
¿Es Calidad Académica un Concepto Importante
Para un
Movimiento de Cambio Universitario?
Manuel
González Avila. Departamento de Educación de la Facultad de Odontología. Universidad
de San Carlos de Guatemala.
Ponencia
presentada en el Seminario “Tercera Reunión de Estomatología, Reflexiones Sobre
la Estomatología”, ARIDEN, 12 y 13 de agosto de 1999.
Desde hace más de cinco años, la Universidad
de San Carlos de Guatemala desarrolla actividades orientadas a lograr una “Reforma
Universitaria”. Para hacerlo, las autoridades universitarias han convocado a
representantes de las unidades académicas, de manera que ellos presenten
propuestas de carácter académico, legal y administrativo que habrán de ser
aprobadas por el Consejo Superior Universitario. Para llegar a acuerdos se han
realizado talleres y seminarios con participación de estudiantes, directivos y
profesores. El
presente documento contiene una propuesta sobre la calidad académica que es un
concepto, y a la vez una condición multifacética, imprescindible para tener logros
sustantivos en la planificación y ejecución de los planes y programas de dicha
reforma. Manejar el criterio de la calidad académica es fundamental para llevar
esta iniciativa de cambio universitario hasta algo más que la publicación o
aprobación de un informe.
Tal como ha sido concebido por las autoridades
universitarias, el esfuerzo institucional que implica la reforma universitaria
carece del tipo de acciones que puedan conducir a la generación de un
movimiento amplio de todos los sectores universitarios. Más bien parece que se
ha concentrado en propiciar un cambio formal. Sin duda éste es necesario. Pero
no es suficiente para producir cambios en las mentalidades y actitudes que
tengan expresiones concretas en las relaciones diarias de profesores, investigadores,
administradores y estudiantes de la Universidad.
Hay que mencionar que este documento contiene las
reflexiones iniciales sobre el tema. La intención es estimular el diálogo sobre
la calidad académica. Se asume que éste es un concepto que puede ser de mucho
valor para mejorar las funciones académicas que hacen la Universidad de San
Carlos de Guatemala y para lograr una mejor contribución hacia su entorno
social. Este documento incluye, además, algunas sugerencias de acciones para
obtener provecho práctico de este concepto.
Ya sea que el concepto de calidad académica
que se emplee esté explícito o no, la manera como es comprendido e
internalizado origina manifestaciones variadas de la actividad universitaria
cotidiana, y en los planes y programas universitarios. En una misma institución
educativa pueden coexistir simultáneamente varios criterios sobre lo que
significa la calidad académica. Para algunos, la excelencia en la calidad académica
se ubica en el prestigio de los egresados, o en los éxitos de los
representantes universitarios en las contiendas deportivas, o en los principios
estéticos del ambiente físico, el grado de equipamiento de las bibliotecas y
otros recursos favorables para el estudio, o en el número y calidad de las
publicaciones. Alguien más la comprende como sinónimo de éxito en el mercado
laboral, la cantidad de los ingresos profesionales o la ocupación de cargos en
los sectores privados y públicos. Para otros, la actualización tecnológica y la
inversión en la tecnología de la comunicación y la información son de la más
alta prioridad. Para alguien más, las soluciones a problemas que dificultan la
superación universitaria radican en los procedimientos y logros de las funciones
universitarias, como por ejemplo, el mejoramiento de contenidos educativos,
métodos y ambientes de estudio, calidad de la investigación y la extensión
(salones, bibliotecas, clínicas y laboratorios, programas de extensión e
impacto en la solución de los problemas nacionales, entre otros). O se
considera que las mejores opciones darán soluciones a la baja preparación de
los estudiantes de primer ingreso, la falta de recursos y el sectarismo político,
para mencionar sólo algunos de los problemas. Aún más, en las concepciones más
rudimentarias, la calidad académica de instituciones universitarias se ha visto
asociada al grado de jardinización o al grado del servicio que la institución
presta a sectores de élite.
