La miseria interior, la gran invasora
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El tercer trabajo del paulista Beto Brant es el más elogiado de su
país después de "Ciudad de Dios"
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SAN
PABLO.- "El Invasor", la nueva película brasileña que se
estrena este jueves en Buenos Aires, no es el clásico paseo cinematrográfico
por la pobreza, la marginalidad o la injusticia. En todo caso, si trata
de miseria, trata primero de la miseria interior.
El
Invasor" es el tercer largometraje de Beto Brant ("Os
Matadores", 1997 y "Ação entre Amigos", 1998), un
director paulista de 39 años que hizo una película policial violenta
sin tiros ni sangre, pero cargada de una tensión extrema.
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Junto
con el film de Fernando Meirelles, "Ciudad de Dios", "El
Invasor" se convirtió en una de las mejores películas brasileñas
de los últimos años. Si "Ciudad de Dios" era la violencia
social desde el lado de la marginalidad de las favelas, "El
Invasor" es la cara de una sociedad violenta vista desde el lado de
la clase media alta, no como víctima, sino como cómplice.
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La
historia podría resumirse de la siguiente forma: Esteban, Iván y
Gilberto se conocen desde la facultad y, a partir de esa amistad, se
vuelven socios en una compañía constructora. Hasta que Iván y
Gilberto deciden contratar a un asesino de los suburbios paulistas para
matar a Esteban y así quedarse con la constructora. Pero el matador
termina alterando los planes.
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Paulo
Miklos, el matador (e invasor) en cuestión, es uno de los vocalistas de
la histórica banda de rock brasileña Titãs, que nunca había actuado
y se convirtió en actor revelación con esta película en la que
interpreta a Anisio, difícil de olvidar. Otro "no actor" que
participa en esta película es el fallecido cantante de rap Sabotage. El
músico, que sólo canta un tema en "El invasor", fue
asesinado frente a su casa, seis meses después de que el film fuera
estrenado.
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El
realizador Beto Brant, que trabajó sus tres películas en sociedad con
el escritor Marçal Aquino -uno de los más importantes de la literatura
brasileña contemporánea-, le dijo a LA NACION que "El
Invasor" es también una película sobre la exclusión social
brasileña, "sólo que vista desde mi lado, desde mi origen social,
de clase media y universitario". Brant comentó que está fascinado
con el cine argentino, particularmente con los trabajos de Pablo Trapero
("El bonaerense"), Verónica Chen ("Vagón fumador")
o Luis Ortega ("Caja negra").
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"El
Invasor" ganó el premio a mejor película de 2002 otorgado por la
Asociación de Críticos de San Pablo, y los de mejor director, premio
de crítica, premio especial del jurado, actor revelación (Miklos) y
mejor banda sonora en el Festival de Brasilia de 2001. Ganó también el
premio de mejor película latinoamericana en el Festival de Sundance
(2002) y otros seis premios en el Festival de Cine Brasileño de Miami.
-¿Cuál
es tu explicación para el fenómeno de renacimiento simultáneo del
cine brasileño, argentino y mexicano?
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-Creo
que el acceso a tecnología, una circulación mayor de información,
producción cultural y la llegada a la madurez de la generación
pos-gobiernos militares.
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-¿Es
difícil filmar en Brasil?
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-Hacer
cine raramente es fácil. Filmar es un acto de resistencia y fe.
Descubrir la película que debe ser hecha no es simple. Convencer a los
otros de que esa película debe ser financiada es infernal. Sin embargo,
cada día aparecen más películas que combinan cine y tecnología
digital, y las cámaras digitales, además de ser más accesibles, hacen
que las grabaciones sean más espontáneas, sin formalidades. Reducen la
complicación de las autorizaciones, y las imágenes son más únicas y
urgentes.
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-La
temática de la violencia aparece en tus tres películas. ¿Qué es lo
que te atrae de ella?
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-Lo
que hago está conectado con la literatura de Aquino, que hizo carrera
en el periodismo. Juntos intentamos expresar lo que vemos en el mundo.
Por Luis Esnal
Corresponsal en Brasil |
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