La Iconografía de los Dolores de María
y su Fiesta del Viernes de Dolores

 

Foto: Jose Manuel Jiménez León.

A finales del siglo XV cuando el arte cristiano se inunda del patetismo y expresionismo góticos, surge la devoción a María en los momentos dolorosos de la Pasión de Cristo. Así, la Virgen dolorosa aparece al pie de la cruz, con su Hijo muerto sobre el regazo o sola en el monte Calvario tras en entierro del Señor. Poco a poco se fue fijando una iconografía concreta de los Dolores de María, al tiempo que quedaban también definidas las de la Piedad y la Soledad.

El símbolo por excelencia de los Dolores fue la espada que atravesando el pecho de la Virgen, se clavaba directamente en su corazón, imagen estrechamente relacionada, a su vez, con la profecía del anciano Simeón en el momento de la Presentación de Jesús al templo: Y una espada atravesará tu alma.

 

Al mismo tiempo, surgía una devoción popular a los Siete Dolores en contraposición a los Siete Gozos, así en 1423 el sínodo de Colonia agregó a las fiestas de la Virgen la de las angustias de Nuestra Señora.

La iconografía más primitiva representó a María con una sola espada, pero pronto se pasó a representarla con siete, una por cada uno de los dolores: la profecía de Simeón o la Circuncisión, la huida a Egipto, el Niño perdido en el Templo, el encuentro con Cristo camino del Calvario, la Crucifixión, el Descendimiento de la cruz y la sepultura de Cristo. En un principio, no existió uniformidad a la hora de escoger los pasajes que habían de representar los siete dolores, y así según el momento y el lugar, se observaron ciertas diferencias. Las variaciones se advertían en las escenas de la Pasión escogidas; así encontramos la Coronación de Espinas, la despedida de Jesús antes de partir al suplicio, el abandono de Jesús, el Prendimiento o la bebida de hiel y vinagre. Al final, prevaleció el modelo antes comentado, que fue el que se popularizó y terminó por imponerse, figurando en el Breviarium Romanum.

 

Este misterio de la Virgen doliente tuvo también su correspondencia floral, y así el gladiolo, cuyo nombre latino (gladiolus) hace referencia a la espada, pasó a considerarse el exorno adecuado a esta iconografía mariana.

 

Flandes fue el lugar originario de esta devoción, pues allí nació la primera cofradía de la Virgen de los Siete Dolores. Fundada a finales del siglo XV por Juan Coudenberghe, cura de San Salvador de Brujas, patrocinada por la gobernadora de los Países Bajos, Margarita de Austria, fue aprobada en 1495 por el papa Alejandro VI. De allí se extendió su culto a toda Holanda, Bélgica, Alemania y Francia, pasando más tarde a España e Italia. La propia Margarita de Austria fundó en Brujas el 1º convento dedicado a la nueva advocación, ofreciendo a la iglesia de Brou-en-Bresse un cuadro votivo sobre el tema.

 

El arte español acogió de muy buen grado la nueva iconografía, pasando a ser un motivo muy usado en pinturas y esculturas. Cuando a fines del siglo XV surjan las primeras Hermandades de Vera+Cruz, junto a la devoción a las llagas y sangre preciosa de Cristo, se incluirá la de los Dolores de María, siendo muy habitual que estas dos advocaciones aparezcan juntas. De las siete espadas originarias, no queda hoy más que el recuerdo en el pecho de todas las dolorosas de un pequeño puñal.

La Fiesta del Viernes de Dolores

 
En algunos lugares se le asignó el día que luego se extendería, el viernes anterior al Viernes Santo, como el caso de la concesión en 1600 a las monjas Servitas de Valencia bajo el título de Bienaventurada Virgen María al pie de la Cruz; en otros se coloca el sábado siguiente, día por excelencia de la Virgen, o incluso un día fijo, el 18 de marzo, ocho días antes del 25, que es el día en que la tradición señala la muerte de Cristo.

 

En Francia se hizo popular esta fiesta en el siglo XVII, celebrándose el viernes de la Semana de Pasión. Clemente X Altieri concedió esta memoria de os Dolores de nuestra Señora a toda España. Esta mima fecha fue asignada a todo el Imperio Alemán en 1674.

El 18 de Agosto de 1714 el Papa Clemente XI Albani concede la fiesta a los Siervos de María y el 22 de Agosto de 1727, la extendió a toda la iglesia Romana, con el nombre de Fiesta de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María, fijándola el Viernes de la Semana de Pasión o quinta de Cuaresma.

 

Esa jornada acaba recibiendo el nombre popular de Viernes de dolores, a pesar de ser el título de la fiesta, que contempla la compasión de María al pie de la Cruz.

Esta fiesta del Viernes de Dolores ha sido suprimida del calendario Universal de 1969, aunque es más antigua que la de Septiembre, para no oscurecer en lo más mínimo el tramo último de la liturgia cuaresmal, aunque es conservada como memoria particular.

 

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Bibliografía: Boletín de las Cofradías de Sevilla Nº 523 La Virgen de los Dolores: una devoción netamente sevillana. Pag 29 R. Jiménez Sampedro, A. Rodríguez Babío, E.J. Balbuena Arriola
La fiesta de los Dolores de Nuestra Señora Ramón de la Campa. Boletín nº 39 de la Hermandad del Cerro del Águila (Sevilla)

 

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