En la Universidad de San Carlos de Guatemala se han
manifestado al mismo tiempo distintos enfoques sobre la calidad académica. Por
ejemplo, ha habido momentos en que la idea de la calidad académica en la
educación universitaria se ha contrapuesto a la de la educación y la
investigación orientadas al servicio de los intereses nacionales. Esa es una
falsa dicotomía. El supuesto ahí, expresado de muchas formas, ha sido que la
dedicación a una teoría o tecnología de excelencia es incompatible con la
búsqueda de la coherencia de la Universidad con respecto a los propósitos del
desarrollo social y humano. Sin embargo, no se han precisado los conceptos ni
ha existido una real deliberación para buscar los puntos de coincidencia.
En otros casos, se ha rechazado el término de “lo
académico” para reemplazarlo por el de “lo científico”. Debiera ser evidente
que academia y ciencia se refieren a temas distintos y que no se contraponen,
aun cuando claramente se traslapan. Es conocido que el término “academia” se
originó de Academus, legendario héroe de Atica para quien era sagrado un
terreno que incluía una granja de cultivo de olivos, un parque y un gimnasio,
situado en las afueras de Atenas. El terreno sirvió de sede a Platón en sus
estudios filosóficos con sus discípulos. Por varios siglos, los discípulos de
Platón en la Academia se interesaron en serias indagaciones sobre la
reclamación humana para obtener conocimiento. Tenían un deseo genuino de
recuperar la actitud crítica, inquisitiva y agnóstica del Sócrates de los primeros
diálogos de Platón y estaban exasperados con el dogmatismo de algunos de los
filósofos helénicos contemporáneos.[1]
Gradualmente, el término academia adquirió el significado general de una escuela
superior. El vocablo también es utilizado comúnmente para referirse a una
agrupación de personas iniciadas que se organizan para el progreso de la
ciencia, el arte, la literatura, la música o alguna otra área del esfuerzo
cultural o intelectual.[2]
El término académico implica entonces un complejo de
ideas. Sus variados significados giran en torno a la dedicación cultural e
intelectual, al rigor en la ciencia y la tecnología, la reflexión humanística,
el desarrollo del arte y la cultura, y la elaboración de propuestas viables
hacia la humanidad y la sociedad desde la cultura o el trabajo intelectual. En
cambio, la ciencia se acerca a la idea de conocimiento o sistema de
conocimiento que abarca verdades generales o la operación de leyes generales,
especialmente las que se obtienen y prueban por el método científico. Como
sistema de conocimiento se interesa por la naturaleza, la sociedad y el
pensamiento y sus fenómenos, y supone la producción de observaciones altamente
objetivas, poco sesgadas. Las explicaciones que construye la humanidad por
medio de la ciencia se obtienen por medio de la experimentación, la medición y
la observación sistematizadas. En general, la ciencia implica la búsqueda del
conocimiento que contiene verdades generales y la aplicación de leyes
fundamentales. El término de academia es más amplio e incluye otras actividades
culturales e intelectuales aparte del de ciencia con el cual se traslapa o al
cual abarca.
Los resultados de un cambio educativo o de
investigación pueden ser considerados positivos por aquellos que comparten
ciertos valores, y negativos para quienes sustentan valores antagónicos. El
comportamiento de las personas que componen una institución de educación
superior es determinado en gran medida por la manera como intuyen, comprenden y valoran su situación con respecto al poder e
interpretan los códigos de la cultura. Cada persona particular, cada profesor o
investigador en una universidad, ha hecho una síntesis propia, parte de una
síntesis colectiva para una institución en un momento dado. Así, las formas
concretas en que una unidad académica selecciona los contenidos y los métodos
de sus programas educativos, de investigación y de extensión, los criterios y
procedimientos que sustenta para organizarse, y para implementar, evaluar y
modificar tales programas, así como las modalidades que adopta para la
administración y la regulación interna, reflejan sus posicionamientos,
identidades y valores hegemónicos respecto al poder y sus particularidades
culturales. Estos posicionamientos, identidades y valores muchas veces están sólo
implícitos y sin embargo determinan o condicionan en concreto qué programas se
realizan con qué comunidades agrícolas y empresas industriales, por ejemplo, o
cuáles se hacen en el aula o el laboratorio y con qué modalidad de trabajo. En
las instituciones de educación superior determinan el currículum real.
Determinan también las apreciaciones valorativas sobre dichas instituciones y
sus programas.
