Universidad de San Carlos de Guatemala

Facultad de Odontología

 

 

Ideas Básicas Para Mejorar la Validez de los Procedimientos de Evaluación de los Profesores

 

Dr. Manuel González Ávila

Departamento de Educación

Guatemala, 2 de agosto de 2002

 

 

Las siguientes son algunas de las principales interrogantes, acompañadas de algunos criterios que pueden ayudar a encaminar la evaluación de los profesores de la Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos de Guatemala de una manera más satisfactoria.

¿Qué es la Facultad de Odontología y qué significa que sea parte de la Universidad de San Carlos de Guatemala?

La Universidad de San Carlos de Guatemala tiene el carácter de única universidad estatal responsable de la educación superior y la educación profesional del Estado y le compete la difusión de la cultura en todas sus manifestaciones. Está encargada de promover la investigación y cooperar al estudio y solución de los problemas nacionales. Este enunciado constitucional le confiere responsabilidades únicas entre todas las instituciones del Estado, las cuales señalan la dirección y sentido de la Facultad de Odontología. La razón de ser de la Facultad de Odontología se describe en los estatutos y reglamentos de la Universidad y está contenida en sus documentos curriculares. Estos indican que son competencias de esta Facultad la formación profesional y la generación de conocimientos y metodologías, análisis crítico y propuestas para incidir positivamente en la problemática estomatológica de los guatemaltecos. Sus fines son los de preparar profesionales en estomatología adecuados par Guatemala, técnica, científica y culturalmente capaces de otorgar servicios cada vez más eficaces y eficientes en el campo de la Estomatología, en congruencia con las condiciones y características de la población guatemalteca.

¿Cómo es la importancia de los profesores en relación con el cumplimiento de los fines de la Facultad de Odontología?

Los profesores son el eje central de la Facultad para alcanzar las metas institucionales. Sus características, desempeño y recursos son indispensables para mejorar la calidad académica. La ética y moral ciudadanas, la capacitación humanística, científica y técnica, la vocación docente, las cualidades de relación interpersonal y la capacidad argumentativa, entre otras cualidades de los profesores, de hecho y potencialmente sirven de guía y ejemplo a los estudiantes y como fuente de crítica y propuestas a la Institución. Se espera también que, como una unidad facultativa y como conjunto en un esfuerzo convergente, los profesores logren en la Facultad de Odontología la realización de sus intereses académicos y ciudadanos, al mismo tiempo que hacen aportes favorables a la sociedad guatemalteca.

¿Cómo mejorar las funciones de los profesores y hacer más efectivo su esfuerzo?

En el sentido y la dirección apuntados antes, es necesario que la Facultad de Odontología tome las medidas apropiadas con el fin de dotar a los profesores de todos los recursos posibles para ejercer sus funciones docentes, de investigación, de extensión universitaria y de administración académica. Para que dichas medidas sean efectivas – y a la vez, lo menos arbitrario e improvisado que sea posible – es esencial que la Facultad de Odontología tenga una idea cercana de las situaciones en que se desenvuelven los profesores, incluyendo las principales dificultades, limitaciones, aspiraciones, recursos disponibles, limitaciones en la comunicación, estímulos académicos y otros aspectos básicos. Poco puede hacerse en el sentido correcto sin la información fundamental que permita saber los problemas, los intereses y las necesidades de los profesores en el marco del currículo. Esto implica la realización de procesos evaluativos por parte de la Institución.

¿Qué es evaluar?

La evaluación es una actividad que todas las personas realizan constantemente para juzgar si algo está adecuado o inadecua­do, satisfactorio o insatisfactorio, bueno o malo. Se hace con el fin de conservar, corregir, detener o sustituir ese algo que puede ser un libro, una institución, el rendimiento académico de un alumno o un programa educativo o social. La naturaleza de la evaluación está fundamental­mente vinculada a nociones éticas, valorativas o morales acerca de lo que se evalúa. El ser evaluado es conocido por medio de observaciones comunes o científicas, mediciones y, ocasionalmente según la natura­leza de lo que se evalúa, experimentos y pruebas. Con esas observa­ciones se construyen los juicios evaluativos. La naturaleza funda­mental de los resultados de una evaluación refleja, por lo general, una importante carga de subjetividad que reproduce los intereses del evaluador o quien encarga una evaluación y pocas veces indica los juicios o pareceres de los que son directamente interesados o afectados. Se aplican procesos evaluativos en la educación para hacer estimaciones sobre, por ejemplo, el grado de avance académico de los educandos, los beneficios de una técnica didáctica particular, los aciertos y desaciertos de los maestros, la organización administrativa de una escuela o la coherencia de un plan curricular con la necesidad social.

En términos más precisos, evaluar es emitir un juicio valorativo basado en la comparación de algo existente (situación, propuesta, institución, relación, estructura o proceso) con un conjunto de desiderata (valores, condiciones ideales, deseables o necesarias) con el fin de tomar una decisión o acción. El juicio evaluativo será tanto más o menos favorable dependiendo de la proximidad o distancia que separa lo real y lo deseable (figura 1)[1].

