FORO: LA
MISIÓN INCIERTA DE LA UNIVERSIDAD EN GUATEMALA
Manuel González Avila. Instituto Latinoamericano Para la Educación y
la Comunicación, ILPEC, y Departamento
de Educación Odontológica de la Facultad de Odontología de la Universidad de
San Carlos de Guatemala. Septiembre, 1996.
INTRODUCCIÓN
La
Universidad guatemalteca está hoy como un testigo inmovilizado. Obstinada en
sostener procedimientos políticos tradicionales no logra o no puede percibir la
urgencia que imponen los acelerados procesos nacionales e internacionales, ni
responder eficazmente a ellos. Es necesario que revisemos de inmediato las
prácticas cupulares que usualmente se han empleado para efectuar la gestión
administrativa universitaria, tomar las decisiones que la afectan en conjunto y
en los diferentes componentes institucionales, y en la práctica diaria del
quehacer educativo, de investigación y de relación con la sociedad.
Cualquier
cambio importante requiere grandes esfuerzos en todos los universitarios y
posiblemente también en muchos sectores de la vida nacional. Es evidente que la
Universidad guatemalteca, particularmente la estatal, ha hecho esfuerzos en el
pasado. La respuesta que recibió fue violencia. Pero en la actualidad no deja
de ser paradójico que la institución que está destinada a cobijar al mayor
número de intelectuales académicos en el país muestre un grado de inercia tal
que ignora y disuelve los intentos de crítica con fines constructivos y se
expone ante los señalamientos interesados de los sectores extremistas. Ante
todo, no logra el mejor impacto social por medio de sus productos:
conocimiento, recursos humanos, propuestas nacionales
y orientación de la opinión pública.
Este
documento ha sido preparado para estimular la reflexión y la deliberación en foros
acerca de la Universidad y su función. Presenta varias perspectivas para
enfocar los problemas de la Universidad actual y algunas acciones congruentes
con cada perspectiva.
LAS NECESIDADES DE NUEVOS RUMBOS
Uno
de los esfuerzos requeridos en las circunstancias actuales por parte de los
intelectuales y académicos es el relativo a la construcción de la paz y la
democracia. Estas son áreas complejas
que requieren nuevas y multidimensionales respuestas. El protagonismo de las universidades será
valioso porque su naturaleza es la de instituciones formales que cultivan la
cultura, la filosofía, el arte, la ciencia y la tecnología, elementos fundamentales
para reconstruir el país.
Sin
embargo, el desempeño histórico, las tradiciones y las conductas actuales en la
cotidianidad universitaria reflejan que la cultura y la actividad políticas
muestran severas deficiencias. Esas deficiencias limitan los aportes
universitarios al progreso social y, no menos importante, la satisfacción en el
individuo de los intereses legítimos y las necesidades propias del desarrollo
humano integral.
¿Qué
impacto puede haber sobre el futuro del país y sobre la Universidad misma si ésta
persiste en el desentendimiento en el cultivo del saber, sin buscar una praxis
de la diversidad y la democracia, y si persiste en la aplicación rutinaria
(acomodada e indubitable) de los métodos que utiliza para analizar la
problemática que le compete y para tomar decisiones? La práctica de los
procedimientos políticos usuales de la Institución ha demostrado con amplitud
su inefectividad para introducir avances académicos. Muchas veces resulta
difícil a los universitarios aceptar como propias las decisiones que han sido
tomadas en los círculos cerrados de la cúpula. Parece evidente que de continuar
con tales procedimientos se abonará menos en favor de la paz y la democracia
que en favor del autoritarismo.
Lo
anterior exige cambios profundos, algunos inmediatos, en las formas de vinculación
social de la Universidad, la estructura institucional, la actividad académica y
las mentalidades de sus integrantes, lo cual podría implicar una redefinición
de la educación universitaria.
