Erich Fromm, Feminismo y la Escuela de Frankfurt*
Autor: Douglas Kellner. Traducción
Erich Fromm es uno de los pocos miembros de la Escuela de Frankfurt que se comprometieron seriamente con la teorización de los problemas de género y las diferencias entre hombres y mujeres. De ciertas maneras, Fromm se anticipó a los intentos posteriores que hubo para producir un marxismo feminista y a los análisis postestructuralistas de la naturaleza de género socialmente construida. No obstante, el análisis de género de Fromm fue muy irregular e incluso contradictorio, indicando con ello las dificultades del tema y quizás los obstáculos que habría para superar las concepciones masculinas dominantes al tratar los problemas altamente polarizados y conflictivos de género y sexualidad. En ese sentido, en este trabajo seleccionaré varios análisis de género en el trabajo de Fromm y señalaré tanto sus anticipaciones a las ideas feministas contemporáneas como también los momentos de sexismo y esencialismo en sus textos [1].
Traer a cuenta a Fromm y la Teoría Crítica levanta una serie de preguntas acerca de la relación de Fromm con el Instituto Para la Investigación Social, su ruptura con el Instituto, sus polémicas posteriores y las discusiones resultantes de las relaciones entre Fromm y la Teoría Crítica que han sido muy críticas y con menosprecio hacia Fromm [2]. En contra de la tendencia a rechazar a Fromm superficialmente, aquí argumento que una reevaluación de su trabajo debió haber sido hecha ya hace tiempo y que, en particular, una nueva lectura de algunos de sus ensayos de los años 1930s -- cuando estaba estrechamente involucrado en los proyectos del Instituto Para la Investigación Social -- junto con la lectura de sus análisis posteriores sobre género y agresión podrían contribuir a una posible síntesis de Teoría Crítica y feminismo. Más específicamente, sus ensayos sobre el matriarcado contienen algunas ideas provocativas acerca del tema del patriarcado y la dominación masculina que proyectan una mirada positiva sobre la mujer y las cualidades matricéntricas, contrarrestando los enfoques patricéntricos de algunos de sus colegas de la Escuela de Frankfurt. Es más, Fromm fue el primero de los teóricos críticos en plantear el asunto de género y diferencia sexual e hizo muchas contribuciones importantes teorizando la familia, el patriarcado y la opresión de las mujeres en las sociedades contemporáneas.
Marxismo/Psicoanálisis/Feminismo: la Síntesis Temprana de Fromm
Uno de los rasgos distintivos de la Teoría Crítica es su síntesis de Marx y Freud orientada a producir una teoría de las mediaciones psicológicas entre la psique y la sociedad ignorada por el marxismo tradicional [3]. Los ensayos teóricos que determinan el perfil de la psicología social materialista en el Instituto se publicaron en Zeitschrift fur Sozialforschung por Erich Fromm. Fromm era un psicoanalista clínico que también tenía un cargo universitario como disertante en el Instituto Para el Psicoanálisis en la Universidad de Frankfurt. También estaba interesado en marxismo y sociología, y se unió al Instituto como su experto en psicología en 1929 [4]. Fromm fue uno de los primeros en sintetizar a Marx y Freud para desarrollar una psicología social marxista; muchos de los otros miembros del Instituto habrían de intentar síntesis similares, aunque la mezcla e interpretaciones precisas de Freud y Marx a menudo fueron bastante diferentes.
Fromm esboza el contorno básico de su proyecto en su artículo "El Método y Función de una Psicología Social Analítica" subtitulado "Notas Sobre Psicoanálisis y Materialismo Histórico" (Fromm {1932a} 1970). Empieza con la discusión de los principios básicos del psicoanálisis y entonces indica por qué piensa que la teoría de Freud, propiamente interpretada y reconstruida, es compatible con el materialismo histórico. Para Fromm, el psicoanálisis es una psicología materialista que analiza los impulsos y necesidades instintivos como fuerzas motoras de la conducta humana. Realiza un inventario de los instintos básicos y diseca las fuerzas y mecanismos inconscientes que a veces controlan la conducta humana. El psicoanálisis también analiza la influencia de las experiencias específicas de la vida sobre la naturaleza instintiva heredada. Así, en el punto de vista de Fromm, la teoría de Freud es "exquisitamente histórica, busca entender la estructura del impulso por medio de la comprensión de la historia de vida" (Fromm {1932a} 1970, pág 139).
La concepción básica del psicoanálisis para Fromm es "la adaptación activa y pasiva del aparato biológico, los instintos, a la realidad social" (Fromm {1932a} 1970, pág 141). El psicoanálisis es especialmente valioso para la psicología social en el sentido de que busca "descubrir las causas ocultas de los patrones de conducta evidentemente irracionales en la vida social -- en religión, costumbres, política y educación" (Fromm {1932a} 1970, pág 141). Por lo tanto, Fromm cree que una "psicología social analítica" es completamente compatible con el materialismo histórico dado que ambos son ciencias materialistas que "no empiezan de 'ideas' sino de la vida y necesidades terrenales. Están particularmente cerca en su apreciación de la conciencia, que es vista por ambos más como un reflejo de otras fuerzas ocultas que como la fuerza impulsora detrás de la conducta humana" (Fromm {1932a} 1970, pág 142). A pesar que el materialismo histórico tiende a asumir la primacía de las fuerzas e intereses económicos en la vida individual y social, y el enfoque psicoanalítico está en las fuerzas instintivas y psicológicas, Fromm cree que ambos pueden sintetizarse provechosamente. En particular, cree que una psicología social analítica puede estudiar las maneras en que la estructura socioeconómica influencia y conforma el aparato instintivo de individuos y grupos.
Fromm sostiene que al énfasis psicoanalítico en la primacía de la familia en el desarrollo humano también puede dársele un toque materialista histórico. Dado que "la familia es el medio por el que la sociedad o la clase social imprime su estructura específica en el niño," el análisis de la familia y los procesos de socialización puede indicar cómo la sociedad reproduce su estructura de clase e impone sus ideologías y prácticas sobre los individuos. Fromm sugirió que las teorías psicoanalíticas al hacer abstracciones cuando estudian las maneras en que una sociedad dada socializa sus miembros para aceptar y reproducir una estructura social específica, tienden a tomar la sociedad burguesa como una norma e ilícitamente universaliza sus hallazgos. El materialismo histórico ofrece un correctivo a estos errores enfatizando la naturaleza intrínsecamente histórica de todas las formaciones sociales, instituciones y prácticas, así como también la vida humana.
El ensayo de Fromm es primariamente programático y no especifica en gran detalle cómo la sociedad capitalista-burguesa reproduce sus estructuras en sus miembros. Más bien se preocupa de perfilar un programa de investigación y de argumentar en favor de la compatibilidad del psicoanálisis y el marxismo proponiendo que el psicoanálisis "puede enriquecer la concepción global del materialismo histórico en un punto específico. Puede dar un conocimiento más comprensivo de uno de los factores que es operativo en el proceso social: la naturaleza del ser humano mismo" (Fromm {1932a} 1970, pág 154). Para Fromm, los instintos naturales son parte de la base (Unterbau) de la sociedad y cree que nuestra comprensión de la conducta humana y los procesos sociales será enriquecida por medio del conocimiento recíproco de cómo la sociedad amolda y adapta instintos a sus estructuras y cómo los seres humanos forman y cambian sus ambientes para satisfacer sus necesidades. "En ciertos aspectos fundamentales, el propio aparato instintivo está determinado por lo biológico; pero es altamente modificable. El papel de los factores formativos primarios lo tienen las condiciones económicas. La familia es el medio esencial por el cual la situación económica ejerce su influencia formativa en la psique del individuo. La tarea de la psicología social es explicar las actitudes psíquicas y las ideologías compartidas y socialmente pertinentes -- y sus raíces inconscientes en particular -- en términos de la influencia de las condiciones económicas sobre los impulsos de la libido" (Fromm {1932a} 1970, pág 149).
Fromm también sugiere que el psicoanálisis puede ayudar a explicar cómo las estructuras e intereses socioeconómicos se transforman en ideologías, así como también las formas como las ideologías moldean e influencian el pensamiento y la conducta humanos. En la apreciación de Fromm, semejante fusión de Marx y Freud enriquecerá inmensamente la teoría social materialista, proporcionando análisis de las mediaciones por las cuales la psique y la sociedad interactúan y se forman recíprocamente. Cada sociedad, asegura, tiene su propia estructura libidinal y sus propios procesos con los que la autoridad es reproducida en el pensamiento y la conducta humanos. Entonces una psicología social analítica debe ser profundamente empírica para explicar cómo la dominación y la sumisión ocurren en sociedades específicas y comprendamos cómo es posible el cambio social y psicológico.
En un ensayo del mismo periodo, "Caracterología Psicoanalítica y Su Relevancia para la Psicología Social," Fromm aplica su psicología social analítica a una investigación sobre cómo la sociedad burguesa forma tipos de carácter dominante que reproducen la estructura social y se someten a la autoridad social. Una teoría de carácter social sería central en el trabajo de Fromm, aunque en este ensayo él asume en un estilo freudiano bastante ortodoxo que la "base general de la caracterología psicoanalítica es ver ciertos rasgos del carácter como sublimaciones o formaciones de reacción de ciertos impulsos instintivos que son de naturaleza sexual" (Fromm {1932b} 1970, pág 164-165). Fromm discute entonces la teoría de Freud de los rasgos del carácter orales, anales y genitales y cómo las estructuras sociales específicas producen y premian ciertos tipos de rasgos mientras que a la vez eliminan otros. En particular, utilizando el estudio de Werner Sombart de la "burguesía" y los diarios de Benjamin Franklin, Fromm discute cómo la sociedad burguesa produjo una estructura de carácter en la que el deber, la mezquindad, la disciplina, el ahorro, y otros, se convirtieron en rasgos dominantes de la estructura del carácter burgués mientras se devaluaron el amor, el placer sensual, la caridad y la generosidad.
Anticipándose a estudios posteriores del Instituto sobre los cambios en la personalidad en el capitalismo contemporáneo, Fromm escribe acerca de los desarrollos de la estructura del carácter bajo el capitalismo monopólico y sugiere: "Está claro que los rasgos de carácter típicos del burgués del siglo 19 desaparecieron gradualmente, a medida que el tipo clásico de empresario hecho a sí mismo, independiente, tanto dueño como gerente de su propio negocio, estaba desapareciendo. Los rasgos de carácter del comerciante inicial se volvieron más un impedimento que una ayuda para el nuevo tipo de capitalista. Una descripción y análisis de la psique de este último en el capitalismo actual es otra tarea que debe ser emprendida por la psicología social psicoanalítica" (Fromm {1932b} 1970, pág 185).
Después (1947; 1955) Fromm describiría en detalle los tipos de carácter dominantes en las sociedades capitalistas contemporáneas. Sin embargo, uno de sus más interesantes esfuerzos a principios de los años treinta para desarrollar una psicología social materialista se encuentra en su estudio de la teoría del matriarcado desarrollada por Johann Jacob Bachofen en su artículo "La Teoría del Derecho de la Madre y su Relevancia para la Psicología Social" (Fromm {1934} 1970) [5]. Fromm indica cómo el estudio de Bachofen había sido apropiado tanto por pensadores socialistas como Engels y Bebel, así como también por pensadores conservadores. Después de criticar la versión conservadora de la teoría de matriarcado, Fromm sugiere cómo puede ser apropiado por el pensamiento progresista. Para empezar, Fromm sostiene que Bachofen da guías sobre la comprensión de cómo la naturaleza de la mujer se desarrolla a partir de las prácticas sociales; específicamente, cómo la actividad de la maternidad produce cierta atención a la crianza, rasgo del carácter maternal encontrado en la mujer, anticipándose así a teorías feministas recientes sobre la maternidad (ver Chodorow 1978).
En su análisis del matriarcado Fromm hace énfasis en las cualidades positivas de las mujeres y las cualidades negativas del patriarcado, y proporciona así un eslabón entre la teoría feminista y la Teoría Crítica. Es más, Fromm sugiere que la teoría de Bachofen de la sociedad matriarcal revela "un parentesco íntimo con los ideales de socialismo. Por ejemplo, la preocupación por el bienestar material de las personas y la felicidad terrenal se presenta como una de las ideas centrales de sociedad matriarcal. También en otros puntos, la realidad de la sociedad matriarcal, según es descrita por Bachofen, es muy parecida a los ideales y metas socialistas, y está directamente opuesta a los objetivos románticos y reaccionarios. Según Bachofen, la sociedad matriarcal era una democracia primitiva donde la sexualidad está libre de la desvalorización cristiana, donde el amor maternal y la compasión son los principios morales dominantes, donde la lesión a un compañero es el más grave pecado y donde la propiedad privada no existe todavía" (Fromm {1934} 1970, pág 118-119). Para Fromm, la pregunta crucial acerca de la teoría de matriarcado no es si una sociedad matriarcal como fue descrita por Bachofen realmente existió o no. Más bien, la teoría del matriarcado representa un cierto juego de instituciones, actitudes y valores opuestos a la sociedad patriarcal capitalista y por esta razón ganó amplia aprobación "de aquellos socialistas que buscaban, no la reforma, sino un cambio general de la estructura social y psíquica de la sociedad" (Fromm {193} 1970, pág 120).
Uno podría entonces leer el ensayo de Fromm sobre Bachofen como anticipación de una síntesis entre el marxismo y feminismo y, así, el primer esfuerzo por desarrollar una dimensión feminista dentro de la Teoría Crítica. Por ejemplo, en la discusión de la transición del matriarcado al patriarcado, Fromm sugiere algunas de las maneras como la estructura social patriarcal "está estrechamente vinculada con el carácter de clase de la sociedad actual... La familia patriarcal es uno de los sitios más importantes para producir las actitudes psíquicas que operan para mantener la estabilidad de la sociedad de clases" (Fromm {1934} 1970, pág 124). En su punto de vista, un "complejo patricéntrico" se desarrolla en la sociedad burguesa que incluye "dependencia afectiva en la autoridad paternal, involucrando una mezcla de ansiedad, amor y odio; identificación con la autoridad paternal frente al más débil; un superego fuerte y estricto cuyo principio es que el deber es más importante que la felicidad; sentimientos de culpa reproducidos una y otra vez por la diferencia entre las demandas del superego y las de la realidad, cuyo efecto es mantener a las personas dóciles ante la autoridad. Es esta condición psicosocial lo que explica por qué la familia se considera casi universalmente como la base (o por lo menos uno de los apoyos importantes) de la sociedad" (Fromm {1934} 1970, pág 124).
