Universidad de San
Carlos de Guatemala
Facultad de
Odontología
Departamento de
Educación
Taller de Ética: Perspectivas Éticas
Básicas
Presentación. Con fines didácticos, este
documento describe varias de las principales teorías de la ética, explicadas
por personajes hipotéticos –uno por cada teoría– que se adscriben fielmente a
una postura y la defienden con argumentos. Recomiendo al lector que lea
detenida, crítica y seriamente cada sección, y trate de comprenderla en los
propios términos de cada personaje. Sugiero que después de cada sección destine
una pausa para reflexionar sobre los postulados principales de cada postura
ética y sus contribuciones principales. Y luego, que reserve otro espacio para
analizar los problemas y objeciones de cada una.
He traducido
las posturas éticas expuestas aquí con fines docentes, con algunas
modificaciones, del libro: Harry J. Gensler. Ethics. A Contemporary Introduction.
Routledge. New York. 1998, con excepción de la que corresponde a la ética
dialógica, para la cual seguí una estructura aproximadamente similar a la que
utilizó Gensler. Para elaborar el personaje de la ética dialógica utilicé el
texto de Adela Cortina. Ética Comunicativa. En Concepciones de la ética.
Editado por Victoria Camps, Osvaldo Guariglia y Fernando Salmerón. Enciclopedia
Iberoamericana de Filosofía. Editorial Trotta. Madrid. 1992.
Los
personajes presentados reflejan las posturas éticas del relativismo cultural,
el subjetivismo sin y con observador ideal, el sobrenaturalismo, el intuicionismo,
el emotivismo, el prescriptivismo, el utilitarismo del acto y de la regla, la
ética de la prima facie, y la ética
dialógica. Muchas otras perspectivas éticas han quedado fuera de consideración.
Sería imposible abarcarlas todas. Espero que las que presento aquí representen
las principales y den una idea aproximada de la diversidad de enfoques activos
en la discusión de la ética de hoy.
Dr. Manuel González Ávila
Agosto, 2003
Zoila Relativista
Me llamo
Zoila Relativista. Me he adscrito al relativismo cultural (RC) porque he
aprendido a valorar la base profundamente cultural de la moralidad.
Fui criada en
la creencia de que la moralidad se basa en hechos objetivos. Así como la nieve
es blanca, así también el infanticidio es incorrecto. Pero las actitudes varían
con el tiempo y el lugar. Las normas que me enseñaron son las normas de mi
propia sociedad; otras sociedades tienen las propias.
La moralidad
es una construcción cultural. Así como las sociedades crean diversos estilos de
alimento y ropa, así también crean diversos códigos morales. Esto lo aprendí en
mi clase de antropología y lo experimenté como estudiante de intercambio en
México.
Considera tú
mi creencia de que el infanticidio es incorrecto. Me enseñaron esto como si
fuera una norma objetiva. Pero no lo es; es sólo lo que mi sociedad sostiene.
Cuando digo el infanticidio es incorrecto, ello significa que mi sociedad lo
desaprueba. Para el romano antiguo, el infanticidio era correcto. ¿Hay aquí algún
sentido en preguntar qué es lo correcto? La opinión de ellos era correcta en
relación con su cultura, y la nuestra es correcta en relación con la nuestra.
No hay verdades objetivas sobre lo correcto o lo incorrecto. Cuándo declaramos
algo diferente a esto estamos imponiendo nuestras actitudes culturalmente
aprendidas como la verdad objetiva.
Lo incorrecto
es un término relativo. Déjame explicar lo que esto significa. Algo no está absolutamente
a la izquierda, sino solamente a la izquierda de esto o aquello. De igual
forma, lo incorrecto no lo es absolutamente, sino solamente en esta o aquella
sociedad. El infanticidio puede ser incorrecto en una sociedad, pero correcto
en otra.
Podemos
expresar el RC más claramente en una definición: “X es bueno” significa que “la
mayoría (de la sociedad en cuestión) aprueba X.” Otros términos morales como
“malo” y “correcto” pueden ser definidos de igual manera. Nota la referencia a
una sociedad específica. Salvo especificación en contrario, la sociedad aludida
es la de la persona que hace el juicio. Cuando digo “Hitler actuó mal”, quiero
decir “actuó mal según los estándares de mi sociedad.”
El mito de la
objetividad dice que las cosas pueden ser buenas o malas absolutamente –no con
respecto a tal cultura. ¿Pero cómo podemos saber lo que es bueno o malo? ¿Cómo
podemos suponer cuáles son las normas de nuestra sociedad? Las personas que
hablan de lo bueno o lo malo absolutos absolutizan las normas de su sociedad.
Toman las normas que les enseñaron como hechos objetivos. Esa gente necesita
estudiar antropología, o vivir por un tiempo en otras culturas
A medida que
he aprendido el relativismo cultural, he crecido en mi aceptación de otras
culturas. Como otros estudiantes de intercambio, yo también tenía esa actitud
de “yo estoy bien y tú estás mal.” Pero he luchado contra esto. Me he dado
cuenta que el del otro lado no está “incorrecto”, sino sólo “diferente”.
Tenemos que
ver a los otros desde su punto de vista; si los criticamos, lo que estamos
haciendo es imponer las normas de nuestra propia sociedad.
Con el
relativismo cultural he aprendido a aceptar las normas de mi propia sociedad.
Los relativistas culturales somos más tolerantes. El RC da fundamentos para una
moralidad común dentro de una cultura, una base democrática que reúne ideas de
todos y asegura que las normas tienen amplio apoyo. Puedo sentirme solidaria
con mi propia gente, aunque otros grupos tengan valores distintos.
Zoila Subjetivista
Me llamo
Zoila Subjetivista, pero como mi compañera de cuarto se llama también Zoila, me
pueden llamar simplemente Sub. He aceptado el subjetivismo porque me ha dado
cuenta que la moralidad es profundamente emocional y personal.
Tomé un curso
de antropología el año pasado con algunos amigos. Quedamos todos convencidos con
el relativismo cultural (RC) –el enfoque de que lo bueno y lo malo son
relativos a la cultura, que “bueno” significa “socialmente aceptado.” Después
noté un gran problema con el RC: que nos niega la libertad para formar nuestros
propios juicios morales. La libertad moral es muy importante para mí.
El RC lo fuerza
a uno a aceptar todos los valores de la sociedad. Supongamos que observo que la
mayoría de la gente aprueba las acciones racistas; entonces tendría que
concluir que tales acciones son buenas. Me contradigo a mí misma si digo: “el racismo
es socialmente aceptado, pero no es bueno.” Puesto que el RC impone respuestas
desde fuera, y niega mi libertad para pensar por mí misma en asuntos morales,
encuentro que esa noción es repulsiva
El
crecimiento requiere que nosotros cuestionemos nuestros valores heredados. Sí,
nosotros recibimos nuestros valores de la sociedad, por lo menos inicialmente.
Cuando niños, aprendemos valores principalmente de nuestros padres y grupos de
amigos. Luego maduramos. A medida que lo hacemos, cuestionamos los valores que
hemos aprendido. Podemos aceptar estos valores o rechazarlos, o aceptarlos en
parte y en parte rechazarlos. La opción depende de nosotros.
Cuando yo
digo “esto es bueno,” estoy hablando de mis sentimientos –estoy diciendo “me
gusta esto.” Mis juicios de valor son sobre cómo yo me siento, no sobre cómo son
las percepciones de la sociedad. Mis juicios de valor describen mis propias
emociones.
Yo veo la
libertad moral como parte del proceso de crecer. Esperamos que los niños
repitan como loros los valores que les fueron enseñados; pero si los adultos
hacen eso sabremos que han sido frenados en su crecimiento. Esperamos que los
adultos piensen las cosas y formen sus propios valores. El RC no nos permite
hacer esto. En cambio, nos hace conformarnos a la sociedad.
Permíteme
darte un ejemplo de cómo trabaja el subjetivismo. Mi familia me enseñó una
prohibición estricta contra el alcohol. En mi familia cualquier bebida
alcohólica era “socialmente prohibida.” Pero mis amigos de la universidad
piensan que está bien beber mucho. En ese grupo, la bebida es “socialmente aceptada.”
El RC me dice que yo debo hacer lo que mi sociedad me dice –pero, ¿cuál
sociedad? ¿Debo yo seguir a mi familia, o a mis amigos de la universidad?
El
subjetivismo me dice que siga mis sentimientos. Así que me senté y pensé sobre
las normas contradictorias y las razones detrás de ellas. Mi familia quiso protegerme
contra los excesos de la bebida, mientras que mis amigos usaron el alcohol para
promover la diversión y las relaciones sociales. Yo tengo sentimientos
positivos acerca de ambas metas, y pensé cómo llegar mejor a ellas. Después de
la reflexión, mis sentimientos se aclararon. Me indicaron beber moderadamente.
La bebida
puede estar bien (socialmente aprobada), pero lleva a menudo a peleas, resacas,
alcoholismo, embarazos no deseados y muertes en el tráfico. No me gustan estas
consecuencias –y por lo tanto estoy emocionalmente contra el exceso en el beber.
Digo que eso es malo. Muchos de mis amigos beben demasiado porque es
socialmente aceptado. Se comportan como los niños. Siguen los valores de grupo
ciegamente en lugar de pensar las cosas por sí mismos.
Déjame
explicar algunos puntos adicionales sobre el subjetivismo. Dije que “X es
bueno” significa “me gusta X.” Algunos subjetivistas prefieren otro término
emocional –como “siento positivamente sobre,” “siento aprobación hacia,” o
“deseo...” Yo no preocuparé sobre cuál es el término más preciso.
El
subjetivismo es obvio en nuestra forma de hablar. Decimos a menudo cosas como
“me gusta - es bueno.” Las dos frases significan la misma cosa. Y preguntamos “¿Te
gusta? - ¿Piensas que es bueno?” Las dos hacen la misma pregunta, pero en las
palabras diferentes.
Mi amiga argumenta
que podemos decir que nos gustan cosas que no son buenas. Por ejemplo, yo digo
“me gusta fumar, pero no es bueno.” Pero aquí yo distingo entre evaluar la
satisfacción inmediata y evaluar las consecuencias. Estaría más claro decir,
“me gusta la satisfacción inmediata que yo recibo al fumar (= la satisfacción
inmediata es buena); pero no me gustan las consecuencias (= las consecuencias
no son buenas).”
El
subjetivismo sostiene que las verdades morales son relativas al individuo. Si
me gusta X pero a ti no, entonces “X es bueno” es verdad para mí pero falso
para ti. Usamos “bueno” para hablar sobre nuestros sentimientos positivos. Nada
es bueno o malo en sí mismo, aparte de nuestros sentimientos. Los valores sólo
existen en las preferencias de personas individuales. Tú tienes preferencias y
yo tengo las mías; ninguna preferencia es objetivamente correcta o incorrecta.