SITUACIÓN ACTUAL DE LA UNIVERSIDAD
La
siguiente es una descripción abreviada de la situación actual de la Universidad
guatemalteca. No presenta un intento de explicación, ni una propuesta de
soluciones por cuanto que la forma como se concibe el problema y las
consecuentes soluciones dependen de la perspectiva con que se encara la
situación. Precisamente, la deliberación en un foro sobre algunas perspectivas
es lo que pretenden estimular estas reflexiones.
La
problemática de la Universidad se manifiesta en deficiencias en sus tres funciones
principales de enseñanza-aprendizaje, investigación y extensión y en la falta
de integración y apoyo mutuo entre ellas. Tal vez una manera de ver las raíces
de esa problemática está en imaginarla como una tríada conformada por la
desactualización y sobresimplificación de contenidos y métodos educativos, la
deficiencia en el nivel científico, especialmente en la producción (incluyendo
publicaciones y criterios) de la investigación, y el bajo impacto social de las
acciones. Esto se da en un círculo vicioso que tiende a reproducirse y
dificulta la captación del problema en la mayor parte de la comunidad
universitaria, posiblemente por estar inmersa en la crisis.
Ya
sea que la gravedad de los problemas universitarios se vea como crisis o simplemente
como una situación sobre la que se debe actuar para mejorar, hay signos evidentes
de que urge la introducción de cambios. La calidad general del quehacer
universitario (o la percepción de esa calidad) genera malestar en quienes
rechazan el conformismo y la mediocridad. Muchas veces se ha mencionado la
ausencia de proyectos curriculares institucionales que propicien la formación
integral, incluyendo los aspectos éticos y estéticos. Los reclamos y las
argumentaciones que se hacen sobre la escasez de propuestas universitarias
acerca de los temas del proceso de la democracia, la cultura y la problemática
de etnia o género quedan casi sin réplica. Hacen falta estrategias
universitarias de carácter general que sean comprendidas, aceptadas y
compartidas por todos, para cumplir con los compromisos del presente y el
futuro. Una de esas estrategias es la que debe responder ante la pérdida de los
intelectuales en el período de agresión contra la Universidad estatal en la
década de los años ochenta. Las consecuencias de esa agresión todavía están
ahí.
Varias
concepciones educativas prevalecen actualmente en la Universidad guatemalteca.
Ellas determinan los currículos en gran medida. Las teorías educativas más
visibles dan prioridad a los contenidos sobre los procesos (métodos)
educativos. Tienden a educar para adaptar al sujeto a modelos ideales
preconcebidos de persona y sociedad y, con ese propósito, entregan
conocimientos y preparan para el trabajo. Menos énfasis reciben la realización
del ser, el desarrollo de la inteligencia, el cultivo de la imaginación y la
creatividad, la educación cívica para construir la democracia, la promoción de
la iniciativa o la disposición para aprender, investigar y emprender.
La
burocracia universitaria y su sistema jurídico, especialmente en la Universidad
pública, han crecido desproporcionadamente, muchas veces en respuesta a
necesidades coyunturales, hasta el punto que han tomado una dinámica y
dirección propias, desvinculadas de la misión y los propósitos centrales. Es
frecuente que funcionen más como lastre que como apoyo a tales propósitos.
La
instrumentalización de la Universidad estatal con fines políticos particulares
y la anarquía interna que es su apéndice natural, aparte del efecto negativo
que han tenido sobre las responsabilidades asignadas por la Constitución, han
provocado desvinculación de la sociedad, apatía y falta de credibilidad en la
comunidad universitaria e incoherencia entre lo que la Institución es y lo que
hace.
La
percepción general expresada en las líneas anteriores no contiene nada inevitable.
Indica, sin embargo, que ésta parece ser una época crítica que determinará la
presencia social de la Universidad de aquí en adelante. Puede sostenerse muy
bien la hipótesis de que si se continúa por esa vía de inercia, si fallamos en
la búsqueda de nuevos valores, teorías y prácticas, veremos alejarse las posibles
soluciones.
