Los musulmanes, nombre que se aplicaba a los seguidores de la doctrina religiosa predicada en Arabia un siglo atrás por el profeta Mahoma, se habían expandido con gran facilidad por todo el norte de África llegando hasta las costas del océano Atlántico. En el año 711 aprovecharon la crisis existente en aquellas fechas en la España visigoda, envuelta en una dura pugna por control del poder monárquico, para calzar el estrecho de Gibraltar y presentarse en el solar ibérico.
INVASIÓN Y CONQUISTA
Dirigidos por Tariq, los musulmanes derrotaron en la batalla de Guadalete (711) al último rey visigodo, Rodrigo, que perdió la vida en el combate. Animados por aquel éxito, los invasores decidieron proseguir el avance por las tierras hispanas, primero en dirección a Toledo, posteriormente hacia Zaragoza. En apenas tres años los musulmanes lograron conquistar la mayor parte de las tierras hispánicas sin encontrar apenas resistencia. Solo las regiones montañosas de las zonas cantábrica y pirenaica escaparon a su control.
Algunos datos indican que varios magnates nobiliarios visigodos decidieron pactar con los invasores, como fue el caso de Teodomiro, que vivía en la región murciana. Al parecer de las escasas fuentes disponibles se deduce que la conquista se realizó principalmente mediante capitulaciones y rendiciones acordada entre los señores godos y los conquistadores musulmanes.
EL EMIRATO
La España visigoda, como consecuencia de la invasión musulmana, había desaparecido. En su lugar surgía una nueva provincia del mundo islámico, al-Ándalus. Al frente de este territorio se colocó aun emir o gobernador, que actuaba como delegado del califa musulmán (por entonces, un Omeya), cuya sede se hallaba en Damasco.
ALMANZOR Y LA CRISIS DEL CALIFATO DE CÓRDOBA
Un importante paso en el fortalecimiento de al-Ándalus se dio en el año 929, cuando el emir Abd-al-Rahman III decidió proclamarse califa, cargo en el que confluían el poder político y el religioso. “Nos parece oportuno que, en adelante, seamos llamado Príncipe de los Creyentes” decía en una carta que el nuevo califa envió a sus gobernadores.
Abd-al-Rahman III alcanzó importantes éxitos, pues logró acabar con las luchas internas que se repetian en el territorio andalusí entre ellos la peligrosa revuelta de Omar iba Hafsun y sus hijos. Al mismo tiempo, frenó el avance de los cristianos del norte, sobre todo después de la resonante victoria que obtuvo sobre ellos en Valdejunquera (920) y se enfrentó a los fatimies, corriente musulmana de signo radical que estaba progresando a pasos agigantados por el norte de África. En la zona norte africana, el dirigente cordobés también obtuvo éxitos considerables, como la conquista de la importante plaza de Ceuta Al mismo tiempo, mantuvo relaciones amistosas con el emperador de Bizancio y con el emperador germánico, o que proporcionó al califato cordobés una notable proyección internacional
El califa residía en el alcázar de Córdoba, que estaba situado junto a la gran mezquita. Unos años después de su auto proclamación, Abd-al-Rahman III ordenó construir, al oeste de la capital, la impresionante ciudad- palacio de Madina al-Zahar, convertida en residencia califal y en el centro del poder político de aI-Ándalus.
EL CALIFATO DE CÓRDOBA
A Abd-al-Rahman III le sucedió su hijo al-Hakam (961-972), que protagonizo una época de paz tanto con los fatimíes, que terminaron estableciéndose en llenas de Egipto, como con los cristianos del norte peninsular, que en esos años enviaron frecuentes embajadas a Córdoba para demostrar la sincera amistad que profesaban a califa. La aparición de los vikingos en las costas occidentales de al-Ándalus, concretamente en las proximidades de Lisboa, no empañó la tranquilidad del mandato de al-Hakam II, que fue, por o parte, un decidido protector de las letras y de las artes.