Creer esto me ha hecho más tolerante hacia aquéllos que tienen sentimientos
diferentes y creencias morales diferentes.
Mi amiga
dice que los juicios morales hacen una declaración objetiva sobre lo que es
verdad en sí mismo, aparte de nuestros sentimientos, y que el subjetivismo
omite eso. Pero la objetividad es una ilusión que deviene de que objetivamos
nuestras reacciones subjetivas. Nos reímos de un chiste y lo llamamos “gracioso”
–como si lo gracioso fuera una propiedad objetiva de las cosas. Tenemos un
sentimiento de extrañeza sobre algo y lo llamamos “raro” –como si la rareza fuera
una propiedad objetiva. Semejantemente, nos gusta algo y lo llama “bueno” –como
si la bondad fuera una propiedad objetiva de la cosa. Nosotros los subjetivistas
no somos engañados por esta ilusión gramatical.
En la
práctica, todos siguen los sentimientos en los asuntos morales. Pero sólo
nosotros los subjetivistas somos lo suficientemente honestos para admitir esto
y evitar la pretensión de objetividad.
Zoila Idealista
Me llamo
Zoila Idealista. Me he adherido a la percepción del observador ideal porque he
llegado a ver la necesidad de combinar los sentimientos con la razón en nuestro
pensamiento moral.
Los
sentimientos y la razón son ambos parte de la vida; idealmente deberían
trabajar juntos en todo lo que hacemos. Tomemos el ejemplo de la gramática.
Antes de entregar un ensayo, lo reviso para buscarle errores gramaticales. Mis
sentimientos me alertan de tales errores; cuando una frase me causa inquietud,
esto me alerta de que puede no ser gramaticalmente correcta. Claro que mis
sentimientos sobre gramática han sido educados durante años por la razón –por
las reglas y los ejemplos. Así, mi sentido gramatical combina los sentimientos
con la razón. Cada aspecto de la vida debe combinar estas dos cosas.
Tal vez tú conoces
a mi compañera de cuarto, Zoila Subjetivista. Como las dos tenemos el mismo
nombre, lo cual se vuelve confuso, la llamo sólo “Sub.” Sub tiene buenas ideas,
pero les falta equilibrio. Dice: “Sigue tus sentimientos” todo el tiempo. Ahora
bien, su consejo no es malo si uno tiene sentimientos sabios y racionales. Pero
es muy malo si los sentimientos son tontos.
Yo seguí el
consejo de Sub el semestre pasado, y me llevó a problemas. Seguí mis
sentimientos sobre comer –y gané cincuenta libras. Seguí mis sentimientos sobre
cuándo asistir a clases –y casi pierdo el grado. Insulté a las personas cuando
me dio la gana –y terminé separada de los demás. Ahora no me gusta lo que hice.
En represalia contra Sub por su mal consejo, puse esta señal en nuestra pared:
|
Si nosotros sólo hacemos lo que nos
gusta, pronto no nos gustará lo que hemos hecho con nuestras vidas. |
A menudo necesitamos
educar nuestros sentimientos, en lugar de simplemente seguirlos como ciegos.
Por ejemplo, antes me gustaba fumar, comer en exceso, y desafiar a las personas.
Pero noté que éstas no eran cosas buenas –y llegué a detestarlas.
Necesitamos
combinar los sentimientos con la racionalidad. Mi lema es ahora “Primero desarrolla
sentimientos morales racionales y entonces sigue tus sentimientos.” ¿Pero cómo,
puedes tú preguntar, desarrollamos los sentimientos morales racionales? Yo
tengo dos sugerencias:
1. Infórmate:
basa tus sentimientos y decisiones en una evaluación correcta de la situación.
2. Sé
imparcial: Haz tus juicios morales desde un punto de vista imparcial que
muestre consideración por todos.
Los
sentimientos morales racionales son sentimientos que están informados y son
imparciales.
Los juicios
morales no describen nuestros sentimientos inmediatos, nuestros impulsos
momentáneos, lo que nos gusta en el momento. Más bien, los juicios morales
describen cómo nos sentiríamos si fuéramos totalmente racionales en nuestros
sentimientos. “X es bueno” significa “desearíamos X si estuviéramos totalmente
informados y fuéramos imparciales. Esta apreciación se llama la visión del
observador ideal. En esta apreciación escogemos nuestros principios morales
intentando estar tan informados e imparciales como puede ser posible - y viendo
entonces cómo nos sentimos.
A mi amiga
Sub le confunde que digamos “me gusta fumar pero no es bueno.” Tenía una
explicación enredada de por qué la frase tiene sentido. Mi explicación está
mejor. “Gustar” es sobre nuestros sentimientos reales, “bueno” es sobre cómo
nos sentiríamos si fuéramos racionales en el asunto. Aquí nuestros impulsos a
favor de fumar chocan con una perspectiva racional (que incluye saber y considerar
las consecuencias dañinas de fumar).
Déjame
explicarlo de otra manera. Un observador ideal es una persona imaginaria con
una sabiduría moral suprema. Una persona que está completamente informada y
tiene una consideración imparcial por todos. Llamar algo “bueno” significa que
lo desearíamos si fuéramos observadores ideales. Claro, nunca seremos
observadores ideales ya que siempre tendremos algo de ignorancia o sesgo. Pero
la noción de un observador ideal es útil; da una imagen viva de la sabiduría
moral y una manera de comprender el significado y la metodología de los juicios
morales.
Ahora te diré
cómo hacer juicios morales de una manera racional. Primero, necesitamos estar
informados. Necesitamos saber sobre las circunstancias, alternativas, y
consecuencias. Necesitamos evitar los errores. Nuestros juicios morales son
menos racionales si no están basados en una comprensión correcta de la
situación. No podemos saber todo; pero podemos esforzarnos por un conocimiento
mayor.
El segundo
elemento del pensamiento moral racional es la imparcialidad. Los juicios
morales involucran sentimientos imparciales. Cuando hacemos juicios morales,
tomamos una perspectiva imparcial que muestra consideración por todos.
Necesitamos esto para regular nuestras inclinaciones egoístas, para que podamos
vivir todos juntos en paz y armonía.
La
imparcialidad muestra otros errores del subjetivismo. En el subjetivismo, “X es
bueno” significa “me gusta X” –de manera que esta manera de razonar es
correcta:
Me gusta emborracharme y herir a las
personas.
∴ Emborracharme
y lastimar a las personas es bueno.
Pero este
razonamiento es incorrecto. La conclusión emplea mal el término “bueno,” porque
esta palabra describe lo que desearíamos si estuviéramos totalmente informados y
fuéramos imparciales. La conclusión claramente muestra que no hay una
preocupación imparcial por todos. La sociedad se desintegraría si todos
siguieran el modelo subjetivista del razonamiento moral –en el que sólo hacemos
lo que nos gusta, sin tener en cuenta cómo afecta a otras personas.
Aquí hay un
ejemplo de cómo aplicar mi enfoque. Supón que tú eres elegido al Congreso. ¿Sobre
qué bases estimas tú una propuesta de ley como “buena,” y por lo tanto digna de
tu voto? El relativismo cultural te dice que vayas con lo que la mayoría
favorece; pero la mayoría puede ser ignorante, o distorsionada por la propaganda
y las mentiras. El subjetivismo te dice que sigas tus sentimientos; pero los
sentimientos pueden ser ignorantes o parciales. Mi postura te dice que formes tus
valores de un modo que estés objetivamente informado y seas imparcial en tu consideración
por los demás. Esto daría una base buena para la democracia.
Mi perspectiva
da recursos objetivos para criticar las creencias morales racistas. Evaluemos
la racionalidad moral de un nazi que cree que debe poner a los judíos en campos
de concentración. El nazi probablemente viola nuestra condición “estar informado,”
porque probablemente basa sus actitudes en errores o ignorancia:
·
Sus actitudes podrían estar basadas en errores.
Quizá cree falsamente que su raza es superior o pura. O quizá cree falsamente
que las políticas racistas beneficiarán a su propia raza. Nosotros podemos
criticar tales errores objetivamente.
·
Sus actitudes podrían estar basadas en la
ignorancia. Quizá no entiende el sufrimiento que sus acciones causan a sus
víctimas. O quizá no entiende cómo las razas diversas en otras sociedades han
aprendido a vivir juntos en paz y armonía. O quizá no entiende cómo su odio
racial vino del adoctrinamiento (incluyendo las mentiras y los estereotipos
falsos).
También
podríamos criticar sus actitudes con base en la imparcialidad. Dado que sus
acciones no muestran una preocupación imparcial por todos, no tiene sentido para
él defender estas acciones usando un lenguaje moral. Podría gustarle perseguir
a los judíos, pero no puede sostener creíblemente que estas acciones son
buenas.
En mi visión,
algunos sistemas de valores son más racionales que otros. Un sistema de valores
es “racional,” y así digno de nuestro respeto, si es basado en una comprensión
correcta de los hechos y una preocupación imparcial por todos. El nazismo, la esclavitud,
y el apartheid son irracionales porque se basan en la ignorancia o en violaciones
de la imparcialidad.
Mi perspectiva
tiene varias ventajas sobre el relativismo cultural y el subjetivismo. Agrega
un elemento racional a la vez que también reconoce el papel de sentimientos. Da
recursos más fuertes para atacar el racismo. Da una base más firme a la
educación moral porque nos guía sobre cómo desarrollar sentimientos sabios y responsables.
Y explica cómo formamos nuestras creencias morales cuando intentamos ser
racionales.
Zoila Sobrenaturalista
Me llamo
Zoila Sobrenaturalista. Me he acogido al sobrenaturalismo porque baso mi vida
interior en la religión y he comprendido la profunda base religiosa de la
moralidad.
En la escuela
dominical, aprendí los diez mandamientos. Los diez mandamientos vienen del
Antiguo Testamento (Éxodo 20 y Deuteronomio 5). Ellos expresan la voluntad de
Dios y así conforman las reglas prácticas de la moralidad. Jesucristo enseñó después
que la idea más profunda que subyace en los mandamientos es el amor a Dios
sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mateo
22:37-40). También resumió los mandamientos en la regla de oro, que dice “Trata
a los demás como quieres ser tratado.”
Debo admitir
que la religión no significó mucho para mí durante muchos años. Por un tiempo
fui un alma perdida. Me drogué y robé dinero para mantener mi drogadicción. Mi
vida se iba a la basura. Pero entonces me topé con un grupo cristiano y tuve
una conversión religiosa. Ahora Dios es una gran fuerza en mi vida. Hacer lo
correcto es seguir su voluntad. Yo creo esto –y me ha ayudado para enderezar mi
vida.