Puede
ser fundamental que cada uno de nosotros cambie el criterio de que es suficiente
corregir los errores esperando que los mejores tiempos vendrán
natural y automáticamente. Ese es un criterio simplista que supone que al
enmendar los yerros del pasado vendrán sin nuevos esfuerzos la democracia, la
calidad académica o la vinculación con la sociedad. Es claro que eso no es
suficiente, pues además es necesario alimentar cuidadosamente la cultura de la
comunicación y la participación dentro de nosotros mismos y en la sociedad.
Para eso es necesario saber escuchar, una virtud poco cultivada en nuestro
medio. Recordemos que lo esencial de los procesos que involucran a las personas
en gestiones de interés común está en la búsqueda compartida de las opciones
para resolver los problemas e intereses. Ahí radica también la fuerza política
y legitimidad de los cambios y el impacto en el largo plazo.
La
serie de foros y actividades que organiza ILPEC sobre el cambio universitario
tiene varias metas. Una es convocar a los universitarios y personas que no
siendo universitarias estén interesadas en el tema (o en la metodología
deliberativa) para participar en reuniones en las que se propicia la reflexión
y la deliberación acerca de la Universidad, su misión y sus problemas. La
segunda meta se basa en la metodología deliberativa para establecer una
orientación común o una dirección general que sirva de base y dé sustentación
política a las decisiones y acciones. La tercera es ayudar a conformar una cultura
política basada en principios democráticos y abrir espacios para la práctica de
esa cultura.
LOS PROBLEMAS, LOS INTERESES Y LAS ACCIONES EN
LA UNIVERSIDAD: VARIAS
PERSPECTIVAS
La
Universidad como tema es un asunto complejo; por ello puede ayudar a comprenderla
si se discuten con alguna profundidad los enfoques más prevalentes que se han
expresado para conocerla y modificarla. Sin duda que en una postura analítica
podríamos plantear muchos enfoques distintos. O, por el contrario, si hacemos
el suficiente esfuerzo de síntesis podríamos reducirlos a dos o uno sólo. Hemos
optado por presentar un número de enfoques que esperamos que estimule la
deliberación porque no es tan grande que hace difícil mantenerlos en mente
durante el diálogo. Por otro lado, sería muy complicado hacer aflorar las diferencias
y conversarlas si sólo se presentara una perspectiva que por general tendría
que ser ambigua. Si se presentaran dos perspectivas seguramente daríamos lugar
a una toma de posiciones muy polarizada y cerrada a la deliberación, algo lejos
de nuestra intención de estimular la reflexión y el diálogo para definir
acciones.
Entre
los muchos enfoques posibles para comprender la Universidad y propiciar acciones
positivas, hemos identificado cuatro que fueron mencionados en un foro abierto
con la participación de profesores universitarios de diferentes unidades
académicas y personas con liderazgo social interesadas en el tema. Cada uno de
los enfoques representa un conjunto coherente de valores y principios. Cada uno,
además, lleva a distintos derroteros de decisiones y acciones. Muchas de las
propuestas que se han expresado sobre la Universidad corresponden a alguna de
las perspectivas presentadas aquí.
Después
de conocerlas y dialogar reflexivamente sobre las diferentes perspectivas, el
participante en los foros o el lector podrían concluir que las mejores
soluciones combinan aspectos de todas o varias de ellas. No obstante, en
algunos aspectos fundamentales, cada una apunta en diferente dirección y es
importante ponderarlas y asignar prioridades. Si el proceso resulta exitoso,
podemos aspirar a que entre los participantes en el diálogo se establezca un
sentido compartido de dirección a pesar de las diferencias, aun cuando no
exista un consenso. Otros productos positivos pueden ser que cada uno avance en
su propio sentido de vinculación y responsabilidad en el problema y en la
evolución hacia una organización para resolver éste y otros intereses
compartidos.
Para
facilitar la identificación y referencia a cada una de las perspectivas, podríamos
nombrarlas más o menos arbitrariamente según distingan la esencia del problema
y las opciones de solución como: 1) La Académica, 2) La Cultural, 3) La Social,
y 4) La Institucional. Cada una se presenta con algunos de los fundamentos o
principios y, seguidamente, varios de los argumentos en favor y en contra que
han sido expresados.