En las últimas décadas del siglo X Almanzor se hizo con el poder efectivo en al-Andalus; ejercía el cargo de hachib, una especie de primer ministro. Mientras tanto, el nuevo califa, Hisharn II(976-1009), vivía recluido en palacio de Madina al-Zahar sin ejercer en lo más mínimo el poder político. Almanzor, que basaba su poder en el Ejército, integrado sobre todo por soldados beréberes, y que adoptó medidas para ganarse a la población, organizó terroríficas campañas contra los cristianos del norte peninsular. Numerosas ciudades de la España cristiana, desde Barcelona (saqueada en el año 985) hasta Santiago (donde el hachib cordobés entraría en el año 997) pasando por Burgos, Pamplona o León, así como destacados centros monásticos (entre de los, Sahagún o San Millán d la Cogolla) sufrieron las terribles acometidas de Almanzor.
Es probable que esas campañas estuvieran motivadas por la escasez de metal precioso que sufría al-Ándalus. En cualquier caso, resulta evidente que el ejército cordobés ansiaba, ante todo, la búsqueda de botín. Pero la muerte de Almanzor (1002) en las proximidades de la localidad soriana de Medinaceli, tras sufrir una derrota en Calatañazor, abrió en al-Ándalus una larga etapa de auténtica guerra civil. Después de varios años de duras luchas, el califato de Córdoba terminó por desaparecer (1031 En su lugar surgió un mosaico de pequeños reinos, llamados de taifas expresión que significa “banderías”.
Reinos de taifas e imperios norteafricanos
La desaparición del califato de Córdoba, en el año 1031, dio lugar a la formación en al-Ándalus de un mosaico de pequeños reinos, denominados de taifas, que se ‘encontraron sumisos hacia los dirigentes cristianos, a los que entregaban unos tributos llamados “parias”. No obstante, en el año 1086 hicieron acto de presencia en las tierras hispanas los almorávides, agrupación de tribus beréberes dedicadas a la ganadería, que poco antes habían creado un imperio en el norte de África.
Caracterizados por el rigor religioso, los almorávides acabaron con los taifas, unificaron el poder político en al-Ándalus y lograron contener el avance de los cristianos hacia el sur. Sus éxitos militares más importantes fueron las batallas de Sagrajas (1086) y de Uclés (1108). Pero a mediados del siglo X el poder almorávide se vino abajo y surgieron en al-Ándalus los conocidos como segundos reinos de taifas.
Mas tarde aparecieron en la Península Ibérica los almohades, que habían constituido unos años antes en el Magreb un nuevo imperio, también por beréberes. Los almohades no solo unificaron nuevamente al-Ándalus. Sino que hicieron frente a los cristianos logrando algún éxitos notables, como el obtenido en Alarcos ( 1195) contra Alfonso VI de Castilla. Pero la aplastante derrota sufrida ante los cristianos en Navas de Tolosa (1212) hundió el imperio almohade, dando lugar a nuevo establecimiento de pequeños reinos de taifas cuya vida fue muy efímera, pues el avance cristiano, después de aquel éxito militar, resulto prácticamente incontenible.
EL REINO NAZARÍ DE GRANADA (SIGLOS XIII-XV)
El inicio taifa surgido tras la caída del imperio almohade que logró sobrevivir fue el de Granada, que tenía como límite norte la cordillera Penibética, y por el sur, el mar Mediterráneo, comprendiendo, más o menos, las actuales provincias de Granada, Almería y Málaga. El reino nazarí de Granada pudo subsistir, entre otros factores, por la crisis que afectó en el siglo XIV a la Corona de Castilla, que a quien le correspondía conquistar ese territorio, y porque le socorrieron en ocasiones los benimerines norteafricanos. De todos modos la zona fronteriza entre Granada y Castilla objeto de frecuentes conflictos, a veces favorables a los castellanos cuando Alfonso XI, a mediados del siglo XIV incorporó a sus dominios la zona del estrecho de Gibraltar. Asimismo, hubo fuertes tensiones dentro de la Granada nazarí, sobre todo en el transcurso del siglo XV.
La población de este reino era muy numerosa, pues allí se refugiaron parte de los mudéjares expulsados de la Andalucía Bélica por el monarca Alfonso X. Desde el punto de vista económico, destacaba la riqueza agrícola de la vega de Granada. En cuanto a la producción artesanal, la actividad más relevante era la de la seda. También fue muyactivo el comercio de la Granada nazarí, en el que participaron hombres de negocios genoveses los dirigentes del reino llevaban título de emires, los cuales, a su vez, se apoyaban en los visires, que eran una especie de ministros.