En mi curso
de ética del semestre pasado, estudié tres orientaciones laicas de la
moralidad. Las primeras dos basaron la ética en la aprobación social y en
sentimientos personales. Éstas fueron las mismas cosas que me llevaron a las
drogas; entonces yo soy una testigo, basándome en mi experiencia personal, de que
estas dos posiciones nos pueden llevar a la ruina. Mi maestra propuso, en
cambio, que hagamos lo que un “observador ideal” perfectamente racional nos
pida hacer. Esta perspectiva está bien, pero sólo si agregamos que Dios es el
“observador ideal” perfectamente racional. De otro modo, sólo apelamos a un
constructo hipotético y vago.
Mi visión, el
sobrenaturalismo, ve los juicios morales cono afirmaciones religiosas: “X es
bueno” significa “Dios desea X.”
¿Qué
significa “Dios” aquí? La definición usual es “el todopoderoso creador del
universo que lo sabe todo.”
Tengo tres
argumentos en mi perspectiva. Mi primer argumento presume la creencia en la
Biblia. Con esta convicción, el sobrenaturalismo tiene que ser cierto porque la
Biblia lo dice. La Biblia intercambia “bueno” con “la voluntad de Dios.” Y el
relato de cuando Dios escribe los diez mandamientos en las tablas de piedra nos
enseña el sobrenaturalismo de una forma vívida.
Mi segundo
argumento presume la creencia en Dios. Si crees en Dios, entonces creerás que
todas las leyes básicas de todo tipo dependen de la voluntad de Dios. Pero
entonces, todas las leyes morales dependen de la voluntad de Dios. De manera
que Dios creó el orden moral y su voluntad distingue el bien del mal.
Mi tercer
argumento presume la creencia en una moralidad objetiva. Si tú aceptas que te
obligan ciertos deberes morales objetivos, entonces debes admitir una causa de
esa obligación. Esa causa sólo puede ser algo no personal, tú, otros
individuos, la sociedad o Dios. Pero las alternativas no religiosas no
funcionan. La razón por la que uno siente la obligación no puede ser una de éstas:
·
Algo no
personal, un no-persona, porque esto es algo inferior a las personas y por
lo tanto, no pueden imponer obligaciones a las personas.
·
Tú,
porque entonces tú podrías liberarte de cualquier obligación a tu voluntad y
así no tendrías deberes que te obliguen.
·
Otros
individuos o la sociedad, porque no tienen autoridad moral sobre nosotros
si nos ordenan hacer algo malo.
La única
fuente de las obligaciones que funciona es Dios. Así que la creencia en deberes
morales objetivos requiere la creencia en Dios. Este tercer argumento no
presume la creencia en Dios sino lleva a esta creencia.
Mis tres
argumentos presumen que crees en la Biblia, en Dios y en una moralidad
objetiva, respectivamente. Si no crees en ninguno de éstos no puedo discutir
contigo. ¡Pero tendrías dificultades en tu vida si decides no creer en algo!
¿Qué
influencia tiene en mi vida el hecho de creer en el origen divino de los
valores? Veo tres influencias. Uno, veo que la moralidad es objetiva, de manera
que la tomo muy en serio. El racismo, por ejemplo, es objetivamente malo porque
Dios lo prohíbe. El deber de oponerme al racismo es serio. Muchos
sobrenaturalistas están dispuestos a morir en la defensa de sus creencias
morales. No puedo ver cómo podrías tomar en serio la moralidad si ésta se
basara sólo en sentimientos personales o en aprobación social.
Dos, yYo
conecto estrechamente la moralidad con la religión. Tengo una motivación
religiosa fuerte para ser moral y sigo una tendencia
religiosa a la educación moral. Uno de los problemas del mundo de hoy es que la
gente trata de enseñar la moralidad sin enseñar religión. Eso no funciona. Las
personas crecen sin valores firmes.
Y tres, veo a
los ateos todos confundidos con la moralidad. Al principio me perturbaba que
algunos ateos aceptan la moralidad y tratan de vivir sus vidas moralmente. Pero
alguien me explicó que los ateos aprendieron primero sus valores de la
religión. Perdieron su religión pero conservaron los valores, aunque los
valores sólo tienen sentido en una base religiosa. De manera que los ateos que
aceptan la moralidad están confundidos. Algunos ateos lúcidos como Sartre
rechazaron la moralidad diciendo que todo es permitido si no hay un Dios.
¿Cómo somos
los sobrenaturalistas? Un artículo de mi parroquia mencionó una encuesta en la
que algunos nos describen. Algunos dicen que somos “juzgadores fundamentalistas
intolerantes” que buscan respuestas claras de allá arriba en vez de vérselas
con los temas morales. Otros nos describen como “”personas
profundamente religiosas”” que ven la moralidad no como un
conjunto de verdades abstractas, sino como parte de nuestra relación personal
con un Dios amoroso.
¿Cómo saber
cuál es deseo de Dios? Los sobrenaturalistas no están de acuerdo en esto Cuatro
visiones populares dicen que podemos saberlo por: 1) la Biblia, 2) la Iglesia,
3) la oración, y 4) la razón. Otros dicen que no podemos saberlo.
Yo crecí
creyendo que la Biblia nos da
respuestas claras pero no es así. Tiene muchas áreas grises que deben ser
interpretadas. Mi maestro de religión fue pacifista durante la guerra. Creía en
que matar es malo por cualquier razón, aún en defensa propia. Pero muchos de
mis amigos pensaban que era su deber combatir a los “comunistas ateos.” Citaban
pasajes de la Biblia en que los israelitas declaraban la guerra para conquistar
pueblos enemigos. Entonces, ¿cuál es el lado correcto, el pacifista o el
militarista? Creo que es necesario entender las distintas partes de la Biblia a
la luz de su mensaje global. Quienes hacen esto pueden terminar interpretando
las cosas muy distintamente entre ellos. Además, la Biblia no discute
directamente muchos asuntos de interés de hoy.
Muchos ven a
la Iglesia como una autoridad moral.
Algunos creen que su Iglesia les enseña un verdadero sistema moral fijo e
infalible, y que debemos aceptar lo que dice. Pero la historia nos demuestra
que las enseñanzas de la Iglesia han evolucionado con el tiempo; ha tenido
errores que necesitan corrección. Entonces no creo que mi Iglesia sea una guía
infalible sobre el bien y el mal. Yo miro a mi Iglesia como miro a un buen
maestro: escucho y trato de aprender pero a fin de cuentas podría estar en
desacuerdo en algunas cosas.
Muchos acuden
a la oración buscando una guía y
luego toman sus sentimientos como signos de la voluntad de Dios. Yo hago eso.
Pero hay peligro de confundir mis gustos y desagrados con la voluntad de Dios.
Todos hemos visto a los fanáticos religiosos que piensan que Dios quiere algunas cosas
que de hecho son locas y despreciables. Por lo tanto, necesitamos la Biblia y
la Iglesia para ayudarnos a formar nuestra conciencia.
Y también
está la opción de recurrir a la razón.
Algunos siguen sus intuiciones morales y otros tienen el método del observador
ideal; esto nos da una idea de la voluntad de Dios. Estos enfoques pueden ser
valiosos, especialmente si se complementan con la Biblia y la Iglesia.
Algunos creen
que no podemos conocer la voluntad de Dios porque Dios está misteriosamente
sobre nuestras mentes. “¿Quién ha conocido la mente del Señor?” (Romanos
11:34). Creo que hay algo de cierto aquí,
pero es exagerado. Seguramente conocemos algunas cosas de Dios aunque no
sepamos bien todos los detalles. Me enojan las personas que piensan que saben
todos los detalles y no escuchan a nadie más.
Entonces,
¿cómo podemos conocer la voluntad de Dios? Necesitamos combinar los cuatro
apoyos: la Biblia, la Iglesia, la oración y la razón. Cuando éstos coinciden mi
fe es muy sólida. Es claro que Dios quiere que consideremos y amemos a los
demás, y que tratemos a los demás como deseamos ser tratados. También está
claro que Dios se opone a matar, robar, mentir (y al racismo que viola “amar a
tu prójimo”). Pero hay áreas grises, como en el ejemplo del pacifismo. Aquí
tenemos que seguir nuestra oración y nuestra razón lo mejor que podamos;
tenemos que estar menos confiados en nuestra creencias y más tolerantes a la
visiones opuestas.
Déjame
resumir lo atractivo del sobrenaturalismo: es popular en la gente común –no es
una percepción que le interesará a los filósofos. Explica la moralidad de una
manera clara. Hace objetiva a la moralidad; los valores humanos se conforman a
una ley superior. Apela a los motivos superiores (amor generoso y gratitud ante
Dios) y a los inferiores (castigo y recompensa).
Zoila Intuicionista
Me llamo
Zoila Intuicionista. Me he adherido al intuicionismo porque he llegado a ver
que la moralidad es objetiva y que las verdades morales básicas ya están
presentes dentro de nosotros, en nuestras propias mentes.
Yo soy
estudiante de filosofía y pienso ir a la escuela de derecho. Así que estoy
interesada en la ética y la razón. Como he leído mucha filosofía, también he
encontrado mucha sabiduría en las verdades simples del sentido común.
Mis
filósofos favoritos son los pensadores británicos de inicios del siglo XX, G.E.
Moore y W.D. Ross. Ellos explicaron y defendieron la moralidad del sentido
común. Su postura, y la mía, se llaman el intuicionismo. TieneHace tres declaraciones:
·
“Bueno” es indefinible,
·
Hay verdades morales objetivas, y
·
Las verdades morales básicas son evidentes para
una mente madura.
Yo intentaré
explicar lo que éstas significan y por qué nosotros debemos aceptarlas.
Moore empezó
con una pregunta simple: ¿Qué significa la palabra “bueno”? Esta pregunta es la
clave para entender la moralidad. Si la contestamos mal, tendremos todo mal. ¿Así que,
¿qué significa “bueno”? La respuesta
es simplemente que lo “bueno” es lo “bueno.” No podemos definir lo “bueno.”
“Bueno” es una idea simple y no podemos descomponerla en ideas más simples.
Tú puedes
estar pensando, “ciertamente todas las ideas son definibles y también ‘bueno’
debe ser definible.” Pero lo siento, eso está equivocado. Tiene que haber ideas
indefinibles; no podemos definir todos los términos sin caer en la
circularidad. Si buscamos una palabra en el diccionario, esa palabra se define
con otras palabras, y éstas usan todavía otras palabras más, y así
sucesivamente. Ahora bien, hay sólo un número limitado de palabras. Así si
excluimos las definiciones circulares, entonces encontraremos palabras que no
podemos definir más allá.
Un ejemplo
bueno de una idea indefinible es el término “no.” Nosotros no podemos definir
“no” usando algo más simple. “No” es un ladrillo simple que usamos para definir
otras ideas. Decir que una idea es indefinible no significa que es difícil u
oscura (“no” no es nada de eso), sino que simplemente que no la podemos
descomponer más.
