DETECTIVE CONAN

La historia habla de una serie de casos y misterios que, al estilo de Se ha escrito un crimen, van siendo resueltos por el protagonista, Conan Edogawa, o por el lector, quien lo haga primero. Normalmente acostumbra a ser Conan, al menos en mi caso.
Pero Conan tiene un secreto: realmente no se llama Conan. Y es que el es un estudiante de instituto de 16 años, pero su aspecto es el de un niño de 6. Bueno, tampoco es grave, ya crecerá. Y lo hará si no lo matan antes. Su auténtico nombre es Shin’ichi Kudô y ayuda a la policía a resolver los casos difíciles.
Así era la vida de Shin’ichi, compaginando su vida de estudiante con la resolución de asesinatos (como hacemos todos). Además tiene una compañera de clase, Ran Môri, que no puede ni verlo porqué, además de burlarse de su padre, un detective un poco incompetente, se vuelve un poco creído por haber salido en los periódicos. Un día, cuando acompaña a Ran a casa, ve a unos hombres sospechosos y los sigue, topando con una banda de traficantes de armas, que lo ven e intentan deshacerse de él. Le dan un veneno que aun no había sido probado con seres humanos y lo dejan abandonado.
El veneno no funciona como los traficantes esperaban, ya que en vez de matarle, lo... reducen. El cuerpo de Shin'ichi se transforma en el de un chico de 6 años. Acaba bajo la tutela de Ran, que le confiesa que está enamorada de Shin'ichi. Como el chico no quiere que los traficantes sepan que aún esta vivo, adopta otro nombre: Conan Edogawa (Conan por Sir Arthur Conan Doyle, autor de Sherlock Holmes y Edogawa por Ranpô Edogawa, autor de Kogorô Akechi). A partir de aquí, ya podéis imaginar los problemas que tendrá para resolver los casos (¿quién ha de hacer caso a un niño de 6 años?). Por eso pide ayuda a su amigo, el profesor Agasa, que es el inventor que hace los inventos que utiliza Conan: una pajarita para adaptar la voz a la persona que uno quiere, unas gafas con radar incorporado, unas bambas que con regulador de fuerza, un reloj que lanza dardos adormecedores, un monopatín mecanizado, etc. Gracias a sus inventos y a su talento para descubrir los misterios, Conan va resolviendo uno a uno, todos los casos que a Gôshô Aoyama se le ocurren (he llegado a pensar que es un asesino profesional), y entre caso y caso investiga la manera de recuperar su apariencia original y desmantelar la organización que lo drogó. Ya veis que entre lo uno y lo otro el pobre Conan no da abasto, pero a nosotros ya nos va bien.

 

Volver al menu anterior
Hosted by www.Geocities.ws

1