Perspectiva 1. La Universidad es una institución académica.
Fundamentos. Como institución dedicada
a la filosofía, el arte, la ciencia y la tecnología, las funciones
universitarias son la docencia, la investigación y la extensión. Su contribución
para ayudar a resolver los problemas sociales está en el estudio científico y
técnico de esos problemas y en la formación de personas preparadas para la
conducción social. Los cambios positivos deben enfocarse a mejorar esas
funciones. La ciencia, así como todas las formas de actividad universitaria, guarda distancia con respecto a los valores y los intereses
políticos, porque es esencialmente objetiva. Los profesores, los investigadores
y los estudiantes deben dedicarse al estudio y la investigación. Las mejores
contribuciones universitarias a su entorno social son los recursos humanos y
los conocimientos producidos por la investigación.
Razones en favor. Quienes favorecen esta opción rechazan muchas veces la "contaminación" política de la Academia. Sostienen con frecuencia que las responsabilidades con respecto al desarrollo del país corresponden a los sectores gubernamental, político y económico. Tienden a verse a sí mismos desvinculados de la injusticia social. Entre otros aspectos, la excelencia en la calidad académica se ubica en el prestigio de los egresados, el ambiente físico favorable para el cultivo de los académico y el número y calidad de las publicaciones, especialmente si son editadas en revistas especializadas del país y del extranjero. La actualización tecnológica y la inversión en la tecnología de la comunicación y la información son de alta prioridad. Algunos de los problemas para superar la situación actual son esencialmente académicos, como por ejemplo, el mejoramiento de contenidos educativos, métodos y ambientes de estudio e investigación (salones, bibliotecas y laboratorios). Otros, como la baja preparación de los estudiantes de primer ingreso, la falta de recursos y el sectarismo político, para mencionar sólo algunos, son problemas importantes cuya solución ayudará a apuntalar lo académico.
Argumentos contrarios. Los críticos de esta postura argumentan sobre cuál debe ser
necesariamente la función de la Universidad en un país empobrecido y en
conflicto. Señalan que todos hacemos política, incluyendo al que dice que no la
hace. Los productos no deben evaluarse en términos de egresados y número de
publicaciones sino en el impacto social y los indicadores de desarrollo humano
alcanzado por la población. Nos recuerdan cuál es el origen de los fondos que
sostienen a la institución, especialmente en el caso de la Universidad pública.
Indican que la despreocupación con relación al contexto social y las demandas
de la época ha dado lugar a muchos de los problemas que ahora se señalan a la
Universidad, incluyendo su aislamiento y falta de impacto. La inversión
necesaria para sostener a la Universidad en la vanguardia científica y
tecnológica supone costos muy altos o inalcanzables por las universidades del
tercer mundo.
Perspectiva 2. La Universidad es una
institución cultural.
Fundamentos. La cultura es un elemento
esencial de la educación. El comportamiento y el cumplimiento de las responsabilidades
de las personas en la Universidad, como en toda otra organización social, está determinada por la forma en que cada una se ve a sí
misma con respecto a las autoridades, o al poder en general, y por la forma en
que interpreta los códigos de su cultura. Se construye así una visión
individual que, a su vez, parte de una síntesis colectiva institucional y
social relacionada con los momentos de la historia. La Universidad está llamada
a realizar nuevas maneras de relación humana y constituirse en una comunidad
que ejemplifique ante la sociedad las mejores formas de convivencia. Por medio
de sus productos, la Universidad debe propiciar el desarrollo de valores, actitudes
y conductas favorables para los procesos de la democracia y la paz. Para
Guatemala esta contribución es imprescindible por sus características relacionadas
con la multietnicidad, la pluriculturalidad, el autoritarismo y el género,
entre otras.