Yo digo que
“bueno,” al igual que lo es “no,” es una idea indefinible simple. Algunos
filósofos discrepan con esto, e intentan definir “bueno.” Algunos dicen que
“bueno” significa “socialmente aprobado.” Otros dicen que significa “gustado,”
“agradable” o incluso “deseado por Dios.” Pero estas ideas son diferentes de
“bueno.” “Bueno” simplemente significa “bueno.”
Moore tenía
un argumento para refutar cualquier propuesta de definición de “bueno.” Déjame
mostrarte cómo funciona. Algunos de mis amigos superficiales se sienten
atraídos por esta definición:
|
“Bueno”
significa “socialmente aprobado.” |
Cada
definición tiene dos partes, la parte izquierda (el término definido) y la
parte derecha (la expresión equivalente). Una definición dice que las dos
partes son intercambiables en el discurso normal –que nosotros podemos
sustituir una por la otra sin cambiar el significado. Podemos someter a prueba
una definición preguntando si una parte necesariamente se aplica siempre que la
otra lo hace. Aquí nosotros preguntaríamos, “¿son las cosas socialmente
aceptadas necesariamente buenas?” La respuesta es un claro NO que refuta la
definición. Es fácil imaginar cosas malas que son socialmente aceptadas. Para
nuestro argumento, sólo se necesita consistencia en que imaginemos cosas que no
son buenas y son socialmente aprobadas. Como esto es consistente, la definición
es errónea.
El argumento
de Moore puede refutar todas las definiciones de “bueno.” Si definimos “X es
bueno” como “deseo X”, por ejemplo, preguntamos: ¿Son las cosas que deseo
necesariamente buenas? La respuesta es un claro no que refuta la definición.
Podemos refutar otras definiciones de “bueno” de un modo parecido. La
estrategia general es ésta: si alguien dice que “bueno” significa “tal o cual”
(en donde ello representa un término descriptivo), preguntamos “¿Las cosas que
son tal o cual son necesariamente buenas?” Como la respuesta es no, se refuta
la definición.
Naturalismo
es la perspectiva de que “bueno” puede ser definido usando ideas de la
experiencia (como “socialmente aceptado” o “deseado”). El argumento de Moore
refuta al naturalismo, pero también refuta al sobrenaturalismo. Todas estas
posturas confunden términos evaluativos con otros que son no evaluativos.
Llamar algo “socialmente aceptado” (o lo que sea) lo coloca en una categoría
descriptiva; preguntar si es “bueno” indaga acerca de su valor, que es
distinto.
Como “bueno”
es indefinible, no podemos probar conclusiones morales solamente a partir de
premisas no morales. Esto resulta en la ley de Hume (por David Hume). Esta ley
dice que no podemos deducir un “debe ser” partiendo de un “ser.” En otras
palabras, necesitamos premisas morales para deducir conclusiones morales. Por
ello, el siguiente razonamiento es incorrecto (porque sólo funciona si
definimos “debes” usando aprobación social):
La sociedad demanda que tú hagas
esto y aquello
∴ Tú
debes hacer esto y aquello.
Este es un
mal razonamiento porque es consistente que afirmemos las premisas y neguemos
las conclusiones. Y sucede lo mismo si sustituimos por otras premisas
descriptivas.
La ley de
Hume muestra que no podemos probar verdades morales a partir de hechos
descriptivos solamente. No podemos afirmar hechos sobre la sociedad (o la
evolución, o Dios, o deseos o lo que sea) y entonces sólo de ellas deducir
lógicamente una conclusión moral. Se desprende que ni la ciencia, ni la
religión pueden establecer los principios básicos de la moralidad.
Verdades Morales Objetivas. Ahora
explicaré por qué hay verdades morales objetivas, verdades morales que no
dependen del pensamiento o el sentimiento.
“El odio es
algo malo” es un ejemplo de una verdad moral objetiva. La maldad del odio no
depende de lo que alguien piense o sienta. El odio es malo por sí mismo.
El odio es
un mal aunque alguien puede aprobarlo. “El odio es malo” es una verdad
necesariamente –tal como lo son “x = x” o “2 + 2 = 4.”
La creencia
en los valores objetivos es de sentido común. En nuestras vidas, todos asumimos
que hay una respuesta correcta a las preguntas morales, que hay una verdad que
habrá de ser descubierta acerca de lo bueno y lo malo. Pero algunos en sus
teorías niegan los valores objetivos. Dicen, por ejemplo, que el bien y el mal
dependen de lo que nos parece (subjetivismo) o de lo que está socialmente
aprobado (relativismo cultural). Pero, los argumentos de Moore los refutan.
Yo no puedo probarte que los valores son
objetivos no más que lo que puedo probarte que
hay un mundo real (y que no estamos soñando o alucinando). Las dos creencias
son parte del sentido común, claramente ciertas y no necesitan pruebas. Deja
que los que niegan las verdades morales objetivas traten de probar su caso; yo
refutaré sus argumentos.
Verdades Evidentes. ¿Cómo podemos
conocer las verdades morales? Mi explicación es sencilla: miramos en nuestro
interior y seguimos los principios que nos parece más claro que son evidentes. En
un debate defendemos nuestros juicios morales apelando a principios morales que
son más básicos. Cuando llegamos a un principio fundamental, no podemos
defenderlo más. En este punto, vemos el principio o no lo vemos.
El
intuicionismo es el enfoque del sentido común. Relativamente poca gente habla
explícitamente de “intuiciones morales” o de “verdades evidentes.” Pero mucha
gente apela a principios morales que toman con si fueran objetivos y no son
demostrables o justificables. Tales personas asumen un enfoque intuicionista de
la moralidad aunque no le llamen así.
Como futura
abogada, admiro las declaraciones de las constituciones políticas de algunos países
que sostienen enunciados como éste: “Afirmamos que estas verdades son
evidentes, que todas las personas han sido creadas libres, que tienen ciertos
derechos inalienables, entre los cuales están la Vida, la Libertad y la
búsqueda de la Felicidad.”
Nota el
lenguaje objetivo en ese enunciado. El derecho a la
libertad es una verdad evidente. No es sólo algo que nos gusta en lo personal o
que aprueba nuestra cultura. La moralidad se basa en verdades objetivas que
están presentes dentro de nosotros, en nuestras mentes y nuestra racionalidad.
Cualquier persona madura debe ser capaz de entender las verdades morales
básicas.
Una verdad
evidente (o primer principio) es una verdad conocida que no requiere más
demostraciones o justificaciones. Si lo piensas, verás que la moralidad tiene
que basarse en verdades evidentes. Veamos esta lógica: asumamos que: 1)
conocemos algunas verdades morales, 2) sólo podemos demostrar una verdad moral
por medio de la apelación a una verdad moral más básica, y 3) nuestras
demostraciones no pueden continuar infinitamente. Por lo tanto, 4) conocemos
las verdades morales básicas pero no son demostrables –son verdades evidentes.
Sólo veo dos
maneras para evadir este razonamiento. La premisa 1 sería rechazada por los
escépticos. La premisa 2 sería negada por aquellos que definen “bueno” usando
ideas descriptivas como “aprobado socialmente”; ellos dicen que deducimos las
verdades morales a partir de hechos descriptivos únicamente. Pero el argumento
de Moore refuta tales posiciones y establece la ley de Hume, que indica que
necesitamos una premisa moral para deducir una conclusión moral.
Nuestros
opositores frecuentemente malinterpretan el intuicionismo. Algunos creen que
nosotros sostenemos que todas las
verdades morales son evidentes, que para resolver un dilema moral sólo tienes
que sentarte y recibir una intuición moral. Nada más falso. Afirmamos que sólo
los principios morales fundamentales son evidentes. Para aplicar estos
principios básicos a problemas concretos requerimos más información. Nunca es
evidente lo que debemos hacer en una situación concreta.
¿Qué
verdades morales son evidentes? Los grandes intuicionistas,
Moore y Ross, aceptaron dos tipos de verdades
morales evidentes. La primera, que hay verdades acerca de lo que es intrínsecamente bueno (que es un bien
en sí mismo, aparte de otras consecuencias). Aquí Moore y Ross están de
acuerdo: es evidente que el placer, el conocimiento y la virtud son
intrínsecamente buenos, mientras que el dolor, la ignorancia y el vicio son
males. Un placer específico podría tener consecuencias dolorosas, y resultar
mal a fin de cuentas; pero aún así el aspecto placentero es bueno. “El placer
es intrínsecamente mejor que el dolor” es tan evidente como algo puede ser.
Moore y Ross
también aceptaron verdades evidentes sobre el deber; pero aquí tuvieron
desacuerdos. Moore pensó que es evidente que debemos hacer lo que maximiza las
buenas consecuencias para todos. Para determinar nuestro deber en un caso
concreto, tenemos que: 1) definir nuestras opciones, 2) observar cuáles serán
las consecuencias de cada opción, y 3) evaluar cuáles consecuencias serán las
mejores. Los pasos 1 y 2 requieren pensamiento ordinario. El paso 3 aplica
verdades evidentes acerca de la bondad intrínseca, por ejemplo que el placer es
intrínsecamente bueno. En consecuencia, no podemos sólo sentarnos a recibir una
intuición evidente de lo que tenemos que hacer. En cambio, debemos estudiar las
opciones y consecuencias, y luego evaluar las consecuencias.
Ross rechazó
la posición consecuencialista de Moore. Ross expuso como evidente todo un juego
completo de reglas morales; si todo lo demás es igual, debemos cumplir nuestras
promesas, no dañar a nadie y otras. No quiero discutir ahora sobre esas
diferencias. Sólo quiero hacer notar que algunos intuicionistas difieren acerca
de qué principios son evidentes. En última instancia, queda en nuestra
intuición –lo que nos parece cierto; pero primero debemos examinar
cuidadosamente las alternativas. Sobre la base de muestras intuiciones voy a
argumentar que la perspectiva de Ross es mejor que la de Moore.
Algunos de
nuestros oponentes rechazan el intuicionismo porque dicen que las verdades
evidentes tendrían que estar presentes desde el nacimiento y ser universalmente
acordadas –y los principios morales no son así. Pero, esto es una
incomprensión.
x + y = y + x
Veamos cómo funcionan los
principios evidentes en matemáticas
los
principios evidentes. Consideremos este principio:
Esta
expresión es plausible inicialmente, y permanece plausible si probamos valores
concretos para x y para y. La fórmula encaja bien en nuestras intuiciones
numéricas. La consideramos una verdad evidente.
Este
principio también es inicialmente plausible:
-(x * y) = (-x * -y)
Pero, si
substituimos los términos de la fórmula con número concretos obtendremos
resultados erróneos. Por ejemplo si substituimos los términos con el valor 2,
tenemos un falso -42
= +42.
Rechazamos la fórmula porque rompe con nuestras intuiciones matemáticas.
Estos
ejemplos nos enseñan dos cosas. Uno, podemos equivocarnos al tomar algo como
verdad evidente. Debemos investigar si un principio que parece sano al
principio tiene implicaciones absurdas.