La relación con el padre es central en una sociedad patricéntrica. Yendo más allá de la teoría de Freud del complejo de Edipo que también atribuye importancia primaria a la relación padre e hijo en el desarrollo psicológico, Fromm hace un inventario de las varias maneras en las que la autoridad paternal es introyectada en los procesos de socialización y las maneras por las que tales procesos reproducen los valores del capitalismo y la sociedad burguesa. Fromm contrasta entonces las relaciones de los niños con su madre y los valores matricéntricos involucrados en esa relación. Mientras que la relación con el padre es a menudo condicionante de la conducta, el éxito y la habilidad para cumplir sus expectativas hay, por otro lado, un elemento de incondicionalidad en el amor de la madre y una introyección menos rígida de los valores, la culpa y las necesidades de tener éxito para ganar amor:
"Resumiendo, podemos decir que el individuo patricéntrico -- y la sociedad patricéntrica -- se caracteriza por un conjunto de rasgos en el que los siguientes son predominantes: un superego estricto, sentimientos de culpa, amor dócil a la autoridad paternal, deseo y placer en el dominio sobre personas más débiles, aceptación del sufrimiento como un castigo por su culpa y una lesionada capacidad para ser feliz. En contraste, el complejo matricéntrico se caracteriza por un sentimiento de confianza optimista en el amor incondicional de la madre, mucho menos sentimientos de culpa, un superego mucho más débil y una capacidad mayor para el placer y la felicidad. Junto con estos rasgos también se desarrolla el ideal de compasión maternal y amor por los débiles y otros que necesitan ayuda" (Fromm {1934} 1970, pág 131).
Anticipándose a las teorías feministas actuales sobre la maternidad, Fromm valoriza positivamente las cualidades y valores femeninos/matricéntricos, mientras que a la vez critica los valores y cualidades masculinos/patricéntricos. Después de un esbozo histórico de la asociación de la cultura matricéntrica con la Edad Media y el catolicismo, y la cultura patricéntrica con la burguesía, el capitalismo y el protestantismo, Fromm concluye que: "el representante real y completo de las nuevas tendencias matricéntricas demostró ser la clase cuyo motivo para dedicarse totalmente al trabajo fue incitado básicamente por consideraciones económicas en lugar de un escrúpulo internalizado: la clase obrera. Esta misma estructura emocional produjo una de las condiciones para una influencia efectiva del socialismo marxista en la clase obrera -- por cuanto la influencia dependía de la naturaleza específica de su estructura de instintos" (Fromm {1934} 1970, pág 134).
En la lectura de Fromm, Bachofen señala la relatividad de las relaciones e instituciones sociales existentes, tales como el matrimonio, la monogamia, la propiedad privada y otras formas sociales burguesas. Fromm sugiere que las tales puntos de vista sobre la armazón social de los arreglos sociales deben "ser bienvenidos por una teoría y una actividad política que promueven un cambio fundamental de la estructura social existente" (Fromm {1932} 1970, pág 123). También había otras razones políticas por las que tal teoría podría atraer a los progresistas: "Aparte del hecho de que la teoría del matriarcado subrayaba la relatividad de la estructura social burguesa, su contenido muy especial no podía sino ganar la simpatía de los marxistas. En primer lugar, había descubierto un periodo en que la mujer había sido la autoridad y punto focal de la sociedad, en lugar de ser esclava de hombre y objeto de trueque; esto prestó apoyo importante a la lucha por la emancipación política y social de la mujer. La gran batalla del siglo 18 tenía que ser recogida de nuevo por aquéllos que estaban luchando por una sociedad sin clases" (Fromm {1932} 1970, pág 123).
Fromm concluye el estudio señalando las compatibilidades entre las tendencias matricéntricas y el marxismo -- y así entre marxismo y feminismo: "La base psicológica del programa social marxista era predominantemente el complejo matricéntrico. El marxismo es la idea que si las capacidades productivas de la economía estuvieran organizadas racionalmente, a cada persona se le daría una provisión suficiente de los bienes necesarios -- sin importar su papel en el proceso de la producción. Además, todo esto podría hacerse con mucho menos trabajo por parte de cada individuo que lo que había sido hasta la fecha y, finalmente, cada ser humano tiene un derecho incondicional a la felicidad en vida y esa felicidad básicamente reside en 'el desarrollo armonioso de la propia personalidad'. Todas estas ideas eran la expresión racional, científica, de ideas que sólo podrían soñarse bajo las condiciones económicas iniciales: la Madre Tierra da a todos sus hijos lo que necesitan, sin considerar sus méritos" (Fromm {1934} 1970, pág 134-135).
Aun cuando podríamos disputar la igualdad de Fromm de la cultura matricéntrica con el socialismo marxista, es interesante notar su preocupación por la emancipación de la mujer y sus ataques sobre el patriarcado. También notamos en el artículo su preocupación, compartida por otros miembros importantes de la Escuela de Frankfurt, por la satisfacción sensual y la felicidad. Fromm considera que el énfasis de Bachofen en la "felicidad material en la Tierra" y el "hedonismo social" en su teoría del matriarcado ayuda a explicar su atractivo entre los pensadores socialistas (Fromm {1934} 1970, pág 125) y subraya el propio compromiso de Fromm a la felicidad material y la satisfacción sensual en una discusión de cómo la sexualidad "ofrece una de las oportunidades más elementales y poderosas para la satisfacción y la felicidad" (Fromm {1934} 1970, pág 126).
A pesar que Fromm hace un análisis favorable de los principios matricéntricos valorizados por Bachofen y una crítica de los valores patriarcales, no es seguro que su uso del mito del matriarcado es el mejor dispositivo conceptual para valorizar las cualidades de la mujer. Hay ahora un escepticismo muy difundido sobre si las sociedades matriarcales realmente existieron y si la romantización de Bachofen de la maternidad y los valores matricéntricos crea un papel normativo prescrito para ser cumplido, restringiendo así la libertad de las mujeres para escoger modos de existencia distintos a las normas sociales. Muchas mujeres hoy están intentando escapar de su definición como madres que usa el mito del matriarcado para definir las funciones esenciales de las mujeres. Hay también algunos aspectos acerca del valor antropológico e ideológico del trabajo de Bachofen que necesitan ser revisados.
Sin embargo, es quizás más valioso para el feminismo contemporáneo el trabajo de Fromm de los años 1930s sobre la autoridad y la familia que sus reflexiones sobre Bachofen y el matriarcado. Fromm jugó un papel determinante al efectuar una indagación multidisciplinaria acerca de las conexiones entre la familia y la autoridad, lo cual es el proyecto de investigación más sustancial emprendido por el Instituto Para la Investigación Social en los años treinta. Los resultados del estudio de cinco años se publicaron en un "informe de la investigación" de dos volúmenes Studien über Autorität und Familie (Fromm, Horkheimer, et al 1936). La primera sección consistió de tres estudios teóricos por Horkheimer, Fromm y Marcuse y fue editada por Horkheimer. La segunda parte fue revisada por Fromm y consistió de estudios de socialización en clases diferentes con estudios especiales sobre educación sexual, socialización de los jóvenes y socialización en familias desempleadas. La tercera parte revisada por Lowenthal consistió de estudios individuales de una variedad de temas en el área de la familia y la autoridad en diferentes países.
En su ensayo teórico, Erich Fromm intentó construir herramientas conceptuales para analizar las relaciones entre la autoridad y la familia. Él y sus colegas buscaron especificar "los impulsos psicológicos que causan que las personas se sometan a la autoridad y que hacen agradable esta sumisión sin tener en cuenta la naturaleza de los mandatos" (Fromm 1936, pág 908). Fromm sostiene que la teoría freudiana proporciona "por mucho el mejor acercamiento para la comprensión de la dinámica psíquica de la autoridad," y usa las categorías freudianas del ego, superego y sadomasoquismo para elucidar los mecanismos de autoridad y sumisión.
Siguiendo a Freud, Fromm presenta el superego como la internalización de la autoridad social, "y específicamente del padre en la familia patriarcal de los tiempos modernos. Puesto que la autoridad exterior es internalizada, el individuo obedece sus órdenes y prohibiciones no sólo debido al miedo real al castigo externo, sino también por miedo a la censura interna creada dentro de sí. Mientras el superego debe su existencia a una internalización de la autoridad, esa existencia es constantemente reforzada por una proyección del superego en los representantes de la autoridad. Estos últimos están dotados de las cualidades del superego, su moralidad, su sabiduría y su fuerza, de una manera bastante independiente de las realidades del caso. De esta manera, tales autoridades se hacen mejor y mejor adaptadas para llevar más allá la internalización y mejor ajustadas a su papel de portadores del superego. Así se establece un ciclo continuo. La relación superego-autoridad es por lo tanto dialéctica" (Fromm 1936, pág 908).
Fromm describe entonces cómo la familia es la institución clave en la producción del superego y cómo el desarrollo de un superego fuerte facilita la represión de los impulsos rebeldes. Los egos débiles se someten a la autoridad del superego, así que Fromm hace un llamamiento en favor de la producción de un ego más fuerte que hará posible un pensamiento y una acción más independientes. En la postura de Fromm, esto es particularmente urgente dado que los egos de las personas están haciéndose tan débiles que "el carácter masoquista" casi parece "normal". "Carácter" para Fromm se refiere a estructuras específicas de la personalidad que resultan de la represión y la sublimación de los impulsos instintivos, formaciones de reacción y procesos de socialización. El carácter social se refiere a las estructuras de carácter dominantes en las distintas sociedades. El carácter masoquista, Fromm dice, está estrechamente vinculado con el sadismo. El énfasis principal de Fromm en su ensayo está en el carácter sadomasoquista que cree que está convirtiéndose en una parte importante del aparato psíquico de las sociedades autoritarias. Un carácter sadomasoquista se somete a las autoridades dominantes y los poderes más altos, pero a su vez trata despóticamente a quienes están debajo de él o ella en la jerarquía social. El carácter masoquista obtiene placer tanto de la sumisión a las altas autoridades como también de la imposición autoritaria sobre los estratos más bajos. Este tipo de carácter ayuda así a reproducir la autoridad social y contribuye a aumentar la dominación social y la agresión.
Fromm afirmaba que las sociedades autoritarias producen aquellas necesidades y satisfacciones que, a su vez, producen estructuras de carácter sadomasoquistas. Igualmente, Fromm pensaba que a medida que las condiciones económicas empeoran, crece la ansiedad social y que al declinar la autoridad del padre en la familia, el poder de las autoridades sociales a menudo crece, sometiendo a los individuos a una dominación más directa por la sociedad. En una discusión final sobre la insubordinación contra la autoridad, Fromm llama a la rebelión contra la autoridad irracional y al desarrollo de un ego fuerte que no derive placer de la subordinación o la dominación y que sea independiente de la autoridad social hegemónica pero capaz reconocer la autoridad racional.
Otros miembros del Instituto serían posteriormente más escépticos que Fromm con respecto a las posibilidades de desarrollo de egos independientes en las sociedades capitalistas contemporáneas. Eventualmente, mucho más énfasis se pondría en las instituciones de cultura y política de masas para socializar directamente a los individuos (Kellner 1989b). La preocupación por la familia, la autoridad y la socialización continuaría caracterizando el trabajo de Fromm en los años siguientes. Miedo a la Libertad (Fromm 1941) analiza las maneras en que los individuos internalizan la autoridad irracional en la época fascista, y El Hombre para Sí Mismo y La Sociedad SANE (Fromm 1955) analizan cómo los individuos conforman las sociedades capitalistas y patriarcales contemporáneas. La intersección de marxismo, feminismo y psicoanálisis en el trabajo de Fromm se anticipa a ciertas tendencias de la teoría feminista posterior y se adelanta a posibles síntesis entre la Teoría Crítica y el feminismo. En vista de que el análisis de género es un aspecto central en la teoría feminista contemporánea, indagaremos ahora acerca de qué contribuciones hace Fromm a la teoría del género y qué limitaciones le impiden desarrollar un análisis más adecuado de las diferencias entre hombres y mujeres.
Fromm Sobre el Género: Modelos en Conflicto
En los ensayos que empiezan desde finales de los años cuarenta hasta su muerte, Fromm fue el primero de los teóricos críticos en desarrollar enfoques de género; su foco fue la teorización de las diferencias entre hombres y mujeres. Sin embargo, sus apreciaciones constantemente estaban cambiando y eran notablemente contradictorias, lo cual es testimonio de las dificultades que había para teorizar sobre género y superar los prejuicios ideológicos dominantes. En el ensayo de 1943 "Sexo y Carácter," Fromm asume la delicada tarea de caracterizar los modelos dominantes sobre género y la de esbozar sus propias apreciaciones. Empieza reconociendo la longevidad del proyecto de delinear las diferencias entre los sexos, citando explicaciones bíblicas de las diferencias esenciales. Luego se refiere a la naturaleza altamente politizada de tal esfuerzo al contrastar las posiciones liberales de la Ilustración de que no había diferencias innatas entre los sexos contra las afirmaciones conservadoras y románticas de que había diferencias esenciales que fueron usadas para apoyar la dominación masculina y justificar la desigualdad (Fromm 1943, pág 21).