Razones en favor. Quienes sostienen esta perspectiva afirman que la
Universidad es reproductora de la cultura prevalente en la sociedad de la que
es parte. Por ser creadora de conocimiento, la investigación significa crear
cultura. También es creadora de cultura por medio de la filosofía, la
literatura y las actividades relacionadas con el arte. Por lo tanto, interviene
dinámicamente en la sociedad. Su papel creador de cultura implica que influye
en la estructura de poder (en el Estado, en las relaciones étnicas y de
género), a diferencia de las otras organizaciones tradicionalmente reproductoras
de cultura. La extensión universitaria es un medio importante de reproducción
cultural en la sociedad y de resignificación de la realidad social y el
ambiente natural para la Universidad. Esto le da a la institución una posición
privilegiada para ejercer una necesaria función crítica ante la sociedad y el
Estado. El problema actual de la Universidad tiene raíces en la práctica de una
cultura institucional propia que no favorece los cambios necesarios. Las
opciones más favorables de cambio institucional deben enfocarse a cambiar los
valores y orientar los intereses de sus integrantes hacia una sociedad más
humana. Poco impacto habrán de lograr los cambios
universitarios, incluyendo los estructurales, si no se acompañan de cambios
favorables en las mentalidades de los investigadores, profesores, estudiantes y
directivos.
Argumentos contrarios. Quienes manifiestan objeciones a este enfoque pueden partir
de varios puntos de vista. Algunos están convencidos que los problemas y las
soluciones son concretos y se encuentran en la
naturaleza de las acciones que se hacen o se dejan de hacer. Las necesidades
internas de la Universidad y los intereses sociales en los que ésta puede
contribuir demandan aportes prácticos. Indican que tal enfoque no es objetivo,
da lugar a mucha subjetividad y no facilita que se efectúen evaluaciones con
indicadores eficaces. Otros sostienen que la preocupación por los valores ha
llevado a posturas conservadoras del statu quo, vinculadas a veces con
intereses moralizantes, ocasionalmente religiosos. Desde otro punto de vista,
algunos dicen que la imagen institucional, la calidad académica y otros
elementos culturales son relativos y dependen de los intereses de quienes
argumentan sobre esas bases.
Perspectiva 3.
La Universidad es una institución de apoyo para el país.
Fundamentos.
La Universidad está llamada a proponer y estimular acciones científico-técnicas,
humanísticas y políticas que ayuden a un proyecto nacional democrático. Debe
propiciar las diferentes modalidades que en concreto pueden tomar los vínculos
de la Universidad con la sociedad y ejecutar programas y acciones convergentes
con el proyecto de país, desde el nivel del Estado hasta el de las comunidades
locales (desarrollo comunitario, proyectos ecológicos, de género o de Universidad-Industria,
gestión de proyectos ante instituciones gubernamentales, ONGs o agentes
financiadores, publicaciones, docencia-servicio en salud, integración de
organismos intersectoriales o regionales, bufetes populares, etc.). Las
universidades deben intervenir directamente en acciones tendientes a cambiar la
sociedad. Al solidarizarse con los intereses sociales, la Universidad acepta
responsabilidades que le comprometen a actuar políticamente.
Razones en favor. La comprensión de las realidades sociales lleva
directamente al análisis y la toma de decisiones para ayudar a resolver los
problemas. Por ser estos de naturaleza humana incluyen necesariamente el
aspecto político. Por lo tanto, la Universidad no puede excluirlo. El proceso
educativo, incluyendo el currículo mismo y el método que se sigue para
adoptarlo son proyectos que en alguna medida son políticos y responden a intereses
políticos. Por otro lado, no se justifica la existencia misma de la Universidad
en un país cargado de problemas económicos y sociales, si no estudia las
necesidades populares y descuida el planteamiento de acciones integrales que
aporten positivamente para un proyecto nacional a corto y largo plazo. Los
ámbitos para el estudio y la aplicación de la filosofía, las humanidades, la
ciencia y la tecnología no son sólo de carácter universal sino también regional
y local. Por lo tanto, la actividad universitaria es importante e inseparable
para cualquier proyecto que se adopte para desarrollar integralmente el país.