¿Qué es evaluar la idoneidad de los profesores y para qué hacerlo?

De acuerdo con lo anterior, evaluar la idoneidad de los profesores es emitir juicios valorativos basados en la comparación de la situación presente de las cualidades, acciones, problemas, intereses y necesidades de los profesores con respecto a las condiciones que son deseables y necesarias en la Facultad de Odontología, con el fin de introducir las medidas correctivas y motivadoras pertinentes. Se espera que la evaluación proporcione criterios para tomar decisiones sobre la idoneidad de los profesores en conjunto y las necesidades, problemas e intereses particulares de cada uno, para ver en qué medida se alcanzan las metas propuestas en tales aspectos, juzgar los logros y tropiezos de los esfuerzos realizados y tener fundamentos para impulsar nuevas iniciativas o las acciones pertinentes.

¿Cuáles son las características de la metodología empleada hasta la fecha para evaluar a los profesores?

Algunas de las características de la metodología empleada hasta la fecha para evaluar a los profesores en la Universidad deben ser explicadas. Varias de ellas conllevan graves limitaciones e incoherencias:

1.        Define sólo en forma muy ambigua cuál es el objeto de la evaluación. No reconoce que, por el hecho de que tiene que ver con la idoneidad de los profesores, en realidad no tiene relación con un objeto inerte sino, al contrario, es un objeto-sujeto que responde con sus particularidades ante las iniciativas del evaluador. Coloca un énfasis muy marcado en la objetividad. Para caso que nos interesa, ese énfasis es incongruente con el carácter subjetivo del objeto de estudio.

2.        Asume que la idoneidad de los profesores es sólo observable por medio de las conductas observables con lo cual el método actual no sólo no se acerca al objeto de la evaluación sino que, incluso, ha negado la posibilidad de aplicar otros métodos. Es bien sabido en las ciencias que el estudio de problemas complejos es mejor enfocado por medio de varios métodos, no solamente uno.

3.        Al hacer valer la simplificación, la metodología usual cae en un reduccionismo grave que ignora la complejidad, la flexibilidad y la pluralidad, lo contingente y lo afectivo, entre otras condiciones propias de la subjetividad humana.

4.        Hace depender la validez en los instrumentos únicamente, sin reconocer que la validez científica sólo depende en forma muy parcial e incompleta en tales recursos, pues tiene que ver con el enfoque, los propósitos, el método, el observador y los sujetos.

5.        Asume que la validez se logra afinando los instrumentos y aplicando técnicas estadísticas. Por tal razón aplica un significado equivocado al término de validez.

6.        Es incongruente con respecto a la relación entre objeto y método. El uso de un método que utiliza la encuesta como única técnica lleva a una modalidad cuantificadora de la investigación. El carácter de lo evaluado exige, por el contrario, métodos cualitativos en correspondencia con el problema que se enfrenta.

7.        El procedimiento empleado comunica su resultado (como el único efecto) de una manera cuantitativa y, además, en porcentaje. Es decir que el profesor recibe sólo un número en una escala de 0 a 100, lo cual es una reducción absurda. No explica el significado del resultado.

8.        La comunicación de los resultados, aparte de que no explica, es inoportuna, esquemática, puntual. No es individualizada, ni constante.

9.        El profesor no tiene opinión en el transcurso del proceso evaluativo.

10.    La Institución ha sacado poco provecho del esfuerzo de la evaluación de los profesores. Por otro lado, los profesores ven la evaluación como un esfuerzo inútil, formal, burocrático y legalista.

11.    En el sentido de lo indicado, aparte de su incongruencia, el método actual ha descuidado la unidad que debe existir entre la evaluación, las decisiones y la retroalimentación.

El resultado global ha sido el de un gran esfuerzo con pocos resultados. El proceso ha dado lugar a un enfoque superficial e inefectivo de la evaluación de los profesores en la Universidad. Un ejemplo de las tareas de hacer por hacer. Como proyecto científico, la evaluación de los profesores es muy débil porque no puede resistir un análisis de coherencia. Al no tratar los problemas de la subjetividad de los individuos, existe un gran riesgo de tratar la realidad como un mundo construido por el mismo observador científico.

¿Cuál ha sido el problema de validez en los procedimientos utilizados hasta la fecha en la Universidad? ¿Cómo puede mejorar la evaluación de los profesores? ¿Cómo enfrentar el problema de validez?