En la Granada nazarí alcanzaron un notable desarrollo tanto la literatura como las disciplinas científicas. En el campo de las artes plásticas la aportación de los nazaríes fue el palacio de la Alhambra, establecido en la ciudad de Granada, que funcionaba como residencia de los emires. Lo más significativo de la Alhambra es, sin duda, la esplendida conjunción entre la arquitectura y el entorno natural.
La organización económica y social.
UNA POBLACIÓN HETEROGÉNEA
En al-Ándalus había una población sumamente diversa, tanto por su origen étnico como por la religión que profesaban. A la población de la anterior España visigoda hubo que agregar los invasores musulmanes, compuestos por una mayoría beréber procedente del norte de África, un grupo minoritario de árabes y algunos de origen sirio. En líneas generales, los beréberes se establecieron en las zonas más pobres de Hispania. Posterior mente, también llegaron a al-Ándalus eslavos procedentes de la Europa oriental, así como personas negras originarias del continente africano.
Desde el punto de vista religioso, en al-Ándalus había gentes de tres religiones: musulmanes, cristianos (llamados mozárabes) y judíos, aunque las tres compartían algunos rasgos de proximidad.
A comienzos del siglo VIII, la población de la España visigoda era cristiana, pero con el tiempo la mayor parte de esos habitantes terminó aceptando la religión islámica, quizá por las ventajas fiscales que ello les suponía. A esos conversos al Islam se les denominó muladíes o renegados. Los cristianos y los ludíos, dos grupos minoritarios, gozaban de cierta autonomía y podían practicar su religión. Los judíos, que habían sufrido persecuciones en la época visigoda, vieron en principio con buenos ojos la presencia islámica e suelo hispano. Los cristianos o mozárabes por su parte, vivieron fases de tensión en el siglo IX, lo que explica que algunos de ellos emigrasen hacia las Zonas cristianas del norte de la Península.
LA ECONOMÍA
Desde el punto de vista económico. al-Ándalus supuso grandes innovación Por ejemplo, en la agricultura los musulmanes impulsaron la práctica del regadío, con novedades tan significativas como la noria, al tiempo que difundieron cultivos como los cítricos, el arroz, y algodón o el azafrán. No obstante, los cultivos principales de las tierras hispanas siguieron siendo los mismos que en la época romano-visigoda: los cereales, la vid y el olivo. En al-Ándalus abundaban también los árboles frutales, así como las plantas aromáticas y medicinales.
Por lo que se refiere a la ganadería, conviene destacar el impulso dado a animales como la oveja y el caballo, este último ligado a las actividades militares. En cambio, retrocedió el cerdo, debido a la prohibición coránica de consumir su carne. La apicultura, por su parte, conoció un desarrollo espectacular.
Gran importancia tuvo, asimismo, la obtención de recursos naturales, fueran la madera de los bosques, la sal o los metales. De estos últimos sobresalían el hierro, el plomo, el cobre o el cinabrio, así como e oro, que se obtenía básicamente del lavado de diversos cursos fluviales, y las piedras preciosas.
Por lo que se refiere a la industria, alcanzó una gran importancia la producción de manufacturas, en especial la producción textil, la que destacaban los brocados cordobeses o los tejidos de lino de Zaragoza, la cerámica, las armas, la fabricación de papel y de vidrio y el trabajo de las pieles, los cueros y los metales preciosos. La construcción de navíos se efectuaba en las atarazanas de Sevilla, Tortosa y Córdoba contaba con las manufacturas textiles más importantes, conocidas como el “tiraz”, las cuales estaban controladas por el poder público. Las artesanos de un mismo oficio solían constituir asociaciones, en cierto modo semejantes a los futuros gremios de las zonas cristianas.
En cuanto al comercio, actividad muy elogiada en los propios textos coránicos, se vio favorecido por la acuñación de dos tipos de monedas, el dinar de oro ye] dirhem de plata, pero también por la densa red viana heredada de tiempos romanos. El comercio interior se efectuaba en el zoco de las ciudades, donde ocupaban un puesto privilegiado los bazares, cetros en los que se vendían productos de gran calidad. En los zocos también había alhóndigas, centros que servían para almacenar mercancías, como para alojar a los comerciantes que venían de afuera.
Al-Ándalus mantuvo también un intenso comercio exterior, tanto con los restantes países islámicos como con la Europa cristiana. Exportaba ante todo productos (aceite, azúcar, higos, uvas), minerales tejidos, e importaba especias y productos de lujo del Próximo Oriente pieles, metales armas y esclavos de la Europa cristiana, pero también oro y esclavos negros procedentes del territorio africano de Sudán.
