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Mensaje del 25 de diciembre de 2004 "�Queridos hijos! Con gran alegr�a tambi�n hoy les traigo en brazos a mi Hijo Jes�s, quien los bendice y los invita a la paz. Oren hijitos y sean testigos valerosos de la Buena Nueva en cada situaci�n. Solamente as�, Dios los bendecir� y les dar� todo lo que le pidan con fe: Yo estoy con cada uno de ustedes hasta que el Alt�simo me lo permita. Intercedo por cada uno de ustedes con gan amor. �Gracias por haber respondido a mi llamado!" 12/2004
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Reflexiones al Mensaje
LES TRAIGO A MI HIJO JESUS
Mar�a est� alegre porque viene a nosotros de la alegr�a, de la gloria, de
la Patria celestial a la que a�n debemos llegar. Por eso se aparece y
desea que tambi�n nosotros podamos llegar a donde est� Ella. Su deseo
maternal de que lleguemos a donde est� Ella es tan grande como la alegr�a
que lleva en su coraz�n. Como en el primer d�a de la aparici�n, el 24 de
junio de 1981, tambi�n hoy lleva en sus brazos a su Hijo y a nuestro
Salvador Jes�s. En sus brazos y en su coraz�n lleva a Dios, nos lo da y
nos conduce a El. La Madre Mar�a desea que tambi�n nosotros podamos
escuchar y acatar las palabras del Angel a los pastores: "No teman, porque
les traigo una buena noticia, una gran alegr�a para todo el pueblo: Hoy,
en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mes�as, el
Se�or" (Lc 2,10-11). Naci� el Salvador del mundo para ti y para m�, para
cada hombre. Dios naci� a fin de que todos los que reciben, recibieran el
poder de llegar a ser hijos de Dios (cfr. Jn 1,12).
Jes�s es una persona �nica en la historia de la humanidad, del g�nero
humano. Solamente por el hecho de que El ha existido, porque ha vivido, no
tenemos derecho a desesperarnos, cualesquiera sea la cruz, la enfermedad y
el sufrimiento que recaigan en nosotros.
“Porque tanto am� Dios al mundo que dio a su Hijo �nico, para que todo el
que crea en �l no perezca, sino que tenga vida eterna.’ (Jn 3,16). Dios ha
dado a su hijo Jes�s para salvarnos, a ti y a m�. Dios am� de tal forma al
hombre que dese� tambi�n hacerse hombre y asumir su vida, sus dolores y la
muerte misma para finalmente vencerla.
Nosotros celebramos la Navidad, el cumplea�os de Jes�s. Es un d�a de
alegr�a y bendici�n para esta Tierra, para toda la humanidad. A partir de
su venida ya nada es igual en la historia de la humanidad.
“El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que viv�an en
tierra de sombras, una luz brill� sobre ellos.’ (Is 9,1). Tambi�n nosotros
podemos salir de nuestra oscuridad, de las enfermedades y del miedo porque
Dios ha venido a nuestra oscuridad, a nuestros pecados y enfermedades para
destruir todo eso en nosotros.
El nacimiento de Jes�s no fue placentero ni id�lico. Naci� en un pesebre
entre animales, “porque no hab�a lugar para ellos en el albergue’ (Lc
2,7). El establo es un lugar en que viven los animales. Es un �rea que
preferir�amos esconder de nosotros y de la gente. Nos avergonzamos porque
es un lugar que no est� limpio ni huele bien. Tambi�n hoy desea nacer en
el pesebre de nuestro coraz�n en el que todo no est� perfumado ni
ordenado. Pero Jes�s desea venir a nuestro coraz�n, a nuestro coraz�n para
iluminar todo con su bendici�n, con El mismo.
Ese y tal Dios, la Madre Mar�a desea tambi�n hoy traernos y darnos.
Tambi�n nosotros podemos unirnos a Jes�s, porque El est� en nosotros. En
nosotros existe la posibilidad de llegar a ser por la fe en El tambi�n
omnipotentes porque El es el Todopoderoso y el Alt�simo. Entonces podremos
convertirnos en testigos valerosos de la presencia y la omnipotencia de
Dios en esta Tierra, en las situaciones y circunstancias en que vivimos.
La Madre est� con nosotros y con Ella nos sentimos seguros. Estamos bajo
su protecci�n e intercesi�n. Hagamos todo lo que est� de nuestra parte por
estar d�a tras d�a cada vez m�s cerca de los corazones de Jes�s y de
Mar�a. Permitamos a Ella que nos tome de la mano y nos conduzca a la paz
que Dios da.
Fr. Ljubo Kurtovic
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