Como ha sido
indicado con relación a la educación superior, el concepto de calidad académica
es un concepto relativo y evaluativo. No tiene sentido hablar de excelencia
académica o calidad académica como entes absolutos, con existencia propia e independiente,
como si fuera algo existente, ya descrito, algo a lo que hay que llegar.
Tampoco tiene sentido si el término calidad académica se emplea en abstracto,
sin referencia a cambios concretos y sin describir el entendimiento que se
tiene de ella.
Algo puede ser de mejor o peor calidad que otro dentro
de un conjunto de elementos, o en comparación con algo que sirve de referencia.
El cambio en la calidad académica tiene dirección
(la orientación teleológica y la concepción curricular), magnitud (la dimensión del cambio que se realiza) y sentido (grado de avance o retroceso
hacia la orientación teleológica).[3] A partir de esta
concepción puede analizarse el cambio de una institución de educación e
investigación y su significado para la sociedad.
Los cambios en la calidad académica nunca pueden ser
finales o definitivos. Tampoco son unidimensionales. Son cambios complejos que
abarcan progresos de distinta naturaleza: físicos, teóricos, éticos,
humanísticos, estéticos, de vinculación histórica, cultural y social. En rigor,
puede decirse que hay un cambio favorable en la calidad académica sólo con
referencia a las pautas o criterios directivos, los propósitos institucionales.
Hay un cambio favorable en la calidad académica cuando tal cambio es percibido
en las orientaciones de valor y e incide positivamente en las necesidades
específicas de cada área, ya sea ésta científica, tecnológica, organizacional,
social, humanística...
Qué tan positivo es el cambio se juzga con criterios éticos (qué
es correcto o incorrecto, adecuado o inadecuado) en el contexto definido por el
currículum.
Estrategia
Ya sea que se dé el caso de que coexistan varios
criterios sobre la calidad académica o que se exprese intolerancia hacia
algunos de ellos, lo importante es que las controversias sean discutidas. Es necesario que sean sometidas a un proceso dialogado de
reflexión, por cuanto que se refieren a un tema fundamental de las
instituciones educativas y el diálogo puede ayudar a aclarar algunas de las
falacias y dogmatismos. Esta es, entre otras, una buena razón para buscar la
más amplia participación posible en un proceso de cambio educativo. De manera
que si la intención es provocar cambios que tengan importancia institucional,
la estrategia general del cambio habrá de pasar por periodos de discusión que
permitan encontrar las diferencias y los puntos de convergencia. La
deliberación sobre los problemas de naturaleza ética y moral es esencial para
estimular cambios favorables en la calidad académica. Más bien, sin esa
discusión todo intento de cambiar favorablemente algo fundamental en el aspecto
académico parece destinado al fracaso. No tiene sentido.
Para empezar es importante ponerse de acuerdo en cuál
es la misión de la Universidad y cuáles son las estrategias para cumplirla. Uno
de los primeros pasos puede ser el ponerse de acuerdo en lo que habrá de
entenderse como calidad académica, si éste se llega a aceptarse aunque sea
provisionalmente, como condición deseable de un cambio universitario. En esa
estrategia general, las discusiones serán enriquecidas si los contenidos
incluyen propuestas concretas sobre los procedimientos (la metodología) y las
formas de organización que son necesarias para alcanzar los niveles deseados de
calidad académica. La primera etapa del proceso de cambio universitario es,
entonces, hacer partícipes a todos aquellos que tienen que ver con la
realización de las funciones universitarias, desconcentrar los planes y
programas y abrir oportunidades para que los interesados puedan “apropiarse” de
tales planes y programas. Y a los directivos que son quienes tienen el poder
formal les corresponde facilitar esa apertura y proveer los recursos
necesarios.
El propósito general de esta estrategia es conducir
la institución por medio de una metodología que hace corresponsables
voluntarios de los éxitos y fracasos a todos los involucrados, incluyendo los
diversos sectores sociales interesados. Los miembros de la institución se
convierten en protagonistas conocedores del plan curricular. Es lógico que al
hacerlos partícipes conozcan mejor los propósitos y la metodología para alcanzarlos.