Dos, las
verdades evidentes no necesitan estar presentes desde el nacimiento o ser
universalmente reconocidas. La primera fórmula no es ninguna de estas dos
cosas. Los bebés y las personas no educadas no la entenderán porque carecen del
conocimiento matemático. Los principios morales funcionan igual.
Para llegar
a verdades evidentes, ya sea en matemáticas o con respecto a la moralidad,
necesita reflexión y madurez intelectual. La prueba de tales principios no está
en la plausibilidad inicial, sino en si hay conflictotraste con nuestras intuiciones después
de un análisis cuidadoso.
Entonces
digo que tenemos principios evidentes en ética así como las tenemos en
matemáticas. Para la mente madura, “el placer es intrínsecamente mejor que el
dolor” es un enunciado evidente. Será claro para casi todos los adultos
reflexivos e inteligentes que analizan el asunto. No hay razón para confiar en
nuestras mentes en un área y no en otra.
Antes de
terminar, quiero decir algo sobre la educación moral. Seguimos un enfoque de
sentido común. Los padres y otros adultos deberían conocer las verdades básicas
sobre el bien y el mal. Deberían enseñar estas verdades a los niños por el
ejemplo, por instrucciones verbales, con elogio o recriminación, y por premio o
castigo. La educación moral es difícil porque los niños se dejan llevar
fácilmente por sus sentimientos y presiones de grupo; es necesario luchar
contra esto. Eventualmente, esperamos, nuestros niños crecerán y madurarán lo
suficiente para reconocer en sus corazones y sus mentes la verdad de los
principios que les hemos enseñado.
Zoila Emotivista
Me llamo
Zoila Emotivista. Yo me adherí al emotivismo porque aprendí que los juicios
morales expresan sólo sentimientos y no juicios falsos o verdaderos.
Déjame
contarte cómo llegué al emotivismo. He estudiado filosofía y química, con
interés especial en filosofía de la ciencia. El británico A.J. Ayer es mi
filósofo favorito. Como Ayer, respeto el método científico al que veo como el
único modo de adquirir conocimiento sobre el mundo. El método científico te
hace que propongas una idea y luego que la experimentes para ver si es
correcta. Esa idea debe ser sometible a prueba empírica –o no hace sentido.
Esta es la idea de Ayer, a la que llamó positivismo lógico.
Aquí estoy
sobre simplificando. Debo traer a cuenta varios términos técnicos. Espero no
aburrirte. El positivismo lógico sostiene que sólo dos tipos de afirmaciones
pueden ser afirmaciones de veracidad (enunciados de falso o verdadero).
Primero, las afirmaciones empíricas; éstas en principio pueden ser mostradas
por nuestra experiencia sensorial que son ciertas o altamente probables.
Segundo, las afirmaciones analíticas; éstas son ciertas por el significado de
las palabras. Dos ejemplos:
Enunciado
analítico: “Si x = y,
entonces y = x”

La
afirmación empírica puede ser demostrada por la experiencia sensorial; usted va
a la ventana y mira si llueve. La afirmación analítica es verdadera por
definición. No necesitamos observar todas las x para determinar si el enunciado
es cierto. La biología es empírica mientras que las matemáticas son analíticas.
Espero que captes la idea.
El
positivismo lógico dice que cualquier enunciado genuino es empírico o
analítico. Si el enunciado no es de uno de estos dos tipos carece de sentido.
Te daré un ejemplo: “La verdadera realidad es espiritual.” Aquí no dices algo
que puede ser cierto o falso. Podrías estar expresando sentimientos.
¿Cómo se
aplica el positivismo lógico a la ética? ¿Es empírica la ética? ¿Puede “X es
bueno” ser demostrado empíricamente como los enunciados de la biología? Parece
que no.
Nos
detendremos un momento aquí. El naturalismo dice que “bueno” puede ser definido
con ideas de la experiencia sensorial. Por ejemplo, el relativismo cultural
define “bueno” como “socialmente aprobado.” Si esta definición funcionara,
entonces “X es bueno” sería una afirmación empírica genuina. Podríamos
comprobarla por medio de una prueba para ver si X es socialmente aprobada.
Desafortunadamente, sin embargo, tales definiciones no funcionan. “Bueno” en
nuestro lenguaje no significa “socialmente aprobado,” dado que es consistente
que podamos decir que hay cosas socialmente aprobadas que no son buenas. Este
punto debiera ser familiar para ti si sabes ya algo de la refutación de Moore
sobre el naturalismo.
Entonces,
los juicios morales no son empíricos; no se pueden comprobar o refutar por
experiencia sensorial. ¿Son analíticos? Parece que no. Así que no son empíricos
ni analíticos. Por lo tanto, no expresan enunciados genuinos de veracidad sino
a lo mejor sentimientos sobre las cosas.
Éste es el
razonamiento de Ayer y yo creo que es sólido. Si aceptamos una actitud
científica sobre el mundo, entonces inevitablemente seremos llevados a un
enfoque emotivista de la ética.
Más aún, la
actitud científica no es el único camino al emotivismo. Un amigo que estudia
literatura está completamente desinteresado en la ciencia. Pero le fascinó el
emotivismo cuando se lo expliqué. Dijo que al hacer que “bueno” sea emocional,
lo acerca al campo de la poesía y lejos de la ciencia fría e impersonal. Le
gustó el emotivismo de inmediato y ni siquiera quiso escuchar mi razonamiento
en su defensa.
Bueno es emocional. El emotivismo ve
los juicios morales como expresiones de sentimientos, no aseveraciones falsas o
verdaderas. Los juicios morales son exclamaciones: “X es bueno” significa
“¡Bravo por X!” Y “X es malo” quiere decir “¡Abajo X!” Una exclamación no
manifiesta un hecho, y no es cierta ni falsa. Como los juicios morales son
exclamaciones, no pueden
habcer
verdades morales yo
conocimientos morales.
Las
exclamaciones no deben tomarse literalmente. En castellano hay muchas palabras
para expresar lo mismo. En lugar de “¡abajo!” podemos hacer sonar un chasquido
con la boca o los dedos. El punto es que “malo” expresa sentimientos negativos
como “¡abajo!” y funciona como exclamación.
No confundas
mi visión con el subjetivismo. Decimos que los juicios morales expresan
sentimientos, no que afirman verdades acerca de los sentimientos. Estos
ejemplos ayudarán a distinguir entre los dos:
El emotivismo
expresa sentimientos. ¡Huy! ¡Ja, ja, ja! ¡Bien! El
subjetivismo expresa verdades sobre los sentimientos: ¡Tengo miedo! ¡Estoy feliz! ¡Todo salió
bien!

Un juicio
moral es como “¡Huy!” (expresa una emoción) y no como “¡Estoy feliz!” (expresa
una verdad sobre una emoción).
La
distinción nos evita problemas que tiene el subjetivismo porque no afirmamos
como en éste que la afirmación moral es verdadera.
Antes de
cerrar este punto, te daré otro argumento fuerte en mi favor. El emotivismo es
mejor que otros enfoques porque es más simple y explica más. Algunos dicen en
filosofía, como en la ciencia, que una perspectiva es mejor si es más simple y
explica más.
Los juicios
evaluativos expresan sentimientos positivos o negativos. ¿Qué podría ser más
simple? No nos metemos con ideas difíciles de defender. El emotivismo evita
estos problemas.
Además el
emotivismo explica más hechos de la moralidad. La razón por la que no podemos
definir “bueno” en términos puramente descriptivos es que el término es
emocional. La razón por la que no podemos resolver las diferencias morales
básicas es que estas diferencias son emocionales y, por lo tanto, no puramente
intelectuales. Una vez que tomamos la perspectiva emotivista, la moralidad se hace
comprensible.
El
emotivismo es lingüísticamente preciso. Podemos sustituir “bueno” o “malo” por
exclamaciones sin perder el sentido de lo que decimos y sin sentir que
cambiamos lo que estamos diciendo, como cuando sostenemos aquello de
“socialmente aprobado” o “la voluntad de Dios.”
Razonamiento moral. Podemos razonar
sobre los temas morales si asumimos un sistema de normas. Así podemos
establecer los hechos y demostrar que, dadas tales normas y estos hechos, se
deriva tal conclusión moral. Esta línea de razonamiento es útil en un grupo que
comparte normas morales. Pero si ante ti hay alguien dispuesto a claudicar su
argumentación racional (como quien sostiene una aseveración racista), el
emotivismo al igual que otros enfoques quedarán cerrados a la razón. Sin
embargo, el emotivismo te muestra que puedes apelar ya no a la razón, sino a la
emoción.
Zoila Prescriptivista
Me llamo
Zoila Prescriptivista. Me apego al prescriptivismo porque he comprendido que
los juicios morales expresan nuestros deseos imparciales sobre cómo deben vivir
las personas.
Ahora estoy
tomando un curso de filosofía moral. No había encontrado una perspectiva
atractiva hasta que estudiamos el prescriptivismo de R. M. Hare. El enfoque de Hare tiene más
sentido para mí que los demás juntos.
Empecemos
por el principio. Un juicio del deber es un tipo de prescripción o imperativo.
Lo distinguiremos bien con un ejemplo: un enunciado indicativo dice: “La puerta
está abierta.” Uno imperativo dice: “Cierra la puerta.” El indicativo trata de
afirmar un hecho sobre el mundo, y es cierto o falso. Aceptar el indicativo es
tener una creencia. En cambio, el imperativo no afirma un hecho y no es cierto
o falso. Dice qué hacer –expresa nuestro deseo. Los juicios morales son como el
imperativo. No afirman hechos, sino nos dicen cómo debemos vivir.
En una
primera impresión mi visión puede ser confundida con el emotivismo. Pero es muy
diferente porque hace racional a la ética. No importa tanto si los juicios
morales son ciertos o falsos. Lo que importa es que podemos refutar a un
racista (por ejemplo) y podemos también enseñar a nuestros hijos cómo pensar
los asuntos morales.
Los
imperativos pueden ser altamente racionales y no tienen que ser muy
emocionales. En contraste, las exclamaciones del emotivismo suenan a ruidos y
gruñidos. Muchos de los impresionantes logros de la razón son sistemas de
imperativos. Considera un libro de cocina con recetas complicadas, las leyes
nacionales, las reglas del ajedrez y las direcciones para usar un programa de
computación.
Los juicios
morales de nuestro lenguaje ordinario están más cerca de los imperativos que de
las exclamaciones. Al hablar de ética, a menudo intercambiamos entre
imperativos (“No matarás”) y enunciados de deber (“No debes matar”); ambos
parecen similares. Cualquier exclamación aquí sonaría extraña.
Libertad y razón. Te explicaré por qué
me gusta el prescriptivismo. Para que me sea satisfactoria una teoría ética
tiene que hacer dos cosas. Primero, debe dejarme la libertad para formar mis
propias convicciones morales. Por supuesto, necesito información factual y
consejo de otros. Pero sólo esto no me dará una respuesta. Una manera diferente
de pensar comprometería mi libertad como un sujeto moral. Al final de cuentas,
debo responder mis propias preguntas morales.