Fromm también señala la continuación de las ideas conservadoras de Freud sobre género y cita el desarrollo de un psicoanálisis "culturalmente orientado" que "discutía los hallazgos de Freud" (1943, pág 22). El propio Fromm, en este ensayo, intentará mediar entre las posiciones del esencialismo biológico y el relativismo cultural en su análisis de la diferencia de género. Fromm quiere analizar las diferencias realmente existentes entre los sexos sin valorizar las supuestas deficiencias que justificarían la dominación de un género por el otro. Sostiene que:
"Es la tesis de este trabajo que ciertas diferencias biológicas producen diferencias caracterológicas; que tales diferencias están mezcladas con aquéllas que son producidas directamente por factores sociales; que estos últimos son mucho más fuertes en su efecto y pueden ya sea aumentar, eliminar o revertir las diferencias de raíz biológica; y que eventualmente las diferencias caracterológicas entre los sexos, en tanto no sean determinadas directamente por la cultura, nunca constituyen diferencias en valor" (Fromm 1943, pág 22-23).
Fromm empieza su análisis de la diferencia sexual biológica indicando lo que considera que son diferencias prominentes entre hombres y mujeres en el acto sexual. El varón, argumenta, debe tener una erección y retenerla durante el acto hasta que tiene un orgasmo; para satisfacer a la mujer debe mantenerla hasta que la mujer tiene un orgasmo (1943, pág 23). Estos hechos biológicos, sostiene Fromm, apuntan a diferentes ansiedades sexuales masculinas y femeninas. El varón tiene la ansiedad de desempeño y miedo al fracaso. "La vulnerabilidad de la mujer por otro lado está en su dependencia en el hombre; el elemento de inseguridad relacionado con su función sexual se encuentra no en el fracaso sino en ser "dejada sola," en ser frustrada, en no tener completo control sobre el proceso que lleva a la satisfacción sexual" (ibid).
Este análisis obviamente presupone la relación genital heterosexual como modelo de sexualidad y falla en indicar las maneras en que el estímulo oral o manual pudieran producir orgasmo, dejando ver el enraizamiento del análisis de Fromm en las prácticas sexuales de su propio entorno. Independiente de esta falla conceptual bastante seria, sin embargo, uno ve que Fromm intenta criticar el patriarcado y romper los estereotipos de las mitologías sexuales dominantes del periodo. Critica en Freud el modelo de la sexualidad extremadamente patriarcal y el análisis de la diferencia sexual. Afirma que tanto Freud como las interpretaciones ideológicas tradicionales de las mujeres como esencialmente vanas son refutados por lo que Fromm considera intentos de los hombres para probarse a sí mismos, "para demostrar qué buen 'ejecutante' es," en el acto sexual. Lo mismo sucede en otras esferas sociales donde los hombres buscan confianza contra los miedos de fracaso sexual por medio de la competencia por prestigio en otras áreas de la vida (1943, pág 25f.). La mujer, por otro lado, es obligada a atraer a los hombres y así "la vanidad es esencialmente una necesidad de atraer, y la necesidad de demostrarse a sí misma que ella puede atraer, es atractiva" (Fromm 1943, pág 27).
Fromm también afirma que el sistema social en su conjunto estimula la competencia y la vanidad masculinas, así como el poder y la dominación sobre las mujeres para mitigar el miedo al ridículo y ganar prestigio para combatir la inseguridad. Fromm sugiere que en la batalla de los sexos el pene es un arma con la que los hombres pueden dominar a las mujeres sádicamente, aunque las mujeres pueden ridiculizar a los hombres e incluso hacerlos impotentes: "La hostilidad específica del hombre es oprimir; la de la mujer es socavar" (Fromm 1943, pág 28). Así Fromm tiende a privilegiar las características culturales al hablar de la diferencia sexual, aunque propone que las diferencias biológicas y culturales tienden a reforzarse unas a las otras en las sociedades contemporáneas. Después de revertir la teoría de Freud de la envidia del pene señalando la posibilidad de que los hombres envidian tener hijos, Fromm repite su análisis del matriarcado de Bachofen (pág 28-30) e indica:
"Éstas diferencias ‘naturales’ están mezcladas con diferencias provocadas por la cultura específica en la que viven las personas. En la cultura actual, por ejemplo, de hecho y en ideología, las mujeres dependen de los hombres; el apetito de prestigio y éxito competitivo se encuentra en los hombres. Pero la presencia de estas tendencias tiene mucho menos que ver con papeles sexuales que con papeles sociales... Lo que pasa es que los modelos culturales y las formas sociales pueden crear tendencias caracterológicas que van paralelas a tendencias idénticas arraigadas en fuentes completamente distintas tales como las diferencias sexuales. Si ése es el caso, las dos tendencias paralelas se mezclan en una sola, y tal parece como si las fuentes también fueran una sola (Fromm 1943, pág 30)."
Finalmente, en "Sexo y Carácter" Fromm enfatizó que las diferencias individuales entre las personas eran más fundamentales que las de género, anotando: "cualquier diferencia entre los sexos, es relativamente insignificante comparada con las diferencias caracterológicas que se encuentran entre personas del mismo sexo" (1943, pág 30). El énfasis en la primacía de las diferencias individuales y la necesidad de los individuos para constituir su propia identidad definiría su próximo ensayo importante sobre género.
Aunque el análisis de Fromm de 1943 sobre las diferencias de género estuvo próximo al esencialismo biológico - a pesar de sus salvedades culturalistas - retornó luego a un modelo más cultural a principios de los años cincuenta, intentando mediar entre las nociones naturalista y culturalista de la diferencia de género. En "Hombre-Mujer", un artículo publicado en 1951, Fromm empieza expresando que: "La relación entre hombres y mujeres es una relación entre un grupo victorioso y otro derrotado" (1951, pág 4). Tomando una perspectiva protofeminista sobre la dominación sexual, Fromm recapitula una vez más su análisis del matriarcado y el patriarcado, el que usa de nuevo para valorizar las cualidades femeninas y para criticar al patriarcado y la dominación del varón. Esta vez no se refiere a las diferencias en el acto sexual como esenciales, como lo hizo en "Sexo y Carácter", sino que indica la función femenina de dar a luz y criar los hijos como una función productora de ternura, una cualidad social característica de las mujeres. Aún así se expresa en contra de una posición culturalista extrema sosteniendo aquí que hay diferencias cruciales entre hombres y mujeres, pero que son tanto debidas a lo biológico como a las condiciones culturales. El centro de su análisis, sin embargo, está en las condiciones socioculturales que modelan a hombres y mujeres para usar el sexo con el fin de superar el aburrimiento o probarse a sí mismos en el mercado sexual.
Interesantemente, cierra con una nota agnóstica en el problema de género en "Hombre-Mujer", sugiriendo que realmente no conocemos "las diferencias reales entre hombres y mujeres" (Fromm 1943, pág 16). Insta a los individuos a que no busquen vivir de acuerdo a ninguna noción preconcebida de lo que es ser hombre o mujer, sino cultivar su propia individualidad y no guiarse en su conducta por estereotipos culturales. Semejante perspectiva es significativamente diferente a su análisis biológico en "Sexo y Carácter" y muestra una franqueza genuina en el tema de género en Fromm -- franqueza que, sin embargo, sería con frecuencia reemplazada por un retorno al esencialismo en años posteriores.
De algunas formas, los principales textos de postguerra de Fromm -- El Hombre Para Sí Mismo, El Arte de Amar, La Sociedad Sensata, y La Anatomía de la Destructividad Humana -- constituyen a veces una regresión profunda tras el análisis de género de algunos de sus primeros textos. Sus libros más importantes carecen ya sea de una discusión de género o reproducen trivialidades culturales sobre las diferencias entre hombres y mujeres sin una reflexión firme sobre diferencia sexual, género y relaciones entre hombres y mujeres. El Hombre Para Sí Mismo (1947), por ejemplo, carece totalmente de análisis del género. Aunque Fromm utiliza categorías tales como temperamento y carácter que se prestan para el análisis del género, no emprende ninguna diferenciación de género de estas categorías. Y aunque discute una variedad de problemas éticos, ignora los problemas de género y sexualidad en este libro. En su lugar, se concentra completamente en una condición humana universal que no diferencia entre la de hombres y mujeres, y su humanismo no trata específicamente con la opresión de las mujeres y la necesidad de su liberación.
En El Arte de Amar (1955), Fromm retoma el asunto de género descuidado en El Hombre Para Sí Mismo, pero su análisis degenera hasta un grado que desalienta. El análisis es marcado por conservadurismo sexual y rastros de sexismo, esencialismo, e idealismo y misticismo. Aunque Fromm nota diferencias entre hombres y mujeres, su análisis es bastante superficial. Analizando las diferencias entre el hombre y la mujer en el acto sexual, se aparta de su enfoque inicial sobre la ansiedad de la actuación masculina y el miedo femenino de la dependencia del varón para obtener satisfacción que marcaron su análisis de género en "Sexo y Carácter" -- y que enfatizó los rasgos negativos e inquietantes de la experiencia sexual – en favor de comentarios más bien idealistas sobre los elementos de la entrega en el acto sexual. Así Fromm borra el antagonismo entre los sexos que caracterizó su primer análisis de la sexualidad, por un modelo más idealista de entrega y unión. Para Fromm, el hombre da su órgano y semen a la mujer y la mujer también da, abriendo "las puertas a su centro femenino" (1956, pág 19).
En este libro, Fromm interpreta el amor como la vía más satisfactoria de resolver las tensiones de la condición humana y para el logro de una fusión y unidad con el otro y el mundo. Fromm afirmaría continuamente que Freud no sobrenfatizó el sexo, como muchos revisionistas lo harían, sino que lo limitó a una actividad mecánica y fisiológica de tensión y descarga. Tal modelo, expresa Fromm, infravalora la importancia de la sexualidad a la cual ve como un triunfo sobre la separación y como la unión de los polos masculino y femenino (Fromm {1956} 1989). Para Fromm, la sexualidad, en este modelo, es un hecho metafísico que cimienta la existencia humana en el polo opuesto de uno y no es meramente una descarga placentera de tensión à la Freud.
Para Fromm, el fenómeno del amor manifiesta esencialmente un deseo de unión con el género opuesto y, tomando una posición esencialista sobre amor y género, sostiene que el amor cumple mejor la necesidad de unión cuando se da entre polos masculino y femenino (Fromm 1956, pág 27ff.). Continuando con el modelo esencialista, Fromm describe el carácter masculino "como el que tiene las cualidades de penetración, guía, actividad, disciplina, y aventura; el carácter femenino {se define} por las cualidades de receptividad productiva, protección, realismo, paciencia, maternalismo" (pág 31). Fromm condiciona esto indicando que: "Siempre debe tenerse presente que en cada individuo ambas características están mezcladas, pero esto es con la preponderancia de aquellas que son propias de su sexo" (ibid). Sin embargo, hay algo de esencialismo naturalista en sus apreciaciones del hombre y la mujer, porque indica que los homosexuales nunca pueden lograr la unión profunda de un hombre y una mujer enamorados porque están unidos al mismo sexo (Fromm 1956, pág 28). Tales opiniones indican que las discusiones de Fromm sobre hombres y mujeres están hondamente definidas por los prejuicios de su medio cultural y que como otros teóricos críticos masculinos tiende a tomar un punto de vista masculino heterosexual al analizar el género y la sexualidad (ver Mills 1987).
Es cierto que Fromm critica a Freud en su "patriarcalismo extremo que lo llevó a asumir que la sexualidad per se es masculina, lo cual le hizo ignorar la sexualidad específica femenina" (1956, pág 30). Sin embargo no está claro que el propio Fromm analice "la sexualidad específica femenina," aunque sí "el amor maternal", el que contrasta con "el amor fraternal". Curiosamente, mientras que en su análisis de la teoría del matriarcado de Bachofen el principio matricéntrico representaba la igualdad, ahora es el amor fraternal el que representa el principio del humanismo, el amor a la humanidad y los principios de la estima, la compasión y la responsabilidad respecto a todos los seres humanos en una ética igualitaria. El amor maternal, en contraste, representa el inculcar el amor a la vida en el niño y es esencialmente altruista y generoso, si bien narcisista (Fromm 1956, pág 41ff) [6].
Podría ser interesante especular por qué Fromm dio adelantos del énfasis feminista actual (en algunas corrientes) sobre la maternidad y aún así no exploró la sexualidad femenina o la diferencia sexual. También podría ser interesante especular por qué Fromm cambió tan radicalmente de una posición feminista y culturalista en el tema de género en los años cuarenta y primeros cincuenta a una posición fundamentalista y heterosexualista en El Arte de Amar [7]. Su análisis está lleno de preceptos normativos que legitiman un conservadurismo sexual, como cuando dice: "El amor debe ser esencialmente un acto de voluntad, de una decisión para comprometer mi vida completamente a la de la otra persona" (1956, pág 47). Su enfoque también toma un giro idealista en un largo análisis del "amor a Dios" (pág 53ff), aunque ocasionalmente hay algunos comentarios agudos socialmente críticos en "El Amor y Su Desintegración en la Sociedad Occidental Contemporánea" (pág 70ff).
En sus trabajos posteriores Fromm volvería de vez en cuando al énfasis feminista y culturalista de algunos de sus escritos iniciales, aunque aquí también uno nota cierto fundamentalismo y conservadurismo sexual. En La Anatomía de la Destructividad Humana, uno de sus últimos libros importantes (1973), Fromm repite la valorización alta del matriarcado que se encuentra en los ensayos de los años 1930s y utiliza trivialidades antropológicas para delinear las diferencias entre hombres y mujeres. En su discusión antropológica (sobre todo en la pág 155ff.) Fromm examina el "papel central de la madre" en los pueblos neolíticos y cita "la antigua división del trabajo, en que los hombres cazaban y las mujeres recogían raíces y frutas, la agricultura fue muy probablemente un descubrimiento femenino, mientras que la cría de animales domésticos lo fue masculino" (pág 155). En una nota en paréntesis, dice: "Considerando el papel fundamental de la agricultura en el desarrollo de la civilización, quizás no es una exageración afirmar que la civilización moderna fue fundada por la mujer" (ibid). Fromm sugiere que la tierra y la capacidad de la madre de dar a luz probablemente dieron un papel primario a las mujeres en la sociedad neolítica y entonces cita la evidencia en favor del "papel central de las mujeres" (pág 155ff.) y la teoría de Bachofen del matriarcado (pág 58ff.).