En esta estrategia se espera también que cuando los involucrados lleguen a
internalizar el plan curricular se identifiquen con él por haberse vinculado
por medio de la expresión de sus dudas, objeciones y propuestas para, luego,
pasar a la deliberación. Puede esperarse que tengan una mayor capacidad de
iniciativa y que las iniciativas sean convergentes con dicho plan. No sólo los
directivos conocen el plan y son responsables de su ejecución. ¿Cuáles son las
opciones ante esta estrategia? Dos son evidentes. Una es la de continuar en una
situación de ignorancia a medias, insatisfacción, desvinculación y pérdida de
esfuerzos. La otra es apelar a los medios autoritarios, la política de las
sanciones, sometimiento y mano dura, lleva la marca de la intolerancia y la
exclusión. En ambas hay mucho qué perder y ambas también, por distintos medios,
conservan el statu quo.
Con la participación de directivos, profesores,
investigadores y alumnos, las siguientes pueden ser algunas de las acciones y
programas prioritarios para lograr cambios positivos en la calidad académica
dentro de los lineamientos de la estrategia indicada. Pueden ser pensados como
los controles que sirven para conducir y mantener la unidad de la institución.
1..
Desarrollo
de mecanismos de comunicación. La realización de foros de
discusión abierta en los que exista la oportunidad de manifestar las
objeciones, intereses, opiniones y necesidades reales y aparentes, en relación
con el currículum y otras actividades propias de la institución es una tarea
que ha sido postergada por mucho tiempo. Los talleres y seminarios que
estimulan la deliberación, aparte del desarrollo teórico y práctico, o la
difusión de la información, son también valiosos y formativos. Es necesario dar
la mayor prioridad a los mecanismos de comunicación interna y todos aquellos
que faciliten una mejor vinculación con quienes son las contrapartes sociales
de la institución.
2..
Planificación
y evaluación curricular. Para lograr la convergencia de esfuerzos entre
quienes conforman una institución es indispensable que haya oportunidades para
conocer, internalizar y valorar los principios educativos del currículum. Esta
tarea corresponde a todos los miembros de la institución, no únicamente a los
directivos. Las actividades de este tipo deben ser continuas para poder esperar
de ellas algo positivo encaminado al mejoramiento del plan y su ejecución.
3..
Fortalecimiento
de la investigación. Un sólido programa de investigación es para las
universidades la fuente más rica de experiencias para la formación de sus
miembros. La investigación es insustituible para capacitar a las personas en el
desarrollo del juicio crítico, la formación de valores universitarios y el
mejoramiento en la calidad académica. La incorporación de nuevos profesionales
a tareas de investigación, el apoyo en la búsqueda de financiamiento, el
estímulo a la publicación de textos, artículos u otras maneras, el mejoramiento
de las instalaciones de investigación y los reconocimientos oportunos y justos
son algunos de los medios concretos por los cuales los directivos pueden
desarrollar esta función tan directamente asociada a la calidad académica.
4..
Formación
de profesores. Es necesario impulsar un programa de formación de profesores
que tenga coherencia con los principios institucionales, el currículum y una mentalidad
de progreso en la calidad académica. Las formas concretas de hacer crecer un
programa de formación de profesores pueden ser variadas: actividades en
comunidades, observaciones in situ,
divulgación de textos y resúmenes a partir de la biblioteca o centro de
documentación, seminarios, capacitación en el exterior, cursos, foros, apoyo a
las iniciativas o a la reformulación de propuestas. La discusión de temas de la
ética es consubstancial con el avance académico.
5..
Desarrollo
del centro de documentación. Este aspecto ha sido
sumamente descuidado, específicamente en la Facultad de Odontología de la
Universidad de San Carlos de Guatemala. No puede esperarse un avance académico
sin una renovación constante de conocimientos e información sobre los temas
pertinentes de la carrera universitaria. Con esta carencia sólo queda la
recirculación de contenidos y la dependencia de las llamadas “Jornadas” cuya
insuficiencia es notoria.
6.
Intercambio
académico con otras instituciones de educación superior. El
intercambio de conocimientos y puntos de vista con instituciones universitarias
debiera considerarse de la mayor prioridad. Las modalidades específicas pueden
variar: becas al exterior, participación en actividades de alta calidad
científica y técnica, comunicación por medios electrónicos con líderes
científicos, tecnológicos, sociales, políticos y humanísticos, y participación en
actividades interuniversitarias, pueden ser algunas de ellas.