La peor
posición ética es la del relativismo cultural. Éste no te reconoce libertad
para pensar por ti mismo en temas morales. Tienes que ir con el grupo. No puedo
aceptar eso. Soy libre y puedo pensar por mí misma.
Además, una
perspectiva ética satisfactoria para mí debe mostrarnos cómo ser racionales al
formar nuestras convicciones morales. La moralidad es importante. No debe ser
un asunto arbitrario, como seleccionar una tarjeta navideña. Al estudiar y
responder los asuntos morales debemos involucrar nuestras capacidades
racionales hasta el límite.
El
subjetivismo es un ejemplo de enfoque irracional. En él dices: “Me gusta,
entonces es bueno.” ¡Qué tonto! ¿No tenemos inteligencia? ¿No podemos razonar
sobre la moralidad?
Pero, ¿cómo
razonar sobre la moralidad? Ninguna de las teorías anteriores ha sido de mucha
ayuda. ¿Vamos con nuestras intuiciones morales? ¿Y qué si la sociedad nos
enseña intuiciones racistas? El observador ideal nos da el principio de un
enfoque racional, pero es muy vago.
Por lo
tanto, una teoría satisfactoria debería enseñarnos cómo formar nuestras
convicciones morales de un modo libre
y racional. R. M. Hare luchó con este problema y
resultó con una respuesta extraordinariamente innovadora. Él mira que la clave
está en el lenguaje moral. ¿Qué significa “deber”? Una vez entendemos el
término, podemos descubrir las reglas lógicas de su uso. Entonces podemos
entender cómo razonar por nosotros mismos sobre temas morales.
Hare dice
que los juicios del deber son prescripciones universalizables. “Debes hacer
esto” equivale a “Haz esto y deja que cualquiera haga lo mismo en casos
similares.” Nuestras convicciones morales expresan el deseo de que un tipo de
acción sea hecho en el caso presente y todos los casos similares. Las
convicciones morales pueden ser libres porque expresan nuestros deseos y no son
sometidos a prueba por hechos. Pueden ser racionales porque la lógica del deber
conduce a un método de razonamiento moral que compromete nuestras capacidades
racionales hasta el límite.
Razonamiento moral. Hay dos reglas
básicas de la lógica del razonamiento moral:

Estas reglas
se basan en el significado de “deber” –que es una palabra que expresa
prescripciones universalizables. La regla U se sostiene porque los juicios del
deber son universalizables: es parte de su significado que se apliquen a casos
similares. La regla P se sostiene porque los juicios del deber son
prescripciones (imperativos), y así expresan nuestra voluntad acerca de cómo
nosotros y otros habremos de vivir.
Las reglas U
y P son reglas de consistencia. No son imperativos o juicios morales. No nos
dicen “Debes hacer esto o lo otro.” Nos dicen lo que hay que hacer para buscar
consistencia en nuestras convicciones morales. Estas reglas, a pesar de su grado
de abstracción, son muy útiles. Conducen a la condición de consistencia de la
regla de oro, que es el elemento más importante en el pensamiento moral
racional.
Supongamos
que Nico tiene una bonita bicicleta y me digo:
a) Creo
que debo robar la bicicleta de Nico.
Por la regla U, esto lógicamente me compromete a hacer el
mismo juicio de deber en una situación imaginaria inversa:
b) Creo
que, si la situación fuera exactamente al revés, Nico debe robar mi bicicleta.
Por la regla P, me comprometo a desear algo en la
situación imaginaria inversa:
c) Deseo
que, si la situación fuera exactamente al revés, Nico robaría mi bicicleta.
De ese modo,
si creo que debo robar la bicicleta de Nico, lógicamente me comprometo a desear
que mi bicicleta sea robada si estuviera en su lugar. En caso no quiera esto,
sería inconsistente si sostengo mi juicio de deber original.
Aquí hay una
formulación general de esta idea –que es algo como la regla de oro tradicional
(“Trata a otros como deseas ser tratado”):

La condición
de consistencia se sostiene porque los juicios de deber son prescripciones
universalizables. Aceptar un juicio de deber de un modo consistente es desear
que un tipo de acción sea hecho en todas las situaciones similares, incluyendo
aquéllas en que nos imaginamos a nosotros mismos en lugar de los otros.
Para aplicar
la condición de consistencia de la Regla de Oro de una manera adecuada,
necesitamos conocimientos e imaginación. Necesitamos saber qué efectos tendrán
muestras acciones sobre las vidas de los demás. Y necesitamos imaginarnos a
nosotros mismos, vívida y fielmente, en el lugar del otro que recibe la acción.
La consistencia de esta regla, combinada con conocimiento e imaginación, es un
medio importante para refutar a quien sostiene una afirmación inmoral y,
además, para enseñar a los niños a pensar racionalmente sobre los temas
morales.
En síntesis,
para pensar racionalmente en la ética, necesitamos estar informados, emplear la
imaginación y tener consistencia. El razonamiento moral no deduce conclusiones
morales de los hechos. Somete a prueba nuestra consistencia. Si pienso hacer
algo a alguien, pero no deseo que eso mismo me sea hecho a mí en una situación
imaginaria idéntica, estoy siendo inconsistente.
Los tres
elementos del razonamiento ético son: conocimiento, imaginación y consistencia.
Y la parte más importante de la consistencia es la regla de oro.
Zoila Utilitaria AU.
Yo me llamo
Zoila Utilitaria AU. Acostumbro usar la inicial de mi
segundo apellido porque mi prima tiene un nombre igual, aunque la inicial del
segundo apellido de ella es R. Me he acogido al utilitarismo porque he pensado
que la moralidad sirve para promover la felicidad y reducir la miseria.
Fui educada
para creer en las reglas estrictas. Por ejemplo, me enseñaron que siempre era
malo robar, mentir y desobedecer a mis padres. No cuestioné nada de esto por
mucho tiempo.
El
relativismo cultural sacudió mi mente. Éste dice que no podemos evaluar
objetivamente las normas de otras culturas porque, al hacerlo, simplemente
evaluamos sus normas usando las nuestras. Mi primera impresión fue que el RC
estaba equivocado, pues podemos evaluar las normas por sus consecuencias.
Supongamos que las normas de la sociedad A a conducen a felicidad, mientras que
las de la sociedad B b conducen a miseria. En ese caso, la
sociedad A a claramente tiene mejores normas.
Mi estudio
posterior confirmó que la felicidad es crucial. Aprendí que el pensamiento
moral ilustrado es informado, imaginativo y consistente –en donde la
consistencia involucra la regla de oro. Si sigo la regla de oro, me preocupo de
las consecuencias de mis acciones sobre los demás. Trato de hacer las vidas de
las personas más felices y menos miserables. Entonces, la regla de oro nos
lleva al utilitarismo. El utilitarista John Stuart Mill (En Utilitarismo, 1861) lo pone así:
“En la regla de oro de Jesús de
Nazareth, leemos el espíritu completo de la ética de la utilidad. Hacer lo que
te puede ser hecho a ti y amar a tu prójimo como a ti mismo, constituyen la
perfección ideal de la moralidad utilitaria.”
Entonces el
pensamiento moral ilustrado nos lleva, primero a la regla de oro, y luego al
utilitarismo. La regla de oro no es la única vía que nos conduce al
utilitarismo. Un amigo mío basa el utilitarismo en la voluntad de Dios porque
piensa que Dios desea nuestra mayor felicidad. Otros aceptan el principio como
una verdad evidente o como un reflejo de sus sentimientos.
Expresado con
precisión, el utilitarismo clásico dice que debemos hacer siempre lo que
maximiza la diferencia del placer sobre el dolor para todos los afectados por
nuestra acción. Podemos aplicar ese principio de dos maneras, directa e
indirectamente.
Para aplicar
el utilitarismo directamente, hago tres cosas:
1. Aclaro
mis opciones.
2. Estimo
las consecuencias probables de placer y dolor de las partes interesadas.
3. Decido
qué opción maximiza la diferencia del placer sobre el dolor. Esta opción es mi
deber.
Estos pasos
requieren mucha reflexión. El paso 2 es difícil debido a que supone que
tratamos de descubrir las consecuencias futuras de nuestras acciones. Como no
podemos estar seguros de éstas, basamos nuestros juicios en estimaciones
mejores y o peores.
El paso 3
también es difícil puesto que supone “sumar” beneficios y daños. Algunos
utilitariostas
hablan como si pudiéramos poner el placer y el dolor en unidades numéricas. Si
eso fuera posible, podríamos simplemente sumar números y decidir por el mayor.
Es complejo
hacer tales cálculos utilitarios directos con cada acción. Es mejor aplicar el
utilitarismo indirectamente usando una
guía general sobre si las acciones tienden a tener buenos o malos
resultados. “No robes” es una buena guía general porque el robo tiende a dar
malos resultados. A menos que las circunstancias sean peculiares, asumiré que
no debo robar.
¿Cuándo
debemos aplicar el utilitarismo directamente? Es útil cuando encaramos
decisiones grandes. Cuando escogí una universidad, por ejemplo, hice un listado
de instituciones con sus aspectos favorables y desfavorables. Luego, escogí la
universidad que tenía el mejor resultado.
Creo en las reglas
pero no las idolatro. Y no creo en las reglas sin excepciones. El problema con
las reglas sin excepción es que a veces dan conflicto. Cuando era niña, me
enseñaron “siempre obedecer a tus padres” y “nunca divulgues algo que te
confiaron en secreto”; pero estas normas me hicieron conflicto cuando mi madre
me ordenó decirle un secreto que me confió mi hermano. Un sistema moral
consistente no puede tener más que una norma sin excepción. De modo que el
requisito de ser consistente en mis valores eliminó lo que me enseñaron de
niña.
Otro problema
es que las normas sin excepción pueden conducir a resultados inhumanos en
algunos casos. Yo aprendí que robar es malo siempre. Pero, si una familia muere
de hambre a menos que el padre robe pan a alguien que no lo necesita,
¿desearías que el padre no robe en ese caso? Si dices sí, te preocupas más por
las reglas que por las personas.
Como digo que
el deber depende de la situación, algunos confunden el relativismo cultural con
lo que digo. Yo no veo que mi deber depende de lo que apruebe la sociedad, sino
de lo que tenga las mejores consecuencias.
Ahora
explicaré por qué escogí el utilitarismo clásico en lugar de otras formas de
utilitarismo. El consecuencialismo es la perspectiva general de que debemos
hacer lo que maximice las buenas consecuencias. Viene en varios estilos.
Difieren sobre si maximizan los resultados sólo para nosotros (egoísmo) o para
todos los afectados por mi acción (utilitarismo), y si evalúan las
consecuencias según el placer y el dolor (hedonismo) o en términos de una
variedad de bienes (pluralismo).
