La Estación de Penitencia


Dentro de la vida cofrade ocupa la procesión uno de los fines principales del asociacionismo religioso como componente sustancial de culto corporativo externo en el ciclo anual litúrgico.

Foto: Javier Mesa

Las salidas procesionales de la Cofradía son funciones litúrgicas extremadamente populares, porque responden a una necesidad natural de manifestar la fe y frente a ciertas tendencias de suprimir del Cristianismo toda religiosidad y de debilitar la práctica del culto y reducir la fe del pueblo, las Cofradías tienen a través de sus salidas procesionales un medio de expresión, de reafirmación, de defensa practicada por el público testimonio comunitario. Constituye un mensaje para la preparación de la Pascua, y es un valioso instrumento de evangelización y catequesis, no sólo para la expresión formal de los misterios de la Pasión, sino por la catequesis de la penitencia en su sentido de reconciliación.

La Cofradía en la calle es un dar testimonio público de Cristo y ser testigos de la verdad. Es fe de vida ante propios y extraños, de un modo de entender y enseñar la Pasión de Cristo y una auténtica profesión de fe vivida durante todo el año. Sacudiendo fuertemente la conciencia religiosa de nuestro pueblo y dando una contestación al mundo paganizado, debiendo los cofrades tomar conciencia de que con nuestras salidas procesionales también ayudamos a evitar la desacralización de un pueblo que pierde alarmantemente el sentido de Dios.

Los cofrades debemos pensar y adquirir mayor conciencia de las posibilidades que encierra el hecho de que por las procesiones, la Iglesia sale al encuentro de las multitudes, al paso de un pueblo que, en muchas ocasiones, no acude a Ella y cómo ese pueblo asiste con satisfacción a estas, no sólo arrastrado por conmociones externas, sino por verdadera acción sobre natural, ya que remueven conciencias y afianzan la fe, por lo que está claro que las  procesiones siguen siendo, en nuestro tiempo, un valioso elemento de religión y piedad.

Por consiguiente, si uno de los fines es hacer revivir a los ojos del pueblo la Pasión del Señor, antes hay que vivirla personal y colectivamente, participando del Misterio Eucarístico. Hay que tener presente que a los cofrades se nos exige que seamos «antorcha viva» silenciosa, de cristianos pecadores pero penitentes, que con un mismo espíritu y un mismo corazón peregrinan al templo del Señor, para purificarse, ejemplaridad a los hermanos y enseñar a los hombres a recorrer ese camino necesario para llegar al Reino de Dios.

Foto: Javier Mesa

Esto exige superar la preponderancia de la forma sobre el fondo, superar el antitestimonio del nazareno en particular y la eliminación de los elementos extraños a la Estación de Penitencia.

En la vida eclesial la procesión constituye una reunión de la Iglesia local y según el Derecho Canónigo, promulgado en el año 1917, queda definida por cuatro elementos  constituyentes a saber:

- La procesión es un caminar en orden, que supone un desplazamiento real de todos los que participan en ella. Es la manifestación orgánica de un pueblo, no de un tropel tumultuario.

- Es la marcha de la Iglesia: pueblo fiel y clero. Una asamblea litúrgica en movimiento, guiada y presidida por el clero.

Foto:Jorge López

Foto:Jorge López

Foto:Jorge López

- Tiene un punto de partida y otro donde se desplaza para desarrollar un acto litúrgico. De aquí la conveniencia de la «Estación de la oración» en la catedral metropolitana.

- Es una «súplica solemne», es decir, un tiempo excepcionalmente fuerte de la vida litúrgica; por eso debe ir precedido de una catequesis cuaresmal. Así pues, la procesión debe ser objeto de una catequesis pastoral previa, que explique su finalidad y su significado.

 

 Bibliografía: Enrique Guevara Pérez. Extracto del Boletín de la Hermandad de la Esperanza Macarena (Sevilla). Pagina 28-29 Mayo del 2003

 

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