pinceles lo oscuro del siglo. Besarte hasta quedar sólo conmigo dormido en lo profundo de tu nombre.
Gabriel Impaglione, Letrario de Utópolis,
Linajes Editores-México- 2004.
Toda luz venías entre las palabras Detengo en estas manos que saben de tu pelo en esta boca mía que repite tu nombre la hora que callando te trajo como un día. Ay toda luz llegabas a la casa en la niebla. Toda luz acercabas el aire y sus guitarras. Eras claridad rompiendo la penumbra, el acecho carnívoro de las sombras graves. Toda luz venías llamando a las palabras. Me quedo en el manso instante de tu nombre, en su valle rodeado de rotas soledades partidas por la espada de tus ojos profundos. En esa hora detengo mi vida y sus caballos. En ese palmo de siglo de tu estatura. Ay toda luz para encontrarnos en la tierra.
Gabriel Impaglione, Letrario de Utópolis,
Linajes Editores-México- 2004.
Poeta que alza su puño en la noche Qué, la mano en alto del poeta, hundida en la noche desolada? Mástil de qué bandera que no es vista sino por el corazón de los fantasmas? Espada persiguiendo qué victoria? Jura de lealtad a los astros que ruedan en el brillo de insignias extraviadas? Desgarrado pedido de socorro a la luna? Imán para atrapar palabras sin rumbo? Señuelo para cazar relámpagos y repartir luego su eléctrico espiral de añil entre los soliloquios? Qué la mano en alto del poeta hundida en la noche desolada?
Gabriel Impaglione, Letrario de Utópolis,
Linajes Editores-México- 2004.
Sus seis toros refulgentes Sus seis toros refulgentes embisten cada sombra de pan, cada insomnio que se mueve. Toda reunión de almuerzo es una calle de cornamentas, de filos carnívoros, de enloquecida huída. Jugar con las metálicas bestias de la hambruna en las calles polvorientas, a orillas del río de ácido, bajo el basural o la agonía de cada ayuno que no muere, es un oficio obligatorio. Los niños de San Fermín en su obstinación de plata, dibujan sonrisas en el aire sin saber dónde, sin tener por qué, incluso, cuando punza el hambre.
Gabriel Impaglione, Letrario de Utópolis,
Linajes Editores-México- 2004.
Futuro posible Descalzarse hundido en la memoria. Enterrarse hasta que duela cada hora. Es urgente recuperar la boca, el aliento, los días de canto, de manos y de hombría. Encontrar cada herramienta necesaria. Hay que echarse a la cima del planeta para incendiarle el cielo al nosepuede. Urge abajo alumbrar los nacimientos.
Gabriel Impaglione, Letrario de Utópolis,
Linajes Editores-México- 2004.
Gabriel Impaglione
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