Siguiendo Mumford, Childe y otros, Fromm discute luego la "revolución urbana" y la transición a la sociedad dominada por el hombre. Escribe: "Estos cambios sociales y políticos fueron acompañados por un cambio profundo en el papel de las mujeres en la sociedad y de la figura materna en la religión. Ya no era la fertilidad de la tierra la fuente de toda vida y creatividad, sino el intelecto que produjo nuevas invenciones, técnicas, pensamiento abstracto y el estado con sus leyes. Ya no el útero, sino la mente se convirtió en el poder creativo, y con esto, no las mujeres, sino los hombres dominaron la sociedad" (pág 163-164). Así Fromm identifica aquí a las mujeres con el útero de una forma más bien esencialista y patriarcal, mientras los hombres son identificados con la mente, reproduciendo un tropo de la filosofía masculina que ha pasado por Platón, Aristóteles, Tomás de Aquino y otros. Sintomáticamente, al describir los poderes de la mente Fromm los reviste con rasgos sexuales masculinos, como cuando escribe sobre "la potencia y sutileza del pensamiento penetrante, teórico" (pág 159). De hecho, "penetración" es uno de sus términos favoritos para referirse al éxito intelectual exhibiendo así una percepción falocéntrica del pensamiento.
Su análisis en Anatomía de la Destructividad Humana continúa con una presentación crítica del dominio patriarcal "en que el principio de control es inherente: control de la naturaleza, control de esclavos, mujeres y niños" (pág 164). Pero igual que otros teóricos críticos, a la vez que ofrece una crítica excelente de la dominación, incluyendo la dominación patriarcal, no logra desarrollar perspectivas adecuadas sobre género. Aún así, probablemente su conexión más importante con la teoría feminista contemporánea es evidente en este libro y muchos otros textos de las décadas de 1960 y 1970: crítica de la agresión y promoción de los valores de la paz y el desarme.
El Fromm de Fromm, el Movimiento de la Paz y Feminismo era miembro de SANE y otros grupos que luchaban por el desarme, apoyando fuertemente el movimiento antiguerra de los años sesenta dirigido contra la agresión de los Estados Unidos en Vietnam. Su libro Que Prevalezca el Hombre (1961) criticó los mitos de la Guerra Fría y analizó "‘SANE’ Contra el Pensamiento Patológico en la Política," en que hace una crítica del pensamiento paranoico, la proyección, el fanatismo y el pensamiento autómata, conceptos que todavía son útiles para analizar el discurso y la realidad políticos contemporáneos. Estos conceptos, así como sus análisis de la necrofilia y la biofilia (1973), unen a Fromm con importantes tendencias dentro del feminismo que enfocan la investigación de la paz, el análisis de la agresión y las posibilidades de limitar la destructividad humana.
De hecho, en el Fromm tardío uno descubre un retorno a las apreciaciones progresistas sobre género y referencias positivas al movimiento de liberación de las mujeres. En un ensayo sobre "El Significado del Derecho Materno Para Hoy" en La Crisis del Psicoanálisis (1970), Fromm expone que los principios matricéntricos perfilados en Bachofen son "la base del principio de libertad e igualdad universales, de paz y humanidad con ternura. También es la base de la preocupación con principios respecto al bienestar material y la felicidad terrenal" (1970, pág 103). A continuación argumenta que estos principios son pertinentes para analizar el "fracaso del sistema patriarcal autoritario para cumplir su función": la revolución democrática, la revolución de la mujer, la revolución de los niños y adolescentes, la revolución de la juventud radical y la revolución sexual. Valorizando los principios matricéntricos en estas revoluciones contemporáneas, Fromm también critica la continuación de la dominación patriarcal: "La sociedad puramente patriarcal no se interesa nada por el amor y la igualdad; está sólo preocupada con las leyes humanas, el estado, los principios abstractos, la obediencia. Está descrita bellamente en Antígona de Sófocles, en la persona y sistema de Creón, el prototipo de un líder del fascista" (Fromm 1970, pág 106).
Fromm concluye el ensayo, sin embargo, con una llamada para hacer una síntesis de los principios matricéntricos y patricéntricos que combine los valores matricéntricos con justicia y racionalidad, templados por la compasión e igualdad matricéntricas (ibid). Esta visión hegeliana de una síntesis superior de principios contrarios desconstruye así una diferencia sexual absoluta y da lineamientos, tanto para la producción de personalidades que combinen los así llamados rasgos masculinos y femeninos como para la construcción de una sociedad que combina principios matricéntricos y patricéntricos. Fromm continúa esbozando su visión en su libro más reciente Por el Amor a la Vida donde diagnostica una vez más "la crisis del orden patriarcal" y valoriza positivamente la "revolución feminista" y sus "notorios adelantos":
"Las mujeres, como los niños, se consideraban como objetos, como propiedad del marido. Eso ha cambiado. Todavía pueden estar en desventaja en un mundo masculino, recibiendo menos paga, por ejemplo, que la de un hombre por el mismo trabajo; pero su posición global, su conciencia, es considerablemente más fuerte que lo que era. Y todas las señas parecerían indicar que la revolución de las mujeres irá para adelante, así como avanzará la revolución de los niños y la de los jóvenes. Ellos continuarán definiendo, articulando y defendiendo sus propios derechos" (Fromm 1986, pág 25).
En una entrevista publicada en Italia en 1975, Fromm comenta directamente sobre el movimiento feminista. Cuando se le pidió hacer un comentario sobre las percepciones del movimiento feminista como "una lucha abierta, violenta contra los hombres," Fromm responde:
"Uno no puede entender la psicología de las mujeres y, para el caso, la psicología de los hombres, y no puede comprender el elemento de sadismo, hostilidad y destructividad en hombres y mujeres si no considera que ha habido una guerra entre los sexos en los últimos seis mil años. Esta guerra es una guerra de guerrillas. Las mujeres fueron derrotadas hace seis mil años por el patriarcalismo y la sociedad se ha construido con base en la dominación de los hombres. Las mujeres eran posesiones y tenían que agradecer cada nueva concesión que los hombres les hacían. Pero no hay ninguna dominación de una parte de la humanidad sobre otra, de una clase social, de una nación o de un sexo sobre otro, sin que haya subyacente una rebelión, furia, odio y deseo de venganza en aquellos que son oprimidos y explotados, así como también hay miedo e inseguridad en aquéllos que hacen la explotación y la represión" (Fromm 1975, pág 59) [8].
Acerca de los rasgos pretendidamente ingenuos y coquetos tradicionalmente atribuidos por algunos a las mujeres, Fromm responde:
"Las mujeres han sido tan completamente oprimidas que inconscientemente han aceptado el papel que el sexo dominante, el hombre, les ha dado. Hasta han creído en la propaganda masculina, que es muy parecida a la propaganda de otras guerras, guerras contra los pueblos coloniales, etc. Se ha considerado que las mujeres son ingenuas: Freud dijo que eran narcisistas, poco realistas, cobardes, inferiores al hombre anatómicamente, intelectualmente, moralmente. El hecho es que las mujeres son menos narcisistas que los hombres, por la simple razón de que no hay casi nada que el hombre hace que no tiene un propósito de hacer una impresión. Las mujeres hacen muchas, muchas cosas sin este motivo y de hecho lo que podría llamarse vanidad en las mujeres es sólo la necesidad de agradar a los vencedores. Con respecto a la falta de realismo en las mujeres, ¿qué debemos decir sobre el realismo masculino en una época en que todos los gobiernos occidentales, consistiendo de hombres, están gastando su dinero para construir bombas nucleares, en lugar de resolver las amenazantes hambrunas, en lugar de evitar las catástrofes que amenazan el mundo entero?" (Fromm 1975, pág 59 y 94)
La guerra entre los sexos, cree Fromm, ha creado mucho odio y sadismo en ambos lados: "Los explotados y los explotadores están ambos en el mismo barco, como está el prisionero y su guardián: los dos se amenazan y se odian, los dos tienen que tener miedo del ataque del otro. Así que los hombres tienen miedo de las mujeres y sólo pretenden que no" (Fromm 1975, pág 94). Sin embargo, Fromm concluye la entrevista criticando el movimiento feminista actual por ser modestamente reformista, en el que los hombres compartirán el poder y no se cambiarán los valores patriarcales, en lugar de tener un "objetivo verdaderamente revolucionario en el que las mujeres se hacen humanamente emancipadas" (ibid). Identificar el movimiento de liberación femenino con su ala reformista es probablemente injusto, aunque el comentario de Fromm caracteriza, probablemente con propiedad, mucho de lo que se ha conocido como "feminismo liberal".
Hasta su muerte en 1980, Fromm continuó proyectando discusiones esperanzadoras en la liberación humana y defendiendo el amor a la vida, a la vez que atacó el patriarcado, la agresión y la destrucción. La conexión más profunda de Fromm con el feminismo reside así en sus ideas sobre la vida y la paz y sus críticas al patriarcado y la agresión. Aun cuando nunca desarrolló concepciones adecuadas sobre género, por lo menos intentó confrontar el problema y continuamente se esforzó, con algunas regresiones, para presentar discusiones de género que combinarían enfoques feministas con teoría social crítica. Así Fromm proporciona algunas anticipaciones de la síntesis de Teoría Crítica y feminismo que sigue siendo una de las tareas cruciales de la Teoría Crítica en la actualidad.
¿Una Posible Síntesis?
Concluyo con una serie de comentarios relacionados con las razones por las que pienso que una síntesis de Teoría Crítica y feminismo es posible y deseable. Para empezar, la dialéctica de dominación y liberación de la Teoría Crítica da una armazón conceptual a la teoría social feminista, aunque las críticas de la dominación desarrolladas por la Teoría Crítica clásica exigen complementación con las críticas feministas del patriarcado y las concepciones de la liberación de las mujeres. En este artículo, he argumentado que el espacio conceptual para tal proyecto ya se ha dado en el (inadecuado) análisis de la relación entre patriarcado y dominación social de la Teoría Crítica y concluyo con la discusión de algunos esfuerzos femeninos contemporáneos de unir la Teoría Crítica y el feminismo en los Estados Unidos [9].
Seyla Benhabib y Drusilla Cornell editaron un libro denominado Feminismo Como Crítica (1987) que reúne las perspectivas del feminismo y la Teoría Crítica. Algunas contribuciones a la antología desarrollan problemas feministas dentro del contexto de la teoría social crítica. En Crítica, Norma y Utopía, Benhabib (1987) termina una crítica de "las aporias de la Teoría Crítica" con un llamado a desarrollar una "política emancipadora en el presente que combine la perspectiva de la legitimidad democrática radical en la organización de la vida institucional con la de una crítica cultural y moral del patriarcado y la explotación industrial de la naturaleza dentro de y sin nosotros". Benhabib trata de desarrollar una ética y una teoría social dentro del marco de una Teoría Crítica de la sociedad que tiene en cuenta las preocupaciones feministas.
En su libro Discursos Rebeldes (1990), Nancy Fraser lleva a cabo una crítica de ideología feminista sobre Foucault, Lyotard, Habermas, Rorty y Derrida tratando de desarrollar una teoría social feminista. Ella practica la tradición la Escuela de Frankfurt de la crítica ideológica aunque define crítica en el sentido del Marx temprano como "la autoclarificación de las luchas y deseos de la época" (Fraser 1989, pág 2). En sus estudios, Fraser valoriza las luchas concretas como las constructoras de la agenda para la Teoría Crítica; postula los movimientos sociales como sujetos de crítica; y argumenta que es en el crisol de la práctica política que las teorías encuentran su prueba última de validez. De estas maneras, ella politiza la Teoría Crítica y da una dimensión feminista que conecta la teoría a la práctica más poderosamente que algunas de las más abstractas y apolíticas versiones de la Teoría Crítica.
Además, la Teoría Crítica toca una tradición del pensamiento feminista en su crítica de las maneras en que la ciencia y la tecnología sirven los intereses de la dominación humana y con sus propuestas de valores alternativos de reconciliación, satisfacción y paz. De hecho, un tema importante de Dialéctica de la Ilustración es su crítica radical de la racionalidad científica, tecnológica e instrumental que continúa siendo de valor en una época en que las tendencias descritas por Horkheimer y Adorno están aumentando en alcance e intensidad. Esta crítica fue también asumida después por Marcuse y Habermas y da una importante área de intersección entre la Teoría Crítica y el feminismo.
Hay también intentos contemporáneos para combinar la Teoría Crítica con el feminismo y el psicoanálisis. Jessica Benjamin en algunos de sus primeros ensayos (1977 y 1978) y en Los Nexos del Amor (1988) realiza un desarrollo sistemático de un feminismo psicoanalítico con raíces en la Teoría Crítica. Benjamin hace una crítica de la dominación basada en teorías inspiradas en el psicoanálisis y el feminismo sobre el amor, la familia y la vida cotidiana. Ella presenta así conceptos sistemáticos del tipo anticipado antes en la Teoría Crítica por Fromm, aunque ella está más influenciada por Marcuse y Adorno. [10]
Finalmente, como lo señalo en mi libro sobre Teoría Crítica, Marxismo y Modernidad, las ideas emancipadoras de la Teoría Crítica ofrecen posiciones sobre política cultural y de género que son afines a algunas de las tendencias más progresistas en varios movimientos sociales nuevos -- incluyendo el feminismo -- y que también ofrecen correctivos para las frecuentes deficiencias en por lo menos algunos de los nuevos movimientos. La Teoría Crítica siempre se ha preocupado por la dimensión estética y erótica de la experiencia y ha defendido el placer, la felicidad, el juego y la satisfacción sensual. Su énfasis en el cuerpo y su enfoque materialista de las necesidades y las potencialidades se presta así para dialogar con el tipo de política sexual promovido por el feminismo progresista. De hecho, la Teoría Crítica siempre ha dado énfasis a la importancia de la sexualidad humana para la vida individual y ha hecho destacar la necesidad de mejores relaciones humanas entre y dentro de los sexos. Los teóricos críticos también han señalado la importancia de la familia como un instrumento de socialización y han criticado las maneras en que la familia patriarcal ha producido personalidades autoritarias a la vez que ha oprimido mujeres y niños (vea Kellner 1989b, Capítulos 3 y 4). Aunque algunos (varones) teóricos críticos proyectaron a menudo actitudes y percepciones masculinas en sus trabajos, otros, como Marcuse, han tenido reflexiones relativamente progresistas sobre política sexual y han respondido positivamente al feminismo desde su aparición (vea Kellner 1984).
