188_28_09_KK4                                                                                Manuel C. Martínez M.

Sadelas

Sociedad Amigos de la Salud

Los favoritos de Dios

Desde las primeras impresiones tipográficas de los relatos bíblicos, y desde más atrás ciando privó la historia de viva voz, la demografía del mundo terrenal nos aparece destacadamente partida en dos grupos no necesariamente iguales entre sí; sólo las mitades, los tercios, etc.,  logran determinado  equilibrio numérico entre sus respectivas particiones.

Esta realidad divisionaria sufrida por  quienes supuestamente tienen un origen ancestral remotísimamente común debe tener explicaciones más o menos racionales y desapasionadas, más o menos especulativas,y en el este caso cercano debido a la impenetrabilidad de las causas últimas y las ínsitas limitaciones con las que venimos al mundo.

De entrada, una notoria y connotada clasificación poblacional  es  la oprobiosa  aparentemente división humana entre ricos y pobres. Obsérvese que prejuiciadamente citamos según el orden de poder material donde nos desenvolvemos hasta ahora, pero nada nos priva para  darle un giro y poner en primer plano  las pesadas mayorías de los misericordiosos, a los pobres y abandonados de Dios.

Decimos aparentemente oprobiosa  porque es innegable que todos queremos ser muy ricos, y nadie quisiera ser pobre o continuar con ello. Sigamos:

Entonces nos preguntamos: ¿por qué ese abandono divino para unos y máxima premiación para otros? ¿qué nos mantiene en el profundo e insondable hueco de la pobreza?

Previamente, nos detendremos en la división de los pobres y de los ricos, de cara a la separación entre  sus aspectos meramente materiales, tangibles y cognoscibles por cualquier mortal de cromosomas completos, y  sus contrapartes,  las personalidades que nos permiten desenvolvernos en lo moral, educativo, y solidario.

Se nos ha explicado y educado en una escuela que habla de pecadores, de inicuos,  y de respetuosos y  bondadosos, con absoluto deslinde de su  estatus económico. Digamos que hay pobres y ricos que han venido dando mucho de sí, y los hay que ora  han tomado mucho de las pertenencias de terceros,,ora se niegan a reconocer su pobreza y luchan por la hipotenusa del camino fácil y sin mayores exigencias espirituales. 

Y concluimos en que Dios tiene una lista de favoritos que pudiera estar configurada con quienes han ganado su gracia. Una primera recomendación que se nos ocurre es que primeramente reconozcamos nuestra condición de pobres, ya que en estricto orden de aparición primero está la penuria, la escasez, la ausencia de riqueza en cúmulos.

 Visto así, cuando empecemos por reconocer nuestras propias limitaciones podríamos estar aprendiendo el lenguaje de Dios, para hacernos ricos merecedores de sus favores, lo que no significa que los ricos sean sus elegidos a priori, a menos que estos dejen de ser tan *pobres*y  pecaminosos como aquellos pobres que arrastran su pesada carga de  egoísmos, de lucros indebidos, de  envidia y  del diabólico terror  y temor a ser n pobres. Cosas así.

El tema. lo sé, ha sido plantado desde hace mucho tiempo. No pre3tendemos crear nuevas hipótesis, pero sí reconocer y divulgar que mientras no pisemos tierra terrenal y abroguemos por un poco de misericordia, seguiremos siendo pobres y no entraremos en la citada  lista de los favoritos de Dios.

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