Argumentos contrarios. Los que no están de acuerdo con esta visión argumentan que
es pragmática, contraria a la naturaleza de la institución universitaria. Las
universidades nacieron para el cultivo de los más altos valores del espíritu:
la filosofía, el arte y la ciencia. La introducción de actividades ajenas a
éstas no sólo desvía la atención de lo que le compete a la Universidad, sino
también la lleva a tomar funciones que corresponden a otras organizaciones
sociales en el funcionamiento del Estado. Desde otra posición, indican que la
realización de actividades en campos muy variados de la vida social implica un
desgaste innecesario, poco fértil para ejecutar las principales
responsabilidades. Además, significa una forma de activismo social que invita a
la mediocridad. Argumentan que esta orientación aleja la excelencia académica
de las aulas y laboratorios.
Perspectiva 4.
La Universidad debe ser transformada en su estructura institucional.
Fundamentos. La Universidad se ha
separado substancialmente de los intereses sociales de su entorno. Los procesos
históricos de los últimos años se han dado a tal velocidad que las
universidades latinoamericanas en general, especialmente las estatales, han
quedado desvinculadas de los movimientos del respectivo desarrollo nacional y
los procesos globales. Muchos de los problemas universitarios aparecieron en
las dos últimas décadas: la masificación estudiantil, el gigantismo
institucional, la desproporción del sector administrativo, la entrega de los
cargos de dirección a políticos en detrimento de los académicos, los dilemas entre
especialización o integración, énfasis académico o profesional, y otros. Las
concepciones actuales sobre la naturaleza de la Universidad, los métodos para
educar, investigar, de extensión y de política administrativa, y la estructura
organizativa no permiten hacer los ajustes necesarios para ser coherente con la
sociedad y su época.
Razones en favor. En el fondo las universidades son instituciones
conservadoras a las que no se les facilita hacer cambios de dirección. Carecen
de agilidad para responder de una manera equivalente a la rapidez con que
suceden los cambios políticos, económicos y sociales de la actualidad. Pero los
momentos actuales son críticos y obligan a hacer ajustes por parte de las universidades.
La Universidad guatemalteca ha reducido su presencia en la vida nacional hasta
el punto que sus aportes y su credibilidad no tienen
hoy la importancia que solían tener. El grado de desvinculación con respecto a
las necesidades del país en cuanto a la producción, la comunicación y los
servicios obliga a plantear cambios de fondo. Los propósitos, los
procedimientos y la estructura están desarticulados de los intereses
nacionales, por lo que es urgente iniciar un movimiento transformador en las raíces
institucionales. Los cambios institucionales menores son sólo paliativos.
Argumentos
contrarios. Quienes
adversan esta postura subrayan que al dedicar los principales esfuerzos a un
cambio radical se cae en una forma de escapismo porque no hay condiciones para
hacer ese cambio. El planteamiento de la vía de la transformación estructural
esconde cierto reconocimiento de la propia incapacidad para tomar medidas
prácticas inmediatas o pretende mediatizar los verdaderos esfuerzos de cambio
al llevarlos al plano del discurso estéril o formal únicamente. La experiencia
ha demostrado que los movimientos de transformación iniciados desde las
autoridades no llevan a movimientos transformadores. Se quedan en
confrontaciones teóricas. Además, en este momento no existe la suficiente
experiencia, ni el grado de conciencia, en las bases de los profesores y
estudiantes para organizar un movimiento desde las bases. Desde otra postura,
los críticos dicen que este enfoque implica un plazo muy largo. Está desfasado
porque las necesidades del medio social son urgentes.
CONCLUSIÓN
Este documento presenta cuatro
distintas direcciones para orientar el cambio universitario. El propósito es
estimular la reflexión y la deliberación en foros abiertos que ayuden a definir
acciones con sentido de participación. El lector podría reconocer su propia
visión en alguna de las perspectivas descritas o también podría combinar
elementos de cada una. La selección entre las distintas direcciones o la
integración de una nueva son tareas necesariamente complejas. Pero el diálogo y
la elección compartida de alguna opción (entre las presentadas o alguna
combinación de ellas) es de la mayor importancia. Este es el momento de hacer
el esfuerzo.
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