En todo caso, la Teoría Crítica es congruente con el desarrollo del tipo de crítica del patriarcado y la demanda por la liberación de las mujeres propiciadas por el feminismo. Mills (1987), Fraser (1989) y otros han discutido las limitaciones de la Teoría Crítica clásica desde una perspectiva feminista, mientras que una variedad de individuos han intentado sintetizar la Teoría Crítica y el feminismo en años recientes. Este es un desarrollo promisorio pues, después de la exaltación de la otredad y la fragmentación del pensamiento y la política radicales de los años ochenta -- fragmentación y belicosidad mortífera que principalmente beneficia a los establecimientos intelectuales y políticos --, puede ser tiempo para empezar a superar las diferencias, empezar a comprometerse en un diálogo más productivo, construir nuevas síntesis. Lo que trae una pregunta final: ¿ha sido fetichizada la otredad y podemos desarrollar proyectos intelectuales y políticos que respetan y valorizan la individualidad, la diferencia y la otredad, al mismo tiempo que apunta a lo público, la solidaridad y la comunidad? Ofrezco mi tesis de que el futuro de la Teoría Crítica dependerá de las respuestas que demos a tales preguntas.
Notas
1. Mis reflexiones en este artículo se desarrollaron primero como un artículo en el libro de Patricia Mills Mujeres, Naturaleza y Psique (1987) presentado en la reunión anual de la Sociedad Para la Filosofía Existencial y Fenomenológica en la Universidad de Northwestern en 1988. Mills desarrolla una aguda crítica feminista de Hegel, Marx, Freud y la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt mientras que al mismo tiempo discute las maneras en que la Teoría Crítica provee y no concepciones adecuadas para el feminismo contemporáneo. El impulso que da la crítica de Mills es que expone que los teóricos de la Escuela de Frankfurt representan y analizan la situación de las mujeres desde un punto de vista masculino y excluyen la especificidad de la experiencia de las mujeres desde sus posiciones teóricas, a la vez que privilegian el autodesarrollo masculino, las relaciones masculinas (con el padre, la madre, los hermanos y otros) y la experiencia y subjetividad masculinas por encima del autodesarrollo, relaciones, experiencia y subjetividad femeninas. Esto lleva a Mills a presentar algunos (contra)análisis sobre la maternidad, la fraternidad femenina, autodesarrollo y sexualidad femeninos, y alusiones sobre cómo complementar la exclusión de las mujeres en la teoría masculina. En este trabajo sugeriré que quizás Fromm, a pesar de sus limitaciones, es el teórico crítico que más avanzó desarrollando concepciones marxistas y feministas para la Teoría Crítica. Para mi interpretación de la Teoría Crítica, véase Kellner 1989a.
2. La posición de la Izquierda hacia Fromm ha sido muy polémica. Véase Marcuse 1955, Jacoby 1974, y la discusión en Burston 1991 quien defiende a Fromm contra los ataques de Marcuse. Para ver una defensa más temprana de Fromm, véase Rickert 1986 quien intenta revisar las descalificaciones de Fromm por la izquierda como idealista, revisionista o peor, al valorizar sus contribuciones positivas a la teoría social radical y defender a Fromm contra las críticas de Marcuse, Adorno, Jacoby y otros. Desgraciadamente, el proyecto de Rickert de revalorizar a Fromm fue truncado por su muerte prematura.
3. Sobre el proyecto de desarrollar una síntesis de Marx y Freud véase Jay 1973, Jacoby 1974, y la antología de dos volúmenes Marxismus, Psychoanalyse, Sex-Pol (Frankfurt: Fisher, 1970) que resalta los papeles de Siegfried Bernfeld, Wilhelm Reich y los Teóricos Críticos como de los primeros simpatizantes del esfuerzo de desarrollar un freudomarxismo. Este proyecto fue tomado después por teóricos franceses, tales como Lyotard, Deleuze, Guattari y el principio de Baudrillard. Sobre este proyecto, véase Kellner 1989b y Best y Kellner 1991.
4. Sobre la vida y trabajo Fromm, ver Funk 1982 y 1983 y Burston 1991.
5. Al presentar la interpretación de Fromm de Bachofen, estoy consciente de los duros debates dentro del feminismo y la antropología contemporáneos acerca de la naturaleza, historia y consecuencias normativas de la teoría de matriarcado y sencillamente propongo tomar el análisis de Fromm como un mito conceptual que ilumina ciertos aspectos de la historia de género y que propone ciertos ideales normativos para el presente. También haré algunos comentarios críticos acerca de la apropiación de Bachofen por Fromm. Para conocer algunas interpretaciones y debates contemporáneas sobre Bachofen, ver los ensayos recogidos en Heinrich 198X. Walter Benjamin también escribió un ensayo muy completo sobre Bachofen -- ver Benjamin 1980, pág 219ff. -- donde discute la contribución de Fromm cuando explica el legado de Bachofen (pág 231).
6. La igualdad que hace de Fromm de amor fraternal con igualdad y democracia es aquí extraña ya que inicialmente equiparaba la democracia y la igualdad con cualidades matricéntricas, una relación a la que de nuevo volvería en escritos posteriores; véase por ejemplo Fromm 1970, pág 103 (citado abajo) y Fromm 1986, pág 21-22.
7. Rainer Funk sugirió en alguna conversación que quizás los variados análisis de género de Fromm estaban relacionados con sus diferentes relaciones con mujeres. En la década de los años treinta y principios de los cuarenta, él estaba involucrado con dos mujeres fuertes en el movimiento psicoanalítico, Frieda Fromm-Reichmann y Karen Horney; las dos eran diez años mayores que él y eran mujeres sumamente independientes y creativas. La segunda esposa de Fromm, Henny Gurland también era una izquierdista decidida que escapó de Francia en el viaje fatal en que Walter Benjamin cometió suicidio. Ella murió en 1952. Su tercera esposa, Annis Freeman, con quien vivió hasta su muerte, era más tradicional y "femenina" que sus esposas anteriores quienes lo podrían haber inspirado a tomar posiciones más feministas. Veremos, sin embargo, que aún en el Fromm de los últimos años hay algunos impulsos feministas.
8. Estoy utilizando el texto en inglés del que se tradujo la entrevista al italiano; agradezco a Rainer Funk por facilitarme este material del Archivo Erich Fromm.
9. Estoy consciente que ha habido síntesis de la Teoría Crítica y Feminismo en Alemania y otras partes de Europa, pero aquí sólo discuto los esfuerzos realizados en los Estados Unidos con los que estoy familiarizado.
10. Benjamin brevemente discute Fromm en una nota sobre los análisis sobre autoridad y fascismo, escribiendo: "Al rechazar la teoría del instinto y usar la noción de Freud del líder de masas... Erich Fromm desarrolló la idea de la búsqueda del ‘asistente mágico’ en Miedo a la Libertad".
* Este trabajo fue presentado en el Simposio Interdisciplinario Internacional sobre Erich Fromm y la Escuela de Frankfurt en Stuttgart-Hohenheim del 31de mayo al 2 de junio de 1991. Agradezco a varias personas por los comentarios críticos que ayudaron a su reformulación. En particular agradezco a Rainer Funk por darme sugerencias acerca de la teoría de género de Fromm, así como también por el material sobre el tema en los archivos de Erich Fromm. También agradezco a Daniel Burston por sus comentarios sobre mi artículo y por proporcionarme un trabajo inédito "La Política Sexual de Fromm" y su libro El Legado de Erich Fromm (1991). Finalmente, agradezco a Renate Hoffman-Korth y Bárbara Brick por las estimulantes discusiones acerca de la política de género y a Steve Bronner y Bernard GÖrlich por las profundas discusiones sobre Fromm y la Escuela de Frankfurt.
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Erich Fromm, Feminism, and the Frankfurt School *
By Douglas Kellner
Erich Fromm is one of the few members of the Frankfurt School who seriously engaged himself with theorizing the problems of gender and the differences between men and women. In certain ways, Fromm anticipated later attempts to produce a feminist Marxism and poststructuralist analyses of the socially constructed nature of gender. Yet Fromm's gender analysis was highly uneven and even contradictory, pointing to the difficulties in the subject matter and perhaps the difficulty in overcoming dominant male perspectives in analyzing the highly charged and conflicted issues of gender and sexuality. In this paper, I shall accordingly sort out the various analyses of gender in Fromm's work and shall point to both his anticipations of contemporary feminist perspectives and the moments of sexism and essentialism in his texts.[1]
Bringing up the question of Fromm and Critical Theory raises a whole array of questions concerning the relation of Fromm to the Institute for Social Research, his break with the Institute, their later polemics, and the ensuing discussions of the relations between Fromm and Critical Theory which have been largely critical and dismissive of Fromm.[2] Against the tendency to reject Fromm out of hand, I would argue that a re-evaluation of his work is overdue and that, in particular, re-reading of some of his 1930s essays --when he was closely involved in the projects of the Institute for Social Research -- combined with reading of his later analyses of gender and aggression could contribute to a possible synthesis of Critical Theory and feminism. More specifically, his essays on matriarchy contain some provocative perspectives on the question of patriarchy and male domination that project positive views of women and matricentric qualities, thus overcoming the more patricentric perspectives of some of his Frankfurt School colleagues. Moreover, Fromm was the first critical theorist to raise the question of gender and sexual difference and made many important contributions to theorizing the family, patriarchy, and the oppression of women in contemporary societies.
Marxism/Psychoanalysis/Feminism: Fromm's Early Synthesis
One of the distinctive features of Critical Theory is their synthesis of Marx and Freud aimed at producing a theory of the psychological mediations between psyche and society ignored by traditional Marxism.[3] The key theoretical essays outlining the Institute's materialist social psychology were published in the Zeitschrift fur Sozialforschung by Erich Fromm. Fromm was a practicing psychoanalyst who also received a University position as lecturer in the Institute for Psychoanalysis at the University of Frankfurt; he was interested as well in Marxism and sociology, and joined the Institute as their psychology expert in 1929.[4] Fromm was one of the first to synthesize Marx and Freud in order to develop a Marxian social psychology, and many of the other members of the Institute were to attempt similar syntheses, though the precise mixture and interpretations of Freud and Marx were often quite different.
Fromm sketches the basic outline of his project in his article "The Method and Function of an Analytic Social Psychology" subtitled "Notes on Psychoanalysis and Historical Materialism" (Fromm {1932a} 1970). He begins by discussing the basic principles of psychoanalysis, and then indicates why he thinks Freud's theory, properly interpreted and reconstructed, is compatible with historical materialism. For Fromm, psychoanalysis is a materialist psychology which analyzes instinctual drives and needs as the motive forces for human behavior. It carries out an inventory of the basic instincts and dissects the unconscious forces and mechanisms that sometimes control human behavior. Psychoanalysis also analyzes the influence of specific life experiences on the inherited instinctual constitution. Thus, in Fromm's view, Freud's theory is "exquisitely historical: it seeks to understand the drive structure through the understanding of life history" (Fromm {1932a} 1970, p. 139).
The key conception of psychoanalysis for Fromm is the "active and passive adaptation of the biological apparatus, the instincts, to social reality" (Fromm {1932a} 1970, p. 141). Psychoanalysis is especially valuable for social psychology in that it seeks "to discover the hidden sources of the obviously irrational behavior patterns in societal life -- in religion, custom, politics, and education" (Fromm {1932a} 1970, p. 141). Fromm therefore believes that an "analytical social psychology" is thoroughly compatible with historical materialism since both are materialist sciences which "do not start from 'ideas' but from earthly life and needs. They are particularly close in their appraisal of consciousness, which is seen by both as less the driving force behind human behavior than the reflection of other hidden forces" (Fromm {1932a} 1970, p. 142). Although historical materialism tends to assume the primacy of economic forces and interests in individual and social life, while the psychoanalytic focus is on instinctual and psychological forces, Fromm believes that they can be fruitfully synthesized. In particular, he believes that an analytical social psychology can study the ways that socio-economic structure influences and shapes the instinctual apparatus of both individuals and groups.
The psychoanalytic emphasis on the primacy of the family in human development can also be given a historical materialist twist, Fromm believes. Since "the family is the medium through which the society or the social class stamps its specific structure on the child," analysis of the family and socialization processes can indicate how society reproduces its class structure and imposes its ideologies and practices on individuals. Psychoanalytic theories, Fromm suggested, which abstract from study of the ways that a given society socialized its members into accepting and reproducing a specific social structure, tend to take bourgeois society as a norm and to illicitly universalize its findings. Historical materialism provides a corrective to these errors by stressing the intrinsically historical nature of all social formations, institutions, practices, and human life.
Fromm's essay is primarily programmatic and does not specify in great detail how capitalist-bourgeois society reproduces its structures within its members. Rather he is concerned to outline a research program and to argue for the compatibility of psychoanalysis and Marxism proposing that psychoanalysis "can enrich the overall conception of historical materialism on one specific point. It can provide a more comprehensive knowledge of one of the factors that is operative in the social process: the nature of man himself" (Fromm {1932a} 1970, p. 154). For Fromm, natural instincts are part of the base (Unterbau) of society, and he believes that our understanding of human behavior and social processes will be enriched by reciprocal knowledge of how society molds and adapts instincts to its structures, and how human beings shape and change their environments to meet their needs. "In certain fundamental respects, the instinctual apparatus itself is a biological given; but it is highly modifiable. The role of primary formative factors goes to the economic conditions. The family is the essential medium through which the economic situation exerts its formative influence on the individual's psyche. The task of social psychology is to explain the shared, socially relevant, psychic attitudes and ideologies -- and their unconscious roots in particular -- in terms of the influence of economic conditions on libido strivings" (Fromm {1932a} 1970, p. 149).
