170_21_11_KK3 Manuel C. Martínez M.
Sadelas
Sociedad Amigos de la Salud
Configuración matemática de El Génesis bíblico
Cristianos, apostólicos, protestantes, estudiosos en general e investigadores lingüísticos coinciden en reconocer que el texto bíblico correspondiente al Viejo Testamento, y particularmente su Primera Parte: el Génesis, no resulta muy didáctico, que digamos. Sus versos y letreros resultan apretados y anudados , con un vocabulario mestizo que igualmente introduce voces latinas y hebreas, que castellano antiguo y moderno. Tales entrabamientos literarios suelen ser atribuidos al estilo metafórico y parabólico que tanto abunda en el Nuevo Testamento. También se ha esgrimido la incipiencia del lenguaje escrito.
Pero, ocurre que con los hallazgos matemáticos de Martin Kruskal (Tiene Pág. Web), y luego de ejercitarme con su poca conocida <<Cuenta con truco y apareamiento probabilístico>>, cita de: John Allen Paulus, Editorial Metatemas, Érase una vez un libro), he llegado a la siguiente hipótesis:
A juzgar por las versiones castellanas, los redactores originales del texto sacro ora ya dominaban los algoritmos estocásticos, ora se asesoraron con especialistas en Matemática. El conocido Malba Tahan ya dio cuenta de la capacidad analítica algebraica de los antiguos habitantes del Cercano Oriente y el de sus vecinos de las costas mediterráneas orientales. Los pensadores de la época hallaron en los números geométricos su gran pasatiempo.
Bien, a pesar de que el desarrollo pragmático del Cálculo de Probabilidades es 1.800 años más joven que Jesús, esto no invalidaría el empleo sistemático y ex profeso de los números y algunas de sus propiedades por parte de los escribientes bíblicos.
Al parecer, todo el aura de misterio que envuelve y vela la leyenda de nuestros orígenes, cuya versión religiosa más conocida en Occidente es la Biblia , quedaría corrido si caemos en la siguiente cuenta:
El sistema numérico de otrora era por excelencia el sexagesimal, del cual el submúltiplo DOCENA continúa representando su principal y más extendida unidad de calculo para variables discretas. Un buen observador, que sepa alguito de Aritmética, podrá comprobar que la longitud de las palabras empleadas, una a una, en el texto de El Génesis siguen y respetan un recorrido que va estrictamente de 1 a 12 letras.
Con semejante data, estaríamos en presencia de un universo textual factible de hasta 12! frases <<alfanuméricas>> (la factorial de 12). Con semejante universo vocal no es imposible configurar arbitrariamente un texto que, sin perder coherencia interior, ni congruencia con los objetivos ideológicos buscados por sus escribientes, respete inducidamente la periodicidad estocástica que tendenciosamente cualquier serie finita de numerales repetitivos (una docena, en nuestro caso) tendenciosa y <<misteriosamente>> desembocarían en determinadas palabras que interesadamente el escritor decida motu proprio.
El caso es que si se le diera mayor fluidez didáctica a El Génesis, este Testamento llegaría a más lectores, pero perdería el encanto aural que ha venido caracterizándolo y envolviéndolo con unos matices que rayan en la más respetada y admirada misteriosidad.
Tal es el caso descubierto por Kruskal y que nos develaría y explicaría la tiesura académica que caracteriza al texto sacro, sobre el cual sus defensores mantienen el más férreo control para evitar cualquier asomo de adulteración del texto original, única forma esta mantenerse el encanto matemático que asombra a los mejores numerólogos y bibliófilos.
Observación final: Con la decisión de la Real Academia Española de la Lengua, que reubicó las entradas <<ch>> y <<ll>>, en su diccionario de las ediciones vigésimo primera y v. segunda, por considerarlas bilíteras (sic), la aparición y reaparición de voces sagradas según una ruta probabilísticamnente trazada por los creadores del texto en cuestión queda evidente desconfigurada.