LA SOCIEDAD
Aunque la mayor parte de la población de al-Ándalus vivía en el medio rural, las ciudades tuvieron una gran importancia, hecho que contra taba de manera rotunda con el panorama existente en la España cristiana de aquellos siglos, En buena medida, las ciudades andalusíes eran
herencia de los tiempos romano-visigodos. Pero los musulmanes también crearon ciudades nuevas entre las que hay que mencionar Almería, Madrid o Calatayud.
De todos modos, la más pujante de los siglos VIII fue, sin duda alguna, Córdoba, que en la época califal contaba con más de 100 000 había población muy abundante para aquella época. En ella había un mercado de libros y otro de esclavos, pero también se desarrollaban con la urbe califal actividades tan originales como carreras de caballos, peleas de animales y tertulias literarias. El prestigio de Córdoba, equiparable en su época a ciudades tan llamativas como Bagdad o Constantinopla, explica que la monja alemana Hoswita la denominara, desde su retiro monástico, nada menos que el “ornamento del mundo”.
Desde el punto de vista social, en al-Andalus había grupos aristocráticos, que las Rientes árabes denominan jassa, en su mayor parte integra dos por familias de origen árabe, aunque también figuraban entre ellos algunos linajes de ascendencia visigoda. Se caracterizaban por el orgullo de su linaje, sus grandes dominios territoriales y la ocupación de allos puestos en la Corte. En el extremo contrario se encontraban las masas populares o anima, tanto del campo como de la ciudad, constituidas por los artesanos modestos y los labriegos. No obstante, con el tiempo los surgiendo una especie de clase media, de la que formaron parte básicamente los mercaderes. También había en al-Ándalus esclavos procedentes del exterior; como los que fueron traídos de la Europa los procedentes del centro de África o los prisioneros de guerra. Hay que destacar, por último, la evidente situación de inferioridad que padecían las mujeres en aquella sociedad con respecto a los hombres.
Al-Andalus tuvo una economía avanzada para la época, con un destacado sector comercial. En la imagen, cambio de moneda y venta de esclavos.
LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA
Desde el momento en que Abd-al-Rahman III decidió adoptar el titulo de califa, este cargo representó la máxima autoridad en al-Ándalus. El califa ejercía un poder absoluto en el terreno político, pero también era el jefe espiritual de la comunidad de los creyentes islámicos. Los símbolos de su soberanía eran, fundamentalmente, el trono y el cetro. Por debajo del califa se hallaba el hachib, que era una especie de primer ministro, y, en un plano inferior, los visires, a los que podemos considerar como ministros secundarios.
También era muy importante el sistema de recaudación, que se nutría, básicamente de la limosna que aportaban los musulmanes y de los tributos que se cobraba a los mozárabes y a los judíos, aunque en ocasiones también se impusieran tasas extraordinarias que a veces provocaron revueltas populares.
La justicia corría a cargo de los cadíes, personas que debía conocer a fondo los textos sagrados del Islam y, sobre todo, el Corán, así como poseer virtudes como la dignidad, la rectitud y la integridad El cadí más importante de todo al-Ándalus era el de la ciudad de Córdoba, al que se consideraba juez de la comunidad. Había, asimismo, otros muchos funcionarios, entre ellos el zalmedina, que era una especie prefecto de las ciudades y el zabazoque que realizaba la función de inspector de los zocos o mercados.
El ejército de tierra estaba integrado sobre todo por combatientes a caballo. Su jefe máximo era el califa, a cuyas órdenes se situaba un mando inferior, del caíd. La marina adquirió un notable empuje en tiempos de Abd-al-Hahman III, deseoso de contrarrestar a toda costa el peligro que representaban pata al-Ándalus los fatimíes establecidos en suelo norteafricano.
En cuanto a la organización territorial, al-Ándalus se dividía en un serie de cojas, más o menos equivalentes a las actuales pro cada una de las cuales tenía a su frente a un walí o gobernador. A su vez, las comas estaban divididas en distritos o iqlim. En el norte de al-Ándalm se encontraban las marcas fronterizas, las cuales tenían su centro e las ciudades de Zaragoza Toledo y Mérida.