Dentro de la vida cofrade
ocupa la procesión uno de los fines principales del asociacionismo
religioso como componente sustancial de culto corporativo externo en el
ciclo anual litúrgico.
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Las salidas procesionales
de la Cofradía son funciones litúrgicas extremadamente populares, porque
responden a una necesidad natural de manifestar la fe y frente a ciertas
tendencias de suprimir del Cristianismo toda religiosidad y de debilitar
la práctica del culto y reducir la fe del pueblo, las Cofradías tienen a
través de sus salidas procesionales un medio de expresión, de
reafirmación, de defensa practicada por el público testimonio comunitario.
Constituye un mensaje para la preparación de la Pascua, y es un valioso
instrumento de evangelización y catequesis, no sólo para la expresión
formal de los misterios de la Pasión, sino por la catequesis de la
penitencia en su sentido de reconciliación. |
La Cofradía en la calle es
un dar testimonio público de Cristo y ser testigos de la verdad. Es fe de
vida ante propios y extraños, de un modo de entender y enseñar la Pasión
de Cristo y una auténtica profesión de fe vivida durante todo el año.
Sacudiendo fuertemente la conciencia religiosa de nuestro pueblo y dando
una contestación al mundo paganizado, debiendo los cofrades tomar
conciencia de que con nuestras salidas procesionales también ayudamos a
evitar la desacralización de un pueblo que pierde alarmantemente el
sentido de Dios.
Los cofrades debemos
pensar y adquirir mayor conciencia de las posibilidades que encierra el hecho de que por las
procesiones, la Iglesia sale al encuentro de las multitudes, al paso de un
pueblo que, en muchas ocasiones, no acude a Ella y cómo ese pueblo asiste
con satisfacción a estas, no sólo arrastrado por conmociones externas,
sino por verdadera acción sobre natural, ya que remueven conciencias y
afianzan la fe, por lo que está claro que las procesiones siguen siendo,
en nuestro tiempo, un valioso elemento de religión y piedad.
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Por consiguiente, si uno
de los fines es hacer revivir a los ojos del pueblo la Pasión del Señor,
antes hay que vivirla personal y colectivamente, participando del Misterio
Eucarístico. Hay que tener presente que a los cofrades se nos exige que
seamos «antorcha viva» silenciosa, de cristianos pecadores pero
penitentes, que con un mismo espíritu y un mismo corazón peregrinan al
templo del Señor, para purificarse, ejemplaridad a los hermanos y enseñar
a los hombres a recorrer ese camino necesario para llegar al Reino de
Dios. |
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Esto exige superar la
preponderancia de la forma sobre el fondo, superar el antitestimonio del
nazareno en particular y la eliminación de los elementos extraños a la
Estación de Penitencia.
En la vida eclesial la
procesión constituye una reunión de la Iglesia local y según el Derecho
Canónigo, promulgado en el año 1917, queda definida por cuatro elementos
constituyentes a saber:
- La procesión es un
caminar en orden, que supone un desplazamiento real de todos los que
participan en ella. Es la manifestación orgánica de un pueblo, no de un
tropel tumultuario.
- Es la marcha de la
Iglesia: pueblo fiel y clero. Una asamblea litúrgica en movimiento, guiada
y presidida por el clero.
- Tiene un punto de
partida y otro donde se desplaza para desarrollar un acto litúrgico. De
aquí la conveniencia de la «Estación de la oración» en la catedral
metropolitana.
- Es una «súplica
solemne», es decir, un tiempo excepcionalmente fuerte de la vida
litúrgica; por eso debe ir precedido de una catequesis cuaresmal. Así
pues, la procesión debe ser objeto de una catequesis pastoral previa, que
explique su finalidad y su significado.