DELIBERACIÓN
Manuel González Ávila
mayo de 2004
¿Quién delibera? Todos podemos deliberar
y de hecho lo hacemos. El reto es encontrar instituciones dispuestas a
encontrar oportunidades para entrar en un diálogo compartido. Las que lo hacen
confían en los participantes y pueden abiertamente aceptar los resultados. El
problema no es la falta de habilidad de las personas sino la falta de confianza
de las instituciones en la deliberación democrática, el aferramiento a
prácticas autoritarias o secuelas que vive una sociedad fragmentada. La
diversidad de puntos de vista para dilucidar un problema es más importante que
otro tipo de diversidad.
¿Por qué deliberar? Para escucharse y tomar las
decisiones necesarias para resolver problemas. Para crecimiento personal,
impulsar una forma nueva de hacer desarrollo político, hacerse escuchar por
funcionarios, comprensión de problemas, intereses y necesidades, fortalecer
comunidades, expresarse, encontrar base legítima, colectiva o pública, para
encontrar nuevas posibilidades, tomar decisiones y emprender acciones. Para dar
un primer paso en una nueva forma de hacer política.
¿Qué es la deliberación pública? Es una forma de hablar.
Si habremos de mejorar las posibilidades de construir decisiones efectivas y
durables, no sólo debemos vociferar, debatir o aclarar nuestros valores.
Tenemos que trabajar dilucidando entre opciones difíciles en cada problema,
considerando pros y contras. Nos ayuda a decidir si aceptamos las consecuencias
de las acciones que vamos a tomar. Es ponderar con otros las consecuencias de
las acciones. De alguna forma el diálogo (para la comprensión mutua) precede a
la deliberación (para tomar decisiones públicas responsables). Requiere diálogo
para explorar y examinar ideas para actuar. Obliga a examinar consecuencias
para otros que no están en el salón. Debemos deliberar para determinar lo que
es importante para nosotros. Por eso la información no es suficiente. No
confundir valores con preferencias.
¿Qué condiciones son necesarias
para deliberar? Es importante definir o nombrar el problema de una
manera que refleje las preocupaciones, experiencias y valores más profundos. 1)
El cómo se nombra un problema determina cómo se resuelve. Es importante que no
sacrifiquemos de entrada, sin hablar, lo
más valioso para cada uno. No recurrir a posiciones técnicas o ideologizadas.
2) Es importante plantear con claridad las opciones. Escoger entre las opciones
en medio de tensión es algo difícil e inevitable. No hay forma de evitar los
tiras y encoges contradictorios, los límites a lo que podemos hacer, los
sentimientos causados por los dilemas morales sobre lo que es mejor y correcto.
3) Es necesario trabajar explorando las opciones, los costos y consecuencias.
Esto requiere discutir los problemas, no acerca de ellos. Notar la importancia
de las emociones.
¿Qué sucede en un foro? La intención de
deliberar no conduce automáticamente a su práctica. Los “moderadores” son más
bien estimuladores del diálogo y la reflexión, no son moderadores sólo de
hablar. A medida que progresa un foro se generan dos tipos de preguntas: 1)
¿Cuáles son los costos y consecuencias asociados a las opciones? ¿Qué nos
atrae? ¿Qué hace a este enfoque una buena o mala idea? ¿Qué diría alguien a
quien le parece bien esa idea? ; y 2) ¿Dónde están los conflictos de un punto
que tenemos que reflexionar? ¿Por qué es este punto tan difícil de decidir?
Muchas veces se recurre a las experiencias personales. Al final del foro conviene
que los participantes describan el producto del foro: comprensión mutua, cambio
de pensamiento, posiblemente un sentido compartido de dirección. Lo más
importante es que las personas tienen que confrontar conflictos, costos y
consecuencias. Finalmente, las personas deben traer el sentido de la
posibilidad.
¿Cuáles son los productos de la
deliberación y cómo podemos usarlos? 1) Criterio, juicio público; 2)
diferente opinión sobre la opinión de los otros; 3) nuevo conocimiento; 4)
utilización de las diferencias, no sólo la tolerancia; 5) cambios positivos en
el criterio (realismo, confianza, conciencia pública y política) de las
personas; 6) cambios de actitud sobre el comportamiento político.
Los
usos que pueden darse a los productos de la deliberación son variados: 1)
construir terreno común para la acción, lo cual no es lo mismo que terreno
común o consenso o tener algo en común; 2) manejar el conflicto: el conflicto
es inevitable cuando hay intereses contradictorios, problemas difíciles, que
tienden a separar; 3) acercar los ciudadanos con los funcionarios; 4) organizar
acciones legítimas, públicas.