7.
Evaluación.
Específicamente para la Facultad de Odontología es importante impulsar
esfuerzos de evaluación de sus programas principales, incluyendo los programas
extramurales y del Ejercicio Profesional Supervisado. Desde hace ya varios años
no ha habido ocasión de someter a la evaluación y la crítica dichos programas y
sin embargo su deterioro puede ser detectado. La evaluación de los profesores,
así como también la evaluación de los programas clínicos, debe superar el
formalismo con que actualmente se hacen.
8. Incorporación
de la ética. Para que tengan sentido las
acciones universitarias deben incorporar la ética en todo el quehacer
institucional. Es importante que sea incorporada la ética en enseñanza de las
carreras de ciencia y tecnología, así como también es necesario estimular la
discusión y el análisis de los aspectos éticos contenidos en los proyectos y
acciones de la Institución. Además es necesario velar que todas las actividades
que involucran a seres humanos, sus tejidos y productos sean cuidadosamente
evaluados y debidamente aprobadas, previo a su ejecución.
A la Universidad de San Carlos de Guatemala como
única institución de educación superior del Estado le corresponde el privilegio
de dirigir la educación universitaria de Guatemala. Le corresponde hacerlo sin
afiliación a credo religioso, plataforma política o postura económica. No es
pertinente por lo tanto pretender que ella se adscriba o represente ninguna
doctrina ni postura que tenga carácter parcial o de enfoque particular. Le
corresponde encontrar la riqueza inherente a lo diverso. Su naturaleza es
plural. Otras organizaciones pueden afiliarse a un enfoque doctrinario, de
hecho lo hacen. Como consecuencia, el concepto que desarrolle la Universidad de
San Carlos de Guatemala sobre calidad académica no puede ser similar al de otra
institución educativa. Tampoco puede ser juzgada o evaluada en los mismos
términos que ninguna otra institución de educación superior. Sus pautas,
direcciones y valores son propios. Su compromiso en consigo misma y con la
sociedad a que pertenece.
Es fundamental que cada miembro de la Universidad
revise el criterio de que es suficiente corregir errores para sostener el
progreso académico o que lo único que se necesita en un buen financiamiento.
Como si fuera posible que automáticamente se llegue a mejores condiciones. Ese
es un criterio simplista que supone que al enmendar los yerros del pasado
vendrán sin nuevos esfuerzos la democracia, la calidad académica o la
vinculación con la sociedad. Es claro que eso no es suficiente. Además de lo
dicho, es necesario alimentar cuidadosamente la cultura de la comunicación y la
participación dentro de nosotros mismos y en la sociedad. Aprender a escuchar y
a buscar compartidamente las opciones para comprender y resolver son dos vías importantes
para encontrar la legitimidad de los cambios y el impacto en el largo plazo. El
cambio positivo de la calidad en los procesos educativos y de investigación es
un valor que debe ser promovido continuamente. No puede haber una “reforma
universitaria”, o para el caso cualquier cambio profundo que se desea para la institución,
en un plazo fijo y con fecha límite, pues sólo tiene sentido como proceso.
El interés centrado en el mejoramiento de la calidad
académica no se contrapone a las nociones que tratan que la Universidad dé
respuestas válidas ante las necesidades e intereses sociales. Todo lo
contrario. La presencia política y el valor de las contribuciones
universitarias a la sociedad dependen del reconocimiento social del avance
académico que logre la institución. Es decir, el cumplimiento socialmente
visible de las funciones de enseñanza-aprendizaje, investigación y extensión
que el Estado asigna a la Universidad como mandato constitucional.
Guatemala, 29 de Julio de 1999.
Notas
[1] Encyclopædia
Britannica Online. <http://search.eb.com/bol/topic?eu=115126&sctn=2> [
[2] Encyclopædia
Britannica Online. <http://search.eb.com/bol/topic?eu=3487&sctn=1> [
[3] González, Luis E. En: La Calidad de la Docencia en América Latina y
el Caribe. CINDA. Santiago de Chile. 1990.