Primero, ¿el
bien de quién debo maximizar? ¿Debo maximizar lo que produzca las mejores
consecuencias para:
1. nosotros
(egoísmo),
2. mi
grupo (familia, ciudad, etnia, pueblo),
3. todas
las personas, o
4. todos
los seres susceptibles?
Como baso mi
pensamiento en la regla de oro y ésta se aplica a todos los seres afectados,
escojo la opción 4.
La
consistencia da una base sólida para rechazar el egoísmo. Éste dice: “Todos
debemos hacer lo que satisfaga el propio interés, sin considerar cómo ello
afecte a otros.” Para sostener esto consistentemente, debemos desear que las
otras personas vivan de igual modo (y con esa actitud) ante nosotros. No
podemos consistentemente desear este principio. De manera que el egoísmo, aunque
sea tentador, no puede ser aceptado como un enfoque racional sobre cómo debemos
vivir. Las objeciones para 2 y 3 son similares.
Otro problema
del egoísmo es la autodestrucción. A pesar de que los egoístas se preocupan de su
propia felicidad, el enfoque egoísta casi garantiza que les hará miserables. Si
seguimos el egoísmo, los demás nos tratarán con desdén y probablemente
terminaremos desdeñándonos a nosotros mismos. Por el contrario, buscando
nuestro propio bien lo encontraremos si nos esforzamos por promover el bien de
todos.
Déjame
terminar haciendo un recordatorio de algunas ventajas del utilitarismo. Este
enfoque ofrece una manera sencilla y flexible para determinar los deberes.
Concuerda con el pensamiento moral ilustrado (estar informado, usar la
imaginación, ser consistente y seguir la regla de oro). Y expresa una
consideración positiva por la felicidad de todos los seres afectados.
Zoila Utilitaria R.
Yo me llamo
Zoila Utilitaria R. Mi prima y yo nos distinguimos por la inicial de nuestro
segundo apellido. Creo que el propósito de la moralidad es alcanzar las mejores
consecuencias para todos. Sin embargo, veo “las mejores consecuencias” en
términos más amplios que sólo placer y dolor y además reconozco la utilidad de
seguir reglas estrictas.
Mi prima (UA) dice que la moralidad trata de
promover la felicidad, maximizar el placer sobre el dolor para todos los
afectados por nuestra acción. Esto suena muy bien pero tiene implicaciones
extrañas. Podríamos evitar éstas si cambiamos un par de cosas en esa postura.
Yo sugiero que nos movamos: a) del hedonismo al pluralismo, y b) del
utilitarismo del acto al utilitarismo de la regla.
Primero, ¿qué
cosas son intrínsecamente buenas? ¿Qué cosas son buenas en sí mismas, aparte de
las consecuencias? Podemos decir que el placer lo es, así como el dolor es
intrínsecamente malo.
Esto trae la
cuestión de la metodología. ¿Cómo debemos escoger nuestras creencias morales?
Yo sugiero una vía racional. Sugiero que apliquemos los aspectos básicos de los
métodos morales racionales: estar informados, emplear la imaginación, ser
consistentes, usar la regla de oro, etc., y entonces vemos lo que deseamos por
sus méritos propios.
Este enfoque
nos lleva a aceptar el pluralismo que dice que muchas cosas son intrínsecamente
buenas. Entre éstas están la virtud, el conocimiento, el placer, la vida, la
libertad y algunas otras cosas. Sus opuestos son intrínsecamente malos.
Mi prima AU rechaza el pluralismo porque duda
que el mero conocimiento de la virtud, la virtud por sí misma y aparte del gozo
que puede dar, tiene algún valor intrínseco. Pero muchas veces deseamos la
virtud por ella misma, sin importar si da placer. Y nuestra valoración de la
virtud se mantendrá aun si aplicamos análisis racionales.
Voy a definir
la felicidad como una satisfacción general con nuestra vida. Es distinto al
placer. Es un tipo de aceptación más profundo que el placer. El placer no trae
necesariamente la felicidad. Ni el dinero, por lo menos según muchos que lo
tienen. Los adinerados están tan insatisfechos con sus vidas como los pobres.
Como yo lo veo, la clave para ser feliz es vivir correctamente; la satisfacción
de la que hablamos es un producto del vivir correcto. Nuestra felicidad
personal no debiera ser nuestro foco principal. Si nos enfocamos mucho en
nuestra propia satisfacción probablemente acabemos sintiéndonos miserables. En
lugar de eso, debemos tratar de vivir apropiadamente –considerar a los demás,
hacer cosas que tengan sentido e importancia y otras– y esto probablemente nos
traerá felicidad. Iré un poco más allá y diré que la clave para ser feliz es
vivir de una manera utilitarista de la regla y pluralista. Pero tengo que
explicar esto.
Primero
veamos cómo un acercamiento pluralista a los valores nos ayuda a evitar
implicaciones extrañas. En el utilitarismo clásico, las siguientes tres
acciones estarían correctas si maximizan el placer sobre el dolor:
1. Una
turba de linchadores te cuelga por un crimen que no cometiste porque obtendrá
gran placer al hacerlo.
2. Tú
esclavizas a varias personas a quienes das drogas para satisfacer sus deseos
porque conviene a tu familia.
3. Cometes
asesinato de un pariente rico y donas su dinero a un proyecto que hará parques
para niños pobres.
En mi
enfoque, estas tres acciones están incorrectas. Por el contrario, la visión de
un valor único (la felicidad) las justifica y nos mete en implicaciones indeseablesinaceptables.
Distingamos
entre el utilitarismo clásico (utilitarismo del acto) y mi enfoque
(utilitarismo de la regla):
·
El utilitarismo del acto (UA) dice que debemos
hacer el acto que tenga las mejores consecuencias.
·
El utilitarismo de la regla (UR) dice que
debemos hacer lo que está indicado por las reglas que tienen las mejores
consecuencias para ser aplicadas por las personas en sociedad.
El UR sigue
dos pasos para determinar nuestro deber. Uno, nos preguntamos cuáles reglas
tendrán las mejores consecuencias si son seguidas por las personas en sociedad.
Al preguntárnoslo, tenemos en mente las imperfecciones y limitaciones de los
seres humanos. Dos, aplicamos estas reglas a nuestra acción. Argumentaré que
los dos pasos del UR evitan las implicaciones negativas del UA y tiene mejores
consecuencias para la sociedad.
A diferencia
del UA que tiene poco respeto por las reglas, excepto como “guías generales”, quienes
seguimos el utilitarismo de la regla no especulamos sobre lo que maximiza las
mejores consecuencias. Las personas hablan muy fácilmente de hacer cosas hasta
tontas para lograr buenos resultados. A la larga tendrían mucho mejores
resultados si siguen reglas estrictas y hasta sin excepciones.
Con respecto
a un acto particular, por ejemplo un asesinato, el UA nos diría que está
correcto si obtenemos las mejores consecuencias. El UR dirá que es incorrecto
con, tal vez, algunas excepciones cuidadosamente definidas (como la defensa
propia).
Otro ejemplo:
·
En un contexto de terrorismo, tú eres un juez
que sentencia a un inocente a la pena de muerte. Al desalentar el terrorismo tu
acto maximiza el placer (reduce el sufrimiento). El utilitarismo clásico
aprueba tu decisión.
De
nuevo, nosotros condenamos esa acción. No puede saberse que la condena de un
inocente tendrá las mejores consecuencias.
En resumen, mi versión mejorada del utilitarismo dice que:
·
Debemos evaluar las consecuencias en términos de
varios bienes incluyendo la virtud, el conocimiento, el placer, la vida y la
libertad.
·
Debemos seguir las reglas que ofrecen las
mejores consecuencias cuando son seguidas por la sociedad.
Zoila
Prima FacieRossini
Yo soy Zoila Prima FacieRossini. He tratado de dirigir mi vida
entre las ideas morales de los “deberes sin excepciones” que aprendí en mi
infancia y el utilitarismo de algunos amigos. Los dos conducen a resultados
absurdos. He encontrado un enfoque más juicioso en la teoría prima facie del filósofo inglés W. D.
Ross
Un deber prima facie se sostiene siempre que las
otras condiciones sean las mismas. Más precisamente, es un factor que tiende en
sí mismo a hacer de algo nuestro deber, pero que algunas veces puede ser hecho
a un lado por otros factores.
La teoría prima facie de Ross dice que los
principios morales básicos son acerca de deberes prima facie. Si otras condiciones son iguales, debemos cumplir
nuestras promesas, hacer bien a los demás, etcétera. En este enfoque, lo que
importa en ética es qué hacemos, no sólo las consecuencias.
Yo rechazo
los deberes sin excepciones. Estoy de acuerdo con el utilitarismo en este
punto. No puede haberlas porque entrarán en contradicciones, nos conducirán a
resultados inhumanos en algunos casos y debemos violarlas para evitar males mayores.
Pero, no estoy de acuerdo con el utilitarismo en otros puntos.
El
utilitarismo explica las excepciones en términos de las consecuencias. Ve las
normas morales como “guías generales” para promover buenos resultados. Aunque
esas guías pueden ser de ayuda, tenemos que romperlas cuantas veces sea
necesario para tener buenas consecuencias. Si, por ejemplo, rompo mi palabra de
ir a pasear con amigos para sacar a mi madre del hospital, parece una decisión
juiciosa. Incumplo la guía general.
Esto tiene
sentido como procedimiento general hasta que lo pensamos más seriamente. El
procedimiento no toma en serio el deber de cumplir las promesas. Cuando
prometemos algo, nos imponemos una obligación especial con respecto a otra
persona. Podríamos romper una promesa en algunos casos; pero una pequeña
ganancia en las consecuencias no justifica que la rompamos. Mantener la palabra
es un deber serio.
En el
utilitarismo, si prometes que me pagarás una cantidad de dinero a cambio de
algo, podrías pensar que ese dinero está mejor si lo das a otra persona que lo
necesita y, entonces estaría bien que no me pagues. El hecho de haber hecho tu
promesa no tiene un peso moral especial. Eso es absurdo. Si prometiste pagarme,
tú creaste una obligación fuerte. No estoy de acuerdo que las personas tomen a
la ligera las promesas que me hacen.
En lo que
concierne a guardar las promesas, la perspectiva de Ross de la prima facie es más juiciosa que la de
las normas sin excepción o el utilitarismo.
Deberes básicos. Algunos de los deberes
de Ross son tratan sobre
hacer bien o mal. Ross era pluralista y aceptó tres bienes intrínsecos
principales: la virtud, el conocimiento y el placer. Yo quiero agregar la vida
y la libertad. Entonces, hacer un bien a alguien es promover la virtud, el
conocimiento, el placer, la vida o la libertad a ese alguien. Y hacer un daño
es promover el vicio, la ignorancia, el dolor, la muerte o el sometimiento.