Fromm also suggests that psychoanalysis can help explain how the socio-economic interests and structures are transformed into ideologies, as well as how ideologies shape and influence human thought and behavior. Such a merger of Marx and Freud will immeasurably enrich materialist social theory, in Fromm's view, by providing analysis of the mediations through which psyche and society interact and reciprocally shape each other. Every society, he claims, has its own libidinal structure and its processes whereby authority is reproduced in human thought and behavior. An analytical social psychology must thus be deeply empirical to explain how domination and submission take place in specific societies in order to provide understanding of how social and psychological change is possible.
In an essay from the same period, "Psychoanalytic Characterology and Its Relevance for Social Psychology," Fromm applies his analytic social psychology to an investigation of how bourgeois society forms dominant character types which reproduce social structure and submit to social authority. A theory of social character would be central to Fromm's work, though in this essay he assumes in rather orthodox Freudian fashion that the "general basis of psychoanalytic characterology is to view certain character traits as sublimations or reaction formations of certain instinctual drives that are sexual in nature" (Fromm {1932b} 1970, pág 164-165). Fromm then discusses Freud's theory of oral, anal, and genital characters, and how specific social structures produce and reward certain types of character traits while eliminating others. In particular, drawing on Werner Sombart's study of the "bourgeois" and on Benjamin Franklin's diaries, Fromm discusses how bourgeois society produced a character structure in which duty, parsimoniousness, discipline, thrift, and so on became dominant traits of the bourgeois character structure while love, sensual pleasure, charity, and kindness were devalued.
Anticipating later Institute studies of the changes within personality in contemporary capitalism, Fromm writes of developments of character structure under monopoly capitalism and suggests: "It is clear that the typical character traits of the bourgeois of the nineteenth century gradually disappeared, as the classic type of the self-made, independent entrepreneur, who is both the owner and the manager of his own business, was disappearing. The character traits of the earlier business man became more of a handicap than a help to the new type of capitalist. A description and analysis of the latter's psyche in present-day capitalism is another task that should be undertaken by psychoanalytic social psychology" (Fromm {1932b} 1970, p. 185).
Fromm would later (1947; 1955) describe in detail the dominant character types within contemporary capitalist societies. One of the most interesting of his attempts in the early 1930s, however, to develop a materialist social psychology is found in his study of Johann Jacob Bachofen's theory of matriarchy in an article "The Theory of Mother Right and its Relevance for Social Psychology" (Fromm {1934} 1970).[5] Fromm indicates how Bachofen's study had been appropriated both by socialist thinkers such as Engels and Bebel as well as by conservative thinkers. After criticizing the conservative version of the theory of matriarchy, Fromm suggests how it can be appropriated by progressive thought. To begin, Bachofen provides insights, Fromm believes, into how woman's nature develops from social practices; specifically, how the activity of mothering produces certain nurturing, maternal character traits associated with women, thus anticipating recent feminist theories of mothering (see Chodorow 1978).
In Fromm's analysis of matriarchy, he emphases the positive qualities of women and the negative qualities of patriarchy, thus providing a link between feminist theory and Critical Theory. Moreover, Fromm suggests that Bachofen's theory of the matriarchal society reveals "a close kinship with the ideals of socialism. For example, concern for man's material welfare and earthly happiness is presented as one of the central ideas of matriarchal society. On other points, too, the reality of matriarchal society as described by Bachofen is closely akin to socialist ideals and goals and directly opposed to romantic and reactionary aims. According to Bachofen, matriarchal society was a primeval democracy where sexuality is free of christian depreciation, where maternal love and compassion are the dominant moral principles, where injury to one's fellowman is the gravest sin, and where private property does not yet exist" (Fromm {1934} 1970, pág 118-119). For Fromm, the crucial question concerning the theory of matriarchy is not whether or not a matriarchal society as described by Bachofen actually existed or not. Rather, the theory of matriarchy represents a certain set of institutions, attitudes, and values opposed to capitalist patriarchal society, and for this reason won wide approval "from those socialists who sought, not reform, but a thoroughgoing change of society's social and psychic structure" (Fromm {193} 1970, p. 120).
One could thus read Fromm's essay on Bachofen as an anticipation of a synthesis between Marxism and feminism and thus the first attempt to develop a feminist dimension within Critical Theory. For instance, in discussion of the transition from matriarchy to patriarchy, Fromm suggests some of the ways that the patriarchal social structure "is closely bound up with the class character of present-day society.... The patriarchal family is one of the most important loci for producing the psychic attitudes that operate to maintain the stability of class society." (Fromm {1934} 1970, p. 124). In his view, a "patricentric complex" develops in bourgeois society which includes "affective dependence on fatherly authority, involving a mixture of anxiety, love and hate; identification with paternal authority vis-a-vis weaker ones; a strong and strict superego whose principle is that duty is more important than happiness; guilt feelings, reproduced over and over again by the discrepancy between the demands of the superego and those of reality, whose effect is to keep people docile to authority. It is this psycho-social condition that explains why the family is almost universally regarded as the foundation (or at least one of the important supports) of society" (Fromm {1934} 1970, p. 124).
In a patricentric society, one's relation to the father is central. Going beyond Freud's theory of the Oedipus complex which also ascribes the father-son relationship primary importance in psychological development, Fromm inventories various ways in which paternal authority is introjected in socialization processes, and the ways that such processes reproduce the values of capitalism and bourgeois society. Fromm then contrasts children's relations with their mother and the matricentric values involved in this relation. While relation to one's father is often conditional on one's behavior, success, and ability to fulfill his expectations, there is an unconditional element to mother love and less rigid introjection of values, guilt, and needs to succeed to win love:
Summing up, we can say that the patricentric individual -- and society -- is characterized by a complex of traits in which the following are predominant: a strict superego, guilt feelings, docile love for paternal authority, desire and pleasure at dominating weaker people, acceptance of suffering as a punishment for one's own guilt, and a damaged capacity for happiness. The matricentric complex, by contrast, is characterized by a feeling of optimistic trust in mother's unconditional love, far fewer guilt feelings, a far weaker superego, and a greater capacity for pleasure and happiness. Along with these traits there also develops the ideal of motherly compassion and love for the weak and others in need of help (Fromm {1934} 1970, p. 131).
Anticipating current feminist theories of mothering, Fromm positively valorizes female/matricentric qualities and values, while criticizing male/patricentric values and qualities. After a historical sketch of the association of matricentric culture with the Middle Ages and Catholicism, and patricentric culture with the bourgeoisie, capitalism, and Protestantism, Fromm concludes that: "the real, full-fledged representative of the new matricentric tendencies proved to be the class whose motive for total dedication to work was prompted basically by economic considerations rather than by an internalized compunction: the working class. This same emotional structure provided one of the conditions for the effective influence of Marxist socialism on the working class -- in so far as its influence depended on the specific nature of their drive structure" (Fromm {1934} 1970, p. 134).
In Fromm's reading, Bachofen points out the relativity of existing societal relationships and institutions such as marriage, monogamy, private property, and other bourgeois social forms. Fromm suggests that such views on the social constructedness of social arrangements should "be welcomed by a theory and political activity that advocated a fundamental change of the existing social structure" (Fromm {1932} 1970, p. 123). There were other political reasons as well why such a theory could appeal to progressives: "Aside from the fact that the theory of matriarchy underlined the relativity of the bourgeois social structure, its very special content could not but win the sympathy of Marxists. First of all, it had discovered a period when woman had been the authority and focal point of society, rather than the slave of man and an object for barter; this lent important support to the struggle for woman's political and social emancipation. The great battle of the eighteenth century had to be picked up afresh by those who where fighting for a classless society" (Fromm {1932} 1970, p. 123).
Fromm concludes the study by pointing to compatibilities between the matricentric tendencies and Marxism -- and thus between Marxism and feminism: "The psychic basis of the Marxist social program was predominantly the matricentric complex. Marxism is the idea that if the productive capabilities of the economy were organized rationally, every person would be provided with a sufficient supply of the goods he needed -- no matter what his role in the production process was; furthermore, all this could be done with far less work on the part of each individual than had been necessary up to now, and finally, every human being has an unconditional right to happiness in life, and this happiness basically resides in the 'harmonious unfolding of one's personality' -- all these ideas were the rational, scientific expression of ideas that could only be expressed in fantasy under earlier economic conditions: Mother Earth gives all her children what they need, without regard for their merits" (Fromm {1934} 1970, p. 134-135).
While one might contest Fromm's equation of matricentric culture with Marxian socialism, it is interesting to note his concern for the emancipation of women and his attacks on patriarchy. One also notes in the article his concern, shared by other key members of the Frankfurt School, for sensual gratification and happiness. He believes that Bachofen's emphasis on "material happiness on earth" and "social hedonism" in his theory of matriarchy helps explain its appeal to socialist thinkers (Fromm {1934} 1970, p. 125), and underlines Fromm's own commitment to material happiness and sensual gratification in a discussion of how sexuality "offers one of the most elementary and powerful opportunities for satisfaction and happiness" (Fromm {1934} 1970, p. 126).
While Fromm provides a positive analysis of the matricentric principles valorized by Bachofen and a critique of patriarchal values, it is not certain that his use of the myth of matriarchy is the best conceptual device to valorize the qualities of women. There is wide-spread skepticism today whether matriarchical societies actually existed and Bachofen's romanticization of mothering and matricentric values creates a prescribed normative role for women to fulfill, thus restricting their freedom to choose modes of existence at variance with social norms. Many women today are trying to escape from their definition as mothers which the matriarchy myth uses to define women's essential functions. There are also questions concerning the anthropological and ideological value of Bachofen's work that need to be thought through.
Perhaps, however, it is Fromm's 1930s work on authority and the family that is more valuable for contemporary feminism than his reflections on Bachofen and matriarchy. Fromm played a key role in carrying through a multi-disciplinary inquiry into the connections between family and authority which is the most substantial research project undertaken by the Institute for Social Research in the 1930s. The results of a five-year study were published in a two-volume "research report" Studien über Autorität und Familie (Fromm, Horkheimer, et. al. 1936). The first section consisted of three theoretical studies by Horkheimer, Fromm, and Marcuse and was edited by Horkheimer; the second part was edited by Fromm and consisted of studies of socialization in different classes with special studies of sexual education, socialization of youth, and socialization in unemployed families; the third part edited by Lowenthal consisted of individual studies of a variety of topics in the area of family and authority in different countries.
In his theoretical essay, Erich Fromm attempted to provide conceptual tools to analyze the relations between authority and the family. He and his colleagues sought to specify "the psychological impulses which cause people to submit to authority, and which make this submission pleasurable without regard to the nature of the commands" (Fromm 1936, p. 908). Fromm claims that the Freudian theory provides "by far the best approach for the understanding of the psychic dynamics of authority," and uses the Freudian categories of the ego, super-ego, and sado-masochism to elucidate the mechanisms of authority and submission.
Following Freud, Fromm presents the super-ego as the internalization of social authority, "and specifically of the father in the patriarchal family of modern times. Since the outer authority is internalized, the individual obeys its commands and prohibitions, not only because of real fear of external punishment, but also because of fear of that inner censor which he has created within himself. While the super-ego owes its existence to an internalization of authority, this existence is constantly reenforced by a projection of the super-ego upon the representatives of authority. The latter are endowed with the qualities of the super-ego, its morality, its wisdom and strength, in a manner largely independent of the realities of the case. In this way, these authorities become better and better adapted to further internalization and better suited to their role of bearers of the super-ego. In this manner a continuous circuit is established. The super-ego-authority relationship is hence dialectical" (Fromm 1936, p. 908).
Fromm then describes how the family is the key institution in the production of the super-ego and how development of a strong super-ego facilitates repression of rebellious impulses. Weak egos submit to super-ego authority, thus Fromm calls for the production of a stronger ego that will make possible more independent thought and action. This is particularly urgent since he believed that people's egos were becoming so weak that "the masochistic character" appears almost "normal." "Character" for Fromm refers to specific personality structures which result from repression and sublimation of instinctual drives, reaction formations, and socialization processes. Social character refers to dominant character structures in different societies. The masochistic character, Fromm believes, is closely bound up with sadism. Fromm's main emphasis in his essay is on the sado-masochistic character which he believes is becoming a major part of the psychic apparatus of authoritarian societies. A sado-masochistic character submits to dominant authorities and higher powers, but in turn lords it over those below him or her in the social hierarchy. The masochistic character derives pleasure both from submission to higher authorities and from imposing authority on lower strata. This character type thus helps reproduce social authority and contributes to an increase in social domination and aggression.
Fromm claimed that authoritarian societies produce those needs and satisfactions which in turn result in sado-masochistic character structures. Likewise, Fromm believed that as economic conditions worsened, social anxiety grew, and while the authority of the father in the family might decline, the power of social authorities often grew, submitting individuals to more direct domination by society. In a concluding discussion of insubordination against authority, Fromm calls for rebellion against irrational authority and development of a strong ego which does not derive pleasure from either subordination or domination, and which is independent of hegemonic social authority yet able to recognize rational authority.
Other Institute members would eventually be more skeptical than Fromm concerning the possibilities of developing independent egos in contemporary capitalist societies, and eventually much more emphasis would be put on the institutions of mass culture and politics in directly socializing individuals (Kellner 1989b). Yet concern with family, authority, and socialization would continue to characterize Fromm's work in the following years. Escape From Freedom (Fromm 1941) analyzes the ways that individuals internalized irrational authority during the fascist era and Man For Himself and The SANE Society (Fromm 1955) analyze how individuals conform to contemporary capitalist and patriarchal societies. The intersection of Marxism, feminism, and psychoanalysis in Fromm's work anticipates certain trends of later feminist theory and provide anticipations of possible syntheses between Critical Theory and feminism. Since analysis of gender is a key aspect of contemporary feminist theory, let us now inquire into what contributions Fromm makes to gender theory and what limitations prevent him from developing a more adequate analysis of the differences between men and women.