El principal problema de validez de los procedimientos empleados en la evaluación de profesores en la Universidad ha sido que tales procedimientos se han alejado de los conceptos básicos de los enfoques de la ciencia. Además se ha apelado a las técnicas estadísticas que, en el mejor de los casos, sólo pueden ayudar a resolver los problemas de reproducibilidad o confiabilidad, lo cual es un problema diferente. La validez es una condición que debe ser de interés central en toda empresa científica. Es un tema que es objeto de una intensa discusión en la actualidad, de manera que en el presente disponemos no de una, sino varias, conceptualizaciones de ella. Un autor, por ejemplo, asigna mucha importancia a la “triangulación teórica” y a la “triangulación de los observadores” como recursos para mejorar la cientificidad de los métodos y, por otra parte, señala que la devolución a los sujetos implicados – para que las corroboren – de las hipótesis hechas por el investigador constituye un medio excelente de controlar la fiabilidad de los resultados y también aumenta su credibilidad (validez de significancia).[2]

Un concepto de validez que se encuentra ampliamente difundido dice lo siguiente: “La fiabilidad es condición imprescindible, aunque no suficiente, de las medidas que, además, deben ser válidas. La definición que, habitualmente, se acepta como expresión de la validez de las medidas tomadas en un instrumento determinado, se refiere al hecho de si aprecian o miden, y en qué grado, lo que afirman medir. Con todo, no se puede dar una validez en general, sino en función de unos objetivos concretos –diagnóstico, pronóstico– para determinados sujetos y en circunstancias específicas.[3] 

También se ha indicado que la investigación se mueve en tensión entre dos polos: la necesidad de sus procedimientos puedan ser analizados en su validez ante las instancias que controlan la calidad o cientificidad, y la necesidad de que estos mismos procedimientos resulten eficaces a la hora de producir el conocimiento.[4]

Otro autor, el cual prefiere utilizar el término “legitimidad” en lugar de validez cuando el problema de la investigación es del ámbito de la subjetividad, indica: “la legitimidad se define, entonces, no por comparaciones entre ideas diferentes, o entre ideas y datos, sino por la congruencia de los procesos que se constituyen en la construcción del conocimiento”.[5]

Una propuesta para evaluar el aspecto interno de una técnica indica la necesidad de estudiar la eficiencia como la adecuación de los medios a los fines propuestos, la factibilidad y la confiabilidad.[6]

El sentido de la construcción democrática de las instituciones veamos este otro concepto de validez: “Todo hablante al comunicar algo a un oyente reclama para su expresión una forma apropiada de validez, que se extiende desde la constitución gramatical de la oración emitida hasta la pretensión de verdad de los enunciados, de corrección de las normas y de veracidad de los sentimientos o emociones expuestos frente al interlocutor”. [7]

  Por último, es pertinente este pensamiento tomado de la ética comunicativa y expresado por J. Habermas, uno de los filósofos más destacados de nuestro tiempo. Habermas dice: “Solamente pueden reclamar validez las normas que han obtenido (o podrían obtener) la aceptación de todos los involucrados como participantes de un discurso práctico”.[8]

En resumen, el problema de la evaluación de los profesores en la Universidad enfrenta un problema de validez científica y un problema de validez (legitimidad) en el sentido de la construcción democrática de las instituciones. A ambos problemas debemos dar respuesta.

¿Cuál es el método para evaluar a los profesores que deseamos como institución, como profesores y con la consideración de los intereses estudiantiles?

Una solución posible la podemos encontrar en la realización de procesos de deliberación con participación de todos los involucrados en un diálogo real, reflexivo y propositivo, en el cual se escuchan las personas exponiendo sus aspiraciones, problemas y necesidades. En un acuerdo ético, los representantes y autoridades deben valorar altamente los planteamientos acordados en esas circunstancias. Este principio es fundamental para el avance institucional.

 

Estas preguntas y sus correspondientes respuestas son sólo algunas de las muchas que podrían plantearse sobre el tema de la evaluación de los profesores universitarios. Para satisfacer los propios intereses y, simultáneamente, los institucionales, será necesario estimular la reflexión sobre estos y otros aspectos considerados importantes en condiciones de diálogo auténtico.

 

 



[1] Manuel González Ávila. Departamento de Educación, Facultad de Odontología de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Guatemala, 28 de diciembre de 1998.

 

[2] Jean-Pierre Pourtois y Huguette Desmet. Epistemología e instrumentación en ciencias humanas. Editorial Herder. Barcelona. 1992.

[3] Gloria Pérez Serrano. Investigación cualitativa. Retos e interrogantes. Editorial La Muralla. Madrid. 1994.

[4] Juan Samaja. Epistemología y metodología. Elementos para una teoría de la investigación científica. EUDEBA. Buenos Aires. 1994.

[5] Fernando Luis González Rey. Investigación cualitativa en psicología. Rumbos y desafíos. International Thomson Editores. México, D.F. 2000.

[6] León Olivé. El bien, el mal y la razón. Facetas de la ciencia y la tecnología. Paidós y Universidad Nacional Autónoma de México. México, D.F. 2000.

[7] Osvaldo Guariglia. Moralidad. Ética universalista y sujeto moral. Fondo de Cultura Económica. México, D.F. 1996

[8] Jurgen Habermas. Cp. Guariglia, 1996, pp 123.

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