Ross
reconoció siete deberes prima facie:
1. Lealtad: cumplir nuestra palabra.
2. Reparación: Compensar por cualquier
daño que hicimos a alguien.
3. Gratitud: Hacer un bien a alguien que
nos lo ha hecho.
4. Justicia: Corregir la distribución de
placer o felicidad que no tiene correspondencia con el mérito.
5. Beneficencia: Hacer bien a los demás.
6. Mejoramiento personal: Mejorar en
virtud y conocimiento.
7. No maleficencia: No hacer daño a los
demás.
Si todo
permanece igual, debemos seguir estas normas. Cuando sólo aplica una norma, ésa
nos da nuestro deber. Cuando en la situación concreta hay conflicto de normas,
seguiremos el deber más fuerte. Veamos este conflicto: mi madre me pide que la
saque del hospital, pero antes había prometido salir a pasear con mis amigos.
Claramente, lo que tengo que hacer es romper mi promesa porque el deber ante mi
madre es mayor.
Los
principios de Ross tienen sentido para mí, con dos excepciones. La primera, no
veo su principio de justicia. Si mis hermanos y hermanas no son felices en
correspondencia con sus virtudes (el más virtuoso es el más feliz, el segundo
virtuoso es el segundo más feliz, y así los demás), ¿debo yo arreglar esto?
¿Quiere Ross decir esto en realidad? Creo que necesitamos una mejor regla de
justicia. En segundo lugar, Ross está inseguro si incluir o no la promoción de
nuestro propio gozo en el deber de mejoramiento personal; dice que ya
promovemos suficientemente nuestro propio gozo. Es evidente que Ross no conoció
a mi madre que buena falta le hace que salga y se divierta algo; tal vez así no
estaría tan enferma. Yo incluiría un deber de procurar nuestra felicidad y
basarlo en el deber por sí mismo.
Otros deberes
se derivan de los deberes básicos. Cuando hablamos, hacemos una promesa
implícita de no mentir. También prometemos cumplir las leyes del país en que
vivimos. Este último deber se deriva en parte de los deberes de gratitud y beneficencia.
Ross es un
intuicionista porque basa sus deberes en las intuiciones morales. Cuando
tenemos un conflicto entre los deberes, apelamos a la intuición para encontrar
qué deber es el más fuerte. Esta es la parte más débil de Ross y la más
criticada. Las intuiciones de las personas varían mucho y su postura no ofrece
una manera para hacer la crítica a las intuiciones defectuosas (racismo,
sexismo, hedonismo, egoísmo).
Tendremos una
posición más firme si reemplazamos el intuicionismo de Ross con un método que
apele a la racionalidad (estar informado, ser consistente, emplear la
imaginación y la regla de oro). La racionalidad endosará la mayoría de los
deberes de Ross. Por ejemplo, si pedimos lealtad, reparación, o gratitud de
otros hacia nosotros, debemos demandar lo mismo de parte nuestra si somos
consistentes –y las consideraremos nuestros deberes. La racionalidad me dará
una orientación valiosa cuando haya normas en conflicto.
Ross ve
algunos deberes que son más fuertes que otros. La no maleficencia es
normalmente más fuerte que la beneficencia. En general, no es correcto lastimar
a una persona para ayudar a otra o para promover una utilidad social. Uno de
los defectos del utilitarismo es que permite cualquier daño a un individuo con
el fin de maximizar la felicidad. La posición de Ross corrige este defecto.
El principal
problema del enfoque de Ross es que no da respuestas claras a la mayoría de
problemas morales. Pero las otras posiciones no lo hacen mejor que ésta. Los
“deberes sin excepción” es un punto de vista que sí da respuestas claras, pero
lleva a contradicciones cuando tenemos conflictos de normas. El utilitarismo
nos daría respuestas claras si supiéramos las consecuencias a largo plazo de
nuestros actos; pero eso está más allá del conocimiento humano.
Ross plantea
una forma general de ver nuestros deberes, pero todavía necesitamos reflexionar
(de un modo informado, imaginativo, consistente) sobre nuestros deberes. Por
ejemplo, veamos la pérdida intencional de la vida humana. ¿Es correcto matar en
defensa propia ante riesgos grandes pero no evidentes? ¿Es correcta la pena de
muerte? ¿Es aceptable el aborto? ¿Está bien la eutanasia?
A pesar de la
vaguedad, el punto de vista de Ross tiene muchas fortalezas. Nos da una
perspectiva balanceada que concuerda bastante bien con los que la mayoría de
las personas reflexivas e inteligentes creen de nuestros deberes.
Zoila Dialógica
Me llamo
Zoila Dialógica. Yo me he preocupado mucho acerca de
cómo podemos hacer una mejor sociedad más participativa y mejor representada
políticamente. Mi idea central es que las personas tenemos intereses y
necesidades que nos acercan para vivir en comunidades.
Creo que la
ética debe ayudar a comprender los fenómenos morales que nos hacen acercarnos
unos a otros para tomar decisiones que nos interesan a todos. Creo que los
tiempos modernos necesitan una orientación para inspirar una moral cívica en la
vida democrática, y también con acuerdos éticos ecológicos, económicos,
políticos, médicos y educativos.
Los autores
principales de mi perspectiva ética son K. O. Apel y J. Habermas, pero
actualmente hay muchos pensadores que ayudan a conformarla. Esta teoría de la
ética se conoce también como ética comunicativa y ética discursiva.
Mi forma de
ver la ética no reflexiona tanto sobre los contenidos morales, sino acerca de
los procedimientos mediante los cuales declaramos qué normas surgidas de la
vida cotidiana son correctas. Es decir, que a diferencia de la ética de los
“deberes sin excepción” y la ética consecuencialista, mi visión de la ética
discute los procedimientos de las normas legítimas. Como lo ha reconocido Habermas,
se trata de una ética modesta, que de las dos caras del fenómeno moral
–felicidad y norma– sólo atiende a la segunda. Es, pues, también una ética
deontológica que enuncia procedimientos que deben seguirse para llegar a la
corrección de una norma.
Junto con las
concepciones morales de J. Rawls y R. M. Hare (“justicia como imparcialidad” y
prescriptivismo, respectivamente), mi ética comparte el afán de desentrañar la
racionalidad de lo práctico, una lógica del discurso práctico análoga a la
lógica del discurso teórico. Evitando caer en el cientificismo o en el
emotivismo, reconozco que mi ética es cognitivista. Es cognitivista porque
considera que el procedimiento por el que determinamos lo correcto es análogo a
aquél por el que llegamos a determinar lo verdadero –es reflexivo y
argumentativo. Con ello es posible distinguir racionalmente lo correcto de lo
aceptado, lo válido de lo vigente.
Lo peculiar
de nuestra ética consiste en que las características deontológicas,
procedimentales y cognitivas (que son características compartidas con otras
éticas) se combinan en un marco discursivo o dialógico. Este es un marco en el
que se trata de universalizar lo moral que son los intereses de los afectados
por las normas. Y señala que la materia de lo moral son los intereses de los
individuos concretos relacionados en una comunidad del habla.
Ahora bien,
la norma correcta únicamente podrá satisfacer los intereses universalizables,
los de todos y cada uno. Para ello establece un marco de mínimos éticos de justicia desde el cual es posible
criticar cualquier situación social que no encarne los ideales de autonomía,
igualdad y solidaridad.
En el ámbito
moral quedan descartados los autoritarismos y los paternalismos, y qué es
moralmente correcto ha de determinarse por medio de un diálogo entre todos los
afectados sobre la norma de que se trate. Evidentemente no es por cualquier
diálogo, sino uno que por sujetarse a determinadas reglas, se conoce como discurso práctico.
En el fondo,
hacemos valer el principio enunciado por Apel:
Todos los seres
capaces de comunicación lingüística deben ser reconocidos como personas, puesto
que en todas sus acciones y expresiones son interlocutores virtuales, y la
justificación ilimitada del pensamiento no puede renunciar a ningún
interlocutor y a ninguna de sus aportaciones virtuales a la discusión. A mi
juicio, no es, pues, el uso lógicamente correcto del entendimiento individual,
sino esta exigencia de reconocimiento
recíproco de las personas como sujetos de
la argumentación lógica, la que justifica el discurso sobre la “ética de la
lógica.”
La categoría
de persona, central en la ética, se expresa como interlocutor válido, cuyos
derechos a la réplica y la argumentación tiene que ser reconocidos en la
práctica para que la argumentación tenga sentido. Claro, no argumentar en serio
es sin duda posible, pero quien rehúsa sistemáticamente a argumentar en serio
sobre las normas correctas que habrá de adoptar, renuncia a su posibilidad de
racionalidad práctica.
Entre las
reglas del discurso práctico, Habermas propone las siguientes como parte de una
situación ideal del habla: cualquier sujeto capaz de lenguaje y acción puede
participar en los discursos, cualquiera puede problematizar cualquier
afirmación, cualquiera puede introducir en el discurso cualquier afirmación,
cualquiera puede expresar sus posiciones, deseos y necesidades y no puede
impedirse a ningún hablante hacer valer sus derechos, establecidos en las
reglas anteriores, mediante coacción interna o externa al discurso.
Una autora (Adela
Cortina en la obra citada) escribió recientemente que quien se oriente por el
principio de la ética discursiva reconocerá a los demás seres dotados de
competencia comunicativa y a sí mismo como personas; estará dispuesto a
participar en los diálogos que le afecten y fomentar la participación en ellos
de todos los afectados, como también de promover tales diálogos; se
comprometerá a respetar la vida de los afectados por las normas y a evitar que
se les fuerce a tomar una posición en los debates con presiones físicas o
morales, como también a asegurar el respeto de cuantos derechos –expresión,
conciencia, reunión– hacen de los diálogos procesos racionales en busca de entendimiento;
se empeñará en la tarea de conseguir la elevación del nivel material y cultural
de los afectados de modo que puedan debatir en condiciones de simetría y los
debates no sean un sarcasmo; evitará tomar decisiones que no defiendan
intereses universalizables, lo cual significa que, no sólo no se orientará por
sus intereses individuales, sino tampoco por los intereses grupales que puedan
ser defendidos por consensos fácticos; empeñará su esfuerzo en sentar las bases
de una comunidad ideal de habla, en la que las decisiones acerca de la
corrección de normas se tomen en condiciones de simetría, aunque para ello la
racionalidad comunicativa tenga que ser mediada por la estratégica. Una ética
de la responsabilidad no puede eludir las consecuencias y por eso propone optar
por la racionalidad estratégica cuando es el único modo de preparar el camino
para hacer universalizable el uso de la comunicación.
El ethos así descrito es a mi modo de ver el mínimo exigible para una ética del ciudadano en un país democrático que hace suyos los valores de libertad, en el sentido de autonomía, solidaridad, justicia, respeto a los ideales de felicidad, a sus propuestas de máximos que es el modo de expresar el respeto a la diferencia.