
En el corazón de la luminosa
ciudad de Huelva,capital de la más occidental de las provincias
andaluzas,se alza un Santuario que testimonia el fervor del los onubenses
siglo tras siglo a la advocación a la Virgen que aparece representada
en una pintura mural que se guarda en el interior de la capilla.
Cuenta la leyenda que hubo un
zapatero que vivió en un siglo perdido en la noche de los tiempos,que,siendo
como era un piadoso,acojía en su casa a los necesitados y regalaba
el día de Navidad a os golfillos callejeros zapatos que él
mismo hacía. Un día, en un caminito,sufrió un insoportable
dolor en un costado que le impidió continuar avanzando. Piadoso
como era,invocó el nombre de Nuestra Señora y, al momento,su
mano encontró una cinta que él se apretó a ceñir,entendiendo
que se le había enviado por mediación de la Santísima
Virgen. Al instante el dolor desapareció y al buen zapatero le faltó
tiempo para proclamar el milagro y mandar erigir una capilla a Nuestra
Señora,para la cual encargó a uno de los pintores a los que
había brindado hospitalidad que hiciese una pintura representando
a Nuestra Señora sedente,coronada por ángles,mostrando a
su Hijo,desnudo y con zapatos,como los golfillos a los que él solía
regalar en día de Navidad,y mostrando una cinta. La Virgen ,en prueba
de su perfección,ofrece una granada,fruto que simboliza sus virtudes.
Según nos muestra una
de las pinturas que,entre una gran cantidad de exvotos,se conserva dentro
de la iglesia,la imagen fue escondida durante la invasión árabe,hasta
que un pastor que guardaba un rebaño,viéndose atacado por
un toro,se encaramó a un muro en un último intento por salvar
su vida,pero,para estupefacción de los testigos que presenciaban
angustiados los apuros de Francisco Pedro,el toro se arrodilló y
una parte del muro se derrumbó,dejando al descubierto la imagen
oculta de la Virgen,que pasó a entronizarse en una capilla de estilo
mudéjar que le construyeron en el siglo XV.
La construcción de esta
capilla tiene también aparejada otra famosa leyenda,que habla de
un cristiano que estaba apresado en tierras moras y que invocó a
Nuestra Señora para que le sacara de allí.Viéndole
hablar el árabe que le tenía a su servicio,le preguntó
a quién se dirigía,a lo cual respondió el cristiano
que a Nuestra Señora.El amo cruel y despiadado,encerró en
un arca al cristiano,puso mármoles sobre ella y se sentó
encima,cortando a un gallo la cabeza y diciéndole al cristiano que,cuando
aquel gallo cantare,se vería él devuelto a la tierra por
la que suspiraba.Fue entonces cuando amo y criado se vieron trasladados
a la ciudad de Huelva,junto a un muro que posteriormente levantaron para
que pasase a formar parte de la ermita que mandaron construir.El árabe
se hizo bautizar y juntos los dos consagraron su vida al culto de Nuestra
Señora de la Cinta.
No es de extrañar que
haya una doble leyenda acerca de la edificación del Santuario.En
cualquier caso,lo que es de extrañar es que no existan muchos más,pues
desde su primitiva construcción,en el siglo XV,el Santuario de Nuestra
Señora de la Cinta ha sufrido reformas y se ha visto ampilado hasta
el siglo XX.
Se tiene constancia de que ha
sido venerado,desde los tiempos de Colón,el gran Almirante,hasta
nuestros días,por marineros,descubridores,emigrantes y todo tipo
de fieles que han sido testigos o protagonistas de maravillas obradas por
la imagen. Buena prueba de su difusión entre emigrantes es la imagen
de la llamada "Virgen Chiquita",una talla encargo de Francisco Martín
Olivares,residente en México a principios del siglo XVIII,quien
mandó ejecutar una talla que fuese copia de la imagen pintada en
los cartones que se conservan en la capilla.
Es eta imagen objeto de gran
veneración,y es la que se baja a la catedral con motivo de la fiesta
de la Virgen,ya para celebrar la novena,los días precedentes al
8 de septiembre.
La romería tradicional
se ha visto sustituida,con el crecimiento de la ciudad y la evolución
del santuario hacia el culto urbano,por manifestaciones de fe y fiestas
en la que tiene lugar fuegos de artificio y una velada festiva.
El Santuario de Nuestra Señora
de la Cinta es un ligar de obligada visita en la blanca ciudad de Huelva.No
por el eclecticismo de estilos del que hace gala ha perdido un ápice
de su encanto,en el que se conjuga el gusto artístico más
depurado con la belleza y frescura del arte popular.precedido por un bellísimo
atrio encalado a base de arcos de medio punto,antes de acceder al santuario
se puede admirar una graciosa espadaña de mediados de este siglo
y diversas obras de arte,tales como un relieve de barro cocido de Susillo,un
vía crucis de cerámica y varios paños de azulejos
pintados que relatan prodigios o efemérides vinculados al Santuario.
La fachada del Santuario propiamente
dicho es de ladrillo visto,y está rota por tres puertas en forma
de arco de medio punto,que dan acceso a las naves del templo.la capilla
mayor está coronada por una bóveda de cañón
rematada por yeserías y pinturas,estas últimas de tan reciente
factura como de 1963.
El altar mayor está presidido
por la pintura de la Virgen y a mabos lados las imágenes,igualmente
pintadas,de San Blas y Santa Lucía.
No sólo por las maravillas
mencionadas y el culto a Nuestra Señora,sino por el enorme cúmulo
de obras de arte menores que se guardan en este venerado Santuario,merece
la pena acudir a él,ya sea en su fiesta o en cualquier otro día,tanto
para admirar el entrañable conjunto,como para entender el sentido
de la fe y la oración que llevaron a tantas y tanats generaciones
de hombres nobles y humildes a volcarse en la figura de la Madre del Señor,fe
y oración renovadas por la elección de la ciudad de Huelva
como centro espiritual en el año 1992,con ocasión del V Centenario.Una
elección tanto más acertada cuanto que fue el perfil de esta
ciudad mágica y devota la última imagen de tierra española
que se llevaron conquistadores y guerreros hacia América.