¿Hermandad?

 

En este mi primer artículo, el cual espero que sea tan sólo el comienzo de una larga colaboración en nuestra página web (me hago partícipe de la misma por la estrecha relación que me une a su creador) dedicada a la Semana Santa, he decidido abordar un aspecto de la misma al que a mi juicio no se le otorga la atención que merece, cual es, tal y como he titulado, la hermandad. 

Antes de nada creo oportuno explicar en qué consiste la hermandad, y para ello nada mejor que acudir al diccionario. Así encuentro que entre los varios significados de hermandad hay uno que se ajusta perfectamente al contexto en el que nos encontramos cual es el de "Cofradía". Hecho esto, observo que según el diccionario, una Cofradía es una "congregación de hermanos". No queda otro remedio pues que buscar la definición de hermano resultando que se trata de una "persona a la que unen vínculos espirituales con los demás miembros de una entidad" (siempre dentro del contexto en el que nos estamos moviendo), que en nuestro caso resulta ser la Cofradía o Hermandad de la que hablamos en un principio.

Así pues encontramos una doble vertiente de hermandad, en cuanto a entidad y a vínculo espiritual (religioso en nuestro caso y cristiano más concretamente), que han de relacionarse y coexistir para que la hermandad en sí misma (en sus dos sentidos) constituya el eje fundamental sobre el que asentar la Semana Santa, puesto que de no ser así, estaríamos ante una tremenda farsa. Por tanto, queda claro que a los miembros de una Cofradía nos une un vínculo religioso que debería hacer que nos comportásemos como verdaderos hermanos. Cierto es que no se trata de un vínculo carnal, pero no debe menospreciarse en modo alguno este vínculo religioso teniendo en cuenta que estamos hablando de Hermanos en Cristo. Dicho todo esto cabe preguntarse si realmente nos comportamos como hermanos. La respuesta por desgracia ha de ser tajante de modo negativo. El mundo de la Semana Santa, de las Cofradías, que existe en estos momentos dista mucho de tener un ambiente impregnado por las notas de armonía y fraternidad que habrían de caracterizarlo, sino que más bien se refleja en él la hipocresía y los conflictos que hacen que estemos presenciando como dijimos antes, una gran farsa. 

Esto es así, no nos engañemos. Pero, ¡ojo!, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra. No es cuestión de criticar sólo a ciertas personas porque como digo no creo que nadie en este mundillo esté a salvo de "meter la pata" , si bien es cierto que, aunque no pueda servir como excusa, el ejemplo que dan aquellos que por su importancia en el mundo cofrade habrían de ser quienes con su actitud nos hicieran reflexionar a los demás para obrar de otra manera, no es precisamente el más adecuado. 

Sirvan como muestra de lo anteriormente expuesto esta serie de "ejemplos": ¿Son lógicas denuncias en el seno de una Cofradía por cuestiones sin importancia?; ¿Es normal la permanente confrontación entre los miembros del Consejo de Hermandades de una ciudad y gran parte de los responsables de las Cofradías de tal ciudad por no querer dialogar?; ¿Es aceptable la inexistencia de relación alguna, o peor aún, el odio existente entre un Hermano Mayor y aquél que se ha encargado de poner en la calle a uno de sus Sagrados Titulares, y más aún cuando esto se manifiesta delante de tal Imagen?... 

No merece la pena seguir porque podemos encontrar montones de situaciones vergonzantes para la Semana Santa, así que cada palo aguante su vela y quien quiera que se de por aludido. Tan sólo espero que antes de montar en cólera contra este humilde articulista piense y reflexione sobre lo que aquí he expuesto.

Así pues, para concluir, pido que no intentemos aparentar lo que no somos, y seamos lo que queremos aparentar. 

A buen entendedor pocas palabras bastan y estoy seguro de que todo aquel que lea estas líneas entenderá perfectamente lo que en ellas se ha querido expresar.

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