Fromm on Gender: Conflicting Models
In essays beginning in the late 1940s until his death, Fromm was the first Critical Theorist to develop perspectives on gender, focusing on theorizing the differences between men and women. His perspectives were constantly changing however, and were strikingly contradictory, testifying to the difficulties of theorizing gender and overcoming dominant ideological prejudices. In a 1943 essay "Sex and Character," Fromm takes on the delicate task of characterizing the dominant models of gender and sketching out his own perspectives. He opens by acknowledging the longevity of the project of delineating differences between the sexes, citing Biblical explanations of the essential differences between the sexes, and then points to the highly charged political nature of the endeavor by contrasting liberal Enlightenment positions that there were no innate differences between the sexes with conservative and Romantic claims of essential differences that were used to support male domination and to justify inequality between the sexes (Fromm 1943, p. 21).
Fromm also points to Freud's continuation of conservative perspectives on gender and cites the development of a "culturally oriented" psychoanalysis which "disputed Freud's findings" (1943, p. 22). Fromm himself, in this essay, will try to mediate between the positions of biological essentialism and cultural relativism in his analysis of gender difference. Fromm wants to analyze really existing differences between the sexes without valorizing alleged deficiencies that would justify the domination of one gender by the other. He argues that:
It is the thesis of this paper that certain biological differences result in characterological differences; that such differences are blended with those which are directly produced by social factors; that the latter are much stronger in their effect and can either increase, eliminate or reverse biologically rooted differences; and that eventually characterological differences between the sexes inasmuch as they are not directly determined by culture, never constitute differences in value (Fromm 1943, pág 22-23).
Fromm begins his analysis of biological sexual difference by pointing to what he considers salient differences between men and women in the sexual act. The male, he argues, must have an erection and retain it during the act until he has an orgasm; to satisfy the woman, he must maintain it until the woman has an orgasm (1943, p. 23). These biological facts, Fromm believes, point to different male and female sexual anxieties. The male has performance anxiety and the fear of failing. "The woman's vulnerability on the other hand lies in her dependency on the man; the element of insecurity connected with her sexual function lies not in failing but in being 'left alone,' in being frustrated, in not having complete control over the process which leads to sexual satisfaction" (ibid).
This analysis obviously presupposes heterosexual genital intercourse as the model of sexuality and fails to indicate the ways that oral or manual stimulation could produce orgasm, pointing to the rootedness of Fromm's analysis in the sexual practices of his own milieu. Independent of this rather serious conceptual flaw, however, one sees Fromm attempting to critique patriarchy and to break down the stereotypes of the dominant sexual mythologies of the period. He criticizes Freud's extreme patriarchal model of sexuality and analysis of sexual difference and argues that both Freud and traditional ideological interpretations of women as essentially vain are contradicted by what Fromm considers attempts of men to prove themselves, "to demonstrate what a good 'performer' he is," both in the sexual act and other social spheres where men seek reassurance against the fears of sexual failing through competing for prestige in other areas of life (1943, pág 25f.). Women, on the other hand, are forced to attract men and thus women's "vanity is essentially a need to attract, and the need to prove to herself that she can attract, is attractive" (Fromm 1943, p. 27).
Fromm also argues that the social system as a whole encourages male competition and vanity, as well as power and domination over women to assuage fear of ridicule and to gain prestige to combat insecurity. Fromm suggests that in the battle of the sexes the penis is a weapon with which men can sadistically dominate women, though women can ridicule men and even make them impotent: "Man specific hostility is to overpower; woman's is to undermine" (Fromm 1943, p. 28). Thus Fromm tends to privilege culturalist features in eliciting sexual difference, though he argues that biological and cultural differences tend to reinforce each other in contemporary societies. After reversing Freud's theory of penis envy by pointing to the possibility that men are envious of bearing children, Fromm replays his Bachofen matriarchy analysis (pág 28-30) and then argues:
These 'natural' differences are blended with differences brought about by the specific culture in which people live. In present day culture, for instance, in fact and in ideology, women are dependent on men; the craving for prestige and competitive success is found in men. But the presence of these trends has much less to do with sexual roles than with social roles.... What happens is that cultural patterns and social forms can create characterological trends which run parallel to identical tendencies rooted in entirely difference sources such as sexual differences. If that is the case, the two parallel trends are blended into one, and it seems as if these sources were also one (Fromm 1943, p. 30).
Finally, in "Sex and Character," Fromm stressed that individual differences between different people were more fundamental than gender differences, writing: "whatever differences exist between the sexes, they are relatively insignificant in comparison with the characterological differences that are found between persons of the same sex" (1943, p. 30). The emphasis on the primacy of individual differences and the need for individuals to constitute their own identifies would also shape his next major essay on gender.
While Fromm's 1943 analysis of gender differences came close to biological essentialism, despite his culturalist qualifications, he turned to a more cultural model in the early 1950s, though he continued to try to mediate between naturalist and culturalist notions of gender difference. In "Man-Woman", an article published in 1951, Fromm opens by stating that: "The relationship between men and women is a relationship between a victorious and a defeated group" (1951, p. 4). Taking a proto-feminist perspective on sexual domination, Fromm then recapitulates once again his analysis of matriarchy and patriarchy which he uses again to valorize women's qualities and to critique patriarchy and male domination. This time he does not refer to differences in the sex act as essential, as in "Sex and Character", but rather points to woman's function of child-bearing and nurturing as producing tenderness as a social quality characteristic of women. Yet he argues against an extreme culturalist position here arguing that there are crucial differences between men and women, but that these are as much due to biology as to cultural conditions. The focus of his analysis, however, is on those socio-cultural conditions that pattern men and women to use sex to overcome boredom or to prove themselves on the sexual market.
Interestingly, he closes on an agnostic note on the issue of gender in "Man-Woman", suggesting that we don't really know the "real differences between men and women" (Fromm 1943, p. 16). He urges individuals not to seek to live up to any pre-conceived notions of what it is to be a man or a woman, but to cultivate their own individuality and not to be guided in one's behavior by cultural stereotypes. Such a perspective is significantly different than his biological analysis in "Sex and Character" and points to genuine openness on the question of gender in Fromm -- openness that would often, however, be replaced by a return to essentialism in the following years.
In some ways, Fromm's major post-War texts -- Man For Himself, The Art of Loving, The SANE Society, and The Anatomy of Human Destructiveness -- constitute a sometimes profound regression behind the gender analysis of some of his earlier texts. His major books either lack discussion of gender or sometimes reproduce cultural commonplaces on the differences between men and women without any sustained reflection on sexual difference, gender, and relations between men and women. Man For Himself (1947), for instance, totally lacks gender analysis. Although Fromm utilizes categories such as temperament and character which lend themselves to gender analysis, he does not undertake any gender differentiation of these categories. And although he discusses a variety of ethical problems, he ignores problems of gender and sexuality in this book. Instead, he focuses throughout on a universal human situation that does not differentiate between the situation of men and women and his humanism does not deal specifically with the oppression of women and the need for their liberation.
In the Art of Loving (1955), Fromm takes up the question of gender neglected in Man For Himself, but his analysis degenerates to an appalling extent. The analysis is marked by sexual conservatism and traces of sexism, essentialism, and idealism and mysticism. Although Fromm notes differences between men and women, his analysis is rather superficial. Analyzing the differences between men and women in the sexual act, he turns from his earlier focus on male performance anxiety and female fear of dependence on the male for satisfaction that marked his gender analysis in "Sex and Character" -- and that stressed negative and disturbing features of sexual experience -- for rather idealist comments on the elements of giving in the sexual act. Thus Fromm erases the antagonism between the sexes that characterized his earlier analysis of sexuality for a more idealist model of giving and union. For Fromm, the man gives the woman his organ and semen and the woman gives too, opening "the gates to her feminine center" (1956, p. 19).
In this book, Fromm interprets love as the most satisfactory way of resolving the tensions of the human situation and in achieving a fusion and oneness with the other and the world. Fromm would continually argue that Freud did not overemphasize sex, as many revisionists would claim, but that he restricted it to a mechanical, physiological activity of tension and release. This model, Fromm believes, underestimates the importance of sexuality which he sees as an overcoming of separation and the joining of the masculine and feminine poles (Fromm {1956} 1989). For Fromm, sexuality, on this model, is a metaphysical event that grounds human existence in one's opposite pole and is not merely a pleasurable release of tension à la Freud.
For Fromm, the phenomenon of love essentially manifests a desire for union with one's opposite gender and, taking up an essentialist position on love and gender, he claims that love best fulfills the need for union between the masculine and feminine poles (Fromm 1956, pág 27ff.). Continuing in the essentialist mold, Fromm describes the masculine character "as having the qualities of penetration, guidance, activity, discipline, and adventurousness; the feminine character {is defined} by the qualities of productive receptiveness, protection, realism, endurance, motherliness" (p. 31). Fromm does qualify this by indicating that: "It must always be kept in mind that in each individual both characteristics are blended but with the preponderance of those appertaining to 'his' or 'her' sex" (ibid). Yet there is something of a naturalistic essentialism in his views of men and women, for he indicates that homosexuals can never attain the profound union of masculine and feminine in love because they are bonded to the same sex (Fromm 1956, p. 28). Such views indicate that Fromm's perspectives on men and women are deeply shaped by the prejudices of his cultural milieu and that like other male Critical Theorists he tends to take a heterosexual male point of view in analyzing gender and sexuality (see Mills 1987)..
Fromm does, it is true, criticize Freud's "extreme patriarchalism, which led him to the assumption that sexuality per se is masculine, and thus made him ignore the specific female sexuality" (1956, p. 30). Yet it is not clear that Fromm himself analyzes "the specific female sexuality," though he does analyze "motherly love" which he contrasts to "brotherly love." Curiously, while in his analysis of Bachofen's theory of matriarchy, the matricentric principle represented equality, now it is brotherly love that represents the principle of humanism, the love of all other human beings, and the principles of care, compassion, and responsibility for all human beings in an egalitarian ethic. Motherly love, by contrast, represents instilling the love of life in the child and is essentially altruistic and unselfish, albeit narcissistic (Fromm 1956, pág 41ff). [6]
It might be interesting to speculate why Fromm provided anticipations of the current feminist stress (in some currents) on mothering and yet failed to explore female sexuality or sexual difference. It might be also interesting to speculate on why Fromm shifted so radically from a feminist and culturalist position on gender in the 1940s and early 1950s to the essentialist and hetrosexualist position in the Art of Loving.[7] His analysis is full of normative prescriptions that legitimate a sexual conservativism, as when he writes: "Love should be essentially an act of will, of a decision to commit my life completely to that of one other person" (1956, p. 47). His analysis also takes an idealist turn in a long analysis of "love of God" (pág 53ff), though there are some occasionally acute socially critical remarks in his analysis of "Love and Its Disintegration in Contemporary Western Society" (pág 70ff).
Fromm would occasionally return to the feminist and culturalist emphases of some of his early writings in his later works, though here too one notes some essentialism and sexual conservativism. In The Anatomy of Human Destructiveness, one of his last major books (1973), Fromm repeats the high evaluation of matriarchy found in the 1930s essays and utilizes anthropological commonplaces to delineate the differences between men and women. In his discussion of anthropology (especially pág 155ff.) Fromm examines the "central role of the mother" in Neolithic villages and cites "the older division of labor, where men hunted and women gathered roots and fruits, agriculture was most likely the discovery of women, while animal husbandry was that of men" (p. 155). In a parenthetical aside, he notes: "Considering the fundamental role of agriculture in the development of civilization, it is perhaps no exaggeration to state that modern civilization was founded by women" (ibid). Fromm suggests that the earth's and mother's capacity to give birth probably gave women a primary role in Neolithic society and then cites the evidence for "the central role of women" (pág 155ff.) and Bachofen's theory of matriarchy (pág 58ff.).
Following Mumford, Childe, and others, Fromm next discusses the "urban revolution" and the transition to male-dominated society, writing: "These social and political changes were accompanied by a profound change in the role of women in society and of the mother figure in religion. No longer was the fertility of the soil the source of all life and creativity, but the intellect which produced new inventions, techniques, abstract thinking, and the state with its laws. No longer the womb, but the mind became the creative power, and with this, not women, but men dominated society" (pág 163-164). Fromm thus identifies women here in a rather essentialist and patriarchal fashion with the womb, while men are identified with the mind, replicating a trope of male philosophy that runs through Plato, Aristotle, Aquinas, and others. Symptomatically, when describing the powers of the mind, Fromm invests it with male sexual traits as when he writes of "the potency and subtlety of penetrating, theoretical thinking" (p. 159); indeed, "penetration" is one of his favorite terms for intellectual achievement thus exhibiting a phallocentric view of thought.
Yet his analysis in The Anatomy of Human Destructiveness continues with a critical presentation of patriarchal rule "in which the principle of control is inherent: control of nature, control of slaves, women and children" (p. 164). But, like other critical theorists, whereas he provides an excellent critique of domination, including patriarchal domination, Fromm fails to develop adequate perspectives on gender. And yet probably his most important connection with contemporary feminist theory is evident in this book and many other texts of the 1960s and 1970s: critique of aggression and advocacy of the values of peace and disarmament.
Fromm, the Peace Movement and Feminism Fromm was a member of SANE and other groups struggling for disarmament and strongly supported the anti-war movement of the 1960s directed against U.S. aggression in Vietnam. His book May Man Prevail (1961) critiqued the myths of the Cold War and analyzed "SANE versus Pathological Thinking in Politics," carrying out a critique of paranoid thinking, projection, fanaticism, and automaton thinking which are still useful in analyzing contemporary political discourse and reality. These concepts, as well as his analyses of necrophilia and biophilia (1973), link Fromm with important tendencies within feminism which focus on peace research, the analysis of aggression, and the possibilities of limiting human destructiveness.
Indeed, in the late Fromm one discovers a return to progressive perspectives on gender and positive references to the women's liberation movement. In an essay on "The Significance of Mother Right for Today" in The Crisis of Psychoanalysis (1970), Fromm argues that the matricentric principles outlined in Bachofen are "the basis of the principle of universal freedom and equality, of peace and tender humaneness. It is also the basis for principled concern for material welfare and worldly happiness" (1970, p. 103). He then argues that these principles are relevant in analyzing the "failure of the patriarchal-authoritarian system" to fulfill its function"; the democratic revolution; the women's revolution; the children's and adolescent's revolution; the revolution of radical youth; and the sexual revolution. Valorizing matricentric principles in these contemporary revolutions, Fromm also critiques the continuation of patriarchal domination: "The purely patriarchal society cares nothing for love and equality; it is only concerned with man-made laws, the state, abstract principles, obedience. It is beautifully described in Sophocles' Antigone in the person and system of Creon, the prototype of a fascist leader" (Fromm 1970, p. 106).
Fromm concludes the essay, however, with a call for a synthesis of matricentric and patricentric principles combining matricentric values with justice and rationality, tempered by matricentric mercy and equality (ibid). This Hegelian vision of a higher synthesis of the opposing principles thus deconstructs an absolute sexual difference and provides guidelines for the production of personalities that combine so-called masculine and feminine features and the construction of a society that combines matricentric and patricentric principles. Fromm continues to sketch out this vision in his late book For the Love of Life where he diagnoses once more "the crisis of the patriarchal order" and positively valorizes the "feminist revolution" and its "remarkable advances":
Women, like children, used to be regarded as objects, as the property of their husband. That has changed. They may still be at a disadvantage in a man's world, receiving less pay, for example, than a man does for the same work; but their overall position, their consciousness, is considerably stronger than it was. And all the signs would seem to indicate that the women's revolution will go forward, just as the revolution of children and young people will. They will continue to define, articulate, and stand up for their own rights (Fromm 1986, p. 25).
In a 1975 interview published in Italy, Fromm directly comments on the feminist movement. When asked to comment on perceptions of the feminist movement as "an open, violent fight against men," Fromm answers:
One cannot understand the psychology of women, and for that matter the psychology of men, and one cannot undrstand the element of sadism, of hostility and destructiveness in men and women if one does not consider that there has been a war between the sexes going on in the last six thousand years. This war is a guerrila war. Women have been defeated by patriarchalism six thousand years ago and society has been built upon the domination of men. Women were possessions and had to be grateful for every new concession that men made to them. But there is no domination of one part of mankind over another, of a social class, of a nation or of a sex over another, unless there is underneath rebellion, fury, hate and wish for revenge in those who are oppressed and exploited and fear and insecurity in those who do the exploiting and repressing (Fromm 1975, p. 59).[8]
As to the allegedly naive and coquettish traits traditionally ascribed to women by some, Fromm answers:
Women have been so thoroughly oppressed that they have accepted unconsciously the role that the ruling sex, man, gave to them. They have even believed in male propaganda, which is very much the same as the propaganda in other wars, wars against colonial people, etc. Women have been considered to be naive: Freud said that they were narcissistic, unrealistic, cowardly, inferior to man anatomically, intellectually, morally. The fact is that women are less narcissistic than men, for the simple reason that there is almost nothing that man does which has not some purpose of making an impression. Women do many, many things without this motive and in fact what you might call women's vanity is only the necessity to please the victors. As far as the lack of realism in women is concerned, what should we say about male realism in an epoch in which all western governments, consisting of men, are spending their money building atomic bombs, instead of taking care of threatening famine, instead of avoiding the catastrophes which threaten the whole world? (Fromm 1975, pág 59 and 94)
The war between the sexes, Fromm believes, has created a great deal of hate and sadism on both sides: "The exploited and the exploiters are both in the same boat as are the prisoner and his guard: they both threaten each other and hate each other, they both have to be afraid of the other's attacks. So men are afraid of women and they only pretend they are not" (Fromm 1975, p. 94). Fromm concludes the interview, however, by criticizing the current feminist movement as a mildly reformist one, in which men will share power, and patriarchal values will not be overturned, rather than having a "truly revolutionary aim, in which women become humanly emancipated" (ibid). Identifying the women's liberation movement with its reformist wing is probably unfair, though Fromm's comment probably appropriately characterizes much of what has become known as "liberal feminism."
Until his death in 1980, Fromm continued to project hopeful perspectives on human Liberation and to advocate love of life, while attacking patriarchy, aggression, and destruction. Fromm's most profound connection with feminism thus resides in his perspectives on life and peace and his critiques of patriarchy and aggression. While he never adequately developed perspectives on gender, he at least attempted to confront the issue and continually struggled, with some regressions, to present perspectives on gender that would combine feminist perspectives with critical social theory. Thus Fromm provides some anticipations of the synthesis of Critical Theory and feminism which remains one of the crucial tasks of Critical Theory today.
A Possible Synthesis?
I conclude with a set of remarks concerning why I think that a synthesis of Critical Theory and feminism is possible and desirable. To begin, Critical Theory's dialectic of domination and liberation provides a conceptual framework for feminist social theory, although the critiques of domination developed by classical Critical Theory demands supplementation by feminist critiques of patriarchy and perspectives on women's liberation. In this paper, I have argued that the conceptual space for such a project is already provided by the (inadequate) analysis of the relation between patriarchy and social domination within Critical Theory and will conclude will discussion of some contemporary attempts by women to merge Critical Theory and feminism in the United States.[9]
Seyla Benhabib and Drusilla Cornell have edited a book Feminism as Critique (1987) which brings together the perspectives of feminism and Critical Theory. Contributions to the anthology develop feminist issues within the context of critical social theory. In Critique, Norm, and Utopia, Benhabib (1987) ends a critique of "the aporias of Critical Theory" with a call to develop an "emancipatory politics in the present that would combine the perspective of radical democratic legitimacy in the organization of institutional life with that of a cultural-moral critique of patriarchy and the industrial exploitation of the nature within and without us." Benhabib is concerned to develop an ethics and social theory within the framework of a Critical Theory of society that takes into account feminist concerns.
In her book Unruly Discourses (1990), Nancy Fraser carries out a feminist ideology critique of Foucault, Lyotard, Habermas, Rorty, and Derrida from the standpoint of developing a feminist social theory. She practices the Frankfurt School tradition of ideology critique though defines critique in the sense of the early Marx as "'the self-clarification of the struggles and wishes of the age'" (Fraser 1989, p. 2). In her studies, Fraser valorizes concrete struggles as the agenda setters for Critical Theory; posits social movements as the subjects of critique; and argues that it is in the crucible of political practice that theories meet their ultimate test of validity. In these ways, she politicizes Critical Theory and provides a feminist dimension which connects theory to practice more powerfully than some of the more abstract and apolitical versions of Critical Theory.
In addition, Critical Theory intersects with a tradition of feminist thought in its critique of the ways that science and technology serve the interests of human domination, and with its positing of alternative values of reconciliation, gratification, and peace. In fact, a major theme of Dialectic of Enlightenment is its radical critique of science, technology, and instrumental rationality that continues to be of value during an epoch when tendencies described by Horkheimer and Adorno are increasing in scope and intensity. This critique was later taken up by Marcuse and Habermas as well and provides an important area of intersection between Critical Theory and feminism.
There are also contemporary attempts to combine Critical Theory with feminism and psychoanalysis. Jessica Benjamin in some early essays (1977 and 1978) and The Bonds of Love (1988) carries out a systematic development of a psychoanalytic feminism with roots in Critical Theory. Benjamin produces a critique of domination based on psychoanalytically and feminist inspired theories of love, family, and everyday life. She thus provides systematic perspectives of the sort first anticipated within Critical Theory by Fromm, though she is more influenced by Marcuse and Adorno.[10]
Finally, as I argue in my book on Critical Theory, Marxism and Modernity, the emancipatory perspectives of Critical Theory offer positions on cultural and sexual politics which are akin to some of the more progressive tendencies in various new social movements --including feminism -- which also provide correctives to frequent deficiencies in at least some of the new movements. Critical Theory has always been concerned with the aesthetic-erotic dimension of experience, and has defended pleasure, happiness, play, and sensual gratification. Its emphasis on the body and materialist focus on needs and potentialities thus lends itself to dialogue with the sort of sexual politics advanced by progressive feminism. Indeed, Critical Theory has always emphasized the importance of human sexuality for individual life, and has stressed the need for better human relations between and within the sexes. Critical Theorists have also pointed to the importance of the family as an instrument of socialization, and have criticized the ways that the patriarchal family produced authoritarian personalities while oppressing women and children (see Kellner 1989b, Chapters 3 and 4). While some (male) Critical Theorists often projected male attitudes and perceptions in their works, others, like Marcuse, had relatively progressive perspectives on sexual politics, and responded positively to feminism from the time of its first appearance (see Kellner 1984).
In any case, Critical Theory is consistent with development of the sort of critique of patriarchy and demand for women's liberation advanced by feminism. Mills (1987), Fraser (1989), and others have discussed the limitations of classical Critical Theory from a feminist perspective, while a variety of individuals have attempted to synthesize Critical Theory and feminism in recent years. This is a promising development for after the celebration of otherness and fragmentation of radical thought and politics during the 1980s -- fragmentation and internecine warring which primarily benefits the intellectual and political establishments --it may be time to begin overcoming differences, to begin engaging in more productive dialogue, to building new syntheses. Which raises a final question: has otherness been fetishized and can we develop intellectual and political projects which respect and valorize individuality, difference, and otherness which at the same time aim at commonality, solidarity, and community? The future of Critical Theory will depend, I submit, on the answers that we provide to such questions.
Notes
*This paper was first delivered at International interdisciplinary Symposium on Erich Fromm and the Frankfurt School in Stuttgart-Hohenheim on May 31-June 2, 1991 and I am grateful to a number of people for critical comments that helped with its reformulation. In particular, I am grateful to Rainer Funk for providing suggestions concerning Fromm's theory of gender as well as material on the topic from the Erich Fromm archives. I am also thankful to Daniel Burston for comments on my paper and for providing me with an unpublished paper "Fromm's Sexual Politics" and his book The Legacy of Erich Fromm (1991). Finally, I would like to thank Renate Hoffman-Korth and Barbara Brick for stimulating discussions concerning the politics of gender, and Steve Bronner and Bernard GÖrlich for penetrating discussions of Fromm and the Frankfurt School.
1. My reflections in this article were first developed as a paper on Patricia Mills' book Women, Nature and Psyche (1987) delivered at the annual meeting of the Society for Existential and Phenomenological Philosophy at Northwestern University in 1988. Mills develops a sharp feminist critique of Hegel, Marx, Freud, and the Critical Theory of the Frankfurt School while carrying out discussions of the ways that Critical Theory does and does not provide adequate perspectives for contemporary feminism. The thrust of Mills' critique is that the Frankfurt School theorists represent and analyze women's situation from a male point-of-view and exclude the specificity of women's experience from their theoretical positions, while privileging male self-development, male relations (to father, mother, siblings, and others), and male experience and subjectivity over women's self-development, relations, experience, and subjectivity. This leads Mills to present (counter)analyses of motherhood, sisterhood, women's self-development and sexuality, and relations to supplement the exclusion of women from male theory. In this paper, I shall suggest that perhaps Fromm, despite his limitations, is the critical theorist who went furthest in developing Marxist-feminist perspectives for Critical Theory. For my interpretation of Critical Theory, see Kellner 1989a.
2. The Left's position toward Fromm has been largely polemical. See Marcuse 1955; Jacoby 1974; and the discussion in Burston 1991 who defends Fromm against Marcusean attacks. For an earlier defense of Fromm, see Rickert 1986 who attempts to revise prevailing Left dismissals of Fromm as an idealist, revisionist, and worse by valorizing his positive contributions to radical social theory and by defending Fromm against critiques by Marcuse, Adorno, Jacoby, and others. Unfortunately, Rickert's project of revalorizing Fromm was cut short by his untimely death.
3. On the project of developing a synthesis of Marx and Freud, see Jay 1973; Jacoby 1974; and the two-volume anthology Marxismus, Psychoanalyse, Sex-Pol (Frankfurt: Fisher, 1970) which highlights the role of Siegfried Bernfeld, Wilhelm Reich, and the Critical Theorists as early adherents of the attempt to develop a Freudo-Marxism. This project was later taken up by French theorists such as Lyotard, Deleuze, Guattari, and the early Baudrillard. On this project, see Kellner 1989b and Best and Kellner 1991.
4. On Fromm's life and work, see Funk 1982 and 1983 and Burston 1991.
5. In presenting Fromm's interpretation of Bachofen, I am aware of the fierce debates within contemporary feminism and anthropology concerning the nature, history, and normative consequences of the theory of matriarchy and would merely propose taking Fromm's analysis as a conceptual myth which illuminates certain aspects of the history of gender and which proposes certain normative ideals for the present; I shall also make some critical comments concerning Fromm's appropriation of Bachofen below. For some contemporary interpretations and debates on Bachofen, see the essays collected in Heinrich 198X. Walter Benjamin also wrote a highly complementary essay on Bachofen; see Benjamin 1980, pág 219ff. where he notes Fromm's contribution to explicating Bachofen's legacy (p. 231).
6. Fromm's equation of brotherly love with equality and democracy here is odd since he earlier equated democracy and equality with matricentric qualities, an equation which he would also return to in later writings; see, for instance, Fromm 1970, p. 103 (cited below) and Fromm 1986, pág 21-22.
7. Rainer Funk suggested in conversation that perhaps Fromm's varying analyses of gender were related to his different relationships with women. In the 1930s and early 1940s, he was involved with two strong women in the psychoanalytic movement, Frieda Fromm-Reichmann and Karen Horney, both of whom were ten years older than him and extremely independent and creative women; Fromm's second wife, Henny Gurland was also a strong leftist, who escaped from France on the fateful trip in which Walter Benjamin committed suicide; she died in 1952 and his third wife, Annis Freeman, with whom he lived until his death, was more traditional and "feminine" than his previous wives who might have inspired him to take more feminist positions. We shall see, however, that even in the late Fromm there are some feminist impulses.
8. I am using the English text from which the interview was translated into Italian; thanks to Rainer Funk for providing this material tobe from the Erich Fromm Archive.
9. I am aware that there have been syntheses of Critical Theory and Feminism in Germany and elsewhere in Europe, but I am only discussing here these efforts in the United States with which I am familiar.
10. Benjamin briefly discusses Fromm in a note on the Frankfurt School analyses of authority and fascism, writing: "Rejecting instinct theory, but using Freud's notion of the mass leader... Erich Fromm developed the idea of the search for the 'magic helper' in Escape from Freedom.